Hola a todos.

Pido perdón por no actualizar, pero estos días han sido estresantes para mí y no he podido escribir. Espero les guste este capítulo.

Ya saben, sino comentan no actualizo. (Más vale tarde que nunca XD, en serio lo siento pero estos días he estado ocupada).

Gracias por sus comentarios que me animan a escribir.

Ya saben, Harry Potter no me pertenece, es de J. K. Rowling.

Capítulo IX: El secreto de Kreacher

Harry estaba cortando finamente unas plantas que su padre le había indicado para una sencilla poción de forúnculos. Mientras Harry miraba la planta y la cortaba, Snape le explicaba las propiedades de lo que estaba cortando y en qué casos podía usar esa planta y en cuáles no. Además le enseñaba el estado en que debían estar los ingredientes. El niño prestaba toda la atención posible. Al final, Harry puso en el caldero su mezcla y con ayuda de su padre le prendió un poco de fuego y movía la cuchara. Harry logró obtener una poción decente, estaba muy bien para ser su primera poción y Severus se sintió orgulloso, con un poco de tiempo, el niño sería un experto en pociones.

Ya era de noche y Sirius llegó a casa con su carácter alegre para saludar a su ahijado y consentirlo con dulces y juegos. Una hora antes de dormir, Harry subió a su cuarto con Zafiro enroscada en su cintura. La serpiente estuvo todo el día junto al niño, pero sin hacer nada más que descansar mientras Harry preparaba la poción de hacía unas horas.

Cuando entraron a la habitación, Harry cerró la puerta sin hacer ruido. Zafiro se soltó de su cintura y se puso frente a él.

-¿Por qué no puedo decirle a mi padre del anillo?

-Primero creo que deberíamos averiguar qué es ese anillo exactamente… cuando los fantasmas salieron de él, no pude evitar sentirme nerviosa y ponerme a la defensiva.

-¿Por qué? Era mi mamá.

-No es eso, Harry –Negó la serpiente moviendo la cabeza.-Es que ese anillo posee magia poderosa y obscura. Se siente como cuando vi a esa serpiente poco antes de que nos conociéramos.

-¿Nagini?-Harry aún recordaba a la pitón que le causó aquél dolor en su frente ese día, nunca había vuelto a sentir un dolor similar, ni siquiera cuando se enfermaba. El niño se sentó en su cama sin dejar de mirar a Zafiro. -¿Qué tiene qué ver?

-No lo sé, pero sólo sé que ese anillo es peligroso. Sugiero que no vuelvas a activarlo, no quiero que te hagas daño.

Harry miró el cajón donde el anillo estaba escondido. Bajó de su cama y abrió el mueble. El anillo aún estaba envuelto en el pañuelo. El niño lo tomó y sacó una vieja lonchera de metal que estaba debajo de su cama.

-Guardemos el anillo. Así papá no sabrá y quizá después podamos saber qué es. –La carita de Harry se tornó melancólica.-Cuando papá me dijo que mamá estaba en el cielo, yo le pedí que con magia hiciera que ella nos visitara, pero él me dijo que traer o llamar a las personas del cielo es imposible. No se puede hacer con ningún tipo de magia. –Zafiro entendió la tristeza de su amo y asintió solamente. –Por eso, quiero investigar esto. Quizá cuando entre a Hogwarts pueda investigar algo.

-Harry, faltan cuatro años y medio para eso.

Protestó Zafiro.

-Mientras, lo guardaremos aquí.

Harry sonrió nuevamente para darle confianza a su serpiente. Zafiro finalmente aceptó.

Harry ahora tenía ocho años. El anillo llevaba escondido año y medio en su vieja lonchera y nadie sospechaba de él. Ahora los rasgos del niño habían cambiado. Sus ojos aún eran grandes y verdes como los de su madre; por mandato de la escuela, él debía presentarse con el cabello corto, pero casi cada mes, Snape debía llevar al niño a cortarle el cabello, pues crecía demasiado rápido, además de estar muy desordenado. Harry tenía algunos problemas de la vista, pero por medio de pociones y hechizos, Severus mantenía controlado ese problema. Lo que menos quería era que el niño usara lentes pues se parecería más a su padre y no quería criar un mini-James. Pero a pesar de tener la estructura ósea de James, Harry casi no se parecía a él. Su cuerpo era delgado pero fuerte, su cabello crecía mucho, pero se mantenía desordenado y además que Harry y Severus tenían las mismas expresiones, sin mencionar que sin lentes, Harry no se parecía tanto a su padre, se parecía a Severus y Sirius. En Severus se parecía en los modos, palabras y expresiones, aunque el niño era más sonriente y menos serio que su padre. En cuanto a su tío, Harry se parecía un poco en el cabello, igual de desordenado y un poco ondulado cuando crecía mucho. Los ojos de ambos eran muy expresivos y Sirius contagiaba su alegría a Harry cada día.

Zafiro había crecido cuarenta centímetros. Su piel brillaba mucho gracias a los cuidados y alimentación que se le brindaba. Era saludable y fiel a Harry como desde el primer día. Eran mejores amigos, y aunque a veces tenían sus peleas o disgustos, ambos se querían mucho. Era una suerte para Harry que las serpientes mágicas tuvieran una vida prolongada.

Claro que ambos juntos eran como una mente inteligente, audaz y llena de travesuras por realizar. Si Harry de pequeño era travieso, ahora era peor, pero con ayuda de Zafiro era difícil que ambos se metieran en problemas porque a veces no dejaban pruebas de ser culpables.

Harry estaba buscando dulces en la cocina con su inseparable serpiente ayudándolo. A Zafiro no le gustaban las comidas que no fueran carne, pero sabía que su amo amaba los dulces y lo ayudaba a sacar algunos. Harry buscó en la alacena y cuando quitó algunos platos y vasos de hasta atrás, se topó con un guardapelo son una "S" grabada. Harry iba a tomarlo cuando su papá entro a la cocina.

-¿Qué haces, Harry?

El niño volteó hacia Severus con un gesto inocente. Severus supuso que el pequeño había hecho o estaba haciendo una travesura. Sin preguntar, se acercó a la alacena y metió su mano hasta el fondo buscando algo y al sentir algo que no era vajilla, sacó el guardapelo.

-¿Qué es esto, Harry?

-No sé. Estaba buscando dulces y lo encontré. Pensé que era tuyo porque tiene tu inicial, papá.

-No es mío… quizá es de Black, tiene la inicial de su nombre.

Harry miró la palma de Severus; que estaba agachado a la altura de su hijo; donde descansaba el collar. Harry quiso agarrar el guardapelo para verlo mejor, pero cuando puso su mano encima y apenas rozó el objeto, la cicatriz en su frente le dolió como si lo hubiesen pellizcado. El niño tocó su frente y Severus no pasó desapercibido esto; al igual que no pasó por alto la posición de ataque que Zafiro había tomado.

-¿Qué pasó?

-Me dolió la cicatriz.

Severus tocó su cicatriz. De inmediato se dio cuenta que ese collar era la fuente de magia obscura que había detectado hacía años pero no pudo encontrar cuando a Harry le dolió la cicatriz por primera vez.

-Yo me llevaré esto, Harry. Quédate a jugar con Zafiro.

Snape se levantó de su lugar y se fue dejando desconcertado a Harry.

Harry tenía diez años y estaba más que entusiasmado por entrar a Hogwarts. No veía la hora en que llegara su carta.

Era Diciembre y Snape no permitía que Harry comiera un gramo de azúcar, pero el padrino consentidor de Sirius le daba uno que otro dulce al niño a escondidas de su padre. La razón del entusiasmo de Harry era que pronto sería Navidad, que pronto llegaría su carta y pronto tendría su varita mágica.

El niño se la pasaba revoloteando por toda la casa emocionado y Snape a veces ya no sabía cómo calmarlo, y si así era sin azúcar (o eso creía) no lo quería imaginar con el dulce corriendo por su sangre.

Zafiro había alcanzado una longitud un poco alta, y con el tiempo se había vuelto dócil en la casa con todos, en especial con Harry. Ella sabía que Sirius no se metía con ella si ella no le hacía daño a Harry y Snape la trataba con delicadeza al momento de sacarle su veneno. Aunque no por eso había abandonado sus instintos, cuando ella sentía el peligro ensanchaba su cuerpo, se ponía rígida, siseaba y mostraba sus colmillos amenazadoramente.

Severus ya estaba tramitando su regreso a Hogwarts, y como habían pasado nueve años desde que se había ido del colegio, nadie sabría de él y podría amenazar estudiantes de nuevo. Él no pensaba cambiar su forma de enseñar, y se lo dijo a Harry, que en las clases eran maestro y alumno, aunque fuera de ellas seguirían siendo padre e hijo y no lo ayudaría, Harry tendría que sacar su nota por sus propios méritos.

Sirius se ponía triste porque sabía que se iba a quedar solo, pero Harry le prometía y le juraba que le mandaría cartas cada semana y lo visitaría en las vacaciones, esto animaba mucho al hombre, pero aún así estaba triste.

-Entonces, yo mismo me aseguraré de que no haya excusas para que no me mandes una carta cada semana.

Decía Sirius, pero Harry no entendió y su padrino sólo le decía que era una sorpresa.

Llegó el día de Navidad y antes de bajar a ver sus regalos, Harry entró al cuarto de Severus y saltó a la cama moviendo a su papá para despertarlo.

-¡Papá! ¡Levántate! ¡Es Navidad!

-¿Y qué culpa tengo?

Dijo Severus dándose la vuelta aún dormido y contestando por inercia sin pensar.

-¡Levántate!

El mago por fin se despertó.

-Pequeño niño consentido, no me dejas dormir…

Se quejaba Severus mientras se levantaba y abría sus ojos poco a poco para acostumbrarse a la luz. Mientras, Harry jalaba su mano para conducirlo a la sala donde estaba el árbol de navidad.

Ambos bajaron la escalera, Snape se esforzaba por no tropezar, aún no estaba del todo despierto y Harry estaba muy emocionado. Al llegar a la sala, ya estaba allí Sirius aún en pijama con una bata puesta encima y con un café en su mano. Sonrió con burla cuando vio a Severus.

-Qué mal te ves, Snape.

Las ganas de llamarlo Quejicus eran enormes, pero si Sirius no decía una palabra era por Harry, sabía que Snape era su padre y no quería tener problemas.

-Mira quién habla.

Dijo el profesor para defenderse. Harry no les prestó atención y fue directamente hacia los regalos que estaban bajo el árbol y eran todos para él.

Tomó el primero que encontró y lo abrió. Era un juguete muggle que había deseado desde hacía un tiempo. El regalo era cortesía de Severus. Tomó otro regalo y eran muchos dulces, desde galletas hasta chocolates y gomitas. El niño lo vio con ganas de comérselo todo de una vez. Severus suspiró, quería mantener alejado a Harry de los dulces por lo menos hasta que entrara a Hogwarts y ahora recibía un montón de dulces. Por un momento pensó que eran de parte del perro, pero cuando se fijó mejor en el envoltorio y la tarjeta, en realidad el regalo era de parte de Kreacher. Después revisaría esos dulces, el elfo era capaz de cualquier cosa.

Harry abrió otro regalo. Era un libro de animales. El regalo era de parte de Albus. Severus y Sirius no creían que el mago le mandase algo al niño de navidad, pero de todos modos lo agradecieron. Harry hojeó el libro y le gustó ver desde animales comunes hasta criaturas mágicas, incluso venían animales de criptozoología. Era simplemente genial el libro.

Luego, se acercó a otro regalo, era pequeño estaba mal envuelto. Lo abrió y era una moneda muggle de poco valor. El niño la miró curioso. Sirius, que a pesar de no saber mucho del mundo muggle, conocía el valor de su dinero y se molestó al ver que alguien le mandó algo más por obligación que por otra cosa. Tomó la tarjeta y la leyó, sólo decía una cosa: De: Los Dursley.

-¿Los Dursley son sus tíos?

Le preguntó a Severus.

-Sí.

-No se vayan a quedar pobres…

-Así son de miserables esos muggles.

Dijo Severus restándole importancia al asunto. Hasta le sorprendió que ellos le mandaran algo a Harry, era el primer año que lo hacían.

Harry iba a tomar otro regalo cuando escuchó un ruido extraño. Provenía de una caja cuadrada que estaba del otro lado del árbol. El niño se acercó y tomó la caja en sus manos para quitarle la envoltura. Sirius sonrió. Zafiro que estaba en el sillón se acercó también a la caja al escuchar aquél extraño sonido.

Cuando Harry finalmente quitó la envoltura se sorprendió. Era una lechuza. Pero no una lechuza cualquiera, era una blanca con algunas plumas negras y ojos dorados. Se parecía a una lechuza que Harry tuvo de bebé. Junto a la jaula cuadrada había una nota que decía "De tu tío-padrino: Sirius".

Harry se emocionó. Sirius sonrió aún más. Severus torció un poco la boca, como si no fuese suficiente con una serpiente, ahora tendría una lechuza más en su casa sin contar la suya propia y la del perro.

Harry estaba en casa con sus nuevos regalos mientras Severus fue con Albus, el cual le había mandado una lechuza pidiéndole que fuera a verlo. Llegó por red flu cuando vio al director con un gorro de navidad que parecía sombrero de duende. Dumbledore lo miraba sonriente.

-Feliz Navidad, Severus.

-Feliz navidad, Albus.-Dijo simplemente el profesor sentándose.-Antes que nada, quiero agradecerte por el regalo que le mandaste a Harry, no debiste hacerlo.

-Mi querido Severus, no fue nada, el niño me conoce y se me hizo un buen detalle mandarle un regalo de navidad. -Snape ya no dijo nada. Esperaba que el director le dijera la razón por la cual lo llamó. Albus habló nuevamente.- Te he llamado para darte una noticia sobre Lily. –Los ojos de Snape brillaron y toda máscara de severidad cayó. –Poco después de su muerte, examinamos su cuerpo y encontramos… algo.

-¿Qué fue?

Severus no miraba directamente a Albus, parecía perdido.

-La noche en que Voldemort fue al valle de Godric, no mató dos personas, mató a tres.

Severus lo miró fijamente y lo retó un poco con la mirada.

-¿De qué hablas?

-Lily… estaba esperando a su segundo hijo. -Los ojos de Snape se pusieron en blanco, eso no lo sabía, y el pensar que el señor obscuro mató a un bebé no nato, le revolvía aún más el estómago. -Pero eso no es todo.

-¿Qué sigue?

-Toma. -Albus le entregó una carta a Severus. En el sobre se leía "De: Lily Potter. Para: Severus Snape". –Lo encontramos hace poco, estaba en la cámara de Lily. Los duendes iban a pasar el dinero de ella a la cámara de Harry, como lo puso en su testamento, que cuando Harry cumpliera los diez años, se pusiera todo el dinero de Gringots de su cámara, en la de su hijo. Y allí salió este sobre. Me fue entregado hace unos días, y creo que debes de leerlo, Severus.

Severus abrió con cuidado el sobre, sin siquiera pensar cuál sería su contenido.