Tercera viñeta~ Muchas gracias por leer y comentar. Les amo.
...De pociones y pasión...
Hermione tanteó la mesa sin ser capaz de despegar su mirada de su interesante lectura buscando uno de los exquisitos muffins de chocolates que preparaban los elfos en Hogwarts, sin pensarlo le dio un enorme mordisco y lamió sus labios quitando las migajas que habían quedado sobre estos.
—mmm… -balbuceó aturdida, miró alrededor, y se sonrojó al ver la mirada suspicaz de Ginny sobre ella. Su corazón latió desaforado y ella se disculpó de forma torpe antes de salir corriendo del comedor.
—Muy bien, ¿se puede saber qué le hicieron?
—Necesitábamos experimentar con alguien –argumentó George, pareciendo levemente avergonzado ante la mirada de su hermana quien alzó sus brazos y bufó.
— ¿Así que no encontraron nada mejor que experimentar con Hermione? –preguntó Ginny entrecerrando los ojos y negando:- ¿Qué diablos le dieron?
Los gemelos intercambiaron una sonrisa antes de encogerse de hombros jurando que le iban a explicar después, corrieron por los pasillos hasta llegar a la biblioteca, Hermione estaba sentada en la mesa de siempre, apartada de las miradas indiscretas y de ruidos molestos.
—Hola amor –dijo Fred inclinándose hacia Hermione quien alzó su mirada, él sonrió ampliamente cuando vio que se levantaba de un salto y luego se aferró a George.
Ella deslizó sus manos por sus hombros, a lo largo de la curva de su cuello hasta que descansó debajo de las orejas. Sus labios se encontraron con los suyos. Con cautela al principio. Una suave mezcla de carne. Beso y retirada. Beso de nuevo. Más largo esta vez.
—George…-suplicó Hermione sin estar segura de lo que pedía, sin embargo, él sabía qué hacer.
Sus labios chocaron con los de ella. Le dio un beso, largo, caliente y duro. Luego sus manos cubrieron su cara, sosteniéndola mientras su lengua exploraba nuevos territorios.
Fred, mientras tanto, movió la boca por su línea de la mandíbula, después hacia la delicada piel de su cuello. Ella gimió suavemente mientras le mordisqueaba y chupaba su camino hacia el hombro. Sus manos se apoderaron de sus hombros, los dedos clavándose en su piel, su boca contra la de George.
Y en ese momento no había nada más correcto que estar entre ellos.
