Llalalalal Lo prometido.

No me pertenece ni la trama ni los personajes.

Capitulo 17

Percy mantuvo su promesa. Cuando llegaron las nueve de la mañana y Silena irrumpió en mi habitación como siempre, Percy estaba justo donde se suponía que debía estar: entrenando en su garaje.

Silena levantó la cortina hasta arriba de manera desagradable para anunciar su presencia.

—¿Te dormiste tarde? —espetó cuando gruñí y eché las mantas sobre mi cabeza.

—Como puedes ver —refunfuñé. Como no había posibilidad de que se fuera, me uní a ella en mi ventana para espiar a mi novio mientras entrena. Mi novio. Sonaba tan raro. Y todavía no se sentía real. Por un segundo me pregunté si era real. ¿Contaba si simplemente me había dicho que ahora era su novia? ¿O tenía que concordar con él, de hecho, para que fuera real? Después de pensarlo, sin embargo, estaba bastante segura de que había concordado con él, incluso aunque no lo hubiera dicho con palabras.

Mi novio.

—¡Hola! —¿Cuándo comenzó Silena a aplaudir sus manos en mi cara?—. ¡Tierra llamando a Annie!

—¿Huh?

—Escúpelo. Ahora mismo.

—¿Qué?

—Estás sonriendo como mamá en un concierto de los New Kids On The Block.

—¡No lo estoy!

—Y ahora te estás sonrojando. ¡Dime lo que está pasando!

Percy ahora es mi novio. Mi novio digno de babear. Y, ¿cómo estuvo tu noche?

—No pasa nada.

No podía decirle a Silena acerca de Percy. Me mataría. Aunque dudaba que Percy fuera a dejarme mantenerlo en secreto por mucho más. Probablemente iba a saltar a través de la puerta de entrada cantándoselo a mis padres en cuanto terminara de ejercitarse. Caray. Eso iba a ser incómodo.

Como sea. No iba a decir una palabra.

—Mentirosa, mentirosa. ¡Pantalones! ¡Prendidos! ¡Fuego!* ¡Lo ví!

—¡Qué fenómeno, Silena, cállate! —dije entre dientes, corriendo a través de la habitación para cerrar la puerta de un portazo—. ¡Si mamá y papá descubren que pasó la noche aquí, estoy muerta!

Los ojos de Silena se abrieron como platos.

—¿PASÓ LA NOCHE AQUÍ? —gritó. Afortunadamente lo gritó en un susurro—. Sólo lo había visto acompañarte a casa cuando volvías de hacer de niñera. ¿A qué te refieres con que pasó la noche aquí?

¡Mierda!

—¿Dije pasó la noche aquí? Me refería a que me acompañó a casa anoche.

—Dímelo todo ahora o le diré a papá.

—No delatarías a tu propia hermana.

—¡Si no dejas de pasar la noche con Percy no tendré una hermana!

—¿Podrías tranquilizarte? No es como si hubiéramos hecho algo.

—Oh por Dios, ¡te estás sonrojando otra vez! ¿Qué hicieron?

—¡Nada!

Silena parecía como si le fuera a salir vapor por las orejas y yo me sentía como si todo se derrumbara en mi cara. La conversación entera había sido a través de susurros, pero nos gritábamos con tanta fuerza la una a la otra que íbamos a terminar luchando violentamente.

Fui la primera en rendirme. Me hundí en la cama y me tranquilicé lo suficiente para hablar en voz normal.

—Me besó. Ahora soy su novia. Pero no pasó nada más. Sólo dormimos.

Silena no siguió mi ejemplo de calmarse. Pareció enojarse incluso más.

—El bicho raro recibe información de policías corruptos y acecha escenas del crimen y ¿tú decides ser su novia?

—No —dije indignada. Guau. Ahora sonaba como una niña de cinco años—. Él sólo me dijo que lo era. Dijo que no tenía opción.

—¿Y tú no pensaste que eso fue un poco espeluznante?

En realidad era bastante ardiente.

—¡ANNIE! —gritó Silena, horrorizada. Gritó de verdad esta vez.

Mierda. Realmente tengo que arreglar el estúpido filtro de mi boca.

—Sí, realmente lo haces.

¡MIERDA!

—Dame un respiro, Silena. No llevaba puesta la camiseta. ¿Cómo me podía resistir? Tú misma lo has dicho, que dejarías que te arrastrara a un callejón oscuro con tal de besuquearte con él.

—¿A qué te refieres con que no llevaba puesta la camiseta? Dijiste que sólo se besaron.

—No es lo que piensas. Sólo me mostraba la cicatriz de donde lo apuñalaron.

—De donde lo... —Silena se puso un poco verde y se dejó caer en la cama—. Comienza desde el principio —exigió—. Y que no se te ocurra dejar nada afuera.

Suspiré.

—Bien, veía Delta Force...

Le conté todo. Absolutamente todo. Y ella era bastante buena no interrumpiendo. Bueno, bien por Silena. Lo que significaba que me dejó terminar la historia sin hacerse cargo y crear su propia versión basada en lo que quería que pasara. Pero eso fue todo.

—Entonces —dije una vez que llegué a la parte donde me desperté con ella abriendo la cortina—. ¿Ahora ves que nos equivocamos completamente acerca de él, y que es totalmente dulce y que está bien para mí ser su novia? No te voy a mentir, Lena, estoy un poco emocionada acerca de esto. Después de anoche, ya no estoy tan nerviosa. Es justo como dijiste, creo que esto podría ser bueno para mí.

Volví a mirar afuera de la ventana. Percy ahora hacía levantamientos con sus piernas hacia afuera como una L en lugar de que colgaran debajo de él. Hombre, es tan ardiente. Y es todo mío. El pensamiento era suficiente para marearme.

—Annie, detente —dijo Ángela—. Basta de babearte.

—¿Por qué? —No podía evitar ponerme a la defensiva. Silena era una completa aguafiestas.

—Te diré por qué. Vamos a aclararlo —dijo, poniéndose seria—. Me estás diciendo que tu novio huérfano vio a su madre ser brutalmente asesinada, fue apuñalado, perdió a su padre, fue enviado a vivir con su tía loca, sacado de la escuela por lo que jamás conoció gente de su edad, entrenado para ser una especie de arma letal, y ahora te obliga a ser su novia.

Eso casi lo resumía.

—Y estoy diciendo que todo eso explica por qué Percy puede ser un poco...

—¿Un fenómeno? —ofreció Silena. Mientras que yo intentaba encontrar una palabra mejor para eso, Silena se levantó y comenzó a caminar por mi habitación—. De acuerdo, estoy totalmente de acuerdo con que todo eso tiene sentido: explica mucho acerca de Percy. El problema es que mientras que en tu retorcida mente ves eso como material para un excelente novio, yo veo a Jack el Destripador o al Unabomber*.

—Silena.

—Antisocial. Excéntrico. Con más problemas que el Sports Illustrated. Probablemente con un trastorno de personalidad, también conocido como sociópata. ¿Sabes quién más era sociópata? Ted Bundy*.

—Percy no es Ted Bundy, Silena. Y no es el Acuchillador de los Sábados por la Noche.

Silena se quedó sin aliento al recordar algo.

—Annie, ¡no hubo asesinato anoche!

—¿Qué?

—Estuvo en todas las noticias esta mañana. No se encontró ningún cuerpo. No hubo asesinato.

—Bien.

—No bien —discrepó Silena.

—¿No está bien que nadie haya sido asesinado anoche? —pregunté, confundida.

—¿No lo ves? —preguntó Silena. Obviamente no.

—¿Ver qué?

—No hubo asesinato anoche porque Percy estuvo contigo toda la noche. ¡Es él! ¡Realmente es él! Tiene que serlo.

—¡Dale un respiro, Silena! —exploté finalmente—. No estuviste allí anoche. No lo viste, no es un psicópata. No lo conoces como yo. No tienes idea de lo que estás hablando, ¡así que sólo cállate!

—¡No me callaré! ¡Tu novio es un psicópata! ¡Es peligroso!

—¡Sólo estás celosa! ¡Estás enojada porque Percy me eligió a mí y no a ti!

Allí es cuando mi padre finalmente irrumpió en mi habitación medio dormido, frotándose la cabeza como si tuviera migraña. Su irrupción no podría haber sido más vital, tampoco, porque lo de los celos había empujado a Silena por el borde.

—¡Supérate a ti misma! —gritó y luego me llamó algo que estaba segura que le provocaría estar castigada. Papá se paró entre nosotras, y aunque Silena había empezado, me agarró a mí. Bien hecho, también, porque estaba a punto de arrancarle la cabeza a ella.

—¡Chicas! —gritó papá—. ¿Qué está pasando aquí? El vecindario entero puede escucharlas gritar.

—¡Silena está siendo una idiota!

—Annabeth —dijo mi papá, arrastrándome fuera de la habitación y empujándome por la puerta—. Ve a caminar y tranquilízate.

—¡Pero no hice nada! Ella es la que está...

—¡Ve a caminar!

Uh, sí, en realidad esa no era la primera vez que mi padre me decía aquello. Probablemente no era ni la milésima vez que me lo había dicho. Lo decía en serio, además. Esperaba que me fuera a dar una linda caminata... tenía algo que ver con lo poco razonable e incapaz de escuchar a nadie más cuando estoy realmente enojada.

Eh, probablemente tenga razón.

—Como sea —escupí, y me aseguré de golpear la puerta de la casa tan fuerte que las paredes retumbaban cuando salí.

Bajo a la calle en mis pijamas y descalza, golpeando el buzón mientras me iba. Escuché a Percy llamarme, pero no volví la mirada. Lo último que quería era pelearme con él porque me enojé con Silena —desplazar mi enojo es otra de mis encantadoras cualidades— o peor, accidentalmente contarle por qué peleábamos Silena y yo. Sí, eso iría realmente bien.

Debo haber caminado por dos buenas horas. Papá se había ido cuando llegué a casa, pero mamá me esperaba, pasando el rato con un libro, probablemente un psicoanálisis de cómo controlar a tu adolescente fuera de control.

Lo que dijo cuando entré por la puerta fue—: ¿Te sientes mejor?

Lo que escuché fue—: Trae tu trasero aquí así podemos tener una charla.

Me había calmado, pero no me sentía nada mejor.

Dije—: No, en realidad. —Y me hundí en una silla, respondiendo tanto a la pregunta formulada como al mandato no dicho.

—¿Quieres hablar sobre eso?

No sé por qué mi mamá siempre se siente obligada a hacer preguntas cuyas respuestas ya conoce. La fulminé con la mirada, lo cual no le gustaba. Otra vez, lo que dijo fue—: Tu hermana está realmente disgustada.

Pero lo que yo escuché fue—: Cuida tu tono conmigo, jovencita. No quieres hacerme enfadar ahora mismo.

—No sé por qué estás tan preocupada por ella —dije, sin vigilar mi tono como probablemente debería haberlo hecho—. Ella es la que irrumpió en mi habitación y metió sus narices en mis asuntos, que no le incumben. Es la que me gritó. Es la que me llamó una...

—Piensa que la odias —dijo mamá rápidamente antes de que pudiera terminar la oración.

—La odio de verdad.

—Dijo que sólo trataba de ayudar.

—Bueno, debería tratar de meterse en sus propios asuntos.

Mamá me miró pensativa por un minuto y luego llegó a mí desde otro ángulo.

—Percy vino hace un rato a buscarte. Te vio marcharte echando chispas. Parecía realmente preocupado.

Rondaba en busca de grietas en mi armadura, pero lo único que obtuvo de mí fue otra mirada malhumorada. Se metió en un enfrentamiento silencioso, el cual gané. Se rindió luego de dos míseros minutos.

—Annie, háblame. Dime lo que te está pasando.

—Silena está siendo ridícula. Como siempre.

—No, Annie. Dime lo que está pasando contigo. Algo te ha estado molestando últimamente.

—Sí, Silena.

—No es tu hermana.

Crucé los brazos sobre mi pecho y volví a agachar la cabeza.

—¿Dónde está papá? —pregunté, esperando distraerla.

—Se llevó a tu hermana a almorzar.

—¿Qué? —Eso dolió—. ¿Desde cuándo papá elige a Silena por sobre mí?

Mamá finalmente suspiró.

—Tu papá es genial cuando te suspenden por pelearte, o necesitas ayuda con tu castañazo*. Sabe lidiar con los golpes y moretones, o en tu caso, conmociones cerebrales y hemorragias nasales.

Cuando mamá consiguió esbozar una sonrisa sincera, mi estómago se revolvió.

—Estás en territorio desconocido para él ahora mismo —dice, confirmando mis sospechas de a dónde iba esta conversación—. Tu papá se llevó a Silena porque pensó que tal vez necesitabas a tu mamá esta vez. Así que háblame, Annie. No puedo ayudarte si no me dices lo que va mal.

—¡Ugh! Nada está mal conmigo. Estoy bien.

—Está bien estar alterada, Annie. Es un momento difícil de tu vida. Estás creciendo y cambiando...

—¡Oh por Dios, mamá! ¡Detente! —Me llevo las manos a los oídos y trato de no vomitar—. No voy a tener esta conversación. Me vino mi período hace como tres años. Ya sé acerca de los pájaros y las abejas.

No pude aguantar más y huí a mi habitación. Cuando llegué a las escaleras, mi madre me llamó con voz molesta.

—Si no quieres hablar conmigo sobre esto, entonces deberías ser más amable con tu hermana. Puede ayudarte, Annie.

Quince minutos más tarde, mamá llamó a la puerta de mi dormitorio. Me preparé para la segunda ronda de la charla de padres, pero en lugar de eso, sólo me pasó el teléfono inalámbrico.

—Aquí está —dijo en el receptor antes de entregárselo—. Me alegro de que hayan llamado. Necesita animarse un poco. Traten de hacerla entrar en razón, si pueden.

Puse el teléfono lejos de mamá y esperé a que ella se fuera antes de contestar.

—¿Percy?

—¡Chaseeeeeeeeee!

—¿Qué pasa?

—¿Quién es Percy?

—¿Por qué necesitas que te levantemos el ánimo?

—¡Somos nosotros!

Una llamada de los tres J juntos siempre era un caos.

—Sé quienes son, idiotas. ¿Qué está pasando? ¿Algo nuevo ha sucedido esta semana en el campamento sus-vidas-son-más-emocionantes-que-la-mía?

—Tomé un vertedero de seis libras —ofreció Jack.

—Mientes —reí. Los J siempre podían hacerme sentir mejor.

—Es cierto —dijo Josh—. Todo nuestro equipo ayudó antes y después.

—¡Y gané veinte dólares!

—Felicitaciones, Jack. Has llegado a un nuevo nivel de asco.

—Pero gané veinte dólares.

—Oh, Dios mío, chicos. Tienen que venir a casa. Me estoy volviendo loca.

—Eso es seguro —coincidió Jesse—. Si la mitad de los rumores que hemos escuchado son ciertos…

—¿Qué rumores?

—Nada importante —dijo Josh—. Así que te convertiste en una chica este verano.

Después, los chicos empezaran a soltar palabras tan rápido que no pude decir quién decía qué.

—Usas rosa.

—Coqueteas con los chicos.

—Vas a fiestas.

—Conseguiste un trabajo en Gap.

—Es Old Navy —me quejé. Como si eso fuera algo mejor.

—Tienes una linda delantera.

—¡Cuidado, Jesse! —le advertí.

—Le rompiste tanto la nariz a Valdez que va a necesitar una cirugía reconstructiva —dijo Josh rápidamente—. Estamos muy orgullosos de ti por eso, por cierto.

—Luego está el rumor que dice que usaste un vestido.

—Olvídate de eso. He oído que llevaba un bikini.

—Bluuugh. Ese es un pensamiento aterrador. No he oído ese.

—Cállate, Josh.

—No, chicos, tengo el ganador —salto Jack—. He oído que fuiste abajo y sucio con Charles Beckendorf.

—¡De ninguna maldita manera! —gritó Josh. Obviamente, no había escuchado eso, tampoco—. ¿Charles Beckendorf? ¿En serio? ¿Qué demonios, Chase?

—No fui abajo y sucio con nadie.

—Ahora, ¿quién es el mentiroso? —bromeó Jack.

—¿Quién te dijo eso, Jack? ¡Dime ahora mismo! Voy a patear su…

—¿Así que no te besuqueaste con Charles Beckendorf? Porque todo el mundo ha estado diciendo…

—¿Todo el mundo? ¿Quién es todo el mundo? ¡Están en el campamento!

—Chase, tú eres la única persona que queda en el universo conocido sin un teléfono celular. La mitad de la escuela nos envió un mensaje sobre ti esta semana.

Gemí y los chicos se echaron a reír. No podía culparlos, de verdad. No es como si nunca hubiera obtenido placer con su dolor.

—No te preocupes demasiado, Chase —dijo Josh, sonando bastante genuino—. Estamos llegando a casa en una semana y media. Lo arreglaremos. Vamos a tener una fiesta de manta y volver de nuevo a lo normal o algo así.

—Sí —dijo Jack—. Porque no voy a salir contigo si estás actuando como una chica.

—A menos que realmente tengas una delantera agradable.

—¡Jesse! ¡Habla una vez más acerca de mi delantera! ¡Te desafío!

—Sí, amigo —dijo Josh—. Estamos hablando de Chase. Eso es asqueroso.

—¡Ugh! ¡Muérdanme, perdedores!

Se sentía bien colgarles, pero no lo suficiente como para no estar completamente cabreada. Le grité a nadie en particular, y tiré el teléfono, rompiéndolo en pedazos cuando chocó con mi tocador. Luego manipulé mi equipo de música, subí al techo, cerré los ojos, y empecé a contar hasta infinito.

***
—¿Cuánto tiempo has estado aquí? —preguntó Percy, tomando asiento a mi lado.

—No lo sé. Seis, siete, ocho canciones.

—¿Qué está pasando?

—Nada. Estoy bien.

—Sí —dijo Percy con una sonrisa—. Tienes Rage Against The Machine sonando a todo volumen porque estás de un humor fantástico.

¿Recuerdan ese desplazamiento de los problemas de ira? Miré a Percy tan groseramente que no podía reír en este momento. Sin decir nada, se puso de pie. Por un segundo pensé que iba a dejarme con mi mal humor, pero en lugar de eso me llevó a Patty's y me ordenó un banana split.

—Creo que le debes una disculpa a tu buzón —dijo una vez que había helado en frente de mí.

—Mejor ahí que en el rostro de Silena —murmuré.

Percy sonrió mientras tomaba mi mano y examinaba los nudillos.

—¿Duelen?

Me encogí de hombros y llevó mi mano a sus labios, besando cada nudillo individualmente. No hizo precisamente que la hinchazón bajase, pero seguro que se sintió mucho mejor que el hielo.

—Voy a vendarte cuando lleguemos a casa —ofreció Percy. Soltó mi mano y dijo—: Entonces, ¿vas a decirme lo que está mal, o voy a tener que hacerte decirme?

—¿Es que va a ser un hábito contigo? —le solté—. ¿Forzarme a hacer cosas?

Percy se encogió de hombros ligeramente.

—Si es necesario.

—¿Y obligarme a ser tu novia? ¿Eso era necesario?

Para mi disgusto eterno, Percy se rió.

—No sólo era necesario. Era una cuestión de vida o muerte.

—¿De vida o muerte? ¿Ibas a matarme si decía que no?

Percy me dio una sonrisa de complicidad y dijo—: No hubiera dejado que dijeras que no. —Tomó un bocado de helado—. De la misma manera que no voy a dejarte decir que no pasa nada malo.

—No pasa nada malo.

La actitud juguetona de Percy había desaparecido en un instante.

—No me mientas, Annie. —Tuvo la audacia de hacer que sonase como una advertencia.
Dos podían jugar ese juego.

—No me controles —gruñí—. No soy tuya. No te pertenezco. Sólo porque eres fuerte y posiblemente psico, no significa que puedes darme órdenes. No me gusta que me digan qué hacer. Pregúntale a Silena. Trató de decirme qué hacer esta mañana y casi la golpeo en la cabeza por ello.

—¿Y qué exactamente fue todo ese griterío esta mañana?

—Silena trataba de decirme que no podía salir contigo. Trata de mantenerme alejada de ti. Piensa que eres inestablemente… peligroso.

Percy me miró, pero no creí que fuera yo con quién él se enojó.

—¿Lo eres? —le pregunté.

—¿Peligroso? —repitió Percy con fuerza—. Para algunas personas, sí. ¿Para ti? No.

—Entonces, deja de actuar como si lo fueras. ¿Quieres algo de mí? Pídelo. No utilices el miedo para tratar de manipularme. ¡Me molesta!

Estaba tan arriba en este momento, que estuve a punto de llevar esa discusión a la playa de estacionamiento. Casi esperaba que Percy lo sugiriera en primer lugar, pero su estado de ánimo volcó en un instante. Me confundí por la repentina admiración en sus ojos.

—No voy a poder salirme con la mía nunca más, ¿verdad? —preguntó, casi atemorizado.

—Querías que no te tuviera miedo. Bueno, aquí estoy, sin miedo. No soportaré ninguna mierda estúpida, así que ya basta.

Percy me miró como si todavía no pudiera creer lo que sucedía. Una sonrisa se extendió por su cara inconscientemente y me dijo—: Nunca nadie me ordenó antes.

—Se siente bien, ¿no?

Estaba siendo irónica, pero la sonrisa de Percy se hizo aún más amplia.

—No tienes ni idea —dijo, y luego me atrajo hacia él para darme un beso.

No me dio un rápido beso miren-a-la-linda-y-feliz-pareja. Fue un beso arrójennos-fuera-del-restaurante. Cuando por fin se quitó de encima y se quedó sin aliento, hizo esa cosa en la que me mira a través de sus pestañas con un toque de vulnerabilidad, y dijo—: ¿Annie? ¿Podrías darle a tu novio sobreprotector un descanso y explicarme lo que está mal, así puedo hacer lo que sea para que se vaya y dejar de preocuparme por ti? ¿Por favor?

Me eché a reír muy a pesar mío, pero entonces suspiré y tomé mi cuchara. Esto iba a necesitar un montón de helado.

—No pasa nada malo, exactamente. Quiero decir, esta mañana Silena fue una idiota total, pero luego lo tuve con mi mamá, también. Además, les colgué a los J cuando llamaron. Esos idiotas estaban siendo ellos mismos, pero les he dado más que suficiente munición últimamente para merecer el fuego que tengo hoy.

—¿Qué quieres decir con munición?

—Supongo que no lo entiendes porque no me has conocido desde siempre, pero esto —hice un gesto para mis adentros—, la Annie que has conocido este verano no es la Annie a la que ellos están acostumbrados. Por alguna razón, todo es diferente. Estoy hablando de proporciones épicas. Como si hubiera sufrido una invasión en mi cuerpo. No sé qué está mal conmigo.

—No creo que haya algo mal contigo. —Percy Sonrió—. A mí me gusta cada cosa de ti. —Su sonrisa cayó y sus ojos se apretaron más pequeños mientras añadía—: Excepto tal vez tu afición por Charles Beckendorf.

—Bueno, a ti quizás te guste la nueva yo —le dije, haciendo caso omiso a la mención de Charles—. Pero nadie parece saber cómo tratarme. Mi hermana. Mis amigos. Definitivamente no Charles… todavía no puedo creer que el idiota me haya besado. Mis padres han prácticamente desaparecido por las paredes. "Crecer y cambiar" es la frase que mi madre usó cuando trató de hablar conmigo esta mañana. Y ahora los J estarán en casa en una semana y media.

—Ah, sí. El retorno de los amigos pródigos —dijo Percy. Había mantenido su tono ligero, pero aunque lo supiera o no, la cuchara en su mano ahora se encontraba doblada en un ángulo de noventa grados.

—Sí. Vienen a casa, y no sé qué hacer.

—¿Por qué tienes que hacer algo? ¿No son tus mejores amigos?

—Exactamente —le dije—. Me conocen mejor que nadie. No van a ser capaces de hacerme frente. Ni siquiera yo puedo tratar conmigo. Son lo último normal en mi vida, y cuando regresen y me vean vestida de rosa y saliendo con mi…

Me atraganté con la palabra y Percy se rió de mí.

—Novio, Annie. Tu novio. Puedes decirlo.

Excepto que no podía.

—Contigo. Van a enloquecer. Entonces me voy a enojar con ellos por ser idiotas. Tú te pondrás celoso y los odiarás como lo haces con Charles, y voy a tener que tomar una decisión. Si te elijo a ti, los J van a querer golpearte, y cuando traten los vas a matar. Entonces yo voy a estar muerta, vas a ir a la cárcel, y me veré obligada a pasar el rato con Silena y Charles por el resto de mi vida.

Percy arqueó una ceja hacia mí cuando terminé mi perorata.

—Pensaste todo esto una o dos veces, ¿verdad?

—¡Lo digo en serio!

Percy me atrajo hacia su pecho y envolví mis brazos alrededor de él sin siquiera pensar en ello. Esta cosa del novio tenía sus ventajas.

—Annie, trata de relajarte un poco —dijo Percy—. ¿Ayudaría si prometo no matarlos? No puedo prometer que me van a gustar. De hecho, tienes razón, más o menos ya los odio. Pero puedo controlarme. No voy a hacerte elegir.

* Liar, liar, pants on fire! es un canto infantil que se le hace a la gente cuando miente, burlándose.

*Unabomber: sobrenombre que se le da al filósofo Theodore Kaczynski, quien es conocido por haber enviado cartas bomba motivado por su análisis de la sociedad moderna tecnológica.

*Ted Bundy: asesino en serie del siglo XX que mató cerca de cien mujeres.

* Slap shot: el tiro más difícil de hacer en hockey sobre hielo.

¿Les gusto? Yo me rei mucho con la llamada de los J.

Mi lado macabro está pensando seriamente desaparecerme una semana y dejarlos con la intriga.

Bueno, síganme que les pareció los capítulos en un hermoso y sensual Review.