No me pertenecen ni la trama ni los personajes.
Capitulo 20
Por segundo domingo seguido, los parques de Michigan se encontraban libres de cualquier rubia, y la razón era que Percy pasó la noche en la cárcel. Al menos, eso fue lo que me dijo Silena cuando me despertó bien temprano esta mañana, a las ocho.
Anoche, después de habernos escapado de nuestros padres, nos encontrábamos en mi habitación intentando decidir si debíamos decirles sobre el ataque de Percy hacia Matt, cuando dos policías se aparecieron en la casa de Percy.
Desde mi ventana, vimos cómo se llevaban a Percy esposado. Su tía lo abrazó con fuerza antes de que lo pusieran en el asiento trasero del auto. Cuando los policías se alejaron, la Sra. Jackson los siguió en su Beemer. El auto aún no había regresado.
—Pero ayer me dijo que los asesinos nunca irían por las personas que conocen. A Matt lo conoce. Y tiene razones para odiarlo. Si Percy fuese un asesino, no sería tan estúpido. Puede que haya atacado a Matt, pero no es el Acuchillador.
—¿Quién más podría ser? —preguntó Silena—. La semana pasada, Percy pasó todo el fin de semana aquí contigo y no hubo ningún homicidio. Anoche se lo llevaron a la cárcel, y una vez más, no hubo homicidio.
Tenía que admitirlo, si se veía mal.
—Annie, debemos decírselo a mamá y a papá. Tenemos que llamar a ese detective.
—¡No! —Mi corazón latía como loco. Fue horrible haber visto cómo se llevaban a Percy anoche. Me quedé sentada junto a la ventana toda la noche, esperando a que su tía lo trajera a casa. No podía soportar pensar que se encontraba en la cárcel. Sabía que podía cuidarse de otros criminales, pero aún así, existía una parte de él que era demasiado vulnerable.
Simplemente lo quería en casa, donde sabía que se encontraba seguro. Necesitaba decirle que lamentaba haberme enojado ayer y hacerle saber cuánto apreciaba que haya querido defenderme, aunque lo haya llevado demasiado lejos.
—Sólo intentaba protegerme —dije, frustrada—. Ésa fue la única razón por la que atacó a Matt. No lo voy a culpar por los homicidios de los Sábados por la Noche hasta que tengamos pruebas. Pruebas en verdad físicas. —Miré hasta la casa al otro lado de la calle, allí tan vacía y tentadora, suspiré—. Tengo que saberlo con seguridad.
Silena vio como me ponía mis zapatos. Me siguió mientras cruzaba la calle y preguntó—: ¿Qué estas haciendo?
—¿Qué estamos haciendo? —le corregí—. Es una cosita pequeña llamada allanamiento de morada.
—¿Qué? ¡No podemos hacer eso!
—¿Por qué? No es como si Percy nunca haya entrado sin permiso a mi habitación. Al menos tengo que intentar averiguarlo. Si tiene algún tipo de prueba allí adentro, entonces aceptaré que mi novio es un psicópata asesino y llamaremos a ese detective. Lo prometo.
—Pero no puedes simplemente meterte en casas ajenas, Annie. También podrías terminar en la cárcel.
—Necesito ponerle un fin a esto —admití desesperada—. Aún me gusta, ¿está bien? Silena, me gusta mucho. Si él mató a esas chicas, entonces necesito alguna prueba. Tengo que verlo con mis propios ojos. Necesito algo que haga que deje de gustarme.
Una intensa sensación llenó mi estómago justo en ese momento. Dejé de moverme y miré a Silena a los ojos.
—Y si en verdad encuentro la prueba de que mató a esas chicas —murmuré, luchando contra las nauseas—, entonces voy a necesitar que mi hermana mayor esté allí conmigo para que me ayude a calmarme cuando me esté volviendo loca.
Silena me miró fijamente, tragándose todos esos pensamientos, y tomó mi mano.
—De acuerdo —dijo, convencida—. Está bien, hagámoslo.
—Gracias.
Resultó que mi primer acto criminal fue sorprendentemente fácil de llevar a cabo, ya que anoche la Sra. Jackson había salido con tanta prisa que había olvidado cerrar la puerta con seguro.
—Me pregunto si nos darían menos tiempo en la cárcel, ya que entramos normalmente, sin allanar —dijo Silena cuando cerramos con seguro la puerta detrás de nosotros.
—Sólo apurémonos para que no nos atrapen, y así no tener que ir a la cárcel en primer lugar.
—Entonces, ¿qué estamos buscando? ¿Dónde crees que debamos comenzar?
—Su habitación —dije automáticamente—. Hay una caja de metal debajo de su cama que me muero por revisar. La vi una vez cuando me tenía en el piso debajo de él.
Comencé a subir las escaleras, pero Silena simplemente se quedó allí, en medio de la habitación con la boca abierta, mirándome.
—Annie —dijo lentamente, con sus mejillas sonrojándose un poco—. Sé que todo el asunto de salir con un chico es muy emocionante, pero no estoy muy segura que deberías estar moviéndote tan rápido. Es decir, sólo obtuviste tu primer beso hace un par de semanas.
—¿Qué crees que hacía? —jadeé cuando finalmente entendí a lo que se refería Silena—. Él me había secuestrado y atrapado en su habitación. Luego de que rompí su lámpara en mil pedazos y golpeé su cabeza con un despertador, tuvo que sujetarme al piso para evitar que le lanzara alguna otra cosa. No hacíamos nada.
—Oh. Bien, entonces. —Silena me siguió hasta arriba—. Porque sería muy incómodo si en verdad hayan hecho algo y él termine encerrado en la cárcel para siempre. Tendrías que ir a un episodio del Dr. Phil para poder ser normal otra vez.
—Necesito ir con el Dr. Phil por el simple hecho de vivir contigo —le contesté mientras caminábamos hasta la habitación de Percy. Había limpiado las latas de sodas y los dulces de nuestra noche de juegos, y tenía mi bolso puesto delicadamente en una esquina, en su silla de juegos.
—Es algo horripilante aquí adentro, ¿no te parece? —preguntó Silena.
Miré alrededor.
—Se ve como cualquier habitación, en mi opinión. Simplemente muy, muy limpia.
—¿A qué crees que me refería con horripilante?
—Como sea. Simplemente comienza a buscar cualquier cosa extraña.
Busqué debajo de su cama y saqué la caja de metal. Era una pequeña caja roja de herramientas hecha en metal y, desafortunadamente, cerrada con seguro.
—Rápido, debe haber una llave por algún lado. Busca por allí una llave pequeña. Ve dentro de sus gavetas o algo así.
—No voy a rebuscar entre su ropa interior. Es tu novio. Tú busca en las gavetas.
Rodé los ojos y comencé a buscar entre sus gavetas. Dos segundos después, sentí como Silena se acercaba detrás de mí.
—Huh —dijo—. Bóxers. Interesante. No me hubiera imaginado esa.
—Creí que no querías meterte con su ropa interior.
—No lo estoy haciendo. Tú sí.
—No hay nada aquí —dije, cerrando la última gaveta. Silena tomó una botella de colonia mientras yo me dirigía hasta la mesita de noche.
—Esto se ve costoso —dijo, vertiendo un poco sobre su muñeca.
—¿Podrías al menos ayudarme?
—Guau, huele bien. ¿Siempre huele así de bien?
Desafortunadamente.
—No hay nada en su mesita de noche aparte de su arma eléctrica —dije. No pude evitar agarrarla y apretar el botón. Chisporrotearon chispas azules—. Me pregunto cuán fuerte puede lastimar esta cosa.
—Te desafío a usarlo.
Estiré el arma hasta Silena y pulsé el botón de nuevo.
—¿Usarlo en ti?
—Que graciosa. Baja esa cosa y déjame ver que tiene en su closet. —Silena abrió la puerta del closet y comenzó a examinar la ropa guindada—. Oh, es una lástima que no haga tanto frío afuera. Apuesto a que Percy se ve hermoso en esto —dijo, sacando una chaqueta de gamuza marrón oscuro de su gancho.
Cuando se la probó, pregunté—: ¿Siquiera estás buscando las evidencias? ¿O solamente fisgoneas?
—Me pregunto cuánto dinero gastó en este guardarropa. Desearía tener… espera —jadeó Silena—. ¿Qué es esto?
Había algo pegado con cinta adhesiva en el fondo del closet. Empujé toda la ropa a un lado y Silena soltó un quejido silencioso.
—¿Qué es? ¿Algún tipo de altar?
—No seas estúpida, idiota. Los altares necesitan velas y cosas así.
—¿Qué está haciendo con fotos de chicas muertas pegadas en su closet? —preguntó Silena.
—Me preocupan más las chicas de allí que no están muertas —susurré.
Hasta ese momento, en verdad no había creído que Percy tuviera algo que ver con el Acuchillador de los Sábados por la Noche. Pero vimos un collage de fotos, repostes de la policía, y notas, todas en relación al caso del Acuchillador. Heather Monroe, Olivia Harley, Crystal Chambers, y la primera victima, cuyo nombre resultaba ser Monica Stanley—todas se encontraban allí, mirándome de frente junto a otras tres fotografías de chicas que encajaban en el mismo perfil.
—No es un altar —murmuré—. Es una investigación. Está estudiando el caso. Ve como lo tiene todo organizado. Es como si intentara resolverlo.
—¿Estas bromeando? —preguntó Silena, señalando la foto de una chica llamada Jennifer McConnelly—. Esto no es resolverlo. Ésa es una fotografía de su próxima victima.
Intenté no creerle.
—¿Y entonces qué me dices de toda esta información? ¿Todos los reportes de la policía? ¿Todos los perfiles de las personas trabajando en el caso? ¿Por qué tendría todo eso?
—Obviamente necesita saber cuán cerca están los policías de atraparlo. Tú pediste una prueba. Aquí está tu prueba. Dame mi celular. Voy a llamar al Detective Ethan.
—¡No! No es suficiente. No puede ser él. Sí, me hallaba en completa negación. ¿Y qué?
—Annie, lo prometiste. ¿Qué más necesitas? ¿Qué venga detrás de ti con un cuchillo?
—¡Fotografías! —jadeé. Silena comenzaba a frustrarse.
—¿Qué crees que son éstas? —gritó.
—No. Me refiero a las instantáneas. El asesino dejó fotos instantáneas de sus víctimas, ¿verdad? ¿Para que conectaran los asesinatos? Bueno, ¿no a todos los asesinos les gusta llevarse recuerdos? Él les ha timado fotos. Si Percy es el asesino, entonces tendría esas fotos.
—Oye, bien pensado.
—Ya revisé las gavetas y la mesita de noche. —Miré alrededor del perfectamente ordenado cuarto y regresé hasta la cama de Percy—. Ayúdame a levantar el colchón.
—Ten cuidado, Annie, ¿en verdad quieres saber lo que mantiene oculto debajo de su colchón?
—Oh, ya cállate y levántalo.
—Annie, si es cierto que está matando gente, ¿crees que sería lo suficientemente tonto como para guardar evidencia debajo de su colchón? Tienes que ser más creativa que eso.
—¿Y en donde sugieres que revise? —le solté y metí mi mano entre su colchón—. El único lugar donde al parecer has estado buscando es por encima de mi hombro. ¿Podrías, por favor, ayudarme?
Silena suspiró, como si le hubiese pedido que presentara un examen por mí.
—Está bien, de acuerdo. —Con una mirada que sugería que yo era una idiota, Silena rebuscó debajo de la cama y sacó la caja de herramientas para colocarla sobre sus piernas. Luego de examinar el pequeño candado, dijo—: No es mucho más que algo que puedes encontrar en una maleta. Estoy segura que podemos abrirlo con un palito. ¿No tendrás un gancho de cabello? —Ambas nos reímos al mismo tiempo—. Lo lamento, olvidé con quién hablaba.
—¿Esto funcionará? —pregunté, tendiéndole mis llaves con el llavero de navaja rosado.
—Aw, es tan lindo. —Habló con ternura—. ¿De donde lo sacaste?
—Percy me lo regaló de cumpleaños.
—Uh, en realidad eso es muy dulce. Es una lástima que usaremos su regalo para meterlo a la cárcel.
Luego de un minuto de estar luchando con el candado, se abrió. Silena comenzó a levantar la tapa y mi corazón se saltó un latido.
—Espera —susurré.
Silena me miró.
—¿Quieres hacerlo tú?
—¡No! Yo… Yo… No puedo ver. No quiero saber lo que hay allí dentro.
—Tenemos que verlo.
—¿Pero qué pasa si es él en verdad? No puedo soportarlo. Tú mira. Mira y luego no me digas. Si es él, no quiero saberlo.
—Annie. —La voz de Silena se volvió lastimosa—. Todo estará bien. Si es él, entonces detendremos que un asesino acabe con la vida de chicas inocentes. Estarás a salvo otra vez. —Sonrió juguetona—. Y no estaré más castigada los fines de semanas.
Eso me hizo sonreír.
—Ah, la verdadera razón por la que me estás ayudando.
Ambas logramos soltar una risita, y luego Silena respiró profundamente.
—Aquí vamos.
Cerré los ojos con fuerza y sostuve el aliento.
—Oh —murmuró Silena con admiración—. Guau.
—¿Qué? —Mis ojos se abrieron y Silena me tendió la caja de herramientas.
Dentro de la caja se hallaba lo que había quedado de los padres de Percy. Un puñado de fotografías, un par de anillos de boda, un par de lentes de sol, un adorno para el cabello de su mamá—casi del mismo color que el mío.
—Era hermosa —dijo Silena, mirando una fotografía de la mamá de Percy.
Levanté una foto familiar y miré de cerca al padre de Percy.
—También él —dije. Ninguna de las dos podíamos levantar nuestras voces—. Con razón Percy es tan…
—¿Delicioso? —ofreció Silena.
Percy era una combinación de ambos. Tenía los ojos de su papá y la nariz y sonrisa de su mamá. En la foto, se encontraban en una playa con un Percy de nueve años mostrando con mucho orgullo un castillo de arena, como si no le importara más nada en este mundo. Tenía una sonrisa que nunca le había visto. La foto daba una pista de lo mucho que la muerte de sus padres lo había cambiado. Mi corazón casi se parte en dos al verlos juntos.
La puerta de enfrente se cerró con un golpetazo abajo, salté tan alto que el contenido de la caja de herramientas se esparció por el piso.
—¡Ya llegaron! —siseó Silena. Fonéticamente, lancé todo de vuelta a la caja, mientras Silena se quitaba la chaqueta de Percy y acomodaba la ropa en el closet para tapar la pared.
—No podeos salir por la ventana —le dije a Silena.
—Tendremos que esperar hasta que la Sra. Jackson se vaya a su habitación o algo así, y luego salir a hurtadillas.
—¿Qué hay de Percy?
—Probablemente aún esté en la cárcel.
Justo entonces escuchamos hablar a la tía de Percy.
—¿Quieres que te prepare un sándwich o algo?
—No, gracias —respondió Percy, sonaba algo deprimido—. Sólo estoy cansado.
—De acuerdo. Entonces voy a ir a mi oficina a hacer algunas llamadas por un rato. Ya resolveremos esto.
—Sí, seguro. —Percy no se escuchaba tan optimista como su tía. Escuchamos el sonido de la puerta de la oficina cerrándose y luego fuertes pisadas en las escaleras.
Silena y yo nos miramos con horror. La puerta de la habitación de Percy se encontraba abierta de par en par, y en unos dos segundos entraría y nos encontraría revisando sus cosas. Estábamos muertas.
—Rápido, Silena, escóndete detrás de la puerta. Yo lo distraeré y tú podrás salirte.
—¡Annie, no! —Silena tomó el arma eléctrica de la mesita de noche—. Tengo una mejor idea.
—¡No vamos a electrocutarlo! No me lastimará, Silena —siseé al empujarla detrás de la puerta, cerciorándome de que no pudiera verse. Luego, corrí hasta su cama y abracé su almohada como si hubiese estado durmiendo por un rato. Ni siquiera estoy segura de cómo mis ojos se cerraron completamente cuando entró a la habitación.
—¿Annie? —jadeó. Hice mi mejor imitación de alguien agitándose en un sueño profundo.
Luego de un momento, le eché una mirada a su rostro destruido y no tuve que actuar cuando me apresuré hacia él y le eché mis brazos a su alrededor.
—¡Percy! Estoy tan contenta de que hayas vuelto. Me preocupé tanto.
La manera en que sus brazos se envolvieron a mí alrededor fue más reactiva que nada.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, sorprendido y completamente confundido.
Levanté el mentón para mirarlo a los ojos, pero me negué a soltar mi agarre en su cintura.
—Sé lo de Matt —dije—. Eso es lo que vino a decirme Silena.
—Annie, espera, te juro que...
—No importa —le dije rápidamente. No quería escuchar sus excusas. Ni siquiera quería pensar en lo que él había hecho. Si tan sólo pudiera ignorar eso y enfocarme en su rostro —su hermoso rostro adolorido—, podría olvidar todo lo malo y sólo estar feliz de verlo lo suficiente para mantener a Ángela a salvo.
—Cuando vi a los policías en frente de tu casa anoche pensé que me iba a enfermar. Te sacaron con esposas y después de oír lo de Matt estaba segura de que te llevarían a la cárcel. Pensé que no te volvería a ver, y me fui tan enojada ayer. Pensé que ibas a pasar tu vida en la prisión creyendo que te odiaba.
Apreté aún más a Percy y mi nombre se escapó de su boca en forma de un suspiro. Me devolvió el abrazo como si mi sola presencia estuviera renovando su fuerza.
—¿Cómo fue que te dejaron ir? —No pude evitar preguntar. —Sólo me llevaron para interrogarme. —El cuerpo de Percy se tensó debajo de mí—. No sé por qué se molestaron. No creyeron ni una palabra de lo que les dije. La única razón por la cual no me arrestaron fue porque no tenían pruebas. El auto de Matt todavía está desaparecido, y él no logró ver bien a su atacante. El tipo tenía puesta una máscara y llegó por detrás cuando se metía en el auto.
Me estremecí, preguntándome cómo podía hablar Percy tan tranquilamente sobre un tipo al que casi había matado.
Percy me sintió temblar y me apretó con tanta fuerza que casi dolió. Busqué algo para decir.
—Espero que no te moleste que haya venido, pero me sentía tan horriblemente preocupada por ti.
—¿Molestarme que hayas venido? —repitió Percy incrédulo. La confusión podía haberse ido de su voz, pero su incredulidad no lo había hecho—. Tenía miedo de que me odiaras. No pensé que me dejarías explicarte.
Al oír el crujido de la puerta de Percy, eché un vistazo sobre su hombro. Mi hermana todavía esperaba la oportunidad para escapar. Sentí a Percy comenzar a girar y llevé mi mano a su cabello, lentamente pasando mis dedos sobre él. Los ojos de Percy se cerraron ante la caricia.
—No necesito una explicación —le dije—. Sólo necesito que mi novio me bese.
Percy lucía desconcertado, pero exitosamente distraído. Silena podría haber sacado un tanque de guerra de su habitación y él no se habría dado cuenta.
—Acabas de decir la palabra con N —dijo.
—Y todavía no me estás besando.
Percy no necesitó que se lo dijera otra vez. Me besó con tanta seriedad que aunque supiera que tenía un armario lleno de fotos de chicas muertas y probablemente próximas-a-morir, me derretí en sus brazos. Por el lado positivo, Silena fue capaz de escapar a salvo. Por el lado no tan positivo, ahora besaba a alguien que probablemente había apuñalado a un hombre y matado a cuatro chicas, y descubrí que realmente no quería detenerme.
Gracias al cielo por Lady GaGa. Si hay algo que puede acabar con mis ganas de besuquearme, es la música pop.
—No respondas —gruñó Percy, aparentemente eso no había acabado con su humor. Pero sabía que sería Silena tratando de rescatarme, así que contesté.
—¿Hola?
—Annie, hola, ¿todavía estás en lo de Percy?
Percy escuchó la voz de Silena a través del teléfono y eso sí acabó con su humor. Me dejó ir y cayó en su cama, frunciendo el ceño. Me acosté en la cama con él, aunque eso me hacía querer besarlo un poco más. Necesitaba estar lo suficientemente cerca para que pudiera escuchar cualquier excusa que Silena estuviera a punto de darme.
—No te preocupes, ya no estamos peleando —le expliqué a Percy, sonriendo cuando él rodó a mi lado y pasó su brazo sobre mi estómago. Al teléfono dije—: Sí, todavía estoy aquí. Percy llegó a casa hace como cinco minutos, así que pensé en quedarme un rato. ¿Por qué, qué pasa?
—Será mejor que vuelvas a casa. Acabo de escuchar a papá levantarse.
Me incorporé. Había muchas probabilidades de que esa excusa fuera real.
—Gracias. Estoy yendo ahora mismo.
Percy se aferró a mi mano y me dirigió una mirada inquisitiva.
—Lo siento —dije—. Pero no quiero tener que explicarle a mi padre lo que estoy haciendo en tu casa a las ocho de la mañana en pijama.
Percy parecía infeliz acerca de tener que dejarme ir, pero al menos no parecía enojado.
—¿Alguna vez tendremos la oportunidad de besarnos sin ser interrumpidos?
—No ahora mismo —dije—. Te llamaré más tarde. Estoy feliz de que estés en casa.
Percy me acompañó hasta la puerta de entrada y no me dejó ir hasta que lo besé.
—Me debes una sesión de besos —me advirtió. Sólo respondí con una sonrisa.
Silena prácticamente me abordó en cuanto entré a la casa.
—¡No puedo creer que hayamos salido de esa! —dijo una vez que hubo cerrado mi puerta. Ambas nos dirigimos directamente a mi ventana—. Cuando esa puerta se abrió, pensé que ambas estábamos muertas. Linda distracción, por cierto. Qué manera de besarte con un asesino.
Mis instintos naturales querían escupir alguna estúpida respuesta, pero lo único que salió de mi boca fue un suspiro.
—Tienes que admitirlo, Annie. Tenemos que llamar a la policía.
—Pero no encontramos nada que pruebe que lo hizo. Todavía no puede ser él.
—¿Pero qué hay de esas fotos en su armario? Había tres chicas que no están muertas aún. ¿Tenemos que esperar hasta que lo estén?
Estaba derrotada y lo sabía.
—Supongo que no.
Tres horas atrás, no me convencía de que hablar con los policías fuera lo correcto, pero Silena y yo estábamos sentadas en el patio de comidas con el detective con el que habíamos hablado antes.
—Podría haber ido a su casa —dijo el Detective Ethan una vez que hubiera ordenado un café y se uniera a nosotras en nuestra mesa—. En realidad debería estar hablando con ustedes con sus padres presentes.
—¡No! —dijimos Silena y yo juntas. Creo que eso sobresaltó al Detective Ethan.
—Nuestros padres van a irse en un crucero el miércoles —explicó Silena—. Si se enteraran de todo esto, cancelarían el viaje.
—Es su vigésimo aniversario —añadí—. Y jamás se han ido de vacaciones sin nosotras. Rompería sus corazones no poder ir.
—¿Me están queriendo decir, chicas, que estarán solas en casa este fin de semana?
—Casi tengo dieciocho —dijo Silena, ofendida—. Somos lo suficientemente grandes como para quedarnos solas. Además, tenemos un contacto de emergencia a ocho kilómetros. Estaremos bien.
—Y en realidad no hay razón para preocuparse, ¿verdad? —pregunté—. Quiero decir, la última vez dijo que todo este tema con Percy es probablemente sólo coincidencia, ¿verdad?
El detective tiró del cuello de su camisa, obviamente muy incómodo acerca de algo.
—¿Qué? —exigí, mientras Silena preguntaba más cortésmente:
—¿Encontraron algo?
El policía echó un vistazo alrededor del atestado centro comercial y se inclinó sobre la mesa para susurrarnos—: Encontramos el auto robado de su amigo Matt. Había un cuchillo allí dentro.
—¿Qué tiene eso que ver con Percy? —pregunté.
—¿O el Acuchillador de los Sábado por la Noche? —añadió Silena.
—El cuchillo se encontraba cubierto de sangre, así que hicimos pruebas de ADN. Encontramos el ADN de Matt, y también el ADN de dos de las víctimas de los Sábados por la Noche. Quienquiera que haya atacado a Matt es definitivamente nuestro asesino serial.
—Bueno, eso no tiene sentido —me quejé—. El Acuchillador de los Sábados por la Noche ha estado perfecto. No ha dejado una sola huella digital o hebra de cabello o nada en ninguno de los cuatro asesinatos. ¿Por qué de repente atacaría a un chico al azar, robaría un auto y luego sería tan descuidado de dejar el arma del asesinato allí? Es simplemente estúpido.
El Detective Ethan actuó con condescendencia cuando me sonrió.
—Los crímenes pasionales siempre son más descuidados. A tu novio realmente le molestó que Matt llegara a lo físico contigo.
—¡Pero no pueden probar que fue Percy el que hizo eso!
La sonrisa del policía se volvió lamentable.
—Es verdad. No hay pruebas de que haya sido Percy el que atacó a Matt —dijo. No creo que estuviera tratando de consolarme—. Todo, incluso lo que ustedes me han dicho sobre las fotos en su armario, es circunstancial. No podemos atrapar a este chico hasta que tengamos pruebas fuertes.
Me estremecí por la manera en que dijo "atrapar a este chico". El policía se encontraba convencido, y en busca de sangre. Y si él estaba convencido, y era el detective principal del caso del Acuchillador de los Sábados por la Noche...
Mi mundo se desmoronó alrededor mío.
—Así que es verdad, entonces —murmuré—. Percy realmente es el... —No pude terminar mi oración. Mi novio era un asesino serial. Besé a un asesino serial. Me gustaba un asesino serial. Todavía me gusta.
Sentí el brazo de Silena envolverme los hombros, pero no me hizo sentir nada mejor.
—¿Qué se supone que haga ahora? —susurré.
—Uh, ¿terminar con él? —sugirió Silena.
—¡No! —dijo el Detective Ethan tan de repente que Silena y yo saltamos.
—¿Qué? —jadeó Silena. —No puedo simplemente permanecer en una relación con un
asesino.
—Annabeth —dijo gentilmente el policía—. Tienes que actuar con normalidad. Nada de repentinas rupturas. Si Percy piensa que has descubierto su secreto, si sospecha que vas a volverte en su contra en absoluto, te matará para protegerse. Es lo que hacen estos tipos. Tienes que seguirle la corriente hasta que yo pueda atraparlo. Es la única manera de mantenerte a salvo.
—Pero Percy no va a venir a por mí. Sin importar lo mucho que quiera, no puede. Es demasiado riesgoso y él lo sabe. Dijo eso cuando le dije que Silena pensaba que era el Acuchillador.
—¿Le dijiste eso? —jadeó Silena.
—Tenía que decirle algo —espeté defendiéndome—. Se ofendió bastante cuando llamaste a la policía por él.
Eso hizo que el Señor Detective retrocediera.
—¿Le dijiste que me habían llamado? —preguntó cuidadosamente.
—¿Parezco estúpida? —dije—. Por supuesto que no le dije a mi novio que mi loca hermana había llamado a la policía y lo había acusado de matar a cuatro chicas. Quería mantenerlo como novio en ese momento. No. Silena le dijo que había llamado a los policías por él en el parque luego de que sacara un puñal ante Matt. No entendía por qué ella lo había delatado con tanta facilidad cuando en realidad nadie había resultado herido y sólo trataba de defenderme.
—¿Así que no sabe que están contactando con la policía acerca de esto? ¿Sólo piensa que es una teoría loca?
—Sí.
—¿Y piensa que tu lo crees?
—Por supuesto que no.
El Detective Ethan agudizó su mirada en ambas y habló lentamente.
—¿Alguna de las dos le ha dicho algo a alguien acerca de esto? ¿Sus padres? ¿Amigos?
Silena sacudió su cabeza y yo dije—: Sólo cuando le conté a Percy sobre la loca teoría de Silena. Pero no le dije cuánto creía eso ella.
El Detective Ethan dejó escapar la respiración.
—Bien —dijo—. Eso tiene que quedar entre nosotros. Si Percy sospecha cualquier cosa en absoluto, vendrá a por ustedes. Estoy haciendo lo mejor que puedo para atraparlo detrás de las rejas, pero sólo necesito un poco más de tiempo.
Levanté la mano como si estuviera esperando a que el profesor me nombrara.
—Entonces, todavía estoy confundida. ¿Cómo exactamente se supone que actúe como una novia normal con un asesino?
El Detective Ethan rió. Bastante poco profesional, si me preguntas. Las estúpidas autoridades piensan que son superiores todo el tiempo. Por supuesto, yo tenía problemas con el manejo de la ira.
—Por lo que parece, ya eres todo menos una novia normal, así que sólo sé tú misma.
—¿Qué se supone que significa eso? —espeté. No tenía idea de por qué mi pregunta hizo que el detective sonriera, o que Silena bufara. A juzgar por las miradas que me dirigían, esperé a que ambos respiraran y me dijeran.
—Oh, Annie. —Tenían que escupirlo para mí antes de que lo entendiera.
—Pareciera que lo mantienes en posición de un joven Señor Obispo, en el departamento del romance —dijo el Detective Ethan.
—¿Eh?
—Haces que se ponga increíblemente celoso porque todos tus amigos son chicos, no soportas su mierda, y estoy suponiendo que probablemente no lo mandas a pasear lo suficiente como a él le gustaría, tampoco —tradujo Silena—. Creo que el Detective Ethan está diciendo que eres impredecible en una relación.
El Detective Ethan asintió con la cabeza y dijo—: Lo cual trabajará en tu ventaja. Lo atraparemos tan pronto como podamos, y mantendré un ojo puesto en ti, pero sólo recuerda que lo más importante para mantenerte a salvo ahora mismo es nunca dejar que sepa que sospechas de él. —Miró a Silena a mi lado y agregó—: Tú tampoco.
Miré a mi hermana con el ceño fruncido. Todo lo que ella había hecho era sospechar de él.
—Estamos tan muertas.
LALALALALALL ¿Les gusto el capitulo?
:D
Estos capítulos se vuelven más interesantes porque queda poquito para el final :c
¿Les gusta la aparición de Ethan? Pues le tengo la noticia de que nuestro policía aparecerá mucho más en la novela.
Recuerden: Cuando llegemos a los 100 Review subiré la primera vez que Percy vio a Annabeth y si me dejan sensuales y bonitos review subiré el primer capitulo desde el punto de vista de Percy.
Besos.
