Buenas, ¡aquí Sasuki y Katze con un nuevo capítulo!
Antes de dejarlos para que lo lean, hay algo que olvidamos mencionar en el capítulo anterior y que, aunque para aquellos que ya conocen la leyenda debe ser algo obvio, creemos que de todas formas es necesario explicarlo. La leyenda de Bloody Madara de la historia es una parodia de la famosa leyenda de Bloody Mary (esa en la que tienes que decir "Bloody Mary" tres veces frente a un espejo para que el espíritu de la susodicha salga y te arranque los ojos). Muy popular en Estados Unidos.
Si leen con atención, se darán cuenta de que hay más referencias a leyendas populares en la historia :) ¡Estén atentos!
Así que ya saben, ¡nos leemos al final!
Capítulo II: No te dejaré ganar
Las calles de la ciudad se encontraban inclusive más desiertas de lo que esperaba, aunque a tan altas horas de la noche en las afueras de un cementerio ese hecho no era muy sorprendente. La niebla era terriblemente densa en esa zona, pero el moreno no prestó atención al ambiente; pronto se disiparía o él terminaría adaptándose a ella. Enfocó la vista con impaciencia, teniendo por objetivo poder siquiera divisar algo o a alguien que pudiera entorpecer su "misión".
En un momento dado se recostó presuroso de la pared con semblante indiferente al distinguir un par de siluetas que caminaban a lo lejos, opacadas por la neblina, pero pudo calmarse al descubrir que sólo se trataba de una pareja que iba tomada de la mano… a las dos de la madrugada frente a un cementerio. Más normal, imposible.
Los jóvenes parecían ser de su misma edad, y casi podría jurar que los había visto antes en alguna otra parte; en la universidad, tal vez. Era una rubia de brillantes ojos azulados, acompañada de un moreno con cara de estítico feliz, es decir, con algo así como una sonrisa hipócrita sobre un rostro serio y poco carismático. Los vio perderse en la opacidad algunos metros más allá.
Suspiró. Odiaba admitirlo, pero desde hacía unos meses su cabeza había estado peor que nunca. Todo aquello que poseyera un tono amarillo o naranja, así estuviese vivo o fuese un objeto inanimado, le recordaba al revoltoso de Naruto. Realmente no había mucho problema con algo así, pero si el objeto o ser de dicho color iba acompañado de otro de un tono más oscuro, como azul o negro, comenzaba a imaginar un par de rostros, de los que casualmente uno era muy parecido al del rubio y el otro era igualito al de él. Se sentía como un demente, o peor, como una fujoshi.
Odiaba que su seca y ruda personalidad estuviese sufriendo tantos cambios, y que ahora fuese mucho más débil y llena de... sentimientos. Pero lo que más detestaba era esas sensaciones de falsas esperanzas que no le permitían dejar el asunto del rubio atrás. Sacudió la cabeza para disipar todo pensamiento ajeno a la cuestión que debía atender en ese lugar, pero no logró evitar rememorar cierta pelea a puño limpio, producto de su arranque de valor y atrevimiento al besar a Naruto sin haber dado ningún tipo de explicación previa.
El moreno se hallaba recostado de un árbol en las áreas verdes más recónditas de la secundaria disfrutando de una buena lectura. Tomó la decisión de apartarse un poco del ajetreo matutino y conseguir un poco de paz.
Había pasado un mes desde la última vez que había hablado con Naruto. El rubio había dejado de dirigirle la palabra luego del incidente del beso, y él tampoco había insistido mucho para cambiar la situación. Ni siquiera le comunicó su preocupación por el examen final de matemáticas para el que siempre le ayudaba. A pesar de no haberse expresado como hubiera deseado, lo último que quería era que lo ignorara de la manera en que lo hacía; cuando se cruzaban en los pasillos, el menor solía caminar tomando su distancia de él, o si era posible cambiaba incluso de dirección o de corredor, y las pocas veces que sus miradas chocaban accidentalmente, el rubio desviaba la cara y se hacía el desentendido.
Sacudió la cabeza y se centró en el libro frente a él. Trataría por décima vez en el día de olvidarse de lo sucedido con Naruto. Cuando su mente se dejó absorber por la lectura, un par de zapatos de aspecto descuidado que reconoció al instante entraron en su campo visual. Al alzar la vista se topó con los brillantes ojos azules de la razón por la que había sufrido constantes dolores de cabeza en las últimas semanas.
- ¿Puedo sentarme?
La pregunta tomó completamente fuera de base al Uchiha, quien sólo atinó a asentir ligeramente. Naruto se ubicó junto a él con la mirada perdida en el césped como si fuese lo más maravilloso que alguna vez hubiese visto. El silencio reinó, tornándose especialmente incómodo para el azabache.
- Y... ¿cómo te fue en el examen?
- Ehm, bien, excelente... pero reprobé de nuevo. Creo que el profesor ni siquiera se tomó la molestia de revisarlo.
Permaneció callado escuchándolo y analizando sus facciones mientras hablaba. No parecía estar molesto, pero sin embargo era evidente que estaba reprimiendo sus pensamientos y escondiendo el verdadero motivo de su repentino acercamiento.
- Yo... ¿acaso hice algo mal? -preguntó sorpresivamente el menor.
- No comprendo. ¿A qué te refieres?
- ¡No te hagas el que no sabe! -exclamó de pronto poniéndose de pie y encarando al moreno-. ¡¿Cómo pudiste hacerme esto?! ¡Maldito teme egoísta!
- ¿Pero qué...?
- Vamos, Sasuke. No me digas que un mes fue suficiente para convertirte en un completo idiota. ¡Sabes perfectamente a qué me refiero!
Al ver lo alterado que se encontraba, Sasuke asumió que debía levantarse y hacerle saber un par de cosas también.
- ¿Me llamas egoísta cuando fuiste tú quien decidió evitarme olímpicamente durante cuatro semanas enteras?
- ¡Pero tú fuiste el que se fue primero!
- Ah, claro. Lo más conveniente era que me quedara a ver cómo me...
- ¿A ver cómo te qué? Ahora resulta que eres adivino y sabes qué pasa por mi cabeza.
- Cómo me... rechazabas.
- ¡Eso no importa! ¡Me hiciste prometer que pasara lo que pasara nunca dejaríamos de ser amigos!
- Espera, ¿o sea, que lo que yo piense o sienta en realidad no es importante?
- ¡No hablo de eso, es sólo que en este momento no es lo que me interesa!
- ¿Quieres decir que te pasas por el culo lo que yo sienta? ¡Aún me estás diciendo lo mismo!
- ¡Deja de hablar de los malditos sentimientos!
El calor del momento causado por la falta de entendimiento hizo estragos en el raciocinio de Naruto, quien en su desespero por ser comprendido buscó una manera poco ortodoxa de callar al moreno: le propinó un sorpresivo golpe seco en la mejilla que lo desequilibró y casi lo hace caer. El Uchiha observó incrédulo a su reciente agresor, no podía creer que había sido golpeado en el rostro por ese mequetrefe malcriado. Vio la impresión grabada en la cara contraria y cómo el Uzumaki alzaba las manos frente a su cuerpo a modo disculpa, pero él por su parte aún necesitaba sacar mucha más presión reprimida desde hacía un mes atrás y nada lo detendría. Se abalanzó contra el rubio regresándole el golpe con toda su fuerza, haciéndole caer. Al mirarlo tendido en el pasto tratando de incorporarse, no dudó en posicionarse sobre él para descargar sobre ese rostro canela toda la furia que sentía.
- ¡No tienes idea de lo difícil que fue para mí hacer lo que hice y aún así tú...!
Antes de poder culminar su queja, el de ojos azules tomó impulso y de un empujón consiguió cambiar de posiciones, siendo ahora él el que dejaba fluir su descontento a puñetazos.
- ¡Deja de comportarte como un imbécil y escúchame! -Sasuke lo ignoró mientras intentaba defenderse, pero su ubicación no se lo permitía con tanta facilidad. Al sentir un hilillo de sangre corriendo por la comisura de su labio, dio un giró a un lado apartando al rubio y volviendo a colocarse encima con el puño alzado-. ¡No quiero que dejemos de hablarnos! -Sasuke se detuvo en seco al escucharlo-. ¡No quiero que dejes de ayudarme a estudiar! ¡Tampoco quiero que dejemos de reunirnos después de clases ni que dejes de insultarme cada vez que hago algo estúpido! ¡Lo que quiero que entiendas en este momento es que nunca dejaremos de ser amigos!
Las palabras de Naruto tuvieron un impacto en Sasuke mucho más fuerte que cualquiera de los golpes que había recibido. Quedó petrificado. La determinación en su mirada le decía que estaba siendo completamente sincero, y sólo pudo pensar en una manera de responderle.
Su mirada se intensificó. El rubio apretó los párpados al ver la furia con la que el puño se acercaba a su mejilla, pero el golpe se sintió más como una bofetada, una muy suave que ni siquiera le dolió. No había comenzado a comprender el cambio de reacción cuando el moreno ya había deslizado la mano por detrás de su nuca y con la otra le había tomado el mentón con firmeza.
- Y yo lo que quiero que entiendas es que no me basta con ser sólo amigos, pero sé que nunca llegaremos a ser más que eso.
Los azulados irises se dejaron apreciar en su máxima expresión cuando a la confesión le siguió un inesperado beso, un roce bastante superficial. El Uchiha no quería alejarlo de nuevo con sus repentinas acciones, pero aunque no fuese correspondido, no podía seguir resistiéndose o se volvería loco.
Naruto no salía de su asombro. Mantenía la vista fija en los ojos cerrados frente a él, y en el ceño fruncido que parecía temblar ligeramente con duda. Tuvo un pequeño roce neuronal y atinó a colocarle las manos en los hombros para apartarlo, pero Sasuke se adelantó a su movimiento y las guió con facilidad hasta hacer que le rodearan el cuello, aprovechando así para profundizar apenas en el contacto.
Sasuke ya no podía devolver el tiempo para remediar lo que había hecho por segunda vez, así que optó por continuar y aprovecharlo hasta que el rubio decidiera reaccionar por completo y detenerlo, posiblemente con un puñetazo. Comenzó a mover los labios, y no pasó mucho antes de sentirse enfebrecido con la calidez y la perfecta textura de esos carnosos y ansiados labios. Por un segundo casi se sintió correspondido, pero el movimiento de las manos del rubio en su espalda tirando de su camisa para apartarlo le hicieron bajarse de la nube.
Sólo faltaba algo para estar feliz antes de recibir los golpes y patadas del ojiazul. Sin romper el contacto, hizo un poco de presión con la mano que sostenía el rostro del muchacho para hacer que separara los labios e introdujo la lengua para rozar lentamente la del rubio como tanto había deseado. Fue sencillamente delicioso, sabía mejor de lo que esperaba, él se imaginaba algo con sabor a ramen, pero en realidad sabía puramente a Naruto. No quería parar pero tampoco se sentiría bien si abusaba de esa manera, así que decidió romper el contacto, no sin antes probar el labio inferior del rubio y tirar de él con suavidad.
Se alzó algunos centímetros pero no se apartó por completo, quería repetir mil veces lo que acababa de hacer. Naruto lo miraba atónito, había dejado de forcejear y sólo lo observaba con un enorme sonrojo cubriéndole las mejillas. No lanzaba golpes, no intentaba patear, no profería amenazas de muerte en su contra...
- ¿Me odias? -preguntó de la nada el azabache, sin dejar de verlo. Naruto tardó en asimilar y en articular palabras para responder.
- Yo... tú... no... -estaba demasiado impactado como para decir algo coherente. Tuvo que tomar aire para calmarse y no salirse de control.
- ¿Me odias? -repitió.
- Sasuke... eres un-
- No me odies por quererte -soltó en voz baja, agachando la cabeza para que el flequillo le cubriera los ojos-. Yo... te quiero, Naruto.
Parpadeó con fuerza y se percató de que ya podía ponerse manos a la obra, pues ya nadie más andaba por el área. La apuesta que había hecho no representaba ninguna dificultad para él, pero era ese tipo de cosas lo que siempre mantendría en pie su relación con el Uzumaki, así fuese puramente amistosa. A pesar de los acontecimientos ocurridos entre ellos, sus constantes juegos, retos e incluso peleas, eran precisamente los pequeños detalles los que más apreciaba. Odiaba querer al rubio y no sentirse correspondido. Sí, era doloroso, pero era feliz con sólo ver su sonrisa, con golpearlo de vez en cuando, con estar a su lado, con hacerlo molestar cada que podía...
Y definitivamente sólo probar las galletas de Kushina-san le había afectado el cerebro. ¿Desde cuándo era tan cursi?
Un ruido familiar resonó en el solitario lugar haciendo que se sobresaltara. Provenía de su mochila. Suspiró, y con desgano introdujo la mano entre los compartimientos tanteando hasta que al fin dio con el causante del alboroto: su teléfono celular. Era un mensaje del dobe.
"teme recuerda q debes estar hay 1 HORA gravando todo! Ah y no mueras kerido bastardo (K) xq si eso pasa no gano ;-)"
El azabache contempló con una expresión divertida la peculiar escritura del rubio a la que ya estaba acostumbrado. Rápidamente se dedicó a responderle.
"Tú recuérdame que debo pasar más tiempo contigo para enseñarte a escribir. Y no te preocupes, si veo a un delincuente, no olvidaré acercarme para darle un abrazo."
Guardó el móvil en su bolsillo y se dispuso a comenzar.
Dio un rápido vistazo entre los barrotes de la reja. A donde fuese que mirara, sólo había lápidas de todas las formas y tamaños, muchas adornadas con estatuillas y coloridas flores. Vaya, qué características tan peculiares para un cementerio. Aburrido. Sólo una pequeña casa sobre una colinita, posiblemente habitada por el cuidador, rompía con el "paisaje". El brillo de luz que se reflejaba en la ventana le indicó que podría entrar sin ser descubierto, mientras nadie saliera de allí.
Le dio un pequeño escalofrío al sentir una vibración en su pierna, pero al seguirle el tono del celular pudo descartar cualquier pensamiento descabellado. No era que estuviese asustado o algo parecido, sólo que nunca estaba de más asegurarse de estar completamente solo. Sólo le acompañaban los mensajes mal escritos del dobe.
"y a ti kien t enceña! no t enseñaron el alfabeto en el quinder? XD teme tonto.. solo ten cuidado y vuelve en una piesa"
"No te preocupes. Tú sólo cocíname algo bueno y espérame con la cena hecha, cariño."
Era hora de ganar la apuesta. No había moros en la costa ni coles en el refri, así que marchó con tranquilidad en dirección al acceso del lugar, como toda persona normal haría a mitad de la madrugada. Se percató entonces de que la enorme entrada era, de hecho, bastante alta y optó por saltar la verja por uno de los lados. Cayó con gracia y estilo propio de un Uchiha en el flanco interno, sin despeinarse ni perder el equilibrio en ningún momento. Con una sonrisa de suficiencia, emprendió su camino al panteón familiar.
En otra parte en las afueras del cementerio, Naruto aguardaba tras una esquina comiendo una barra de chocolate con unos harapos mugrientos cubriéndole la ropa. Observaba todos los movimientos realizados por el azabache, desde que leía los bien pensados mensajes que le mandaba para hacerle creer que aún seguía en la casa, hasta cuando le respondía con su cara de sabelotodo. Todo salía a la perfección. Leyó el mensaje entrante de Sasuke y bufó con burla al ver la manera tan curiosa en la que el otro escribía. Rodó los ojos y negó con la cabeza. Ese Uchiha no tenía remedio. ¡Y después era a él a quien llamaba perdedor!
- Ay, este teme. Se cree muy inteligente por usar acentos. ¿Por qué escribirá así? Qué tonto.
"no me stoy preocupandoo! y la hora de la cena ya paso imbesil! : "
Presionó el botón de enviar con fuerza al momento de contemplar la forma tan cool que tenía Sasuke para escurrirse dentro del terreno. ¿Cómo podía hacerlo sin que se le moviera ni una sola hebra de cabello? ¿Quién se creía? ¿Tom Cruise?
Bueno, si Sasuke podía hacerlo, él también lo haría y diez veces mejor. Guardó el chocolate en su bolsillo y se acercó con sigilo a la entrada del cementerio, dispuesto a saltar la reja exactamente igual que el moreno pero con el toque Uzumaki. Ya estaba trepado en la parte más alta de la puerta, listo para saltar hacia adentro, pero no contó con que su tan perfectamente confeccionado disfraz se atascaría en uno de los puntiagudos picos de los barrotes, haciéndole perder estabilidad y por ende caer del otro lado con la gracia de un bovino. Sí, el toque Uzumaki.
- Demonios, cómo me gustaría ser un ninja... -se dijo a sí mismo mientras trataba de calmarse el dolor que estaba empezando a sentir en un costado de su cuerpo.
La razón de porqué estaba ahí era muy sencilla: no iba a permitir que el Uchiha ganara la apuesta. Para ello, tenía en mente un plan maléfico y bien estructurado de tres pasos:
1- Seguirlo sin que se diera cuenta.
2- Espantarlo haciéndole abandonar el cementerio antes de la hora establecida y con los pantalones mojados.
3- Regodearse en la dulce victoria.
Era un plan infalible y sin riesgos, tan simple y claro que hasta él se sorprendía. Debería sacar un libro titulado "Cómo asustar a Sasuke Uchiha para dummies". Sonrió ante la idea, a veces podía ser tan gracioso e inteligente.
Había tomado una oscura y vieja sábana del ático para hacer su improvisado disfraz de "Bloody Madara". Sólo tuvo que hacer unos dobleces sencillos en un extremo para lograr el efecto de la capucha, y luego darle el aspecto tenebroso y de ente flotante haciendo cortes al azar para formar jirones de tela colgando por doquier.
Notó que el Uchiha ya había empezado a moverse en dirección al panteón y su silueta comenzaba a distorsionarse por la neblina. Ya sólo conseguía distinguir el peinado de cacatúa a lo lejos. Si no se apresuraba iba a perderlo de vista, por lo que se puso manos a la obra, agregando, antes de marcharse, el último toque a su disfraz: una larga y negra peluca.
El moreno sintió su orgullo crecer cuando llegó a su destino y contempló la construcción ante él. El famoso panteón era más pequeño de lo que recordaba. Sin embargo, podía considerarse una obra de arte con tanto detalle y perfección. Claro, se trataba de una propiedad Uchiha, no era para menos. Había estado ahí hacía unos 10 años a causa de la inesperada muerte de su primo Shisui, a quien velaron en ese mismo lugar.
Antes de ingresar, el azabache se percató de algo en la entrada en lo que no había pensado antes. Apagó la linterna y buscó la videocámara. Debía empezar a grabar si no quería que el Uzumaki lo tachara de tramposo por no documentar "todo". Se posicionó junto al portal del panteón y comenzó a grabarse a sí mismo.
- Hola, dobe -un guiño acompañó el saludo. Sabía que eso lograría desconcertar a su amigo-. Me siento como una quinceañera grabándome de esta forma. Bien, como habrás notado ya, estoy en el panteón. O fuera de él, más precisamente -el sonido de una rama seca rompiéndose le hizo mirar hacia la que pensaba había sido la dirección de la que provenía el ruido. Nada. Sin prestarle mucha atención, regresó su atención a la toma-. La razón por la que no estoy dentro, es ésta –hizo un acercamiento a la parte central de las enormes puertas de hierro, sitio en el que descansaba inocentemente una cadena-. Está cerrada. Tiene un candado viejo y una cadena realmente gruesa. Pero no te preocupes, entraré. Sólo debo buscar algo con qué romperla. Aún no has ganado.
Interrumpió la grabación un momento después al sentir de nuevo la vibración de su teléfono. Al parecer el mensaje había estado más tiempo del debido en espera, había tardado en llegar y la hora indicaba un retraso de diez minutos.
"no me stoy preocupandoo! y la hora de la cena ya paso imbesil! : "
"Dobe, deja de torturarme con tu horrografía. Me sangran los ojos. Cuando regrese y hayas perdido, recuérdame que tengo que enseñarte a usar el texto predictivo del celular".
Una advertencia de fallo de envío desconcertó al moreno. Tenía crédito suficiente, señal de sobra y la batería cargada. ¿Por qué el teléfono se ponía chistoso en ese preciso instante? Dos intentos fallidos más lo sacaron de quicio. El mensaje no tenía la más mínima intención de enviarse, pero ya tendría tiempo para insultar al rubio.
No fue necesario buscar demasiado para encontrar la herramienta indicada: una simple y vieja pala que se hallaba no muy lejos de la entrada del panteón. El oxidado candado no resistió más que un sólo impacto antes de caer destrozado, siendo seguido por la gruesa cadena que cedió ante su propio peso. Empujó las puertas de hierro con poca delicadeza, sabiendo que no podría evitar el estridente chirrido de las bisagras. Una inmunda nube de pestilencia se coló con rapidez por la perfilada nariz del muchacho, quien se cubrió con asco y disgusto. El olor a moho y a carne putrefacta era prueba suficiente de que el lugar no había sido profanado en mucho tiempo.
El panteón se encontraba completamente a oscuras, ni siquiera los débiles halos de luz provenientes del exterior lograban ser de ayuda, por lo que la linterna hizo su entrada en escena. Se permitió tomar un instante para apreciar la imponente construcción. Sin duda su majestuosidad era tan comparable con el exterior; las esculturas talladas en piedra eran obras de arte magníficas, los vitrales cubriendo las pequeñas ventanas hacían parecer que se trataba de un templo construido durante el romanticismo.
Cuando el azabache se disponía a activar la videocámara nuevamente para documentar el momento, el ruido de algo chocando contra una de las lápidas lo puso en estado de alerta. Retiró la filmadora y sostuvo con mayor fuerza la vieja pala en posición de ataque. Sabía que uno de los términos y condiciones del reto consistía en que debía grabar absolutamente todo lo que pasara una vez que estuviera dentro del panteón, pero Sasuke Uchiha no era para nada un tonto. No se iba a filmar ni una pestaña estando asustado. No es que en ese preciso instante lo estuviera, sólo estaba un poco temeroso, razón por la que se había negado rotundamente a darle al rubio material suficiente para burlarse de él hasta que terminaran la universidad.
El sonido del roce entre dos objetos de cerámica resonó en el reducido espacio. El Uchiha tragó con fuerza, estaba comenzando a sudar.
- Estúpido usuratonkachi -murmuró para sí mismo.
Antes de poner fin a sus batallas internas y decidir su siguiente movida, un animal peludo cayó sobre su cabeza. El moreno saltó de la impresión y profirió un grito bastante agudo y, digamos, femenino. La criatura se encontraba ahora en el suelo acompañada de otras seis huyendo hacia las sombras. Los ruidos no provenían más que de simples (y enormes) ratas corriendo y escabulléndose en el interior del panteón, emitiendo sonoros chillidos y chocando con todo en la huída. Unas jodidas ratas del tamaño de un poodle lo habían -casi- asustado. Y una de ellas le había caído encima, ¡qué asqueroso!
- Maldición, y dejé mi gel antibacterial en casa.
Decidió terminar de una vez por todas con su "misión". Verificó la hora y, posicionando la cámara de video sobre una lápida y poniéndola a grabar, se puso de pie junto a una enorme tumba con acabados de primera.
- Hey, dobecito, adivina qué. Ya entré, y mira al lado de quien estoy. Sí, el viejo Madara -dio un suave toque con los nudillos en la superficie de la tumba, asegurándose de señalar las polvorientas letras del nombre talladas en ella-. Como siempre, pude manejar la situación sin inconvenientes. Y ahora, para acabar con esta tontería, diré las "palabras mágicas" y espero que aparezca o pase algo interesante, porque ciertamente hasta tu cara por las mañanas da más miedo que esto -se aclaró la garganta para crear ambiente dramático y prosiguió-. Bloody Madara, Bloody Madara –miró a un lado al sentir que algo había pasado cerca de él. Debían ser las ratas-. Bloody Madara.
El azabache esperó pacientemente a que algo sucediera, pero todo permanecía igual de calmado. La cámara seguía filmando el supuestamente "importantísimo momento" y así se iba a quedar hasta que se cumpliera el tiempo pautado. Luego de algunos instantes el moreno tomó asiento despreocupadamente a un lado del sepulcro utilizándolo como espaldar y revisó la hora en su teléfono celular, notando que aún eran las 3:04 a.m.
- Esta va a ser una larga espera, dobe… -murmuró más para sí mismo que para la cámara. Suspiró con aburrimiento. Iba a responderle el mensaje al rubio pero en el intento la pantalla parpadeó algunas veces y luego el móvil se apagó. Intentó revivirlo pero no lo consiguió de momento, por lo que decidió emplear el tiempo en algo más útil: idear lo que Naruto tendría que hacer cuando perdiera. Aquel pensamiento le sacó una sutil pero perversa sonrisa que quedó plasmada con claridad entre las imágenes del video.
- Maldito teme, ¿por qué no respondes el jodido mensaje? A veces no entiendo para qué tienes un teléfono tan costoso si no vas a responder -se quejó impaciente, aguardando por el último mensaje que marcaría su entrada al susto triunfal. Estaba oculto cerca del santuario en el que había visto entrar a Sasuke, pero nada se escuchaba en el interior.
¿Sería que su amigo había salido por alguna puerta trasera? No, eso sería escapar, y Sasuke no era un cobarde, además de que mucho menos se dejaría ganar con tanta facilidad. Pero ya debía haberle mandado un mensaje ofensivo alardeando de una pronta victoria. Por un momento sintió que se le revolvía un poco el estómago por estar en la incertidumbre de no saber cómo se encontraba el Uchiha. ¿Y si en realidad le había pasado algo? Nunca tardaba tanto en contestarle. ¿Y si había caído en alguna de las tumbas y lo habían enterrado vivo, o si se lo había llevado el espíritu del Madara ese? ¡Por Dios! Todo sería su culpa por haberlo hecho ir hasta allá él solo. La preocupación fue aumentando más y más.
- Olvídalo -soltó al aire, y por un momento la idea de ir a buscarlo cruzó su mente. Pero se detuvo cuando una sospecha opacó esa idea; seguro el Uchiha lo había descubierto y todo era un plan para asustarlo a él. Ja, pero claro, por supuesto que era eso. Naruto Uzumaki no era tan tonto como siempre le decían.
Sonrió con burla y sin dudar marcó la única serie de números que se sabía de memoria. El teléfono del otro sonaría y al estar distraído revisando la llamada, él entraría para hacer que se hiciera en los pantalones. El móvil repicó dos veces y la llamada se cortó. Frunció el ceño pero no se rindió e intentó llamar al moreno una vez más, pero luego del primer tono el móvil pareció volverse loco y repentinamente se apagó. Extrañado, intentó encenderlo pero no funcionaba.
- Basura, ¿no pudiste dañarte en otro momento?
Guardó el aparato averiado en su bolsillo y se colocó en posición. Sasuke no podría asustarlo si él conseguía hacerlo primero. Enfocó la vista hacia la gran puerta a lo lejos, y de pronto creyó ver pasar una forma oscura por el rabillo del ojo. Se sobresaltó, pero al mirar se dio cuenta de que no había nada a su lado. Luego, un golpe seco lo hizo girar en su lugar para ver hacia el otro lado.
- ¿Sasuke?... ¿E-eres tú?
No hubo respuesta inmediata ni tardía. Nadie contestó. La quietud del cementerio pareció acrecentarse, e inclusive la brisa se había vuelto fácilmente audible. Unos siseos susurrantes se escucharon a sus espaldas, y un frío penetrante le recorrió toda la espina dorsal hasta acabar en el vello ahora erizado de su nuca. Una suave respiración dio de lleno en la curvatura de su cuello. Naruto volteó con temblorosa lentitud hacia atrás.
3:16 de la madrugada. Faltaba poco para acabar con su tormento. Sasuke jugaba entretenidamente con una piedrita que le hacía compañía, divirtiéndose como nunca antes en su vida; pronto moriría de emoción si continuaba, eso era seguro. Era tan divertido que no contuvo las ganas de arrojarla contra el suelo a ver si lograba destruirla en muchos pedazos.
- Maldito dobe y sus magníficas ideas.
En ese momento, el eco de un grito lejano inundó el lugar. Se puso de pie presuroso, tomando la pala con firmeza en posición de defensa. Los alaridos se repetían y se aproximaban, y de a poco se disipaban con el viento. Afinó el oído, y se topó con la sorpresa de que la voz decía su nombre en alargadas sílabas. Por un momento pensó que su mente le estaba jugando una mala pasada; los fantasmas no existían, o eso quería creer. Aunque había oído una vez en un programa de experiencias paranormales que los espíritus solían llamar a sus seres queridos para luego llevárselos a la tumba en busca de compañía. Ay, carajo, estaba jodido.
Curiosamente, parecía provenir de afuera. Adelantándose a los hechos cerró las puertas y trató de sellarlas con ayuda de la pala, pero de un segundo a otro éstas se abrieron de par en par, dándole paso a una macabra silueta totalmente ensombrecida de brillante mirada que lo observaba con rigidez y recelo. Corrección, ahora sí estaba jodido. Nadie lo obligó a meterse con los muertos y ahora debía atenerse a las consecuencias. Perdería los ojos... Y tanto que él apreciaba su sexy mirada.
Retrocedió dos pasos con turbación y apretó la empuñadura de su arma improvisada. Tal vez si hablaba con él y se disculpaba por haber molestado su descanso eterno le perdonaría los ojos. Después de todo, era su antepasado. Pero ni siquiera había terminado de desenredarse la lengua para hablar cuando el ente corrió en su dirección a una velocidad de muerte y se abalanzó sobre él... cayendo en sus brazos tipo nupcial mientras gritaba, se aferraba a su cuello y escondía la cabeza en su pecho.
- ¡Sasuke! ¡Sasuke! ¡Tu tátara tátara abuelo muerto me está siguiendo y quiere mis ojos!
- Por un demonio, dobe. ¡¿Qué coño estás haciendo?! -al darse cuenta de que sólo se trataba de Naruto, no dudó en dejarlo caer con rudeza al suelo, provocando que la capucha se corriera al igual que la peluca, dejando ver su cabello amarillo pollito.
- ¡Auch! ¡Teme, eres un insensible! -levantó la vista y se topó con una seria pero desconcertada mirada que lo escudriñaba. Un frío helado se paseó por su espalda como una chispa; lo que vendría no sería bueno.
- ¿Qué se supone que estás haciendo tú aquí?
- Ah, pues... yo... -siendo sincero consigo mismo, esa pregunta la veía venir incluso antes de saber que se encontraría con él.
- ¿Y por qué estás vestido así? -bien, ni siquiera había podido pensar en una ingeniosa mentira cuando ya el moreno iba por el segundo round-. Hmm... Ya veo -una mirada de suficiencia por parte del mayor le dejó claro que lo había estropeado todo. Pero el Uchiha no podía ser tan inteligente todo el tiempo... Quizá, con mucha suerte, había entendido otra cosa, quizá...- Estás aquí para asustarme y hacerme perder la apuesta -una afirmación. Había arruinado su propia jugada, y era más que obvio.
Sin embargo no todo estaba perdido; sólo tenía que hacer que abandonaran el cementerio antes de las 3:30 y ganaría.
- Ah, rayos, me descubriste -dijo en tono inocente y poco convincente-. Salgamos de aquí y vayamos a dar una vuelta, ¿te parece?
- De acuerdo -Naruto aguantó las ganas de reírse en su cara. Había caído-. Si quieres podemos esperar a Madara afuera, junto al panteón. Este aroma nauseabundo me va a derretir los pulmones -dijo, tomando la cámara para luego ubicarse del lado externo junto a las puertas.
- ¿Junto al panteón? Pero... pero... salgamos del cementerio -propuso, al tiempo que se sacaba el trapo viejo que usaba de disfraz junto a la peluca para luego guardarlo en su mochila-. Ya arruinaste mi broma, ya no hay nada más que hacer aquí -sonrió ampliamente para convencerlo, pero el pelinegro ya estaba muy cómodamente sentado.
- ¿Y dejarte ganar? ¿Crees que nací ayer?
- Más o menos... ¡Aaahh! -de la nada se arrojó sobre el otro cayendo en sus piernas mientras se cubría la cabeza con los brazos.
- ¿Y ahora qué te pasa? Con ese escándalo vas a despertar hasta a los muertos.
- ¡Algo frío y baboso me tocó la mano! ¡Sálvame, teme!
Sasuke miró al punto donde se hallaba el Uzumaki antes de que se abalanzara sobre su persona; primero alzó una ceja y luego rodó los ojos. Naruto a veces podía llegar a ser tan tonto que le crispaba los nervios.
- Idiota. Levántate y voltea.
El rubio primero pareció no escuchar pero luego alzó la cabeza con impresión y se quedó observando al de ojos carbón.
- Teme...
- ¿Qué quieres?
- ¿Me estás olfateando al trasero?
-... ¿qué? Naruto, mi nariz está aquí arriba. ¿Cómo podría estar haciéndolo? O una mejor pregunta, ¿por qué coño te olería el trasero?
Ante esa obvia respuesta, Naruto sintió un escalofrío recorrerle de pies a cabeza cuando algo similar a un ligero aliento dio contra su retaguardia nuevamente. Se giró sobre sí mismo sin quitarse de encima de Sasuke para encarar "con valentía" al fantasma pervertido que estuviera haciendo de las suyas con su baja espalda. Sin embargo, se encontró algo muy distinto en su lugar.
- ¡Aaaww, pero qué bonito perrito!
Justo detrás de él había un perro no muy grande con un bonito pelaje negruzco, aunque algo opaco por la suciedad que lo cubría. Una cadena bastante gruesa y de apariencia vieja se amarraba en su cuello y caía al piso arrastrándose, se veía muy pesada como para ser llevada por ese simple animal, pero no parecía incomodarle. Tenía unos grandes y tiernos ojos negros que no se despegaban del rubio, como si estuviese suplicando. Naruto lo observó con mirada emocionada cuando éste se acercó y comenzó a olfatearlo, pero curiosamente parecía estar muy interesado en su trasero.
- ¡Ah! Con que eras tú.
Un tic le entró al moreno en la ceja. Por lo que podía ver, el can era macho. Entonces, ¿cómo se atrevía a oler a su rubio tan descaradamente en su presencia?
- Teme -llamó Naruto, viendo la fascinación del perro por sus zonas traseras-. Este perro como que es medio rarito.
- Sólo quiere el chocolate que está en tu bolsillo, dobe.
- Ah, por supuesto -sacó el refrigerio de su escondite y se lo ofreció al nuevo amigo, quien lo devoró gustoso-. Claro, ¿cómo no lo...? Aguarda, ¿y tú cómo sabes que tenía un chocolate allí?
- Tu enorme trasero hace que se marque lo que sea que te guardes en los bolsillos, baka.
- ¿Y tú qué estabas viendo por allá atrás?
Un ladrido fue suficiente para que la atención del rubio recayera por completo en el otro presente, ignorando así la discusión que ya estaba por dar comienzo.
- Qué buen susto me diste hace un momento, amiguito. ¿Tú de dónde saliste?
Al escuchar que le hablaba, el perro sacudió las orejas y agitó la cola con alegría, y luego de dar una vuelta emocionado sobre su posición, se sentó y alzó una patita.
- ¡Pero qué lindo! ¡Mira qué bonitas tus patitas y tus orejitas!
- Naruto, deja de gritar así. Pareces mariquita.
- Cállate, sólo te molesta que yo no te trate así a ti -se acercó al pequeño can y como si fuese la mascota de su casa, comenzó a acariciarle las orejas amistosamente.
- ¿Por qué querría que me trataras como a un perro, dobe?
- Porque te sobaría la pancita y te rascaría la cabeza, te daría todo mi amor y te abrazaría para demostrártelo.
Sasuke se lo pensó dos veces. No sonaba tan mal después de todo. Vio con asco y disgusto cómo el rubio le acercaba el rostro al perro y éste lo lamía juguetón, sacándole risotadas de idiota. Maldito perro acaparador de atención y amor. No le agradaba en lo absoluto, que se fuera a echar pulgas a otro lado.
- Qué repugnante, dobe asqueroso. Dejas que un perro callejero te llene la cara de gérmenes.
- La boca de los perros es más limpia que la de los humanos, teme ignorante. Y no puedes decir nada en contra, veo mucho Animal Planet y sé de lo que hablo.
- Claro, más limpia. Sobre todo si se la pasa comiendo basura o quién sabe qué en un cementerio.
Naruto le mandó una mirada asesina. A veces era preocupante que Sasuke fuese tan delicadito. Sólo faltaba que sacara algo como un gel antibacterial para lavarse las manos o algo así.
- Quisieras ser el perro, admítelo -picó burlón con una sonrisa, sabiendo que se molestaría.
- Claro, es mi sueño dorado ser un perro zarrapastroso.
- ¡Oye! ¡No hables así de...! -al voltear se percató de que el can ya no se encontraba junto a él. Lo buscó con la mirada pero sólo habían quedado ellos dos-. ¿Adónde se fue? -volteó a los lados con extrañeza.
- Mejor así, no queremos más pulgas de las necesarias -revolvió la cabellera rubia con burla, sabiendo de antemano que el otro no entendería el chiste.
En ese momento, el moreno se percató de algo curioso y... extraño. Si el perro llevaba arrastrando una cadena tan pesada, ¿cómo no lo escucharon acercarse? Peor aún, ¿cómo no lo escucharon irse hace unos segundos?
Naruto por su parte hacía pucheritos porque su nuevo amigo se había marchado sin más. Unos segundos después aún sentía la mano del moreno en su cabeza. Volteó a ver a su compañero y lo encontró con la mirada fija en un punto vacío entre las lápidas que se hallaban a su izquierda.
- ¿Qué pasa?
- ¿Escuchaste eso?
- ¿Escuchar qué cosa?
- Las risas.
- Sasuke, usa la lógica, si hubiese escuchado risas, ¿crees que aún estaría aquí sentado?
- Shh, ahí están de nuevo.
- Yo no escucho nada, d-deja de asustarme -pidió con voz temblorosa.
Estaba seguro de que había escuchado algo como unas risas… unas risas como las que acababa de oír no muy lejos de él. Se le erizó todo el vello de la nuca y sintió que su espalda se engrinchaba como la de un gato por el miedo. Tragó fuerte.
- Creo que… ya las… escuché.
Con poco disimulo se fue acercando a Sasuke hasta quedar completamente unidos por un costado. Pudo percibir de nuevo unas leves risitas que se tornaban más bien traviesas, siendo difuminadas por la helada brisa. La neblina, que cada vez estaba más baja, no le permitía distinguir con claridad lo que sea que estuviese buscando. Estaba tan asustado que ni siquiera notó el momento en que se aferró del brazo de Sasuke como si su vida dependiera de ello.
- S-Sasuke, suenan como…
- Niños.
- Exacto -soltó con un tono más agudo de lo normal. Cada segundo escondía más la cabeza entre sus hombros y le cortaba la circulación al brazo de su amigo, a quien no le molestaba del todo que el rubio estuviese asustado, casi lo agradecía-. Oye, no es que esté asustado ni mucho menos, ¿pero podríamos irnos ya?
- No. 10 minutos más. No seré tan tonto como para caer en tu trampa.
- No seas teme, si yo estoy aquí, no puedo ser yo el que se esté riendo.
- Pudiste haber usado una grabadora -Naruto lo miró por unos segundos con una ceja alzada, sin comprender-. Es cierto, no eres tan listo como para haber pensado en algo así.
El rubio iba a replicar, pero las malditas risas hicieron acto de presencia, más traviesas y mucho más cerca de lo que el Uzumaki podía tolerar. Por un momento el sonido parecía provenir del mismo santuario Uchiha, justo detrás de ellos. Pronto se convertiría en una gallina si las cosas continuaban así, estaba seguro de eso.
- Dobe, ¿puedes dejar de apretarme el brazo? Ya no siento la mano.
- Jódete, ahora sí no voy a soltarte. ¿Acaso no estás escuchando? Las risas están detrás de nosotros.
- Sólo son los niños que acaban de pasarte a un lado, no hay nada de qué preocuparse.
- ¿Niños? Yo no vi ningunos niños.
- Los niños sin piernas, dobe. Entraron al panteón hace unos segundos.
- Anda a que te folle un burro, ¡yo me largo de aquí! -se incorporó en menos de un milisegundo y emprendió su apresurada marcha hacia la salida, solo y sin un Sasuke a quien pudiesen comer primero que a él. Sintió que el Uchiha le tomaba del brazo para retenerlo, pero no lo lograría. No iba a pasar ni cinco segundos más allí dentro-. ¡Dije que me voy! -soltó en voz fuerte al tiempo que forcejeaba un poco.
- Ya lo sé, puedes irte cuando quieras -escuchó la voz de Sasuke a lo lejos. Allí Naruto supo que algo no andaba del todo bien.
- S-Sasuke.
- ¿Qué quieres? -escuchó de nuevo, notando que la voz del moreno aún se escuchaba distante.
- ¿Podrías… soltarme?
- No te estoy reteniendo. Sigo aquí sentado
¿Qué será lo que retiene a Naruto? ¿Aparecerá Bloody Madara? ¡Lo sabrán en el próximo capítulo!
(¿Soy yo o hablando así parece que estoy en un programa de televisión?)
Trataremos de actualizar la siguiente parte en unos días
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