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Había empezado a dejarse hacer desde hacía realmente muy poco.
Ser empata le obligaba a mantenerse a cierta distancia de las personas para no sentirse entrometido al averiguar (Sin desearlo, obviamente) toda emoción que se presentaba en el cuerpo de su interlocutor.
En especial, había momentos donde odiaba esa capacidad suya aún más que la mayoría del tiempo. Esos momentos eran cuando iban a un caso y se encontraban con gente repulsiva de sentimientos muy negativos que, invariablemente, terminaban afectándole también.
Él no era normal. Cargaba con la peor de las maldiciones: Tener que controlar las emociones ajenas que invadían su cuerpo, cuando ni siquiera podía con las propias.
Pero había…había cierto momento donde no odiaba tanto su poder, donde incluso le parecía agradable.
Ese momento era cuando Tsuzuki lo abrazaba., cuando los brazos del shinigami de ojos violetas le decían "Te amo" en un mejor idioma que el que podría salir de sus labios.
Era agradable como los sentimientos del mayor eran cálidos y le provocaban una sensación de bienestar que nunca había conocido fuera de esos brazos.
Amaba a Tsuzuki por amarlo de esa manera.
Sinceramente no sabía que otras maneras había, no conocía mucho respecto al amor, pero conocía la forma en que lo amaba su compañero. Y siempre sería más que suficiente.
Se dejaba abrazar de vez en cuando porque incluso que le acariciara la cabeza le causaba esa delicada corriente eléctrica, tan agradable como perturbadora.
Ahora dependía completamente de ese abrazo al terminar el trabajo, dependía de prestar atención a como se sentía el otro y de no bloquear su poder cuando estaba con él.
Estar enamorado le hacia sentirse un poco patético.
Lo bueno es que aún no llegaba al punto de suplicarle. Aunque estaba seguro de que llegaría a esa situación si no le abrazaba en unos 20 minutos…
-¡SOKA-CHAN¡Buenos días!- Saludó el castaño técnicamente cayéndole encima.
Afortunadamente Tsuzuki siempre sabía cuando ser encimoso.
