Hola! Subí el epílogo de esta historia el viernes pasado, y a pesar de que no tuvo ningún review, quise dejarle a las 2 autoras que lo pusieron en favoritos y a las pocas personas que lo leyeron lo que equivaldría al primer capítulo de la historia.
Les agradecería si me dejaran reviews, a pesar de que escribo esta historia por placer propio, me gustaría que la gente que la lee los dejara para conocer sus opiniones.
2
-Sakura-
La llamaba en su inconsciencia. Lo había pronunciado tantas veces que su garganta comenzaba a dolerle, como si un rastrillo despiadado bajara lentamente por detrás de su lengua, perdiéndose en su pecho, en donde el dolor continuaba.
-Sakura-
Volvió a llamarla por millonésima vez en ese día. No sabía cuanto tiempo había pasado desde que lo habían abandonado en aquella celda oscura, pero todo parecía muy reciente.
Había dormido hasta unas horas atrás, en cuanto había despertado por el sonido de su celda al abrirse, dejando ver en el lugar que los pies de algún shinobi había ocupado una bandeja grisácea con alimentos suficientes para saciar su apetito voraz.
No tenía ganas de comer, no se creía capaz de poder caminar o arrastrarse hasta donde estaba la bandeja, ni le apetecía pedir ayuda. La única palabra coherente que escapaba de sus labios era su nombre.
Reprimió sus instintos al sentir una leve presión en su pecho.
¿Por qué la llamaba?
Sabía que ella había sido quien le había traído hasta allí, a la villa que lo había visto crecer, pero desde entonces no había vuelto a verla.
Con frecuencia se preguntaba si la visión de aquellos cabellos rozados rozando su hombro y el calor que aquellos brazos desprendían había sido simplemente otra buena jugada de su imaginación.
Pensaba que al pronunciar su nombre ella aparecería por arte de magia a su lado, demasiado cerca de su cuerpo como solía posicionarse, demasiado invasiva, demasiado molesta.
Todo en ella era demasiado.
Demasiado color, demasiadas palabras, demasiadas emociones, demasiada felicidad, demasiada bondad, demasiada mujer.
Forzó a su mente a recordar al menos por un segundo sus tornadas piernas, sus ojos verdosos y hasta la punta de los dedos de sus manos.
Todo en ella era demasiado para él.
Tal vez esa era la razón por la que él simplemente se había alejado.
Ella era demasiado para procesar. Su mente jamás la entendería, su cuerpo jamás la poseería.
Ella era una persona muy ingenua, demasiado ingenua.
¿Por qué lo había salvado? ¿Por qué lo había perdonado?
A veces simplemente quería que se alejara de su vida y nunca más volviera a acercarse, quería que desapareciera en una nube de humo y la profundidad de su mirada no estuviera allí cuando las partículas de humo se desvanecieran.
Ella lo abrumaba, él no la entendía.
Sabía que el camino que ambos sus amigos habían tomado en sus vidas era desconocido para él.
Pero ella. Ella era un enigma. Ella siempre reaccionaba de la manera que no debía reaccionar. Ella siempre lo sorprendía. Ella siempre estaba allí para deslumbrarlo.
Tal vez por esa misma razón se preguntaba por qué ella ya no estaba a su lado.
Por qué no interrumpía en esa asquerosa celda y lo tomaba por los hombros y lo golpeaba hasta que volviera a sentir cada hueso de su cuerpo.
-Tsk- Chasqueó la lengua molesto y se incorporó de su lugar en el suelo, apoyando la frente contra la pared más cercana, dejando que su cabello grueso y largo cubriera su visión de aquel espantoso lugar.
Después de todo ella estaba hasta en sus pensamientos.
…
-Necesito verlo- Su tono era fuerte y claro, casi como si le estuviera dando una orden a la Hokage parada a su lado. El paisaje de la villa se podía apreciar desde una perspectiva prodigiosa en el despacho de su maestra. La brisa del verano próximo se percibía en cada rincón de la aldea, haciendo remolinos de hojas y tierra en pequeñas cantidades, como si danzaran en el aire dibujando un patrón irregular sobre las calles del casco urbano.
La rubia no dijo nada, simplemente la analizó con su mirada.
Su alumna había crecido tanto.
Volvió su mirada al rostro de Sakura y lo examinó con detenimiento.
Buscó en sus ojos, en sus labios, en su frente, en su nariz, pero no encontró lo que buscaba.
No encontró ni un mínimo indicio de la niña que había tomado como alumna tres años atrás.
Curvó una media sonrisa y volvió su mirada al paisaje de la villa.
Ella era una persona completamente diferente ahora. Su mirada mostraba determinación y seguridad, su frente estaba siempre en alto y sus mejillas ya no se sonrojaban cuando tocaba el tema de su ex compañero. Ella ya no era una niña, había crecido, hermosa, fresca y fuerte.
Ahora tenía metas que cumplir, había cumplido otras que se había propuesto con anterioridad, tenía un gran pasado lleno de trabajo y esfuerzo y un futuro del que podía esperar nada menos que felicidad.
Su alumna era feliz, y la felicidad de su alumna era su felicidad.
Era una mujer realizada, ya no tenía nada más para enseñarle, ella ya lo sabía todo, la había igualado e incluso la había superado, en tan solo tres años.
Tres años que habían pasado tan rápido.
Sintió su mirada verdosa volver a posarse sobre su rostro pero no retiró la mirada de aquella villa de la que era responsable, simplemente se limitó a contestarle.
-Dime tus razones y te daré todos los permisos que necesites.- Su cuerpo no se movió un ápice, pero su mirada penetrante huyó rápidamente de la suya, concentrándose con parsimonia en algún punto fijo del paisaje frente a sus ojos. Tal vez otra persona no hubiera notado el cambio en su expresión, pero ella la conocía lo suficiente, más que nadie como para deducir lo que realmente estaba pensando.
-Él está herido, y es mi amigo. No puedo tolerar el pensar en su sufrimiento cuando tengo todas las herramientas para poder evitarlo.- Esta vez su mirada no la eludió, y entonces pudo percibir el dolor en su carne. Ella estaba herida.
Siempre le había advertido a su alumna que su actitud maternal y sobreprotectora hacia sus compañeros y familiares no haría más que perjudicarla a la larga, pero Sakura era casi tan necia como ella misma.
Negó con la cabeza repetidamente a tiempo que cerraba sus ojos por unos segundos, tratando de ordenar sus pensamientos en su mente antes de expresarlos por temor al carácter crispante que sabía su alumna poseía.
-Sakura, relájate.- Sintió los músculos de su espalda tensarse ante las palabras de su maestra, como si la orden que había escapado de sus labios segundos atrás hubiera sido exactamente la contraria.-No puedes dejar que toda la responsabilidad recaiga en ti todo el tiempo.- Hizo una pequeña pausa antes de retomar su discurso, tal vez porque en el fondo no sabía ni siquiera que era lo que quería expresarle a su alumna para tranquilizarla. Ella había intentado todo durante esos últimos meses que el Uchiha había pasado pudriéndose en la cárcel. -Nada de esto tiene que ver contigo, por lo que te recomiendo que no intervengas.- Ni siquiera ella compraba las palabras que salían de su boca. Ella tenía mucho que ver con ese asunto, podía decir que era gran parte de su vida y la de Naruto. De todas maneras, en el fondo seguía esperanzada y confiaba en que sus palabras lograrían hacerla entrar en razón. Ella todavía podía ahorrarse todo ese dolor y hacer oídos sordos a lo que todos comentaban en la aldea. Todavía podía elegir el camino fácil, como siempre lo había hecho.
-Quiero hacerlo- Contestó ella cortante. Sus palabras casi lastimaron los oídos de la rubia. Realmente le molestaba el ver como una persona tan importante para ella era herida por la misma persona una y otra vez. Ella lo detestaba, lo odiaba por hacerle daño a la persona que más quería en toda esa maldita villa destruida. No soportaba ver como ese bastardo se llevaba hasta lo último que ella había defendido durante tanto tiempo con uñas y dientes. No quería volver a verla sufrir, no por él.
Tsunade se volteó en un movimiento rápido y casi involuntario y caminó dos pasos hasta acortar la distancia casi nula que la separaba del cuerpo desarrollado de su alumna. Posó ambas manos en los hombros de la joven ninja y la miró directamente a los ojos, como pocas veces había hecho desde que la conocía.
-No quiero volver a verte sufrir- Sakura no contestó, pero sintió sus facciones endurecerse más de lo que ya estaban. Sus labios no respondieron durante largos segundos en los que solo fue capaz de mover rápidamente sus pupilas para examinar el semblante de su maestra.
Ella no había podido reprimirlo. No podía dejarla salir sin que conociera sus verdaderos sentimientos.
-Estaré bien.-Terminó por decir antes de romper el agarre de las manos de su casi madre sobre sus hombros y caminar a paso lento hasta la salida, volteándose antes de abandonar el despacho y chocando su mirada nuevamente con su maestra para finalmente retirarse en silencio.
Ella ya no quería ser un estorbo.
