Saludos queridos lectores! quiero agradecerles a todos por sus reviews, y por eso publico el nuevo capítulo (un gran capítulo!) un día antes de lo previsto.
Ckonii-Soto-93 'u: Si, ciertamente Sakura ha cambiado bastante desde que Sasuke se fue de la aldea, pero me pareció adecuado debido a que un evento como tal provoca consecuencias drásticas en los afectados. Sobre todo en Sakura porque el idiota de Sasuke le rompió el corazón antes de irse :(
Cami: Muchas gracias por tu review! espero que te guste el nuevo capítulo :)
Cata: jeje, si la verdad es que el último capítulo dejó muchas interrogantes, pero espero que a medida que avance la historia se vallan aclarando un poco tus dudas. gracias por tu mensaje!
mussaluna: Gracias por darle una oportunidad a esta historia, el resumen es bastante malo, pero espero que la historia sea de tu agrado!
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Caminaba por las calles de la aldea acelerando su paso progresivamente, no podía evitar que la emoción acompañada de la infaltable adrenalina corriera rauda por sus venas. A una respetuosa distancia de unos dos metros, la persona que la acompañaba la seguía en silencio. No escuchó una sola queja o sonido salir de entre sus labios, ni siquiera cuando su paso se transformó en ágiles saltos sobre los tejados de la aldea, pareciendo que volaba y sus pies no tocaban superficie alguna.
Sintió su corazón acelerarse de repente al divisar entre los árboles del bosque de la muerte el imponente edificio al que ambos se dirigían: la cárcel de Konoha.
Claramente esa no era una sede más de la policía de la aldea, sino que era el lugar en el que encerraban a los enemigos más temerarios de las cinco naciones, los asesinos más despiadados que el mundo shinobi jamás había visto.
Al acercarse hasta encontrarse a pocos metros de la entrada la velocidad de su andar disminuyó considerablemente, notando por segunda vez que su compañero había imitado cada uno de sus movimientos, posicionándose esta vez a su lado al llegar a la imponente entrada principal.
-Sakura- Sintió una mano posarse en su hombro derecho y volteó inmediatamente la mirada, encontrándose con aquellos penetrantes ojos blancos estudiando su rostro. Ella asintió con la cabeza y curvó una media sonrisa para indicarle que todo iba bien. Ya no disfrutaba tanto cuando las personas se preocupaban por su persona, de alguna manera la hacían sentir inferior, como si no pudiera defenderse sola.
-Neji- Lo llamó ella mientras posaba su mano derecha sobre la del chico que todavía se mantenía en su hombro. A pesar de que conocía la naturaleza más bien fría y distante de su compañero, creía que ya poseía la confianza suficiente para mostrarse como en verdad era hacia su amigo. Neji no pareció sorprenderse ante la acción de su compañera, el conocía casi todo de ella, se había expuesto a él durante la guerra y le había hablado tanto de su vida y de la manera en que ella había vivido las cosas que eventualmente había dejado de mirarla como una mujer indefensa que necesitaba la protección de su grupo. Tal vez su instinto a veces le indicaba que protegerla era lo correcto, pero en ese momento era el único recurso que le quedaba para que ella no saliera herida.-Estoy lista.- Indicó ella mientras rompía el contacto con el de cabellos marrones y volvía a retomar su paso hacia la entrada, sintiendo la mirada de los guardias posarse sobre su cuerpo de una manera casi desagradable.
Él asintió con la cabeza y al ver que ella estaba por adentrarse en aquel repugnante lugar la detuvo tomándola del brazo antes de que desapareciera en la inmensidad de la edificación.
-Te estaré vigilando desde afuera, no dejaré que te haga daño.- Ella negó con la cabeza y sonrió ante las palabras del chico, adentrándose en la estancia al sentir que el agarre de su brazo se aflojaba hasta desaparecer.
Él la miro atentamente hasta que su silueta femenina y delgada se perdió en la oscuridad del interior de la cárcel de Konoha. Apenas esto sucedió se adelantó para imitarla y poder vigilarla sin que el Uchiha lo supiera. Ella le había rogado que los dejaran a solas.
Ahora solo podía rogar porque Tsunade no se enterara de lo que Sakura le había pedido de rodillas, de lo contrario podía considerarse hombre muerto.
…
Caminaba nerviosa por el pasillo principal de aquel espantoso lugar. Un ANBU en la entrada le había indicado dónde estaba la celda del Uchiha pero realmente nadie se había dignado a acompañarla. Se habían sorprendido al ver que la joven ninja efectivamente tenía un permiso firmado por la Hokage para estar allí y se limitaron a guardar silencio al ver la mirada amenazadora de Neji Hyuuga, quien acompañaba a aquella chiquilla de cabellos rosados.
Ella estaba ansiosa, detestaba estar en un lugar como ese. Como parte de su entrenamiento, su maestra la había obligado a asistir a varios interrogatorios en aquel edificio, pero realmente nunca había estado en aquel sector del lugar. A sus costados, a una distancia de unos tres metros se encontraban las celdas de los condenados menos peligrosos de aquel lugar, o los que simplemente ya no representaban una verdadera amenaza, al haber sido gravemente heridos o estar condenados a muerte.
Sintió sus mejillas enrojecer al escuchar las palabras que alcanzaba a escuchar ser pronunciadas en un tono desagradable por los mercenarios a su alrededor. Realmente no esperaba escuchar tantos comentarios obscenos dirigidos a su persona, pero evaluando el lugar en el que se encontraba no era nada fuera de lo común.
No había visto una sola mujer desde que había entrado a ese lugar y parecía que los encarcelados tampoco veían una desde un largo tiempo atrás.
Ella nunca había considerado su cuerpo como un objeto de deseo para hombre alguno sobre la tierra, a pesar de que había conocido a varios chicos en su adolescencia que la habían convencido un poco de su belleza.
Sintió la mano de Neji tomarla de su antebrazo, jalándola con cuidado para acercarla más a su cuerpo. Simplemente no se fiaba de nadie en ese lugar, ni siquiera de los ANBU con los que habían tratado en la puerta. Le desagradaban de sobremanera los comentarios de aquellos asquerosos hacia su compañera, y podía notar que ella estaba incómoda por el rojo de sus mejillas. Quería decirle algo para que no se sintiera mal, pero también había notado desde un principio que ella estaba más pendiente de sus pensamientos que de lo que en realidad pasaba fuera de su cabeza. Suponía que tenía mucho en que pensar antes de llegar a la celda del Uchiha.
Finalmente, ambos ninjas llegaron al final del pasillo, encontrándose allí con otro miembro de un escuadrón ANBU que los guió hasta las celdas con restricción de chakra en las que su ex compañero se encontraba. Allí es donde encarcelaban únicamente a los asesinos considerados los más peligrosos de todas las naciones, los famosos asesinos de clase S a los que tanto había temido desde que era una niña.
Se despidió de su compañero con un simple abrazo y una promesa de que nada le pasaría susurrada en su oído y finalmente se adentró en la celda, después de firmar un permiso que eximía al gobierno de la hoja y las autoridades de la cárcel de toda responsabilidad de los daños que su persona podría sufrir en el interior de la celda.
La abertura de hierro y piedra de tres metros de altura y unos treinta centímetros de diámetro cedió ante la liberación del sello que la mantenía cerrada por afuera y le permitió adentrarse en la celda rápidamente, volviéndose a cerrar a sus espaldas apenas segundos después de haber sido abierta completamente.
Su corazón comenzó a palpitar rápidamente al divisar entre la oscuridad de la amplia estancia un cuerpo en estado deplorable sobre un catre en el rincón más lejano de la celda. Caminó a paso lento y silencioso hasta donde él estaba, pudiendo percibir las manchas de sangre seca casi por todo el suelo del lugar. Había marcas de uñas y puños en la pared de piedra maciza, además de una bandeja de comida olvidada cerca de una silla de madera roída. Los únicos rayos de luz solar que alcanzaban a iluminar parcialmente la estancia provenían de un tragaluz de tamaño mediocre a siete metros de distancia del suelo.
Su estómago dio un vuelvo en su vientre al percibir el cuerpo bajo las mantas moverse. Supuso que su ex compañero trataba de incorporarse. De repente el joven retiró de un tirón la manta que cubría su cuerpo, parando en seco su andar al escuchar el sonido que la manta había hecho con el suelo al caer. Sus pies no respondían del todo bien, pero se obligó a retomar el paso.
Observó con nerviosismo el cuerpo del Uchiha. Tenía heridas en cada rincón de piel expuesta, moretones, manchas de sangre seca en sus ropas y sus cabellos más largos de lo que los recordaba. Pasó su lengua por sus labios con nerviosismo al sentir la mirada del moreno posarse sobre su cuerpo. Aquellos pozos negros con los que tanto había soñado últimamente, esa mirada inexpresiva y espeluznante recorriendo de abajo hacia arriba la totalidad de su cuerpo. Miró con preocupación el hilo de sangre seca que salía de sus ojos como si fueran lágrimas escarlata, llegando hasta sus mejillas y dejando un pequeño rastro hasta su cuello.
-Sakura- Se detuvo al llegar hasta donde Sasuke se encontraba. Un escaso metro de distancia la separaba de aquella piel ennegrecida por la suciedad y los rastros de sangre y tierra, de aquellos cabellos negros lacios y brillantes. La marca negra en su cuello resaltaba aún más que antes en este, ahora huesudo y pálido.
Su voz sonaba idéntica a la que había usado aquella vez para indicarle que asesinara a la jovencita de cabellos rojos que ahora era una ciudadana más de su villa y que jamás hubiera sido capaz de matar.
Grave y ronca, como si se encontraran en una caverna, aunque ahora de hecho se encontraran en un lugar muy parecido a una. Si no lo hubiera conocido antes le hubiera echado la culpa al ambiente, pero lo conocía demasiado como para atribuir la hostilidad de su voz a una pobre estructura.
-Vine a curar tus heridas.-Fueron sus únicas palabras, lo único que su cerebro pudo procesar, y lo que se había repetido en su cabeza durante todo el camino. Ella quería decirle tantas cosas, necesitaba preguntarle tantas otras, golpearlo hasta ver su rostro sangrar mientras sus reclamos y protestas escaparan de sus labios, pero no podía hacerlo, porque conocía la mayoría de las respuestas a todas sus interrogantes.
Porque no quería salir herida.
Él la miró sorprendido, sorprendido por las palabras que habían escapado de sus labios rosados con un tono de voz completamente desconocido para él. Nunca había escuchado tanta seriedad en su voz, ella no bromeaba, no quería atacarlo, no quería justificarlo, no quería juzgarlo, no quería protegerlo. Simplemente quería curarlo.
¿Sus heridas?
Se rió bajito, posando su mirada oscura en un punto perdido de la puerta de la celda.
Si ella supiera que sus heridas físicas eran las que menos le importaban en ese momento.
Él estaba herido, no había dudas de eso, pero no le preocupaba la herida de su pecho, ni la de su costado, le preocupaban otras heridas mucho más profundas.
Quería contarle que esas heridas temblaban y se ensanchaban cada mañana cuando un ANBU lo despertaba de mala gana, antes del amanecer, arrojándole un balde de agua helada sobre el cuerpo. Quería que ella supiera las condiciones deplorables en las que sobrevivía. Quería que ella conociera su dolor, que supiera que cuando hacía frío por las noches su cuerpo temblaba y que su rostro se enrojecía y le bajaba la presión al mediodía cuando el sol se posaba en el centro del cielo. Quería decirle que no veía la luz del sol desde que había sido encerrado allí, quería que ella supiera que la comida no se parecía a la que ella preparaba cuando iban juntos a misiones con su revoltoso amigo.
Quería que ella supiera que no sabía cuánto tiempo llevaba allí, que no sabía quién lo había encerrado allí, que no sabía qué había pasado con ella o con Naruto.
Quería que supiera que su ego estaba herido y su dignidad había sido robada de sus manos desde el primer día en que lo habían metido en aquel asqueroso lugar.
Pero no dijo nada. Porque sabía que a ella probablemente no le interesara nada de su vida.
Porque sabía que ella ahora lo odiaba.
Él había intentado matarla, la había herido, la había maltratado tantas veces.
Cada vez que sus labios se abrían era para insultarla. Para intentar alejarla de su persona y de su cabeza.
Pero como él esperaba ella había vuelto.
Se limitó a asentir con la cabeza suavemente y a recostarse en el incómodo catre en el que había logrado sentarse, dándole permiso para que comenzara con el tratamiento de sus heridas.
Ella se acercó aún más, casi rompiendo la distancia que los separaba anteriormente. Sintió sus manos suaves y cálidas retirar con cuidado la prenda roída que cubría su pecho, sintiendo como su estómago se contraía de la vergüenza de sentir el tacto de un cuerpo ajeno sobre el suyo. Había pasado tanto tiempo...
La joven se percató de su incomodidad y se limitó a dedicarle una pequeña sonrisa para que confiara en ella, como solía hacer con todos sus pacientes para conseguir que se tranquilizaran, sobre todo con los hombres.
El joven sintió sus músculos relajarse poco a poco a medida que las manos de su compañera recorrían su pecho con su chakra curativa de un tono verde agua, similar al de sus ojos. Sus heridas superficiales se cerraban en apenas segundos, miraba sorprendido como su piel se reconstruía bajo su tacto y sus moretones desaparecían, sintiéndose notablemente mejor con esas manos pequeñas trabajando sobre su cuerpo.
Desde donde estaba acostado en el catre podía sentir perfectamente el perfume que emanaba de los cabellos rosados y la piel lechosa de la joven ninja médico. Su rostro había madurado completamente, aunque no había cambiado demasiado desde la última vez que la había visto. Sus facciones eran suaves, a excepción de sus ojos que parecían querer saltar de su rostro en cualquier momento, de aquel color tan extraño y un tamaño considerablemente grande a comparación de los suyos que eran rasgados y angostos.
Volvió su mirada al cuerpo de su compañera y sintió el calor recorrer su rostro y cuello rápidamente.
Él ya no era un niño, y estaba completamente consciente de que Sakura tampoco era una niña. Él era un hombre y ella, una mujer.
Su cuerpo era delgado y musculoso, su cintura estrecha, su espalda era del tamaño perfecto y sus pechos no eran voluptuosos, pero si erguidos y redondos, marcándose su forma perfectamente bajo su musculosa de entrenamiento color escarlata. Sus piernas eran largas y curvilíneas, siguiendo armoniosamente la curvatura de sus caderas de mujer y terminando en las curvas de sus pantorrillas, dejando lugar a sus talones finos y delicados y a sus pies angostos recubiertos por botas hasta pocos centímetros debajo de la rodilla y de tacón. Sus muslos estaban perfectamente desarrollados y erguidos, al igual que sus pechos, tenían una forma redonda codiciable pero no lo suficientemente exagerados como para ser obscenos.
Sus brazos eran musculosos, pero no al punto de parecer masculinos y sus manos eran pequeñas y de dedos largos y angostos.
Sintió su manos rozar de repente la marca en su cuello que Orochimaru le había hecho años atrás en los exámenes Chunnin, recordando la manera en que ella los había protegido a Naruto y a él. Miró su cabello con curiosidad y se percató de que lo mantenía corto como aquella vez, cuando lo había cortado para protegerlos de los ninjas que los habían interceptado en el bosque de la muerte.
Ella retiró con cuidado sus manos después de terminar de cerrar la herida de su costado que todavía tenía marcas de sangre seca en sus alrededores. Había terminado su trabajo, y probablemente se iría en cualquier momento, pero él no podía permitir que escapara. Esta vez quería escuchar de sus labios todo el rencor que sabía le guardaba, quería saber en que había fallado y reconocer sus errores. Quería quedar en buenos términos antes de que lo condenaran a muerte y acabaran con su vida. Era lo mínimo que le debía por todo lo que había hecho por su persona en el pasado, e incluso ahora.
Observó atentamente cada movimiento de su compañera en silencio, sorprendiéndose al ver que se había sentado a su lado en el catre.
Las pocas personas que habían entrado a su celda con anterioridad se mantenían a una distancia de al menos cinco metros, incluso sus carceleros que ya sabían de antemano que había perdido todo interés en atacarlos desde el primer día.
Le tenían miedo.
Suspiró profundamente mientras retiraba los cabellos negros de su rostro e intentaba ponerlos detrás de su oreja sin mucho éxito. Esperaba que su bufido le provocara al menos un escalofrío, pero ella, como siempre gozaba de ir en contra de todo sentido común y no se movió un milímetro en su lugar. No le tenía miedo.
Claramente él no tenía intenciones de atacar a la persona que acababa de darle un respiro al peso de sus hombros, pero creía que sería lo correcto que ella le tuviera miedo. Él había intentado matarla, y ella venía a curarlo.
Seguía siendo la misma molestia de siempre.
Sakura volteó su rostro lentamente y volvió a posar su mirada en el rostro de su compañero que parecía entretenido observando las grietas del suelo. Sonrió de medio lado y se atrevió a posar su mano derecha sobre la izquierda de él que reposaba junto a su cuerpo sobre el catre en el que ambos estaban sentados.
Volteó su rostro sorprendido al sentir el tacto de una mano extraña sobre la suya, mirando primero su mano inmaculada apretar la suya levemente y luego subiendo para ver su rostro con una media sonrisa y los ojos esmeraldas entrecerrados.
-Ya debo irme, pero te prometo que volveré si es de tu agrado.- Sintió sus labios separarse levemente por el comentario, todavía no creía del todo lo que acababa de escuchar.
Ella realmente era una molestia.
Se sorprendió a sí mismo al encontrarse asintiendo con la cabeza, aceptando de alguna manera la proposición que Sakura acababa de hacerle. Ella ensanchó un poco su sonrisa ante su respuesta silenciosa y soltó suavemente el agarre de su mano que no había aflojado hasta ese momento, levantándose de su lugar y volteándose para caminar hasta la abertura de la celda. Él sintió su corazón acelerarse al ver que su compañera estaba por irse y en un momento de desesperación se encontró tomando con firmeza su brazo para detenerla, manteniendo su rostro inexpresivo y pareciendo que sus intenciones no eran buenas.
Ella abrió sus ojos sorprendida y abrió su boca para hablar pero fue interrumpida por una presencia conocida interponiéndose entre su cuerpo y el del Uchiha, quedando los tres cuerpos peligrosamente cerca.
El agarre de su mano había cesado y como acto reflejo había posicionado su mano sobre la zona en la que el agarre la había lastimado, mirando con decepción el rostro de su ex compañero.
Casi había olvidado que Neji se encargaba de vigilar cada movimiento de Sasuke desde afuera, ya que ambos sabían que a pesar de tener su chakra anulada, seguía representando una amenaza importante para cualquier persona que se le acercara.
Se odiaba a ella misma en ese momento por haber bajado su guardia, había sido tan estúpida como siempre lo era con él. En qué demonios estaba pensando al sentarse al lado de un asesino de clase S a conversar.
-Hyuuga- Escuchó de vuelta esa voz casi desagradable escapar de sus labios violáceos y pudo percibir una sonrisa forzada posarse en sus labios. El de cabellos marrones no contestó y por el contrario se dirigió a ella, haciendo un gesto con la cabeza para que la siguiera.
-Creo que ya deberíamos irnos.-Pronunció casi en un susurro para que solo ella lo escuchara, olvidando que el lugar en el que estaban tenía un efecto de eco similar al de una cueva, permitiéndole al Uchiha escuchar lo que el genio acababa de decir. Se limitó a dejar escapar uno de sus muy comunes gruñidos casi infantiles mientras se volteaba molesto para caminar de vuelta en dirección a su catre. Sakura asintió levemente al escuchar las palabras de su amigo y siguió sus pasos con cuidado, volteándose a mirar a Sasuke antes de irse. Él sintió su mirada sobre su espalda y de inmediato se volteó para mirarla con el mismo rostro inexpresivo que había usado antes.
Necesitaba decirle tantas cosas, y escuchar tantas otras, pero ella ya se había ido, y a juzgar por la última mirada que le había dado no volvería.
Esa molestia.
