Saludos queridos lectores! Les traigo el capítulo 5 un día antes de lo esperado porque creí que merecían un pequeño regalo. Más sobre el punto de vista de Sasuke (se que les gusta tanto como a mi :D) y nuevos personajes, entre ellos nuestro querido kazekage y su hermanito (no pude evitar hacer una pequeña escenita de kankuro, simplemente me cae tan bien!) !

Les dejo mis respuestas/agradecimientos a las personas que dejaron sus reviews (los amo):

Denuss: Gracias por tu comentario, mi placer es leerlos cada vez que los dejas :)

Cami: jaja, quién no querría golpear a Neji en ese momento? aunque creo que interrumpió en el momento justo...golpe inesperado de la escritora jaja. Gracias por el comentario, y no te preocupes por no haber dejado en el capítulo anterior, aunque si me gustaría leer de ti en el próximo :)

DULCECITO311: wohaa una nueva lectora! gracias por tu comentario! espero que te guste el nuevo capítulo y bienvenida a mi universo de locuras y povs románticos de Sasuke. jaja por dios no. gracias por tu comentario de vuelta!

: WOW tus comentarios como siempre me llaman la atención! (gratamente!) hiciste que considere una aparición de Kakashi en la historia, antes no le hubiera prestado atención, pero ahora creo que podría ser muy interesante. No aparecerá pronto debido a que ya tengo varios capítulos listos, pero me aseguraré de incluirlo a su debido momento! gracias muchas gracias por tu comentario!

Tittacon: Muchas gracias por tu comentario! realmente me ayudas a seguir adelante con la historia! gracias por tus cumplidos, la fluidez de la historia es algo a lo que le presto bastante atención y a que sea entendible y fácil de transmitir! me alegra que hayas podido transportarte a mi mente! muchas muchas gracias!


5

Libertad.

Su mirada oscura como la noche se perdió de repente en los millones de colores que el conocido paisaje de la villa le ofrecía. No sabía a ciencia cierta cuánto tiempo había estado encerrado en ese rincón de acero olvidado por el mundo en el que lo habían privado de la luz del sol y el perfume de las hojas que tanto había deseado poder sentir la noche anterior.

Su mente estaba adormecida, como si la canción que tocaban los pájaros en las ramas de los árboles más altos al compás de la danza de las hojas en el suelo lograra tranquilizar la bestia que se había apoderado permanentemente de su raciocinio desde que sus pies habían dejado de tocar la tierra y la naturaleza que ahora sentía bajo sus pasos.

Todo lo que veía bajo sus pies y sobre su cabeza se le había prohibido, lo habían tratado como un monstruo capaz de destruir la armonía que ellos tan bien habían sabido mantener incluso durante la guerra.

¿Acaso creían que sus manos amordazadas y endurecidas por el esfuerzo fueran capaces de desmenuzar la vida que yacía a su alrededor como si nada sucediera?

Él ya no cumplía una misión de terrorista. Su venganza había concluido. Él ya no seguía las órdenes de nadie.

Él era libre. Relativamente libre.

Según lo que la Hokage le había indicado de mala manera esa mañana, los trámites del juicio llevaban dos meses desde que se había retomado la causa y según lo que le habían informado todavía podía mantener sus esperanzas intactas.

La muerte había dejado de ser su destino desde que había cruzado las puertas de la villa. Esta vez la historia no se había repetido, y el gobierno de la hoja había decidido un destino diferente para el único sobreviviente del clan Uchiha.

La vida.

Lleva casi dos años encerrado y tenía entendido que podría recuperar su libertad para cuando el juicio hubiera acabado. Ese era su nuevo destino.

Sintió de repente una punzada en sus talones, aunque no sintió dolor alguno. Era un llamado, un llamado a acelerar su paso.

Adrenalina.

Casi podía sentir aquella sustancia correr por sus venas a medida que sus pasos lo acercaban más y más al momento definitivo. Quería conocer su destino, quería saber cuál era el final de ese camino que había emprendido años atrás al abandonar la aldea.

A pesar de que su rostro inexpresivo no reflejaba ni un mínimo cambio en sus sentimientos, detrás de esa máscara de acero que había forjado con el sudor y las lágrimas de su entrenamiento, sintió su estómago dar un vuelco en su vientre, una emoción similar a la que había experimentado cuando le habían entregado el protector con la insignia de su aldea, cuando se había convertido en un ninja.

Tenía ganas de vivir.

Podría tener una segunda oportunidad de volver a aquella casa que recordaba vagamente y que había albergado a su familia hasta el día en el que todo había acabado.

Tenía en sus manos el futuro de su clan, el futuro que le habían negado al resto de las personas que llevaban su sangre. Tenía en sus manos un legado al que no podía darle la espalda.

Uchiha.

Una palabra. Un apellido. Una familia. Un legado. Una persona.

Sasuke.

Ese era él, Sasuke Uchiha, dueño de su destino.

-Uchiha Sasuke- Su voz rasposa y notablemente más grave que la última vez que la había escuchado rebotó contra las cuatro paredes de la habitación en la que ahora se encontraba, rodeado de esas mismas cinco personas que había visitado tiempo atrás en la última cumbre de los kages de las cinco naciones.

Su rostro se elevó al escuchar su nombre ser pronunciado con ese tono monótono casi desquiciante que tanto había despreciado años atrás, cuando todavía eran unos niños y se podían dar el lujo de jugar a la guerra. El pelirrojo lo miraba con seguridad y el mismo rostro apacible que poseía en su infancia, a pesar de que, irónicamente, ahora, aquella mirada verdosa clavada en la suya tenía un leve deje de inocencia que antes no poseía, pareciendo ahora sus labios incapaces de transformarse en una mueca espeluznante y monstruosa como la que recordaba haber visto en el último encuentro que habían tenido antes de huir de la aldea.

Las cosas habían cambiado tanto desde que eran unos niños.

-Eres ahora libre de retirarte y de hacer pleno uso de tus derechos y libertades como nuevo ciudadano de Konoha. Ya no serás perseguido como desertor de tu aldea por ninguna nación y queda saldada tu condena en la cárcel en la que estuviste encerrado durante los últimos veintidós meses y dieciséis días, pasando ahora a cumplir los últimos dos meses de condena en arresto domiciliario escoltado por dos shinobis asignados para vigilarte las veinticuatro horas del día hasta cumplir con lo acordado hoy aquí en presencia de mis colegas.- Sintió las puntas de sus cabellos erizarse al terminar de procesar cada una de las palabras que habían escapado de aquellos labios que parecían propios del rostro de un niño. Realmente lo que habían estado discutiendo durante las últimas tres horas había sido verdad. Él sería libre.

Reprimió la sonrisa que intentó posarse en sus labios al sentir nuevamente esa mirada verdosa posarse sobre la suya antes de continuar con su discurso. -¿De acuerdo?- Sus palabras sonaron casi amables en sus oídos y se limitó a hacer una leve reverencia para demostrar su asentimiento. Un murmullo general y las miradas apacibles en los rostros de los cuatro restantes le indicó que nadie se había negado a aceptar los términos de su condena y casi se sintió agradecido de que así fuera.

No veía la hora de poder salir de ese lugar y poder volver a ver los rayos del sol chocando contra su rostro.

-Naruto, Sakura.- La voz de la rubia se hizo escuchar nuevamente, después de haber guardado silencio durante las últimas dos horas en las que el pelirrojo parecía haber tomado el mando de la situación. Sus ojos se cerraron levemente al escuchar ambos nombres y no pudo evitar el escalofrío que corrió como un rayo la integridad de su columna vertebral. Su mirada recorrió atentamente el andar de los pies que se acercaban, desde la posición en la que había quedado al hacer la reverencia. Dos de ellos eran de un color notablemente más moreno que los otros, con unas sandalias ninjas negras simples, y los otros eran más pequeños y finos, envueltos en unas botas de tacón con los dedos descubiertos, dejando ver las uñas perfectamente cuidadas y pintadas en un tono rojizo. Elevó su rostro cuando el paso de ambos ninjas se detuvo a pocos metros de distancia de los suyos, chocando de repente con aquellos ojos de un azul profundo que recordaba a la perfección y que tantas veces se habían reproducido en su cabeza durante sus últimos años de reflexión.

Ahí estaban sus ex compañeros de equipo, aquellas dos personas que tanto había querido y que con el tiempo había aprendido a odiar. Azul y Verde contra la oscuridad de sus ojos. Sus rostros no eran sonrientes como los que solían tener cuando eran unos niños, como el que él alguna vez había tenido. Casi se sentía intimidado por aquellos colores recorriendo su cuerpo, de arriba hacia abajo, de manera contraria a como él lo había hecho. El sonido del tacón de sus zapatos resonaba contra el suelo a medida que se iba acercando y en el momento en que este cesó, las miradas que antes se habían posado sobre su cuerpo cambiaron ahora su rumbo, dirigiéndose a la persona que se había posicionado a pocos metros de distancia de donde los tres estaban.

-Su misión comienza ahora.-

Ellos caminaban en silencio, él estaba a su izquierda, y ella a su derecha. El sol había comenzado a caer y sus rayos notablemente más débiles solo se dejaban ver a través de los pequeños espacios que quedaban entre una hoja y la otra en las cumbres de los árboles a su alrededor, formando siluetas con lunares de luz irregulares.

Ninguno de los tres se había atrevido a pronunciar palabra alguna desde que habían emprendido su andar a través de la puerta principal de la torre del Hokage.

-¡Sakura!- Una voz que no pertenecía a ninguno de los jóvenes que caminaba a su lado interrumpió repentinamente el silencio casi nefasto que se había instalado a su alrededor. La aludida y el rubio voltearon repentinamente al escuchar el llamado seguido del sonido de pasos acercándose rápidamente hasta donde ellos se encontraban. Detuvieron su paso, obligando al que estaba entre ellos a detenerse también, a pesar de que no se había dignado a voltearse, aunque había sentido la presencia de alguien en las cercanías desde que habían salido del edificio.

-Kankuro-kun- La pelirrosa sonrió ampliamente al divisar a pocos metros de distancia a la persona que le había llamado, alcanzando a ver una mueca parecida en el rostro del joven shinobi.

Así que se trataba de él...

Supuso que tenía sentido que estuviera en la aldea, después de todo nunca se separaba del ahora Kazekage, su hermano.

Al llegar al lugar donde los tres se encontraban el silencio volvió a instalarse en el ambiente, pero solo por unos segundos, hasta que el rubio a su lado interrumpió el sonido del viento y la corriente de sus pensamientos nuevamente.

-Kankuro, tiempo sin verlos. El idiota de tu hermano ya se estaba haciendo extrañar.- El moreno chasqueó la lengua ante el comentario del jinchuriki y se rascó nerviosamente la cabeza antes de contestar.

-Gaara no deja de hablar ni un segundo de ti, todo ha vuelto a la normalidad después de todo.- El rubio rió ante el comentario y la de cabellos rosas lo imitó, ensanchando su sonrisa. Él había volteado su rostro levemente, solo por cortesía y tal vez por un poco de curiosidad de saber que había sido de aquel joven shinobi que había visto pelear impecablemente en los exámenes chunnin.

-Él todavía no perdió su juventud como la vieja. Quién diría que ese sin cejas sería kazekage...- Sus palabras fueron interrumpidas de repente por un suave golpe en la cabeza, cortesía de su mejor amiga. El de cabellos marrones sonrió ante el acto.

Sintió una leve opresión en su pecho al ver esa escena. Todo en ese momento era tan extrañamente familiar...era aterrador.

Volteó su rostro levemente, dirigiendo esta vez su completa atención a su ex compañera de equipo. Ella había cambiado un poco desde la última vez que la había visto, pero la determinación en sus ojos esmeralda era idéntica.

-¡Naruto! No hables así de Gaara-kun...- La pelirrosa volvió a dedicar su atención al de cabellos marrones con una sonrisa todavía posada sobre sus labios, lo que provocó el nerviosismo del shinobi de la arena, no pasando desapercibido por la mirada del Uchiha, ni de su otro compañero, para su sorpresa. -Kankuro-kun, ¿hay algo que quieras decirnos?- Preguntó amablemente la ninja médico, provocando que las miradas de sus compañeros se dirigieran ahora directamente al guardaespaldas del kazekage. Kankuro dejó escapar una risita nerviosa al sentirse observado por tantas personas, pero de todas maneras continuó con lo que deseaba comunicarles.

-Bueno, no es nada importante...de hecho venía a hablar contigo, Sakura.- El rubio dejó escapar un sonido de sorpresa casi infantil ante las palabras del mayor de los presentes, a pesar de que la pelirrosa permanecía en silencio. Esperó pacientemente a que el moreno continuara, asintiendo levemente con la cabeza para indicarle que esperaba sus palabras.- No había tenido antes oportunidad de decírtelo, pero quería agradecerte por los medicamentos que mandaste a Suna el mes pasado. Realmente fueron de gran ayuda y aprecio lo que haces por mi...bueno, además de lo de aquella vez con Sasori...- Su voz repentinamente se cortó, dándole lugar a su linea de pensamiento de volver a formarse. No entendía a que se estaba refiriendo ese tipo, ni qué demonios tenía que ver un akatsuki con Sakura. Volvió a dirigir su mirada al ninja de la arena, esperando con impaciencia a que continuara con su discurso.

-Gracias.- El de cabellos negros no pudo evitar elevar una ceja sorprendido al ver la reverencia que aquel tipo del que sabía poco y nada le hacía a su ex compañera. La joven enrojeció ante las palabras que el moreno acababa de dedicarle y no pudo evitar la sonrisa que se había formado en sus labios. Se acercó lentamente hasta donde el ninja estaba, a pocos metros de distancia y esperó a que levantara su rostro para posar una mano sobre su hombro derecho, ante la sorpresa del marionetista.

-No te preocupes por eso, todo el esfuerzo valió la pena, después de todo conseguí que los dos saliéramos sanos y salvos.- Naruto sonrió ante el gesto de su compañera y su nuevo amigo, y se volteó para retomar su andar, elevando una mano en el aire en forma de saludo.

Tal vez sus amigos siguieran pensando que él era un idiota, pero ciertamente, había aprendido a reconocer situaciones como esas. Recordaba los reproches que Sakura le hacía a él y a Sai por su falta de tacto e ingenuidad...después de todo él ya no era tan ingenuo.

Sasuke volteó su rostro rápidamente, después de recorrer la escena con la mirada y se alejó en silencio junto al rubio.

- Supongo que debo irme...- Continuó la aludida después de unos segundos de silencio, acercándose aún más al moreno y rodeando su espalda con cuidado en un abrazo amistoso.- Me alegra que estés bien...- Kankuro sintió el aliento de la kunoichi rozar su oreja derecha al hablar durante el abrazo. Un escalofrío recorrió su espalda a tiempo que una sonrisa sincera volvía a aflorar en sus labios, agradeciendo que el maquillaje de su rostro cubriera parcialmente el color de sus mejillas. -¡Nos vemos!- Terminó la de cabellos rosados después de deshacer el abrazo, corriendo rápidamente para alcanzar a las personas que caminaban a una distancia considerable de donde estaban.

Sus labios apenas pudieron separarse, aunque ningún sonido salió de su garganta. Su mano extendida en el aire era el único signo de que aún se mantenía consciente.

Finalmente habían llegado.

Sakura volteó para mirar el rostro de Sasuke cuando se encontraban a tan solo unos metros de distancia de la puerta de entrada. Su expresión no había cambiado demasiado, sin embargo, había aprendido a leer las expresiones de los shinobi, para detectar el peligro. Esta vez, lo único que podía distinguir era esa chispa en aquella mirada aparentemente vacía que dejaba en evidencia la emoción del joven por llegar a su destino. Volvió su cabeza al frente y no dijo nada, aunque sintió un escalofrío recorrer su espalda al cruzar el arco de madera ornamentada con las inscripciones que indicaban la entrada al barrio.

A veces se preguntaba si dentro de ese pecho algo seguía moviéndose después de todo...

Para Sasuke ese lugar parecía un portal en el tiempo. Nada había cambiado demasiado desde la última vez que lo había visto. Le pareció sentir por un segundo aquel familiar aroma que las tierras de su clan destilaban, el olor a canela en la cocina de su madre, el perfume de los claveles en los jardines, es croar de las ranas en los estanques, el sonido del agua correr en las fuentes de bambú y el sonido que las cañas hacían, corto y seco, al chocar entre ellas por la fuerza del agua corriente.

Algunas cosas habían cambiado después de todo. Las construcciones no habían cambiado mucho, pero el abandono se evidenciaba en los pastos crecidos junto a los estanques y en el musgo que se había criado sobre la piedra de la fuente en la calle principal de la comunidad.

Los escudos del clan atacaban su mirada hasta en el más oscuro rincón del lugar deshabitado, estaban en las casas, en la ropa aún tendida en algunas cuerdas, en los abanicos, en el suelo, en el campo de entrenamiento, en las paredes, en todos lados el escudo rojo y blanco de erguía orgulloso, de la misma manera que él lo había llevado años atrás.

Se preguntaba si los kimonos de su madre seguirían en el armario de la habitación de sus padres. Ella tenía tantos y los cuidaba como si fueran reliquias, aunque a sus ojos lo parecían. Él solía escabullirse hasta la habitación principal y sentarse en el suelo mirando y tocando por horas las vestimentas de su madre, todas con el escudo de su familia en la zona de la nuca.

Aceleró su paso inconscientemente, sus deseos de llegar eran irreprimibles. Reconocía todas y cada una de las casas, la de sus tíos, de sus amigos, de sus abuelos, de sus primos, pero solo deseaba ver una. La de su familia, la mansión Uchiha, la casa principal de todo el barrio, la del comandante de la policía de Konoha.

No se detuvo a ver las expresiones en el rostro de sus ex compañeros al ver que había acelerado su paso nuevamente, y ahora estaba corriendo, desesperado, de la misma manera que lo había hecho la última vez.

Ellos lo seguían, al mismo ritmo, pero no le dijeron nada. Tal vez sentían lástima por él y no querían incomodarlo. No le importaba en ese momento, lo único que quería, aquello que había anhelado durante tantos años...

Volver a casa.

De repente su andar se detuvo y el de quienes lo seguían de cerca también. Esa era la puerta de su casa.

Sentía que el corazón se le iba a escapar por la boca, pestañeó varias veces para comprobar que estaba ahí realmente. Su mente había jugado con él varias veces con esa imagen, pero esta vez era diferente, esta vez era real, esta vez lo podía sentir. No se percató de en qué momento había posado sus manos sobre la madera blanca con un escudo pintado en cada puerta. Realmente estaba allí.

La estructura cedió fácilmente, y se abrió dejando ver detrás aquel recibidor tan familiar que había visto a diario durante toda su infancia. Se apresuró a quitarse los zapatos y a dejarlos en el escalón a pocos metros de distancia, percatándose de que sus ex compañeros de equipo todavía seguían en el exterior de la estancia.

El piso se sentía frío y sucio bajo sus pies, no se sentía de la misma manera que lo recordaba.

Caminó con cuidado por el pasillo que lo conducía hasta la sala de estar y en cuanto llegó sintió miles de sentimientos agolparse repentinamente en su estómago. Su cabeza se sentía aprisionada y la piel desnuda de sus brazos tembló debido al repentino bajo de temperatura que el ambiente había sufrido al adentrarse en aquella habitación.

Dio dos pasos al frente casi en las puntas de sus pies mientras su mirada recorría a gran velocidad cada rincón de la habitación, como si tratara de guardar cada imagen en su cabeza.

Reconoció de inmediato aquel sillón en el que recordaba haber dormido junto a su hermano después de un largo día de entrenamiento, en el que había merendado, con la cabeza apoyada en el regazo de su madre y una sonrisa grabada en el rostro.

Todo era tan familiar, todo era tan privado, todo era tan suyo.

Nadie había logrado robarle ninguno de aquellos maravillosos recuerdos, y estaba seguro de que ni aunque tuviera la voluntad, ni siquiera él podría hacerlo.

Era lo único que nadie había podido sacarle. Era lo único que tenía en esos momentos y se aferraría a ello y lo protegería con uñas y dientes, porque era lo más preciado que tenía.

Se volteó al sentir dos presencias conocidas adentrarse en la habitación, pero no volteó a mirarlos, no quería que lo vieran de esa manera. Tan vulnerable, tan expuesto.

Débil.

Sintió que sus amigos caminaban hasta donde él estaba, pero no escucho ni una palabra escapar de sus labios, el silencio era sagrado en aquel recinto, y ellos parecían haber comprendido el mensaje.

De repente sintió una mano caliente posarse suavemente sobre su hombro derecho, sin previo aviso, sin haberse percatado siquiera del movimiento. Volteó a su izquierda y se encontró con el rostro sonriente de su compañera y su penetrante mirada jade posarse sobre la suya.

Tal vez no era del todo necesario pasar solo ese proceso que jamás se había atrevido a recorrer.

Tenía a dos personas a su lado en ese momento de tanto dolor, todo ese dolor que no había sentido antes, todo ese dolor que había guardado bajo miles de llaves en su pecho y que había creído olvidar, pero que en algún momento debía enfrentar.

Y ese era el momento de vivirlo. Era el momento de vivir su duelo.

Suspiró resignado y desvió su mirada del rostro a su izquierda.

Odiaba las sonrisas que parecían tener grabadas a fuego en sus rostros, a pesar de que muy en el fondo, sabía que serían su única salvación.