Queridos lectores! les traigo la continuación de la historia, este es por lejos el mejor capítulo que haya escrito hasta ahora. muchas emociones, encuentros, palabras, finalmente el equipo siete se reúne, pero quien dijo que tenía que ser agradable...Me encanta!
Respuestas a los reviews que me dejaron!
Denuss: Muchas gracias por tu comentario! coincido con tu opinión sobre la continuación de la saga. El propósito por el cual decidí escribir esta historia es el demostrar mi punto de vista sobre lo que pasaría después. No encontré una historia que coincidiera con mis opiniones e ideas, por eso decidí escribirla, me alegra que tú también puedas identificarte con ella, ese siempre fue mi objetivo! Gracias y mil veces gracias por tus comentarios de siempre, realmente me hacen muy feliz!
: Wow, si, amo la escena de kankuro, simplemente era inevitable! y no te preocupes, Gaara volverá! jaja. La escena del barrio uchiha fue tan complicada como necesaria. No creían que sasuke volvería sin más a la casa en la que vivió tantas cosas? imposible. Decidí que incluiré a kakashi! por supuesto, pero más adelante, porque todavía no se cómo XD. Gracias de vuelta por tu comentario! tus sugerencias siempre son muy buenas!
Cami: Si! el rencuentro por fin! espero que este capítulo aclare un poco tus dudas y que te satisfagan las primeras interacciones entre los miembros del equipo 7! me encantaría escuchar tu opinión al respecto! gracias por el comentario!
DULCECITO311: SIII Sasuke finalmente vivirá su vida! lo que siempre esperé que pasara! jejej gracias por tu review!
Tittacon: Si, la verdad que creo que todos queremos que sasuke se de cuenta de las maravillosas personas que tiene a su lado, pero no te preocupes, porque al menos aquí pasará!
Bueno, eso es todo! espero sus comentarios ansiosa, aquí les dejo la continuación!
PD: les gusta la imagen del fanfic? me gustaría saber que piensan cuando la ven, creo que es muy gráfica, pero podría interpretarse de diferentes maneras y me gustaría saber lo que piensan. :)
6
-Sakura- Su voz sonó áspera y despiadada, haciendo eco con la inmensidad de la noche que había caído rápida en la aldea de la hoja. Sintió sus pasos acercarse hasta donde él estaba, sentado en los escalones que daban al patio trasero.
-¿Te sientes bien?- La pregunta llegó a sus oídos casi como el sonido del viento entre los árboles, como una armonía que había anhelado profundamente durante sus días de encierro. Largos segundos pasaron antes de que contestara, por lo que ella prosiguió con su discurso.- Naruto y yo hicimos la cena, prometo que hay algo comestible, y no es ramen.- El joven no se volteó a mirarla, ni mostró ningún indicio de interés en la conversación en cuanto sintió el peso de su cuerpo derrumbarse a su lado y su vista alcanzó la imagen de sus pies descalzos acomodarse en el suelo junto a los suyos.
-No tengo hambre.- Respondió rápidamente, intentando que la conversación muriera con la tenacidad de sus palabras, pero para su desgracia la pelirrosa tenía otro plan, ella siempre tenía algo para decirle después de todo.
-El clima ha estado bastante agradable últimamente, a pesar de que apenas es primavera, ¿no lo crees?- Su silencio nuevamente volvió a lastimar su orgullo y sintió su cena removerse en su estómago. Ella sabía que probablemente él no tendría ganas de hablar, ni con ella ni con nadie, pero no podía evitar tomar las ofensas del moreno como personales. Esa era la manera en la que siempre las había asimilado.- Entiendo que no quieras hablarme, y no hay necesidad de que lo hagas, pero es mi obligación y la de Naruto que alguno de los dos te acompañe durante todo momento, a pesar de que quieras estar solo.- Volteó su rostro súbitamente ante sus palabras, quería ponerla a prueba, no entendía por qué con una simple mirada no lograba que ella corriera al interior de la estancia, como muchas otras personas que había conocido habían hecho. Simplemente huir, eso era lo que más deseaba en ese momento.
A pesar de que su mirada demostrara lo contrario, él no estaba del todo desconforme con su compañía y hasta se arriesgaría a decir que era agradable, comparando aquel cielo estrellado y sus palabras con la soledad y oscuridad absoluta de la jaula en la que lo habían encerrado como a un animal.
-¿Cuántas horas llevas sin comer?- Insistió ella, esta vez, volteando su rostro para mirarlo con determinación, esperando impaciente una respuesta a su pregunta. Él eludió su mirada, posicionándola nuevamente en el suelo bajo sus pies.
-Iré a comer en cuanto él se vaya a dormir.- Sus palabras lograron que sus labios se abrieran levemente, no esperaba nada parecido a lo que él acababa de contestarle. Estaba sorprendida.
-¿Por qué lo evades? Él no tiene ningún problema con que coman juntos. Con que comamos juntos.- Seguía sin poder pronunciar su nombre, el nombre de su amigo, simplemente porque no podía creer la situación en la que los tres habían caído. No podía creer que su rubio amigo no estuviera en ese momento revoloteando entre los dos y diciendo comentarios estúpidos cuya finalidad siempre había sido quebrantar el ambiente tenso que a menudo se formaba por la personalidad de su amigo. Él realmente estaba herido, a pesar de que jamás lo hubiera admitido frente a ella.
-Él es quien me está evadiendo. No se siente cómodo con mi presencia.- Sakura negó con la cabeza levemente, a pesar de que las palabras del moreno no eran del todo falsas, después de todo, ninguno de los dos se sentía cómodo con su presencia. No después de todo lo que había pasado en los últimos años.
Volteó levemente su rostro, dirigiendo su mirada a un punto perdido en el follaje del patio trasero ennegrecido por la oscuridad de la noche.
-Él está herido, y yo también lo estoy.- Largos segundos transcurrieron antes de que su cerebro pudiera procesar lo que la joven de cabellos rosados sentada a su lado acababa de decirle.
Era molesto escuchar la verdad flotando en el aire del exterior y no en el interior de su mente, en donde nadie pudiera reclamarle al respecto, ni siquiera él.
Parecía que ella era capaz de expresar todo lo que había reprimido en su cabeza durante su encierro, tal vez efectivamente ella estaba pasando por lo mismo, y también el rubio que permanecía al margen de la situación en el interior de la estancia.
Pero para él no era suficiente. Él quería escuchar más de lo que ella guardaba en su interior, quería conocer todo lo que ella sentía hacia su persona, todo lo que suponía había guardado por tanto tiempo y que confiaba que pudiera salir a la superficie con un simple movimiento de sus labios.
-¿Por qué estás aquí?- Casi podía percibir con sus sentidos el ambiente tornándose más tenso de lo que antes había estado. Esperó una respuesta rápida, certera, pero no la escuchó.
Pensaba que ella tendría una muy buena razón para estar en ese momento literalmente a su lado, pero todavía ninguna palabra había salido de su boca.
La ansiedad había comenzado a instalarse en su pecho nuevamente, aquella sensación que había experimentado durante todos y cada uno de los días que había pasado debajo del suelo, en donde ningún ser humano pudiera ver el dolor en sus ojos.
-Ya te dije mis razones.- Contestó con un tono de voz notablemente más apagado que el que antes había utilizado. Ella no estaba invitándolo a cenar cordialmente como había hecho apenas minutos atrás, la seriedad había invadido su rostro y su mirada parecía ocultar mucho más de lo que sus labios habían pronunciado. Casi podía ver los pensamientos recorrer la inmensidad de sus ojos verdes.-Es una misión.-
-Quiero oír tus verdaderas razones.- Sus palabras chocaron repentinamente contra sus oídos como miles de cuchillos atravesando su garganta cerrada, y pudo percibir ahora directamente la tristeza escondida detrás de sus ojos negros como el cielo, que acunaba una luna demandante y amarilla por sobre sus cabezas.
Esta vez fue su silencio el que atacó el pecho del moreno y comenzó a sentir de repente la ira acumularse en sus puños cerrados ¿Es que acaso no podía simplemente responder la pregunta que le había hecho?
Se la pasaba parloteando todo el tiempo, como un loro, molestándolo, provocándole dolores de cabeza por su verborragia que parecía nunca tener un final, y justamente en ese momento, en el único momento en el que había deseado que sus labios se movieran para darle una respuesta, ella había decidido guardar silencio.
Ella definitivamente era una molestia, a pesar de que pareciera que hubieran cambiado de roles, tan solo por esa noche.
Esta vez él era el que hacía las preguntas, y ella la que guardaba silencio.
-¿Qué es lo que quieres de mi, Sakura?- La kunoichi tembló al escuchar sus palabras. Se sentía débil cada vez que sus palabras la atacaban, ella era débil ante él, a pesar de que intentara esconderlo debajo de una capa de seguridad que había aprendido a construir con el correr de los años.
-¿Por qué tengo que querer algo de ti? Yo no quiero nada de ti, no espero que hagas nada por mi ni por Naruto.- Finalmente habló, dejando escuchar sus palabras claramente, manteniendo su mirada oscura y gélida contra la suya. La opción de escapar de su discurso había quedado fuera de juego desde que había decidido sentarse junto a él bajo aquella noche estrellada.
Su nombre, Naruto, había retumbado como una maldición hasta lo profundo de sus oídos, de los oídos de ambos ninjas.
-Todos esperan algo a cambio, no veo por qué deberías haberme curado si no querías algo de mi.- Ella negó con la cabeza a tiempo que sus palabras escapaban como serpientes de su estómago. Sintió su rostro endurecerse y sus párpados abrirse a la máxima capacidad al terminar de procesar las palabras en su mente.
-Yo no te curé con las esperanzas de obtener algo a cambio, esa no es la manera en la que actúo.- El joven ninja dejó escapar un sonido de su garganta que hacía las veces de risa, sorprendiendo a la persona que lo observaba a poco menos de un metro de distancia.
-No quieras distinguirte de las demás personas que conocí en mi vida. Todos actúan de la misma manera.-
Su mano se elevó rápidamente en el aire, sin que él se percatara, ya que había cerrado sus ojos después de terminar de hablar, ignorando las acciones de la joven de cabellos rosas, hasta sentir el dolor punzante en su mejilla izquierda, provocado por el tacto de la misma mano que meses atrás lo había tratado con cuidado.
El golpe había logrado voltear su rostro por completo, impidiendo que la joven pudiera ver la sorpresa grabada en sus ojos abiertos.
-No vuelvas a compararme con las personas que destruyeron a mi aldea.- Fueron sus últimas palabras, antes de desaparecer en la luz tenue que provenía del interior de la estancia. Él no movió ni una célula de su cuerpo, permaneciendo en la pose que había quedado después de recibir de lleno la cachetada en su mejilla.
...
Su cabeza daba vueltas, su cuerpo, por el contrario, se sentía dichoso bajo las mantas que lo acunaban cerca del suelo. A su lado, una cabellera rubia y alborotada podía divisarse, tal vez más cerca de lo que hubiera deseado. Su respiración agitada retumbaba en sus oídos, pero él, dormía apaciblemente, como si sus oídos fueran ajenos a las voces y sonidos que retumbaban en el fondo de su mente.
Otra vez había tenido la misma pesadilla. Aquel sueño que lo atormentaba desde años atrás y que nunca había logrado concluir, debido a un despertar repentino y agitado. Sentía su cabeza palpitar como si su corazón estuviera alojado en esa cavidad. Elevó con cuidado de no hacer ningún ruido su mano derecha hasta sus ojos para cubrirlos de la luz punzante que entraba de contrabando por las ranuras de las persianas de la habitación.
Era la primera noche en años que pasaba junto a otra persona. Casi había olvidado lo que se sentía dormir al lado de otro ser humano, más aún de ese ser humano específicamente.
Naruto.
Sabía que si exigía sus neuronas alborotadas un poco más de lo normal, lograría recordar aquellas noches que había pasado junto a él, junto a su equipo: el equipo siete.
Al estar compuesto por tres hombres y una mujer, la división a la hora de descansar solía consistir en dos tiendas, una en la que él dormía junto al jinchuriki, y la otra en la que la pelirrosa dormía en solitario. Su sensei de cabellos grises, por otro lado, solía tomar la guardia nocturna para excusarse y poder alejarse del grupo para leer en soledad sus libros para mayores de edad.
Los años habían transcurrido, y había logrado volver a conciliar el sueño, sin la molesta compañía de su espalda contra la suya, la posición en la que solían acomodarse para comodidad de ambos.
Las noches en la guarida de Orochimaru no eran ni una quinta parte de placenteras de lo que aquellas noches que pasaba en la compañía del que había sido su mejor amigo habían sido.
Naruto siempre había tenido problemas para conciliar el sueño, a pesar de que la mayoría de las veces que le había preguntado lo había negado rotundamente. Sabía que el cuerpo a su lado seguía respirando de la misma manera intranquila que el suyo hacía, cuando ninguno de los dos lograba caer en los brazos de Morfeo, a pesar de que se molestaran en fingir que en verdad ambos estaban durmiendo.
Esa compañía había sido, muy a su pesar, la mejor que había tenido jamás por las noches, y esa noche no había sido diferente.
A pesar de que su mente parecía hacer oídos sordos al cansancio y la necesidad de descanso, su cuerpo había ganado la batalla la noche anterior, y había logrado caer en un profundo sueño más pronto de lo que hubiera esperado.
Lo que realmente le había sorprendido era la manera en la que había despertado después de volver a reproducir en su mente aquella memorable pesadilla que lo había atormentado durante al menos la mitad de las noches de su vida.
Las imágenes eran confusas, y se mezclaban con palabras incoherentes y gritos animales que penetraban su cabeza y le provocaban un fuerte dolor en el cuerpo.
De repente, el paisaje a su alrededor se volvía borroso y las luces y los colores comenzaban a desvanecerse bajo su mirada escarlata. Se llevaba las manos a la cabeza y tiraba fuertemente de sus cabellos negros, que en algún momento de la ilusión se habían transformado hasta lograr un tono blanco como la nieve.
Jalaba y jalaba de ellos, pero el único cambio que podía percibir era que a medida que sus dedos tiraban, el largo del cabello aumentaba, y comenzaba a divisarse una maraña de pelo pajoso y blancuzco a sus pies, sobre la tierra de lo que parecía ser un campo de entrenamiento.
Las voces en su cabeza no paraban, y de un momento a otro, todo se volvía negro. La oscuridad cubría todo a su alrededor. A pesar de que sus ojos se abrían y sus pupilas se movían rápidamente de un lado a otro, no lograba divisar nada. Solo oscuridad.
Y con un grito de su madre como último sonido, sus ojos se abrían y volvía al mundo de los vivos.
Todo había acabado.
Volteó su cuerpo silenciosamente hacia la derecha, pudiendo ahora observar con detenimiento la silueta que descansaba a su lado bajo las mantas. Su pecho subía y bajaba lentamente, a un ritmo envidiable por sus pulmones agitados.
Ahí estaba. La persona de la que había huido durante los últimos años de su vida.
Su mejor amigo.
Cuánto había deseado en el pasado tener el coraje para poder enfrentarlo.
Sabía que todo a su alrededor se caería cuando escuchara sus palabras, cuando volviera a ver aquellos profundos ojos azules.
Pero él no podía enfrentarlo. No podía enfrentarlos.
Ellos eran su debilidad. Su hogar. Su familia.
Las personas que lo habían visto caer, que lo habían visto perder. Las personas que realmente conocían su verdadera forma de ser.
Su boca se abrió levemente de la impresión al ver que aquellos ojos que había observado, cerrados, durante los últimos minutos se abrían con rapidez, dejando en evidencia que su acompañante estaba despierto, probablemente desde mucho antes que él. Maldijo en su interior al percatarse de que ya era demasiado tarde para voltear su mirada y fingir que su atención estaba sobre otro punto de la habitación. Sería demasiado estúpido de su parte.
Su mirada azul se posó sin vergüenza sobre la suya, que había mantenido en el mismo punto desde que sus ojos se habían abierto. Ninguno se atrevió a decir nada, ni se inmutaron al escuchar los pasos de su compañera en el exterior de la estancia, probablemente dirigiéndose al baño para tomar una ducha.
Silencio.
-Sasuke.- Escuchó su nombre ser pronunciado por el rubio por primera vez desde que se habían vuelto a ver. Jamás le había dirigido la palabra desde que habían salido de la torre de la Hokage, ni en el camino que habían recorrido hasta llegar al lugar en donde ahora estaban los tres. Se había limitado a guardar silencio, o a contestar las preguntas casuales que su compañera le hacía de vez en cuando para romper con aquel incómodo silencio, pero había ignorado su presencia desde un principio.
Tal vez sus pensamientos habían sido parecidos, tal vez prefería que esa conversación sucediera en un lugar en donde nadie pudiera interrumpirlos. En la soledad de la noche.
Sin embargo, ninguno de los dos se había atrevido a intercambiar palabra alguna en cuanto se habían acostado largas horas atrás, ni cuando se habían cruzado en la cocina apenas minutos antes de eso.
Ahora era el momento. El momento que, en secreto, ambos habían anhelado durante tantos años.
-Naruto.- Su voz se dejó escuchar casi inaudible en la habitación, rompiendo con la distancia que los había separado durante toda la noche. El rubio no se movió ni un milímetro de su lugar, pero espiritualmente la brecha que los separaba parecía estar desapareciendo.
-No dijiste nada en la noche. Creí que no tenías intenciones de hablarme.- Negó suavemente con la cabeza ante la pregunta del rubio. Empezaba a pensar que lo conocía demasiado como para poder ocultarle nada jamás. Sabía que esos ojos azules podían leerlo de pies a cabeza incluso mejor que un usuario del byakugan.
Ellos eran muy parecidos después de todo.
-Tu tampoco dijiste nada, dobe.- Sintió un escalofrío recorrer su cuerpo bajo las mantas al escuchar de vuelta esa voz llamándolo por ese nombre. Había pasado tanto tiempo que sus oídos casi lo habían olvidado.
Siguió con su mirada los movimientos del cuerpo junto al suyo atentamente. Sus piernas seguían inmóviles bajo las sábanas, a pesar de que, nuevamente, ese cosquilleo molesto se había instalado en la planta de sus pies, rogando que se levantara, que caminara hasta donde estaba ahora el cuerpo de su compañero, parado junto a la única ventana de la habitación que acababa de abrir parcialmente, dejando entrar la brisa fresca del exterior.
-Te hemos fallado, ¿Verdad?- Cerró sus ojos por un segundo al escuchar nuevamente la voz, notablemente más madura del rubio con el que había compartido habitación por la noche. Su cuello se había contracturado de repente y se le hizo extremadamente laborioso exhalar la porción de aire que había quedado atascada en sus pulmones. Jamás hubiera esperado que las primeras palabras de su compañero fueran esas. No de él entre todas las personas. -Tu nunca quisiste volver, esa nunca fue tu intención.-
Nuevamente el silencio se dejó escuchar frío y pesado entre ambos. Se percató de la leve sonrisa que acababa de formarse en los labios del jinchuriki, a tiempo que su boca se abría en una mueca extraña, al intentar formular una respuesta a su afirmación.
-Estas equivocado.- Se incorporó en el lecho con ayuda de sus brazos sin mucho esfuerzo y volteó finalmente su rostro para poder mirar directamente a la cara a la persona que acababa de hablarle.-Yo no dije que no quisiera volver, simplemente no necesitaba que me fueran a buscar.- Alcanzó a escuchar una leve risa escapar de los labios de su ex compañero, mientras su mirada se volvía a perder en las flores del jardín. Casi podía imaginar la silueta de su madre agachada entre los pastizales, regando sus adoradas plantas o arrancando los malos hierbajos con la ayuda de su hermano mayor.
Sus pensamientos fueron interrumpidos de repente por una mano caliente posándose sin cuidado sobre su hombro derecho. Se había agachado en el suelo, quedando su rostro levemente más arriba del suyo, pudiendo apreciar directamente el cuello y parte del pecho descubiertos, notando que el collar que antes había visto colgar en la zona había desaparecido.
-Lo hicimos porque queríamos hacerlo. Era lo mínimo que podíamos hacer por un amigo.- Se estremeció de repente al sentir la presión de su otra mano en su hombro izquierdo. Su agarre era rudo y tal vez demasiado familiar para su gusto. Su mente se trasladó por unos segundos al momento en que el hombre de cabellos plateados lo había tomado de esa manera, la escena era prácticamente la misma, sin embargo sus palabras eran tan diferentes.
Su rostro permaneció implacable y su mirada con la misma intensidad que nunca había perdido.
-Sasuke, tu eres mi mejor amigo, y me niego rotundamente a dejarte solo contra algo que jamás podrás vencer.-
Una media sonrisa se curvó lentamente en su rostro y pudo percibir de repente una mueca similar asomarse en el rostro de su compañero.
-Ni yo ni Sakura-chan, ni Kakashi-sensei quieren que tu vuelvas a Konoha si no es lo que realmente quieres, pero quiero que nos des una oportunidad. Quiero que vuelvas a ser feliz.-
Sintió de repente que sus palabras no eran necesarias, su silencio le decía todo. Su mirada, tan cálida como siempre había sido sobre la suya.
Su cuerpo permaneció inmóvil, su mirada implacable y su mueca se desvaneció de repente de su rostro, al sentir aquellos brazos y cuerpo caliente rodeando la totalidad de su persona.
-No voy a permitir que vuelvas a estar solo.-
Una gota de agua salada resbaló por su espalda, seguida de otra sobre la piel descubierta de sus hombros.
Pero esta vez prefirió guardar silencio. Ya no tenía nada más que decirle, ahora solo debía escuchar el silencio.
-Dobe-
Eso era todo lo que necesitaba.
