Saludos queridos lectores! :D

Lamento la demora! :( la verdad es que cada vez se hace más difícil escribir un nuevo capítulo de la historia, pero supongo que por fin logré superar el desafío de este capítulo.

Es el primer capítulo de la segunda mitad o segunda parte de Lazos, y es un tanto confuso y diferente, pero como tanto les gusta, contiene pov de Sasuke (y también un poco de Sakura) No es tan largo, pero es más largo que en un principio.

Espero de corazón que les guste, la verdad es que últimamente me veía un poco distraída tanto con la escuela como con esta maravillosa saga de libros llamada canción de Hielo y Fuego, de George RR Martin. Dios, ese es un buen escritor!

En fin, espero que les guste el nuevo capítulo! y no se preocupen, jamás me atrevería a abandonar esta historia.

respuestas a los reviews del capítulo 19:

Naberrie: wow muchas gracias! como la brisa suave y calida del atardecer, así es justamente como defino a esta pareja. Me encanta que tengas el mismo punto de vista que yo, y espero que puedas disfrutar de esta historia hasta el final! muchas gracias por tu review!

Denuss: muchas gracias de vuelta! sii, ya estamos en la segunda parte de la historia, y me emociona tener lectoras tan maravillosas como tú. Ustedes son mi orgullo, al igual que la historia, muchas gracias por el apoyo, realmente lo agradezco.
La verdad es que pensé que el cierre de la primera parte debía ser sublime, y me alegra que así haya sido. De hecho, aquí debelo un poco del futuro y te informo que el último capítulo de la historia (falta mucho para eso jaja) va a ser un paralelo a este (el 19, osea Lazos) Se va a llamar Lazos II y va a tener a Sasuke como protagonista! como tanto les gusta jaja. Espero tus opiniones al respecto.
Gracias por seguir nuestro blog! jeje juli recibe siempre tus cariños y te manda otros como respuesta.

MUCHAS GRACIAS POR TODO!

jeje :D

Itzumi: muchas gracias! NO ES EL FINAL! :D la historia continúa aquí como siempre, solo que es la segunda parte de la trama digamos, es una pequeña separación que hice jeje, no te preocupes! gracias por tus palabras, la verdad es que buscaba reflejar vestigios de la verdadera Sakura con la primera persona, y me alegra que haya sido de tu agrado. gracias por tu apoyo, espero que disfrutes del nuevo capítulo!

Kaor23: wow, si, Sasuke riendo, ni yo puedo creerlo JAJA, es increíble lo que lo hemos transformado a pobrecito en toda esta primera parte. Gracias por tu apoyo! espero que te guste la continuación!

DULCECITO311: jaja si! neji sigue vivo!. por dios, gracias por tu review! me pone muy feliz que gente tan maravillosa como ustedes piense así de mi obra, realmente me pone muy feliz, y me llena de orgullo. espero que te guste el capítuoo 20, gracias por tu apoyo!

GIZETLEO: jeje, si, muy emotivo, hasta me hizo llorar a mí mientras lo escribía :')

Bloddy cherry: nuevo pov de Sasuke a la orden! jeje se, lo que les gusta ;)

weriita: jeje gracias por tus aplausos! aquí la continuación para que la disfrutes! :D

Eiribet: muchas gracias! eso es lo que siempre busco, una distinción en mis personajes, para que ustedes puedan difrutarlo!

espero que todos disfruten de la continuación y dejen sus opiniones!


20

Le encantaba mirar el cielo.

En el día el azul celeste de las aguas reflejadas brillaba sobre su cabeza, y las pompas blancas de algodón bailaban y se reían, y a veces lloraban, y el agua que caía le mojaba el cabello y las gotas resbalaban hasta la punta de su nariz.

Le encantaba ver el espectáculo que los pájaros mostraban sobre aquel fondo magnífico de autor anónimo. El verde de la hierba se hinchaba en sus pupilas y el marrón debajo le transmitía serenidad. El agua del mismo color que el cielo se movía lentamente, pero nunca se detenía, al igual que él, tenía una misión que cumplir, y no podía descansar hasta completarla.

Cuando llegaba la noche, ya nada más le importaba, y su atención se dirigía al cielo y a las estrellas.

La luna se mofaba de su grandeza en la lejanía y las estrellas la acompañaban con destellos de pequeñas carcajadas brillantes que se distribuían por el cielo entero.

El sol dormía apacible y expectante, de la misma manera que lo hacían sus compañeros.

Pero ahora no estaba mirando el cielo, estaba seguro de que se trataba de un sueño.

El negro del cielo brillaba como nunca antes lo había hecho, la luna era la gran ausente y no veía la tierra bajo sus pies, de hecho, no podía ver sus pies tampoco. Ni sus manos, ni su rostro en el reflejo de la noche, ni nada que no fuera aquel eterno color negro que lo perseguía en sus ojos y en su pelo.

Pero lo que le había dado la pista de que definitivamente se trataba de un sueño eran las estrellas, si es que así se llamaban en el mundo de los sueños.

El blanco amarillento había sido reemplazado por el verde jade mas puro que jamás había visto, al que recordaba haber visto en algún otro lado.

Anhelaba poder alcanzar con sus brazos inexistentes aquellas bolas verdosas y rodearlas con su cuerpo y formar una bola impenetrable que ni la bestia más despiadada y efectiva de los cuentos de miedo pudiera destruir.

Sus labios temblaban, a pesar de que no podía verlos ni sentirlos, y su cuerpo se había visto repentinamente envuelto en unos brazos de calor invisible que le recordaban al lecho de sus padres.

De repente en cada estrella apareció una estrella blanca detrás, y dentro una negra.

Aparecían lenta y paulatinamente, para que él pudiera ser capaz de contemplar el proceso entero.

Por fuera blanco y por dentro negro, y en el núcleo el verde jade que recordaba haber visto tantas veces.

Que recordaba haber anhelado abrazar con su cuerpo.

Que recordaba le daba el calor que le había dado la cama de sus padres.

Blanco, verde y negro.

Unos hilos negros comenzaron a salir del límite de las esferas blancas, y de repente se percato de que las estrellas eran planas y no tridimensionales como en un principio, pero el negro seguía siendo negro, y seguía siendo infinito.

Blanco, verde y negro.

Los hilos rodeaban el blanco, protegiendo las tres esferas, y de repente se percató del significado de todo.

Los ojos lo miraban y se movían, tenían más vida que él mismo y lo perseguían aunque se moviera.

Nunca dejaron de mirarlo, y el negro seguía siendo negro.

Blanco, verde y negro.

¿Cuánto tiempo más duraría aquella pesadilla que lo atormentaba en la inconsciencia?

Quería gritarle a los ojos que dejaran de mirarlo, pero también se percató de que él estaba mirando, y sería injusto pedir tal cosa.

Blanco, verde y negro.

Negro, los ojos habían desaparecido.

Blanco, la luz que entraba por la ventana lo había cegado por algunos segundos.

Verde, ahora sabía de dónde recordaba aquellos círculos salvajes que lo habían perseguido en su sueño.

.

Veía aquellos ojos fieros como una bestia, rojos como el fuego. La miraban con furia y odio.

Se sentía impotente, de la misma manera que se había sentido tiempo atrás, cuando había recibido las malas noticias.

Largos minutos habían pasado desde que había expresado su súplica en voz alta, y la respuesta parecía perdida en las hojas danzarinas y en el aire.

El silencio lo reinaba todo y su respiración agitada lo interrumpía de vez en cuando, al igual que los latidos de su corazón dolido.

-Se lo pido por favor.-

-Sakura.- La voz de la Hokage era firme y las arrugas en su frente le demostraban que sería difícil moverla de su posición actual. - No puedo acceder a tus pedidos.-

-Ni siquiera puedo creer tener que pedirlo, yo había asumido que...- Retiró con furia la lágrima caliente que había escapado de su ojo derecho y había rodado hasta su mejilla enrojecida.

-No puedo permitirlo.- Su mirada avellana no se separaba de sus ojos verdes y de vez en cuando se dedicaba a examinar las expresiones de su rostro redondo.

-Yo también era parte del equipo siete, y si sus intenciones son volver a reunirlo, entonces yo debería participar también.- La rubia negó con la cabeza a tiempo que se levantaba de su asiento y dejaba escapar un suspiro de entre sus labios pintados.

-Lamento que no estés a la altura, Sakura, no hay nada que pueda hacerme cambiar de opinión.- Algo en su pecho se había destrozado al pronunciar las palabras a su alumna. Le lastimaba el solo mirar la expresión en el rostro de la joven de cabellos rosados. Todas sus palabras eran mentiras, pero lamentaba que fuera el único recurso que podía usar para evitar que Sakura saliera lastimada esta vez.

-¡Yo soy parte del equipo siete!-

-Acabas de ser nombrada miembro de un escuadrón ANBU, sería una deshonra que renunciaras tan pronto.-

-Renuncio.- La rubia negó con la cabeza a tiempo que se volteaba para mirar la aldea que se alzaba a través del gran ventanal de su oficina.

Los marrones amarillos y verdes lo dominaban todo, pero lo que llamaba su atención más que nada de aquel paisaje de verano era el azul del cielo que se alzaba como un manto protector sobre sus cabezas.

Acaso el cielo se había olvidado de cubrir el destino de su alumna con su protección y sus cuidados.

Ella no tenía padres ahora, pero si tenía una maestra, y esa maestra estaba dispuesta a protegerla hasta de sus propios errores y decisiones. Aunque le costara el Lazo que las unía.

-Eso no hará que cambie de opinión, ya puedes retirarte.-

Sakura miró fijamente a la Hokage mientras que sus lágrimas volvían a correr por sus mejillas y su pecho se inflaba de aire gastado. Luego giró sobre sus talones para retirarse, y al llegar a la puerta volvió a enfrentarse a su maestra.

-Escuché los rumores sobre el poder del Mangekyo Sharingan eterno, y también escuché que todavía no saben como controlarlo si se desata.- Tsunade volteó a mirarla, esta vez, mostrando algo más parecido al miedo en su mirada que a la tristeza.

-Ese tampoco es un tema en el que debas involucrarte.- Sus palabras sin sentido ni sentimiento fueron cortadas repentinamente por las de su alumna, que la enfrentaba desde la puerta con su mirada felina y sus hombros erguidos.

-Si encuentro una manera de controlarlo, ¿me dejarás entrar en el equipo?- Su tono era neutral y se había obligado a sí misma a no volver a suplicar, pero sus ojos mostraban algo diferente, y el rastro que las lágrimas habían dejado en su rostro podrían haber convencido hasta al mismísimo demonio.

-Si es así, entonces no habría razón para impedirlo.-

El sonido de la puerta al cerrarse fue lo último que Tsunade Senyu escuchó de su alumna durante los últimos meses, hasta el día en que volvió a su oficina para que le conceda el permiso de visitar a Sasuke Uchiha en su celda.

Y ella no había perdido el tiempo entonces, y tampoco lo hacía ahora.

.

El rojo de los tomates maduros y redondos que Sakura cargaba entre sus brazos se reflejaba en las mejillas igual de redondas y maduras de una niña de poco más de diez años que corría levantando la tierra de las calles para alcanzar a su madre que se alejaba a paso lento a unos diez pasos de distancia.

La niña se había detenido para hablar con Sakura y agradecerle por haber cuidado de su hermana, quien aparentemente había nacido el día anterior en un parto complicado en el que la joven había asistido.

Se preguntó qué era más frecuente para Sakura asistir en el hospital, la vida o la muerte.

Los pies le dolían, pero el dolor era invisible a comparación del dolor que había sufrido en sus días como ninja de la aldea de la hoja y como ninja fugitivo.

Cada misión le había enseñado a soportar el dolor, a ignorarlo, a tomarlo como indicio de que seguía vivo, y el que seguía vivo todavía podía luchar.

Sin embargo, después de escuchar las palabras que el viento le había traído, el dolor se había hecho insoportable, y la alegría había desaparecido de su rostro, llevada por ese mismo viento que había traído las malas noticias.

Había decidido esperar en el banco de cemento más cercano a que su compañera terminara de hacer las compras que necesitaba, antes de que retomaran el camino a casa.

Dos mujeres se habían detenido a hablar bajo la protección de una cortina de lino amarillento que colgaba desde el carromato de un vendedor ambulante. El viento invisible se encargaba de levantar de a poco la escasa tela y le había mostrado por apenas segundos los rostros que se arrebujaban en su protección.

La primera era una mujer de piel morena, menuda y vestida con ropas que no llamaban la atención y que dejaban en evidencia que no era más que una aldeana común y corriente. La segunda era mucho más joven que la primera, tal vez de unos quince años, y vestía con ropas más escasas que la mujer que la acompañaba. Desde donde estaba, a una mísera distancia de unos siete metros, podía ver la curva de sus senos jóvenes bajo la protección de un vestido de tela tan fina como el agua.

Sus ojos azules como el hielo, escudriñaban su presencia de abajo hacia arriba, con una leve expresión de coqueto desprecio en el brillo amatista de sus pupilas.

-Uchiha- Su voz cortaba el murmullo general de las calles atestadas, y lo obligaban, muy a su pesar, a dirigir su atención por completo a la coqueta muchacha que pronunciaba su apellido con sus labios carnosos cargados de burla.

-No debemos preocuparnos por él ahora, oí que la pupila de la quinta lo eliminará en la brevedad.-

-Se harán cargo de él, eso me dijeron.- Su voz era una majestuosa nota de desprecio y burla que opacaba por completo la voz monótona y grave de la mujer que la acompañaba.

Ningún aldeano se detenía a observarla, ningún comerciante, ningún niño o niña, solo él la miraba fijamente con sus eternos ojos negros que amenazaban con salir de sus órbitas en cualquier momento.

-Oí que a los suyos les gusta vestir el color rojo.- La risa que escapo de aquellos labios carnosos casi le produjo un escalofrío, pero se obligó a mantenerse firme como el hielo mientras esperaba a que Sakura se dignara a aparecer para que se fueran de una vez de ese lugar.

-Me gusta el color rojo, pero en la sangre, no en los ojos.- Antes de que pudiera incorporarse para acabar con aquella mujer que había acabado con sus ánimos, una voz diferente se unió a la conversación que escuchaba.

-No te preocupes por eso, haremos algo al respecto.-

-¡Sasuke!- La voz de la pelirrosa lo llamó desde una corta distancia. Sus brazos rebosaban de aquellas bolas perfectas de sangre que tanto le gustaban. Manzanas y tomates.

Se preguntó si así era como lo veían los ciudadanos de Konoha, una bolsa llena de sangre. Solo bastaba con pincharlo para que dejara de ser una amenaza, y manchara la tierra de aquel líquido escarlata que tanto parecía gustarles.

Al llegar a la casa, las sombras comenzaban a ganar terreno en los rincones, a pesar de que aquella brisa cálida de verano todavía los rodeaba y les daba la sensación de que el astro rey todavía los vigilaba desde el cielo.

La cocina permanecía en un silencio absoluto y supo de inmediato que su revoltoso mejor amigo debía encontrarse todavía en alguna reunión del concejo de viejos inútiles de la aldea.

Sakura depositó con cuidado las bolas escarlatas en la mesada, con las que había prometido a Naruto preparar un pastel conmemorativo de su reunión como equipo siete.

Apenas alcanzó a voltear sobre sus talones y a abrir sus labios carnosos para pronunciar una palabra, cuando se encontró con las manos frías de su compañero rodeando su cuello níveo.

-¡Suéltame!- Las sílabas salían estranguladas de su garganta cerrada y sus ojos se habían abierto como dos enormes círculos de tres colores. Blanco, Verde y Negro, igual que en su sueño.

-Dime cuales son los planes de la quinta y te dejaré escapar con vida.- Las lágrimas comenzaron a caer de las estrellas de su sueño y se vio obligado a aflojar su agarre para que la médico pudiera hablar y respirar.

-¡Pensé que confiabas en mí!- Sasuke negó levemente con la cabeza antes de responder, ocultando su descontento bajo los párpados rodeados de espesas pestañas azabache.

-Eso depende de lo que me digas.- Sakura aferró sus manos fuertemente a las de su atacante hasta lograr deshacer el agarre peligroso, para poder llenar sus pulmones de ansiado aire.

-Por favor, escúchame.- Hizo una pausa de unos segundos mientras acompasaba el palpitar raudo de su corazón y su respiración se normalizaba. Sasuke la miraba fijamente, demasiado cerca, demasiado peligroso. Su estómago dio un vuelco antes de que pudiera continuar.- Yo también escuché lo que dijeron, ¿De acuerdo? No pude hacer nada, se supone que debemos comportarnos bien.-

-¿Quiénes eran esas personas?- Sakura tosió levemente antes de poder continuar, y sintió una de las pesadas manos que se había cerrado en torno a su garganta, posarse con suavidad en su hombro derecho.

-Necesito que me lo digas.- Ella asintió con la cabeza y volteó la mirada para ocultar sus mejillas sonrojadas por la falta de aire.

-Eran miembros de un escuadrón ANBU. Mientras que Naruto y yo estemos a cargo no podrán hacerte daño.- Sus palabras intentaban apagar el fuego de su mirada, pero la verdad era que ella también tenía miedo, y esperaba que Sasuke no lo hubiera notado.

-Hablaban de que tú te harías cargo, Sakura, si quieres que siga confiando en ti, espero que expliques sus palabras.- La pelirrosa negó fervientemente con la cabeza y se apretó contra la superficie detrás de su cuerpo. La mirada de Sasuke sobre la suya comenzaba a ser incómoda, y necesitaba un momento para respirar.

-Yo no voy a hacerte daño, pero necesito que confíes en mí hasta mañana.- La mirada de Sasuke se había perdido en la noche a sus espaldas y en la luna que iluminaba todo. Recordaba aquellas estrellas en su cielo nocturno y las veía ahora tan cerca. Intentaba darle un significado a su sueño y a la realidad, pero no podía llegar a una respuesta. -Mañana voy a darte una respuesta concreta.-

El sonido de una de las bolas de fuego rodando sobre la mesada y golpeando el piso de madera con brusquedad lo sacó de sus cavilaciones, y el escarlata que había salpicado la superficie atrajo la atención de ambos por un segundo. Antes de que él le diera una respuesta.

-Mañana.-

El retumbar de los pasos que se alejaban por el piso de madera no lo sacó de sus pensamientos, ni el sonido de la puerta deslizándose al cerrarse, ni la soledad que ahora sentía en esa enorme casa vacía.

Solo la luna llamaba su atención, aquella luna roja que los ojos de su familia le permitían ver.

A diferencia de él, una bola de fuego y sangre que nunca explotaría.