Rastas I.
Ten la apariencia de una flor inocente; pero sé como la serpiente debajo de ella
William Shakespeare
El salón olía a un aroma que ella no supo identificar, era una mezcla entre musgo y algún tipo de flor común, era un aroma que en otra situación la hubiera relajado, en un momento en que no tuviera los penetrantes y lánguidos ojos de esa mujer encima de su persona. En esa ocasión pese al perfume del ambiente y a los tranquilos colores de la habitación, ella no pudo dejar de sentir la pesada tensión que cargaban sus hombros y cuello.
—Relájate, no voy a comerte —dijo la mujer en tono divertido—. Por lo que veo no eres persona que se altere a menudo. Si sigues así, cuando te vayas tendrás un fuerte dolor de cuello. No quisiera que ese chico me culpara por los malestares de su amada.
Kaho dio un respingo al notarse descubierta y asintió con un rubor en las mejillas.
— ¡Pero mírate! Pareces toda una colegiala, ahora veo porque la reencarnación de Clow no se te despega —volvió a decir Yuuko con el mismo tono de burla. La mujer había bebido demasiado sake—. Aunque tú no estás aquí para que yo me ría de tu relación con ese muchacho ¿cierto?
—Nosotros no tenemos ninguna relación —murmuro Kaho sintiendo arder sus pómulos nuevamente. Por suerte, consiguió mantener la compostura —. Yo… eh… quisiera saber qué es exactamente esa poción que me lleve hace días.
La mirada de Yuuko Ichihara adquirió un matiz oscuro y sin pensárselo mucho dio una calada a su alargada pipa roja.
—Creí que sabías los efectos de la poción —dijo la mujer de cabellos negros soltando un hilillo de humo por la boca.
—Conozco los efectos "físicos", pero… siento que hay algo que Eriol no me ha dicho.
— ¿Así que ese es tu deseo? —pregunto Yuuko con aquel misterioso tono de voz —. ¿Saber en qué se ha metido tu compañero?
Kaho no dio respuesta, tan solo agacho la mirada, apenada, sintiéndose una entrometida, ¿desde cuándo seguía los pasos de Eriol tan detenidamente? Había hecho cosas disparatadas antes solo para satisfacer ese morboso sentido del humor que poseía y no había existido problema alguno, ella confiaba en él ciegamente, ¿entonces porqué justo ahora ese sentimiento de miedo la ahogaba? Tenía un mal presentimiento, las cosas no saldrían tan bien como Eriol las pintaba, Kaho lo sabía.
—La poción que te llevaste querida, no es otra sino una de transformación —dijo Yuuko de forma solemne—. Si estas al tanto de la situación, sabrás que le dará a quien la tome aquellos atributos físicos mas característicos de los gatos. Pero hay algo mas… —se apresuro a añadir ante la interesada mirada de su interlocutora—. La poción no solo concede un par de orejas y una cola, sino también la peculiar personalidad de los felinos.
— ¿Personalidad? —pregunto Kaho incrédula, temiendo lo peor.
—Así es. Los gatos son altaneros, territoriales, astutos, desconfiados, incluso juguetones, eso es algo de lo poco que confiere la poción. Sin embargo, si ese chico es igual de soberbio y terco que en su primera vida, entonces es muy probable que no haya tomado precauciones y tenga más de un problema en el futuro.
—Eriol no menciono nada de eso.
—Ah, es porque ni él mismo está seguro de ello, Kaho Mizuki. Cuando llamo preguntando si tenía en mis manos algo que lo convirtiera, no se intereso por saber todos los efectos del brebaje. La poción le daba lo que quería y eso era suficiente para él.
La mujer pelirroja parpadeo, confundida y preocupada, no era común el que Eriol actuara sin tener todo controlado, él no se aventuraba en nada a menos que conociera cada uno de los detalles, a menos que tuviera un plan bien formado donde en la mayoría de los casos incluso sabía el desenlace.
—Eso quiere decir que…
—Dentro de poco Eriol Hiragizawa se convertirá en un minino en todos los aspectos —dijo Yuuko sonriendo. Una sonrisa macabra que le provoco a Kaho un escalofrió.
De repente tuvo la certeza de que las cosas serían diferentes. Ella misma recordaría ese pensamiento tres meses después, cuando Eriol le dedicara una triste sonrisa y con la voz más sincera que le hubiera escuchado jamás, le ofreciera una disculpa.
De repente, consiguió identificar el aroma de aquella flor que inundaba el salón, la tienda de Yuuko Ichihara olía a musgo y a flor de loto.
Ya el sol se encontraba en pleno esplendor cuando Tomoyo caminaba por los pasillos de la preparatoria Seijou.
Ataviada con el uniforme cuidadosamente planchado y con su negra cabellera cayendo cual cortina por su espalda, la muchacha atraía las miradas de unos cuantos chicos, por su peculiar belleza y por esas espantosas ojeras que decoraban a sus ojos amatista, las cuales daban nota de las pocas horas de sueño en los últimos días. No había podido hacer nada, el insomnio término apoderándose de ella las dos noches pasadas, en sus pensamientos rondaba constantemente la imagen de un chico de cabello negro y anteojos. Incluso, en uno de esos pocos ratos en los que conseguía dormir algunos minutos, Tomoyo recordaba haber soñado con gatos. Con gatos y con Hiragizawa.
Agotada de que su mente le diera tantas vueltas al asunto se detuvo un tiempo frente a la puerta de su aula, observo el color azul de esta y el pequeño letrerito que indicaba el salón y el grado que cursaba. Dejo escapar un suspiro resignado y trabajosamente dibujo una sonrisa, de esas que le salen a uno forzadas pero que sacan de un apuro cuando se tiene enfrente a personas despistadas y poco observadoras, como Sakura Kinomoto, como Li Shaoran.
Tomoyo deslizo la puerta corrediza del salón numero tres y de inmediato abrió los ojos como platos ante la escena que se le presentaba.
Un exagerado bullicio se desarrollaba justo en la esquina cercana a su banco, ni siquiera alcanzaba a vislumbrar un poco del asiento debido a la multitud de chicas que formadas en corro, se habían adueñado de todo el espacio, ¿Qué estaba pasando?
— ¡Tomoyo!
La pelinegra giro el rostro al escuchar su nombre. Sakura y Li se dirigían a ella a paso lento, su amiga tenía una expresión de ingenua contrariedad, mientras que el chico parecía fastidiado con los chillidos que se desataban apenas a unos cuantos metros de distancia. Gracias a Shaoran, quien hablaba al móvil de Sakura cada mañana, la chica había dejado de llegar tarde a clases y había dejado de arruinar despertadores, por el contrario, ahora ambos llegaban con bastante tiempo de anticipación y los días transcurrían sin ningún percance. Eso era algo que Tomoyo le agradecía al chino de todo corazón, los años de ver a su amiga entrando al salón a trompicones habían acabado hacía buen rato.
—Buenos días —dijo Tomoyo apenas la pareja se coloco a su lado—. ¿Qué es lo que sucede?
Los jóvenes castaños intercambiaron una mirada y Sakura negó antes de responder.
—Es lo mismo que nos gustaría saber a nosotros. Al parecer se trata de Eriol.
Tomoyo frunció el seño, hastiada, ¿Qué le sucedía a Hiragizawa? Desde días antes que su comportamiento había dado un cambio, si bien no drástico, si lo suficiente como para que ella misma extrañara al antiguo Eriol de sobremanera.
Con serena lentitud se encamino hacia su asiento de madera, a decir verdad no le interesaba el escándalo que estuviera armando su compañero, ya suficiente tenía con verlo en sueños (y en su propia habitación ese sábado) como para que le fastidiara la existencia también en clases. Y es que la chica aun no le perdonaba que hubiera destrozado el yukata para Sakurita.
Se interno en la no tan pequeña masa de féminas (y uno que otro chico de preferencias dudosas) intentando encontrar el lugar que por derecho le correspondía. En el camino consiguió darse cuenta que no solo estaban las chicas de su aula, sino también aquellas de grados mayores y menores. A través de un hueco entre la multitud y por el rabillo del ojo, Tomoyo alcanzo a ver a Eriol, ¿Por qué tanto alboroto? No era otra cosa más que un tipo con cabello extravagante… ¡¿Qué!?
Con la sorpresa maquillando su rostro, Tomoyo dejo el pensamiento de ir tras su asiento, prefiriendo en su lugar abrirse paso entre todas aquellas faldas. A empujones y terribles codazos, al final consiguió un buen lugar en la delantera de la multitud.
Tan grande fue la sorpresa, que su nívea piel adquirió un matiz aun más blanquecino, enfermizo. Y es que no era para menos.
Como Sakura había dicho, el alboroto provenía de aquel sujeto sentado de forma despreocupada. Ese día, Eriol iba vestido tan normal como días anteriores, el uniforme de la preparatoria algo desarreglado, unos botones de la camisa sueltos y sus lustrosos zapatos de vestir negros. Sin embargo, ese día había algo diferente en su amigo, no era el hecho de que no llevara sus finos anteojos, sino que en donde estuvo dos días antes un liso cabello negro con destellos azules, ahora había una mata de rastas cafés que le llegaban a los hombros. Enredadas, sucias y aparentemente duras. ¡Rastas en el elegante de Eriol Hiragizawa!
Tomoyo abrió la boca, los ojos, y un montón de gotas aparecieron en su cabeza.
—…Y así es como se pesca un pez gordo —dijo Eriol, terminando de contar algo que ella no había escuchado desde los inicios.
Todas las chicas a su alrededor rieron a carcajadas exageradas, movían sus pestañas sin parar y alguna que otra sinvergüenza se relamía los labios, haciendo una clara invitación a algo más.
—Hiragizawa-kun, ¿Qué le ha sucedido? —pregunto una rubia que Tomoyo no conocía—. ¿A tu cabello?
Eriol parpadeo un par de veces, casi incrédulo, y entonces una sonrisa divertida se dibujo en su rostro.
— ¡Lo he alquilado! ¿Ustedes saben? Es algo muy común en los hombres hacer esto. Antiguamente los egipcios alquilaban sus cabellos a personas calvas que pretendían cortejar a una bella dama. Como muestra de gratitud por tal generosidad, los dioses regalaban rastas a los prestamistas de cabello…
Y allí estaba de nuevo, Eriol Hiragizawa mintiendo al más puro estilo de Yamazaki.
Todavía en estado de shock, Tomoyo intento alejarse lo antes posible, dando media vuelta y caminando algunos pasos, lástima que no contara con que aun sin lentes, el pelinegro, ahora chico rastas, alcanzaría a distinguirla.
— ¡Tomoyo, no te vayas! —Grito de pronto Eriol, levantándose de su lugar y dándole alcance a la chica— Buenos días —dijo sonriendo una vez que estuvo frente a ella.
La amatista compuso una sonrisa nerviosa, sentía al menos una docena de miradas asesinas clavándose en su espalda. Por lo visto, a la multitud no le había gustado nada que robara la atención de aquel "pulgoso".
— ¿Qué es esa cosa Hiragizawa? —cuestiono Tomoyo en un susurro, observando el peculiar cabello de su compañero. Se notaba alterada—. ¿Qué pretendes?
—Es mi nuevo estilo —dijo Eriol susurrando también. Creía que debía mantener la "confidencialidad".
— ¿Y se puede saber a qué se debe?
—Bueno, de alguna manera tenía que ocultar mis orejitas.
Tomoyo casi soltó un grito. Aun mantenían la charla en susurros.
—Ya. ¿Y es que acaso no pudiste buscarte algo más "llamativo"? —pregunto haciendo comillas en el aire, el sarcasmo se le notaba desde la distancia.
—Le pedí ayuda a Nakuru. Ella dijo que este era el último grito de la moda o algo así. Según sus palabras, "no habría chica que se me resistiera".
Ella lo vio contrariada, y fue entonces cuando sintió algo romperse en su interior, algo que desencadenaría ese enojo que venía cargando desde que lo viera roncando en el piso de su habitación, y es que ¿cómo era posible que se tomara tan a la ligera todo el asunto? Como si ella viera a chicos con complejo de gato todos los días.
—Pero que… ¿¡Acaso te has vuelto loco!? Primero me obligas a aceptar un ridículo trato, luego te apareces de la nada en mi habitación siendo una mala imitación de gato y ahora vienes con… ¡con sucios chorizos pegados en la cabeza!
El grito de Tomoyo dejo en el lugar un espeso silencio, ya no sentía las miradas asesinas y el ruido de costumbre no llegaba a los oídos de nadie, incluso la amatista vio de soslayo a Sakura y a Shaoran, quienes parecían sorprendidos por su extraña reacción.
Un sonrojo se apodero de su cara al instante, y antes de bajar la vista a sus interesantísimos pies, distinguió al profesor de turno, quien seguramente llevaba observando la escena desde sabrá quien cuanto tiempo.
Tomoyo murmuro una maldición que nadie alcanzo a escuchar, gracias a Eriol estaba metida en problemas.
Notas de la autora: Hola, como han estado? disculpen la tardanza con el capitulo, pero al final decidi que las actualizaciones seran los miercoles, asi que dentro de una semana el proximo capitulo sin falta XD
Y bueno... al final vemos que a Tomoyo se le empiezan a complicar las cosas, jajaja.
Muchas, muchas gracias a todas las personitas que se animan a dejarme un review, me hacen muy feliz y me animan a continuar :D Espero que les guste el capitulo. Un abrazo!
