Difusa Relacion.

Recargado en la pared sonreía agradablemente a todo aquel que fuera caminando por el pasillo, aquella era una nueva vivencia para Eriol y la estaba disfrutando bastante. Lastima que la chica a su lado no parecía pasarla igual de lindo.

Ambos llevaban la experiencia del primer castigo de forma muy diferente; mientras Eriol parecía un pequeño niño en un gigante acuario, Tomoyo tenía en su rostro una expresión de pocos amigos. Su seño estaba fruncido, los labios apretados y faltaba poco para que echara fuego por la mirada.

Y es que pese a que los dos habían sido sacados de clase incluso antes de que esta comenzara, los motivos eran diferentes. Tomoyo por su lado seguía reprendiéndose el haber perdido el control de esa manera, era obvio que ningún maestro pasaría por alto un desplante como aquel, y en cuanto al joven Eriol… bueno, bastaba con decir que la escuela no permitía peinados tan "peculiares".

El silencio se había extendido por largos minutos, e incluso en algún momento dejo de ser tenso para volverse indiferente, cada uno de los dos níveos muy concentrados en sus pensamientos como para notar la existencia del otro. No obstante, ya fuera por aburrimiento o simplemente por querer matar el tiempo, Eriol finalmente hablo.

—Luces molesta —dijo en tono curioso —. ¿Algo anda mal?

Tomoyo lo observo una fracción de segundo, parpadeo y después apretó los puños. ¿Cómo podía ser tan cínico?

—Claro que no Hiragizawa, me encanta ganar castigos y perder clases —contesto ella, irónica y alzando las manos de forma exagerada.

—Oh, menos mal, temía que fueras de esas personas.

— ¿Qué personas? —se aventuro a preguntar Tomoyo, no deseaba entablar una charla, si tenía que ser sincera, sus ánimos en esos instantes eran muy inestables, pero por alguna extraña razón se sintió atrapada por la frase de Eriol, era casi como si él la hubiera invitado entre líneas a que preguntara.

—Tú sabes, hay personas que simplemente no consiguen tomarse positivamente algo tan simple como un castigo —dijo como quien no quiere la cosa—. Se la pasan quejando y diciendo cosas como "si no hubiera hecho esto, si hubiera hecho aquello…"

—Es una forma de tener presente tus errores y aprender de ellos.

—Puedes aprender de tus errores, es lo que todos deberíamos hacer —asintió Eriol—. Pero ningún caso tiene cuando se está lamentando de algo que ya no vas a solucionar. Eso no hace más que amargarles la vida a las personas.

Tomoyo quedo muda ante el significado de aquellas palabras, si existía algo que siempre la había impresionado de Hiragizawa era eso, su impecable manera de ocultar bajo una máscara de caballero la desbordante sabiduría y golpes bajos de los que era dueño.

Entonces fue cuando no pudo negar que aunque quizá él no lo supiera (o quizá si), esas frases le habían caído como balde de agua fría. Tomoyo rememoro las veces que terminaba mortificándose por algún mínimo error que cometiera, y era tal su afán en mantenerlo presente, asegurándose de no volver a cometerlo, que al final notaba que había tantas cosas se le iban, tantas cosas a las que no les prestaba atención, que poco a poco la energía y felicidad que alguna vez había tenido fue desvaneciéndose sin dejar un mínimo rastro.

—Tengo hambre —dijo Eriol de pronto, sacándola de sus pensamientos, arruinando el momento. Ese… ese tonto—. Vayamos a comer.

—Olvídalo, la clase está por terminar y no quiero perder la que sigue.

Eriol se encogió de hombros, dejo su lado de la pared y comenzó a caminar por el largo pasillo como si nada. Tomoyo le dirigió una última mirada. Las ridículas y largas rastas se balanceaban de un lado a otro a cada paso que daba, y fue entonces cuando la pelinegra se percato del extraño bulto que era cubierto por el saco del uniforme en la espalda de su compañero. A punto estaba de preguntarse qué diantres era aquello cuando Tomoyo escucho un chistoso fuu fuu y una gigantesca gota apareció en su cabeza… ¡Eriol había escondido esa cola de gato debajo del saco!

Por su parte el chico caminaba despreocupado, afortunadamente todo el alumnado se encontraba en clase y no había persona que pudiera observarle como si de un fenómeno se tratara. No obstante Eriol debía admitir que estaba sorprendido, en un principio llego a creer que esas cosas en su cabeza causarían una terrible burla y arruinarían por completo su reputación, pero cuál fue su asombro cuando sus compañeros de clase (especialmente las chicas) lo recibieron con actitudes nada esperadas. Desde admiración hasta lujuria alcanzo a distinguir el ingles en los ojos de todos. No podía evitar sentir que las reacciones impredecibles de los adolescentes continuaban maravillándolo.

Una vez que se encontró al pie de un inmenso árbol, contrario a sus deseos de saciar el apetito, Eriol pensó en Tomoyo y una sonrisa de burla apareció en sus finos labios. A decir verdad no sabía a ciencia cierta qué esperaba de ese curioso nuevo experimento, pero de que le encantaban las peculiares reacciones de la joven Daidouji no había duda, y es que al final la amatista resulto ser tan diferente de lo que él creía. Cinco años conviviendo con ella y justo ahora se daba cuenta que no la conocía en absoluto, y justo ahora notaba lo borrosa que era su relación. ¿Cómo decirlo? Hasta hace tres días se dirigían por sus apellidos (¡ella lo seguía haciendo!), y si bien era cierto que intercambiaban pequeños diálogos, Eriol no se atrevería a llamarla "amiga". ¿Amiga de su amiga tal vez? Pensó el níveo al recordar a la pequeña Sakura con quien en verdad tenía una relación amistosa o "segundo padre-hija", como la castaña decía a veces.

Todavía con esa cuestión rondándole la mente, Eriol opto por recostarse y disfrutar de la sombra que daba el único árbol de cerezo que tenía la preparatoria. Desde luego que no lo pretendía, ni siquiera lo había considerado, pero entre el fresco aire de temporada y el silencio que traía consigo el que todos estuvieran en clase, sus azules ojos fueron cerrándose poco a poco, sumergiéndole en un rico sueño de esos que le suceden a uno solo cuando sabe que no debe dormirse; y sin darse apenas cuenta, Eriol cayo profundamente dormido.

Y por tratarse de esos deliciosos sueños tan poco comunes fue por lo que el pelinegro se permitió maldecir cuando, sabrá quien cuanto tiempo después, recibió la zarandeada de su vida, que no solo lo despertó al instante, sino que él podría jurar, también le movió un par de órganos de lugar.

—Pareces un vago, ¿desde cuándo se te da por saltarte las clases?

Eriol observo a Shaoran con cara de pocos amigos, algún día se las pagaría por sacarlo de aquel bonito sueño.

— ¿Qué clases? ¿Tengo que recordarte que el maestro de matemáticas me boto por mi nueva imagen? —dijo sarcástico mientras se ponía de pie.

—Eso fue hace tres horas Hiragizawa, ya estamos en receso —dijo el castaño con una sonrisa de burla ante la cara de horror que componía el ingles, ¿tanto había dormido?

—Diablos…

—Bueno, pero no vine hasta aquí para escuchar cómo te quejas por haber perdido media jornada de clases —comento Shaoran haciendo un gesto con la mano, restándole importancia—. Vine porque quiero que me expliques qué demonios ha sido todo el alboroto de esta mañana.

Eriol murmuraba cosas inentendibles mientras pensaba si sería una buena opción sobornar a los maestros para recuperar las clases cuando escucho las palabras de su amigo (porque sí, aunque se trataran de apellidos, a Shaoran si podía considerarlo un "amigo").

— ¿Qué has dicho?

—No te hagas el idiota, ¿a qué viene esa ridiculez que traes en la cabeza?

—Vamos Li, ¿es muy difícil creer que tan solo quiero un cambio de imagen?

— ¡Claro! Tu arriesgándote a dejar la pinta de niño pijo para convertirte en un hippie —exclamo Shaoran rodando los ojos—. Ya Tomoyo nos ha contado todo a Sakura y a mí. Me sorprendes, ¿no encontraste una mejor manera de ocultar tu nuevo juguete?

—Bah, no es asunto tuyo —dijo Eriol frunciendo el seño. Él hubiera preferido que nadie se enterara.

—Tan solo quería advertirte algo Hiragizawa. Sea lo que sea que tengas en mente, será mejor que no involucres a Tomoyo, ella no tiene porque ser parte de esas ideas chifladas tuyas.

El pelinegro se mantuvo serio apenas un segundo y luego lanzo una sonora carcajada. Era una risa que no expresaba ni una pizca de gracia.

—Así que al final de tanto convivir con los Kinomoto acabaste por copiarle la actitud celosa a Touya —dijo mordaz, con una sonrisa ladeada.

—Tan solo es una advertencia —respondió Shaoran frunciendo el seño por igual—. Tomoyo es mi amiga y también lo es de Sakura, así que mantente alejado de ella, no creo que quieras regresar a las peleas de cuando niños ¿o sí? Porque puedo asegurarte que esta vez no serán tan inocentes.

Li Shaoran le dedico una última mirada y al poco rato dio media vuelta, regresando por donde había venido con ese porte amenazante y autoritario que siempre le había caracterizado.

Eriol sonrió, consideraba a Li un gran amigo por una sencilla razón: era malditamente sincero.

Las clases terminaron poco después de las tres en punto de la tarde sin ningún nuevo percance. Se le había pegado a Tomoyo como una lapa el resto del día y había ignorado las miradas asesinas de Li y a todas las chicas que se acercaban a menos de un metro de distancia. Recordó con diversión y un poco de pena aquello que tuvo que soportar la pobre chica, y aunque no era mucha variedad, debía ser una gran hazaña resistir a los maestros pesados, la declarada de guerra por parte de sus ahora "admiradoras" y los vanos intentos de Shaoran por tratar de alejarlos, que iban desde una simple charla hasta arrastrarla a la fuerza a otros lugares.

Si, las clases habían terminado sin ningún nuevo percance para él.

Eriol, como buena lapa que era, se había ofrecido a acompañar a la chica a su casa, y ella fastidiada como estaba, había aceptado sin rechistar. Por eso ahora se encontraban caminando tranquilamente por el ya antiguo Parque Pingüino, uno luciendo una derrochadora sonrisa, la otra con la cabeza baja y con un dolor terrible en la misma. Había sido un mal día para Tomoyo.

El ingles estaba a punto de volver al tema de cuál era exactamente su relación con la tensa muchacha a su lado, cuando de pronto vio un cartel en color amarillo en uno de aquellos "pizarrones" donde las compañías locales anunciaban sus productos o servicios.

Casi echo a correr hacia allí.

Tomoyo abandono la pose miserable, y llena de sorpresa dio alcance al chico que justo terminaba de leer alguno de la multitud de carteles y una sonrisa aun mas grande se le dibujaba en el rostro.

— ¡Esto es precisamente lo que tú necesitas! —dijo Eriol señalando con el dedo índice el cartel que había leído.

La amatista dirigió la vista hacia donde la mano masculina y le dio un vistazo al llamativo anuncio.

Con motivo de nuestro 60 aniversario la industria de moda Hasu* lo invita a participar en nuestro concurso conmemorativo de diseño de modas. Los interesados participaran con tres estilos libres que serán exhibidos por modelos de la compañía. El ganador recibirá un premio en efectivo y nuestra nueva línea de ropa primavera-verano.

— ¿Y bien? Es una gran idea ¿no? —Dijo Eriol apenas Tomoyo acabo de leer— ¿Qué dices?

—Que estás loco —dijo ella de vuelta, negando con la cabeza y reanudando su camino a casa.

El pelinegro alzo la ceja derecha y fue detrás de ella, ¿Dónde estaba esa emoción que espero ver en la chica?

— ¿No te interesa participar?

—Por supuesto que no —respondió Tomoyo sin voltear a verlo—. Se trata de una gran compañía, seguramente participaran casi profesionales. No tengo probabilidades de ganar.

— ¿Ganar? ¿Quién hablo de ganar? —Eriol se posiciono enfrente de ella, bloqueándole el paso—. Tan solo haces tu mejor esfuerzo y te diviertes. Es todo.

—Se trata de un concurso Hiragizawa, el que participa busca ganar.

—Y por no divertirse es que no consiguen el éxito —sonrió el chico y la amatista supo no había vuelta atrás.

Ese día Tomoyo llego a casa treinta minutos después de lo acostumbrado, con la tarea de idear tres magníficos diseños para un próximo concurso. Eriol por su parte únicamente cayó en la cuenta de que estaba más que dispuesto a convertirse en amigo de su compañera de clases. Estaba dispuesto a conocer a Tomoyo Daidouji.


*Hasu: Loto


Notas de la autora: Al ser pasadas las 12 de la noche tecnicamente ya es jueves, pero supongamos que aun es miercoles y yo me disculpo por el retraso. Estuve enferma y entre una y otra cosa apenas si tenia fuerzas para comer, pero luego de dos semanas traigo otro capitulo del fic deseando en verdad que les guste, prometo mañana responder los reviews tan lindos que me han dejado, como todo escritor de fanfics son mi animo. En fin, espero que me dejen sus opiniones sobre el capitulo, no se ustedes, pero yo adore la faceta de "hermano celoso" de Shaoran XD Un saludo y un beso! que tengan bonita noche :)