Disclaimer: Los personajes de Sakura Card Captor pertenecen a sus debidas creadoras (CLAMP), unicamente fueron tomados prestados para la siguiente historia por la dueña de la misma (Mysombre).
Un nuevo inquilino, un nuevo problema.
Los malentendidos suelen ser el origen de los peores problemas.
Anónimo.
—Uno pensaría que ha perdido la cabeza —murmuro desinteresadamente mientras pasaba la pagina de un grueso libro.
— ¡Uno pensaría que se le han zafado los pocos tornillos que aún le quedaban! —repuso ella haciendo aspavientos con las manos.
Nakuru y Spinel observaban a su creador ir y venir de un lado a otro, cogiendo cosas de aquí y de allá para terminar lanzándolas a una gigante valija de color azul oscuro que estaba encima de una gran cama. Con una sonrisa el susodicho tarareaba una tonta canción que se le había pegado un día antes.
La chica tenía una mueca de desesperación en la cara y Spinel por su lado tan solo creía que el comportamiento de su amo era muy imprudente. La pequeña criatura continuaba escéptica ante los nuevos "atributos" de la reencarnación de Clow, no podía evitar pensar que aquello había sido lo más loco que se le ocurría a Eriol.
Spinel observo de reojo al joven de cabello negro, había pasado una semana desde que llego a la mansión aquella noche, con dos orejas y una cola de más. Las cosas se habían complicado con Nakuru, quien apenas verlo soltó un espantoso grito de histeria, haciendo buenas y estúpidas preguntas, regañando a Eriol como si aun fuera el niño de antes.
Si le preguntaran, el Guardián diría que nunca había visto así a su compañera, siendo ella tan animada, despreocupada e irresponsable, era incluso difícil de imaginar que tuviera una reacción como esa. En cuanto a él… mentiría si dijera que la travesura de su amo no lo había sorprendido y alterado un poco, pero con todo y todo, ese día (y los otros seis que le siguieron) Eriol llevaba en el rostro una sonrisa resplandeciente que Spinel no le había visto en años, una sonrisa traviesa y sincera que ni siquiera tenía cuando pasaba tiempo con su amada Kaho Mizuki. Y aunque tachara toda esa idea de poco más que locura, si el joven Eriol estaba feliz, Spinel no tenía ningún problema.
—Ya se los he dicho, solo es temporal.
— ¿En verdad te han aceptado en esa casa, Eriol? —pregunto Nakuru alzando la ceja derecha.
—Pues… no del todo. A decir verdad Tomoyo no sabe que a partir de hoy seré su invitado, pero es crucial para ganar el trato, mi querida Nakuru.
—Eriol, ¿Qué conseguirá usted si gana ese trato con complejo de apuesta? —dijo el pequeño Spinel pasando una nueva página del libro, haciendo su cuestión intencionalmente, después de todo tanto tiempo conviviendo con Eriol Hiragizawa tenía como recompensa aprender de sus mañas.
El níveo detuvo su paseo y le mando una mirada extraña a Spinel, sonrió de forma ladeada y entonces hablo.
—Algo muy importante Spinel —fueron sus únicas palabras y continuo haciendo el equipaje como si nada, tarareando esa peculiar canción que estaba sacando de quicio a Nakuru.
Tal vez una hora y media más tarde Eriol ya estaba tocando el timbre de la mansión Daidouji. Siempre había admirado ese increíble monumento arquitectónico, muy diferente a su hogar, mas modernista, más colorido, inclusive lucía más "fresco".
En esta ocasión, diferente a los días anteriores, había decidido presumir su nueva condición de felino, llevaba sus orejas y la cola café al descubierto y para su sorpresa, las personas no le prestaron la mas mínima atención, posiblemente creían que era uno más de esos frikis que deambulaban por Japón. Suspiro, había que ver que desinteresada era la sociedad hoy en día, creen haberlo visto todo cuando en realidad no han visto absolutamente nada.
—Buenos días, Mansión Daidouji, ¿qué se le ofrece? —la vocecita que salió del parlante lo sobresalto un poco y solo alcanzo a balbucear algunas palabras antes de contestar correctamente.
—Eh… Eriol Hiragizawa, soy compañero de la señorita Daidouji, yo… he venido a estudiar con ella —dijo la primera mentira "creíble" que paso por su cabeza.
Curiosamente la inmensa reja negra fue corrida y un Adelante, puede pasar, se escucho desde el parlante, dejándole el camino libre a Eriol.
La casa Daidouji no había sufrido muchos cambios en los últimos años, quizá unos cuantos rosales que antes no estaban, unas estatuas de animales imponentes de hace varios meses y por último la piedra decorativa que le daba al caminillo principal una vista más llamativa, fuera de eso, todo seguía igual de intacto.
Anduvo lentamente hasta la entrada de la mansión y una vez allí le abrieron la puerta de caoba al instante. Una mujer con uniforme de mayordomo le dedico una amable sonrisa y sin mediar palabra le permitió pasar al interior.
—La señorita Daidouji se encuentra en su habitación, sígame por favor —dijo una chica del servicio que se encontraba al pie de la escalera, tenía el cabello caramelo y unos ojos color ámbar. Eriol pensó que sería simpática si solo no le lanzara miraditas picaras. De hecho, conforme subían las escaleras, caminaban por diferentes pasillos y se topaban con algunas mujeres del personal, el ingles no pudo dejar de creer que todas eran lindas, lindas y bastante molestas, lanzando chillidos, suspiros y susurros nerviosos cuando pasaba a su lado.
El diseño interno de la mansión Daidouji era sencillamente igual, de paredes color crema y una cenefa decorada al ras del techo, que Eriol no noto cuando se acercaron a una puerta de madera oscura hasta que la muchacha dejo de caminar y se coloco frente suyo.
—Hemos llegado, si se le ofrece algo no dude en hablarme, mi nombre es Sora —menciono al tiempo que sonreía, en un patético intento de parecer seductora, Eriol sintió un poco de lastima.
Una vez se encontró solo en aquel pasillo, el joven experimento una extraña sensación de nerviosismo, dirigió la vista a la valija que cargaba en la mano derecha, esa que desde que dejo su hogar había llevado consigo, y por fin se pregunto qué diablos estaba haciendo, a qué estaba jugando y qué es lo que realmente pretendía.
Para su mala fortuna no encontró ninguna respuesta y contrario a lo que creía, no regreso los pasos ni se apresuro a analizar la situación, simplemente… simplemente tomo el pomo de la puerta y entro a la habitación que había usurpado una semana antes, Eriol volvía a actuar impulsivamente, como venía haciendo todos esos días atrás.
Una vez dentro, lo primero que llego a sus ojos fueron unas largas y bonitas piernas femeninas, no es que fuera un pervertido, claro que no, todo era culpa de esa chica a la que venía haciéndole la vida imposible últimamente, y es que Tomoyo se encontraba arriba de una escalera, muy arriba, intentando al parecer, cambiar la bombilla del techo de su habitación en vano.
Curioso, Eriol abrió la boca para proferir una palabra, una frase quizá, pero alguien se le adelanto, dejando la intención morir en la garganta.
—Buenos días Hiragizawa, ¿A qué se debe tu visita? ¿Se te ofrece algo? —Dijo Tomoyo sin despegar la vista y la atención de su trabajo—. Por cierto, debiste pensar en una mejor excusa, tienes suerte de que mi personal se haya creído eso de que vienes a "estudiar".
—Buenos días linda Tomoyo —saludo Eriol con una sonrisa, alcanzando a vislumbrar un ligero, casi imperceptible sonrojo en las pálidas mejillas de la chica al escuchar el mote.
La pelinegra negó y con cuidado bajo uno a uno los peldaños de la escalera, fue apenas cuando Eriol consiguió apreciar su atuendo.
Vestía unos shorts en color verde y una ligera blusa de mangas cortas de tinte rosado, su cabello azabache lo llevaba atado con listón verde en una alta coleta y los tenis deportivos le conferían un poco mas de estatura. Como de costumbre la muchacha no llevaba una pizca de maquillaje, no lo necesitaba de todos modos, Tomoyo era bonita por naturaleza.
— ¿Por qué estás aquí Hiragizawa? —volvió a preguntar, esta vez encarándolo. Curiosamente se veía bastante tranquila.
—Bueno, por nada en particular —dijo Eriol encogiéndose de hombros mientras se internaba en la habitación sin permiso alguno—. Simplemente quería visitarte de manera "formal" —agrego casualmente, recordándole a Tomoyo el fatídico momento de hacía seis días, cuando lo había encontrado invadiendo su habitación con todo y ronquidos incluidos.
—Escucha Hiragizawa…
—Permíteme ayudarte a cambiar esa bombilla —repuso interrumpiéndola y arrebatándole rápidamente el artefacto de las manos. Tomoyo no pudo siquiera proferir un ruido de desacuerdo.
Eriol subió con cuidado la escalera y con aquella facilidad de la que claramente carecía la amatista, cambio la luz en apenas cinco minutos.
Una sonrisa altanera se adueño de su rostro y entonces se atrevió a alzar la vieja bombilla, presumiéndola como un trofeo ante la mueca disgustada de la chica, que desde la seguridad del piso, fruncía el seño y colocaba sus manos en las caderas.
—Ya baja de allí —dijo Tomoyo en un tono seco.
—En seguida. Pero quisiera recordarte que lo único que pide un caballero por sus humildes atenciones es un simple agradecimiento —contesto Eriol con el mismo tono presuntuoso. Realmente no le interesaba que le diera las gracias, lo único que él quería era fastidiar a la pelinegra… y vaya si lo consiguió.
—Ni lo sueñes, yo no pedí tu ayuda Hiragizawa —alego ella, cerrando los ojos—. Y hablando de caballeros, sería muy cortes de tu parte que dejaras de aparecerte de la nada, no puedes simplemente venir e invadir mi casa y mi habitación.
El chico de ojos color zafiro permaneció en silencio unos segundos y luego le regalo a Tomoyo una gigantesca sonrisa que ella nunca vio, tan ingenua como era, le acababa de facilitar su cometido en sobremanera.
—Oh, pero no tienes que preocuparte más por eso, Tomoyo-san —dijo Eriol—, ya que a partir de hoy oficialmente vengo a vivir contigo.
Y la joven Daidouji no pudo siquiera abrir sus orbes amatista cuando ya estaba tropezando de la impresión y cayendo de bruces contra la escalera, donde Eriol, aun arriba, también se llevaba un susto de muerte.
Aquellos que observaran la escena posiblemente terminarían soltando estruendosas carcajadas, algunos se preocuparían por el bienestar de los protagonistas y otros tantos se preguntarían por los estragos que habrían pasado aquella vieja bombilla y la pobre escalera. Pues bien, aclarando las últimas dos preguntas, en pocas palabras podríamos decir que la bombilla había quedado hecha añicos regada por alguna parte del piso, la escalera se encontraba tirada igualmente y en cuanto a Eriol y Tomoyo… con un poco de suerte no tendrían más que moretones y uno que otro rasguño.
Ahora bien, lo curioso y realmente importante de la situación, era la forma en que esos dos habían terminado en el suelo. Sentada, Tomoyo tenía las piernas ligeramente flexionadas y los pies bien aferrados al piso, su enojo era visible no por alguna expresión, sino por las docenas de venitas que poblaban su cabeza y frente. Estaba molesta por el golpe, por las estúpidas palabras del ingles y por como el muy descarado seguía sentado encima de ella ¡lamiéndose la mano derecha de lo más tranquilo!
Parecía… ¡parecía un maldito gato abusivo!
— ¡Quítate de encima Hiragizawa! —Grito Tomoyo desde su posición inferior—. ¡Quítate ya!
Eriol tan solo se reacomodo un poco en las piernas de la chica y girando la cabeza, compuso un puchero digno del mas bebe de los bebes.
— ¡Me he hecho un rasguño Tomoyo-san! —Lloriqueo un poco al tiempo que le mostraba la mano que se había estado lamiendo—. Se buena y cúrame.
Y ante la cercanía y esa carita cautivadora, la amatista sintió su cara enrojecer, ¿Qué diablos le pasaba a ese chico?
—Yo… yo… eh… —sus intentos por formar palabras coherentes se fueron al traste, y los pocos balbuceos que consiguió decir también murieron cuando se percato de que Eriol comenzaba a rosarle la mejilla y parte del cuello con sus orejas, con su nariz y con su propia mejilla…
¡Maldita la hora en que se había metido en eso! Tomoyo se tenso de inmediato y fueron más de un intento los que llevo a cabo para tratar de apartarse de Hiragizawa, pero simplemente era caso perdido, ella no contaba con la fuerza necesaria para moverlo siquiera un poco.
Y fue cuando unos ronroneos le llegaron al oído que también se dio cuenta de la vocecilla de Sora al otro lado de la puerta, dándole paso a la habitación a alguien que ella no esperaba. Ya era seguro, ahorcaría a ese sujeto una vez saliera de esa vergonzosa situación.
— ¡Tomoyo! ¿Estás aquí? Sé que es bastante inesperado pero…
Unos expresivos y grandes ojos inspeccionaron en segundos la imagen; un desastre, Tomoyo, un chico sentado sobre ella, haciendo sabe qué cosa en su cuello, los dos en el piso…
— ¿¡Pero que estás haciendo!?
La amatista podría jurar, sin temor a equivocarse, que el grito se había escuchado alrededor de toda la mansión y ya todo el personal de servicio corría a buscar la fuente del escándalo. Las cosas estaban increíbles, bastante increíbles.
Al final, Tomoyo quedo roja como un tomate maduro, Eriol no se había dado por enterado de lo que estaba causando y Sora, la chica de cabello caramelo y ojos ámbar tan solo suspiro decepcionada, el apuesto gatito tenía un algo con la señorita Daidouji.
Sera para la próxima, pensó la muchacha al tiempo que daba media vuelta y regresaba al trabajo, resignada.
Notas de la autora: Al fin consegui subir el capitulo! :'D La verdad es algo frustrante tenerlo desde el miercoles y que Fanfiction simplemente no me dejara subirlo, estuve enojada toda la tarde del meircoles XD
Pero lo importante es que aquí esta ya :D Y bueno, que decir sobre el capitulo? Es el primer encuentro entre nuestra parejita! pero me gustaria aclarar algo, Eriol no gusta de Tomoyo (todavia) pero ya que la pocion esta causando estragos en él debe pedir las cosas de la misma forma que los gatos no? o al menos eso hace mi gato cuando quiere algo XD
En fin, no quiero extenderme mucho, tan solo como siempre unas infinitas gracias por sus reviews, que prometo responder mañana sin falta. Si mi karma es bondadoso, nos leeremos el miercoles :D Saludos y abrazos!
