Saludos queridos lectores! Les traigo la continuación, totalmente inesperada y con poca distancia de la última, espero sus felicitaciones por esto jaja.

La verdad es que la historia está en su punto máximo. Es el capítulo que todos han estado esperando y me encanta como ha resultado!

espero que les guste!

respuestas a los comentarios:

Denuss: muchas gracias por tu comentario! lamento no tener el tiempo suficiente para contestar tu comentario pero en resumen: sí, Sasuke está fumado y nadie sabe como reaccionará ante nada, por supuesto que Naruto es mi Hokage predilecto, Sakura está hermosa y poderosa como nunca antes la había imaginado jeje. Por otro lado, con respecto a la historia si! finalmente surge el sasusaku, sobre todo en este capítulo que estás a punto de leer... no quiero decir mas nada pero ! estoy emocionada. jeje SALUDOS! nos leemos pronto :D

Kaor23: Ciertamente la acción fue poca en el capítulo anterior, pero aquí esta el resto! muchas gracias por tu comentario, espero que te guste la continuación!

DULCECITO311: muchas gracias por tu apoyo! espero que te guste el próximo capítulo!


24

-Amaterasu.-

-¡Sasuke!- El grito de Sakura cruzó la barrera de aire y tierra que la separaba de su compañero de equipo, pero este la ignoró por completo, manteniendo su mirada pegada en los rostros de sus enemigos.
Las lágrimas escarlata corrían por su mejilla derecha con una densidad espesa escalofriante.

-Rápido.- La palabra escapó de sus labios casi de manera autónoma y la expresión de preocupación que antes ocupaba su rostro se reemplazó por la nada misma. Sus labios permanecían sellados, y la arruga que antes surcaba su frente y le daba un aire amenazador había desaparecido.

A varios metros de distancia la lucha cuerpo a cuerpo que Sakura había mantenido desde el inicio con quien se había declarado como su adversario continuaba, mostrando signos de que se prolongaría por largos minutos antes de que existiera un vencedor.

Sus cabellos rosados se habían empapado de sudor, al igual que su frente y mejillas que brillaban con el brillo del cansancio. El calor de las llamas parecía nacer de su interior, y su corazón no había dejado el ritmo acelerado que había adoptado desde que su enemigo se había mostrado a espaldas del sol que ya había desaparecido.

Sus ojos verdes esquivaban los de su adversario e intentaban buscar entre el polvo y el fuego los ojos rojos de quien ahora era su compañero.

Había esquivado el último golpe con un salto felino y preparaba chakra en su puño para su próximo ataque, con el que intentaría terminar el jaleo que comenzaba a arderle en la base de los pies.

Sin embargo, justo antes de que su puño se estrellara en su objetivo, un grito desgarrador la desconecto del espacio por completo, provocando que girara su cabeza en aquella dirección como acto reflejo y se distrajera por un maldito segundo de su objetivo.

El segundo enemigo había caído a manos de Sasuke, pero esta vez, la imagen era realmente aterradora.

El cuerpo de quien había sido un reconocido y poderoso ninja de la aldea de la hoja ardía en las llamas danzantes de un negro azabache que jamás en su vida había visto con tanta claridad.
El negro lo rodeaba todo, y hacía que el resto desapareciera en su manto de destrucción.

Su expresión se transformó al sentir el cuerpo de su adversario apretando fuertemente el suyo contra el suelo, y solo la sensación del metal helado del arma contra su cuello logró sacarla del transe en el que aquellas llamas negras la habían atrapado.

-¡Sasuke!- Esta vez el grito fue escuchado por su compañero, y casi se sintió morir al percibir su mirada escarlata clavarse directamente sobre sus ojos verdes.

Empujó con todas sus fuerzas para librarse del ataque, pero el ninja que la había atacado se las había arreglado para desarmarla por completo y aprisionar ambos brazos en su espalda de manera dolorosa.

-¡Sakura!- El grito de su compañero provocó que la sensación de terror volviera a apoderarse de su ser, y concentró todas sus fuerzas en deshacerse del agarre que la mantenía arrodillada en la tierra seca que manchaba sus brazos y sus mejillas.

-Estoy bien- Su voz no sonaba para nada convincente, pero de repente recordó que debía concentrarse, volviendo a tomar el poder inimaginable que la pequeña figura que había aparecido sobre su frente le otorgaba. -Lo tengo bajo control.- Sus palabras sonaron más frías que antes y su expresión había cambiado de terror a concentración absoluta en apenas segundos. Sus ojos permanecieron cerrados por cortos segundos, durante los cuales se pudo escuchar el último grito de agonía de la víctima que sucumbía bajo el poder de las llamas infernales.

Cuando los volvió a abrir, el verde ya no era verde, y el salvaje color del bosque espeso de la hoja tomó su lugar, afilando su mirada enmarcada por un grueso marco de pestañas caprichosas.

Con un golpe certero de su puño derecho logró librarse del agarre, y con una patada doble de ambas piernas logró derribar a su adversario.- Todo bajo control.- El cuerpo de quien había sido su aliado en la guerra de años atrás se mantuvo inmóvil en el piso. Su mirada no se despegó ni por un segundo de la figura oscura que observaba a ambos delante de aquel aro de fuego que él mismo había creado.
El miedo se palpaba en sus ojos marrones que se habían descubierto después de que la máscara que los escondía hubiera salido volando por el ataque de la ninja médico.

-Eso es todo, espero que puedan advertirles a los otros escuadrones lo que les ocurrirá si vuelven a entrometerse.- La voz de Sakura había ganado un peso diferente y la expresión de total frialdad de su rostro solo lograba que ese peso aumentara.

-No.- La voz de Sasuke a sus espaldas le provocó un escalofrío a las tres personas restantes que se mantenían con vida en el improvisado campo de batalla. Sakura y los dos enemigos restantes sintieron como algo se removía en su interior y la primera se apresuró a negar con la cabeza, a pesar de que sus labios se negaban a abrirse.- Acabaremos con ellos, todos ellos.-

El hombre que sucumbía bajo el poder de la mirada verdosa de la pelirrosa se apresuró a sacar un kunai de su chaleco, pero antes de que Sakura pudiera detenerlo, había logrado clavarse el acero justo debajo de sus costillas.
Había acabado con su vida, prefiriendo morir en sus propias manos antes que sucumbir al poder de aquella mirada escarlata que reflejaba el odio y la ira auténtica de la que nunca antes había sido testigo en el campo de batalla.

El líquido vital corría por el suelo de una manera que hacía que a Sakura se le pusieran los pelos de punta.

-Sasuke, no. Eso es todo, ya ganamos, no necesitamos...- Pero mientras hablaba, y mientras aquella mirada amenazadora se relajaba en el mar de sus ojos verdosos, el único enemigo en pie se había alejado del cuerpo sin vida de quien había sido su mejor amigo, y retirando el sudor y la suciedad de su rostro se había preparado para el próximo ataque.

-Uchiha.- Su atención fue ganada de inmediato, con el pronunciar de la primera sílaba de su apellido. El desprecio en la voz de su adversario era palpable por ambos, lo que había provocado que la ira del aludido aumentara considerablemente.- Cuando me enviaron en esta misión me dijeron que tu defensa no tenía ninguna debilidad.- Sus pasos se dirigían con lento sigilo hacia la figura de la ninja médico, a una distancia considerable de donde Sasuke Uchiha se encontraba.

Desde donde estaba podía definir el resultado de la pelea, con un solo movimiento podía lograr que la suerte estuviera de su lado, y el solo pensarlo provocó que una carcajada espeluznante escapara de sus labios partidos. -Sin embargo, ahora se que tu defensa no es completamente impenetrable, y que existe una debilidad con la que lograré detenerte.-

De inmediato Sasuke supo a qué se refería, y aquella horrible fisura había vuelto a aparecer en su frente con tan solo imaginar lo que pasaría si el lograra...

Sakura.

Todo pasó en apenas un segundo. Las manos del desquiciado se movían con una rapidez que sus ojos no podían seguir, y fue entonces cuando empezó su carrera hacia su cuerpo, con la clara intención de detener el ataque que dirigiría con furia hasta su única debilidad.

Los sellos se formaban con rapidez, y le aterrorizó la familiaridad de sus movimientos, sintiendo el peso de saber lo que estaba a punto de pasar y que no lograría detener.

Se apresuró a desenvainar el arma que lo había acompañado desde su escape de Konoha, pero el desgraciado saltó y llevó sus dedos hacia su boca, formando un círculo perfecto que produjo que un escalofrío recorriera su espalda por completo.

-¡SAKURA!- El grito desgarrador la heló sobre sus piernas y no pudo más que caer desplomada al suelo en cuanto sintió el calor arrasador de las llamas que se aproximaban.

Su frente, su pelo, sus brazos, sus labios, todo explotó en la corta duración de un segundo, y bajo la vista de sus ojos verdes el naranja y el rojo se apoderaron de todo, y de toda ella.

Y luego la oscuridad se ocupó del resto.

Sasuke sintió que algo se rompía en su interior cuando el cuerpo de su debilidad desapareció en un mar destructivo de sol flamante.

Su mente se trasladó por un segundo a días atrás, cuando había descargado sus frustraciones con una bola de fuego de aquella magnitud.

Sakura sonreía y lo miraba con aquellos tiernos ojos verdes de los que se había enamorado sin retorno, y que ahora habían desaparecido para siempre en el mar del fuego caliente.

Para siempre.

-¡SAKURA!- El grito de desesperación escapó como el gruñido de una bestia desde el fondo de su garganta, y escapando de las llamas que ahogaban los gritos de su compañera, su mirada escarlata se dirigió de inmediato a la fuente de su sufrimiento.

Bastardo, deberías haberlo matado.

Después de eso nada más significó nada para él. Los gritos de desesperación, el fuego destructor, el rostro de todos los que había asesinado. Todo desapareció en el rojo de su mirada, y se sintió libre al escuchar los últimos graznidos de su víctima y su enemigo, junto con el charco de rojo que manchó el suelo debajo de sus pies.

Su katana se había clavado en el centro de su vientre con un corte limpio y certero, y así todo había acabado.

Ahora las llamas habían desaparecido, y pudo distinguir entre el negro que había quedado en pie, el cuerpo derrumbado de la persona que tanta importancia había cobrado en su vida infame.

Sakura.

Corrió hasta su encuentro y la tomó con cuidado entre sus brazos. La acunó como si fuera una niña y la apretó contra su pecho pero no obtuvo ninguna reacción.

Sus hermosos ojos verdes permanecían cerrados y gran parte de la piel de sus mejillas y brazos mostraba una tonalidad roja que requería de atención inmediata.

Sus gritos eran desesperados, y a través del rojo todo lo que veía era negro. Sus ojos negros, su pelo negro, su cuerpo negro, sus manos negras.

Todo era oscuro y el cielo se había olvidado de las estrellas.

Hasta que el verde había vuelto a mostrarse. Las manos de la niña que reposaba entre sus brazos se dirigieron con lentitud hasta su rostro y retiraron con cuidado las lágrimas rojizas que caían de sus ojos del mismo color de la sangre.

-Tranquilo.- Su voz era tan débil como su agarre, pero a pesar de que se sintió preocupado por esto, su expresión siguió impenetrable, deslumbrado por la bondad de su mirada. -Tranquilo.-

Y de repente con un dolor agudo todo desapareció.

Sus ojos verdes, su cuerpo negro, el cielo sin estrellas. Todo desapareció, y solo sus manos y su toque suave como el de su madre permaneció y se impuso sobre el resto.

Sakura.

Acercó su rostro con cuidado y observó durante algunos segundos aquellos enormes ojos verdes que lo miraban con la misma ternura que siempre lo habían mirado.
Besó sus labios en un arrebato y se sintió alagado al ver que ella le respondía el gesto y acariciaba con sus manos suavemente el cabello de su nuca.

Una explosión había tenido lugar en su vientre. La había besado.

Los colores habían vuelto, y las manos de Sakura habían vuelto a contraerse sobre su vientre, con una mueca de dolor atravesando su rostro.

Las estrellas, el verde de sus ojos, el rosa de su pelo, el rojo de sus heridas, la sangre que corría por sus mejillas. Todo había vuelto a su lugar.

Ella usó la técnica, realmente la usó en este momento.

-Sakura.- Sus manos acariciaron con la misma delicadeza que ella había usado sus cabellos rosados y pálidos, y los acomodó con parsimonia detrás de sus orejas en la soledad de la noche que los rodeaba por completo.-Tranquila, todo terminó.-

Las llamas del círculo que se había formado horas atrás todavía seguían en pie, e iluminaban la escena que se escondía en la soledad de un bosque cercano a la frontera del país del viento.

Todo terminó.

.

Saltaba de árbol en árbol y sentía que poco a poco la fuerza se desvanecía. Pensaba que la carga que llevaba entre sus brazos podría caerse de un momento a otro. A pesar del dolor de sus pies cansados, ella era ligera como una pluma entre sus brazos y la caricia que sus dedos inertes le hacían en la nuca le provocaban escalofríos que le devolvían la vida por cortos segundos.

Llegar.

Faltaba poco para llegar a la aldea de la hoja, pero sentía que sus fuerzas no alcanzarían para terminar el recorrido.

El sol había salido apenas una hora atrás, y los aldeanos comenzaban a despertarse para cumplir las tareas que debían cumplir todos los días a la misma hora.

A diferencia de ellos, que mantendrían su día ocupado con diferentes trabajos y pasatiempos, Sasuke tenía una única misión para ese día: Llegar.

Agradecía que durante el camino ningún otro escuadrón ANBU se hubiera aparecido en su camino, y agradecía también que las heridas horrendas que antes mostraba la piel de su compañera hubieran comenzado a desaparecer misteriosamente.

Creía que la figura que todavía se mostraba en su frente tenía algo que ver, pero debería esperar para conocer la razón. Cuando llegaran podría preguntarle.

Los últimos pasos que debió recorrer antes de cruzar las pesadas puertas de madera que marcaban la frontera entre la aldea de la hoja y el bosque que lo precedía, le parecieron eternos. Con cada pisada una nube de tierra se levantaba, y le parecía que se desplomaría en cualquier momento y caería en la inconsciencia.

Pero no podía permitirlo, antes debía llegar, y asegurarse de que ella estuviera a salvo.

Le había hecho una promesa, y tenía intenciones de cumplirla al pie de la letra.

Te protegeré de la misma manera que tu lo hiciste conmigo.

Sus hermosos ojos verdes se escondían detrás de sus párpados desde la última vez que se había despertado horas atrás. Él había parado en la orilla de aquel lago en el que antes se habían refrescado para mojarle la frente y lavar las heridas más críticas que mostraban sus brazos y parte de su rostro.

Le había peinado el pelo como había podido y había limpiado sus mejillas y su frente con un trozo de su ropa mojada con el agua helada del arrollo.

Te protegeré.

Sus ojos se habían abierto durante largos segundos, pero ella no había dicho ni una palabra, o no había podido decir ninguna palabra. Él había continuado peinando su cabello con los dedos, como si se tratara de una muñeca de porcelana, manteniendo su mirada sobre la suya durante cada segundo que se mantuvo despierta.

-Todo estará bien.- Le había prometido con un susurro en sus oídos. Y ella había vuelto a cerrar los ojos.

Mientras cruzaba las puertas de la aldea, se percató de que todas las miradas se posaban en su figura, y escuchó susurros y gritos de sorpresa. Luego silencio. Nadie se movía.

El mundo se detuvo durante un segundo, y solo existían ellos dos para el resto de la tierra.

El vengador Uchiha cargaba entre sus brazos a la heroína de la aldea Sakura Haruno.

Las heridas cubrían los cuerpos de ambos, junto con la tierra y el sudor que precedían a una pelea.

Sus ojos verdes permanecían cerrados, y su piel, pálida como la de los cadáveres que habían dejado detrás.

Las sonrisas habían desaparecido tan pronto como su cuerpo lo había hecho entre las lenguas de fuego naranja y rojo.

-¡SAKURA!- El grito de la mejor amiga de la ninja médico lo sacó de sus pensamientos de una patada, y apenas elevó la vista del suelo, pudo visualizar con sus ojos negros el rostro lleno de dolor y lágrimas de la joven de cabellos rubios y ojos azules.

Algo cedió en su interior, y fue cuando supo que no podría mantenerse en pie durante mucho más tiempo.

Antes de caer giró rápidamente sobre sus talones, usando lo último de sus fuerzas para caer tumbado sobre su espalda y no hacerle daño a quien cargaba entre sus brazos.

No sintió dolor al golpear el suelo, y aferró con sus manos en un abrazo terrorista a la mujer que había prometido proteger con su vida.

Sakura.

Esta vez los gritos se impusieron sobre el silencio de los aldeanos, y varios ninjas que antes habían observado con horror corrieron en su auxilio.

Él ya no estaba consciente, pero cuando despertó en el hospital a la mañana siguiente, su mejor amigo le contó que fueron necesarios dos ninjas para deshacer el abrazo que los había unido antes de derrumbarse.