Disclaimer: Los personajes de Sakura Card Captor pertenecen a sus debidas creadoras (CLAMP), unicamente fueron tomados prestados para la siguiente historia por la dueña de la misma (Mysombre).


Ama a un gato por ser… adorable.

Tomoyo se dio un golpe mental, uno muy fuerte, y compuso una expresión de suprema inocencia, no sabía de donde la había sacado, ni siquiera era consciente de que podía hacer una expresión de esas, pero allí estaba, un inocentón angelito de ojos amatista… claro, para la mala fortuna de ella su madre le había quitado la vista hacía apenas unos segundos y ahora observaba con furia contenida al sujeto bola de pelo que seguía sin quitársele de encima. Tomoyo adoraba a su karma.

¿Cómo había sido capaz de olvidarlo? Era sábado, y justo los sábados su progenitora no solo llegaba temprano a casa, sino que también a menudo solía entrar a su habitación sin siquiera preguntar, justo como hizo ahora. ¡Un nuevo golpe mental y Tomoyo quedo noqueada!

—Te he hecho una pregunta Tomoyo —dijo Sonomi Daidouji, su ceño estaba fruncido y la pelinegra podía jurar que de sus ojos salían chispas—. ¿Qué es lo que pasa aquí? Mejor aún, ¿¡Quien es este!?

Ante la despectiva mención Eriol dejo por fin su espacio en el cuello de la chica y volteo la mirada hacia la mujer, entonces fue allí cuando una cruenta batalla entre gris y zafiro se llevo a cabo; ella furiosa por ver a su hija única con un tipo ridículo al que no conocía, él molesto porque se dirigieran a su persona como si fuera cualquier cosa, si tan solo esa señora supiera que había sido el mejor mago de todos los tiempos y que justo ahora también era muy bueno, si tan solo supiera…

—Mi nombre es Eriol Hiragizawa, no "éste", señora —hablo Eriol en un tono frio que Tomoyo no le había escuchado nunca, sus ojos desprendían una gélida indiferencia y seriedad, era una mirada que a ella se le hacía conocida.

—No me interesa quien seas —respondió Sonomi girando la cabeza en un acto altanero—. Hazme el favor de quitarte de encima de mi hija y de irte de mi casa. Tomoyo, tú y yo tendremos una larga charla.

La amatista abrió la boca, en un vano intento por aclarar las cosas antes de que empeoraran, mas sin embargo sus labios se quedaron formando una gigantesca "O" gracias al tonto de Eriol, que desde luego, no podía quedarse callado.

—Pues debería interesarle porque a partir de hoy vengo a vivir con su hija. Le pido cuide de mí por favor.

Y luego Tomoyo quiso que la tragara la tierra en ese preciso instante, necesitaba protegerse antes de que…

— ¿¡QUE HAS DICHO!?

Bastante tarde, su madre ya se había lanzado contra Eriol y llevándola a ella de paso.

/ / /

— ¿En qué piensas? —Le pregunto el chico a su lado mientras caminaban lentamente por el parque—. Te ves mas distraída de lo normal.

Sakura entrecerró los ojos, sentida, y se apresuro a contestar de forma brusca.

—No pienso en nada.

Shaoran sonrío y se atrevió a tomar a Sakura de la cintura, dándole un tierno abrazo. Su sonrisa se amplió mas cuando noto el sonrojo de la chica, eso le aseguraba que ella no se encontraba molesta.

— ¿En qué piensas? —volvió a preguntar y esta vez Sakura solo suspiro.

—Pensaba en Tomoyo —dijo la castaña—. Desde hace tiempo que la noto extraña. Últimamente no hablamos mucho y sus sonrisas son poco menos que falsas.

Shaoran abrió sus ojos ámbares con sorpresa, su novia era una distraída sin remedio ¿Cómo era posible que se hubiera percatado de eso? Aunque si tenía que ser franco la verdad era que a Tomoyo le estaban fallando sus habilidades de actuación.

Recordaba que esa semana pasada había visto facetas de su amiga que seguramente ni ella misma sabía que tenía. La pelinegra pasaba de una dulce sonrisa a un seño fruncido en menos de una hora y Shaoran la había escuchado maldecir una que otra vez, cuando creía que nadie le prestaba atención. Pero claro, también tenía que aclarar que el tan cambiante humor de la joven Daidouji no se debía a un sinrazón, de hecho, la muchacha poseía una más que buena excusa, y es que lidiar con Eriol Hiragizawa todo el día fastidiaba a cualquiera. A Shaoran no le extrañaba que Tomoyo tuviera en su rostro una expresión de agotamiento al final de la jornada, o que sus sonrisas fueran forzadas.

Creyó que era curioso, ¿Quién iba a pensar que precisamente seria Eriol Hiragizawa el que sacaría el peor lado de la pequeña y carismática Tomoyo Daidouji?

Él no, desde luego.

/ / /

—Ya te lo dije, ha sido un malentendido —repitió por enésima vez en ese rato. Lo único que deseaba era salir de ese lugar, sentía que comenzaba a asfixiarse.

—Y yo te digo que no puedo creerte —dijo Sonomi de brazos cruzados, su madre podía ser bastante terca cuando se lo proponía—. Tu y ese chico estaban… ¡estaban en pleno acto carnal!

Tomoyo sujeto su cabeza entre las manos y cerró los ojos. Sinceramente ya no sabía si reír o llorar; reír por las ridículas expresiones que hacía su madre o llorar porque llevaban allí casi una hora y ella simplemente no quería aceptar que todo no era más que un simple y tonto malentendido, que ella y el estúpido de Hiragizawa no habían estado en "pleno acto carnal" como venía diciendo desde que la obligara a sentarse en la orilla de la cama.

Luego de que Sonomi arremetiera contra el gato ingles, una lucha campal se había desarrollado en el piso de su habitación. Su madre intentaba de todas las formas posibles asestar un puño, en la mandíbula, en el estomago, en "otras partes más sensibles" de ser posible, Eriol por su lado solo trataba de defenderse a toda costa y ella también en medio de todo el revuelo, se aseguraba de que su progenitora no dejara al pobre chico sin descendencia.

Al final, después de que la mujer cayera en cuenta de que estaba portándose peor que una cría (al menos así la describió Tomoyo), se puso de pie y arrastro a su hija hasta la habitación principal, dejando al nuevo inquilino encerrado bajo llave en la otra recamara.

Desde entonces, Tomoyo no había escuchado otra cosa aparte de algo como "Jamás espere que te vieras involucrada en algo como esto" o "¿Es que acaso no he sido buena madre? ¿Por qué has hecho esto Tomoyo?", y por supuesto no debía olvidar la multitud de frases sobre sexo que su madre le decía cada cinco minutos, y es que ella siempre hablaba de eso como si estuviera hablando del clima, era algo que hacía que a Tomoyo se le subieran los colores al rostro.

—Pudiste al menos decirme que comenzarías a vivir con tu novio. Así hubiera tenido la oportunidad de prepararles una casa pequeña para que tuvieran más… espacio —murmuro Sonomi con el tono de quien ya se ha resignado a lo peor, pero eso no quería decir que el seño se hubiera relajado.

— ¿Qué? Mamá, Hiragizawa no es mi novio, solo es alguien chiflado —dijo Tomoyo ya con el cansancio a flor de piel, solo eso le faltaba, que su madre pensara que eran novios. Pronto, pronto Hiragizawa se las pagaría, y con creces.

—Alguien, por mas chiflado que este, no va a sentarse en las piernas de una niña y le hace "cosquillas" en el cuello.

—Ya no soy una niña mamá —sentencio la amatista—. Y no te preocupes por él, que ahorita mismo voy y lo saco por la ventana si es necesario.

Y así, la que una vez fuera la dulce Tomoyo, dio por terminado el tema y salió apresurada de la recamara principal ante la mirada atónita de Sonomi, necesitaba escapar de allí, darse un respiro para enfrentar con renovadas ganas al problemita que sabrá qué diablos estaría haciendo en esos momentos en su habitación. Solo esperaba que no hubiera tocado o destrozado nada.

Camino por los pasillos arrastrando la suela de los costosos tenis mientras pensaba en que había pasado una semana, una mísera semana desde que aceptara ese ridículo trato con Hiragizawa y ya su vida se encontraba de cabeza. La rutina había desaparecido en unos pocos días y ahora cada uno de estos era diferente al anterior, tan impredecible y tan problemático. No es que Tomoyo adorara las rutinas, pero si los cambios llegaban así de repente y no eran precisamente buenos, las cosas se le complicaban, provocándole cansancio, fastidio e incluso nerviosismo, precisamente lo que ella venía sintiendo desde que Eriol apareciera con esa loca idea de las orejas y cola de gato, ¡y es que ni siquiera había tenido la decencia de darle una explicación!

Suspiro, y con la misma pesadez con la que había hecho todo el recorrido por la segunda planta, tomo el pomo de la puerta de su habitación y lo giro lentamente, como si temiera al monstruo que estaba del otro lado.

Armándose de valor, Tomoyo empujo la imponente puerta de madera, decidida a presentarse firme y amenazante, y sobre todo más que dispuesta a echar a Hiragizawa de su habitación y de su hogar.

Sus ojos desprendían una llamita de seguridad cuando se interno en la recamara, llamita que desapareció apenas observo la escena que tenia frente a sí; y es que claro, nadie la había preparado para encontrar a un Eriol dormido plácidamente en su cama.

Tomoyo parpadeo una, dos veces, y se acerco con cautela al chico que respiraba apaciblemente en el colchón… ¿¡es que su karma la odiaba!? Justamente cuando sentía dentro de sí un carácter arrollador como para deshacerse del pelinegro, éste se quedaba profundamente dormido y… bueno, la misma Tomoyo no era tan cruel como para sacar a alguien de un sueño que a leguas se notaba que estaba disfrutando, ¡si hasta estaba sonriendo!

Le dio a Eriol una mirada con un poco mas de atención, el muy bobo había olvidado quitarse los anteojos y ahora estos quedaban un poco torcidos, observo también su nariz que era recta y refinada, sus cejas pobladas, su mandíbula firme, y justo hasta ahora Tomoyo se daba cuenta que Hiragizawa tenía los labios más finos que jamás hubiera visto. Parecían dibujados delicadamente con un lápiz, tenía un rictus elegante.

Ahora también sabía la razón de que una buena cantidad de chicas babearan por el níveo, no solo era bastante guapo, sino que su carácter caballero le convertía en el prototipo ideal de novio perfecto. Si, el ingles era un suertudo de primera categoría.

A punto estaba de ir y dar una nueva explicación a su madre, cuando Eriol se removió exageradamente, estirándose entre sueños, bostezando, y entre toda la faena, murmurando un par de cosas extrañas.

—Me gusta la leche con chocolate… y soy una cosita adorable…

Y Tomoyo quiso soltar la carcajada de su vida, pero en cambio, solo tuvo un pensamiento bastante agradable.

Quizá, solo quizá, y en ese estado de profundo sueño, Hiragizawa si se veía realmente adorable.


Notas de la autora: Umm he estado teniendo grandes problemas con Fanfiction, desde no poder subir nuevamente el capitulo hasta el responder un review, asi que pido una disculpa por la tardanza, pero no ha dependido de mi :(

Aun asi, como quien dice, tarde pero seguro :D Jajaja nuestro Eriol se considera una cosita adorable XD Muchas gracias por sus lindos reviews, el Fic ha tenido mas aceptacion de la que creía :) Diría algo como "hasta el miercoles" pero Fanfiction las trae contra mi, asi que espero traerles el prox. capitulo no muy tarde. Muchos saludos y abrazos, espero hayan disfrutado el capitulo :D