Disclaimer: Los personajes de Sakura Card Captor pertenecen a sus debidas creadoras (CLAMP), unicamente fueron tomados prestados para la siguiente historia por la dueña de la misma (Mysombre).
Entrando en el juego.
La mayoría de la gente considera la vida como una batalla, pero la vida no es una batalla sino un juego.
Florence Scovel.
Ese mismo día por la noche el teléfono de la casa Daidouji sonó y sonó de forma estridente hasta que alguien se digno a contestarlo y pasarle amablemente la llamada a la señorita Tomoyo. La muchacha llevaba ya buen rato sentada en su escritorio, haciendo dibujos en hojas de papel que al cabo de cinco minutos terminaban relegadas en el piso de madera, convertidas en perfectas bolitas que no decían otra cosa aparte de "esta idea es un asco".
Tomoyo soltó un gruñido de impaciencia y dejo caer su cabeza contra el escritorio. Quizá si no hubiera utilizado mucha fuerza, quizá si tan solo alguno de los diseños que venía dibujando la dejara satisfecha, la pelinegra no habría sido víctima del dolorcillo que recorrió toda su frente y que seguramente no la abandonaría en un buen rato.
Dos toques a la puerta la sacaron de su miserable posición y la obligaron a abrir la entrada de su habitación.
Es en este punto donde al principio se menciono a esa tan amable persona que se digno a contestar el teléfono y pasarle la llamada a la joven Tomoyo. Pues bien, al tratarse de una chica del personal no podíamos decir que fue tan amable, es su trabajo a final de cuentas, pero con todo y todo, Tomoyo le dio las gracias, cogió el teléfono y se apresuro a cerrar de nuevo la puerta.
—Habla Tomoyo —dijo mientras caminaba de regreso a su asiento frente al escritorio, dispuesta a darle una nueva batalla al papel y sobre todo, a su mente creativa que simplemente no aportaba ninguna buena idea.
—Hola Tomoyo, soy Sakura —se escucho del otro lado de la línea. La pelinegra no pudo evitar emocionarse.
— ¡Sakura! ¿Qué tal? Me alegra mucho escucharte.
Sakura alcanzo a soltar una ligera risilla antes de responder.
—A mí también me da gusto escucharte. Umm llamaba para preguntarte si ¿estarás libre mañana? Mi papa ha comprado algunas cosas para preparar pasteles y… me preguntaba si no querías venir a mi casa… Kero es el que ha insistido, según él no hay quien prepare un pastel como tú.
Tomoyo ahogo una risa, pese a todo adoraba a su amiga, siempre había sido una florecilla inocente incluso para invitarla a preparar pasteles.
No necesito meditar la respuesta, ¡claro que iría! Pero justo cuando iba a darle una contestación a la castaña, una extraña fuerza inhumana le hizo volver la vista hacia su cama y entonces… toda la ilusión de preparar un postre con su mejor amiga se fue al traste.
¡Por supuesto! ¿Cómo lo había olvidado? Aun no conseguía deshacerse de ese sujeto ingles que continuaba dormido en el colchón.
Tomoyo frunció el seño y su mente comenzó a trabajar a mil por hora, ¿Qué podría hacer con él? Era obvio que aunque intentara echarlo, Eriol no se iría, ni por las buenas ni por las malas, al menos no todavía, y dejarlo en casa tampoco era una opción, su madre no asistía al trabajo los días domingo y no quería ni imaginar el desastre que se armaría si esos dos se quedaban solos compartiendo techo.
Una bizarra imagen de su madre ahorcando a Hiragizawa llego a su mente y le provoco un escalofrió. En definitiva, no podía dejar al chico en casa.
Cerró sus orbes amatista resignada y se apresuro a dar una respuesta a su amiga que aun se encontraba en la línea telefónica.
— ¿Sakura? ¿Importa si voy acompañada de alguien? —pregunto la pelinegra con tono de derrota.
Un largo silencio siguió a aquella pregunta, y cuando la menor de los Kinomoto se digno a hablar de nuevo, un matiz de contrariedad era perceptible en su voz.
—C-claro que no… en ese caso… supongo que tendré todo listo, y a Kero le diré que no salga de la habitación.
—No te preocupes por Kero. Él puede estar con nosotros —dijo Tomoyo, pensando en el alboroto que armaría el Guardián si se enteraba que tendría que pasar todo el día encerrado bajo llave—.Así que… ¿nos vemos mañana, entonces?
—Mañana en la tarde, sí.
Una despedida amistosa marco el fin de la llamada y Tomoyo coloco el teléfono inalámbrico encima del escritorio.
Se quedo divagando unos minutos con la vista fija en un punto muerto, recordando que todavía quedaban dos meses y tres largas semanas hasta que toda aquella tontería se fuera por donde había venido y su vida fuera igual de normal y tranquila que antes. Dos meses y tres largas… ¡un momento! Tomoyo observo rápidamente al dormido Eriol Hiragizawa y rememoro el día en que las cosas habían empezado.
El pelinegro le había propuesto un trato; conseguir que gustara de los gatos en un plazo de tres meses, nada diferente a eso, pero el pelinegro no había puesto ninguna especie de regla, ni clausula, ni normativa, ni ¡nada! Por supuesto, eso le daba a ella, Tomoyo, total libertad de participar en ese extraño juego que irónicamente, le recordaba al juego del gato y el ratón, de víctima y victimario.
¿Por qué no lo había pensado antes? Eso era algo para lo que no tendría respuesta, pero a dichas alturas realmente ya no importaba.
Sin poder evitarlo una sonrisa de toque malévolo surco su pálido rostro. Porque al final del día Daidouji no era muy diferente de Hiragizawa, ambos eran observadores natos y astutos brillantes, ella solo había necesitado un poco más de tiempo para entrar en el juego.
Allí estaba, las cartas habían sido echadas, y de pronto, el tener que cargar con el gatito Eriol al día siguiente ya no parecía tan molesto.
/
Domingo al mediodía.
Iba ataviada con pantalones vaqueros y una blusa azul marino. Sus zapatillas combinaban con el tono de su cabello suelto y la canasta que llevaba en manos parecía cargar un buen peso, y no era para menos, después de pensarlo mucho Tomoyo había decidido que no iría a casa de Sakura con las manos vacías, y por dicha razón, ahora portaba un cesto a rebosar de dulcecillos, colorantes artificiales y quien sabe que otra chuchería mas.
Detrás de ella, arrastrando los finos zapatos y con el seño fruncido iba un muy malhumorado Eriol. No había sido buena mañana para él, primero Tomoyo lo levantaba de su dulce sueño con unos gritos de espanto, después no le permitía tomar el desayuno y por ultimo lo llevaba caminando hasta su mansión, alegando que saldrían a pasear con Spinel.
¿Qué tenía en mente esa chica? Al Guardián no le gustaba para nada salir de su cueva de libros viejos, sería una gran sorpresa si conseguía hacer que dejara la casa para tomar un poco de aire puro. Seguramente solo iban a perder el tiempo.
— ¿Por qué tengo que salir yo? Estoy cansado y tengo hambre —dijo Eriol cuando iban a mitad de camino de la mansión Hiragizawa.
—Porque tú convencerás a Spinel de que venga con nosotros —respondió Tomoyo resuelta, sin dejar de caminar—. Y no comiences con tus quejas —añadió cuando de reojo noto que su acompañante estaba a punto de decir algo más.
—No iba a quejarme —refunfuño el ingles y no volvió a abrir la boca durante el resto del viaje.
Luego de haber caminado algo que a Eriol le parecieron interminables kilómetros, por fin pisaron el caminillo empedrado que comunicaba con la puerta principal de la imponente casa. Lo curioso fue que ni siquiera llegaron a acercarse lo suficiente cuando el portón de madera oscura ya se había abierto y a través de él salía disparada una alegre y enérgica Nakuru.
— ¡Qué bueno que lo has hecho entrar en razón! ¡Eres un ángel Daidouji! Te estaré agradecida de por vida —decía la muchacha que se había lanzado a los brazos de Tomoyo y ahora la tenía encerrada en un abrazo asfixiante.
— ¿De qué hablas Nakuru? —pregunto un desconcertado Eriol, quien ladeaba la cabeza y movía su par de orejitas gatunas sin cesar, dándole un aspecto… bueno, dándole un aspecto un poquito atractivo.
— ¿De qué va a ser? De que Daidouji te convenció de volver a casa y dejar esa loca idea del hospedaje en la mansión de ella. Por cierto, ¿Dónde está la valija que llevaste?
Eriol frunció de nuevo el entrecejo y Tomoyo entro en pánico, ¡Nakuru lo arruinaría todo!
Como pudo se zafó del fuerte agarre, no solo para que la Guardiana dejara de soltar la lengua, sino también para que el tono morado de su piel debido a la falta de aire volviera a la normalidad.
Carraspeo de una forma impropia de una dama, y entonces se apresuro a hablar.
— ¡Te equivocas Nakuru! Hemos venido por Spinel, nos gustaría que saliera a dar un paseo con nosotros.
La ilusión victoriosa de la muchacha se desvaneció al instante y formo un ridículo puchero. Tomoyo llego a temer que se echara a llorar.
—Ah… ya veo. ¿Eso quiere decir que Eriol no volverá aun? —El susodicho negó en silencio y la identidad falsa de Ruby Moon tan solo agacho la cabeza antes de volver a articular palabra—. Spi está adentro. Pasen, sean bienvenidos —concluyo con un tono melancólico y los invito a internarse en la vieja mansión.
Que recordara, Tomoyo solo había estado en ese lugar dos únicas ocasiones. La primera, cuando los alumnos de la preparatoria Seijo de hace siete años (el hermano de Sakura, el joven Tsukishiro y la misma Nakuru) habían realizado el rodaje de una película, y la segunda, cuando la reencarnación del mago Clow les había invitado a tomar el té, con el fin de "celebrar" que la pequeña Sakura había convertido todas las cartas Clow en cartas de su propiedad.
Fuera de aquellas veces, Tomoyo no había visitado la mansión Hiragizawa en siete largos años, y como era de esperarse, la decoración interna que creía olvidada la impacto en sobremanera.
Desde el inmenso candelabro que pendía del techo en el vestíbulo, hasta los muebles viejos, costosos y finos, la dejaron con la boca abierta, no pudo pensar otra cosa diferente a que realmente quería uno de esos candelabros en el vestíbulo de su hogar.
La nívea observo a Eriol que caminaba un poco rezagado, parecía aburrido, desinteresado, como si el tener toda clase de lujos hubiera dejado de importar, y solo hasta ese momento, Tomoyo se pregunto por qué razón al pelinegro se le había ocurrido la "brillante" idea de ir a vivir con ella; algo le decía que no era solamente por el dichoso trato.
Caminaron por dos pasillos, uno largo y uno corto, y luego de algunos minutos Nakuru los condujo a una habitación sin puerta. El lugar tenía toda la facha de ser una curiosa combinación entre despacho y biblioteca, había una capa de polvo cubriendo cuanta cosa estuviera presente, y en el único sillón alargado, se encontraba Spinel leyendo un grueso libro con aparente interés.
—Spi, mira quien ha venido de visita —dijo Nakuru tratando de parecer alegre. A la pobrecilla no le resulto del todo.
— ¡Te he dicho que no me llames Spi! Y deja de tratarme como si fuera tu mascota —Spinel despego la vista de su lectura y la guio hasta la entrada del lugar, justo allí su expresión de molestia cambio a una de sorpresa al ver a los acompañantes de Nakuru—. ¡Amo Eriol! Y señorita…
—Daidouji, Tomoyo Daidouji —dijo Tomoyo dedicándole una amable sonrisa; para asombro de todos, el Guardián se sonrojo un poco.
Transcurridos unos segundos, la chica noto el espeso silencio que había caído sobre los cuatro y comenzó a sentir nerviosismo. Nada estaba saliendo como había planeado.
—Ehh… hemos venido porque Hiragizawa quería hablar contigo —hablo Tomoyo atropelladamente observando a Spinel y después a Eriol, esperando a que este hiciera lo que momentos antes le había dicho: convencer al Guardián.
— ¿Yo? Si la que me ha traído sin razón alguna fuiste… —el ingles guardo silencio ante la mirada amenazante de Daidouji, entrecerró los ojos y luego suspiro—. Ya voy, ya voy.
Y aunque iba totalmente en contra de su carácter, esta vez Eriol opto por obedecer, siempre había creído que una chica enojada era una chica peligrosa.
Camino unos cuantos pasos lentos hasta estar frente a Spinel, lo miro un rato y sin más, lo cogió entre manos. Poco le importaron las protestas de su nuevo Guardián, él únicamente giro sobre sus talones y se dispuso a abandonar la biblioteca-despacho.
Por su parte, Tomoyo y Nakuru observaban sorprendidas el lugar donde un instante atrás se había desarrollado aquella escena, el libro había quedado abierto y una marca apenas visible en el sillón era la que daba nota de que alguien había estado ocupando el mueble.
— ¿A dónde lo llevan? —Pregunto Nakuru—. Spi odia salir. Debe estar muy enojado.
—Iremos a casa de Sakura a preparar pasteles —dijo Tomoyo y al cabo se arrepintió de haber hablado. Le dedico una mirada a la chica a su lado y en efecto, comprobó que una lucecita titilante adornaba sus ojos. Eso iba de mal en peor.
— ¿A casa de Sakura Kinomoto? —Tomoyo trago pesadamente—. ¿La hermanita de Touya Kinomoto?
—Bueno…
— ¡Claro que también voy! Le preparare un exquisito pastel a Touya… ¡Eriol, Spi, espérenme!
Y mientras Nakuru salía corriendo, a Tomoyo le surgieron un centenar de gotitas en la cabeza; tenía uno que ver su gran suerte, aun ni ponía en marcha su plan y ya las cosas se le habían salido de control. ¿Qué demonios iba a hacer ahora?
Se golpeo la frente con la mano, tenía que intentar rescatar un poco del plan "malévolo" que había trazado, pero claro, antes que nada debía salir en busca de aquel trío dinámico que seguramente ya habían dejado la casa, uno sin rumbo fijo, otro protestando y la otra siguiendo a ciegas a los dos primeros, ilusionada con ver una vez más al "amor de su vida".
Justo al tiempo en que Tomoyo daba un suspiro y salía de la mansión Hiragizawa, en un lugar no muy lejos de allí, una chica castaña y de ojos color esmeralda profería el mismo suspiro de cansancio y desesperación.
Sakura acababa de colgar el teléfono, frustrada. Había llamado a casa de su querida amiga Tomoyo con la intención de posponer su tarde de repostería, lastimosamente, una de las empleadas le había informado que la pelinegra había salido desde hacía rato y seguramente no tardaría en llegar.
La castaña se cubrió el rostro con las manos, ¿Por qué justamente ese día a Shaoran se le había ocurrido ir a visitarla sin avisar? Peor aún, ¿Por qué precisamente ese domingo su hermano había decidido quedarse en casa e invitar a Yukito? Desde luego, la presencia del joven Tsukishiro no era una molestia, y aunque amaba a su novio y adoraba a su hermano, los dos se volvían un fastidio cuando estaban juntos, porque a pesar de tantos años, Touya seguía aborreciendo a Shaoran, y Shaoran seguía sin soportar a Touya.
¡Por supuesto que no podía tener una tarde de chicas con esos dos energúmenos discutiendo en la sala!
Sakura aspiro todo el aire que sus pulmones le permitieron, casi como si estuviera recargando las baterías y se dispuso a entrar en campo de batalla una vez más.
Se dirigió a la sala y apenas alcanzo a asomar un poco el cuerpo por la entrada, cuando un cojín le dio de lleno en el rostro, ¿y ahora que sucedía?
— ¿¡Te has vuelto loco!? —escucho decir a Shaoran.
—Ha sido tu culpa por no irte de aquí —dijo Touya con el mismo tono malhumorado de siempre—. Es increíble que después de tanto tiempo no hayas aprendido a dejar de dar lata.
Sakura retiro el cojín de su rostro en el instante preciso en que uno nuevo volvía a golpearla. Esta vez había sido lanzado por el muchacho castaño y desviado por su hermano, quien lo había enviado directito a ella. Ese par de idiotas…
— ¿Quieren dejar de comportarse como niños? —dijo la chica de ojos esmeralda con el seño fruncido. Shaoran volteo hacia otro lado, Touya rodo los ojos y Yukito sonrió.
— ¿Conseguiste hablar con Tomoyo, pequeña Sakura? —pregunto el muchacho, igual de sereno que antaño. Y es que así como Touya y Shaoran seguían odiándose, Yukito seguía haciéndola de mediador y seguía llamándola "pequeña Sakura".
—No —respondió suspirando—. Según una chica del personal ya había salido y seguramente está por llegar.
Luego de que la joven Kinomoto pronunciara aquellas palabras, el timbre de la casa sonó con vehemencia, anunciando justamente la llegada de su amiga.
— ¡Yo voy! ¡Yo voy! —se escucho una vocecilla que gritaba desde las escaleras. Se trataba de aquel primer Guardián que alguna vez acompañara al mago Clow, Kerberos. Kero para abreviar.
La histeria de Sakura se desato al instante, ¿Y si por casualidad no se trataba de Tomoyo sino de alguien más? No podía permitir que vieran a un osito de felpa volador y parlante, ¡se desataría un problema!
Apresurada, la castaña consiguió alcanzar a un Kero que estaba por girar el pomo de la puerta principal. En su desesperación, solo atino a tomar al ser mágico por las alas y apretujarlo contra su pecho, en un vano intento de hacerlo pasar desapercibido.
Así, con las protestas de Kero y la nueva discusión de los trogloditas como fondo, Sakura abrió la puerta, y la escena que presencio la dejo en el más puro estado de confusión.
Allí frente a ella estaba en efecto, Tomoyo, que cargaba no solo una cesta de gran tamaño, sino también una expresión de profunda desolación y cansancio. Su cabello que hacía apenas unas horas estaba pulcramente cepillado ahora se encontraba enmarañado y con algunos pelillos levantados, producto de su turbación. Pero sin duda alguna lo que más sorprendió a Sakura, fueron las personas que acompañaban a la nívea.
Nakuru parloteaba quien sabe qué cosa, mientras Spinel rezongaba y daba manotazos y pataletas, justo como Kero lo estaba haciendo, y en cuanto a Eriol… ¿lo que había en su cabeza eran orejas de gato? ¿¡Que rayos había pasado con las rastas de toda la semana pasada!?
— ¿Podemos pasar? —pregunto Tomoyo en un murmullo bajo. Sakura, sin salir del asombro, solo asintió y les dio paso.
Y en ese instante las dos chicas supieron que 1- había sido muy mala idea lo de hacer pasteles y 2-jamas debieron juntar a todas esas personas en una pequeña casita que podrían destrozar con facilidad.
Porque fue en ese instante en que ambos Guardianes, Kero y Spinel por fin se zafaron del agarre de sus dueños e inevitablemente se vieron las caras. Chispas salieron de sus ojitos graciosos y tanto Tomoyo como Sakura temieron lo peor.
La pelinegra busco ayuda en Eriol, pero el susodicho estaba bastante entretenido observando y tocando cualquier cosa que se le pusiera enfrente, curioseando. Volteo hacia el otro lado, encontrándose únicamente con la silueta de polvo que había dejado Nakuru… ¿Dónde se había metido?
— ¿¡Y tú qué haces aquí!?
Ah, el grito de Touya Kinomoto acababa de darle la respuesta.
Tomoyo y Sakura se encontraron en la sala en menos de un parpadear y lo que vieron no les gusto nada.
Nakuru colgaba del cuello del mayor de los Kinomoto mientras recibía inofensivos golpes con un cojín por parte de Touya. Shaoran reía a carcajadas limpias y Yukito tan solo sonreía condescendiente, al tiempo en que una, dos, tres gotitas poblaban su cabeza.
—Esto está mal —dijo Tomoyo en un susurro.
—Se suponía que tan solo estaríamos tú, yo y Kero —se lamento Sakura.
Las dos se miraron un momento y suspiraron al unísono.
— ¿Quieres ir arriba? —pregunto la castaña, como quien sabe que no tiene mejor opción que esa. Tomoyo asintió.
Y así, las que una vez fueron niñas y se consideraron mutuamente aquella hermana que nunca tuvieron, caminaron juntas rumbo a las escaleras, dejando tras de sí todo el alboroto que ellas mismas habían causado sin querer.
Los pasos de ambas eran pesados, y antes de que las chicas pusieran un pie en el primer escalón, Eriol las detuvo.
— ¡Tomoyo, Sakura! —Dijo sonriente el ingles—. ¿Qué vamos a comer?
Y entonces Tomoyo se despojo de uno de sus zapatos, y sin recato alguno se lo lanzo al muchacho.
Nunca había tenido un plan en concreto, tan solo deseaba cobrarse todas las que le había hecho Hiragizawa. No había funcionado, por supuesto, pero curiosamente se sentía satisfecha.
Tomoyo acababa de entrar al juego.
Notas de la autora: El capitulo mas largo que he escrito hasta ahora O: Una disculpa por la tardanza, pero ojala y que la espera haya valido la pena. Aqui es donde comienza la tan esperada "venganza" de Tomoyo, y aunque al principio no le ha salido como quería, sino que termino peor XD lo interesante viene en el siguiente capitulo jeje. Les agradezco mucho por sus lindos reviews, les tengo mucho cariño :3
Ahora si, nos leemos el proximo capitulo. Saludos!
