Tres disfraces.

A Yuuko Ichihara siempre le gusto el buen sake, de buena calidad y lo suficientemente fuerte como para darle una felicidad escandalosa luego de algunos tragos.

Sentada allí en el corredor de madera veía con suma quietud el jardín trasero de su casa; las gotitas de rocío que habían caído durante la noche ahora servían para refrescar los rechonchos cuerpos de los pajarillos, que canturreaban de regocijo y al cerrar los ojos, incluso parecía que sonreían.

La mujer de cabellos de ébano tomo entre manos su vaso y lo llevo con lentitud directo a los labios. Adoraba el sake. Su textura, su sabor, sus efectos… era un elixir delicioso.

Yuuko compuso una sonrisa ladeada y coloco su mano izquierda encima del teléfono que llevaba horas a un lado de ella. A decir verdad, llevaba algunos días, ese muchacho sí que se había retrasado bastante, pero no era algo que le sorprendiera, hacía muchos años ese sujeto, Clow, la había hecho esperar arto tiempo, era de suponer que la reencarnación tuviera los mismos hábitos, siempre saliéndose de sus esquemas y reglas, causándole un terrible dolor de cabeza.

El teléfono sonó con un timbre muy típico y Yuuko contesto hasta después de una buena insistencia.

— ¿Si? —pregunto de forma inocente.

¿¡Qué demonios fue lo que me diste!? —el grito ahogado del otro lado de la línea hizo que soltara una risita. ¡Qué divertido era burlarse a costa de ese chico!

—No sé de que hablas Clow.

No te hagas la desentendida Yuuko, hablo de esa maldita poción que me diste hace dos semanas. Y deja de decirme así, yo no soy…

—Ya, ya, está bien —lo corto la mujer expresando un tono aburrido. Dio otro trago al sake—. ¿De verdad estas tan alterado? Creí que estarías feliz de la vida con tu transformación.

Ese es el punto, yo te pedí únicamente una transformación física, no… ¡no lo que me está pasando!

— ¿Y qué te está pasando, Eriol Hiragizawa? —pregunto Yuuko bastante extasiada, había estado esperando ese momento.

Se escucho un suspiro del otro lado y entonces Eriol se dispuso a relatar de forma más calmada:

Me invade la curiosidad para cualquier cosa, de pronto todo se ha vuelto un juego, solo quiero dormir y siento una extraña opresión en el pecho cada vez que… bueno, cada vez que estoy cerca de alguien —y de pronto, el pelinegro sintió como si estuviera frente a un medico relatándole todos sus malestares.

Yuuko Ichihara frunció levemente el seño, ¿una opresión en el pecho? Al menos que él tuviera algún problema del corazón (cosa que realmente no creía), no encontraba razón para ese síntoma, claro que la poción no era responsable de aquello.

— ¿Qué te puedo decir? Eso es parte de los efectos de la poción —respondió como quien no quiere la cosa. Si hubiera visto la expresión de su interlocutor podría haber notado la sombra que cubrió sus ojos color zafiro.

¡Nunca mencionaste eso!

—Gracias a que tu no me dejaste explicarlo. Estabas tan impaciente y emocionado, que aquella vez colgaste la llamada apenas te dije que en efecto, tenía algo que cumpliría tu deseo. No me culpes ahora por los efectos "completos" de la poción y por el hecho de no haber querido escuchar.

Un largo silencio acompaño a aquellas palabras, Yuuko imaginaba que del otro lado Eriol analizaba rápidamente la situación o se maldecía por ser tan idiota… o quizá ambas, conociendo a esa mente retorcida.

Escucho esa casi imperceptible toma de aire cuando alguien se dispone a reanudar una plática, pero en contra de lo que cualquiera de los dos pudiera pensar, no fue la voz de Eriol la que se escucho, ni aquí ni allá, sino una voz melodiosa y que si le prestabas atención, parecía que cada frase que pronunciaba, lo hacía cantando.

¡Hiragizawa! ¿Dónde estabas? Te he buscado por todos lados.

Yuuko sonrió una vez más al escuchar el tono nervioso que utilizaba el chico para contestarle a esa muchacha. Era una sonrisa de comprensión. Eso no estaba en planes de nadie, ni siquiera en los de ella, pero demostraba que a pesar de contar con todos los recuerdos y la experiencia de Clow, Eriol Hiragizawa continuaba siendo un adolescente, y como tal, propenso a caer en los encantos de cualquier jovencita. Desde luego que no conocía a la dueña de aquella melodiosa voz, pero esperaba que fuera alguien capaz de seguirle el paso a la traviesa y astuta personalidad del chico y esperaba también, que Kaho Mizuki fuera capaz de aceptar una derrota.

—Creo que nuestra charla termina aquí Eriol Hiragizawa —dijo Yuuko después de escuchar el intercambio de comentarios entre ese par. La chica no parecía querer irse—. Disfruta tu condición, recuerda que el efecto termina luego de tres meses de haber bebido la poción.

¡No puedes colgar! Aun tengo que…

—Descuida, volveremos a hablar mucho antes de lo que te imaginas.

Y sin una palabra más, Eriol se vio de frente ante el desolador sonido de la línea telefónica. Se sentía perdido y con un centenar de preguntas sin responder, ¿esa personalidad incrementaría con el tiempo? ¿Era completamente seguro que todo desaparecería después de esos tres meses? Y principalmente, ¿Qué era esa opresión en el pecho que de pronto había comenzado a sentir cada vez que estaba cerca de Tomoyo? No es como si la poción le causara una reacción alérgica a ella ¿o sí? ¡Bah! Que ridiculeces estaba pensando.

— ¿Ocurre algo? —escucho preguntar a Tomoyo a sus espaldas, había llegado en el momento justo para interrumpir su charla con Yuuko.

—Nada —murmuro resignado, ya no podía hacer otra cosa. Se giro para quedar frente a ella—. ¿Me buscabas para algo, Tomoyo?

Como si le hubiera venido una chispa de lucidez a la memoria, a la amatista le brillo la mirada y un leve sonrojo se adueño de sus mejillas.

Eriol se le quedo viendo un rato y comprendió de inmediato cual era el motivo de que su compañera fuera asediada por multitud de chicos, que o le pedían una cita o le pedían un beso, y es que la primogénita Daidouji era en verdad una belleza femenina; desde su esbelta figura hasta su largo y brilloso cabello. Tenía un rostro simétrico y no poseía una piel de porcelana como cualquiera pudiera imaginar, de hecho, si la observabas de cerca, alcanzabas a distinguir un pequeño montón de imperfecciones propias de la edad, que lejos de quitarle atractivo, lo incrementaba, porque Tomoyo con todo y todo, continuaba siendo bonita. Pero Eriol sabía que había algo mas, un "algo" que no podía explicar y que era lo que realmente captaba la atención de medio mundo. No eran sus ojos, a pesar de ser tan exóticos, ni tampoco su físico, era más bien su ¿esencia? Eso que le daba la imponente elegancia que tenía e irónicamente la amabilidad que desprendían sus ojos. Se trataba de eso que Eriol no conseguía explicar, lo que verdaderamente atraía de Tomoyo Daidouji.

—Veras —dijo la nívea sacándolo de sus cavilaciones—, mi madre ofrecerá un baile dentro de dos semanas y… bueno, toma.

Tomoyo le extendió una tarjetita de tamaño medio y elegante color pistache con ornamentos negros. Se trataba de una invitación.

— ¿Tu madre está de acuerdo en que vaya? No me tiene en mucha estima —dijo Eriol recordando aquel acontecimiento en el que Sonomi se le había tirado encima. Tomoyo desvió la mirada al recordar todo lo que le habían hecho a Hiragizawa esa última semana.

—Cada año mama me da cierta cantidad de invitaciones y esta es una de ellas. Además, será una fiesta de disfraces, ella no te reconocerá.

Y tampoco podrá atacarme, pensó Eriol con una gota en la cabeza.

—Entonces, ¿iras? —la sonrisa de Tomoyo le causo un poco de gracia. Desde ese extraño momento en el parque la chica había empezado a tratarlo igual que antes, amable y educadamente, y aunque todavía le dedicaba una buena sarta de gritos de vez en cuando, Eriol notaba que esa cortesía propia de los desconocidos iba disolviéndose poco a poco.

—Solo si prometes que regresare sano y salvo.

Ella puso los ojos en blanco pero mantuvo su sonrisa. Sin decir más comenzó a caminar fuera de los jardines de la preparatoria, todavía tenía que buscar a Sakura y a Shaoran para entregarles a cada quien su invitación.

—Una cosa más Hiragizawa —Eriol, que le seguía el paso a un lado de ella, alzo la ceja derecha con curiosidad—. ¡Yo me encargare de tu disfraz!

Llevaba esperando ahí un buen rato, un sudor frio le perlaba la frente y no podía evitar sentirse nervioso, sumamente nervioso.

Esas dos últimas semanas se le habían pasado a Eriol con la misma rapidez que el correr de las aguas de una catarata furiosa, y es que solo estaban a dos días de la dichosa fiesta y del fin de mes.

Se retiro los anteojos para limpiarlos con un extremo de su camisa del uniforme escolar. Ese miércoles en particular se había quedado hasta tarde charlando con Li en los alrededores de la preparatoria. Tomoyo había desaparecido hacía tiempo y había arrastrado a la pobre de Sakura con ella, como siempre, dejando a Shaoran un tanto mosqueado, según el mismo castaño le contara, ese día había planeado una cita sorpresa con su esmeralda novia y para esos momentos, la amatista ya lo había arruinado por completo.

Eriol, sin contenerse, acabo soltando una estruendosa carcajada burlona y como respuesta obtuvo no solo la mirada fulminante de Li, sino también un golpe nada amistoso en la espalda.

Una sonrisa ladina se le dibujo en el rostro, lo cierto era que Tomoyo había estado un tanto incontrolable en esas dos semanas.

Había ignorado las negativas de Eriol para que se hiciera cargo de su disfraz, y además, se había echado sobre los hombros la responsabilidad de confeccionar el de Sakura (como todo mundo suponía), haría el de Li también y por si eso no era poco, sería ella quien prepara su propio disfraz. El ingles se preguntaba cómo era que Tomoyo diseñaría y confeccionaría cuatro disfraces en tan poco tiempo.

Durante esos días había visto poco a la amatista, y cuando lo hacía, siempre tenía entre manos una aguja o estaba partiendo ya hacia otro lado. El par de castaños estaban también preocupados por ella, esas ojeras se hacían más notorias conforme pasaban las mañanas y nadie la había visto comer o tomar un descanso, cabía la posibilidad de que no lo hiciera.

Eriol suspiro, ¿Qué podía hacer? Ya conocía esa actitud obsesiva de Tomoyo cuando se trataba de confeccionar algo, pero a decir verdad nunca la había presenciado de cerca. Quizá debiera hablar con ella.

Pensamientos de ese tipo circulaban por su mente cuando las luces de la habitación de Tomoyo fueron apagadas repentinamente, dejándolo en la completa oscuridad y con los nervios a flor de piel. Ella le había dicho que esperara allí, pero ahora que lo notaba, en ningún momento menciono para qué.

Aun después de tantos años, esa chica continuaba saliéndose de sus parámetros.

—Damas y caballeros —se escucho desde algún lugar desconocido la voz amplificada de Tomoyo—. A continuación presentamos la línea de disfraces masculinos de la renombrada diseñadora ¡Tomoyo Daidouji!

Eriol soltó una risa, divertido por la gracia de ella. Fue una risa que duro apenas hasta el instante en que las luces volvieron a encenderse y frente a él aparecieron tres disfraces completamente diferentes y que uno dudaría si realmente eran para hombres.

Todos sabían de las excentricidades de la amatista y era precisamente ese el motivo de las constantes negativas para que se hiciera cargo de los vestuarios.

El joven ingles sintió un escalofrió recorrerle la espalda cuando se percato de una presencia detrás de él.

—Tienes que probártelos Hiragizawa —no sabía si era su imaginación, pero creía haber percibido un tono de maldad en las palabras de Tomoyo.

Trago ruidosamente y para cuando se dio cuenta, ella ya lo tironeaba de las manos obligándolo a ponerse de pie, mientras que en menos de lo que se dice "miedo", ya estaba dentro del cuarto de baño con uno de los disfraces entre las manos.

De un tiempo para acá las situaciones no le estaban siendo nada favorables, ahora quien se lamentaba era él y no Tomoyo, ¡no le gustaba estar de ese lado del juego!

La amatista espero más de lo que hubiera querido, a punto estaba de lanzarle un grito a Hiragizawa cuando el pomo de la puerta giro y la misma fue abriéndose lentamente hasta que dejo ver completamente la figura de un muy avergonzado (y algo enojado) Eriol Hiragizawa.

— ¡Te ves tan mono! —el grito le lacero los tímpanos al chico de ojos color zafiro. Si eso era "mono" para Tomoyo, no quería imaginarse que sería lo "no mono" —. ¡Ya decía yo que Mario Bros nunca pasa de moda! ¡Te veras maravilloso ese día! Tal vez si no fueras tan pálido te parecerías más, pero ¿a quién le importa? No dejas de verte genial. ¿Qué opinas Hiragizawa?

—No iré con esta cosa —sentencio Eriol cruzándose de brazos y frunciendo el seño—, ni lo pienses.

Y la ilusión de la chica se fue por la borda. ¿Qué había de malo con el overol, el bigote falso, el sombrero y la barriga de esponja que lo hacía lucir gordito? Para Tomoyo, Hiragizawa se veía bastante lindo y estaba casi segura que llamaría la atención. No era por presumir, pero había hecho un gran trabajo y fácil podría ser uno de los mejores disfraces de la velada.

Eriol suspiro una vez más, notablemente derrotado. Odiaba ese sentimiento de culpa al ver desaparecer poco a poco el brillo en los ojos amatista. Maldito complejo de caballero.

—Anda ya, aun quedan dos disfraces, ¿Por qué mejor no me pasas otro?

Y la sonrisa volvió al rostro de la amatista quien, ni lenta ni perezosa, se apresuro a ponerle en las manos el segundo vestuario.

De nueva cuenta, una escena muy parecida. Él de pie en el marco de la puerta del cuarto del baño, con un sonrojo, pero ya no de vergüenza, sino más bien de molestia contenida. ¡Esa chica estaba loca si creía que iba a usar eso!

¿Qué se suponía que era lo que llevaba encima? Eriol no sabía definirlo, se trataba de un trozo de tela enredado alrededor de las caderas, y justo en uno de los extremos, salía una especie de tirante grueso que pasaba por uno de sus hombros e iba a terminar en el extremo opuesto, pero en la parte de la espalda. Tal vez lo haría pasar por una toga, de no ser por el terrible color naranja calabaza y esas manchas amarillas que no sabía a qué le recordaban. No llevaba camisa y el "vestido" le llegaba un poco arriba de las rodillas, haciéndolo sentir expuesto y desnudo… ¡desnudo!

— ¿Sabes? Es muy mala idea —dijo seseante al tiempo en que sentía su rostro arder como el mismo fuego. Tomoyo tampoco estaba en mejores condiciones, asintió con los ojos cerrados y no tardo en darle el tercer y último disfraz.

Eriol se prometió que, si era otra ridícula vestimenta, se encargaría de dejarle bien en claro unas cuantas cosas a la amatista. Él no era ni Sakura ni Shaoran, que se ataviaban de cualquier cosa tonta que les diseñara por cumplirle algún capricho. Él no pretendía parecer estúpido.

Salió del cuarto de baño con el cuerpo tenso, ya no le había prestado nada de atención al vestuario mientras se lo colocaba, lo único que deseaba era que todo eso terminara.

—Se ve… perfecto.

El susurro de Tomoyo lo trajo de vuelta de aquel letargo, y es que como reza el dicho "La curiosidad mato al gato", Eriol no pudo evitar ese picor curioso y se acerco al único espejo de cuerpo completo que había en la habitación.

Se admiro unos minutos, y aunque una altanería que no sabía que tenía le impedía decirlo, él también pensó que se veía perfecto.


Notas de la autora: Esta vez no hay muchos comentarios, solo que... ¡Es miercoles y hay capitulo! Espero que les haya gustado, sobre todo la parte final XD Ahora si, un agradecimiento a todas las personas que me han dejado reviews, y a quienes leen tambien desde las "sombras" (?), las cosas no serían lo mismo sin ese apoyo jeje. Un saludo para todos!