La historia detrás del disfraz.
A algunos hombres los disfraces no los disfrazan, sino los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro.
Gilbert Keith Chesterton.
Se observo en el espejo del tocador y sonrío con satisfacción y algo de pena. Tomoyo tenía una creatividad y una habilidad sorprendentes que estaba segura, ella jamás llegaría a alcanzar.
—Tomoyo se lucio esta vez —alago Kero observándola desde su lugar en la cama—. Te ves muy bonita Sakura, ese mocoso no dejara de observarte. —agrego mosqueado, igual que Touya, Kero no quería mucho a Shaoran.
—Deja de decir tonterías —murmuro la castaña, todavía embelesada con el atuendo que su amiga le había dado dos días antes.
El disfraz que Tomoyo confeccionara esta vez no le recordaba para nada a esos vestuarios que utilizaba en sus tiempos de Card Captor. A decir verdad, si no fuera por ese corsé con encajes que le hacía pensar en las mujeres de la época medieval, el vestido que llevaba puesto fácilmente pasaría desapercibido en una fiesta de etiqueta. Debía admitir que el estilo de Tomoyo había cambiado bastante, ya no era tan extravagante como cuando era una niña.
Dio una vuelta lentamente y admiro la delicada tela blanca que se ajustaba en los lugares precisos y caía con gracia en zonas como las mangas largas y la falda. No era un vestido muy vaporoso y eso era algo que agradecía, se sentía ligera. El corsé le daba un escote pronunciado pero elegante, y aunque de frente el vestido le llegaba a las rodillas en la parte de atrás la tela le rozaba los tobillos sin ninguna preocupación aparente.
Según Tomoyo, ella iba a ser "El ángel más hermoso de toda la fiesta", pero al observarse en el espejo una vez más, la idea de que parecía una sacerdotisa le asalto la mente y no la dejaría en todo el resto de la noche.
— ¿De qué va a ir vestido el mocoso? —pregunto Kero.
—No le digas así. Se llama Shaoran.
—Como sea —el Guardián agito una de sus pequeñas manitas, restándole importancia al asunto—. Espero que sea algo que combine contigo, sería horrible que una princesa bailara con un plomero.
— ¡Kero! —Sakura lo observo por primera vez desde que comenzara a arreglarse.
Kerberos era simplemente imposible, desde que su vida mágica pasara a un muy alejado segundo plano, el pequeño Guardián se pasaba el tiempo vagando por allí, entre videojuegos, decenas de postres y su actividad favorita, amargarle su relación con Shaoran.
Sakura tenía que admitir que a veces era insoportable, igual que su hermano.
El toque a la puerta de la habitación y la voz afable de su padre anunciándole que Shaoran había llegado ya, le hizo olvidar el seño fruncido que le dirigía al pequeño peluche amarillo, y con rapidez, se coloco las alas cubiertas de plumas que reposaban a un lado de Kero. Eran livianas y del tamaño justo para que no se volvieran un estorbo. Así que sí, al final Sakura Kinomoto sería el inocente ángel que anduviera paseando por la fiesta.
— ¡No dejes que ese mocoso se te acerque mucho Sakura! —ella tan solo reprimió una venita de molestia. Tan ingrato como siempre, Kero no era capaz de despedirse deseándole algo como "diviértete en la fiesta".
Bajo las escaleras aparentando una inquebrantable serenidad aunque por dentro era un manojo de nervios. Había salido con Shaoran infinidad de veces, pero ¿Qué podía hacerle? Su naturaleza tímida era la culpable de que se sintiera como en la primera cita.
Entro a la sala donde su novio le esperaba, y al verlo, no consiguió evitar que una cruel carcajada escapara de sus labios maquillados con un tenue color rosado.
—Vaya. Hola Sakura, ¿Qué tal? Tú si te ves preciosa —ironizo el chico de ojos ámbar, arrugando el entrecejo y haciendo un mohín digno de un niño.
Y es que mientras Tomoyo había hecho una maravilla con el disfraz de la castaña, con el disfraz del joven Li… bueno, no cabía duda de que también se había esmerado, pero Shaoran simplemente creía que estaba destinado a hacer el ridículo con ese disfraz de guardia ingles. ¡Si hasta llevaba el alto sombrero negro!
—No te vez mal —dijo Sakura comprensivamente y él tan solo rodo los ojos—. De hecho, nuestra amiga dio justo en el blanco.
Dibujo una pequeña sonrisa y algo dubitativa se acerco a Shaoran para, contra todo pronóstico, unir sus labios en un repentino beso.
Y Li se sintió en las nubes y disfruto del dulce sabor de Sakura como tantas otras veces, pero esta era diferente, porque ella había tenido la iniciativa, porque ella iba vestida de ángel.
—Debemos irnos —murmuro contra su boca, él tan solo atino a asentir y a observar el sonrojo de sus marcados pómulos.
Sakura entrelazo sus manos y juntos, con una sonrisa de hito en hito, caminaron hacia la puerta principal.
—Sakura.
— ¿Si?
—Te ves hermosa.
/
Allí estaba, como invitado no reconocido en la fiesta de disfraces de Sonomi Daidouji (mujer que por cierto parecía odiarlo), acaudalada empresaria ricachona que ofrecía una de esas típicas reuniones sociales cada año sin ningún objetivo en particular, solo quizá, el reafirmar las ya de por sí estrechas relaciones con el selecto circulo de hombres de negocios.
Como suponía, la extravagante mujer había tirado la casa por la ventana, ofreciéndoles a sus invitados lo mejor de lo mejor, desde la comida hasta las florecillas que estratégicamente adornaban el dorado salón, pasando por los licores, la música en vivo y aquellos meseros que daban vueltas de un lado a otro, ofreciendo en sus bandejas copas con buen vino o pequeños bocadillos para degustar. Otra típica y aburrida fiesta de sociedad. ¡La única diferencia es que esta vez había disfraces!
Eriol suspiro disimuladamente, preguntándose por qué diablos había aceptado ir a una de esas reuniones que tanto evitó en Inglaterra. ¿Había sido por la idea tentadora de que se trataba de una fiesta de disfraces? ¿Tal vez por aburrimiento? ¿O era porque lo habían tomado desprevenido? ¡Excusas! Aunque no se lo aceptara ni a él mismo, Eriol estaba allí por el simple hecho de que una chiquilla de cabello negro se lo había pedido. Se sentía como un adolescente que había perdido la cabeza y no sabía por qué y eso era una ofensa para su alto intelecto y experiencia. Si tan solo ese picor extraño no se presentara en su pecho cada vez que ella estuviera cerca, quizá podría pensar con más claridad.
Iba a suspirar de nueva cuenta, cuando se percato por el rabillo del ojo de tres siluetas que estaban cerca de él. Se trataba de un trío de señoritas que por supuesto no conocía y que iban ataviadas con elegantes disfraces de hadas. Dos de ellas eran rubias y la tercera era pelirroja, su cabello parecía una antorcha con fuego refulgente.
¿Por qué lo veían de esa manera? Casi como si quisieran comérselo, devorarlo y no dejar ni siquiera sus pobres e iracundos huesos. Esas chicas parecían locas.
Eriol se removió incomodo en su lugar y casi por inercia, se observo a sí mismo.
¡Pero por supuesto! Lo había olvidado.
Todo era gracias a ese maldito disfraz que llevaba encima.
No sabía a ciencia cierta qué era lo que Tomoyo le había confeccionado, pero algo era verdad, o se le veía muy bien o se le veía espantoso, porque desde que pusiera un pie en el salón las féminas simplemente no dejaban de lanzarle miraditas extrañas. Aunque claro, de una forma para nada modesta el ego de Eriol apuntaba a la primera opción.
Siendo sinceros, su disfraz era una bizarra mezcla entre mago-mercenario que el ingles no sabía definir muy bien. Llevaba en el torso una armadura negra con ornamentos plateados que le quedaba a la medida, y debajo de esta, una especie de gabardina o quizá una capa, que aunque le ceñía muy bien y poseía todos los detalles que un frac antiguo o un uniforme militar de gala pudiera tener, el área de la falda era mucho más larga (casi rosando el piso) y con mucho mas vuelo, tanto, que el girar un poco significaba traer un ondeo presuntuoso detrás de él.
Con su peculiar color índigo oscuro, la capa tenía también unos ribetes en negro que solo acentuaban su elegancia, y aquellos pantalones blancos hacían juego con el par de guantes igual que las botas negras combinaban a la perfección con la armadura ligera de antes.
Cualquiera podía decir sin temor a equivocarse, que si Tomoyo se había esforzado en el disfraz de alguien, ese había sido en el de Eriol, quien parecía sacado del más oscuro cuento de hadas para seducir a inocentes señoritas con esa mirada misteriosa y esas orejas de gato, que no desencajaban ni un poco con el resto del atuendo.
Y luego de pesadas descripciones y de una sonrisa nerviosa, el joven ingles salió de escena y deambulo un rato por el lugar, en la búsqueda de una escurridiza Tomoyo que lo había abandonado hacía un buen rato, prometiendo "volver en seguida".
Hastiado de todo el ambiente y resignado a no encontrar a la nívea, Eriol opto por aislarse en uno de los balcones más alejados en donde estaba seguro que ninguna parejita lo molestaría, porque era de esos lugares más apartados de la mesa de comida, de las mesas de invitados y de la pista de baile.
Quien sabría cuanto tiempo había pasado, un minuto o dos horas, cuando Eriol sintió la presencia de alguien a sus espaldas.
—Supuse que estarías aquí —dijo Tomoyo acercándose y ocupando un lugar a su lado derecho.
El chico únicamente asintió.
—Ahora que lo pienso —volvió a hablar ella—, no me dijiste cómo me veía cuando te pregunte sobre mi disfraz.
Eriol le dedico una sonrisa incrédula y negando con la cabeza le respondió:
—Tomoyo llevas un parche.
— ¿Y que querías Hiragizawa? ¡Soy un pirata!
Los dos se echaron a reír ante la obviedad de su charla. Él no tenía nada que decir acerca del atuendo de la amatista, solo que tal vez… bueno, tal vez esperaba un pomposo vestido rosa, no un raído y aparentemente sucio disfraz de pirata. Pero había que darle mucho crédito, el vestuario era tan minuciosamente detallado, que para sentirse dentro del papel Tomoyo se había atrevido a colocarse un parche en uno de sus ojos y un garfio en la mano izquierda. No cabía duda que la amatista era la excentricidad andando.
Luego de un ameno silencio, Tomoyo soltó una risita cínica y Eriol la miro con extrañeza.
— ¿Ocurre algo?
—Nada, es solo que… pensaba en que somos unos completos extraños que han convivido por años.
Él fijo la vista en el oscuro paisaje que tenía en frente y revivió aquellas memorias que lo habían asaltado hacía un mes; si le preguntaran, diría lo peculiar que era el hecho de que dos personas se vieran a diario, intercambiaran algunos comentarios y no supieran absolutamente nada del otro, y sobre todo, que la rutina se repitiera por casi cinco años.
—Yo... ¿podría hacerte una pregunta Hiragizawa?
La voz de Tomoyo lo trajo de vuelta a la realidad. No lo pensó mucho, asintió despacio y le prestó toda su atención.
— ¿Cómo… como fue tu infancia? Es decir, ¿fuiste un niño normal?
Eriol estaba confundido, ¿a qué se refería ella con "niño normal"? por su parte, Tomoyo se daba sus tan acostumbrados golpes mentales, los nervios la habían invadido de pronto y había dicho lo primero que le acudiera a la mente, la segunda pregunta lo demostraba.
—Bueno, fui tan normal como un niño mimado lo puede ser —dijo el ingles con una sonrisa de por medio—. Mi padre siempre se encargo de darme todo lo que quería.
—Entonces me imagino que tu madre era la otra cara de la moneda —menciono Tomoyo riendo, ya sabía por qué el chico que tenía en frente era un caprichoso.
—Mi madre… ella brillo por su ausencia luego de que cumpliera siete años —Eriol se encogió de hombros, casi como si no le importara el asunto—. Fue en esa época cuando los recuerdos de Clow se hicieron presentes. Supongo que no estaba preparada para que su único hijo resultara más viejo que ella y además, se convirtiera en un mago. Después de eso, mi infancia dejo de serlo y se resumió a largas tardes entre viejos libros y una que otra hora con algún maestro particular. Mi padre aun no me perdona que hubiera dejado de ser un niño tan pronto.
La amatista se perdió por un momento en el vacío, pensando en lo fuerte y frío que debía ser Hiragizawa. Ella había crecido sin el amor de un padre, pero no quería siquiera imaginar lo difícil que sería vivir sin esos abrazos y esas sonrisas que solo una madre sabe dar.
—Él debe quererte mucho.
— ¿Él?
—Tu padre, él debe quererte mucho.
—Sí, eso creo —Eriol asintió, más para sí mismo que para ella—. Aunque para ser un completo chiflado el enojo ya le duro bastante —agrego en un murmullo.
— ¿Dijiste algo? —pregunto Tomoyo, que se había distraído en el momento en que el sonido de una melodía le llegara desde dentro del salón.
—Nada —dijo el chico con una alegría un tanto falsa.
—Oh, bueno —ella dejo el sitio donde había estado todo ese tiempo y dio unos pasos lentos rumbo al interior—. ¿Quieres ir adentro y bailar un poco… Eriol?
El susodicho curvo sus labios enigmáticamente, mostrando una serenidad que nada tenía que ver con los nervios que le recorrían de pies a cabeza y con el loco palpitar de su corazón.
— ¿Dijiste "Eriol"?
—Ese es tu nombre ¿no? Tú me llamas por el mío desde hace tiempo —Tomoyo le tendió una mano (aquella que no tenía el garfio), invitándolo a tomarla—. Entonces, ¿quieres bailar?
—Sería un placer —respondió el chico de ojos zafiro, cambiando su sonrisa misteriosa por una inocente—. Pero no puedo bailar.
Y allí la magia del momento se fue al traste. Estúpido Hiragizawa, pensó Tomoyo al tiempo en que rechinaba disimuladamente los dientes.
— ¿¡Cómo que no puedes bailar!? Hasta donde veo, no estás en una silla de ruedas ni nada.
—Claro que no, pero… veras… —ella alzo una de sus cejas, a la espera de una tonta excusa. Eriol se dio por enterado y resignándose a no tener escapatoria, bajo la cabeza y permitió que los nervios se hicieran evidentes a través de un sonrojo—. Yo… no sé bailar.
Tomoyo lo observo como si tuviera monos en la cabeza y no unas orejas puntiagudas.
— ¿No sabes bailar?
—No es la gran cosa, después de todo.
La muchacha amatista sonrió comprensivamente.
—Descuida, yo tampoco soy una gran bailarina, así que hagamos el ridículo juntos —y dicho esto Tomoyo le tomo de la mano y lo jalo hasta el interior del salón, quitándose de paso el garfio y olvidándolo en uno de los arbustos del balcón.
Adentro, el ambiente había cambiado. Las luces estaban bajas, dando una atmosfera más romántica y la pista de baile se encontraba llena de parejas inmersas en una danza de lentas canciones.
Los dos níveos tragaron en seco. Tal vez no había sido una muy buena idea.
De inmediato, Tomoyo ahuyento cualquier duda y abriéndose paso entre la multitud condujo a Eriol casi al centro de la pista, pero al notar la rigidez que invadía a su compañero, entendió que sería ella la que tendría que tomar la iniciativa.
Guio una de las manos del chico hacia su cintura y se divirtió con la mueca de alarma que compuso. Ella también estaba nerviosa y no había contado con el curioso cosquilleo que le recorrió el brazo cuando sostuvo en alto la otra mano de Eriol. El ingles desbordaba una calidez envidiable a través de las palmas y los dedos. La hacía sentir segura.
—Tan solo debes dejarte llevar —dijo Tomoyo dedicándole una tímida sonrisa mientras comenzaba a moverse a un suave compas.
Eriol trato de seguirla una, dos, tres veces y en todas esas ocasiones termino enredado en sus propios pies o en los de la chica. Nunca había sido una persona de infinita paciencia, así que al cuarto intento fallido dejo caer los brazos y no volvió a moverse.
—Olvídalo, esto no es para mí.
—Pero ni siquiera lo has intentado bien. Solo una vez más y si no lo consigues te dejare ir. Por favor, Eriol —y esa sonrisa, esa dulce sonrisa de niña que ella le regalo fue el motivo de que él no se escondiera en las sombras de nuevo.
Otra melodía encabezada por el sonido de un piano dio inicio, y con una voluntad que no conocía, Eriol le tendió la mano a Tomoyo, quien la tomó sin titubear.
Y los dos se enfrascaron en esa mágica canción de un piano, una guitarra y una voz de mujer.
Moviéndose con un dejo de duda, pero con precisión, Eriol Hiragizawa guío a su compañera por toda la pista, en un primer baile de dos pasos, en un primer baile que quedaría grabado a fuego en su memoria.
Tomoyo observo el brillo intenso que escapaba de ese par de ojos azul profundo y por vez primera sintió que podía descubrir la historia de una vida plagada de secretos, los vio tan claros y vulnerables como nunca antes, tan humanos, que la idea de quedarse prendada de ellos le supo muy tentadora.
Quizá la cercanía entre los dos era casi nula, quizá llevaban fijos en la mirada del otro por mucho tiempo o quizá el haber permitido embriagarse de un aroma que no era el suyo acababa de llevarlos a un borde muy peligroso, pero a ninguno de los dos le importó, lo único verdaderamente relevante era ese torrente de emociones que ambos experimentaban y que los conducía a formar parte de aquel extraño ambiente hechizante.
Y Eriol se acerco y Tomoyo también, y a punto estuvo de desaparecer por completo la distancia entre ese par de espíritus astutos, cuando una mano tocó sin mucho cuidado el hombro del chico.
La melodía que bailaban término, las luces se volvieron doradas otra vez y un sonrojo furioso invadió las mejillas de los dos, conscientes de todo lo anterior.
—Supongo que no te molesta que baile con ella.
Los dos se giraron hacia el dueño de aquella grave voz y se encontraron con un chico alto y de cabello negro.
—No puede ser —susurro Tomoyo sorprendida—. ¡Eres tú!
Eriol observo con confusión y una extraña molestia, la forma en que la amatista saltaba a los brazos de ese sujeto, que la alzaba en el aire y la encerraba en un apretado abrazo.
Y después de un par de sonrisas radiantes y una que otra palabra, ella pareció acordarse de que aun seguía allí.
—Ah, quisiera presentarte a alguien muy especial para mí.
Él no dijo nada, tan solo miro con odio los brazos entrelazados de esos dos.
—Eriol, te presento a… —empezó a decir la chica, pero rápidamente fue interrumpida.
—Kurogane, el novio de Tomoyo.
Notas de la autora: Me emocione mientras escribia, es la primera vez que narro una escena "romantica" (o algo asi XD) y la idea era que no fuera muy muy melosa... aun. Espero que no les haya decepcionado el disfraz de Tomoyo, si es que como Eriol esperaban algo mas rosa, pero es que en si la idea de los disfraces siempre se me hizo muy cliché y como al final no pude evitarla, quise por lo menos darle mi toque XD
Y ya antes de irme, como detalle para no crear confusiones (aunque quiza ya lo notaron), mi fic no tiene relación con el anime de Tsubasa y XXXHolic, sino que solo tome a los personajes (Yuuko y Kurogane) y las relaciones que tienen con Tomoyo y Eriol (o Clow, dependiendo el punto de vista). Y una última disculpa por no haber contestado los reviews aun, pero aun así gracias por ellos, es una alegría que el fic este gustando tanto :D Saludos!
