Saludos queridos lectores! Feliz 2014 para todos! Espero que hayan pasado unas fiestas maravillosas, y a los que no tuvieron tal felicidad, que se consuelen con la idea de un año nuevo lleno de nuevos emprendimientos e ideas, como espero que sea el mío :)
Por otro lado, traje por fin la continuación de Lazos, llena de nuevos acontecimientos y con una escritura un poco más fluida y rica que la de capítulos anteriores (o eso intenté por lo menos). Es un capítulo bastante importante en relación en lo que pasará en el futuro de la historia, así que, a partir de ahora manténganse alerta!
Sin mucho más que decir que agradecimientos a todos los que dejaron reviews en los capítulos anteriores y que siguieron la historia hasta ahora, les dejo el capítulo 30
Gracias por leer!
30
-Sakura...-
Los ninjas no tienen sentimientos.
Esa era la primera regla que había asimilado sobre la profesión que encarnaría durante el resto de su vida. En aquel momento era un niño de casi trece años, quien reconocía pocos sentimientos más que el resentimiento y la amargura y que además no prestaba objeción alguna al momento de ocultarlos en lo más profundo de su inconsciente.
Por supuesto, para su sorpresa, su condición como ser humano había cambiado drásticamente, y a partir de dicha metamorfosis, se había ocupado de colgar la capa y la máscara de villano después de la última guerra en la que había participado del lado de los buenos, abandonando por completo su actitud de niño vengador.
Desde entonces se había encargado de limpiar su oscura reputación de asesino para cambiarla por la del hombre adulto residente en la aldea de la hoja y ninja estrella que sabía, estaba destinado a ejercer.
Con ello los sentimientos que con gran esfuerzo se había ocupado de reprimir, negar y eliminar (en ese orden exacto) habían explotado inevitablemente y ahora se veía condenado a convivir con las consecuencias de un corazón romántico y sensible que no le permitía fingir, de la misma manera que había hecho en su tierna infancia, en situaciones como aquella.
Situaciones para las que ningún ser humano sobre la tierra estaba preparado.
Encontró la fuerza que había perdido en su voz y volvió a llamarla, esta vez, insistiendo con eficacia.
-¡Sakura!- Sus ojos del color del agua se abrieron perezosamente, mostrando una película de ignorancia e inocencia en aquellas piedras preciosas pegadas a su rostro de luna llena, con las que ella se paseaba por la aldea. Consiguió salir del trance en el que se había inmerso desde que aquellos ninjas, aturdidos por el horror que reflejaban en sus rostros pálidos, habían llamado poco elegantemente a su puerta en busca de su compañera de cuarto, que casualmente también era la directora del hospital de Konoha y quien debía encargarse de atender de inmediato la emergencia que los había golpeado en el rostro, apenas minutos después de la salida del sol. -Debo acompañarte al hospital de inmediato...Kakashi se encuentra en grave estado y ...- Ella cortó el fluir de sus palabras torpes, irguiéndose en el lecho de algodón y abriendo sus ojos por la sorpresa y la incomprensión, a una capacidad mayor de la que Sasuke creía posible.
Sakura sabía un poco de la misión a la que Kakashi había sido enviado una semana atrás, por lo que no necesito un detalle más para saltar de su cama y correr al hospital, rezando por que las heridas no fueran fatales.
-Necesito que despiertes a Naruto y lo mandes allí de inmediato.- Lo empujó en el pecho levemente con sus palmas rosadas, para poder ponerse en marcha, sin preocuparse por respirar antes de comenzar a despojarse del fino vestido de satén, que consistía en su atuendo para dormir, para poder enfundarse sus largas botas de cuero y su ceñida calza de entrenamiento del color de la noche.
Sasuke se vio aturdido por su repentina desnudez, su corpiño inmaculado que apenas cubría parte de sus senos rosados y la curvatura de su trasero, rodeado por aquella pequeña ropa interior que apenas tapaba lo más profundo de su intimidad, tapizada de encaje y moños, como el vestido de una princesa.
De inmediato se percató de su falta de ubicación, y se obligó a voltearse, decidido a abandonar la habitación para llevar a cabo la tarea que su compañera le había encargado.
-¡Apúrate, no podemos perder un minuto!- Ella se trasladó con la rapidez de un espíritu hasta el salón mientras terminaba de acomodar su cabello en una desordenada cola de caballo y alisaba con sus manos la musculosa negra que acababa de ponerse y que había olvidado planchar el fin de semana anterior.
-Vamos.- La voz de Sasuke sonó más serena esta vez, mientras su mente todavía trataba de procesar que la única figura paterna que había tenido después de la muerte de su padre y de su hermano, estaba muriendo en un lecho de hospital mientras que ellos se preocupaban del estado de sus ropas y sus rostros hinchados por el sueño.
Sakura ya estaba en la puerta cuando lo que parecían balbuceos de la boca de Naruto llegó a sus oídos desde la habitación que compartían. Miró a su compañera para confirmar su decisión y ella asintió levemente con su cabeza, comunicándose a través de sus miradas como una pareja de recién casados que dejaba a su hijo en su primer día en la academia.
-Ya nos alcanzará, debemos irnos ahora.- Sus piernas torneadas comenzaron a alejarse por la calle de tierra, formando pronto una nube de polvo blancuzco a su alrededor. Él no tardó en seguir sus pasos.
En pocos segundos, corriendo y saltando de rama en rama llegaron al hospital de Konoha, seguidos por el escuadrón de ninjas pálidos que habían ido a buscarlos, y lograron pronto introducirse en la maraña de ninjas y aldeanos estremecidos por la noticia, que ocupaba casi todo el recibidor y pasillo principal del hospital. Sus rostros destacaban entre el resto de la masa de cabezas que los conducía por los pasillos como si fueran los reyes de aquel castillo, y los aldeanos los vitoreaban y alentaban con sus miradas, en silencio, de la misma manera que habían hecho cuando habían vuelto de la guerra.
Sasuke creía que el tumulto de gente en el recibidor era asfixiante, pero al llegar a la sala de operaciones en donde el cuerpo agonizante de su maestro se encontraba, supo lo que la falta de aire significaba para el cuerpo humano. A pesar de sentirse abrumado, la sala solo era ocupada por ellos y tres ninjas más.
La Hokage de cabellos rubios, que mostraba en su rostro una angustia destructiva, su leal compañera y seguidora, esta vez sin el animal que tenía de mascota y que siempre había sostenido entre sus manos en los momentos en que Sasuke la había visto, y finalmente, aquel ninja médico de cabellos rubios y ojos negros que sabía era "amigo" de Sakura, y que la había acompañado a todos lados, como una peste, desde que había puesto pie en la aldea de la hoja, cuatro días atrás.
Sakura se abrió paso con sus manos entre aquellas pocas personas que rodeaban el cuerpo de quien ella consideraba ahora su padre, con una mirada de desconcierto en su rostro perlado por el sudor que la carrera había provocado.
-Necesito que me informen todo lo que sepan.- Su voz sonaba más grave de lo que Sasuke jamás la había escuchado, incluso aquella vez que le había prometido abandonar su aldea y seguirlo hasta los fines del infierno, solo para poder estar a su lado. O al menos así él lo había entendido. De todas formas había querido asesinarlo después y él había respondido de la misma manera, por lo que la promesa había quedado en el olvido de los recuerdos.
-Al parecer se enfrentó a un enemigo usuario de la arena, tiene numerosas heridas superficiales, una pierna y casi todas las costillas rotas, pero lo más preocupante es la cantidad de veneno que se le fue administrado durante la pelea. El resto de su escuadrón no volvió, solo uno de sus compañeros que logró traerlo hasta aquí, pero murió apenas puso pie en la aldea, por el efecto del mismo veneno.- La Hokage habló con palabras simples y una voz neutral que había provocado escalofríos en su audiencia.
-¿Un usuario de la arena?- Sakura miró sorprendida a su maestra, a lo que ella asintió rápidamente con la cabeza.
-Así es. Shizune envió un ave para informarle al Kazekage al respecto de esto, puesto que Kakashi estaba cumpliendo una misión de espionaje, además pedimos que nos trajeran a cambio cualquier tipo de antídoto que nos sirva para contrarrestar el veneno, junto con una muestra del mismo.- Sakura calló por unos segundos, dando a entender que estaba procesando uno por uno los hechos que acababan de vomitarle en los oídos, y luego, intercambió miradas con sus colegas, y comenzó con su arduo trabajo, junto a el resto de los médicos que se encontraba a su lado.
Sasuke se retiró arrastrando los pies, derrotado, hasta un banco de madera frente a la puerta de la habitación en la que el hijo del colmillo blanco de Konoha luchaba por su vida.
Sus pensamientos se convertían poco a poco en un embrollo de hilos dorados que comenzaban a oxidarse, mientras que su mirada cansada seguía fielmente cada movimiento de su compañera.
Había destrozado el chaleco y la simple remera negra que cubrían el cuerpo de su maestro con un ágil movimiento de sus manos delicadas, y luego había comenzado a curar con su magia verdosa los huesos rotos del pecho que sobresalían de forma grotesca de la piel rosada e inflamada, manchada por un alarmante círculo escarlata de sangre seca.
Cerró sus ojos para huir de aquella imagen, pero de inmediato volvió a volcar su atención en la mesa de operaciones. Aquellas manos de mujer se encargaban de retirar piel y huesos y ponerlo todo en su lugar, asesorada por las manos de sus compañeros, que seguían sus órdenes y que pasaban con cuidado un paño húmedo por la frente del hombre de la máscara con cada minuto que el reloj sobre sus cabezas anunciaba.
No había pasado mucho tiempo cuando sintió pasos acercarse a la carrera por el pasillo de un blanco inmaculado. El rostro de Naruto se encontraba congestionado por el más profundo y punzante dolor, y sus atrayentes ojos azules mostraban una mezcla peligrosa de ira e impotencia, que sabía, podía alcanzar a destruirlo en cuestión de segundos.
Su cuerpo pesado y atlético se desplomó en el espacio a su lado, desistiendo de interrumpir en la habitación en la que se llevaba a cabo la heroica empresa de enmendar cada parte del cuerpo de su maestro.
-¿Cómo se encuentra?- Sasuke no retiró sus ojos cansados de las manos de su compañera, le parecían más pequeñas que nunca trabajando sobre el pecho de aquel hombre fornido, un desconocido moribundo sobre la camilla manchada de sangre.
-Muriendo.- Su respuesta no provocó grandes cambios en el rostro de su compañero, que observó atentamente por el rabillo del ojo. Pero sabía que Naruto estaba mirando lo mismo que él, y supo también que había visto con sus propios ojos el rostro de la muerte, flotando sobre las cabezas de aquellos trabajadores inagotables y de aquel cuerpo que si no fuera por la magia de Sakura, ya luciría en el dedo gordo del pie una bonita etiqueta blanca con su nombre en tinta negra.
-Mierda.- El olor pútrido y metálico de la sangre y aquel aroma cansino y terroso que supuso era el olor de los huesos, llegó como un puñetazo en el rostro desde el interior de aquel aquelarre milagroso, y debió esforzarse para tragar el contenido de su estómago que amenazaba con escapar de su boca en una poderosa y pestilente bola de mierda, tal como Naruto había dicho.
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Las horas pasaban y a la directora del hospital de Konoha comenzaba a tentarle la idea de tomar aquel aparato demoníaco entre sus manos adormiladas por el esfuerzo y estrellarlo contra la pared más próxima, solo para evitar que continuara marcando con aquel sonido irritante el correr del tiempo.
Cada minuto que el reloj marcaba era una posibilidad menos de salvar a su maestro de la peste que corría por sus venas y amenazaba con sorprenderlos desprevenidos cada vez que se detenían para pestañear.
Sakura, sin embargo, no planeaba abandonar la empresa, como la Hokage había sugerido horas atrás, porque sabía que la salvación podría llegar en manos del Kazekage.
Suna y Konoha se habían visto más unidas que nunca después de la última guerra, que las había encontrado como aliadas de hierro, coronadas por una amistad tímida pero sincera que había comenzado a formarse entre el dirigente de Suna y la jugadora empedernida de Konoha.
En vistas de los peligros que asechaban las fronteras desde el momento en que los campos de batalla se disolvieron y desaparecieron tanto en el desierto como en el bosque, ambos kages habían decidido construir un túnel bajo las pesadas y calientes arenas del desierto (con la ayuda del Kazekage), que conectara la torre del Kazekage y la torre de la Hokage mediante un pasadizo secreto y de uso excepcional que permitía acortar las distancias entre ambas aldeas en situaciones de emergencia.
Debido a esa ventaja, de la que solo la Hokage, Shizune, Sakura y el propio Kakashi eran conocedores, la joven ninja confiaba en que la lealtad del Kazekage lo impulsara a enviar de inmediato un antídoto para contrarrestar el veneno; contando con las ventajas de las múltiples plantas curativas que poseían en su invernadero.
Tres horas habían pasado cuando Sakura decidió finalmente descansar, después de haber curado todas las heridas del pecho y de la pierna, y hasta las heridas superficiales, que habían dejado el cuerpo de su maestro impecable en la superficie, pero flotando en una nube de pálida inconsciencia de la que todos los presentes eran conocedores.
Caminó con lentitud hasta el banco de madera en el que Naruto y Sasuke descansaban, el primero dormido sobre el regazo del segundo.
Sakura eligió su lugar al lado de Sasuke, dejándolo en el medio de ambos, inmerso en un abrazo de familiaridad y protección del que no había gozado en años.
-No te culpes por lo que pueda pasar, Sakura. Hiciste todo lo que estaba en tus manos.- Efectivamente, Sasuke había visto durante horas aquellas manos trabajar, y nada ni nadie podría convencerlo de lo contrario. Ella le dedicó una sonrisa débil pero sincera, que evolucionó después de mirarse durante largos segundos en un casto beso en la mejilla de su compañero de equipo y primer amor.
-Solo espero que sea suficiente.- Sasuke sintió que algo en su interior se estremecía y adivinó que era aquel aparato demoníaco que los mortales sin resentimientos hacia el mismo llamaban corazón. Sintió además que su pecho se inflaba como un globo al ver que el "amigo" de Sakura había sido testigo de aquella cándida demostración de afecto, y de inmediato supo que era el hombre a cargo.
Si había algo que Sasuke Uchiha disfrutaba del mundo en el que los espíritus malignos lo habían puesto, era de la llana y saludable competencia con cualquier enemigo que se cruzara en su camino. Sobre todo cuando tenía confianza en sus posibilidades.
Hasta ahora, había probado el placer de ser el héroe en el campo de batalla, incluso de ser también el villano triunfante, pero ninguna guerra le supo tanto a gloria como la que ganó aquella tarde en el pasillo inmaculado del hospital de Konoha, teniendo como únicos testigos a su mejor amigo dormido y a su maestro moribundo.
Con una última mirada de resentimiento y el más puro desprecio, su enemigo de ojos negros y cabellos rubios se retiró de la escena detrás de las cortinas azules que separaban una habitación de la otra, sin ser notado por su compañera, que había optado por descansar la cabeza sobre uno de sus fuertes hombros de Sasuke, mientras dirigía su mirada verdosa y cristalina hacia la camilla que ocupaba el centro de la sala de operaciones.
De esa manera permaneció el equipo siete, hasta que apenas un cuarto de hora después, fueron arrancados de su pequeña porción de paraíso por los gritos de las enfermeras y médicos que anunciaban la llegada del Kazekage y sus hermanos al hospital de Konoha.
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-Sakura Haruno.- La voz del Kazekage resonó en la pequeña sala de operaciones con un tono solemne y grave, propio de los dirigentes, a pesar de que medía diez centímetros menos que todos los presentes y era el más pequeño de los tres hermano de la arena.
Sakura dio un paso al frente para hacerse notar entre las otras personas y asintió pacientemente con la cabeza, a pesar de que sus ojos levemente enrojecidos demostraban una ansiedad demoledora, que no había permitido que sus piernas dejaran de temblar desde la llegada de los refuerzos de Suna.
Gaara avanzó hasta donde ella estaba y sin más ceremonias, depositó con delicadeza entre sus manos el frasco que contenía la salvación de Kakashi Hatake, y con una sonrisa casi imperceptible y un susurro de buena suerte, se retiró para dar paso al comienzo del trabajo de los médicos.
El joven de cabellos rojos no se detuvo para observar a los presentes y se dirigió en compañía de la Hokage a la oficina de esta, para tratar asuntos importantes que solo a ellos incumbía. Al pasar a su lado Sasuke notó que inclinaba la cabeza en un pequeño gesto de saludo que no dudó en corresponder.
Naruto continuaba durmiendo como un bebé en su regazo, su expresión sin rastros de la angustia que había mostrado horas atrás, cuando había llegado al hospital.
Sasuke supo días después, que su amigo había sido sabio al retirarse la máscara de velorio antes que todos, puesto que apenas media hora después, Kakashi Hatake se encontraba fuera de peligro y había sido trasladado a una sala común del hospital, en donde un enorme ramo de flores silvestres lo esperaba.
Ino Yamanaka sabía por boca de su madre que esas mismas flores habían sido las que el hombre de cabellos blancos había llevado incontables veces a su enamorada cuando tenía la misma edad que ahora tenían sus alumnos.
