Saludos queridos lectores! Traigo conmigo otro capítulo de Lazos. La verdad es que pasó un tiempo ya desde la última actualización y me sentí lista para el próximo paso en esta historia. Es un capítulo algo corto, pero muy significativo.
Creo que es el inicio de lo que está a punto de pasar, y espero que lo disfruten tanto como yo disfruté de escribirlo.
Muchísimas gracias a todos los que llegaron hasta este capítulo conmigo y espero que sea de su agrado.
Gracias de vuelta!


31

Naranja, rosado, azul, amarillo, incluso violeta y celeste como el cielo. Aquellas atrayentes flores que alguien cuya identidad Sasuke ignoraba había depositado en un jarrón transparente esa mañana. Ese ramo salvaje y fragante había sido la única compañía de su maestro durante la noche anterior, pero apenas el sol había asomado su frente esa mañana, su mejor amigo y él habían saltado de la cama para ocupar su lugar, y llenar los oídos de su maestro de preguntas y anécdotas sobre las horas en las que todos creían que Kakashi Hatake perdería la vida.
El hombre de cabellos grises se encontraba en un estado envidiable, bajo el cuidado de las juguetonas enfermeras y de la más bella de todas las flores del hospital, la doctora Sakura Haruno.
Habían atendido todas sus necesidades y caprichos, le habían dado un almuerzo inolvidable y el regalo impagable de volver a ver los rostros de numerosas personas que no veía desde la guerra y que para su sorpresa se habían visto afectados por la terrible noticia. Incluso el Kazekage se había visto preocupado por su salud y se había detenido para visitarlo, preguntando antes de irse, casi de manera distraída, sobre el atacante que lo había dejado al borde de la muerte que además era un usuario de la arena.
En cuanto el joven de cabellos rojos decidió retirarse, Naturo lo secundó, anunciando que quería hacerle compañía al Kazekage antes de su retorno a Suna, además de que quería compartir algo de tiempo con el amigo lejano que pocas veces en el año tenía el gusto de ver.
Sasuke aceptó quedarse hasta que la hora de visita terminara, ignorando con su conocida muestra de desinterés las protestas de Sakura, que se había detenido a revisar a su paciente.

-Haz lo que quieras, de todas maneras siempre haces lo que se te da la gana.- Volteó su cuerpo dispuesta a abandonar la habitación, con un movimiento de caderas que provocó que la bata holgada bailara sobre su esqueleto.-No me esperen para cenar.-

En cuanto la puerta se cerró detrás de sí, Sasuke supo que podía volver a respirar. A veces la personalidad de su compañera se tornaba un poco controladora, pero con el toque de los años compartidos o a la distancia había aprendido a lidiar con aquellas situaciones de manera eficaz. Además, citando sus palabras, él siempre hacía lo que se le daba la gana.

-Puede ser algo testaruda a veces, pero es entendible puesto que es la mujer más fuerte de Konoha.- Kakashi volteó su cabeza, mostrando su rostro limpió y sin la máscara que normalmente lo cubría, enfrentando de inmediato la espesura y fortaleza de aquellos conocidos ojos negros que lo habían desafiado siempre, desde su más tierna infancia. -Además de que tiene que lidiar con ustedes dos todos los días de su vida, según recuerdo es un trabajo poco recomendable.-

-Hmmp, lo dices como si lo hubieras hecho bien, Kakashi.- La voz de Sasuke sonó profunda como un gruñido y logró que los recuerdos se agolparan en la mente de quien había sido su maestro, que se encontraba en un estado de melancolía pasajera desde que había vuelto de la muerte el día anterior.

-Supongo que tienes razón, pero ella lo hace mejor que yo, sin dudas.- Sasuke se limitó a asentir con la cabeza y desviar su mirada hacia la ventana que daba directamente al jardín del hospital.

Había aprendido a ser tan dependiente de las personas que lo rodeaba que no podía evitar sentir temor y angustia al pensar en los numerosos días que lo esperaban por delante, en la soledad de un barrio desbordante de fantasmas y malos recuerdos.
Sakura se había convertido poco a poco en la figura femenina que su hogar había pedido a gritos desde la muerte de su madre. La cocina se rehusaba a ser utilizada por nadie más que por ella, y cada vez que Naruto o él intentaban siquiera acercarse a aquel reino de la alquimia, alguien terminaba herido, o el arroz simplemente se pasaba.
Las ventanas esperaban cada mañana a que ella las abriera, dejando entrar la brisa del exterior y el perfume de los árboles que interrumpía de improvisto en sus sentidos. El sillón se había amoldado perfectamente a su silueta, y la madera de sus patas chillaba de felicidad cada vez que ella se acomodaba para leer un libro complicado de medicina o ver la televisión, o cuando simplemente se quedaba dormida sobre él después de una larga jornada de trabajo.
La habitación de su hermano, la que ella ocupaba, se había acostumbrado a su perfume cítrico y personal, a los pequeños tesoros que había acomodado sobre la mesita de luz y a los libros que había robado tardes enteras de la antigua biblioteca que permanecía de la misma forma que él la había dejado.
Todo en su casa había logrado adaptarse a ella, y cuando se ausentaba durante las largas noches que pasaba de turno en el hospital, le parecía escuchar los chillidos del sillón, los susurros de las ventanas, el reclamo del reloj, el silencio de la habitación.
Sasuke había logrado adaptarse a ella, y con cada noche que se ausentaba sentía como aquel apretado nudo volvía a formarse en su garganta.

Ella había pasado a ocupar un importante rol en su vida diaria y temía que su presencia desapareciera de inmediato en cuando su misión terminara.

-Ella significa mucho para ti, Sasuke. Eso puedo notarlo.- Su mirada volvió a encontrarse con la de su maestro. Sus ojos negros enrojecidos por la sorpresa. Sentía que aquel hombre al que tanto había admirado y envidiado había sido capaz de leer sus pensamientos.
La sonrisa hasta ahora desconocida que se formó en los labios de su maestro lo desconcertó, y de inmediato sintió que sus orejas ardían, a pesar de que su rostro permanecía como la máscara de indiferencia que tantos años le había costado adquirir.

-No voy a negarlo.- Kakashi asintió y se llevó una mano a la cabeza, peinando con parsimonia los cabellos grisáceos que una amable enfermera había lavado y peinado aquella mañana.

-Supongo que todavía no lo aceptas del todo tampoco. Sé lo que se siente, y créeme, no es nada saludable asimilar sentimientos.- Sasuke sintió que su ceja izquierda se elevaba sin que pudiera controlarla.

-¿A qué te refieres con sentimientos, Kakashi?- Sus ojos no se despegaron de la figura sobre la camilla. Esperó pacientemente su respuesta, pero sabía que por dentro lo carcomía la ansiedad.

-El amor, Sasuke, no es algo que te arrancan del pecho cuando te conviertes en un ninja. Es algo que todos estamos condenados a sufrir, pero que con un poco de suerte y si no cometes los mismos errores que tu maestro, puede ser todo lo que necesitas.-

-No vine aquí para que me des una lección. Ya no eres mi maestro.- Sin embargo su rostro no mostraba desprecio, ni ningún indicio que le indicara a Kakashi que cerrara la boca. Solo curiosidad tal vez, y algo de sorpresa.

-Considerame tu amigo. Y no es una lección, es un pequeño consejo.- Esta vez ambas cejas se elevaron, pero ninguna palabra escapó de sus labios. -Sé lo que sientes por Sakura, Sasuke. Ya no son ningunos niños, ella es una mujer y tu eres un hombre, y créeme, sé lo que ella sintió, dejo de sentir y volvió a sentir por ti. Y por eso creo que deberías revisar tus decisiones.-

-¿Qué esperas que haga?- Kakashi no esperaba esa respuesta. Supo de inmediato que Sasuke había asimilado sus sentimientos, y se sintió orgulloso de repente de aquel niño vengador y estúpido que alguna vez había tomado malas decisiones.

-Quiero que seas sincero, eso es todo. Hasta ahora fuiste sincero con todo lo que querías, y supongo que te ha funcionado. En este caso, creo que funcionará para ambos.- El hombre hizo una pequeña pausa para observar el exterior. El sol comenzaba a caer de su lugar en el firmamento y los colores anaranjados y amarillos comenzaban a pintar las nubes.

-Yo...No se si sea lo correcto.- Su mente recordó de repente aquellos ojos verdes que observaba cada mañana, esa sonrisa que lo recibía cada vez que volvía a su casa e incluso aquella última vez que había probado el sabor de sus labios. Ella no había protestado, pero tampoco había dicho nada como él esperaba. Ahora sabía que esperaba sus palabras. Era su momento de hablar, y no lo había hecho. -Sakura, ella es...perfecta para mí y para cualquier hombre de la aldea, pero dudo que yo sea el hombre perfecto para nadie, y mucho menos lo que ella necesita a su lado.-

-Sasuke, eres todo lo que ella quiere a su lado.- Sus ojos volvieron a enfrentarlo y encontraron compasión. Lo mismo que encontró aquella vez que ella se había acercado a visitarlo en el agujero que ocupaba en el infierno de su jaula.-Yo alguna vez encontré lo mismo que tú en una mujer, pero eché todo a perder.- Su mirada se dirigió directamente al ramo de flores salvajes que reposaba sobre la mesa de noche. Alguna vez se las había regalado a la mujer que había significado todo para él y para su mejor amigo. Nada podría hacer que olvidara la sonrisa con la que ella le había correspondido aquel simple gesto.-Sakura es una mujer excelente, y además es la única mujer que podría estar a tu lado, puesto a que te conoce tal y como eres y como fuiste. No necesitas convencerla de que te ame, porque ella lo hizo desde el principio.-

Una mueca que hacía las veces de sonrisa se formó en el rostro de Sasuke.

Por un momento se imaginó a su lado. Sus ojos verdes brillando solo para él, su sonrisa dedicada solo a su felicidad, su cabello del rosado más tierno enredándose entre sus manos, su piel temblando bajo su tacto, evocó el sabor de sus labios y la manera en que ella los había movido cuando lo besaba, atrevida e invasiva, como el resto de los ingredientes que la conformaban.

-Esta vez seguiré tus consejos, Kakashi. Planeaba hacerlo de todas formas.-

Una enfermera de cuerpo delgado se asomó para indicarle amablemente que la hora de visitas se había terminado, y Sasuke le agradeció con una sonrisa inusual antes de retirarse.
Kakashi durmió mejor aún que la noche anterior, acompañado por el perfume de las flores que tantos buenos recuerdos le traían y por aquella última mirada que su alumno le había dedicado.
Esta vez había hecho lo correcto, y se sentía agradecido por la segunda oportunidad que le habían dado para hacerlo.