Saludos queridos lectores! Aquí les traigo la continuación de la historia, y un capítulo increíble y lleno de emociones! Sasuke comienza a probar un poco el amargo sabor de los celos. Espero que les guste, a mi me encantó como resultó.
Entre otras noticias quería informarles que una seguidora de la historia hizo un fan art de una escena memorable del fanfic (Denuss :D) ! si quieren pueden pasarse por aquí y averiguar de cual se trata:( art/Lazos-432350652)

También quería dejarles la imagen del vestido que Sakura usa en el capítulo. Es del diseñador Elie Saab, por si alguien se lo preguntaba: ( ttp:/i00. wsphoto/v0/1461949712_ )

Además quería agradecer profundamente por todos los reviews que dejaron en el capítulo anterior! muchísimas gracias, es más de los que nunca recibí en un capítulo y me agrada saber que muchos leen esta historia.

Sin más que decir espero que disfruten del nuevo capítulo, feliz lectura y no se olviden de dejar su review!
hasta la próxima!


32

En la mañana ella le había contado sobre el baile.
El turno nocturno había terminado en cuanto el sol la había reclamado de vuelta, y ella había vuelto a la casa que los tres compartían, apenas un cuarto de hora después. Él se había despertado casi en el mismo momento, y había caminado hasta la cocina en busca de un desayuno que lo ayudara a entrenar hasta la noche.
Intentaba recuperar sus fuerzas antes de que ellos lo dejaran.

Sus pies descalzos la trasladaron hasta donde él estaba, en donde la recibió con una tímida sonrisa. Ella lo imitó y tomó la otra taza de café que reposaba sobre la mesada, destinada a su consumo.
Era la primera vez que alguien la esperaba con una humeante taza de café después del turno de la noche, y le pareció una escena que no le importaría repetir.

-Hoy no iré a entrenar por la tarde.- Sasuke se sorprendió al oír sus palabras, aunque se esforzó por ocultarlo detrás de la taza que sostenía entre sus manos.

-Si estas cansada, podemos bajar un poco la intensidad.- Ella negó levemente con la cabeza y probó otro trago de la bebida caliente.

-No se trata de eso. Esta noche es el baile del hospital y voy a tomarme la tarde para prepararme.- Sasuke sintió que su ceja derecha se elevaba casi al instante, y a pesar de sus esfuerzos, esta vez no pudo evitar que ella leyera la expresión de su rostro.

-Supongo que es normal que te inviten a ese tipo de eventos. Después de todo eres la médico más importante de la aldea.- Sasuke pensó que las palabras de Kakashi sonaban mejor en sus labios y por eso se atrevió a pronunciarlas. Además quería admirar la reacción de Sakura. Se sintió satisfecho al observar durante largos segundos la expresión en su rostro. Sorpresa y aquella tímida inocencia que tanto lo atraía.

-Gracias.- Sus ojos se encontraron por unos segundos y luego ella decidió continuar, restándole importancia al asunto.- De hecho me obligan a ir, aunque este año alguien me invitó a la fiesta.- Sasuke creyó que ella bromeaba. No porque no creyera que hubiera encontrado pareja, sino por el contrario, porque no se imaginaba que alguien como Sakura se quedara sin invitación a un evento tan importante. No podía siquiera imaginar una realidad en la que nadie más la deseara, que nadie más quisiera que aquella bella y poderosa mujer le perteneciera, al menos por una noche.

-Entonces, tienes pareja.- De inmediato sintió que debía aclarar a que se refería con pareja, pero con una leve inclinación de la cabeza y una tímida sonrisa por parte de ella supo que todo estaba aclarado.

-Si, tengo pareja.- Su mirada verdosa se desvió hacia la ventana en donde una hoja diminuta había decidido reposar, impulsada por el viento, hasta que alguien la removiese. -Mi ex novio, Shii me pidió que lo acompañara.- Sasuke sintió que algo oprimía su pecho y estómago, pero logro contenerse. Luego analizó con cuidado las palabras de su compañera de equipo.
Ellos habían sido novios en el pasado. Él lo había supuesto, por los ademanes posesivos que había notado en los días anteriores, y por las miradas que le dedicaba, y porque no se había separado de su lado en toda su estadía en Konoha.
Definitivamente había sido una gran molestia, e incluso Naruto lo había admitido.

-El guardaespaldas del Raikage.- Ella asintió con la cabeza y depositó la taza vacía en el fregadero junto a los platos de la noche anterior. -Luché contra él antes de la guerra. Es un ninja médico, según tengo entendido.- Sakura se despojó de la bata blanca que había llevado puesta hasta el momento y la depositó con cuidado en la mesada, después de doblarla con nerviosismo entre sus manos. Desde donde estaba, del otro lado de la barra, Sasuke podía ver ahora la piel de sus hombros y brazos, junto a el contorno de sus pechos redondos debajo de la musculosa negra de entrenamiento.

-Lo conocí cuando nos encargaron la operación del brazo del Raikage. Después de 5 horas en la sala de operaciones sentía que lo conocía de toda la vida.- Sasuke la miró atento desde su lugar y esperó a que ella continuara. Sus ojos verdes admiraban la nada misma. Los recuerdos de aquel año danzando de manera agresiva sobre sus pupilas.-Luego le recomendé 25 sesiones de fisioterapia, a pesar de que solo necesitaba 10, para quedarme en Kumo unos meses más.-

Sus ojos verdes lo miraron. Esta vez, una chispa de diversión y complicidad bailaba en sus pupilas.

Sasuke sintió que un gruñido que hacía las veces de risa escapaba de sus labios y ella dejó de mirarlo de aquella hipnotizante manera de inmediato, dirigiendo su atención al vacío durante algunos segundos y luego, sin que él lo esperara, volviendo a fijarse en sus ojos negros.

-¿Alguna vez estuviste enamorado?- Sasuke se sorprendió al escuchar su pregunta. Ella esperaba impaciente una respuesta, su sonrisa se había desvanecido de sus labios rosados y sus ojos cansados lo miraban con seriedad y algo de nostalgia.
Él negó levemente con la cabeza y depositó repentinamente la taza que había sostenido entre sus manos en la mesada que lo separaba de Sakura.

-No.- Había dudado en responder, pero supuso que ella se refería al pasado. Poco recordaban de los años perdidos, más que el odio más profundo y la agonía crónica de todos aquellos días que había pasado lejos de la aldea.

-Supongo que entonces no entenderías que quisiera someterme al carácter imposible del Raikage durante 15 sesiones totalmente innecesarias.- Él negó con la cabeza y se levantó de su asiento, acercándose con cuidado hasta donde ella estaba.

-Lo entiendo, pero me sorprende que él no lo haya aprovechado, Sakura.- Su mano se acercó peligrosamente a sus labios y finalmente se dirigió hasta su pelo, acomodando un mechón rosa rebelde detrás de su oreja.

Sin intercambiar otra palabra se alejó de donde ella estaba y salió de la casa, para comenzar el entrenamiento que ocuparía el resto de su día.

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Cuando el sol comenzaba a despedirse del cielo, después de darle vueltas al asunto varias veces, supo que había sido hipócrita.

Sakura también había hecho lo posible por quedarse a su lado, y él tampoco había sabido aprovecharlo.

Si se esforzaba solo un poco, todavía podía ver la expresión en el rostro de aquella niña que había dejado abandonada en la soledad de la noche en un banco de cemento.
Nunca había tenido el coraje de reprocharse a sí mismo por ello, hasta esa tarde.
Angustia, desesperación y la más ardiente impotencia habían iluminado sus ojos verdes la vez que había dejado atrás todo lo que podría haber sido en la aldea de la hoja.
El ninja estrella, el héroe, el jefe de la policía de Konoha, el líder del legendario clan Uchiha, la mano derecha del Hokage, el maestro.
Todos esos roles que podría haber ocupado se habían desvanecido, al igual que las esperanzas e ilusiones de aquella jovencita inocente y débil que alguna vez se había encargado de proteger.

Sasuke Uchiha había desaparecido para siempre, y su lugar había sido ocupado por una sombra de traición, venganza y desesperación que todavía luchaba por eliminar de los ojos de los aldeanos.
Su historia había ocupado las bocas de toda la aldea, miradas de desaprobación, lágrimas de decepción, comentarios despectivos, ella había soportado todo, y aún así había decidido permanecer de su lado, al igual que su mejor amigo.
Ellos nunca lo habían abandonado, pero él si lo había hecho, y se había sentido vacío durante todos esos años, creyendo que podía prescindir de los lazos que lo ataban al centro de la tierra y le daban sentido a su existencia.

Llevó su espada hasta su rostro, observando su reflejo en el frío metal de su arma favorita. Con ella en sus manos se sentía invencible. En el campo de batalla no había nadie que pudiera enfrentarse a su ira.
Pero cuando las armas lo abandonaban se sentía vulnerable e inexperto.

Con el tiempo había aprendido que solo servía para matar.

Había sido el arma favorita de todos los enemigos de turno, siendo utilizado bajo su manipulación en múltiples ocasiones, incluso por su hermano.

Itachi.

Recordó a su hermano durante algunos momentos. Su cabello negro largo y lustroso, su rostro firme y surcado por varoniles cicatrices. Su nariz angosta y sus ojos del mismo negro que la noche.
El tacto de sus manos sobre su rostro y todas las palabras que había utilizado para calmarlo en las noches surcadas de pesadillas en las que sus padres no estaban.

Supuso que el habría sido capaz de amar a una mujer como Sakura.

Ambos eran reflexivos y comprensivos. Se dedicaban a proteger a aquellos que más amaban. Adictos a la lectura y de gran disciplina y corazón.

Todo lo que le gustaba de ella le recordaba a lo que había admirado de él.

Y fue entonces cuando supo que se había enamorado sin retorno, y que debía hacer algo al respecto si no quería perderla, al igual que lo había perdido a él.

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Había llegado hasta la casa que los tres ocupaban arrastrando los pies pesadamente sobre la tierra. Los rostros conocidos que se había cruzado por el camino comenzaban a desvanecerse en una nube de preocupación y cansancio.
Su cuerpo pedía a gritos un baño al igual que su mente un respiro, después de todas las profundas reflexiones que había elaborado durante aquella tarde de verano.
Al pasar por la torre del Hokage, había visto decoraciones agradables junto a lámparas de papel que iluminaban el camino de entrada. Casi pudo imaginarse a las parejas pomposas entrando de la mano con elegantes ropas y elaborados peinados, entre risas y vestigios de la música melódica que escapaba del interior del salón. Entre ellas una bella flor de cabellos rosados y ojos verdes. La musa de las musas, la risa de las risas y la sonrisa que le había dado vida a todas las que él mismo había mostrado.
Una estrella más en el firmamento. Lejos del alcance de cualquier vengador arrepentido que quisiera atraparla.

La puerta se abrió con un ligero gruñido y sus ojos negros se encontraron de inmediato con la silueta de su mejor amigo. Su cuerpo recostado sobre el sofá de tres cuerpos y su pelo rubio desordenado entre sus dedos.
Naruto lo saludó con una sonrisa que el no pudo responder, arrastrando su pesado cuerpo hasta el lugar que su amigo le había apartado.

-Sakura-chan prometió hacernos ramen antes de irse.- Sus ojos azules buscaron los negros pero no encontraron respuesta. Sasuke se limitó a asentir levemente con la cabeza.

-¿Dónde está Sakura?- Naruto le indicó con un movimiento perezoso de cabeza el pasillo que comunicaba con las habitaciones.

-Está arreglándose en su cuarto, dijo que vendría en un segundo.-

De repente sintió una peligrosa necesidad de verla, y complació los deseos de su alterado corazón, dirigiéndose hasta la puerta contigua a la de su habitación, abandonado un rubio atónito en el sillón de la sala de estar.

Se encontró con la puerta entreabierta, pero no pudo ver suficiente desde afuera, por lo que se decidió a entrar, consolándose con la idea de que Sakura probablemente ya se había percatado de su presencia.

En el interior se encontró con una aparición.

El espejo de cuerpo entero reflejaba su imagen y ella la observaba con sus profundos ojos verdes, analizando críticamente su apariencia.
Su vestido era largo hasta el suelo, de un color blanco coral. No conocía el nombre del material, pero se parecía a la consistencia de la espuma, por su transparencia y su volumen. El amplio escote redondo y las mangas que apenas cubrían sus hombros se extendían como una peligrosa capa de agua hasta el nacimiento de sus senos, en donde un patrón con diferentes formas circulares y orgánicas cubría su intimidad con un blanco sólido. Aquella extensión de lineas curvas y flores diminutas se extendía hasta la cintura, igual de diminuta, en donde una cinta blanca perlada separaba su torso del resto del vestido. Desde allí, la falda del mismo blanco espumoso caía, con un poco de volumen, hasta sus pies descalzos. En el lado izquierdo, aquel manto de tela inmaculada se abría, formando un tajo que dejaba ver la piel de su pierna izquierda, desde unos diez centímetros arriba de sus rodillas hasta el suelo.
Su cabello recogido detrás de su cabeza formaba un nido rosado, con algunos bucles rosa rebelde que enmarcaban su rostro redondo.

-Sasuke.- Sus labios pronunciaron su nombre y creyó que iba a perder el conocimiento. El peso de toda una vida de crímenes y errores cayendo repentinamente sobre sus hombros.-¿Que te parece?- Esta vez sintió que el suelo bajo sus pies temblaba ante la simple pregunta de aquella hermosa mujer que apenas reconocía debajo de aquel pomposo vestido inmaculado.

-Hermosa. Te ves hermosa.- Sus palabras sonaron extrañas en sus oídos pero poco le importó al ver la felicidad en el rostro de Sakura. Intentó imaginar por un momento su rostro, pero abandonó su tarea en cuanto alguien más interrumpió en la habitación.

-¡Sakura-chan, te ves increíble!- Por un momento Sasuke deseó que su voz hubiera sonado igual de alegre y amable que la de Nartuo, pero ni siquiera fue capaz de imaginarlo. Ya no era capas de nada, estaba anonadado.

-Gracias.- Sus ojos verdes se dirigieron a él y luego a Naruto. Caminó lentamente hasta el escritorio en donde tomó asiento con cuidado de no arrugar su vestido.
Un pequeño espejo la esperaba junto a toneladas de pequeños contenedores de maquillajes líquidos y en polvo que Ino le había regalado para su último cumpleaños.-Voy a maquillarme ahora, así que pueden esperarme en la cocina.- A pesar de sus palabras ninguno se movió de sus lugares, más que para acomodarse sobre la cama que ella ocupaba, observando hipnotizados como ella aplicaba los brillos mágicos sobre su rostro perlado.
Ella no dijo nada más y continuó con su tarea. Aplicó una capa de base líquida sobre su rostro, cubriendo con cuidado la oscuridad debajo de sus ojos y mentón. Luego colocó una base de polvo invisible para sellarlo y comenzó a darle color a sus ojos. Deliñó con cuidado sus cejas rosadas hasta dejarlas perfectas al igual que su cabello. Cubrió sus ojos de una mezcla de blanco y plateado, con algo de marrón mate para darle profundidad, y haciendo que sus ojos verdes resaltaran aún más en su rostro. Los remarco con negro, extendiendo un poco la línea para darle aún más dimensión a aquellas jemas jade y luego cubrió sus pestañas con dos capas de negro, convirtiéndolas en el marco perfecto para sus ojos.
Enrojeció sus mejillas y dio por terminado su trabajo con un sobrio rosado pálido sobre sus labios.

Naruto y él observaron el proceso sin decir una palabra y se olvidaron de pestañear cuando ella volteó para mostrar el resultado.
Esa era la primera vez que ambos la habían visto tan brillante, tan única y tan mujer. Ya no era un igual en el campo de batalla, una compañera o una amiga, era la aparición de la belleza misma a la que muchas mujeres en la aldea habían aspirado.

Pero para sus ojos Sakura era la flor más brillante de todas, y se fastidiaron al recordar que ninguno de los dos sería el dueño de sus sonrisas aquella noche cálida de verano.

Dos suaves toques en la puerta sacaron a todos de sus pensamientos y Sakura se apuró a calzarse las sandalias blanco perlado de una peligrosa altura de siete centímetros en sus pies delgados. Había pintado sus uñas del mismo rosa pálido que las de sus manos.

-Lo siento, ya tengo que irme. Reservemos el ramen para mañana ¿sí?- Naruto asintió levemente con la cabeza, completamente aturdido, y Sasuke se limitó a observarla. La altura la había hecho más hermosa aún, y se preguntó si había visto a una mujer más bella que ella antes en su vida.

Supo que la respuesta era negativa cuando ella se acercó para besarlo suavemente en la mejilla, al igual que a su mejor amigo. Su perfume a flores lo inmovilizó por largos segundos, hasta que ella los saludó por última vez con una sonrisa en el umbral de la puerta, desapareciendo por el pasillo.
Cuando el hechizo hubo terminado, siguió sus pasos, secundado por su mejor amigo. Corrieron hasta la puerta y al asomarse a la noche estrellada pudieron observar su silueta fantástica desaparecer en el camino de tierra, acompañada de una silueta oscura y elegante que la aferraba fuertemente de la cintura. Su pelo rubio y lustroso peinado hacia atrás y sus ojos negros con el brillo inconfundible de la victoria.

No soportó la idea de dejarla ir, y el agarre de su mejor amigo fue lo único que le impidió interrumpir aquella escena. Calmó su ira en aquellos conocidos ojos azules y se prometió ser el único que podría llevarla de aquella manera.

Era la última vez que soportaría verla junto a otro hombre que no fuera él.