Fin del trato.
Nos vemos en el edificio principal de la revista Okihara a las ocho en punto. Llega temprano.
Tu Onii-san, Eriol.
Presiono el botón de "borrar mensaje" con más fuerza de la debida mientras una venita de molestia le hacía compañía a su seño fruncido. ¿Por qué a Eriol le encantaba fastidiarle la vida? Eran los ocho con treinta de un domingo de descanso, un domingo en el que Tomoyo planeaba tirarse en su cama durante todo el día, comiendo helado de fresa y viendo películas dramáticas, pero en lugar de eso, se encontraba de pie justo a un lado de la entrada de ese monstruoso edificio, con su cabello azabache cubierto por una boina café, una blusa en color crema y unos jeans oscuros que cabe mencionar, le apretaban como los mil demonios.
—Llega temprano, llega temprano… —murmuro la amatista con el palpable enojo en la voz. Y no era para menos, ¡Él tenía media hora de retraso! Que los dioses de apiadaran de Hiragizawa porque ella no lo haría.
Para ser sinceros, Tomoyo no tenía ni la más remota idea de qué rayos hacía allí; el mensaje de Eriol no decía otra cosa y ella continuaba preguntándose el por qué había ido. Quizá, solo quizá, y de una muy bizarra forma, extrañaba a ese sujeto insoportable, su manera de hablar, de reír y de… bueno, de ser tan él.
De un tiempo para acá, Eriol se había convertido en lo más cercano que tenía a un amigo. Uno bastante irritable si tenía que añadir algún adjetivo.
— ¡Hey, Tomoyo!
La susodicha volteo con cara de pocos amigos y fue cuando por fin lo vio. Eriol corría casi como si estuviera en un escenario de esponjosas nubes rosadas y esa sonrisita inocente y encantada no conseguía pasar desapercibida, ni sus orejas azuladas, ni su colita café.
Llevaba unos vaqueros y una camisa de botones en color vino, el cabello no iba tan pulcramente arreglado como en otras ocasiones y sus ojos, esos ojos azul zafiro atraían tanto la atención por tener una pupila completamente recta que Tomoyo no pudo evitar sentirse furiosa ante las miraditas coquetas que le mandaban unas cuantas chicas que pasaban por ahí; ¿Qué tenían que verle? El chico era un energúmeno fastidioso y despistado que seguramente ellas no soportarían ni cinco minutos. No era por presumir, pero Tomoyo estaba segura que solamente ella era capaz de resistir las ocurrencias de Eriol Hiragizawa.
—Tomoyo-chan… lamento la tardanza —dijo el joven ingles tratando de recuperar el aliento perdido. Desde allí la amatista alcanzo a vislumbrar unas gotitas de agua perlando su cabello. Al parecer Hiragizawa acababa de darse una ducha.
Si le hubieran preguntado, Eriol hubiera contestado que esperaba una buena reprimenda por parte de la nívea, unos cuantos gritos y otra tanta ración de quejas y maldiciones, pero ciertamente en ningún momento espero que Tomoyo se abalanzara sobre él y lo enredara en sus menudos brazos, en un apretujado abrazo que no le había dado nunca antes.
Hacía tiempo que no recibía una muestra de afecto como esa, que por un momento deseo que no terminara ni ahora ni nunca. Pero cuando Tomoyo comenzó a retirar los brazos de su cuello, él acepto que de quedarse más tiempo en esa posición tornaría el ambiente en algo incomodo.
Se separaron y la amatista sonrío genuinamente.
— ¿Y eso por qué? —pregunto Eriol devolviendo la sonrisa pero no por eso menos confundido.
—Solo porque sí —Tomoyo se encogió de hombros. Hiragizawa no tenía porque saber de su infantil táctica para ahuyentar a todas esas chicas revoltosas que acababa de atraer con su presencia—. Ahora, ¿quisieras decirme porque estamos aquí tan temprano y en domingo?
El chico pareció volver a la realidad de pronto, casi como si hubiera recordado algo que olvidó. Su ensanchada sonrisa era la muestra perfecta de una ridícula victoria.
— ¡Cierto! El día de hoy darán las bases completas para el concurso de la compañía Hasu. ¿No te lo dije? El concurso será dentro de tres semanas.
Eriol juraría que los ojos amatista de Tomoyo se habían tornado rojos por una fracción de segundo. Esa sonrisa genuina que había compuesto anteriormente acababa de desaparecer y todo en sus facciones le indicaba que la horda de gritos que estaba esperando no tardaría en llegar. Ella lucía muy enojada.
— ¡No me habías dicho nada Hiragizawa! —Eriol frunció los labios, allí estaba otra vez su apellido—. Esto es una locura, ¿qué diablos hago aquí? A ti solo te encanta meterme en problemas…
Él tomo su muñeca con algo de brusquedad, parando de tajo toda esa perorata e histerismo que de repente acababa de adueñarse de Tomoyo.
—Eriol. Soy Eriol —dijo suavemente y luego sonrió—. Lo harás bien, no olvides que eres muy buena en esas cosas.
Tomoyo no dijo nada, se había quedado prendada de la curvatura que hacían sus labios y de esa expresión tan serena que mostraba el rostro masculino. Por primera vez, fue capaz de ver en Eriol a ese mago Clow del que Sakura le hablara una vez hacía tantos años; un hombre de rictus tranquilo y de mirada imperturbable. Ella suspiro y con eso sintió que toda su incertidumbre la abandonaba por fin.
—Te encanta meterme en problemas —repitió Tomoyo y solo obtuvo por respuesta un asentimiento de cabeza.
Sin soltar su muñeca en ningún momento, Eriol la arrastro al interior del edificio, a lo que ella creía, era un punto sin posible retorno.
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Apoyada en la palma de su mano derecha observaba intimidantemente a su interlocutor mientras que tamborileaba los dedos con la mano izquierda.
—Sabes que tengo razón —dijo él con su tonito altanero de siempre.
—Aun tengo una ligera esperanza.
Spinel negó con la cabeza y le regreso la mirada intimidante a Nakuru.
—El amo Eriol está completa y perdidamente enamorado de la señorita Mizuki, no importa que tanta atracción pueda sentir por la señorita Daidouji. Será mejor que dejes esa ridícula idea.
— ¡Pero es que ella es mayor que Eriol! —la expresión exagerada de Nakuru (quien había terminado semi-recostada en la mesa) provoco que el pequeño Guardián rodara los ojos.
Habían empezado esa extraña plática un rato antes con una frase muy simple. "Espero que la señorita Mizuki regrese pronto a Inglaterra", había comentado la chica de cabello castaño descuidadamente, causándole una morbosa curiosidad a un Spinel bastante aburrido.
Si bien Nakuru era el tipo de muchacha que se la pasaba chismorreando y enterándose de todo, no era alguien que hablara mal a espaldas de nadie, así que eso descartaba el hecho de detestara a Kaho Mizuki. Según ella, simplemente no soportaba la idea de que Eriol tuviera una relación amorosa con alguien mayor, y entre palabra y palabra, los dos habían concordado en la idea de que era bastante obvio que su amo también comenzaba a desarrollar sentimientos hacia la chica amatista, quizá no muy fuertes, quizá no muy palpables, pero allí estaban, dando una efímera esperanza a la histérica de Nakuru.
—No podemos hacer nada al respecto. El amo Eriol es el que decide a quien tener en su vida.
—Lo sé, lo sé —dijo Nakuru moviendo una de sus manos como si espantara a un mosquito—. Pero desde hace un tiempo que Eriol se comporta como un completo idiota y además, ¡Daidouji es tan linda! Ella podría enseñarme a cocinar.
Una gotita apareció en la cabeza de Spinel y de pronto alzo el vuelo rumbo a la entrada de aquella sala de estar.
— ¿A dónde vas? —pregunto Nakuru viéndolo desconcertada.
— ¿Has escuchado eso de "las paredes tiene oídos"? —contesto Spinel con otra pregunta.
—Siempre creí que era algo tonto.
El Guardián dirigió su mirada analítica hacia la entrada, donde vislumbro unos mechones de cabello pelirrojo moviéndose al compas de una agitada caminata y desapareciendo con rapidez.
—Pues será mejor que dejes de considerarlo así. Kaho Mizuki estaba escuchándonos.
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— ¿Quieres dejar de hacer eso? —susurro Tomoyo bastante exasperada. El sujeto que no paraba de explicar las bases del concurso volteo a verlos. Ese par de chiquillos no se habían callado en toda la presentación.
—Pero estoy aburrido Tomoyo-chan —murmuro de vuelta y continúo picando las costillas de la amatista. Era muy entretenido, ¿Quién iba a imaginar que aunque la chica tuviera un estilizado cuerpo, éste estuviera tan… esponjoso? Su dedo índice presionaba con ligereza y a cada tanto hacía ruidos extraños como "poing", para Eriol, Tomoyo había dejado de ser una chica linda, de repente se había convertido en un lindo pudin suavecito. Y además, era sumamente divertido ver la forma en que ella saltaba en su asiento cada vez que la picaba.
—Ya basta o van a sacarnos.
—Eres una aguafiestas, si tan solo fueras más…
Las palabras de Eriol quedaron eclipsadas por el fuerte aplauso de todos los futuros concursantes y del mismo presentador. ¿Qué había pasado? ¿Por qué aplaudían? Ninguno de los dos tenía idea hasta que por una puerta lateral que había en esa especie de sala de juntas apareció la persona a la que el ingles menos deseaba ver.
Con esa sonrisa de comercial, el cabello elegantemente peinado y el traje juvenil, Kurogane entro en el lugar barriendo un buen puñado de suspiros de parte de las concursantes femeninas (que eran la mayoría) y uno que otro de preferencias dudosas.
Eriol tuvo el terrible sabor amargo de un "típico" inundando su boca. Es decir, ¿Qué tantas posibilidades había de que justamente el viejo "amigo" de la infancia de Tomoyo apareciera en escena? Claro, eso solo podía presentarse en la bizarra historia en la que estaba metido.
—Como sub presidente de la compañía de revistas Okihara, me complace el patrocinar este tipo de eventos —dijo Kurogane con su voz grave y trajo consigo una nueva oleada de suspiros y un resoplido por parte del ingles. Ese tipo era un presumido.
—Cierto, debí haberlo olvidado —murmuro Tomoyo a su lado, lejos de parecer sorprendida, parecía reflexiva.
— ¿Olvidar qué?
—La familia de Kurogane es dueña de la revista Okihara, ellos suelen hacer este tipo de patrocinios.
—Oh.
"Bien hecho, la has traído a la boca del lobo Eriol", pensó el chico cruzándose de brazos y haciendo un puchero sin darse cuenta. Al verlo, Tomoyo creyó que parecía un pequeño niño en medio de un berrinche. Cuando quería, Eriol podía parecer bastante adorable.
Casi media hora después aquella extraña reunión termino, entre comentarios del presentador (quien resulto ser el director general de la compañía de modas Hasu) y comentarios del mismo Kurogane, se acordó que el concurso se llevaría a cabo en el parque de diversiones de Tomoeda y que el mismo consistiría en tres rondas con un atuendo diferente para cada una.
Mientras todas las chicas parecían muy entusiasmadas, Tomoyo no sabía decidirse entre el nerviosismo, la alegría o esa expresión de hastío que insistía en aparecer en su rostro sin ninguna razón aparente.
Observo a Eriol de reojo y noto que el ingles tampoco la estaba pasando muy bien, sus cejas se encontraban fruncidas y sus ojos gritaban todas esas palabras que sus cuerdas vocales nunca alcanzarían siquiera a susurrar.
—Tomoyo, linda. ¿Quién hubiera pensando que nos encontraríamos aquí? —la voz de Kurogane la saco de su ensimismamiento y ella no tuvo opción más que despegar la vista de la puerta y centrarla en el joven que se acercaba a ellos. Por alguna extraña razón, el entusiasmo de la primera vez no se presento en esta ocasión. Kurogane tenía algo en la mirada que no sabía describir pero que le causaba desconfianza.
—Ninguno de los dos, seguro —dijo la nívea con una de esas sonrisas ensayadas que eran su especialidad.
—En eso estoy de acuerdo. Pero conociéndote era de esperarse encontrarte en un concurso como este —Kurogane puso una ligera atención en Eriol, y con un tono palpablemente despectivo (tanto que sorprendió a Tomoyo), agrego—: Y veo que vienes muy bien acompañada de tu gato.
Eriol sintió la sangre galopar por sus venas con una fuerza desquiciante, más sin embargo prefirió callar; no iba a armar un escándalo en ese lugar, no era su estilo y sinceramente tenía una enorme pereza que al mínimo intento de ataque, seguramente le saldría un bostezo.
—Sera mejor que nos vayamos Tomoyo —dijo el chico de ojos zafiro, en un vano intento de zafarse del inminente problema que ya se veía venir.
— ¿Se van tan pronto? —Eriol no pudo ignorar ese tono de molesta ironía—. Oh vamos, si deseas irte puedes hacerlo pequeño gato, pero no arrastres a Tomoyo —Kurogane coloco su intensa mirada en la chica y ella sintió un escalofrío. ¿Dónde estaba su viejo amigo y su amor platónico? Ahora todo lo que veía era a un hombre de cruel e iracunda vista—. Te invito a desayunar Tommy, ¿Qué dices?
Tomoyo trago en seco y por un momento se quedo muda. Kurogane, con esa marcada facción de falsa alegría le provocaba un impertinente miedo. Era como ver dos caras de la misma moneda. Era capaz de encontrar en sus rasgos al pequeño niño que conoció en la infancia, pero al contemplar su sonrisa sibilina y su mirada rasgada, no conseguía evocar otra cosa que la máscara de un psicópata engreído.
—Tomoyo desayunara conmigo —escucho la voz de Eriol a su lado y de inmediato le dirigió toda su atención. ¿Por qué tenía el seño fruncido y sus ojos eran un remolino de algo muy similar al enojo? Alguien tan sereno y despreocupado como él no podía enfadarse, ¿o sí?
—Se nota que eres un caballero —expreso el pelinegro y entonces sonrío; era una sonrisa cruel—. Lástima que a Tomoyo no le guste comer con un miserable gato.
La amatista ahogo un grito cuando alcanzo a ver la estirada figura de Eriol abalanzarse contra el fornido cuerpo de Kurogane y asestar un sórdido y limpio golpe a su mandíbula. Y después otro y otro y otro, hasta que el firme rostro del mayor se convirtió en una repugnante mezcla de sangre y piel mallugada.
Si antes con Kurogane había sentido miedo, esta vez con Eriol sintió un pavor desmedido. Ver sus ojos inyectados en sangre y esa mirada fiera de un felino que ataca a su presa era simplemente desquiciante. Aquel no era el Eriol que conocía, no era el chico caprichoso y juguetón al que estaba acostumbrada, el que la sacaba de sus casillas todos los días. Ese no era su Eriol.
El níveo se relamió los labios después de un último golpe y fue allí cuando Tomoyo reacciono.
—Eriol… — su voz salió en un susurro, no tenía la valentía de siempre. El susodicho la miro por un momento y toda esa expresión de cazador abandono su rostro; de pronto, lo único que se distinguió en la cara de Eriol fue la perplejidad y el pánico, un pánico puro.
—Tomoyo, yo…
Después de ese intento de habla, lo único que se escucho fue el sonido seco de una bofetada. Ella acababa de golpearlo, pero curiosamente no fue eso lo que le dolió en el alma, no, fue esa expresión de odio y tristeza que Tomoyo le regalo. Parecía decepcionada, parecía herida y él tan solo parecía miserable, justo como el tipo semiconsciente, Kurogane, había dicho.
—Tomoyo…
—Vete —dijo ella en esa voz fría que solo las personas extremadamente dulces y que han sufrido una extrema desilusión son capaces de entonar.
—Al menos déjame darte una explicación.
— ¡Que te vayas! —Eriol intento replicar nuevamente pero ella no se lo permitió—. Vete de aquí, ¡vete de una vez y déjame en paz! No te quiero en mi vida ¿entiendes? ¡Lo único que sabes hacer es causar problemas Hiragizawa!
Un silencio incomodo, tenso y de incertidumbre prosiguió a aquel último grito. Eriol se puso de pie y asintió mecánicamente, se le notaba ausente.
— ¿Eso es lo que quieres? —pregunto sin ninguna emoción ni en su rostro ni en su voz.
—Quiero que termines con este estúpido trato y te apartes de mí —respondió Tomoyo firme y con una lagrima que no soltaría en ese momento.
—Entiendo. Así será Daidouji —fueron las palabras de Eriol y sin decir más camino hasta la salida de la sala con ese andar suave y elegante que lo caracterizaba.
No hubo un adiós, ni una lagrima y ni una expresión de tristeza. La escena había sido tan surrealista que era difícil de creerla pero ¿Qué más daba? Ellos dos ya eran lo suficiente surrealistas como para agregarle a la cuota lo extraño del momento.
En los minutos siguientes, Tomoyo corrió al auxilio de un Kurogane que parecía por fin había perdido la conciencia y Eriol no detuvo sus pasos y tampoco giro la cabeza. Dejo el edificio de la revista como quien sale de su casa en un día cualquiera.
Si los dos sintieron la perdida eso nunca se sabrá, pero lo cierto es que así como Tomoyo no olvidaría el rostro asesino del ingles, Eriol tampoco olvidaría esa curiosa expresión firme y a la vez asustadiza de la amatista.
Y el trato se rompió y algo se rompió con ellos.
Notas de la autora: ¿Que decir? Una disculpa de nuevo por la tardanza :( los ultimos días de clases siempre son los peores, pero por fortuna ya estoy de vacaciones, asi que espero poder volver a eso de un capitulo por semana :D
Sé que se preguntaran, ¿y el humor donde quedo? Bueno, lo cierto es que he hecho todo esto a posta, al fic le faltan algunos capitulos y pensé "un poquito de drama no estaria mal" despues de todo las cosas no son siempre risas y colores rosas. Espero como siempre que hayan disfrutado el capitulo y ya saben, si tienen alguna pregunta, sugerencia o algo, alli estan los reviews. Saludos! :D
