Eriol y Tomoyo.

Y camina… y camina sin parar… camina hasta que tus huesos griten y tu alma llore…

El día era un fiasco, tan luminoso, tan cálido… tan alegre. Eriol echo la cabeza hacia atrás y largo un profundo suspiro, incluso el cielo de un despejado azul celeste parecía feliz, parecía reírse burlonamente de él, ah sí, podía escuchar esa cadenciosa risa burlona retumbándole en los tímpanos y estrujándole el corazón, fuerte, fuerte, muy fuerte, que dentro de poco él estaba seguro que se convertiría en una masa deforme, una masa que no moriría sino que continuaría latiendo, atormentándole la existencia y el pensamiento.

Sí, el día era un fiasco.

Él era un fiasco.

¡Su situación era un fiasco!

¿Cuánto había pasado? Si todavía seguía lo suficientemente cuerdo, cosa de la que no estaba seguro, habían transcurrido exactamente dos semanas y tres días, dos semanas y tres días desde aquel encontronazo con cierto estúpido pelinegro al que había terminado partiéndole la cara. A Eriol todavía le causaba gracia la expresión de terror que había compuesto Kurogane un segundo antes de que su puño golpeara su perfecta mandíbula. Era una lastima que la consecuencia no hubiera sido tan chistosa como ese rostro desencajado de miedo.

Eriol observo una vez más el limpio cielo y pensó que el día no era realmente un fiasco, de hecho, hasta se podía decir que era agradable, claro, lo diría si no se encontrara hasta la coronilla de todo ese ambiente estresante que había empezado a plagar sus mañanas desde hacía dos semanas y tres días. Porque sí, no alcanzaba a expresarlo de otra forma, el que Tomoyo no le dirigiera la palabra lo estaba asfixiando y lo que era peor, la amatista se había vuelto una completa cría. ¿Desde cuándo Tomoyo Daidouji tenía a la pobre de Sakura como paloma mensajera? Ya fuera para trabajar en conjunto, para pasar un material o incluso para decir "vete al demonio", la nívea se lo comunicaba primero a la pequeña Kinomoto, y ésta, inocente y buena como ella misma, después se lo expresaba a él. De esa forma, los cuatro (si, Li también iba incluido en el paquete) se habían envuelto en una aborrecida atmosfera que consistía en frases del tipo "Sakura, dile al joven Hiragizawa que deje de golpear mi banco", "Sakura, ¿serías tan amable de pasarle esto al joven Hiragizawa?", "Sakura, comunícale al joven Hiragizawa que el profesor de música lo busca". Sakura, Sakura, Sakura, la pobre chica estaba hecha un lío y Eriol ya comenzaba a notar las muecas de fastidio y desesperación que se le dibujaban en el rostro cada que a Daidouji se le daba por soltar una de sus frasecitas.

Tenía que hablar con Tomoyo, una cosa era que estuviera enojada con él, pero otra muy diferente era que comenzara a arrastrar a la ingenua de su amiga castaña.

No te detengas, camina, camina, camina, dale un respiro a tu maltrecho corazón y sigue caminando.

¿Por qué tenía que pasarle eso a él? ¿Por qué tenía que sentir ese cosquilleo cada que Tomoyo le dirigía una mirada? ¿Por qué deseaba tanto estrecharla en un fuerte abrazo? Las cosas serían mucho más fáciles si él no se estuviera comportando como un atolondrado adolescente. Eriol lo sabía, si aquellos sentimientos no se hubieran abierto paso poco a poco en su corazón, en esos momentos no le importaría tanto el que la amatista no le dirigiera la palabra ni la sonrisa.

¡Pero menudo idiota! ¡Él había tenido la culpa!

Era en instantes como ese en los que despreciaba profundamente su enfermiza idea de diversión. Si dos meses atrás no se hubiera empecinado en proponer un trato ridículo, quizá ahorita estuviera disfrutando del alegre día y se sentiría dichoso de que Kaho, aquella mujer que se suponía amaba, estuviera pasando el rato en su mansión. Ah, pero la realidad distaba mucho de eso, no estaba disfrutando del día y tampoco se sentía dichoso de que la pelirroja anduviera pululando por cada rincón de su casa. De hecho, él podía mencionar con una ligera nota de pena, que comenzaba a fastidiarse de la actitud sumisa y condescendiente de su pareja.

Todavía cavilando, recostó su cuerpo en el firme concreto de la azotea del edificio escolar y con las manos tras su cabeza, cerro los ojos, mostrando unos rasgos apacibles cuando interiormente era un completo desastre de emociones.

Ahora escucha, ahora siente, ¿ya lo sabes? cuando has viajado por años, caminando, el cuerpo muere, el cuerpo sangra, y tus huesos gritan y tu alma llora.

Qué tristeza lo embargaba, que desasosiego, no recordaba ocasión alguna en que él, Eriol, experimentara tales pesares. Él que se sentía invencible y poderoso y sabio, ahora se encontraba enredado en el espeso manto de la melancolía y el enojo.

Y pensar que sería justamente él el claro ejemplo de lo desgraciada que puede llegar a ser la vida con aquellos que osan jugar con fuego.

De pronto, interrumpiendo su oleada personal de pensamientos ponzoñosos, se escucho la cancioncita de piano de su teléfono móvil. Eriol recordaba que en algún momento le había parecido bastante bella y melodiosa, pero hoy solo sintió hastío y unas enormes ganas de hacerla callar.

Tomo el insistente aparatito entre manos y con un resoplido descubrió el nombre que marcaba la pantalla de color: era Kaho.

Estuvo tentado a no atender, en serio que lo estuvo, pero la venita de curiosidad termino siendo más fuerte que él y, todavía con la duda cincelándole el rostro, presiono la tecla que abriría la llamada.

—Kaho, ¿Qué ocurre? —fue el insípido saludo de Eriol.

Ella respondió algo y la conversación se extendió más de lo que le hubiera gustado.

Al colgar, varios minutos después, el rostro de Eriol Hiragizawa era todo un poema. La confusión, el asombro y una pizca de molestia trazaban interminables mapas en sus rasgos afilados que solo un idiota no alcanzaría a notarlos. No había tenido oportunidad de elegir, ella simplemente había dado las cosas por hecho y él, aturdido como se encontraba en esos momentos gracias a su asunto con Tomoyo, acababa de aceptar sin rechistar ni un poco.

Fue allí cuando Eriol se pregunto si realmente no se estaba volviendo estúpido, ¿algún efecto secundario de la pócima, tal vez? O quizá nunca había sido tan listillo como siempre había presumido.

Frustrado y con la sensación de estar acorralado, Eriol se deshizo de los anteojos y estrujo sus ojos con fuerza, en un vano intento por sacudirse todas esas emociones que lo traían de cabeza. Por primera vez en muchos años, la reencarnación del gran mago Clow no sabía qué hacer.

Seguía con su interminable acción cuando de pronto, como un sonido muy distante, alcanzo a escuchar la puertecilla de la azotea abrirse y unos pasos ligeros y firmes acercarse a su persona.

—Así que aquí estabas. Nos tenías preocupados.

Eriol alzo el rostro y desde allí, sin sus lentes, le pareció ver que el sol resplandeciente detrás de Shaoran le daba un aura de triunfo y galantería que él había perdido quién sabe dónde, quién sabe cuándo.

Le mando al castaño su mejor mirada de desprecio, ¿Qué tenía ese chico que siempre aparecía en momentos como ese? ¿Por qué no lo dejaba simplemente hundirse en su miseria? Pero desde luego, el zopenco de Li tenía un enorme ego y un enorme complejo de héroe como para dejarlo en ese estado tan deplorable.

Eriol suspiro y se coloco sus anteojos.

— ¿Qué quieres, Li?

—Nada, solo quería saber dónde estabas. Ya sabes, Sakura se ha estado preguntando por qué te has saltado las clases de toda la mañana —dijo el castaño tomando asiento a un lado de donde Eriol estaba acostado—. Eres muy bueno escabulléndote Hiragizawa.

El ingles arrugo la nariz, la excusa de Shaoran era tan patética como su propio aspecto en ese momento.

—Vamos, los dos sabemos que no has venido porque Sakura está preocupada. ¿Qué quieres?

Shaoran lo contemplo unos segundos; por muy mal que Eriol se sintiera, nunca abandonaba esa faceta de sabelotodo presumido. Era algo que le agradaba de ese sujeto, Hiragizawa nunca perdía su estilo.

— ¿Qué ha pasado entre tú y Daidouji? —soltó de repente, no tenía caso darle vueltas al asunto si de todos modos el níveo no se tragaba nada de lo que decía—. Sakura se ha cansado de preguntarle a ella y las cosas más que tensas, se están volviendo insoportables.

—Si Tomoyo no les dijo nada ¿qué te hace pensar que yo lo hare? —dijo Eriol cortante, a veces, solo a veces, era molesta la forma en que Shaoran pretendía meterse en sus asuntos.

—En realidad, nada —el tono del castaño sonaba calmado, no parecía haberle importado lo tajante de su compañero—. Entiendo que no quieras decirlo, pero ¿sabes? Sakura y yo agradeceríamos que no nos inmiscuyeran en sus problemas.

Un silencio siguió a aquellas palabras, era un silencio neutro y bastante indiferente, era como el punto final a esa efímera conversación.

Y cuando el joven chino se decidió a levantarse y desaparecer de la azotea, la voz de Eriol lo detuvo un instante, sus ojos cerrados y sus brazos detrás de la cabeza.

—Golpee al tipo amigo de Tomoyo —dijo como si nada—. Merecía que alguien lo pusiera en su lugar, es un idiota.

Shaoran asintió con una media sonrisa, se disponía a abrir la puertecilla cuando las palabras del ingles lo volvieron a detener.

—Hay algo más, Shaoran —murmuro él, pronunciando por primera vez su nombre de pila. Al castaño no le paso por alto que en algún punto su largo flequillo azulado le había cubierto los ojos.

Espero expectante y lo que dijo Eriol a continuación lo dejo helado.

—Yo… regresare a Inglaterra cuando el curso termine. Recibí una llamada de Kaho y ella tiene ya todo preparado.

Shaoran trago en seco y quedo sin habla.

El curso terminaba en tres semanas.

Camina, y cuando veas aquella pequeña luz, es cuando sabrás que debes dejar de caminar.

/

Observó por la ventana como los pajarillos iban y venían de un lado a otro, distraída, observaba también la multitud de colores marrones que plagaban su plumaje, incluso algunos tenían unas manchitas negras.

Tomoyo movía la cabeza ligeramente ante las armónicas voces de los chicos del coro, ellos cantaban bien, muy bien de hecho, pero según palabras de la misma profesora, esas que tan solo comentaba entre sus colegas, "el grupo de canto no sería nada sin la angelical voz de la señorita Daidouji".

La chica parpadeo repetidas veces, intentando volver a la realidad y alejar esos banales pensamientos que le hacían remolinos traviesos en la cabeza, abstrayéndola en su propio mundo y apartándola de todo aquello que la mantuviera unida a tierra.

A la heredera Daidouji nunca le había gustado la sangre, la repelía tanto como lo hacía con las verduras allá por los tiempos en que tenía cinco años. Cada que veía ese liquido espeso, viscoso y carmesí le entraban unas terribles nauseas y unas ganas de salir corriendo. Por esa razón, Tomoyo se preguntaba cómo es que no había abandonado al pobre de Kurogane aquel día. El chico estaba bañado en manchones terribles de sangre, alguna a punto de secarse, otra brotando aun de sus heridas, fresca y roja, inundando de un olor oxido toda aquella sala de juntas.

Trato de ahuyentar el recuerdo, experimentar una vez más la imagen de Kurogane en su cabeza la estaba mareando.

Giro el rostro y no le sorprendió ver a la profesora de música haciéndole señas, llamándola para hacer una de las típicas demostraciones, una de esas en las que ella tenía que cantar y "enseñarle" a sus compañeros cómo debía hacerse el trabajo. A esas alturas, a Tomoyo no le extrañaba que la mitad del grupo la odiara. Nadie la conocía realmente, pero ellos habían colocado un letrero invisible en su frente que rezaba "Tomoyo la preferida Daidouji".

Fue a colocarse en medio del salón, ante la sonrisa ilusionada de la profesora y las miradas recelosas de sus compañeros.

Canto y desafino a propósito, y canto una vez más y una vez más desafino, y para cuando la clase hubo terminado, la sonrisa de la maestra había desaparecido y las miradas de los chicos se suavizaron un poco, solo un poco.

Al cabo de un rato, el salón de música hubiera estado vacío de no ser por la menuda chica de cabello azabache que seguía allí, de pie en el centro, con los ojos perdidos en un punto muerto, rememorando con sorpresa ese día en el edificio de la revista Okihara.

Frunció los labios y sintió las lagrimas agolparse en sus orbes amatista. Ese día, después de que Kurogane recuperara la conciencia, la había visto de una manera diferente, de una manera deseable y entonces, sin decir nada, se había abalanzado contra sus labios y la había besado, le había dado el beso que venía esperando desde hacía tantos años y, para su asombro, Tomoyo se había descubierto sintiéndose ajena a todo. Ajena a cualquier sentimiento que aquella acción le pudiera provocar, porque simplemente el beso de Kurogane no le había provocado nada diferente a una ligera aversión y a un amargo sabor a sangre.

Pero tenía que ser sincera, lo que causo que abriera los ojos de par en par, no fue el hecho de que su amor platónico la besara, ni que luego de eso le contara con emoción cómo su madre había concedido permiso para cortejarla, sino que en medio de toda esa habladuría por parte de Kurogane, Tomoyo termino perdiéndose en los mares de sus pensamientos, que traicioneros como ningún otro, fueron a parar en un chico de ojos zafiro y cabello azulado, ese mismo que entraba como si nada al salón de música y ahora tenía una tez más pálida de lo normal.

El tiempo pareció detenerse mientras Tomoyo se divertía interiormente con la expresión de Eriol. Lucía sorprendido y levemente aliviado, casi como si se hubiera quitado un peso de encima.

—No tenía idea de que estuvieras aquí —murmuro saliendo de su asombro y volviendo a colocarse esa mascara imperturbable que ella tanto admiraba y tanto odiaba—. Yo solo… quería tocar el piano un rato.

Tomoyo no dijo nada, por el contrario, endureció la mirada y se acerco a la ventana en busca de su mochila. Tenía la intención de irse, no había hablado con Hiragizawa en el último tiempo y no pretendía hacerlo ahora.

Entre el tenso ambiente, ambos caminaron en direcciones contrarias, ella hacia la salida y él hacia el piano. Los dos con un grito mudo que les llenaba las pupilas, un grito que ellos tercos y testarudos, no iban a dejar materializarse.

Eriol comenzó a tocar y por alguna razón que Tomoyo jamás alcanzo a saber, se detuvo en el marco de la puerta, estática y sin que sus piernas reaccionaran.

La melodía que Eriol interpretaba era… no era hermosa, ni siquiera bonita, aquella pieza de música destacaba infaliblemente por ser desesperante, por ser agónica y detestable. Tomoyo sonrío sin alegría antes de girarse, de frente al instrumento y al chico que magistralmente deslizaba sus largos dedos por las blancas teclas.

—Ya basta —susurro a la nada. Él tenía los ojos cerrados y el seño fruncido—. ¡Ya basta, Eriol!

El ingles detuvo su sonata al instante, mirándola desconcertado. Por un momento… por un momento creyó que ella se había marchado ya.

—L-lo lamento —fue lo único que alcanzo a decir, no muy seguro de sus palabras.

El silencio se instalo entre ellos, tan tirante que uno podría lanzar un diminuto alfiler al piso y hubiera creado un ruido atronador.

Tomoyo no sabría decir con precisión cuanto tiempo paso, pero de pronto escucho el banco del piano ser arrastrado y observo cómo Eriol se acercaba a ella, con cautela y una cierta reticencia en sus facciones.

—No sigas —el tono de la amatista era una súplica maquillada de firmeza y seguridad. Él no se detuvo y luego de algunos pasos, estuvieron solo a un palmo de distancia.

Eriol le dedico una intensa mirada. Debía admitir que no era el momento preciso, ni siquiera estaba preparado, pero ya que estaban ahí decidió hablar de una vez.

— ¿Por qué sigues comportándote como una niña, Tomoyo? —pregunto con esa modulación que a ella le recordaba el estar hablando con un adulto. Y en parte así era, Hiragizawa era un adulto en cuerpo de muchacho, ella… ella solo era una adolescente que pasaba por una mala racha.

—No me comporto como una niña —respondió desviando la mirada, por alguna razón no era capaz de mantener su vista en él.

— ¿No? ¿Entonces quieres decirme por qué me has evitado en todo este tiempo? No haces más que fastidiar a Sakura y a Li y de paso a mí también —la voz de Eriol iba en aumento y la nívea no hacía más que agachar la cabeza—. Hemos terminado con el trato y tampoco te he molestado, ¿qué está mal entonces?

—No es algo que te importe.

—Claro que me importa, Tomoyo. ¿Acaso no te das cuenta de lo incómodos que se han vuelto estos días? ¡Dime ya qué demonios te pasa!

— ¿¡Quieres saber qué me pasa!? —exclamo la amatista estrujándose las manos nerviosamente—. Todo, absolutamente todo estaba bien en mi vida, pero de pronto llegaste tú, tú y esas odiosas orejas y esa maldita sonrisa y haces de las cosas un desastre, haciendo como si fuéramos los mejores amigos cuando apenas si nos hablamos en cinco años Hiragizawa. Y como si eso no fuera suficiente, ¡vas y golpeas al chico del que estoy enamorada! ¿Quieres que siga? Porque puedo hacer una lista ahora mismo donde diga tod…

El monologo de Tomoyo fue interrumpido sin ninguna delicadeza. ¿Por qué? ¿Por qué él hacía eso justamente cuando ella más confundida se encontraba? Cuándo se preguntaba seriamente si quería tanto a Kurogane como acababa de profesar…

Ella cerró sus ojos con fuerza, al tanto de la ligera presión que hacían las manos de Eriol sobre sus brazos, al tanto de la placentera sensación de los finos labios masculinos contra los suyos.

Sí, el beso de Hiragizawa era placentero, dulce y algo demandante y ella, tan terca como llegaba a ser en ocasiones, no pudo hacer sino devolverle el gesto con la misma intensidad. No quería que él la dominara a su antojo, no cuando estaba molesta y confundida como en esos momentos.

Y entonces, sin que ninguno se diera cuenta, aquel beso se convirtió en la pelea, en el grito que ninguno de los dos había permitido que saliera a la luz. Era un beso que los estremecía a partes iguales y que nadie, ni siquiera ellos, sabían lo mucho que iba a gustarles.

Cuando se separaron, no por falta de aire, sino porque así debía ser, cada uno se llevo en el gusto el sabor del otro. Algo les decía que un beso como aquel no experimentarían en ningún otro lado.

—Perdóname —dijo Eriol en un susurro, con voz grave y sin soltar aun los brazos delgados de Tomoyo—. Perdóname por causarte todos esos problemas. Creí que te divertirías. Creí que iba a ser una buena experiencia. Veo que me equivoque —una sonrisa que no alcanzo a invadir sus ojos apareció antes de que continuara—. Pero descuida, dentro de poco no sabrás de mí por un tiempo.

Ella frunció el seño.

— ¿Qué quieres decir?

El joven ingles la miro y de a poco dejo su agarre, mientras comenzaba a caminar hacia la puerta del salón de música.

—Bueno, dentro de tres semanas regresare a casa, en Inglaterra. Hice una promesa y es hora de cumplirla —respondió él encogiéndose de hombros—. Pero todavía no te libras de mí ¿eh? Espero que estés preparada para el concurso, ten por seguro que estaré allí para ver tus diseños —intento decir en un tono jocoso. Al pobre chico no le funciono su idea de aligerar el ambiente—. En fin, hasta mañana Daidouji.

Él sonrió una vez más y salió del salón con su porte erguido.

Por su parte, Tomoyo contemplo atenta el lugar donde él había desaparecido y luego de algún rato, ella también cruzo la puerta. Ya no tan furiosa, ya no tan confundida, sino tan solo con esa lágrima que por mucho tiempo deseo salir y que en esos momentos corría libremente por su blanca mejilla.

Qué tonta, qué estúpida, ¿por qué no lo había notado antes? Ah claro, tenía que suceder algo como eso para admitir que Hiragizawa le gustaba, le gustaba y mucho.

El día siguió transcurriendo, sin menguar en ningún momento su felicidad, sin los pajarillos dejar de cantar hasta que el crepúsculo empezó a rozar el cielo.

Era curioso cómo ni Eriol ni Tomoyo recordaron que dentro de tres semanas se cumplía el plazo de ese extraño trato que habían empezado y habían terminado antes de tiempo. Dentro de tres semanas, cuando cierto chico de cabello azulado estuviera a punto de subir al avión, las orejas de gato y esa cola café desaparecerían para no volver.


Notas de la autora: Ahh bueno ni hablar, no era mi intencion hacerlos esperar con la nueva actualizacion (como me dijeron en los reviews que no lo hiciera XD) pero como me desanime bastante con la idea de que quiza tendria que repetir una materia pues al final no conseguia escribir nada hasta este fin de semana.

Y... este capitulo estuvo mas calmado, pero los sentimientos de ambos ya estan allí! y que me dicen de Eriol? El chico al fin se animo jaja. Y pues bueno, ya se ve por alli el final, aunque Eriol todavía esta a tiempo de recapacitar y no irse a ningun lado, ya veremos que sucede. Espero que hayan disfrutado el capitulo. Abrazos!