El modelo perfecto.
— ¿Tomoyo? —fue el saludo sorprendido de Eriol cuando abrió la puerta principal de su mansión aquel mediodía.
La chica lo veía directo a los ojos con un gracioso rubor cubriéndole las mejillas y el ceño fuertemente fruncido.
Ese día llevaba el cabello negro recogido en una elaborada trenza e iba ataviada con una falda larga y una blusa de color blanco. Aunque a simple vista toda ella parecía impecable, ese rostro cansado y ojeroso descuadraba por completo en la armónica imagen.
—Necesito tu ayuda… Eriol—dijo ella con esa firmeza de antaño que no permitía un "no" por respuesta.
El susodicho, todavía bajo los efectos de la sorpresa, asintió de forma ausente y se hizo a un lado para dejarla entrar. Luego de eso, caminaron en completo silencio hasta que el ingles le indico la entrada a una de las salas, una que tenía las paredes cubiertas de empapelado color crema y sofás antiguos y de buen gusto, de ese estilo que le hacía sentir a Tomoyo como si estuviera en una sala de Inglaterra.
— ¿Quieres un poco de té? —pregunto el níveo educadamente y ella se apresuro a negar con la cabeza.
—No he venido por té —respondió Tomoyo sonriendo a medias, mientras ocupaba lugar en uno de los sofás y empezaba a rebuscar algo en aquella gigante bolsa que traía consigo y que Eriol había ignorado hasta entonces—. He venido porque quiero que me ayudes con algo.
Y entonces, ante los atentos ojos azul zafiro del chico, Tomoyo comenzó a sacar de su bolsa unas cuantas prendas de colores oscuros y se las fue lanzando una a una, ante su expresión estupefacta y su sonrisa nerviosa.
— ¿Qué es todo esto?
— ¡Es uno de mis diseños para el concurso! —escuchó la voz emocionada de la amatista entre toda esa montaña de ropa que de a poco se había ido formando en sus brazos—. Es solo que… aun no logro terminarlo, y es por eso que estoy aquí.
Eriol se las arreglo para lanzarle una mirada curiosa y ella no pudo evitar desviar su atención hacia las orejas de gato de su compañero, las cuales se movían de un lado a otro, atentas al más mínimo sonido que pudiera haber.
— ¿Cómo es? —preguntó de pronto y las cejas de Eriol se alzaron sin comprender. Tomoyo señaló las orejas antes de ponerse a la tarea de sacar más prendas e instrumentos de costura—. Llevas mucho tiempo con ellas y también con ese ruidito en tu espalda que no se calla —añadió refiriéndose a la cola que iba de un lado a otro, haciendo el fuu fuu de siempre—. ¿Cómo es… ser un gato?
Eriol parpadeo un par de veces para justo después dibujar un rictus de entendimiento en su rostro. Si tenía que ser sincero, en todo ese tiempo no le había prestado real atención a todo aquel asunto. Ahora se preguntaba si Yuuko no habría estado bromeando con eso de convertirse en un gato en "toda regla".
—Bueno, no es nada del otro mundo —murmuró encogiéndose de hombros mientras Tomoyo le lanzaba una expresión perspicaz—. Quiero decir... simplemente están aquí. Desde luego que tengo ciertos comportamientos de… gatos, pero en realidad son como accesorios.
Ella asintió de forma ausente, recordando de pronto esos días en los que el mago se había vuelto loco por una pelota o por aquella bola de estambre, pero en contra de sus deseos, no volvió a preguntar más.
Por su parte, Eriol solo atinó a colocar el montón de ropa a un lado del sofá y descuidadamente llevo una mano a su cabello, alborotándolo en un gesto de incomodidad. ¿Desde cuándo Tomoyo tenía esos cambios de humor repentinos? Hasta donde él sabía, la joven Daidouji estaba hecha una furia con él, pero si debía admitirlo, agradecía que ella hubiera sido la primera en buscarlo. Después de todo los dos debían hablar sobre un asunto importante; ese pequeñísimo detalle que involucraba el salón de música de la escuela, a ambos y a un comprometedor beso.
—Tomoyo… —empezó a decir, pero la amatista lo sorprendió lanzándole directamente al rostro lo que parecía ser un sombrero.
—Tendremos una sesión de modelaje, Eriol.
Y ahí el tiempo se congeló para Hiragizawa, esfumando en un segundo cualquier pensamiento sobre lo sucedido aquel día en el salón de música. Si no se equivocaba, la última vez que había modelado para Tomoyo las cosas no habían ido nada bien… para él.
—Me niego.
— ¿Qué? No puedes negarte —el tono de Tomoyo se había vuelto ligeramente chillón y desesperado—. Estuve trabajando toda la noche en el traje y ya que no tengo maniquíes masculinos, no tengo una idea de cómo luce. ¡Necesito tu ayuda!
Eriol soltó un resoplido y se cubrió el rostro con las manos, y desde ahí, con el sonido de su voz amortiguado, volvió a hablar.
— ¿Por qué no le pides a Li que sea tu maniquí? O mejor aún, ¿Por qué no se lo pides a tu amigo Kurogane?
Sabía que aquello era un golpe bajo, lo advirtió cuando un respingo y un sonrojo se apoderaron del cuerpo de Tomoyo. Claro, ella no esperaba una respuesta como esa.
—Li esta todo el tiempo con Sakura. Y Kurogane… a él no le quedaría bien el diseño.
— ¿No? Me pregunto por qué. Apuesto lo que sea a que él estaría encantado de modelar para ti.
Tomoyo lo miro con algo muy parecido al fastidio y a una mezcla entre derrota y vergüenza.
—A Kurogane no le sentaría bien porque… el traje es para ti —susurró Tomoyo, jugueteando nerviosamente con sus manos. Eriol permaneció en silencio, sin dar real crédito a lo que escuchaba—. Además —volvió a hablar ante el aparente mutismo del ingles—, también he traído los otros trajes. Yo… quiero que me des tu opinión.
Eriol parpadeó un par de veces antes de atreverse a hablar. ¿Por qué esta chica era tan poco predecible? Para él, acostumbrado a leer a las personas a su antojo y a dar por sentado lo que harían a continuación, era un completo dolor de cabeza el no tener ni la más mínima idea acerca del actuar de Tomoyo.
Un día antes le gritaba infinidad de cosas, culpándolo de arruinar su vida y al otro estaba ahí en su casa, sonriéndole y a la espera de una respuesta que él no sabía cómo declinar.
—Tomoyo, creo que te equivocaste de persona. ¡Yo no sé nada de moda! —alegó en un vano intento de salir por la tangente.
—Eso ya lo sé. Lo único que quiero es que digas si te gustan o no. Solo será un rato, lo prometo.
Él pareció pensarlo un momento y al cabo de unos minutos no tuvo otra opción más que suspirar con derrota.
—Te apuesto lo que quieras a que soy un pésimo modelo.
El rostro de Tomoyo se ilumino y él tuvo la certeza de que aquel sería un día bastante peculiar.
/
Se miro una vez más en el espejo de cuerpo completo que había en el cuarto de baño; si lo pensaba bien y evocaba memorias de muchos años pasados, llegaba a la conclusión de que en ningún momento se había probado ninguno de sus diseños, y todavía más sorprendente era el hecho de que tampoco creara una prenda para su propio uso. Siempre, desde que comenzara a confeccionar haya por su tierna infancia, habían sido trajes para su querida Sakura, trajes para Li, incluso trajes para su madre, pero nunca nada para ella.
Tomoyo sonrió suavemente, ¿En qué había estado pensando cuando llamó a la puerta de Hiragizawa?
Tal vez había pensado en una excusa para probarse esos vestidos que había confeccionado, o tal vez pensaba en la forma de estar cerca de aquella persona que conseguía revivir a la antigua Tomoyo con un simple comentario. O quizá, simplemente, había estado pensando durante toda la mañana y toda la noche anterior, en el sabor de unos delgados labios masculinos y en esa sensación que le había alborotado los sentidos un día atrás en el salón de música de la escuela.
— ¿Planeas tardarte mucho? Llevas ahí casi media hora.
Los fuertes golpes en la puerta de madera le hicieron dar un respingo y al instante un sonrojo le lleno las mejillas. Se sentía como si Eriol hubiera descubierto sus pensamientos.
Tomoyo salió del cuarto de baño al cabo de unos minutos, solo para encontrarse con un chico tirado en la cama que jugaba alegremente con uno de los listones que seguramente había sacado de su bolso.
Ver a Eriol dar manotazos contra el inocente listón color amarillo, mientras daba vueltas una y otra vez en el mullido colchón, le pareció una imagen bastante bizarra. Sobre todo porque al contemplarlo, con su cola moviéndose de un lado a otro, divertida, y con sus orejas ligeramente inclinadas hacia abajo, como si estuviera cazando, Tomoyo no pudo pensar en otra cosa que no fuera en un gato.
La amatista se aclaro la garganta sutilmente y eso fue suficiente para que Eriol detuviera su juego.
— ¡Tomoyo-chan! ¿Tienes idea de lo divertido que es jugar con esto? —preguntó el ingles señalando el listón que tenía entre manos. Su sonrisa le recordó a la de un niño—. Deberías intentarlo.
Ella negó, divertida con su actitud infantil.
Dio una vuelta lenta y cuando encaró una vez más a Eriol dijo lo siguiente:
— ¿Qué te parece?
Ahora, fue el turno del joven mago para sonrojarse.
Tomoyo vestía… bueno, ¿Qué demonios llevaba la amatista encima? Eriol dejo de lado su juguete improvisado y a continuación acaricio su barbilla, en una falsa y muy exagerada expresión de concentración. Ciertamente no tenía ni idea de lo que la chica vestía. ¿Un vestido? ¿Una falda? ¿Un… abanico?
¡Quizá los tres!
Volvió a acariciar su barbilla y entrecerró los ojos, hasta donde le alcanzaba la imaginación, Tomoyo andaba ataviada con algo en color rosa intenso, sin ningún tipo de sostén ni en los hombros ni en el cuello más que el que le proporcionaba el mismo ajuste de la prenda. Entonces, en el punto medio de su cintura, era donde se abría aquello que para Eriol era el vuelo de una falda, pero en lugar de caer conforme a la fuerza de gravedad, esa cosa se mantenía intacta y extendida como si, en efecto, fuera un abanico.
Él sabía de las excentricidades de la nívea, pero no recordaba haber visto algo como eso.
— ¿Eriol? —cuestionó Tomoyo al notar la turbación pesimamente oculta en los ojos de su interlocutor.
— ¡Es perfecto! —respondió él con rapidez, quizá con demasiada rapidez como para resultar creíble.
Tomoyo, notando la mentira, solo se limito a sonreír. Las cosas podían ser peores, Eriol podría, por ejemplo, no haberla dejado entrar en un principio, él podría seguir molesto pero por el contrario estaba ahí, haciendo un esfuerzo y tratando de elogiar un trabajo que seguramente no entendía para nada.
—Aunque si pides mi opinión sincera —agregó con la diversión bailándole en los ojos color zafiro—, el diseño más que para una pasarela, parece para un carnaval.
La nívea puso los ojos en blanco, claro que Eriol estaba haciendo un esfuerzo, pero tampoco podía pedir milagros.
—Es tu turno —dijo repentinamente, consiguiendo que la diversión del chico desapareciera y que su palidez aumentara.
—Pero aun tienes que probarte uno más, ¿no es así?
—Por supuesto, pero es justamente al traje masculino al que quiero hacerle algunos ajustes, así que no perdamos tiempo Hiragizawa. Dijiste que modelarías para mí.
Y con esas últimas palabras, Tomoyo empujó sin ninguna consideración el cuerpo de Eriol dentro del cuarto de baño, junto con las ropas que debía vestir.
— ¡Lo único que quieres es que modele en traje de baño! —se escucho la voz del ingles del otro lado de la puerta. A la amatista se le subieron una vez más los colores al rostro.
— ¿¡Qué tonterías estás diciendo!?
—Claro, es eso. No tenía idea de que fueras tan pervertida Tomoyo-chan.
Ella soltó un suspiro frustrado; ¿Por qué Eriol tenía la manía de distorsionar las cosas?
—Date prisa y deja de decir estupideces Hiragizawa.
Esta vez no hubo respuesta y ella se sintió satisfecha, al menos por unos minutos, porque cuando el tiempo comenzó a hacerse largo y Eriol simplemente no salía del cuarto de baño, la impaciencia no tardo en apoderarse de su cuerpo.
— ¿Todo está bien allí adentro? —Preguntó dando dos toques a la puerta pero nadie contesto del otro lado—. ¿Sucede algo malo, Eriol?
Un terrible gruñido fue lo que se escucho esta vez y poco después, el sonido de unas palabras seseantes, que de no ser porque tenía la oreja pegada a la puerta, no habría conseguido escuchar.
—Si piensas que voy a salir con esto puesto, estas muy equivocada, Tomoyo.
El tono del joven mago le puso la piel de gallina. Solo hasta ahora le venía a la mente que quizá había ido un poco demasiado lejos al confeccionar ese diseño.
—N-no hay nadie más aquí y… no es como si tú fueras a modelar el día del concurso… ¿cierto?
Un silencio siguió a sus palabras y justo cuando estaba a punto de decir a Eriol que lo dejara, el sonido del pestillo de la puerta se escuchó.
Inconscientemente retrocedió unos pasos, y lo que vio cuando la puerta estuvo completamente abierta la dejo sin habla.
—Lo volviste a hacer —el murmullo de Eriol le hizo contener la respiración. Su flequillo azulado le cubría los ojos y un aura extraña rodeaba su cuerpo—. ¡Maldita sea, lo volviste a hacer Tomoyo Daidouji!
El mago le dirigió una mirada desorbitada, mostrándole al mismo tiempo el furioso sonrojo que le cubría todo el rostro. Ella se había vuelto a burlar de él y él había vuelto a caer como un idiota. Sin mencionar el hecho de esa terrible sensación de Deja vu que no le dejaba en paz. ¡La situación era exactamente la misma!
Y es que aunque la tensión se respirara en el aire, la imagen tenía ese "algo" cómico que simplemente no permitía que el momento se volviera insoportable. Porque después de todo, ver a la gran reencarnación del mago Clow, Eriol Hiragizawa, ataviado con una informal playera negra, un masculino saco del mismo color, un pantalón de tela ligera y encima una… ¿¡falda!? Bueno, era algo digno de apreciar.
—Yo… ¡lo lamento! —el nerviosismo en el tono de Tomoyo llamó su atención. Él esperaba que ella tuviera un ataque de risa—. Esto es… lo último en moda masculina y… yo… no estaba segura, por eso necesitaba que alguien lo modelara… ¡en verdad lo siento!
Eriol la observo durante un rato que a la amatista se le antojo eterno. Él estaba molesto, sí, lo estaba, pero no planeaba ponerse a despotricar y a dar gritos, en su lugar, una idea mucho mejor empezó a tomar forma en su cabeza.
Se encamino con pasos tranquilos hacia ella, lentos y ligeros, acechantes, mientras una sonrisa ladina se dibujaba en sus labios y un brillo perverso aparecía en los ojos detrás de las gafas.
Tomoyo tragó con fuerza.
—Uhm… ¿Eriol? ¿Q-qué sucede?
Pero una vez más, no recibió respuesta.
Con la sagacidad de quien sabe lo que hace, Eriol casi saltó hacía la heredera Daidouji, acorralándola rápidamente contra la pared más cercana y colocando ambas manos a los costados de su cabeza, dejando sus rostros a tan solo un palmo de distancia.
Iba a demostrarle a Tomoyo que él no solo era un caballero ingles; él también sabía jugar sucio.
—Eriol…
—Shh… no hables —susurró con esa sonrisa arrogantemente divertida que usaba de niño, cuando metía a la pequeña Sakura Kinomoto en un sinfín de problemas—. ¿Te has dado cuenta, Tomoyo, del diminuto vestido que llevas puesto? Y te has dado cuenta también… ¿Qué estamos en mi habitación… a solas y con la casa en general vacía?
Sonrió aun más, deleitándose del insinuante rubor en las mejillas de la amatista y de la forma en que de repente parecía darse cuenta de ese hecho, comenzando a tirar sutilmente la falda del vestido hacia abajo, en un inútil intento de cubrir sus largas piernas desnudas.
Ahora era el momento en el que Tomoyo se preguntaba, ¿Dónde diablos estaban Nakuru y Spinel?
— ¿Qué debería hacer? —Preguntó Eriol de nueva cuenta, aun sin borrar la sonrisa—. Esta vez has ido un poco lejos ¿no crees? Darte una lección no estaría mal, Tomoyo —un gesto falso, como si estuviera pensando, apareció en sus rasgos masculinos. Cuando se dispuso a terminar su frase, la nívea supo que estaba perdida—. ¿Qué te parece si te beso… otra vez?
Ella sintió un escalofrío y lo último que vio antes de cerrar los ojos con fuerza, fueron los labios de Hiragizawa acercarse lentamente y su mirada color zafiro, esa mirada felina que resplandecía con determinación.
Y Tomoyo esperó; esperó a experimentar una vez más la presión de la boca de su compañero contra la suya.
Y esperó, y esperó, pero aquel beso nunca llegó.
Abrió lentamente uno de sus ojos y cuando observó a Eriol, algunos pasos lejos de ella y con una sonrisa burlona, supo que nunca antes en su vida se había sentido tan estúpida.
—Eh…q-qué fue…
—Aun tienes que probarte un vestido, ¿cierto, Tomoyo-chan? —dijo el ingles en ese tono de suficiencia que le hizo fruncir el seño y salir disparada hacia el cuarto de baño, casi ahogada por la furia.
Lo que la joven Daidouji en ningún momento alcanzó a ver, fue el instante en el que la expresión de broma de Eriol se resquebrajo y dio paso a un rostro de alivio y angustia. Claro, Tomoyo no tenía por qué saber que había estado a punto de perder el control y por poco la besaba.
Ella no tenía por qué saberlo.
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Un suspiro impertinente salió de sus labios, ¿Cuánto tiempo había estado ahí encerrada? Si no se equivocaba, los últimos aporreos que Eriol había dado a la puerta habían sido hacía algunos diez minutos. Él terminó cansándose de pedirle que saliera y ahora no se escuchaba ningún sonido del otro lado.
Al final, su idea de "Una tarde de modelaje con Eriol Hiragizawa" había resultado en desastre, ¡Ni siquiera había podido hacer ningún ajuste! Justo ahora, llevaba el último de los tres diseños y para ser honestos, el que más le había gustado. Era bastante simple y era justamente por eso que le encantaba tanto.
Llevo una mano a su cuello, preguntándose si todavía sería correcto salir y mostrarle el vestido a Eriol. Después de todo, ¿qué había sido lo de antes? Él casi la besaba y ella… ¡ella no había hecho nada por detenerlo!
Porque no querías detenerlo.
Tomoyo se sonrojo ante la declaración indecorosa de esa vocecilla traicionera. ¿A quién engañaba? Ella bien sabía que aquello era algo que realmente deseaba. Los delgados y suaves labios de Eriol sobre los suyos… una vez más.
Sacudió la cabeza, en un último esfuerzo por ahuyentar esos pensamientos y, armándose de un valor que no sabía que tenía, tomo el pomo de la puerta y tiro de él, abriendo la entrada del cuarto de baño para toparse con una imagen que le provoco un montón de gotas cayéndole deliberadamente por la frente.
Ahora sabía por qué Eriol había dejado de insistir. Al parecer, no pudo suportar el terrible aburrimiento de esperar y termino cediendo ante los brazos de Morfeo, cayendo dormido en la cama todavía con el traje que ella había confeccionado.
Sin ser plenamente consciente, comenzó a andar hacia el chico postrado en el colchón y pronto una sonrisa tiro de sus labios. Él se veía tan sereno durmiendo, como si no tuviera una sola preocupación sobre sus hombros.
Tomoyo observo sus orejas y mordió su labio inferior con curiosidad, sufriendo repentinamente la imperiosa necesidad de tocarlas.
¿Estaría mal?
Dubitativa, alargo una de sus delgadas manos, y cuando al fin hubo entrado en contacto con ese "accesorio" como Eriol las había llamado antes, se sorprendió al darse cuenta de lo suaves que eran.
Su sonrisa se amplio y para cuando quiso darse cuenta, Tomoyo se encontró dando aquella común caricia que muchas personas dan a sus felinos detrás de las orejas. ¡Era algo que jamás había hecho!
Tan concentrada estaba en la tarea, que tuvo que dar un respingo cuando un sonido extraño comenzó a salir de los interiores del ingles. Era un ruido ronco y constante, era como un…
—Estas… ¿ronroneando? —preguntó Tomoyo a la nada, al percatarse que en efecto, Eriol estaba ronroneando entre sueños.
Su corazón dio un vuelco y no pudo evitar desviar su mirada hacia los parpados cerrados, hacia su nariz recta y hacia… sus labios ligeramente abiertos.
Que conveniente.
Ni siquiera se detuvo a pensarlo, en un segundo Tomoyo acorto la distancia que había entre ellos y poso suavemente sus labios contra los de él, en un beso bastante más simple que el del día anterior, pero no por eso menos placentero.
Cuando se apartó y abrió lentamente los ojos vio con estupor al chico que dos segundos atrás había estado dormido y que ahora la miraba con una mezcla de sorpresa y diversión, pero completamente despierto.
—Tomoyo…
Ella no se quedó a escuchar lo que él tenía que decir, simplemente, como un bólido y con las mejillas totalmente arreboladas, volvió a dirigirse al cuarto de baño, dispuesta a permanecer ahí por el resto de su vida si era necesario.
Notas de la autora: Ahhh que pena! Realmente... lo siento mucho, por la tardanza :( Y es que este capitulo en especial fue un gran reto (escribirlo casi cinco veces sin llegar a lo que quería fue un poco frustrante). Pero al final conseguí plasmar lo que quería. Les agradezco bastante sus comentarios y espero en verdad que pese a la tardanza aun alguien se tome el tiempo de leer, me animaría bastante. Ya saben, no planeo dejar el fic a medias, no es nada justo. En fin, espero que esten muy bien. Abrazos!
