Besos.

Si le hubieran dicho unos meses atrás que en algún punto de su vida vestiría una falda de tablones azul, tendría unas orejas y una cola de gato adornando su persona, y estaría frente a la puerta del cuarto de baño, suplicándole a una chica para que saliera, Eriol seguramente habría sonreído ladinamente y habría tachado de loco a aquel que dijera semejante cosa.

"El ser humano tiende a clasificar de imposibles aquellas situaciones más bizarras e increíbles", pensó el mago filosóficamente antes de dar un nuevo golpe a la puerta blanca.

—Tomoyo, sal de ahí —dijo con el tono de quien ya está exhausto de hacer lo mismo. Lo cierto es que había repetido esa frase tantas veces en los últimos quince minutos que las palabras habían perdido sentido.

—No quiero. Vete y déjame en paz —la respuesta de la amatista le hizo acariciarse el puente de la nariz. Se le estaba acabando la paciencia y las rotundas negativas de la chica tampoco eran de gran ayuda.

—Si lo piensas, Daidouji, eres tú la que está encerrada en mi cuarto de baño de mi habitación. En teoría, la que debe irse eres tú.

Un gruñido se escucho del otro lado de la puerta y Eriol no pudo evitar una sonrisa picara.

—Oh, vamos, deja de hacer drama —continuó—. Fue solo un simple y pequeño beso.

No supo etiquetar el silencio que le siguió a sus palabras. Siempre existía la posibilidad de que Tomoyo se resolviera por ignorarlo desde ese momento en adelante, o también, se dijo el ingles con victoria, cabía la posibilidad de que la amatista corriera el pestillo de la puerta y asomara ligeramente su cabeza cubierta de cabellos azabaches, justo como estaba haciendo en esos momentos.

— ¿Solo un simple beso? —preguntó dubitativa, a lo que él se apresuro a asentir—. ¿No estás enojado?

—Claro que no, ¿por qué habría de estarlo?

Tomoyo se encogió de hombros y opto al fin por abrir completamente la puerta.

Al verla, con ese vestido en color morado que seguramente era el tercer diseño, Eriol no consiguió detener la idea que apareció en su mente. Ella se veía tan bien en ese vestido.

—Bueno, ¿Pero quién podría estar enfadado por un beso como este?

Y dicho lo último, el joven ingles estampo un nuevo beso en los labios de Tomoyo, tan casto como el que ella le diera hacía algún rato, pero lo suficientemente sorpresivo como para que la amatista se pusiera totalmente colorada.

— ¡Eres como un tomate de lo roja que estas Tomoyo-chan! —dijo Eriol riendo burlonamente, sin ningún tipo de descaro, logrando así que la muchacha frunciera el seño con enojo y su sonrojo se incrementara.

— ¡Y tu eres incorregible!

Y la puerta del cuarto de baño se cerró una vez más con un portazo y con Tomoyo dentro.

Eriol suspiró. Sus avances se habían ido por la borda en el momento mismo en que esa atrevida idea le surcara la mente y quien sabe hasta cuándo ella se dignaría a salir de nuevo.

Pero con todo y todo, no se arrepentía de nada. Había sido una fascinación verla en ese traje de tela ligera y vaporosa cubierta de algunos discretos volantes (diferente a aquel primer vestido en forma de abanico); había quedado tan encantado que incluso esos labios femeninos descubiertos de cualquier maquillaje resultaron más llamativos que nunca antes.

Con un inminente dolor de cabeza a punto de explotar, se deslizó despacio hacia el piso de madera, flexionando sus piernas y recargando la espalda en la puerta del baño. Era comprensible que después de todo, ahora no tuviera idea de cómo solucionar las cosas.

Tan inmerso estaba en sus cavilaciones, que apenas si alcanzó a escuchar la vocecilla que salió del otro lado de la puerta.

— ¿Por qué lo hiciste? —cuestionó Tomoyo quedamente. Eriol casi podía imaginarla retorciéndose las manos en la suave tela de su vestido—. ¿Por qué… me has besado?

Y para la tortura de la joven Daidouji, Eriol no respondió de inmediato; se tomó su tiempo en sopesar la pregunta y en preparar una respuesta que no lo dejara en evidencia, porque no planeaba revelar sus sentimientos en ese instante, ni mucho menos ante una puerta de madera. No, todavía no era el momento.

—Por la misma razón que lo hiciste tú —contestó él de forma ausente; no había encontrado una respuesta más satisfactoria que aquella y ahora se daba cuenta de lo ambigua que sonaba. No conocía las razones de Tomoyo, desde luego; ella podría haberlo besado por simple curiosidad, él por otro lado lo había hecho movido por el impulso de la atracción que sentía por ella—. Fue… un impulso —añadió todavía no muy convencido, pero sin más palabras que agregar.

El ya tan conocido sonido del pestillo lo saco de su nueva oleada de pensamientos, y antes de que la puerta se abriera por completo, Eriol alcanzó a ponerse de pie.

Ahí estaba Tomoyo por segunda vez, postrada en el umbral de la puerta deleitándolo con esa altanera elegancia que ella sencillamente no notaba. Ahí estaba mostrándole una de esas gentiles sonrisas que a menudo les regalaba a los atolondrados castaños Sakura y Shaoran, una sonrisa cómplice que él también solía formar y que descaradamente decía algo como "Yo sé algo que tú no". Era esa mueca que a Eriol siempre le divertía, pero en esos instantes solo le provoco un profundo escalofrió.

—Esperare el momento en el que te sientas listo para decirme que te gusto —dijo la amatista con la casualidad de quien habla del clima. Entonces haciéndolo a un lado y volviendo a adueñarse de la habitación, continuó—: ¡Vamos, Eriol! Todavía tengo que hacerle ajustes a lo que llevas puesto.

Eriol la miró con los ojos fuera de sus orbitas y con el cuerpo hecho piedra.

Recordaba (¡Claro que recordaba!) la sorprendente capacidad de observación de la chica, pero lo que sin duda alguna no estaba en su repertorio de memorias era ese repentino ataque de Tomoyo por ser tan directa; hasta donde sabía, la heredera Daidouji acostumbraba ser bastante más sutil.

Ocultó su rostro como pudo con su flequillo, en un vano intento de pasar desapercibido ese sonrojo que ahora le cubría el rostro.

Lo había dicho hacía años y lo volvía a decir; Tomoyo Daidouji era una excelente observadora.

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El reloj marcaba las cuatro en punto cuando Tomoyo le dio las gracias a un todavía aturdido ingles. Él prometió llegar antes de que iniciara el concurso y ella aseguró que trabajaría hasta media noche un día anterior al evento.

Ninguno de los dos había vuelto a tocar el tema de la curiosa "no confesión" de Eriol, y en contra de todo pronóstico, ambos se despidieron con una sonrisa, tal vez demasiado significativa para ser solo amigos.

Para cuando Tomoyo giró sobre sus talones dispuesta a emprender su camino, se dio de lleno con los otros tres inquilinos que también habitaban la mansión Hiragizawa.

Eriol no pudo evitar preocuparse en el instante en que se percató de la mirada ceñuda de Kaho.

— ¿Tomoyo Daidouji? —su suave tono de voz y esa expresión que no iba dirigida a la amatista sino a él, le indicaron la multitud de preguntas que seguramente estarían danzando en la mente de la mujer.

—Señorita Mizuki, cuánto tiempo —dijo Tomoyo, enterándose de inmediato de la tensión del momento. Era hora de la retirada—. Sakura estará encantada cuando le diga que se encuentra aquí.

La mujer pelirroja asintió, tratando de dibujar una sonrisa cortes que resulto en una mueca de mal gusto.

—Bueno, creo que es hora de irme, ya es un poco tarde —volvió a hablar la nívea, ignorando a propósito el intento fallido de su interlocutora—. Ha sido un placer volverla a ver, Señorita Mizuki.

Y con una despedida silenciosa hacia Nakuru y Spinel quienes no habían abierto la boca para nada y que desde su punto de vista habían estado conteniendo la respiración, Tomoyo comenzó a caminar por la calle hasta que su figura se perdió en un punto lejano.

Fue hasta entonces cuando Eriol se digno a centrar su atención en la mujer que caminaba hacia él.

—Kaho…

Sus palabras, interrumpidas por el cálido sabor de un beso profundo, murieron en su garganta con la misma rapidez de un parpadeo.

Había algo en ese gesto, algo tan palpable y tan obvio que a ambos les supo amargo y frío, lo suficiente como para que terminaran con el beso de la misma forma abrupta con la que lo habían comenzado.

—Descuida, Eriol. Sé que no es el momento.

Nadie dijo nada más y él permitió que la mujer a la que amaba partiera hacia el interior de la casa, dejándolo solo con sus dos guardianes, como hacía años, allá cuando era Clow y no Eriol, lo había estado.

—Así que esa era la razón por la que querías que tuviéramos un día de paseo con la Señorita Mizuki —la voz de Nakuru, lejos de sonar con reproche, parecía ser comprensiva—. ¿Por qué no nos dijiste nada, Eriol? No teníamos idea que Tomoyo estaría aquí.

La respuesta del ingles dejo a los dos guardianes confundidos.

—Yo tampoco la tenía.

Nakuru parpadeó y a punto estaba de volver a la carga con otro comentario, cuando Spinel tomó la palabra.

— ¿Cuándo hablara con la Señorita Mizuki, amo?

No hubo respuesta a esa atrevida pregunta. ¿Qué podía decir? ¿Que por primera vez en muchos años se encontraba perdido y no sabía qué hacer? ¿O quizá que después de tanto tiempo al fin se comportaba como el adolescente que era?

Amaba a Kaho, todavía lo hacía, pero no podía seguir con esa punzante sensación que le atenazaba el corazón de a ratos.

Como el caballero que era, Eriol simplemente no concebía la idea de engañar a su persona más querida, porque aunque el sentimiento por Kaho aun continuaba ahí, alguien nuevo acababa de abrirse paso en su corazón.

Soltó uno de esos suspiros cansinos que le indicaban a Spinel lo agobiado que se hallaba su creador; se trataba de la señal que tanto él como Nakuru entendían como un "No hagan más preguntas", pero esta vez, en contra de lo que cualquiera esperaba, Eriol murmuró un último comentario.

—Espero hablar con ella dentro de unos días, Spinel.

Lo que ninguno de los tres hubiera llegado a pensar, era que el momento de hablar con Kaho Mizuki llegaría justo después del tan aclamado concurso de modas, cuando, movida por la misma emoción que había desbordado a Eriol horas atrás, Tomoyo se atreviera a besarlo delante de una gran multitud.


Notas de la autora: Uno de esos pequeños capítulos que terminan siendo más importantes de lo que parecen (y que pese a lo que aparentan no son de relleno XD). En fin, muchas gracias por todos sus comentarios del capitulo anterior y por tomarse el tiempo de leer, espero que este también sea de su agrado, adelantandoles que en el proximo vuelven esos personajes que andaban perdidos desde hace tiempo jaja XD. Muchos saludos y abrazos desde aquí! :D