No me gustan los gatos.
Cuando Nakuru despertó aquel día justo a las nueve en punto y corrió las cortinas de su habitación, notó inmediatamente que era una mañana esplendorosa.
El refulgente sol parecía bañar de escarcha dorada el pequeño jardín de la mansión y el cielo estaba tan limpio de nubes que su color celeste se antojaba casi irreal. Era una estampa sencilla, sin ningún adorno extra como pajarillos canturreando por todos lados o flores meciéndose al ritmo de un viento inexistente y sin embargo aquello era suficiente para elevar el de por si hiperactivo temperamento de Nakuru, quien sin notarlo realmente ya se encontraba saliendo de su habitación, con una deslumbrante sonrisa de oreja a oreja y con ese pijama lila que Eriol le había regalado hacía un par de meses.
El día era una delicia (como de esas pocas) para hacer infinidad de actividades. Cocinaría un rico desayuno que compartiría con Spi, saldría a caminar por los alrededores para recibir un poco de ese cálido sol y al poco rato regresaría a tomar una ducha solo para volver a salir, esta vez a perderse en la zona comercial de Tomoeda donde compraría algo para la cena y muy seguramente cualquier cosa que le gustara y que saciara momentáneamente su incansable espíritu caprichoso.
Después, en la noche, relataría a Eriol su extenuante día e intentaría en vano que él hiciera lo mismo, pues su creador solo se limitaría a soltar un "Me fue bien, nada interesante que contar", entonces molestaría un poco a Spi y se iría a la cama cuando el reloj rozara las once y treinta, todavía con el pensamiento de que había sido un día maravilloso.
Sonrió para sus adentros cuando alcanzó el inicio de la escalera y bajó despacio, peldaño a peldaño, cada vez más sumergida en ese mundo de distracción que últimamente le era muy conocido.
—Qué bueno que has despertado.
El sonido de aquella voz sacó a Nakuru de su perfecta ensoñación y le hizo fruncir el ceño, deteniéndose abruptamente.
Al pie de la escalera se encontraba la imponente figura de Kaho, sonriendo de esa forma tan suya que siempre le había dado la sensación de que la tomaba por estúpida. Su cabello rojizo iba atado en un cuidado trenzado que caía grácilmente por su hombro derecho y la amarronada falda larga junto a aquella blusa blanca solo le recordaba lo impoluta que esa mujer era.
Desde la ruptura de su creador con ella pocas veces se la topaba por la casa, cosa que agradecía, pues aunque Nakuru no fuera capaz de odiarla, era bastante evidente que no soportaba a Kaho Mizuki ni siquiera un poco.
Y ahora, que el lazo que la unía a Eriol no era otro que el de la más pura y plana cordialidad, ya no se veía en la obligación de tratarla con el mínimo nivel de amabilidad de antaño.
— ¿Querías algo? —preguntó Nakuru alzando ligeramente el mentón, como muestra de una altanería que realmente no poseía.
Kaho apretó los labios hasta convertirlos en una fina línea. Realmente no estaba en sus planes comenzar una pelea con la Guardiana de Eriol.
—Solo preguntarte si has empacado tus cosas —respondió falsamente despreocupada—. Dentro de unas horas el servicio las llevara al aeropuerto.
La Guardiana ahogó un suspiro y una sombra de resignación bañó sus ojos repentinamente. Después de todo no era un secreto para nadie de aquella casa que Nakuru Akizuki no estaba ni un poco de acuerdo con la decisión de partir a Inglaterra.
A ella le gustaba Tomoeda mucho más que Londres; le gustaba ese ambiente tranquilo de los suburbios, le gustaba el cálido sol que tostaba de a poco su piel… ¡incluso hasta le divertían los vecinos cotillas de los alrededores! Esos que no conseguían entender por qué Eriol lucía tan misterioso a veces o por qué ella no viajaba sin ese pequeño peluche oscuro en forma de gato.
Sí, Nakuru no quería marcharse, sabía que Spinel tampoco y se encontraba casi segura que a Eriol todo aquel teatrito de mantenerse firme con la decisión le estaba costando mucho, pues aunque en ocasiones ella no entendiera la retorcida mente de su creador, sí entendía el brillo de sus ojos zafiro, aquel que titilaba desesperado por no estar del todo seguro de haber tomado la elección correcta.
Y al final Eriol le daba un poco de pena, porque para ella era bastante evidente la cruenta lucha que se desataba en el interior de su amo: una parte de él acabando con la situación de un tajo, yéndose por la vía fácil que representa Inglaterra, mientras la otra parte, esa que es su corazón, suplicando a gritos permanecer en Japón, ya que quedarse significaba indudablemente el tener la oportunidad de convivir con esa señorita de cabello negro, Tomoyo Daidouji.
Pero al parecer ni el más escandaloso de los berrinches (ese que por cierto armó hacía un par de días) lograría que Eriol cambiara de parecer.
—Terminé ayer por la noche. Pueden recogerlas de la habitación cuando quieran.
La pelirroja asintió con cautela y tal vez un poco animada por el semblante derrotado de Nakuru, se atrevió a agregar un pequeño comentario que le pareció oportuno.
—Sé que no estás de acuerdo con todo esto, pero regresar a Londres es lo mejor.
— ¿Lo mejor para quién? — su ceja alzada y su rictus retador eran en definitiva dignos de ver en el rostro de aquella chica de cabello marrón. Nakuru se caracterizaba por ser un fastidio total, no por ser alguien insolente, y esa nueva faceta de la Guardiana le dio la certeza a Kaho de que Eriol les había dado demasiadas libertades a sus creaciones.
Pero tampoco se podía culpar del todo a Nakuru, quien no llegaba a comprender ni un poco el sencillo hecho de ir en contra de los propios deseos. Si ella no quería algo, no lo hacía, si lo quería, peleaba hasta conseguirlo, así de simple.
Al notar que la posible replica de Kaho se había desvanecido, Nakuru terminó de bajar las escaleras con esas toneladas de dignidad pisándole los talones, y cuando estuvo al nivel de la antigua profesora, murmuró unas cuantas palabras.
—No pretendas saber qué es lo mejor para Eriol o para cualquier de esta casa. De entre todos, tú eres la menos indicada para ello.
El peso de su declaración fue indudablemente una bofetada con guante blanco, pero ni ella ni Kaho se inmutaron, pues una siguió su camino hacia la sala principal y la otra se quedó en su lugar, plantada al pie de la escalera vagando por pensamientos que en realidad a Nakuru ya no le interesaban.
Y sin embargo al entrar a la salita principal donde se encontró con la misma imagen con la que los había recibido la mansión cuando regresaron a Tomoeda algunos años atrás, sintió las imperiosas ganas de volver sobre sus pasos y exigirle a aquella mujer la respuesta que ella misma había cortado de tajo. ¿Lo mejor para quién?
Porque era bastante obvio que ver las repisas vacías, las pesadas cortinas corridas y los sillones, junto al magnifico piano de Eriol, cubiertos por sendas mantas blancas no era lo mejor para nadie, ni siquiera para Kaho.
Toda aquella escena contaba con un extraño matiz lúgubre que costaba creer que hasta apenas un día antes aquel cuarto había estado llenó de las notas ágiles que desprendía una de las melodías que Eriol tocaba ocasionalmente, mientras ella y Spinel disfrutaban de la música acompañados por una reconfortante taza de té.
Entonces, cuando Nakuru dejó la sala y fue a la cocina, al comedor, y los descubrió en las mismas condiciones, su día y su humor habían dejado de ser esplendorosos para convertirse en una mezcolanza de emociones nefastas que la pusieron entre furiosa y deprimida.
La situación iba en contra de sus deseos pero ¿qué hacer? Cuando se tiene un dueño, cuando la vida se debe a un creador y depende de él no hay nada que pueda hacer, porque sin dudar Nakuru seguiría a Eriol hasta el fin del mundo aun a pesar de que no lo considerara correcto.
El timbre de la mansión la sacó repentinamente de sus pensamientos, y a punto estuvo de dejarlo pasar, pero la insistencia en el llamado se volvió de pronto lo bastante molesto a juicio de sus oídos como para que tuviera la desesperante necesidad de hacerlo callar.
Con aquella perenne molestia se encaminó hasta la puerta principal y la abrió de un jalón, encontrándose con la inesperada presencia de un par de personas que la dejaron de una pieza.
De pronto, las ganas de despachar rápidamente a ese invitado no deseado escaparon por completo de Nakuru.
—Oh, ¿qué hacen ustedes aquí? —preguntó confundida.
Del otro lado, las figuras sonrientes de Sakura y Tomoyo inclinaron la cabeza ligeramente a modo de saludo.
—Disculpa nuestra repentina visita, pero necesitamos hablar contigo. ¿Podemos pasar?
Nakuru asintió todavía algo aturdida y se hizo a un lado, dejando la entrada libre a las dos chicas y a un séquito de guardaespaldas cargadas de bolsas y cajas que en primera instancia no había notado.
Abrió los ojos con espanto y de inmediato volcó la mirada en las responsables de aquello, exigiendo una explicación.
Sakura se removió incomoda y por su parte Tomoyo solo volvió a sonreír, gesto que servía de preámbulo a las palabras que soltaría a continuación:
—Esperamos no ser una molestia pero… ¡Haremos una fiesta!
/
Al ver desde la azotea el terreno inmenso de la preparatoria Seijo, con sus jardines verdes y esos árboles que proporcionaban sombra en los calurosos días de verano, Eriol pensó que sin duda alguna extrañaría todo aquello, pues sería difícil encontrar en Londres la sencillez que emanaba la preparatoria de Tomoeda.
Definitivamente le hubiera gustado graduarse allí.
Una brisa fresca le removió el cabello azulado y lo llevó a girar el rostro a un lado, percatándose de pronto que ya no estaba tan solo como hacía un rato.
Li Shaoran tenía esa extraña manía de pulular a su alrededor cuando él disfrutaba de momentos de soledad, y desde luego aquel día, cuando el periodo de clases había terminado y cuando era tiempo de volver, no sería la excepción.
— ¿No será un problema que no hayan asistido al último día de clases? —cuestionó Eriol bastante afable, desviando nuevamente la mirada hacia un punto en el paisaje.
Shaoran compuso una breve sonrisa, de esas cómplices, y se encogió de hombros.
—Era un riesgo que Daidouji estaba dispuesta a correr y sabes lo sencillo que es para ella arrastrar a Sakura en esas cosas.
Era cierto, de vez en cuando olvidaba lo manipuladora que podía llegar a ser Tomoyo. Quedaba claro que provocar una falta en el registro de su amiga no era algo que le preocupara mucho.
—Solo espero que no causen tanto alboroto con lo que sea que estén tramando.
El castaño miró a su amigo un momento, preguntándose como muchas otras veces sobre ese gusto extraño de Eriol por fingir ignorancia y permitir que las cosas siguieran ese curso que él bien podía detener, porque aunque Shaoran casi podía asegurar que el inglés no tenía del todo claro hacia dónde iba aquel teatro que armaba Daidouji, no era tan tonto como para no sospechar. Después de todo Eriol Hiragizawa no poseía ni un pelo de idiota y el día anterior la amatista tampoco había sido precisamente discreta con sus planes, algo que en definitiva no era propio de ella; Daidouji podía ser igual o más escurridiza que Eriol si así lo quería.
Si tenía que dar su opinión, Shaoran bien podía decir que no entendía para nada la lógica de ese par.
—Visto de ese modo… tienen demasiadas cosas en común —murmuró Shaoran para sí, casi pensando en voz alta y pasando por alto el hecho de que aunque los ojos de Eriol no estuvieran concentrados en él, su completa atención sí lo estaba.
— ¿Quién tiene demasiadas cosas en común? —Preguntó curioso el chico—. Porque si hablas de Tomoyo y Sakura déjame decirte que has estado en un rotundo error todos estos años, ¡nunca había conocido a dos personas tan diferentes!
— ¡Por supuesto que no hablo de ellas dos! —Respondió con algo de fastidio—. En realidad me refería a ti y a Daidouji. Ustedes tienen muchas cosas en común.
Un perenne silencio se instaló entre los dos, uno ligeramente incomodo, de esos que te hacen pensar que acabas de tocar una fibra sensible. Y para Shaoran aquello era justo lo que necesitaba y lo que lo llevaría al tema que deseaba tratar con Eriol desde varias semanas atrás.
—En eso te equivocas —habló el inglés unos minutos después—. Aunque a simple vista tengamos similitudes, la verdad es que en el interior ella y yo somos más diferentes de lo que parece.
—Ya veo, así que es por eso que te gusta.
Eriol lo observó intensamente. No era una mirada indescifrable, Shaoran sabía identificar muy bien cuando los ojos gritaban lo que los labios no estaban dispuestos a decir en un principio y con ese gesto el chico de cabello azulado le advertía no seguir por aquel camino que se notaba pedregoso.
No habría continuado en otro momento, los dos tenían un tácito acuerdo de no interferir en la vida privada del otro después de todo, pero desde que tenía sus propias dudas y desde que Eriol estaba a punto de irse para seguramente no volver, se había vuelto imperativo para él buscar respuesta a todas aquellas incógnitas que giraban alrededor de su amigo. Quizá con eso lograría entender un poco su comportamiento.
—Te gusta Daidouji ¿no es cierto, Hiragizawa? —volvió a insistir Shaoran, con esa persistencia que siempre lo había caracterizado.
Eriol solo sonrío de medio lado antes de responder.
—Desde luego que me gusta, Tomoyo es una excelente amiga.
—Sabes que no me refiero a eso.
La sonrisa del inglés se ensanchó. Ciertamente ese día sus ánimos no eran los mejores para dar un buen contraataque a Li, ni siquiera para evadirlo, así que… ¿Diciendo lo que quería escuchar, el chino se marcharía? Lo dudaba, pero al menos aquello aceleraría las cosas y podría dar fin a ese tema en cuanto antes.
— ¿Te refieres a si Tomoyo me gusta románticamente, entonces? Pues sí, me gusta y ella lo sabe. ¿Alguna otra pregunta?
La expresión de Shaoran se convirtió en todo un poema al escuchar la respuesta de Eriol, no es que no lo sospechara desde tiempo atrás, pero el saberlo de la boca del propio Hiragizawa y con aquella brutal honestidad lo habían dejado totalmente en blanco.
—No comprendo —dijo recuperando la compostura—. ¿Si es así por qué te vas? Dudo mucho que te vaya eso de las relaciones a larga distancia.
El intento de broma no ayudo a mermar el espeso ambiente que se había formado puesto que la mirada de Eriol se ensombreció de pronto, haciendo que Shaoran se preguntara si no era mejor parar con todo ese interrogatorio; al final aquello no era su asunto.
— ¿Amas a Sakura?
— ¿A qué viene eso? —frunció el ceño, descolocado por completo.
—Solo responde, Li. ¿Amas a Sakura? ¿Serías capaz de hacer cualquier cosa por ella?
El castaño giró el rostro hacia un lado mientras notaba un ligero sonrojo reptar por sus mejillas. A diferencia de Eriol, para él nunca era sencillo hablar de sus sentimientos tan abiertamente.
—Tu pregunta es estúpida. Por supuesto que amo a Sakura e incluso daría mi vida por ella.
Y no mentía, en los últimos años aquella chica de ojos verdes se había convertido en su todo, se había incrustado en su corazón como una piedra preciosa se incrusta en un anillo y a esas alturas era imposible sacarla de allí.
—Eso es bastante obvio —aseguró Eriol con una sonrisa que no alcanzó sus ojos—. Y es justamente por ese motivo que me voy de Tomoeda.
Shaoran volvió la atención hacia su interlocutor una vez más, pero Eriol ya había perdido de nuevo su mirada en el paisaje que brindaba la azotea de la preparatoria Seijo, dejando entrever ese rictus que le hacía lucir mucho más viejo de lo que en realidad era.
—Tu amas a la pequeña Sakura —continuó—, lo que es muy diferente a lo que siento en estos momentos.
— ¿A qué te…
—Me gusta Tomoyo e incluso le tengo cierto grado de cariño, pero no la amo —su sonrisa se desvaneció en el momento preciso en que la última palabra salió de sus labios y para cuando pronunció lo siguiente, sus ojos azules estaban cerrados—. Y sé que ella tampoco me ama a mí.
— ¿Esa es tu excusa? —Preguntó Shaoran incrédulo— ¿Te vas porque eres lo suficientemente cobarde como para enamorarte de Daidouji?
Aquello tenía su parte de razón, pensó Eriol detenidamente, pero desde luego no admitiría eso delante de su amigo, por lo que optó por contar la otra parte de la verdad.
—No lo entiendes. No se trata solo de si soy cobarde o no —murmuró con la voz vaga—. Es principalmente por lo rápido que han ido las cosas acerca de ella y mi ruptura con Kaho. Aunque quiera engañarme aún hay resquicios de mi cariño hacia ella, y ¿sabes? Seré un desgraciado para muchas cosas, pero jamás permitiría que Tomoyo se enamorara de mi cuando todavía quiero a alguien más. No puedo ofrecerle nada en estos momentos, por eso es que me voy. Ambos necesitamos tiempo.
—Eres un imbécil —replicó Shaoran, acentuando su ceño y negando lentamente con la cabeza—. ¿Qué pasa si Daidouji encuentra a alguien más?
—Entonces no nos correspondía estar juntos —Eriol se encogió de hombros, como si realmente no le importara aquel detalle, cuando en realidad esa era la peor mentira que había dicho últimamente.
Shaoran se disponía a seguir con la charla, pero el tono de su celular rompió con la quietud del momento, obligándolo a tomar la llamada a regañadientes.
Eriol le observó divertido durante algunos minutos mientras el castaño respondía monosílabos y frases demasiado cortas para considerarse una charla decente. Después, cuando al fin colgó, volcó toda su atención en el inglés.
—Era Daidouji —dijo, como si con esas dos palabras lo explicara todo.
Y a decir verdad sí que lo hacía.
—Supongo que es aquí cuando finjo que no sé nada y me llevas al lugar que han preparado para lo que sea que planeaban.
El castaño asintió, caminando hacia la puerta que lo conduciría al interior del edificio.
—Están en tu casa, así que date prisa, no planeo hacer enojar a Daidouji.
Con una risa burlona Eriol siguió sus pasos sin hacer otra pregunta. Le agradaban mucho las sorpresas.
—Sé que no es mi problema —habló Shaoran de repente, en el momento en que ya bajaban las escaleras y se perdían en los pasillos—, pero deberías saber que para cosechar amor primero debes sembrarlo y cuidarlo. Si durante este tiempo Daidouji encuentra a alguien más no será porque no les correspondía estar juntos, sino porque tú fuiste demasiado idiota como para darle una oportunidad a eso que sienten.
Aquello fue lo último que dijeron sobre el tema; Shaoran sin ganas ya de insistir y Eriol lo bastante turbado como para continuar con una plática que no parecía llegar a ningún lado.
No había más palabras que agregar.
/
Fue a sentarse en una de las sillas dispuestas en corro en la sala mientras soltaba un largo suspiro, pensando con poca modestia que alguien debía darle un buen premio por organizar una fiesta sorpresa en apenas un par de horas.
Tomoyo observó con satisfacción la decoración del cuarto, esa que había realizado gracias a la ayuda de Nakuru. Observó los coloridos globos que se mantenían casi estáticos en su lugar, el enorme letrero que colgaba en la pared opuesta a la entrada y que rezaba algo como "Buen Viaje" y observó también la mesa de bocadillos, la cual había estado a cargo de Sakura y que rebozaba de suculentos y alegres postres de todo tipo.
Con tan poco tiempo para preparar todo, la fiesta sorpresa que habían armado para Eriol era de lo más sencilla y discreta, pero aun a pesar de eso, Tomoyo tenía la corazonada de que el inglés lo preferiría así, pues ahora que lo pensaba él no era un chico precisamente amante de las fiestas.
La comida estaba lista, la decoración también y sus guardaespaldas se habían marchado minutos atrás, por lo que solo faltaba que Li hiciera bien su parte y no permitiera para nada que Eriol se desviara del camino a casa.
Y es que a final de cuentas no tenían demasiado tiempo, ya que en palabras de Nakuru deberían partir a las siete en punto al aeropuerto de Tomoeda y según el reloj que pendía de una de las paredes de la salita, solo faltaban unos minutos para que dieran las cinco.
Si las cosas marchaban tan bien como hasta ese momento, tendría el tiempo suficiente para despedirse de Eriol.
—Si me permites decirlo, has hecho un gran trabajo, Daidouji.
Tomoyo desvió la vista hacia la entrada de la sala, lugar de donde había provenido aquella voz que llevaba rato sin escuchar pero que en definitiva jamás olvidaría.
Cuando sus miradas se encontraron, Kaho Mizuki solo sonrió amablemente y reafirmó el agarre que ejercía sobre el bolso que colgaba de su hombro derecho.
—Ah, Señorita Mizuki —atinó a decir la amatista poniéndose de pie, de pronto demasiado nerviosa como para conseguir articular algo más. ¿Qué debía hacer? Durante todo aquel tiempo en que hacían los preparativos, la pelirroja se había mantenido oculta en algún lugar de la mansión, y tan desapercibida había pasado, que incluso Tomoyo terminó olvidando la advertencia que Nakuru le había hecho sobre su persona.
Porque no importaba qué, ella no podía invitarla a quedarse a la fiesta que haría en "honor" al que hasta hace apenas unos días era su pareja.
Kaho por su lado soltó una risita al notar el comportamiento de su antigua alumna.
—No te preocupes —dijo, casi como si acabara de leer su mente—. Yo estaba por irme, el personal de servicio ha venido ya por el equipaje y lo cierto es que no tengo mucho más que hacer aquí.
La expresión nerviosa de Tomoyo mutó a una de leve angustia y vergüenza; solo hasta ahora reparaba en lo descortés que había sido de su parte el levantar aquel circo en la casa de Eriol, sin preocuparse realmente en lo incomodo que se podría volver el ambiente no únicamente para Kaho, sino también para el inglés y para ella misma.
—Lo siento mucho. En verdad que lo siento —su tono de voz fue un susurro penoso que la mujer escuchó con dificultad, pero cuando logró descifrar lo que salió de los labios de Tomoyo, no dudo en caminar hacia ella y envolverla en un sorpresivo abrazo.
—Deja de disculparte —murmuró suavemente—. Lo que ocurrió entre Eriol y yo de ningún modo fue tu culpa, Daidouji. Además, hacía tiempo que no lo veía tan despreocupado, tan feliz. Eso definitivamente es gracias a ti.
Kaho se separó de a poco del menudo cuerpo de la amatista y le dedicó una última sonrisa cargada de sinceridad. Aquella chica era sin duda la responsable de que Eriol se comportara al fin como lo que era, un adolescente, y le estaría siempre agradecida por conseguir aquello.
—Como te lo dije, has hecho un gran trabajo. Estoy segura que a Eriol le gustara.
Tomoyo asintió todavía cohibida por las acciones de la pelirroja, pero al final con un poco de esfuerzo, alcanzó a pronunciar unas palabras.
—Gracias Señorita Mizuki, y espero que tenga buen viaje.
—Yo también lo espero —asintió Kaho para sí misma—. Nunca me han gustado mucho los aviones.
Ambas rieron sin poder evitarlo y con un último movimiento de cabeza, Kaho se dirigió hacia la entrada de la sala.
—Cuídate Tomoyo —dijo sin más, saliendo del lugar y al cabo de un tiempo, saliendo también de la mansión, dejando a una chica amatista con la indudable certeza de que esa sería la última vez que se verían.
Pasaron varios minutos después de eso en los que la nívea solo se dedicó a caminar en círculos por toda la habitación. Eriol y Li no deberían de tardar y Sakura, quien se encontraba en la cocina junto a Nakuru limpiando el desorden, tampoco.
El plan era bastante sencillo: cuando los dos chicos llamaran a la puerta principal (porque daba la casualidad que justo ese día Eriol había olvidado las llaves), ella y Sakura se ocultarían junto a Spinel y Kero (los cuales estaban en la planta alta haciendo sabrá qué cosa) detrás de alguno de los sillones, mientras Nakuru se encargaba de hacerlos pasar y llevarlos directo a la sala, donde le darían la última bienvenida con serpentinas.
Todo era muy fácil.
Sí, tan fácil que cuando llegó el momento en que dos golpes se escucharon en la puerta de madera, Tomoyo pegó un brinco asustado y el corazón comenzó a galoparle con fuerza.
— ¡Ya están aquí! —fueron las palabras de Sakura cuando entró corriendo como un vendaval a la sala, con un Spinel y un Kero bastante fastidiados entre sus brazos.
— ¿Por qué tenemos que hacer esto? —Preguntó el Guardián del Sol haciendo un gesto cómico de molestia— El viejo Clow ni siquiera lo apreciara.
—Solo cállate, Kero —y aunque la reprimenda de Sakura le hizo rodar los ojos, el pequeño peluche amarillo no dijo nada más.
— ¿Están listas? —canturreó Nakuru, en el momento preciso en que el llamado a la puerta volvió a repetirse.
Una muda afirmación le dio el pase libre para ir a atender.
El asunto ese de la fiesta sorpresa le parecía en demasía divertido a la castaña, que cuando Tomoyo y Sakura se aparecieron por la casa, ella no había dudado en apoyarlas.
No es como si pudieran engañar a Eriol, pero hacía tiempo que no celebraban por nada, que al final no le importó que dicha reunión se realizara con motivo de despedida, Nakuru únicamente quería participar.
Abrió la puerta con la mejor de sus sonrisas y se encontró al par que llevaban rato esperando.
Eriol cargaba con una de sus acostumbradas muecas burlonas mientras que dudaba que el ceño del joven Li pudiera fruncirse más.
Nakuru se preguntó por qué tanto habría pasado el chino antes de llegar hasta allí.
—Bienvenido Eriol. Buenas tardes, joven Li.
—Buenas tardes Akizuki —respondió Shaoran educado, pero no por eso menos malhumorado.
— ¡Ah, Nakuru! Justo le decía a Li que nos acompañara a tomar una taza de té.
La chica sonrió con comprensión. Si no es que ya lo sabía todo, Eriol al menos estaba consciente de las intenciones de sus tres amigos. Decidió seguirle el juego a su creador, ¿para qué complicar las cosas tratando de fingir?
—Ya veo. En ese caso estaría bien que pasaran a la sala. Tendré listo el té en unos minutos.
Ambos chicos entraron a la casa sin decir una palabra. Eriol, a la cabeza, sin borrar esa expresión de altanera burla, seguido de una feliz Nakuru y hasta el final, un poco más rezagado, un Shaoran que no paraba de exhalar pequeños suspiros de frustración.
Caminaron los tres hacia la sala, y en el instante justo en que Eriol puso un pie en el umbral, una explosión de serpentinas de colores voló sobre su cabeza.
— ¡Bienvenido! —fue el coro que se dejó escuchar cuando Tomoyo, Sakura y los Guardianes salieron de sus escondites con sendas sonrisas pintadas en sus rostros.
— ¿Una fiesta de despedida? —preguntó el inglés sin sorprenderse ni un poco.
— ¡Se los dije! Este viejo no sabría apreciarlo. Qué desperdicio —refunfuñó Kero mientras lo observaba con reproche.
—Te equivocas —se apresuró a agregar Eriol, pero ya era tarde, Kero se dirigía hacia la mesa de bocadillos con la mirada completamente hipnotizada—. En verdad se los agradezco mucho —terminó, dirigiéndose esta vez a sus amigos y a Nakuru.
—Queríamos despedirnos antes de que se marcharan —dijo Tomoyo con esa suave voz y esa expresión alegre que la caracterizaban.
Eriol no respondió con palabras a ello, sino que alzó las comisuras de sus labios, componiendo la sonrisa más grande y más honesta que nadie en aquella sala le había visto antes.
Y así, entre risas y un montón de comentarios sin sentido, dieron inicio a la pequeña reunión, donde comieron con gusto los bocadillos que Sakura había preparado y al mismo tiempo se divertían de buena gana con el espectáculo que sin querer ofrecía Spinel, demasiado embriagado de dulces a causa de Kero como para notar siquiera que hacía el papel de bufón.
Recordaron momentos compartidos de su infancia y fue allí cuando Eriol reveló accidentalmente que había sido él el responsable de que Sakura y Shaoran quedaran encerrados en el ascensor hacía tantos años.
—Deberían agradecerme —alegó en su defensa cuando se percató del furioso sonrojo de Sakura y de la mirada asesina que le enviaba Shaoran—. Fue debido a mí que su relación empezó a desarrollarse.
—Sera mejor que cierres la boca Hiragizawa —farfulló el castaño ante la risa incontrolable de Nakuru y Tomoyo.
El ambiente era agradable, se trataba de uno de esos momentos que se desean guardar por siempre en la memoria, inmortalizarlos en algún lugar para asegurar su permanencia, para evitar que hasta el más mínimo detalle se resquebrajara y arruinara tan preciada escena.
Eriol quería guardar bajo llave las palabras conciliadoras de Sakura, su risa nerviosa y esa transparencia de su ser que la volvían un libro completamente abierto. Quería guardar también la lealtad de Li, su honestidad y esos acertados consejos que le había proporcionado cuando los papeles entre ellos se habían invertido y era ahora él mismo quien se hallaba navegando sin rumbo, sin saber qué hacer.
Pero sobre todo, deseaba resguardar con mucho cuidado, bastante cerca de su corazón, la risa ligera y cantarina de Tomoyo Daidouji, también esas miradas furiosas que en los últimos meses se habían vuelto más asiduas que en los cinco años que llevaban conociéndose; la genuina locura que la envolvía y especialmente, Eriol no quería olvidar sus besos, la dulzura y suavidad de estos, ni tampoco el torbellino de emociones que sentía recorrer su cuerpo cada vez que se atrevía a probarlos.
Sin duda alguna sería a quien más extrañaría cuando desde su habitación allá en la casa de Londres, recordara con nostalgia aquello a lo que dijo adiós cuando abandonó Tomoeda.
—Eriol —la voz de Nakuru los sacó a los tres de una inofensiva discusión sobre quien de todos era el mejor en deportes. Discusión que por cierto, Tomoyo ya tenía perdida desde el comienzo.
— ¿Qué ocurre?
—Son las siete en punto y el auto ya espera afuera.
Esa última frase rompió sin ningún tipo de remordimiento la burbuja que poco a poco habían ido formado en las horas pasadas. Era tiempo de irse y con ello, de dar por finalizada la fiesta de despedida.
—No sabes cuánto vamos a echarte de menos, Eriol —empezó Sakura, poniéndose de pie al mismo tiempo que él y apresurándose a envolverlo en un apretado abrazo.
—Las competencias de Educación Física no serán lo mismo —concordó Shaoran con una sonrisa apenada, casi como si pensara que sería realmente complicado encontrar a alguien que le diera una buena pelea en los juegos de basquetbol.
—También los voy a extrañar.
La chica de ojos esmeralda se apartó y fue al lado de Shaoran, permitiendo de esta manera a Tomoyo acercarse, no sin cierta reserva casi imperceptible.
Se observaron apenas unos segundos, los suficientes para darse cuenta que a decir verdad no hacían falta palabras entre ellos. No necesitaban decir adiós, pues aunque no tuvieran forma de saberlo, algo en su interior susurraba que volverían a verse y, cuando ese momento llegara, las cosas serían más sencillas, podrían comenzar de nuevo.
Le dedicaron una sonrisa al otro y sin pedir permiso, Tomoyo borró la distancia que aún quedaba entre ellos, atreviéndose a sumergirlos a ambos por primera vez en un beso profundo y delicado, llenó de una ternura que ninguno sabía que podía llegar a transmitir.
Aquel habría de convertirse en el beso que no olvidarían hasta que volvieran a encontrarse.
Cuando a punto estaba por llegar el momento de separarse, un sutil "Plop" llenó el ambiente y los obligó a guardar sus distancias de nuevo.
El efecto de la poción, la que había iniciado toda esa locura, acababa de desvanecerse y con ello, las orejas de gato que acompañaron a Eriol durante los tres pasados meses. Así sin más, sin ningún tipo de preámbulo que los dejara maravillados, sin ningún brillo cegador o algún dolor insoportable. Nada. Simplemente habían desaparecido.
Eriol se sintió decepcionado. Volvía a ser un chico "normal" y no había sucedido absolutamente nada increíble. Algún día le reclamaría a Yuuko por ello.
Tomoyo no pudo evitar reír con burla al percatarse de la expresión que había adoptado el inglés.
— ¿Sabes? Me gustas más así —dijo, mientras se colocaba un mechón de su negro cabello detrás de la oreja.
— ¿En serio?
—Sí. Te lo dije antes, no me gustan los gatos.
Eriol alzó una ceja y sonrió, sin poder creerse que de haber continuado con aquel absurdo trato (el que solo le sirvió como entretenimiento por un tiempo), seguramente habría perdido ante el reacio comportamiento de Tomoyo. Y es que después de todo lo que habían pasado, a esa chica seguían sin gustarle los gatos. En definitiva, ella era todo un personaje.
—Eriol... —el apuro en la voz de Nakuru hizo que su creador pusiera los ojos en blanco y, junto a sus tres amigos, emprendiera el camino hacia la puerta principal de la mansión.
Afuera, el chofer que había contratado esperaba junto a un carro negro.
—Date prisa —dijo Nakuru tomando entre manos a Spinel, quien ya fingía ser un simple peluche. Con una inclinación de cabeza se despidió del resto y fue a tomar su lugar en el asiento trasero del coche.
—Ten un buen viaje y no te olvides de llamarnos, o al menos de escribirnos.
El chico de cabello azulado asintió ante la petición de Tomoyo y, luego de una última mirada, siguió también los pasos de su Guardiana hasta el interior del automóvil, donde el chofer no tardo ni un parpadeo en encenderlo.
Desde ahí y con el fin de grabarlo en su memoria, se encargó de no perder ni un detalle de aquella escena. La observó tanto como el motor del carro se lo permitió.
Entonces el chofer puso en marcha la máquina y de a poco la imagen de sus amigos, de Tomoyo despidiéndolo con sus manos, fue volviéndose difusa hasta que desapareció por completo al doblar en una esquina.
— ¿Lo volveremos a ver? —preguntó por su parte Sakura, suspirando con nostalgia.
—Desde luego —respondió Tomoyo despreocupada, entrando a la casa otra vez. Antes de dejarla vacía por quién sabe cuánto tiempo, debían limpiar los restos de la fiesta que habían organizado—. Algún día —agregó para sí misma, sonriendo de esa forma en la que solo alguien que está seguro de algo puede hacerlo.
Sí, en definitiva volverían a encontrarse. Después de todo ella mejor que nadie sabía que no podría deshacerse de un gato tan travieso como lo era Eriol. Jamás.
Y quien sabe, tal vez y en una de esas oportunidades terminaban por agradarle un poco esos animalejos convenencieros y manipuladores.
—Bueno, tendrá que esforzarse si quiere convencerme —murmuró por lo bajo, encogiéndose de hombros y observando el desastre que había en la sala.
Suspiró. Sería una larga noche.
Notas de la autora: Hola! Ahhh no tienen idea de como lamento la tardanza, y es que después de una penosa vuelta a los estudios, la verdad es que la inspiración para escribir simplemente no venía. Estuve trabajando un largo tiempo en este capítulo y solo no acababa de convencerme. Sin embargo hace algunos días las ideas fluyeron de nuevo y... bueno, disfrute escribiendo esta versión, espero que a ustedes también les agrade :)
¿Qué más decir? Bueno, solo que en sí este es el último capítulo del Fic y que espero no haberlos decepcionado! Pero desde un principio el final ya estaba planeado para algo así. No obstante, aun falta el epilogo :D Estoy por terminar de trabajar en él, así que espero publicarlo en algunos días más. Descuiden, no tardare otros tres meses XD.
En fin, solo me queda por agregar un enorme agradecimiento por sus reviews y por leer la historia hasta aquí :D
Tengan un buen día. Saludos!
