- CAPÍTULO 2 -

La metedura de zarpa de tía Margarita

Cuando Larry bajó a desayunar al día siguiente los tres Wernesdey ya estaban sentados a la mesa de la cocina. Veían las noticias en la nueva televisión, un regalo que le habían hecho a Ashley porque (como habían contestado cuando Larry les había preguntado) les había salido del mismísimo (censurado).

Larry se sentó al lado de la inmensa mole de su primo Ashley, que devoraba los cuartos traseros de una vaca acompañados por una enorme fuente de patatas fritas con ketchup. Los Wernesdey no le felicitaron por su cumpleaños, como de costumbre (tampoco le felicitaban las pascuas, la Semana Santa, el día del niño, su santo, el cumpleaños de la Reina, el Día de la Independencia...). Larry comenzó a untar una tostada con mantequilla y miró al presentador del telediario, que hablaba sobre la fuga de un recluso.

- Tenemos que advertir a los espectadores que Blas va armado y es muy peligroso...

- No hacía falta que lo dijesen, con ese nombre y ese careto seguro que se ha escapado del psiquiátrico. ¡Qué feo es el muy cabón! - dijo tío Mamon. Pero mientras lo decía miró a Larry, que de repente se sintió mucho más inadaptado que la noche anterior. Sin embargo, el hombre que aparecía en la tele tenía pinta de ser mucho más inadaptado que él: era un siniestro cruce entre Yola Berrocal y Ernesto Sáenz de Buroaga, y parecía haber salido de las mismísimas cloacas de los suburbios más infames de la ciudad más tercermundista del planeta más desconocido. O sea: era un asco.

- La Menestra de Verdura ha declarado en rueda de prensa...

- ¡Si es que ya dejan vivir a cualquiera! ¡La silla eléctrica, eso es lo que hace falta en este país! ¡Y dónde estará ahora ese tío, de cualquier modo!

Tío Mamon se atragantó con el té, lo escupió encima de Larry, se limpió la barbilla y se levantó.

- Tengo que largarme a buscar a Margarita, su tren llega dentro de cinco minutos.

Larry, que estaba pensando en lo que había aprendido el día anterior con la Historia de la Maja, volvió de pronto a la realidad y abrió la boca del susto.

- ¿Tia Margarita? - dijo, y vomitó encima de la mesa del susto tan grande que tenia en el cuerpo. Era casi el peor regalo de cumpleaños que le podían haber hecho (exceptuando una peonza, un bote de Fairy o algo que gruñía debajo de su ventana). Tía Margarita, la hermana de tío Mamon, era una auténtica mamona -. ¿Viene pacá? No, ¿no?

- Sí, sí - contestó tío Mamon -. Y, por cierto, que sepas que le hemos dicho que estás estudiando en el Correccional San Dokán para Terroristas Integristas Genocidas Psicóticos.

- ¿Lo qué?

- Lo que has oído. Así que ni se te ocurra decirle otra cosa.

- ¡Jobar!

- ¡TE HE DICHO QUE NO DIGAS EL NOMBRE DE TU COLEGIO!

-No, si sólo decía... Jobar...

- ¡HALA, A CASCARLA!

Larry pensó en lo mucho que se parecía tío Mamon a veces a Ron y a Mariangélica. De repente, tuvo una idea. Salió corriendo detrás de su tío para alcanzarlo ante la puerta principal, sin hacer caso de los gritos de su tía Putunia: "¡LIMPIA ESTA PORQUERÍA!"

- ¿Qué leches quieres ahora? - gruñó tío Mamon.

- Nah, ya he tomado con los cereales. Verás, quiero pedirte algo.

- Ya te he dado la paga.

- Sí, la de 1975 sí. No, no iba por ahí. Verás, en el cole a los de tercero nos dejan ir al pueblo...

- Felicidades.

- No, es que necesito que me firmes una autorización.

- No sé escribir.

- Bueno, pues pon una cruz.

- Soy musulmán.

- Pues una media luna.

- Paso.

- ¡Venga, tío, porfiporfiporfiporfi!

- ¡QUE NO!

Larry decidió pasar a las malas.

- Si no me la firmas te juro que le digo a tía Margarita que estudio en el colegio Jobart de Magia Borrás, que soy un mago, que mis padres también lo eran, que la vecina del quinto también lo es y que ella es una pobre mugre, y luego le echo una maldición que se va a cagar la perra.

- ¡QUÉ TE HE DICHO DEL CORRECCIONAL SAN DOKÁN!

- Sí, bueno... es que tengo muy mala memoria... ¿San Seacabó, has dicho?

- ¡SAN DOKÁN!

- ¿San Tiago? ¿San Petersburgo? ¿San Tander? ¿San Babrasileña?

Tío Mamon gruñó.

- Vale. Si te portas bien y dejas que Margarita te dé una paliza diaria, cuando se vaya la semana que viene te firmaré la +&$ autorización.

- ¡Chachi!

- Cagóntó...

Sorprendentemente, la semana pasó bastante bien, si exceptuamos el hecho de que Tía Margarita, que era una mole de carne como Ashley pero con la nariz de tío Mamon, se veía en la obligación de darle una paliza al día para garantizar su buen comportamiento. Pero a Larry le importaba muy poco, porque estaba acostumbrado a que le diesen palizas tío Mamon, tía Putunia, Ashley y el vecino de al lado, así que incluso el cambio fue a mejor porque ahora sólo le pegaba una persona.

Hasta la última noche, como ya pueden suponer los lectores, porque estas cosas siempre se joden al final y nosotros no íbamos a ser menos. La última noche, decía, estaban cenando en el comedor una docena de jabalíes (por capricho de Ashley, que había leído - por increible que parezca - hacía poco un tebeo de Astérix y quiso probarse a sí mismo que era capaz de emular a Obelix).

- ¡Qué bien que me come mi niño! - dijo tía Margarita observando a Ashley -. ¡Y qué guapo que está la criatura!

- Sí, la verdad es que el colegio le está sentando bien - dijo tía Putunia.

- No como a otros... - dijo tía Margarita, mirando a Larry -. Creo que directamente deberíais descuartizarlo y enterrarlo en el jardín, total, pa lo que sirve...

- Es que luego el olor se quedaría en el jardín para siempre...

- Sí, claro. Bueno, Ashley, hijo, qué buen aspecto tienes... ¡Cada vez te pareces más al Ashley de Lo que el viento se llevó!

- Ya sabes que por eso le pusimos el nombre... - tía Putunia estaba muy orgullosa de su hijito, y lo veía como un futuro galán de cine, cuando en realidad Ashley podía ser perfectamente DOS galanes de cine o incluso tres o cuatro.

- En cambio ese de ahí... - dijo tía Margarita señalando a Larry. Larry se encogió y se puso a pensar en la Maja Desnuda, con una intensidad y una devoción que habrían hecho que incluso Mariangélica se enorgulleciese de él -. Ése ha salido feo, el chaval. Me avergonzaría si tuviese que tenerlo en mi casa.

- Bueno, ya ves... - dijo tía Putunia.

- No, en serio, es mucho más feo que mi gibón, incluso más feo que el perro de mi vecino, el capitán Flurry. Es más feo que pegarle a un padre.

- Bueno, es que...

Larry pensaba en los matices del óleo, en la textura, en el juego de luces y sombras del cuadro del artista español.

- Y hablando de padres...

La misma postura que la Maja Vestida, claro, pero al estar desnuda, pues el juego de texturas del vestido hay que superponerlo a la carne...

- ¿Sabéis algo del ijoeputa del padre del criomielda?

Tío Mamon y tía Putunia se miraron.

- No, Margarita, verás... murieron hace doce años... por eso tenemos aquí al chico.

- Ah... bueno, claro, eso lo explica todo. ¿Y cómo murieron?

- De una indigestión de boquerones en vinagre.

- ¡Ah, es verdad, ahora me acuerdo! ¡Claro!

- ¡No murieron así!

Todos se volvieron a mirar a Larry, que se había levantado del cabreo desproporcionado que tenía en el cuerpo. No sólo le habían dicho que su cicatriz era por un antojo, sino que le habían dicho a todo el mundo que sus padres no sabían comer, los muy melones. Larry estaba que se subía por las paredes, lo cual era muy incómodo, porque no debía subirse por las paredes así como así, los mugres lo tomaban como una ofensa personal cuando lo hacía.

- ¡A LA PUA CAMA! - bramó tío Mamon.

- ¡No, no, Mamon! - dijo tía Margarita -. ¡Déjalo, que hable! Dime, enanodeloscoones, ¿cómo murieron tus padres, en la Guerra de Vietnam? - dijo con sorna.

- ¡No murieron jartos de boquerones!

Tía Margarita se levantó de la silla y empezó a reirse como una loca. Bueno, en realidad estaba un poco loca, pero eso no viene al caso. Nadie sabe por qué le vino de repenete tanta risa, porque lo cierto es que la situación no tenía ni puñetera gracia, pero la buena señora debió tener un ataque, o algo así, ya que la risa es como la tos, y cuando te da, te da, y a tía Margarita le dio en ese momento y punto. Se reía tanto que empezó a ponerse roja como un tomate, y luego como un tomate pasado, y luego como una remolacha, y pasó por todo el espectro de los colores visibles amén de la luz infrarroja y ultravioleta, mientras Ashley la miraba fascinado.

Larry salió corriendo, como todos los lectores esperaban que hiciera (claro), subió a su habitación, abrió la samsonite, metió todos los trapitos de otoño-invierno, cerró la samsonite, cogió la jaula de Flashback, bajó las escaleras, abrió el armario, se partió dos uñas, se dio de morros contra la puerta, recogió el diente que se le acababa de caer del golpe, sacó su fregona de carreras Limbo XXI, sacó su varita y se dirigió a la puerta.

- ¡AÓNDE COHONES TE CREES QUE VAS! - dijo tío Mamon -. ¡Arregla a tía Margarita! ¡La has puesto que parece una pua bandera gay!

- Que te den por cuo, gilipoas de mieda, estoy hasta los coones de tí y de tu pua casa, me largo a vivir debajo de un puo puente y a tí y a tu familia que os foe un pollo con artrosis.

Larry soltó todo el torrente de maldiciones imperdonables, abrió la puerta y se largó con viento fresco.