Capítulo 5

La Tierra del Demonio, en el planeta Gokyusan, era semejante al Infierno, salvo que el primero estaba bajo las tinieblas, invadida de cámaras subterráneas y cuevas, cuyos habitantes –demonios principalmente-, jamás salían a la luz del sol.

Bajo la luna se hacían cualquier tipo de rituales donde los sacrificios abundaban. De todas especies y razas, las vidas eran consumidas para alimentar con sus almas el portal que unía a Gokyusan con el Infierno y sacaran de él sus maravillosos tesoros, entre los que estaban la sangre de su lago que calificaban como un manjar y los tanques de maldad. Era sumamente difícil extraer uno de esos tanques llenos de la máquina limpiadora de almas, pero para su buena suerte, Enma Daioh Sama no era muy estricto con los ogros encargados de cambiar los tanques llenos por otros vacíos, poniéndoles como única amenaza el disminuir sus sueldos si hacían algo mal.

¿A dónde se iban esos tanques llenos de maldad, entonces? Algunos, se consumían solos luego de miles de años, transformándose antes en cristales y luego en polvo. Y otros tantos, desaparecían "misteriosamente", para ir a parar a lugres como Gokyusan. Un solo tanque no era peligroso si llegaba a romperse, pero si todos estallaban a la vez, podría declararse el final del Otro Mundo.

Pero para Shura y los demás, esa energía maligna era pura y simple magia, sólo que, a su manera, extraían esa magia de un modo distinto al de Enma Sama.

O-O

-¿Y para qué quiere conservar a un mortal el Rey Shura, eh, Mera?

-No lo sé, Gora. Tendrás que preguntárselo tú mismo.

El corpulento demonio de piel gris rio nerviosamente. La diablesa, de pie sobre el techo de la cueva, se mantenía silenciosa y reflexiva con los ojos cerrados. Las puntas de su largo cabello rojo se balanceaba un poco por la repentina corriente de aire que iba y venía desde las oscuras profundidades del túnel, como una respiración de un monstruo enorme.

-Oye, Mera… -comenzó a decir Gura a su compañera-¿No crees que ese hombre ya lo habíamos visto antes?

Mera abrió sus ojos.

-No lo sé…

-Sí, piénsalo. Estoy seguro de que sí…

-Ya no pienses en eso, Gura –respondió Mera, quien de un salto, tocó tierra frente a Gura-. No nos concierne. El Rey Shura sabe lo que hace.

O-O

Poco a poco, Turles volvía a ser dueño de sí mismo.

Había aniquilado uno a uno a sus hambrientos y pequeños compañeros de celda, ayudándole sin saberlo este ejercicio a que confiara en sus ojos otra vez, además de sus reflejos.

Exploró su celda, reconociendo cada rincón, pero sus fuerzas no eran suficientes para poder destruir la puerta de metal. Además, cuando se quedaba dormido, su comida era servida. Ello no le permitía saber si sería capaz de vencer a quien parecía ser el único ser viviente que frecuentaba su celda.

Quizás –pensaba-, aun no se encontraba recuperado en su totalidad. Pero estaba seguro de que no debía confiar solamente en sus sentidos. No sabía describirlo, pero estaba seguro de que Goku tenía esa "habilidad" y por ello, era diferente a él y a los saiyajin que conoció.

Pero mientras fuera prisionero, no podría descubrirlo.

Había llegado a un buen nivel con ayuda del fruto del Árbol Sagrado, pero no estaba seguro de mantenerlo. Nunca había pasado una temporada tan larga sin comer uno de los frutos.

La incertidumbre de su situación también era muy grande. Lo único que escuchó decir en boca de los demonios, era que debía ser "castigado". Hasta el momento, Turles no consideraba el aislamiento como un castigo terrible, pero no por ello, todo era menos oscuro.

Después de despertar y descubrir que su desagradable comida ya estaba servida, Turles levantó su plato y tratando de no darle importancia al sabor, terminó con su alimento. Miró hacia la puerta y como veces anteriores, arrojó el recipiente sobre la plancha metálica con un gran impacto que hizo volar en pequeños pedazos con un gran estruendo.

Nada había pasado a la puerta y ningún ruido se escuchó después.

El saiyajin soltó un bufido de fastidio. Se dio la vuelta y, ocultándose entre las tinieblas, tomó asiento para obligarse a mantenerse alerta sin que el sueño lo invadiera otra vez.

Las horas pasaron.

Turles ya se había puesto de pie otra vez para comprobar con una sonrisa que su energía estaba volviendo. Ya sus pies podían despegarse del suelo y algunas luces doradas destellaban entre sus dedos. Veía más cercana su libertad.

Cada rincón de la celda se estremeció con los chirridos de la puerta metálica. Turles se giró hacia ella sobresaltado y sus ojos recibieron dolorosamente la luz de unas antorchas.

-¡Turles! ¡El saiyajin testarudo! –dijo una voz, seguida de una carcajada.

Aquel, por su parte, ya acostumbrándose nuevamente a la luz, respondió:

-Shura… ¡Sácame de una vez de esta maldita celda!

El Rey de la Tierra del Demonio sonrió.

-Todavía no. Sé que ya te estás recuperando, pero no cantes victoria. Aun eres débil y cualquiera de mis demonios podría matarte.

Turles mostró más furia sobre sus ojos.

-Pero, antes de que comencemos con tus castigos, tengo que contarte una pequeña historia que me ocurrió hace algunos años…

Como el saiyajin mantenía su mirada fija sobre Shura, aquel continuó con su tono tranquilo:

-La Tierra del Demonio existe desde hace miles de años. Yo soy el doceavo rey. A diferencia de cualquier trono de mortales, el titulo de rey es ganado por méritos, no por sangre, por lo que, si alguno de mis treinta hijos llega a sucederme, no será por mi ayuda. En fin, como te decía, este reino es relativamente joven a diferencia del Infierno o el Reino de las Tinieblas u otras tierras malditas que abundan por el universo. La Tierra del Demonio tiene la peculiaridad de que necesita tener una conexión a un mundo donde no exista la magia entre sus habitantes y por ello, conocemos muchos planetas donde ha estado nuestra puerta y entre ellos está la Tierra…

Turles abrió un poco más sus ojos al oír aquel nombre como única muestra de sus emociones. Shura se percató de ese pequeño gesto.

-La conoces, ¿verdad? En fin. Nosotros llegamos primero a ese lugar. Era perfecto, hasta que una bruja nacida en la Tierra, nos descubrió. Hizo que desde un lugar remoto, Enma Daioh Sama abriera un portal al Otro Mundo para pasar almas de esa Galaxia y una tal Annin fue la guardiana encargada de cuidar de ese portal desde la Montaña de los Cinco Elementos. Sin embargo, la bruja no dijo nada a Enma Sama ni a Annin sobre nuestra existencia. En tal circunstancia, no me restaba más que matar a esa bruja. Pero la bruja era muy lista y ambiciosa. Hicimos un trato luego de hablar con ella y fue que nos marcharíamos si algún mortal lograba cerrar la puerta de la Tierra del Demonio. Si quienes lo intentaban, no lo lograban, estaba en mi derecho de quedarme con ese mortal y su alma. El tiempo pasó y después de varios "valientes", apareció un niño con cola muy fuerte y lo logró. Cumplí mi parte del trato y sellé la puerta a la Tierra, pero entre esa bruja y yo no ha desaparecido nuestro acuerdo y gracias a ella, tú estás aquí.

Turles escuchó toda la historia. Supo que ese que había logrado cerrar la puerta no había sido otro que Goku y que quien lo había curado un poco para que llegara a su nave para huir de la Tierra, había sido esa bruja misteriosa.

-Yo no tengo nada que ver con Kakarotto –dijo a Shura, con un gran desprecio de sólo mencionar a su rival.

-Lo sé. Pero el resto de los demonios no lo creen de ese modo. Todos están convencidos de que ese niño tan fuerte creció y eres tú. Quizás la bruja quiso hacerme creer que se trataba de la misma persona, pero ni siquiera eres hermano o padre de ese niño.

-Únicamente tenemos en común que ambos somos saiyajines.

-Y de los pocos que quedan con vida, según sé. Me entregaste tu alma y por eso, Turles, comprenderás que yo personalmente no puedo matarte, pero tampoco debo dejarte libre. Todavía no pagas el valor del Árbol Sagrado y sospecho que este encierro va a terminar fortaleciéndote.

Turles no respondió, pero sabía que Shura tenía algo de razón. El saiyajin pensaba que sin el agua de la cámara de recuperación, no habría manera de curarse tan rápido y con beneficios en su organismo.

-Quizás es algo especial de los saiyajin y yo sin saberlo, te di algo que explotó esa facultad de tu especie. Pero ya no tendrás ese beneficio. De hoy en adelante, Turles, si puedes aumentar tu fuerza como pienso que lo hace tu raza, te costará hasta la última gota de tu sudor y tu sangre obtener más poder. Y eso me da una grandiosa idea: te ganarás tu libertad.

-¿Tengo que vencerte?

-No. Solamente a mis hombres. Cada tres días pelearás con un nuevo rival hasta que los venzas. Los combates se harán sobre la Plataforma Redonda, ante mi trono. No me importa si en tres días no te has recuperado, porque la pelea terminará con uno de los dos muertos. Aun si caen de la plataforma, la pelea continuará hasta que el más prometedor de mis demonios caiga y si eso pasa, mantendré mi palabra y serás libre. No podrás rendirte, porque será tu muerte inmediata. ¿Qué dices? ¿Pelearás por tu libertad o mando a que te maten de una vez?

Turles agachó la mirada. Se sentía bien, pero no tanto como para aceptar una pelea a muerte. Sin embargo, si peleaba de ese modo como lo hacía cuando era niño –es decir, de un modo más brutal y salvaje- quizás tuviera posibilidades. Y si después de todo, lograba hacerse más fuerte y superar sus poderes y los del ejército de Shura, ya podría ir preparándose para volver a la Tierra y cobrar cierta venganza.

-Está bien… -respondió por fin a Shura, con una sonrisa de confianza-. Acepto.

-¡Excelente! ¡Mañana comienza el primer combate contra uno de mis guerreros! ¡Será tu primer paso a la libertad o tu funeral!

Shura se retiró con una carcajada.

Cuando Turles volvió a estar solo en su celda, su sonrisa se desvaneció. Comenzó a golpear las paredes de roca sólida para desatar la furia creciente que de pronto lo asaltó y en medio de un grito, varios metros sobre el suelo, sus manos crearon un ataque de energía que fue despedido sobre unas rocas, las cuales, unas cuantas se desplazaron y otras se hicieron pedazos.

No estaba satisfecho, pero fue suficiente para calmarse. Tomó asiento una vez más para no desperdiciar su poder.

O-O

-¡Habrá combate mañana!

Los demonios esparcían el rumor por todos los túneles y cuevas con emoción, ya que el recién llegado que creían que era Goku con seguridad, se enfrentaría a un demonio escogido por el Rey Shura. Nadie sabía quién sería el elegido, pero todos estaban seguros de que los mejores guerreros demonios harían añicos a ese simple mortal.

-Mera, ¿ya te enteraste? ¡Se trata de ese chiquillo que cerró la puerta en la Tierra y quizo pelear contra el Rey Shura!

Gora transmitía la noticia a la diablesa con emoción y sorpresa. Incluso él había sido testigo de la fuerza del entonces niño.

-Han pasado muchos años de eso, Gora. El Rey Shura, tú y yo y otros guerreros, somos más fuertes que esa época. Desde que recibimos los beneficios de Gokyusan –contestó Mera, dirigiéndole una mirada seria.

-¡Pero, Mera! ¡¿Y si él también se ha vuelto fuerte?! Fue capaz de conocer a los demonios y comer el fruto del Árbol Sagrado, ¿y si usó ese poder para conocer a los otros dioses? Ya sabes, a los Kaio noséqué

-No lo creo. Nadie conoce a esos dioses y no creo que un mortal malvado y sin alma, tenga ese honor. Además, pronto veremos sus habilidades.

La tranquilidad de la diablesa confundió un poco a Gora. Por ese día terminaron de hablar y se dedicaron a esperar pacientemente el encuentro entre "el mortal y el demonio".

Mera, al igual que el Rey Shura, ya se había percatado de la confusión general. Turles no era ese niño misterioso aunque coincidieran en algunas cosas –el cabello y la cola, por ejemplo-. Pero el motivo por el que Goku había logrado cerrar la puerta, se debió a su alma pura, buena y desinteresada.

O-O

Los gritos de los demonios retumbaban en la bóveda donde Shura, desde su trono, esperaba a que Turles fuera conducido ante su presencia. La plataforma también estaba lista y desde los palcos y balcones, el apoyo general a su congénere y el rechazo al "mortal" se escuchaban claramente.

-¡Ahí viene! –se esparció el grito cuando Turles entró, escoltado por dos demonios armados con espadas. Quedó de pie en medio de la plataforma, indiferente a los insultos que proferían contra él.

Shura hizo callar a todos con un movimiento de su mano. Se puso de pie de su trono y señalando a Turles con el huesudo índice, exclamó:

-¡Todos ustedes, hermanos de la Tierra del Demonio, son testigos de los siete enfrentamientos que este mortal llevará a cabo para ganar su libertad! ¡Hoy, se llevará a cabo el primero y si resulta victorioso en este y los sucesivos, doy mi palabra de Rey, que quedará libre! ¡Sin embargo, si pierde aun a un paso de la victoria, morirá sin misericordia y su cuerpo será alimento de todos ustedes!

Un grito de aprobación general siguió. Turles, visiblemente molesto, no objetó palabra alguna.

-¡Hagan pasar al rival de Turles! –ordenó Shura.

Del costado contrario al que había entrado Turles, se dejó ver un ser encapuchado y alto. La túnica cubría su cuerpo completamente y como si flotara, se dirigió hacia la plataforma, haciendo una reverencia ante su rey.

-¡Comiencen! –gritó Shura a los rivales, mientras volvía a su trono para observar el espectáculo, al igual que el resto de los demonios.

Como había preparado su estrategia una noche antes, Turles se despojó de su capa y parte de su armadura. Necesitaba aligerar su peso y moverse lo más rápido posible.

"No me importa que de un modo parecido peleé Kakarotto. Yo así peleaba cuando era niño…"

Por otro lado, su rival también se despojó de su túnica y Turles y el resto, se toparon con un ser alto y sumamente delgado. De no ser por la fina capa de piel púrpura que cubría su superficie, habrían pensado que se trataba de un esqueleto de ojos redondos y rojos. Iba armado con una espada y se mantenía en silencio, vigilando cada movimiento de Turles.

El saiyajin sonrió mientras pensaba:

-Maldito Shura. ¿De veras creé que ese despojo viviente va a…?

Tuvo que esquivar rápidamente un sorpresivo ataque del huesudo demonio. La hoja de la espada había pasado unos milímetros por su cuello y el demonio terminó detrás de Turles, preparando nuevamente su espada para otro ataque.

-¡Vaya que es rápido! –murmuró Turles, alejándose de un salto preparándose para atacar-. Pero sin esa espada, todo habrá terminado para él.

Se movió antes que el demonio y consiguió dar con su puño un tremendo golpe sobre la cabeza de su rival. El demonio gruñó como única manifestación de dolor y blandió su espada otra vez. Turles ya no consiguió acercarse de nuevo lo suficiente y se limitaba a esquivar, hasta que por fin, una idea se hizo en su cerebro.

Arriesgándose a perder una mano quizás, siguió el ritmo de la espada entre cada estocada y finalmente, entre las palmas de sus manos, sostuvo la hoja afilada ante la sorpresa general, incluido su rival.

Pero la espada era más pesada de lo que parecía y la hoja metálica terminó cubriéndose de sangre; no de las manos de Turles, sino de su pecho, que fue el que frenó el movimiento de la espada y había logrado enterrarse entre la piel del saiyajin varios centímetros.

Turles no soltó la espada sin embargo. El dolor era soportable para la victoria que ya tenía asegurada si lograba quitar el arma de su rival del camino. Así que, usando más sus fuerzas y luego de un grito, la mitad de la hoja fue desprendida y el demonio no tuvo más remedio que soltar la empuñadura con la mitad de la hoja deshecha. Según se adivinaba por su expresión, era la primera vez que le sucedía esto en una batalla.

Turles arrojó la otra mitad del filo fuera de la plataforma. Sonreía ampliamente y sus feroces ojos parecían vislumbrar aquella época en la que sus rivales morían entre sus manos.

-Muere… -dijo con tono amenazante a su rival y sin más, se dispuso a enterrar sus puños numerosas veces sobre el cuerpo del demonio. Luego, siguieron patadas y otros golpes que a algunos de los testigos se sorprendieron por la naturaleza meramente salvaje y brutal de cada uno de los impactos. Shura miraba sin mostrar ningún tipo de emoción y creyó que la victoria de Turles estaba asegurada cuando el saiyajin se alejó del cuerpo inmóvil de su rival y se dio la vuelta.

Según escuchó Shura desde su trono, a algunos de los demonios presentes, no les pareció digna la manera en la que Turles había obtenido la victoria, así que sin que el saiyajin se diera cuenta –y sin que Shura se lo adviertiera-, pusieron sobre las manos del demonio huesudo la mitad de la espada rota.

El demonio, al notarse armado otra vez, se puso de pie silenciosamente mientras Turles buscaba su capa y su armadura y al darse la vuelta al oír un leve ruido entre el silencio de los presentes, una gran ovación se dejó oír entre los demonios cuando la espada rota se enterró en el abdomen del saiyajin.

Turles cayó de rodillas al ir invadiéndolo el dolor mientras su rival sonrió, pero instantes después, también se desvaneció.

De nuevo, la incertidumbre de los demonios los hizo acallar las voces de victoria, pues mientras un charco de sangre se formaba alrededor de Turles, el demonio tampoco se movía.

-¿Quién ganó? –comenzaban a decir entre ellos.

Shura se levantó de su trono y llegó hasta la mitad de la plataforma. Con calma, examinó a los contrincantes y mirando a todos, anunció con un tono solemne:

-¡Nuestro hermano demonio ha muerto! ¡El saiyajin Turles sigue con vida!

Turles también escuchó el anuncio de Shura, mientras iba desvaneciéndose.


¡Hola!

Perdón por los atrasos.

(Shura, Mera y Gora, son personajes de relleno que aparecieron en el capítulo 81 de Dragon Ball. El resto de los nombres de los demonios que irán apareciendo, son de personajes de Dragon Quest., pero no se tratan de las mismas personalidades)

Gracias sinceramente por sus comentarios y ojalá siga siendo de su agrado.

¡Saludos!