-CAPÍTULO 3-

El Autobús Transportaángulos

Larry se consideró a sí mismo un fugitivo de la justicia y sintió mucha, pero que mucha pena de sí mismo. En realidad sólo se había escapado de casa, cosa que no era para tanto, la verdad, una chiquillada, pero también había convertido a su tía en una bandera gay y con lo poco tolerante que era seguro que lo denunciaba, y no estaba el horno para bollos, nunca mejor dicho, porque ya tenía bastante con ser un inadaptado como para encima ser un fuhitivo.

Dándose mucha pero que mucha pena siguió calle arriba, y de repenete entre las sombras de un callejón vio una sombra. No es que fuese algo anormal, lo lógico es que entre las sombras haya sombras, para eso son sombras, pero esa sombra en particular a Larry le dio mucha canguela porque tenía ojos y dientes, y eso no es tan normal.

Sacó de nuevo la varita (los lectores se preguntarán quizá qué leches esperaba hacer con un palito ridículo frente a una sombra con ojos y dientes, pero si no saben lo que es una varita mágica es que son tan inadaptados como Larry y no han tenido infancia) y se dispuso a luchar contra la sombra de los ojos y los dientes, pero en ese momento apareció un autobús (cosa que tampoco es tan normal porque a esas horas los autobuses o llegan con tres horas de retraso o simplemente no llegan y tienes que coger un taxi, pero claro, todo el mundo conoce también la regla de que sólo aparecen los autobuses cuando no los necesitas o cuando te acabas de encender un cigarrito). Bueno, pues este autobús en cuestión atropelló a Larry de mala manera y lo lanzó como 8 metros más allá.

"Lo ha matao", pensará el lector, y se dispondrá a cerrar el libro. Bueno, pues no, porque Larry estaba muy acostumbrado a las palizas de sus tíos primo vecinos cartero lechero y butanero y la verdad es que el golpe del autobús fue para él como un golpecito amistoso.

- ¡Bienvenido al Autobús Transportaángulos! - dijo una voz. Larry se enderezó y vio a un tío que bajaba del autobús -. Soy Están Chuskis. Supongo que querrás viajar a alguna parte...

- Esto... ¿eink?

- Vale, otro retrasado - el chico suspiró -. A ver: un autobús, ¿no? Vale. ¿Y para qué sirven los autobuses? Me pregunto. Para viajar, me respondo. ¿Quieres viajar a alguna parte? te pregunto. Y tú me respondes...

- Er... bueno - dijo Larry -. ¿Aónde va?

- Aonde quieras - dijo el chico.

- ¿Y es gratis?

- Y mañana es Navidad. No, pero supongo que tendrás abono transportes...

- Po no.

- ¿Bonometro?

- No.

- ¿Metrobús?

- No.

- ¿Carnet de familia numerosa?

- Nop.

- ¿Carnet de la Biblioteca?

- No. Bueno, si vale la de Jobart...

- Vale. Pero tendrás que pagar un suplemento por estudiante fugado de casa.

- ¿Y cuánto?

- Dos luros. Si pagas cuatro, te regalamos una botella de JB y cuatro latas de coca-cola. Si pagas seis, te damos también los vasos y el hielo. Por ocho te dejamos hacer una macrofiesta y por diez luros te canto una nana mientras duermes la mona.

- Yo sólo quiero ir a Londón...

- Bué, pues si vas sobrio, son dos luros.

- Fale.

Un rato después Larry se servía su quinto cubata de JB (Están Chuskis le había regalado amablemente la botella, aunque Larry tenía la sensación de que era para poder echarse un par de copas al gaznate él también).

- ¿Y gómo de llamash, dío?...

- ¿Gómo de qué?

- Gue gómo de llamash...

- Aahhh... dame másh - dijo, alargando el brazo para que el chico le sirviera más whisky, mientras intentaba inventar un nombre que no fuese "Larry Motter". Debido a su empanada mental, se le ocurrieron en pocos segundos "Larry Motter", "Larry Motter" y "Larry Motter". Pero no quería decir "Larry Motter" porque el boquerón era muy conocido en el mundo mágico y no quería que sus tíos lo encontrasen y lo enviasen a un orfanato (aunque bien pensado en un orfanato tampoco se debía estar tan mal) ni que el Ministerio de Magia y La Probeta descubriesen su paradero y estuviesen riéndose de él por la mariconada que le había hecho a su tía (pudiendo haberla matado de mil formas distintas y dolorosas, sólo a él se le ocurría echarle el Hechizo Technicolor).

- Esde... me shamo... erl...

- ¿No dacuerdas? - Están empezó a reirse de forma medio histérica -. Bué, pues entonces dendré que echarde más güisqui pa que hagas memorria...

- Shí... - Larry se estrujó el cerebelo -. Er, sí, me llamo... este... Diezmil Locompro - dijo el primer nombre que se le ocurrió, el de un compañero de Jobart conocido por su adicción a las compras y las adquisiciones irreflexivas.

- No meshtraña que hayas preferido olvidarlo, tío...

- Ehh... shí. Dame másh.

- Fale... - mientras le servía, Larry miró a su alrededor. El Autobús Transportaángulos era una auténtica guagua de los años de la tos, estaba completamente desvencijado y no merecía ni una segunda mirada (recurso estilístico para no tener que describirlo). A su lado, en el asiento, alguien había dejado un ejemplar de La Probeta. Larry vio en la portada al mismo tío mezcla entre Yola Berrocal y Ernesto Sáenz de Buroaga que había salido en el telediario. Se le pasó la borrachera de golpe.

- ¡Ese tío tan feo salía en las noticias mugres!

- Es Suburbius Blas... ¿no sabes quién es?

- Po no.

- Pos es un tío mu malo, pero malo, malo que te cagas.

- ¿Peor que Lord Boquerón?

Están Chuskis dió un grito.

- ¿Po qué has dicho su nombre? ¿Tas loco o qué?

- ¿Eink?

- ¡Que no digas su nombre, coño!

- Bueno... perdón... hayquejoerse. Este... ¿peor que el que tú sabes y yo sé y todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo?

- Bueno, Suburbius Blas estaba en el Lado Penumbroso, era uno de los principales seguidores de el que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo. Mató a un huevo de gente por colársele en la cola del cine, pero era una excusa, en realidad estaba cabreado pooque el criomielda del Larry Motter había vencido a el que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo, y luego lo pillaron y lo mandaron a la prisión de Ascodán. Pero se ha fugado, y como es tan peligroso, que se carga a la gente sólo por colarse en el cine, pues hemos tenido que decirselo a los mugres, porque seguro que está chalado y como era uno de los principales seguidores de el que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo...

Larry le dejó hablar mientras se terminaba la botella de JB.

Larry bajó tambaleándose del Autobús Transportaángulos (había compartido amablemente la botella también con el conductor, por lo que habían estado a punto de escoñarse contra unos 300 edificios que habían huído de su camino y del país). El Autobús Transportaángulos le había dejado en el Callejón Melón, el lugar de Londres donde los magos se iban de compras (como los Champs Elissées, Harrod´s o la calle Serrano).

- Hala, a cascarla - dijo Están Chuskis.

- ´ta lué.

- Así que estás aquí, Larry.

Larry se volvió y vio frente a él, en la puerta de La Olla Regurgitante (el local que daba acceso al Callejón Melón) la figura bajita y regordeta de un mago anciano y con sonrisa benévola (luego se descubrirá que es un ijoeputa, pero no adelantemos acontecimientos, eso es dentro de un libro y medio). Larry sabía que era el Ministro de Magia, pero el otro no sabía que él lo sabía por una historia que es muy larga y que no vamos a contar aquí porque no nos da la gana. El caso es que Larry había visto antes al Ministro, aunque el Ministro no lo sabía.

- Soy Cornucopius Flandhul, el Ministro de Magia.

- Esto...

- ¿Gómo ha llamao a Diezmil? - dijo Están Chuskis desde detrás de Larry.

- ¿Diezmil? - dijo el Ministro -. ¡Es Larry Motter!

- ¡Larry Motter! - chilló Están, a quien parecía habérsele pasado la borrachera de golpe -. ¡Es Larry Motter, es verdad, veo el boquerón...! - se estremeció ante el parecido de la palabra que acababa de pronunciar con el nombre de ese que todos saben pero ninguno quiere decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo -. Porque nadie más tiene un boquerón en la jeta, claro...

- Vale, pues ahora que sabes quién es, a menos que le quieras pedir un autógrafo date la vuelta, métete en el autobús y a cascarla.

Larry pensó que esa despedida debía estar de moda en el mundo de los magos.

- Ven acá paca que te voy a dar un pescozón por largarte sin dejar una nota - le dijo Flandhul. Larry lo siguió sumiso hasta el interior de la Olla Regurgitante, donde el Ministro se sentó en una mesa y le indicó que hiciera lo mismo.

- Bueno, Larry - dijo -, que sepas que me has sacado de la cama y eso no me ha molado un cacho.

- Pero yo...

- Ni pero ni leches. No vuelvas a hacer chorradas como la de esta noche, que no tienes edad todavía de salir hasta tarde y menos de beber whisky con un notas como Están Chuskis.

- Pero...

- Schhhh. Calladito. Bueno, por lo demás, te gustará saber que hemos conseguido que Margarita Wernesdey deje de cambiar de color cada 3 segundos y ahora sólo lo hace cada tres cuartos de hora.

- Home, tanto como gustarme...

- Así que procura no volver a cambiar de color a nadie, te lo digo por experiencia, que Papá Pitufo todavía me está buscando por todo el Estado.

- ¿Así que fue usted...? - dijo Larry asombrado.

- Bueno, yo... -dijo el Ministro un poco avergonzado -. Pero basta, no estamos hablando de mí. Como me supongo y me imagino que no querrás volver a Proxenet Drive - Larry negó con la cabeza y le dio un mareo que estuvo a punto de vomitar otra vez - pues si quieres te alquilas una habitación aquí, haces oídos sordos a todo lo que pase por la noche y te quedas hasta que empiece el curso.

- ¿Hacer oídos sordos...?

- No te lo puedo explicar. A cada edad, lo suyo.

Larry pensó por un loco momento si Cornucopius Flandhul y Mariangélica no tendrían algún lazo familiar y/u/o afectivo. Volvió a sacudir la cabeza, recriminándose por semejante pensamiento, y volvió a tener ganas de vomitar.

- Bueno, si me tengo que quedar aquí, vale.

- Pues eso. Ah, y no cambies a nadie de color.

- Nop.

- Y no bebas whisky.

- Me pasaré al vozzzka.

- Que no, que no tienes edad.

- Bueno.

- Y quédate quietecito y no salgas del Callejón Melón.

- Fale.

- Pues hala, me voy.

- Adios.

Cuando el Ministro ya salía por la puerta, Larry se acordó de algo.

- ¡Señor Flandhul!

- ¿Sí?

- Pregunta: ¿saben algo de Suburbius Blas?

El Ministro vaciló.

- Bueno, nació en Londres, en 1965...

- No, ya sabe a qué me refiero.

- Ah. No, todavía no le hemos pillado. Pero hemos puesto a trabajar a nuestros mejores hombres, no le daremos tregua, porque hemos formado grupos especiales de búsqueda y ataque, ahora, sólo en misión humanitaria, claro...

Larry le dejó hablar, sabiendo lo que les gusta a los políticos extenderse en explicaciones sin sentido.

- ...hemos desarrollado la Operación Libertad No Duradera...

- Señor Ministro... - dijo Larry, sabiendo que ahora estaba despistado.

- ...the game is over... ¿Sí?

- Este... ¿podríafirmarmelautorizaciónpairaJomemeo?

- ¿Eink?

- Que... que si me da permiso... pa ir a Jomemeo.

- Sí, claro, el baño está al fondo a la derecha...

- No, me refiero a... bueno, a ir al pueblu...

- Ah - dijo Flandhul, comprendiendo de pronto -. No, no quiero meterme en líos...

- Pero... pero...

- ... no está la situación como para correr riesgos...

- Pero usted...

- ... y menos a dos años de las elecciones...

- ¡Pero usted es el Ministro!

- Da, pero me temo que yo también soy un inadaptado y me gusta que la gente también lo sea. Así que ajoerse y aguantarse y aquedarse en Jobart.

- ¡Jobar!

- Eso.

- Pero...

- ¡Que norl, que norl y que norl! - el Ministro salió por la puerta con aire de dignidad.

Larry se encogió de hombros y se dirigió a la recepción de La Olla Regurgitante, donde había una recepcionista bastante majeta que le hizo recordar, contrariado, que "a cada edad, lo suyo". Para su desilusión, le acompañó arriba un hombre bastante feo, pero feo, feo, feo, feo de huevo, que encima lo miraba con unos ojitos que a Larry le hicieron pensar cosas que ni siquiera Mariangélica podía estar de acuerdo en que pensase.

Cuando llegaron a la habitación, Larry se asombró de ver encima de un montoncito de excrementos estratégicamente colocado en su cama...

- ¡Flashback! - gritó Larry.

- Tiene una gaviota que es la leche de guarra, señor Motter - dijo el hombre -. Ha llegado hace cosa de cinco minutos y lo primero que ha hecho es cagarse encima de la cama.

- Sí, es... es su forma de decir "buenos días" - contestó Larry -. A mí me lo hace todas las mañanas, pero es peor cuando estás dentro de la cama...

El hombre lo miró con otra cara totalmente distinta; casi, casi, era de asco.

- No me extraña que sea usted un inadaptado - dijo. Y, saliendo de la habitación, cerró la puerta de un portazo.