Capítulo 6

"¿Es que nunca voy a estar despierto totalmente en este maldito lugar?"

Tomó asiento mientras el intenso dolor agudo en su abdomen se intensificó, haciéndolo soltar un alarido doloroso que retumbó por las paredes rocosas.

-No hagas eso, saiyajin. Te restan dos días para recuperarte y pasar al siguiente combate. Moviéndote, sólo conseguirás que tu herida vuelva a abrirse. Afortunadamente para ti, el daño no fue tan grave, pero la pérdida de sangre te dejó inconsciente por un día…

-Ya basta de sermoneos –interrumpió Turles a aquella voz femenina que le hablaba desde la oscuridad-. Sé cuidarme solo.

El lugar en el que se encontraban no era la celda en la que Turles pasó sus primeros días confinado. El saiyajin reposaba sobre un camastro ligero, en una cámara con paredes de piedra blanquecina y lisa, amplia y semi iluminada por un par de antorchas cercanas a él. Lo rodeaban también otros muebles, como mesas y sillas de madera, todo de aspecto sencillo y sin lujos. Su armadura y su capa, estaban colocadas sobre unas de estas sillas respectivamente.

Apoyó su cuerpo sobre los codos mientras volvía a caer de espaldas en el camastro, consiguiendo que el dolor volviera a reaparecer. Pasó su mano sobre la herida y su ceño se frunció molesto cuando descubrió la calidez de su sangre. Volver a recostarse era su única opción si quería que la herida cerrara rápido.

-Malditos demonios… –murmuró, recordando al autor de aquel tajo profundo y la momentánea "ventaja" otorgada por sus homólogos-. Todos son unos infelices… Cobardes… -Apretaba sus puños y dientes, furioso-. Shura se arrepentirá de haber hecho todo esto…

Miró a la oscuridad nuevamente, moviendo ligeramente su cabeza.

-¿Eres Mera? –preguntó, recordando a la voz de momentos antes.

Algunos segundos pasaron, antes de obtener un estático "Sí" como respuesta desde las penumbras.

-¿Shura te envió a vigilarme otra vez?

-Así es…

-¿Y para qué? De todas maneras, no podré ir muy lejos.

-Mi señor quiere saber si haz despertado y si será posible que logres recuperarte en dos días.

Turles sonrió un poco, desafiante.

-Seguramente, está deseoso de que muera antes de eso…

-Todo lo contrario. Está entusiasmado por tu triunfo. Quiere saber si soportarás un par de encuentros más. Ha dicho también que, por cada victoria, te otorgará un privilegio, en este caso, ya no estarás en tu celda, pero tampoco podrás salir de tus nuevos aposentos.

-¡Ja! Sigue siendo una prisión…

El silencio se hizo nuevamente.

O-O

-Señor Shura, Mera acaba de llegar. Dice que el prisionero ha despertado.

Desde su trono, el rey sonrió ampliamente.

-Me alegra. Sabía que el saiyajin no se rendiría tan fácilmente. Aunque, el siguiente encuentro no será nada sencillo para él…

-¿Ya ha decidido contra quién peleará, señor? –preguntó un demonio sonriendo malignamente como sus congéneres.

Alzando su copa de oro con la diestra, el rey alzó la voz:

-Un hermano entre nosotros ha decidido poner punto final en la vida de nuestro prisionero. Si la suerte y nuestros antepasados le sonríen, será la última pelea de ese saiyajin…

Una ovación de los demonios interrumpió al rey, pero aquel hizo que el orden se hiciera de nuevo, levantando la otra mano.

-…sin embargo, hermanos, el sacrificio de las vidas de nuestros camaradas, significará también que ese saiyajin merece la vida tanto como nosotros. Mantendré mi palabra, como ya he dicho. Será libre si la sangre de los demonios ha sido derramada por mi juramento…

Siguió un silencio entre los demonios de la cámara. Meditativos, incrédulos, mantenían en sus mentes en el saiyajin y esa extraña resistencia que tenía.

O-O

Comió algo con un poco mejor sabor que la comida que era servida en su celda.

La herida ya no sangraba, pero aún le costaba dolorosas pulsaciones el esfuerzo de ponerse de pie o caminar. Probó incluso colocarse su armadura y quizás con ella, adquirir cierto apoyo y al parecer, la armadura le proporcionó una pequeña mejora a la hora de moverse.

-Perfecto –se decía satisfecho. Quizás en su próximo combate le faltara algo de velocidad, pero si esta vez lograba coordinarse y sacar el máximo provecho a su armadura, no sólo ganaría rápidamente, sino que podría curarse perfectamente, haciéndolo invencible para el tercer combate. Siempre y cuando, su próximo oponente fuera de verdad más débil que el anterior. De otro modo, esa sería su última pelea.

Ahora su estrategia se basaría en la velocidad. Combinando la fuerza de sus piernas y algo de su Ki, podría moverse por la plataforma circular a cualquier dirección con el fin de confundir al rival. El espacio aéreo también debía ser aprovechado. Evitaría que los demonios ayudaran de algún modo al oponente.

-Shura me dijo que debía matar a mi rival… pero en definitiva, no dijo algo sobre los entrometidos…

"Es como aquella vez, en ese planeta al que me enviaron cuando era niño… Los nativos se empeñaban por capturarme… Intentaron de todo para hacerme caer en sus trampas. Entre todos se enfrentaban contra mí. Uno de esos nativos quiso pelear contra mí él solo y lo maté en pocos segundos. Cuando gané, los aliados de ese miserable lograron hacerme daño y yo los maté a todos cuando me convertí en Oozaru esa noche…"

Turles detuvo sus recuerdos y sus pasos sobre la habitación.

-No –dijo en voz alta, segundos después, sacudiendo su cabeza de forma negativa y cerrando los ojos-. Esa será… una sorpresa para Shura…

Su cola se enrolló sobre su cintura, mientras reanudaba su corto paseo.

O-O

El día señalado para el próximo encuentro se llegó.

Esta vez, Turles salió a la plataforma circular al mismo tiempo que su contrincante cuando Shura anunció a ambos ante todos los demonios. También entre el público estaban Mera y Gora. Debido a sus deberes como demonios y guardines de las puertas, no habían podido presenciar el primer combate. Por un repentino cambio de guardia de parte del rey, ahora pudieron ser espectadores sin escuchar cómo el resto de los demonios exageraban o galardonaban cada movimiento dentro de la plataforma.

El nuevo contendiente de Turles era un demonio con apariencia de un niño. Botsu, como lo llamó Shura al presentarlo, medía poco más de un metro de altura. De cabello rojizo y piel azulada, sobre la cabeza del infante sobresalían unos pequeños y agudos cuernos en medio de una alborotada melena. Iba vestido como el resto de los demonios –telas sujetas por una cuerda alrededor de su cintura- y como única amenaza, un pequeño mazo con picos- semejantes a los que usaban los Ogros del Infierno en el Otro Mundo- era fuertemente sujetado por su mano izquierda.

-¡Comiencen! –gritó Shura a ambos mientras cada cual se colocaba en puntos extremos de la plataforma.

Botsu pasaba su mazo de una mano a otra mientras sonreía inocentemente a Turles.

-Esperas que me acerque primero, ¿cierto? –decía Turles mentalmente al entender aquel gesto del pequeño demonio.

El resto de los demonios que veían el combate, también fueron guardando silencio.

Repentinamente, Botsu se puso serio y de nuevo, su mazo pasó sobre su mano izquierda definitivamente. El arma brilló un poco y a Turles le pareció que el arma incrementó levemente su tamaño.

-¡Intenta golpearme! –anunció Turles en voz alta al moverse por fin de su lugar.

El niño demonio lanzó un grito y también se movió poco después que Turles. La velocidad del saiyajin hizo que terminara detrás del infante. Atacó primero, lanzando una fuerte patada en medio de la espalda de Botsu.

Aquel, salió despedido hasta la orilla de la plataforma. Turles tocó la plataforma con sus pies, esperando que el demonio correspondiera, se decidió por esperar. Se convenció de que podría soportar el peso de aquel mazo sobre su cuerpo y así, distraer al demonio y vencerlo de una vez.

Botsu tomó su mazo y tomando impulso con sus piernas, de un salto se aproximó hasta Turles. El saiyajin lo esperaba en posición de guardia y cuando Botsu había levantado su mazo para lanzar el peso hacia abajo, el saiyajin quedó sorprendido al ver cómo el demonio sonreía y de manera premeditada, lanzaba el golpe directo al suelo de piedra e incluso, en ese momento, observó también al resto de los demonios, quienes sonreían, apartándose de la plataforma.

Turles lanzó un grito de sorpresa y dolor cuando sintió que la energía de un rayo atravesaba su cuerpo.

-¿Qué…? ¿Cómo…? ¡Miserable, ¿qué fue lo que hiciste?!

El saiyajin se sobrepuso poco a poco mientras miraba al sonriente demonio.

Mientras Turles pensaba en cómo despojar a Botsu de ese mazo, el demonio dio un salto nuevamente.

-¡Ese mazo! ¡Debo quitárselo!

Botsu entonces aterrizó al lado de Turles. El saiyajin reaccionó más rápido esta vez y logró moverse y apartarse a su vez. En cuanto lo hizo, un torbellino de fuego fue lo que alcanzó a distinguir desde el rabillo del ojo para instantes después sentir el calor que casi quemaba su brazo. Turles se detuvo por fin. Furioso, el dolor agudo comenzaba a sentirse por debajo de su armadura. Por un momento, en la distancia, le pareció que el rostro de Botsu se tornaba borroso. Parpadeó un par de veces más, sacudiendo su cabeza y aun en posición de defensa, se concentró nuevamente.

Botsu, por su parte, era apoyado por un eufórico coro de demonios a su alrededor. De continuar así, en pocos instantes ganaría el combate.

Turles sonrió a su vez y Botsu se percató de que, por el frente de una de las piernas de Turles, desde la cintura hasta la bota, había un hilillo de sangre. El demonio se desconcertó un poco por la repentina confianza del saiyajin, sin embargo, sabía que Turles aún estaba herido y que si repetía ese impacto eléctrico de momentos antes, estaría acabado.

El niño demonio se acercó al saiyajin con pasos rápidos y a poca distancia de él, dio un leve salto con el fin de impactar su mazo y acabar con la pelea.

Pero, al estar suspenso en el aire, las manos de Turles brillaron. Un resplandor naranja iluminó la plataforma para después, Botsu viera un círculo de energía alrededor de él. Turles sonrió más.

-¡Caíste en mi trampa, enano!

El círculo se cerró un poco y seguidamente, siguió una explosión, levantando olas de polvo por todas direcciones de la plataforma y de la cámara. El resto de los demonios, incluidos el rey Shura, Mera y Gora, se vieron forzados a cerrar sus ojos.

La explosión cimbró en el eco de la cámara y cuando dejó de oírse y el polvo se disipó, pudieron ver a Botsu, de pie. Con quemaduras en sus brazos y parte de su cuerpo, el demonio miraba a Turles, totalmente furioso. Aún tenía su mazo en una de sus manos.

Turles, por otro lado, también estaba de pie. El sudor hacía brillar su frente y su sonrisa desapareció, como primera muestra de preocupación.

Botsu levantó su mazo y sobre la punta del arma, un haz de luz apareció. El siguiente ataque del demonio sería eléctrico y Turles dudó un poco en poder esquivarlo o resistirlo nuevamente.

-Si esa cosa llega al suelo… se acabó…

Ya le era imposible ignorar el dolor por debajo de su armadura. La herida se había vuelto a abrir y podía sentir la sangre fluir.

Decidido, dio un paso al frente. Botsu sonrió ahora y bajó el mazo unos cuantos centímetros, como advirtiéndole al saiyajin que no dudaría en atacar. Pero, Turles no tenía, al parecer, intención de detenerlo. Se limitaba a acercarse lentamente, con la mirada fija a su rival.

-¡Mátalo, Botsu!

-¡Termina con ese debilucho ya!

-¡Atácalo!

Los demonios gritaban alrededor de la plataforma cuando vieron que Turles por fin se detuvo, como el condenado que espera el golpe final.

Botsu dio un salto entonces, acercándose a Turles. Y cuando el mazo tocó la plataforma segundos después, todos vieron cómo el niño demonio también se consumía por el rayo que su mazo había creado. Gritaba y se retorcía mientras su cuerpo se iba consumiendo hasta matarlo.

Cuando los gritos cesaron y el cadáver de Botsu cayó sobre la plataforma, el silencio y el asombro de los demonios, acompañó a Turles, de pie como antes.

El saiyajin también estaba herido. No había despegado sus pies de la plataforma cuando Botsu hizo que su mazo tocara la superficie de piedra. Sin embargo, el tamaño y la fuerza del demonio se agotaron más rápidamente. Turles era resistente y su oponente, aunque fuese un demonio, era obvio que toda su confianza la depositaba en esa arma mágica, al igual que el primer oponente de Turles con esa espada.

El saiyajin abandonó la plataforma lentamente sin esperar a que Shura hiciera oficial su victoria como hizo después al ponerse de pie de su trono y gritar:

-¡Nuestro hermano Botsu ha sido derrotado! ¡El saiyajin Turles, es el ganador!

O-O

Caminó todavía con pasos lentos hasta llegar a su dormitorio, donde Mera y Gora lo esperaban.

-¿Qué es lo que quieren? –preguntó Turles a ambos demonios de manera seca.

-Tu victoria, saiyajin, ha sido afortunada –comenzó a decir Mera-. Sin embargo, me temo que este será el último combate con esa clase de demonios…

Turles sonrió.

-¿Ah, sí? ¿Y qué me esperará dentro de tres días, entrometida?

Mera cruzó sus brazos sobre su pecho, sonriendo un poco a su vez.

-Pelearás contra mí.

-¿Y crees que te tengo miedo?- dijo Turles, ahora mostrando desprecio en sus ojos- ¡Eres igual a esos dos último! ¡Usas armas para defenderte! ¡Eres una maldita cobarde!

-No usaré armas, saiyajin. Además, después de la pelea, si logras vencerme, el rey Shura te anunciará algo importante para obtener tu libertad.

Apartando a Mera de un empujón sobre su pecho, Turles avanzó hasta las puertas de piedra de su dormitorio.

-¡No me interesa, estúpida! ¡Te mataré y será todo! ¡Y cuando todo esto termine, mataré a ese infeliz de Shura también!

Gora había sostenido a tiempo a Mera para evitar que cayera. Mientras Turles decía todo esto y se adentraba en la oscuridad, hizo un alto al escuchar la repentina risa de Mera y que al parecer, Gora también se sorprendió.

-Saiyajin, el ciclo se cumplió… ya es hora de que el rey abandone el trono…


Hola :)

Gracias por los comentarios y que pasen una linda temporada. (Y aunque un poco tarde, quiero agradecer nuevamente a Diosa de la Muerte e invitarlos a leer su fic Saiyajins vs Tsufurujins.)

Saludos.