- CAPÍTULO 4 -
La Olla Regurgitante
Larry pasó los siguientes días pululando solo, cual inadaptado que era, por el Callejón Melón. El caso era que la gente lo miraba un poco raro, pero Larry suponía que no era por el boquerón (porque todo el mundo conocía la jistoria del boquerón y Lord Boquerón), sino por el hecho de que su habitación no incluía agua corriente ni cuarto de baño, y claro, después de cuatro días aguantando los saludos matinales de Flashback sin poder ducharse después, y de hacer sus necesidades en pañales Dodotis súper-absorbentes (que luego no tenía dónde tirar, porque tampoco había papelera), pues el caso era que la gente se alejaba bastante de él, lo que le hacía sentirse mucho más inadaptado. Al sexto día Larry se enfrentó con el hombre feo, feo, feo, feo, feo de huevo y le dijo que o le daba el agua y le encendía el calentador o le denunciaba a Amnistía Internacional por trato inhumano.
Una vez limpito y oliendo a colonia Nenuco, Larry se sintió mucho más a gusto consigo mismo. Encerró a Flashback en su jaula, en un por si acaso el hombre feo feo le volvía a cortar el agua, y se dispuso a comerse el mundo empezando por el Callejón Melón.
Larry descubrió que el mundo mágico estaba de bruta madre una vez que se libraba de los mugres de sus tíos, de su propia mugre (cortesía de Flashback), de su profesor de pelo mugriento Spice y de otra gente indeseable. Lo primero que hizo para disfrutar de su inmerecida libertad y limpieza fue comprarse doscientos cincuenta helados de pistacho. Cuando, tres dias después, se le pasó el empacho (que además rima), decidió dejar de gastar dinero a lo loco y fue a comprar los libros que le exigían en el colegio Jobart de Magia Borrás en tercer curso.
Tuvo que resistir la tentación de comprarse doscientos ejemplares de La Maja Desnuda de Goya, un juego de parchís de platino macizo y un caleidoscopio monísimo pero que, para estar hecho de plástico, costaba una enorme cantidad de luros.
Pero lo que realmente le puso a prueba apareció en la tienda Fregonas de la Hottia y Otras Milongas para el Cuidadín, una tienda repleta de fregonas, túnicas, rodilleras, espinilleras y pelotas de 2.731 clases distintas que se lanzaban contra la nariz de los clientes a la mínima.
Era una fregona. El lector dirá: "Este chico es realmente un poco rarito", pero la verdad es que la fregona en cuestión no era una mieldaVileda cualquiera, ni siquiera una de esas que atrapan el polvo y las pelusas como por arte de magia (normal, estamos hablando de magos, so inadaptados): era una fregona de carreras, pero una fregona de la leche, de esas que da la impresión de que van a volar solas. Una fregona que casi, casi, era como el Coche Fantástico pero en fregona. Y sin hablar, que no hay cosa más molesta que una fregona que dice: "¿Dónde estás, Michael?".
En un cartelito aparecía escrito:
FLECHA FOGOSA
Esta fregona de carreras es la caña de España. Punto pelota.
Larry babeó un rato delante de la Flecha Fogosa: se le caía tanto la baba que el dueño de la tienda estuvo a punto de echarlo porque, entre la inundación que estaba provocando y las 2.731 pelotas que se lanzaban contra los clientes, iba a tener que abrir la tienda en el hospital San Turce.
Larry deseaba aquella fregona (no es de extrañar: al fin y al cabo, al igual que los niños, adolescentes y hombres mugres babeaban por un quítame aquí un Ronaldo Beckam o Raúl - cuando deberían ser las mujeres -, los niños, adolescentes y hombres magos babeaban por el Cuidadín, y aquella era la mejor fregona que hubiese habido jamás para el Cuidadín; incluso el dependiente, después de limpiar refunfuñando toda la baba de Larry, le había confesado que la selección de Cuidadín de Uganda le había reservado casi todo el stock, no sólo para tener para ellos, sino para que las demás selecciones no tuviesen, y es que los de Uganda tenían muy mal perder).
Pero Larry decidió que era mejor no comprarse la Flecha Fogosa; al fin y al cabo, él no jugaba en la selección de ningún país, sólo en el equipo de Greypeor, que ni siquiera estaba federado en la liga escolar, y ya tenía la Limbo XXI, que no era la hottia ni la caña de España pero tampoco estaba nada mal (por lo menos, volaba, cuando se la trataba con cariño, claro).
Sin embargo, Larry fue todos los días a ver la Flecha Fogosa a Fregonas de la Hottia y Otras Milongas para el Cuidadín. Cada día se encontraba a más amigotes suyos de Jobart: vio a Seamos Sensatos y a Lean Dosmas, compañeros de tercer curso de Greypeor, babeando también delante de la Flecha Fogosa (y eso que ellos no jugaban al Cuidadín). También se encontró con el verdadero Diezmil Locompro, acompañado de su abuela, que lo sacaba a rastras de la tienda mientras él gritaba "¡Lo compro! ¡Da igual que no esté de oferta, lo compro! ¡Resérvemelo!". E incluso vislumbró tras el escaparate a su peor enemigo en Jobart, Trago Malody, acompañado de sus fieles escuderos Cras y Voy. Larry no tenía ninguna gana de encontrarse con Malody: él también estaba en tercero, pero en Sulimoncín, la peor casa de todas (a juicio de Larry); también jugaba al Cuidadín, también era el que buscaba la snif, la única pelota de las 2.731 que no perseguía a los jugadores (era el Snifador), y también odiaba a Larry tanto como Larry le odiaba a él. Obviamente, si no tuviese un enemigo en el cole, la historia no tendría interés, así que para eso está Malody, para hacer de malo maloso hasta que recuperemos a Lord Boquerón.
Y también, no podía ser de otra forma, se encontró con Ron Whisky y Mariangélica Flanders, aunque ellos no babeaban ante la tienda de Fregonas de la Hottia y Otras Milongas para el Cuidadín, sino que le esperaban a la puerta de la Olla Regurgitante cuando ya volvía de hacer sus compras y se había aburrido de babear por la Flecha Fogosa.
- ¡Larry! - dijo Ron, sonriendo como un idiota.
- Hola, Larry - dijo Mariangélica, dedicándole esa voz que ambos sabían como bienvenida. Larry se sintió recompensado después de dos meses de aburrimiento mortal en casa de los Wernesdey.
- ´la - dijo Larry -. ¿Qué hacéis aquí?
- Bué - dijo Ron -, hemos venido a hacernos una foto con la Reina Madre y Sarah Fergusson. No te digo...
- Hemos venido a comprar las cosas del cole, claro - dijo Mariangélica, volviendo a su habitual tono de voz de empollonademielda y echando a Ron una mirada de "ya te cogeré yo a tí". Ron se encogió de hombros y le devolvió una mirada de "no era para tanto, petarda".
- ¿Ya las habéis comprado?
- Sí, casi todas. Pero todavía me tengo que comprar una gaviota.
- ¿Y pa qué quieres una gaviota, tía? - preguntó Ron.
- Pues pa que haga el número de "las Tres Gaviotas" con Flashback y con Robinhood, claro. Cuando tenga mi gaviota me dejáis las vuestras y en dos meses nos hacemos ricos pidiendo en el Underground - dijo Mariangélica, como si fuese la cosa más evidente del mundo.
- Robinhood no es mía - dijo Ron -, se la mangué a mi madre. Yo no tengo gaviota, pero tengo a Mikimaus, que mola mucho más - sacó un erizo del bolsillo de la túnica, con lo cual el erizo, lógicamente, tenía una cara de mareo que no se tenía -. Está un poco jodido desde que se me cayó en un Daiquiri en Jamaica...
- Mira - dijo Larry -, ahí hay una tienda de animales. Vamos a llevar a Mikimaus, a lo mejor nos dan un luro por él, y nos lo gastamos en un helado.
- ¿De pistacho? - dijo Ron, ilusionado.
- Me los acabé. Tendrá que ser de chocolate o de caramelo.
- Oh - dijo Ron -. Bueno, la verdad es que no quiero vender a Mikimaus... ni siquiera por un helado de chocolate.
- Pa lo que hace...
- Sí, bueno, pero mola.
- ¿Por qué?
- Porque sí.
- Gran razón - Larry suspiró -. Bueno, a lo mejor nos dan un ceregumil para él... Vamos.
- Y así yo me puedo comprar la gaviota - dijo Mariangélica.
- Vaya perra con la gaviota, hija.
- No, perra no, gaviota.
Entraron en la tienda de animales y Ron se dirigió directamente al mostrador, donde atendía una bruja tan fea (parecía una epidemia de fealdad) que Larry estuvo a punto de preguntarle por cuánto se vendía. Pero la pregunta no le pareció procedente (la bruja se lo podía tomar por el otro lado y podía denunciarle por proposiciones deshonestas, por infringir el decreto para la Moderada Limitación de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad - otra muestra de lo inadaptados que eran en realidad todos los magos - o, peor todavía, podía aceptar la proposición. Larry se estremeció ligeramente al pensarlo).
- ¿Qué quieres? - dijo la bruja.
- Mi erizo, Mikimaus - contestó Ron -. Está un poco pocho, el pobre.
- A ver... - la bruja observó a Mikimaus durante un par de segundos -. Lo que tiene es una resaca de caballo.
- ¡Pero si es un erizo!
- Por eso es grave - dijo la bruja -. Tiene el hígado hecho paté. Ahora, si no quieres esperar hasta que asimile todo el alcohol que estoy segura ha ingerido...
- Sólo fue un Daiquiri... - se defendió Ron.
- Pues sería de garrafón.
- No quiero meterla en Alcohólicos Anónimos.
- Bueno, entonces métele una inyección de vitamina B12 cada dos días - la bruja sacó una cajita de ampollas y un sobre de agujas hipodérmicas -. Son para él, ¿eh? - dijo, al ver la cara de avidez drogodependiente de Ron.
- Er... sí, sí... - dijo Ron, mientras la bruja le envolvía las ampollas y las agujas en un paquetito.
- Bueno, pues se la pones después de la com... AÚA!
La bruja se agachó cuando una bola de pelo de color verde se echó encima de Mikimaus; el erizo pegó un chillido que sonó como los patitos de goma de la bañera y salió corriendo de la tienda.
- ¡Mikimaus! - chilló Ron. Larry y él salieron también corriendo de la tienda, aunque sin chillar como los patitos de goma (no les parecía digno). Cuando alcanzaron a Mikimaus y éste se dejó coger, habían pasado por lo menos diez minutos largos.
- ¿Qué coo era eso? - dijo Ron.
- Una bola de pelo verde- contestó Larry.
- Eres muy observador - dijo Ron, sarcástico -. ¿Qué clase de animal?
- No sé, alguno parecido a una bola de pelo verde.
- Creo que no deberías haber cogido de asignatura Bichos Mágicos, Larry. Me da que no se te va a dar bien.
- Bueno, lo llamaremos "Bola de pelo verde" y ya tenemos ahí la especie, ¿no?
- No sé, tendrá algún nombre, digo yo...
En ese momento, Mariangélica salió de la tienda de animales, pero en lugar de una gaviota llevaba la bola de pelo verde en los brazos.
- ¿Qué haces con ese bicho, Mariangélica?
- ¿No es precioso? - respondió ella.
- La próxima vez que digas que soy guapo te dejo de hablar - dijo Ron -. Es jorrible, tía.
- Y no te va a servir para hacer el número de "las Tres Gaviotas" - dijo Larry.
- Bueno, siempre puede hacer el de "la gaviota, el erizo y la bola de pelo verde"... - dijo Ron.
- ¿Qué es? - preguntó Larry, curioso.
- Un gato, claro.
- ¡¿Un gato! - dijeron a la vez Ron y Larry -. ¿Verde?
- Sí, bueno, no es algo tan raro...
- Reitero que tienes los gustos enzarpaos, Mari - dijo Ron.
- Se llama Crunchñam - dijo Mariangélica -. Y es precioso.
- ¿Crunchñam? ¿No es un nombre un poco... curioso? - dijo Larry.
- No, es precioso.
Larry se encogió de hombros y siguió a Mariangélica y a Crunchñam hacia la Olla Regurgitante. Una vez allí, vio que el padre de Ron, Arny Whisky, estaba leyendo La Probeta sentado en una mesa con un Daiquiri en la mano. Desde la portada del periódico le saludaba la fotografía de Suburbius Blas.
- ¡Hola, Larry! - dijo el señor Whisky.
- Hola - contestó éste, como niño bien educado de colegio de pago que era -. Pregunta: ¿han pillao ya a Blas?
- Esto... - dijo el señor Whisky -. No, pero vamos por buen camino... el Ministerio ha puesto a sus mejores hombres a la busca... en misión humanitaria, claro... han emprendido la Operación Libertad No Duradera... the game is over...
- Vale, toda esa milonga ya me la sé - dijo Larry, cansado.
- ...hemos llamado al Juez Garzón...
- ¡Hola, Larry, tocinito de cielo, capullito de alhelí, golosinita recubierta de azúcar glass, tartaleta de crema y mermelada! - dijo una voz detrás de él. Larry se volvió para ver entrar a la señora Whisky, acompañada de sus hijos Brad y Bred, Piercing y Ginebra.
- Hola - respondió.
- ...se cree que su vinculación con Al Quaeda era una tapadera... - seguía en señor Whisky.
- Hola, Larry - dijo Piercing, un chico que iba ya a séptimo pero seguía siendo un poco capullo (luego se descubrirá que era un auténtico pelota mamón, pero pa eso falta un libro y medio). Además, le gustaba que en la intimidad le llamasen Borjamari, lo cual no le puede caer bien a nadie.
- Hola.
- Estoy superencantado de verte osea.
- Chachi.
- Un lujazo, te lo juro de verdad.
Brad y Bred le apartaron de su camino y se abalanzaron hacia Larry.
- ¡Larry! ¡´tas estupendo, chavalote!
- ¡Cagóntó! ¡A mis brazos, jopua!
- ¡Estás pa meá y no echá gota, mariconaza!
- ¡Joío cabrón, qué de pua madre verte!
- ¡Brad! ¡Bred! - dijo la señora Whisky -. ¡Tanto colegio de pago pa que luego me salgáis asín!
- ¡Mamá! - dijo Brad -. ¡Hotia, tía, cuánto tiempo! ¡Jodr, ven a mis brazos, cacho pua!
- ...sólo eran pruebas circunstanciales, pero una segunda investigación...
Ginebra se acercó tímidamente y dijo - Hola - con una vocecita de melindres que era para darle una bofetada, pero Larry no se la dio porque sabía que Ginebra estaba cortada porque Larry le molaba más que a un italiano la pasta, a un inglés el fishandchips y a un español el casshondeo. Y también porque era la hija pequeña de la señora Whisky y el señor Whisky, y la hermana pequeña de un montón de tíos altos y fuertotes, y Larry era un poquito enclenque.
La cena con los Whisky y con Mariangélica fue estupenda, y comieron tanto que cuando Larry fue a subir las escaleras estuvo a punto de pedir que le bajasen la Limbo XXI para subir volando porque no podía dar un paso. Haciendo de tripas corazón (lo que estuvo a punto de hacerle vomitar) empezó a subir escalones, cuando de repente oyó voces airadas detrás de una puerta. Se acercó (no porque fuese un metomentodo, no, sino porque quería saber si tenía que llamar al séptimo de caballería antes de que alguien saliese herido) y descubrió que eran las voces de los señores Whisky, y que además hablaban de él.
- ...pero Arny, no puedes decírselo a Larry, seguro que eso le acongoja tanto que...
- Tenemos que hacerlo, Milka, tiene derecho a saberlo...
- ¡Pero el Ministro no quiere!
- ¡Me importa un hueo el Ministro! Milka, Larry tiene que estar sobre aviso...
- ¿Para qué? Una vez que llegue a Jobart estará a salvo, ¿para qué vas a decirle nada? Los niños, cuanto menos sepan, mejor.
- Claro, por eso nos estamos gastando una pasta gansa en que sepan cosas.
- ¡Sabes lo que quiero decir! Además, con Chitichitibangbang no va a correr ningún peligro...
- ¡No es porque no confíe en Chitichitibangbang! - estalló el señor Whisky -. ¡Es que Larry es un berzotas, que se pasa todo el día correteando por el prao como si fuese Heidi, y en una de estas le llega el Blas y se me lo carga y ya la tenemos liada!
- Pero... no sabemos si Blas va detrás de Larry...
- ¡Ya te lo he dicho! Antes de fugarse de Ascodán, Blas se pasó como tres meses mirando al techo y repitiendo "Motter...Motter...Motter..."
- A lo mejor llamaba a su mamá...
- Teniendo en cuenta cómo era su madre me extrañaría - (el señor Whisky no dice más porque todavía quedan dos libros para descubrir cómo era la mamá de Blas) -. No, Milka, Blas quiere cargarse a Larry porque piensa que si se lo carga... pues no sé, pero seguro que piensa que si se lo carga pasaría algo. Igual oye voces de esas que dicen los acusados de asesinato, "que me obligaban a matar a alguien"...
- ¿Y por qué Larry?
- ¿Y yo qué sé? Supongo que porque Larry venció al que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo, y Blas se quiere vengar...
- ¿Y estamos seguros de que se ha escapado de Ascodán para matar a Larry?
- A ver, Milka: ¿qué parte no has entendido?
- Bueno, yo...
- Veamos: por una parte tenemos a Blas, ¿vale? Por otra, que repite Motter, Motter. Y por otra que se escapa de Ascodán. Si todo eso lo aderezamos con que se cargó a un montón de gente por colársele en el cine, aunque en realidad fuese porque estaba cabreado con Larry, ¿qué tenemos?
- Er... ¿un cocktail?
- ¡Tenemos que se quiere cargar a Larry, mujer! - dijo el señor Whisky exasperado -. Por eso Chitichitibangbang ha dejado que los guardianes de Ascodán se pongan de porteros de Jobart, para proteger a Larry. Y por eso se lo tenemos que decir a Larry, para que deje de hacer de Heidi y se comporte como un chico normal amenazado de muerte por un mago psicópata.
Larry subió los escalones como un niño normal amenazado de muerte por un mago psicópata: de uno en uno, sin hacer ruido, y acoonado hasta casi darse a sí mismo los buenos días encima.
