Capítulo 8

Había pocos demonios presentes mientras, en medio de los bosques y bajo el cielo violeta de Gokyusan, una batalla entre un saiyajin y una diablesa se llevaba a cabo. En campo abierto, los oponentes cambiaban de direcciones constantemente a gran velocidad. Era difícil seguir sus presencias, sobre todo cuando uno de ellos usaba afilados artefactos de guerra y el otro la fuerza bruta, tanto en ataque como en defensa.

Sus brazos llevaban ya numerosos cortes por las kunai usadas por Mera, sin embargo, la espada de la diablesa aún no había sido desenvainada, permaneciendo aun sujeta sobre su espalda. Turles debía ser cuidadoso. Mera era fuerte, más de lo que aparentaba y un leve descuido de su parle le haría perder la ventaja.

La pequeña farsa de ambos ante Shura, le demostró también a Turles que Mera definitivamente no debía contar con su confianza. La mataría, sí, pero después de que le dijera la localización de la puerta que llevaba a la Tierra. En cuanto se vengara matando a Goku y al resto de sus aliados, se concentraría en otra prioridad por la que había llegado a Gokyusan desde un principio: Freezer.

A su modo de ver, ser Rey de la Tierra del Demonio no le era demasiado tentador que ocupar en cambio el puesto de Emperador del Universo. Seguía sin creer del todo en la magia. El reinado de Freezer, por otro lado, era muy real.

Pero en estos momentos, atacaba a Mera antes de que ella pudiera defenderse. Felizmente, una de las debilidades de la diablesa era recibir directamente los rayos del sol, por lo que llevaba la batalla entre los árboles con toda clase de trampas y estrategias. Turles había elegido el amanecer como el tiempo idóneo para iniciar su batalla. Ahora entendía el por qué ella había hecho un claro gesto de disgusto, pero se guardó sus palabras, callando incluso a Gora cuando aquel se proponía protestar al saiyajin.

-No es mi culpa que ella tenga esa desventaja… Es una guerrera… Esta es una batalla. Y no tendré consideraciones…

Mera, por otro lado, se mostraba rígida. La tensión dominaba sus acciones por momentos al descuidar su estrategia y desear ver muerto al saiyajin de una vez. Pero se dominaba. Debía ser paciente y usar su espada como último recurso. El metal era pesado, sin duda y blandir la hoja afilada de un momento a otro no era sencillo. Sin embargo, el hecho de que ella pudiera travesar el pecho del saiyajin, era una preocupación menor de la que Turles debía cuidarse.

Una explosión siguió, haciendo temblar la tierra y desaparecer parte del bosque. Evidentemente, el saiyajin se estaba cansando de la batalla.

-¡Planea destruir el bosque para que Mera no tenga dónde esconderse!

-¡Sí! ¡Mera estará perdida si el sol la debilita.

Gora escuchaba todo esto con la misma preocupación que el resto de los demonios. La debilidad de un demonio al exponerse al sol, como primer síntoma, era el quedarse ciegos. La vista se les iba nublando poco a poco al punto de percibir nada más que luz y oscuridad y finalmente la oscuridad mientras se consumen. En aquellos momentos, Mera no distinguía ya con claridad el rostro de Turles a varios metros de distancia.

Turles percibió el cambio. Las últimas kunai de Mera ni siquiera estaban cerca de herirlo. Algo desconocido ocurría con la diablesa y sea lo que fuere, el saiyajin quiso hacer una prueba.

O-O

Mera ahora colocaba su mano alrededor de la empuñadura de su espada. Sorpresivamente, el saiyajin había dejado de atacar y un sospechoso silencio se hizo en el bosque.

Ahora, Mera entrecerraba más sus ojos. Estaba herida por los ataques del saiyajin, pero la vista era su prioridad. Se recuperaba un poco al estar bajo las sombras de los árboles, pero en cuanto iniciaba el movimiento, los rayos que atravesaban las copas y hojas le herían sus ojos cada vez más dolorosamente.

Mientras cerraba sus ojos unos instantes, un ruido la sacó de su corto lapso de tranquilidad, haciéndola desenfundar su espada de una vez.

En posición defensiva, Mera esperaba por su oponente en medio de otro tenso silencio.

Luego, unos puños cayeron sobre su espalda salvajemente, haciéndola caer al suelo con estrepito pero sin hacerla soltar su espada. Giró sobre su cuerpo al escuchar cómo el saiyajin bajaba hasta ella con intención de repetir el ataque. La diablesa esquivó justo a tiempo un rudo impacto para ponerse de pie y encarar al saiyajin. Pero no pudo percibir su presencia cuando nuevamente estuvo sobre sus pies y a la defensiva.

Gruñó un poco interiormente.

Ahora, un ataque de Ki trató de impactarla, logrando bloquear el ataque con su espada, Mera comenzó a preocuparse, pues aquella energía había sido disparada frente a ella sin haber logrado ver a Turles.

Pero aun si su vista empeoraba, Mera se había propuesto no darse por vencida. Estaba a un paso de convertirse en la reina de la Tierra del Demonio y aquel saiyajin no iba a interferir en sus planes. Antes aun, prefería la muerte a admitir su derrota. Aunque de antemano sabía que si Turles ganaba, no la iba a dejar morir antes de que le informara algo de su interés.

Más ataques de Ki siguieron, obligándola a huir y moverse nuevamente entre las ramas de los árboles. Sin embargo, regresó desde otra dirección. Empuñó bien su espada y llegó por fin al punto desde donde toda esa energía estaba fluyendo.

Lanzó un grito de furia y llegó al suelo, sólo para comprobar que aquel no era el punto real desde donde Turles enviaba todos esos ataques. Tarde comprobó que simplemente, el saiyajin estaba dirigiendo el Ki atreves del bosque y hasta ella.

-¡Estúpida!

La sonrisa feroz de Turles relució. Llegó hasta ella volando a alta velocidad, terminando por sepultar una de sus rodillas sobre el estómago de la diablesa. El aire de Mera se fue de sus pulmones, impactándola aun sobre algunos árboles mientras los derribaba.

El ataque de Turles no había terminado. Tanta era la rabia que el saiyajin había guardado sobre los demonios que siguió a Mera en la trayectoria del impacto, volviendo a atacarla con ambos puños y terminando por impactarla en el suelo, abriendo un cráter alrededor de la diablesa. Tampoco en todo ese tiempo, Mera había soltado su espada.

Turles volvió a sonreír un poco al percatarse de ese detalle.

-Ni esa espada ni nada que utilices te salvará de mi furia, Mera… Prepárate a continuar con esto…

Extendió su mano y tomó el largo cabello de Mera para hacerla levantarse.

Ahora, Mera sonrió.

O-O

La espada fue empuñada nuevamente, pero ante los ojos de Turles, el metal desapareció.

-¿Al fin decidiste deshacerte de esa inútil…?

No terminó de hablar cuando Mera se giró rápidamente y levantó uno de sus brazos. La espada no había desaparecido, sino que se había unido a su extremidad. Los dedos de Mera estaban unidos para formar con el largo de su brazo un arma similar a la espada. Por cada vez que ella lanzaba una estocada, las ondas del filo de la espada cortaban más que un simple árbol. Esa extraña técnica fue usada por Mera en adelante durante la batalla, cambiando la ubicación de la espada sobre sus brazos o sus piernas, logrando resistir los golpes que Turles daba directamente. De nuevo, la diablesa obtenía la ventaja.

El saiyajin huía ahora y si había creído que la vista de Mera era mala, ahora lo confirmaba, pues el impacto del filo cubría una buena parte del territorio donde se impactaba. Mera dominaba a dónde quería ir y podía refugiarse sin problemas.

La impaciencia de Turles se acrecentó.

O-O

Mientras pensaba en algo que pudiera poner fin a la pelea, Turles se alejó de los ataques de Mera y se quedó suspenso en el aire, analizando el campo de batalla.

El bosque era extenso y tupido por el norte pero por el oeste, donde él se ubicaba en esos momentos, continuaba una zona despejada. Un lago de gran longitud cubría el suelo. Mera sabía de la existencia del lago, seguramente, pero si quería continuar la batalla, no tendría más remedio que seguir al saiyajin.

Turles bajó de nuevo y Mera, atenta a sus movimientos, contraatacó rápidamente.

A juzgar por Mera, el saiyajin se veía más confiado en sus pasos, lo cual la hizo pensar en que Turles quería cambiar la ubicación de la batalla, recordándole fugazmente el lago cercano y su vasta zona desprovista de árboles.

-Será así, Turles. Te daré el gusto por esta ocasión…

Instantes después y para alegría del saiyajin, Mera comenzó a seguirlo.

O-O

Turles por fin llegó hasta una de las orillas del lago, esperando a que Mera se aproximara de un momento a otro. Manteniéndose a unos centímetros de la superficie del agua, el saiyajin no esperó mucho tiempo antes de ver a su rival nuevamente.

Las siguientes escenas de la batalla fueron rápidas para ambos. Turles intentaba mantener una línea de defensa única en la que Mera parecía no traspasar ni aun con su peligrosa técnica. Cortaba con ráfagas de viento hasta las profundidades del lago y el saiyajin, confirmando que la superficie actuaba como un espejo reflejando al sol, Mera pronto se quedaría completamente ciega, dando punto final a la batalla.

Pero era precisamente ahora cuando la diablesa se precipitaba más en sus movimientos. Fieramente, sus ataques repetitivos y constantes seguían de cerca a Turles. La intención de seguir al saiyajin había sido para darle fin a la pelea en ese lugar antes de que el sol causara su inevitable daño sobre ella. Quizás, por una vez en su larga vida, se había equivocado. Sus cálculos no habían sido tan exactos como esperaba, pero aun así, el saiyajin por su parte, consideraba que Mera había dado una buena muestra de sus habilidades. No había logrado sorprenderlo tanto como deseaba, además de que el desenlace de minutos después, le pareció algo decepcionante. Aun así, Mera no había pedido consideraciones para con su naturaleza demoniaca y su desventaja de pelear en el exterior. No resultó ser tan fuerte como Turles, pero el hecho de que tuviera limitaciones, la convertía en un peligro potencial.

El saiyajin levantó el vuelo todavía más, elevando sus manos y la energía comenzó a fluir de su cuerpo. El Ki tomó forma de un anillo con tonos dorados hasta crecer seis veces más que su creador.

Mera, con la espada sobre sus manos nuevamente, cerraba sus ojos con fuerza. El resplandor del sol y la técnica de Turles habían terminado por cegarla.

Sabía que de un momento a otro, el saiyajin lanzaría ese Ki. Como última estrategia, no le quedaba otra alternativa que huir, aun en contra de su voluntad.

-No tiene caso que huyas –decía Turles mentalmente, observando a la diablesa y terminando de crear su técnica-. No podrás hacerlo…

Mera comenzó a moverse, para sorpresa del guerrero, por lo que decidió arrojar el Ki rápidamente antes de que ella se alejara nuevamente a las profundidades del bosque.

El resto de los demonios, aunque afectados también en sus ojos en menor medida, pudieron ver y oír con claridad una fuerte explosión que hizo temblar la tierra. La formación del lago y parte del bosque habían volado en pedazos por una poderosa técnica que había dado por fin punto final al enfrentamiento.

Gora fue de los primeros en moverse hasta aquel lugar cuando la explosión terminó, seguido de otros dos demonios.

O-O

Pasaron dos días desde entonces y Mera no recuperaba la conciencia. La debilidad de su cuerpo la había privado del sentido por un largo tiempo y aun no se podía referir alguna mejoría.

La guardiana de las puertas había destruido el mapa donde se señalaba la ubicación de la puerta que conducía a la Tierra. Entre todos aquellos laberínticos túneles, Mera y Gora sabían la ubicación de cada planeta o dimensión tras las planchas metálicas.

El saiyajin, mientras mantenía un poco de paciencia para decidir su situación, concluyó solo que el demonio Gora era entonces su única alternativa para poder abandonar la Tierra del Demonio.

-¡No puedo seguir esperando a que despierte! –dijo el saiyajin al encarar a Gora en uno de los túneles.

-¡Tú le causaste esto! –respondió Gora, con rabia.

-Ella sabía las consecuencias de sus actos. Como le dije antes de todo esto, no me interesa ser rey de este maldito lugar. Quiero irme.

-Mera y tú crearon un pacto. Deberás esperar a que se recupere. De todas formas, aunque ella hubiera muerto, había preferido morir también yo también antes de decirte nada para ayudarte.

Turles enfureció ante aquellas palabras.

-¡Escucha, estúpido! ¡Si no quieres tener un problema mayor aquí y que destruya todo este maldito lugar, deberás decírmelo! ¡Dime dónde está la puerta!

Gora guardó silencio. No temía a Turles, pero si a que el resto de los demonios sufrieran la furia del saiyajin al comprobar de lo que era capaz y de ver también su metamorfosis al transformarse en aquella temible bestia llamada Oozaru.

-Debes esperar –dijo terminantemente-. Esperarás a que Mera abra sus ojos de nuevo. La declararás reina de la Tierra del Demonio y ella misma te dirá a dónde debes ir.

-¡No juegues conmigo, infeliz! –respondió Turles, cargando su Ki amenazante hacia Gora-. ¡No intentes decirme qué es lo que debo hacer! ¡En estos momentos, tú deberías pedirme piedad para impedir tu muerte y la de todos estos inútiles, porque no me detendré si no obedeces mis palabras!

Otro silencio siguió hasta que el demonio Gora, resuelto todavía en su decisión, habló nuevamente:

-Será mejor que esperes, saiyajin.

-Lo destruiré todo…- retomó Turles, con su expresión furiosa.

-Un plazo entonces –agregó Gora, como último intento-. Cinco días más. Si en cinco días, Mera no despierta, te diré lo que sé.

-¡Ya te dije que no concederé ni un día más! ¡Comienza a hablar ahora o si no…!

La discusión fue interrumpida por otro demonio, que alzando la voz casi al borde del pánico, le dijo a Gora:

-¡El portal! ¡Está perdiendo el equilibrio de las almas!

-¡¿Qué?! ¡Imposible!

Gora dio media vuelta de donde estaba Turles, quizás olvidándose del saiyajin y su amenaza, pero aquel detuvo a Gora cerrándole el paso antes de que el demonio pudiera seguir al su homólogo que le había dado la noticia.

-¿A dónde vas? ¿Qué es todo eso del portal?

-Tú también deberías estar preocupado, Turles –respondió Gora, con furia y preocupación-. Ese portal necesita de alguien que sepa cómo mantener a las almas dentro y en orden, de lo contrario, no quedará nada de la Tierra del Demonio.

-¿Y eso qué significa?

-¿Qué no lo entiendes? ¡La Tierra del Demonio necesita un rey y Mera es nuestra única esperanza! ¡Era la mano derecha de Shura y sabe perfectamente cómo evitar perder las almas del portal y que por consecuencia, Enma Daioh Sama nos encuentre!

Gora se apartó del saiyajin para continuar su camino hasta donde estaba Mera. Turles por su parte, tampoco había comprendido mucho de lo que había dicho el demonio, salvo que de verdad debía abandonar la Tierra del Demonio. Se limitó a seguir a Gora.

O-O

En la cámara donde Mera se encontraba, tendida en un camastro de pieles y telas, se hallaba también rodeada de otros cinco demonios alrededor de ella. Sentados, con los brazos extendidos y profiriendo rezos como murmullos en un idioma incomprensible para el saiyajin, el objetivo de aquel grupo de demonios era "forzar" el despertar de Mera. Se encontrara bien o no, necesitaban que la nueva reina fuera al portal, porque solo ella podría hacer algo a tiempo.

Llevaban así un rato, en el que nada más el ruido de sus graves voces se escuchaba y la diablesa parecía que no iba a despertar nunca.

Turles, incrédulo como de costumbre, también mantenía silencio, pero se prometió que no pasaría mucho tiempo antes de increpar a Gora otra vez.

Pero cuando todos creían que había sido en vano, Mera abrió sus ojos de golpe estremeciendo todo su cuerpo, como si regresara de la muerte. Gora se adelantó hasta ella, para caer de rodillas al lado del camastro y decirle:

-¡Mera! ¡Eres la reina de la Tierra del Demonio!

Los demonios que habían estado murmurando los rezos se apartaron, dejando a ambos demonios. Mera fue recuperándose poco a poco, pero aun así, su aspecto seguía siendo un tanto demacrado. Visiblemente, aún faltaba tiempo para volver a ser la misma de antes. Sin embargo, escuchó las palabras de Gora y con voz débil le respondió:

-Pero yo no gané la pelea, Gora…

-El saiyajin te cedió el título de rey. Desea irse, pero ahora, Mera, te necesitamos urgentemente. Discúlpanos por haber forzado tu despertar, pero no tenemos otra opción. El portal de las almas necesita que el rey vaya a imponer orden.

Mera, que se encontraba sentada en medio del lecho, apartó los mantos que aun mantenían cubiertas sus piernas para ponerse de pie. Gora, Turles y los demás demonios, notaron cómo la diablesa palidecía más, como si de un momento a otro fuera a desvanecerse de nuevo.

-Vamos al portal –dijo Mera, todavía con determinación en su rostro y localizando a Turles con su mirada, le dijo al saiyajin después-. Luego, te diré dónde está la puerta que lleva a la Tierra.

El saiyajin se mantuvo serio, sin responder aquellas palabras, pero le agradó saber que pronto abandonaría por fin la Tierra del Demonio.

Mera avanzó hasta la salida de la cámara, acompañada de Gora y los otros cinco demonios que la habían despertado, continuando su camino hasta otros túneles que llegarían indudablemente hasta la cámara donde se encontraba el portal que conectaba con el Infierno.

Esta vez, Turles no los acompañó y prefirió quedarse solo en la cámara. No sabía cuánto iban a tardar en reparar el susodicho portal, pero por lo menos, ya había progresos con respecto a su situación.

Las horas pasaron.

O-O

Repentinamente, y más preocupado que antes, Gora entró a la cámara donde Turles se había quedado.

Al localizar a Turles de entre la semioscuridad, le dijo casi en un grito:

-¡Rápido, saiyajin! ¡Sígueme!

-¿Y ahora, que sucede? –preguntó Turles con fastidio.

-¡Los Ogros! ¡Los Ogros de Enma Daioh Sama están aquí! ¡Encontraron la Tierra del Demonio!

- ¿Y eso qué significa?

-¡Que Enma Daioh Sama nos condenará a todos, incluyéndote!

-¿Por qué le tienen tanto miedo a ese sujeto?

-¡Ya no hagas más preguntas y sígueme!

Gora dio la media vuelta y avanzó por un túnel con paso veloz, mientras el saiyajin iba detrás de él. Avanzaron por entre muchos túneles en silencio, pasadizos que ningún demonio había usado desde hacía varios años o incluso siglos.

Mientras pasaban rápidamente por todos esos caminos, Turles iba sumido en sus pensamientos, pues por fin se había llegado el día en el que él y Kakarotto volverían a enfrentarse. Se sentía con más fuerza desde que había enfrentado a Goku y esta vez, le garantizaba una batalla memorable hasta que uno de los dos terminara muerto. Y también acabaría con la vida del niño mitad saiyajin. Después seguirían Vegeta, Nappa y Raditz y para el último, Freezer. Por fin conocería también al tirano espacial para despojarlo de su título de emperador del universo.

Volviendo a la realidad, Turles notó que Gora había detenido la marcha poco a poco hasta quedar de pie. Luego, siguiendo otro túnel más corto, por fin llegaron frente a una puerta, bloqueada con varias pesadas rocas.

-Detrás de las rocas esta la puerta que lleva a la Tierra. Muévelas y crúzala ahora.

Turles se acercó hasta el montículo y con ambas manos, fue apartando con facilidad cada una de las piedras. Gora retrocedió un poco y cuando el saiyajin dejó libre el camino, tomó la empuñadura dorada de la puerta, para comenzar a empujarla hacia afuera.

-Sal ya, saiyajin –dijo Gora, como últimas palabras- y cierra la puerta. O de lo contrario, te encontrarán y terminarás en el Infierno.

Turles no respondió, pero una vez que abrió la puerta y la brisa del exterior acarició su rostro, comprobó que era de noche en la Tierra. Pasó su cuerpo a través de las planchas metálicas para después, cerrarla.

O-O

La Tierra de nuevo. Sabía que estaba ahí y que Gora no lo había engañado.

Era el mismo cielo que contempló cuando se encontraba herido y a punto de morir. En ese cielo, Goku había levantado el vuelo cuando lo vio por última vez, cuando le habló por última vez…

"Vuelve si quieres, cuando seas un guerrero de verdad…"

Turles sonrió.

-Tu final se acerca, Kakarotto. Te arrepentirás por haberme dejado con vida…

Se preparaba para elevarse con ayuda de su Ki, cuando de pronto, una voz de entre la oscuridad lo detuvo:

-¿Buscas a Goku?

Entre sorprendido e intrigado, Turles dirigió su mirada donde escuchó provenir aquella voz de mujer.

-¿Quién demonios eres tú? –demandó el saiyajin- ¡Muéstrate!

Los rayos de la luna hicieron que Turles viera a una figura pequeña que flotaba. Subida encima de una bola de cristal, estaba una anciana de cabello púrpura. En su rostro había una sonrisa astuta dirigida al saiyajin.

-¿Y bien? –insistió Turles, examinándola.

-Soy Unarai Baba –comenzó a decir la bruja, con tono tranquilo-. Tu eres Turles, el saiyajin que vino a sembrar su Árbol Sagrado. Y ahora vienes a ver a Goku de nuevo.

-Sabes demasiado, bruja –respondió Turles, con media sonrisa sobre su boca-. Si vas a continuar hablando, espero que sea para decirme dónde está el maldito de Kakarotto.

-Eres muy descortés… Igual que ese guerrero llamado Vegeta- respondió Unarai con fingida indignación.

-¿Conoces a Vegeta? ¿También está aquí? –preguntó Turles, sorprendido y un tanto exasperado por la aparente tranquilidad de la bruja-.¿Dónde está Kakarotto?

Unarai Baba miró a Turles con seriedad.

-Él no se encuentra aquí.

-¿Qué? ¿Por qué?

Luego de una pausa hecha por la bruja, respondió sencillamente:

-Murió.

-¡¿Qué?!

-Así es. Defendió a la Tierra de una amenaza mayor hace un año. Aunque, desde que peleó contra ti, han pasado seis años…

-No es posible… ¡Mientes! –respondió Turles, perplejo por todas aquellas noticias que creía mentira.

-Turles, haz estado en otra dimensión. El tiempo no corre igual para los diferentes lugares del universo. Por ejemplo, en un día, puede pasar un año en alguna dimensión lejana… La Tierra del Demonio no es la excepción.


¡Hola!

La historia está llegando a sus capítulos finales y trataré de tardar menos.

Agradecimientos especiales a Diosa de la Muerte y a daughterofrisingsun.

¡Saludos!