Capítulo 9
Las estrellas y el viento hicieron un extraño ambiente mientras, despacio, Turles aun trataba de comprender las palabras que Unarai Baba acababa de decirle. Esa noche, la luna estaba en cuarto creciente, pero quizás hasta ella se esforzaba para reconocer al extranjero que tiempo atrás había logrado imitarla.
-¿Tanto tiempo pasó? –se preguntaba el saiyajin en silencio-. No debe ser verdad…
Entre los demonios, y aun a causa de su propia prolongada juventud consabida entre los saiyajin, Turles no percibió ningún cambio salvo el de que había logrado incrementar sus poderes, ya sin ayuda del Árbol Sagrado. Pero eran seis años los que habían pasado. Tiempo en el cual, su rival también se fortaleció. Pero nunca sabría hasta qué límites. Kakarotto había muerto desde hacía un año atrás, según la mujer de vestido y sombrero negro, sentada sobre una bola de cristal flotante.
-¿Cómo sé que estás diciendo la verdad? –preguntó Turles, confuso, mirando a Unarai Baba.
-Si tuvieras la habilidad que los guerreros de la Tierra tienen, lo comprobarías tú mismo al no sentir la presencia de Goku –respondió paciente, la bruja.
-¿El hijo de Kakarotto vive? –volvió a cuestionar el saiyajin al recordar al pequeño mestizo, cuyas proezas en contra de sus soldados lo habían sorprendido enormemente al comprobar que no solamente era un saiyajin también, sino que además, en un futuro no muy lejano, prometía un nivel alto de poder. No llegó a profundizar en el tema, pero era seguro que la sangre terrícola tuviera algo que ver, pese a los irrisorios niveles de energía de la mayoría de los habitantes.
-Sí –la voz de Unarai Baba tuvo un toque algo astuto-. Gohan ha crecido y su poder ha superado al de su padre. Ha llegado a límites que ni tú mismo podrías imaginar.
Imaginarlo no, pero calcular, tal vez. Aunque, de haberse unido ese niño y su padre con su gente, nunca le habría permitido quitarle el liderazgo de su grupo. Sólo la muerte lo decidiría. Aun así, ¿qué entendía la bruja por "inimaginable"? Y de nueva cuenta lo asaltó la realidad y la relatividad del tiempo.
Como si la bruja hubiera leído las reflexiones mentales del saiyajin, sonrió ante los resquicios de incredulidad que Turles se resistía desprender de su ser.
-No lo estás soñando –añadió Unarai Baba-. Esto es muy real. Solo encontrarás problemas si te atreves siquiera a asesinar a uno solo de los habitantes de este planeta. De hecho, no solamente yo sé que estás aquí en este momento.
De tener el despreciable rastreador en su poder, el saiyajin sabría exactamente a quiénes se dirigía la bruja.
-Por esa habilidad que dices que tienen todos aquí, seguramente… -respondió Turles, como explicándoselo a sí mismo.
-Así es. Incluyendo a los saiyajin que viven aquí…
Recordando la conversación del principio, Turles exclamó:
-Vegeta… ¡Mencionaste a Vegeta antes!
-Y escuchaste bien –la bruja y su sonrisa de triunfo falta de algunos dientes, comenzaban a exasperar al saiyajin.
-¿Cómo fue que terminó viviendo en este lugar en vez de destruirlo?
Vegeta podría ser muchas cosas, según recordaba, pero en definitiva, la paciencia nunca había sido algo propio del príncipe saiyajin. Cuando ponía un pie sobre un planeta, era con la única idea de exterminar toda especie viviente para después –si el viaje era por placer-, reducir a polvo espacial dicho lugar.
Turles admitía haber demostrado un poco de debilidad cuando en el cristal de su nave, que se iba aproximaba a la Tierra, el planeta azul relució con sus magnos colores y dimensiones entre la proporción de los mares y continentes.
"Es hermosa…"
No lo dijo en su mente, ni en voz baja. Sus secuaces lo escucharon. Ni remotamente imaginaba a Vegeta compartiendo un pensamiento similar. Quizás un "podremos vender este planeta a buen precio" era más pasable, pero jamás que resaltara el esplendor de lo que él había visto antes de aterrizar. La razón por la que Kakarotto –o Goku- había cambiado de parecer y perdonado a todas y cada una de las formas de vida. Una calidez única, si se le podría decir así, a la energía que la Tierra poseía. Atrayente y magnética. Calidez que fue transmitida al Árbol Sagrado y sus frutos y que él mismo pudo saborear. La calidez que creó la Genkidama y causó su posterior derrota. Esa calidez reconfortante. Kakarotto no tenía idea de cómo era el planeta Vejita, pero en la Tierra encontró otro hogar. El próximo hogar de los saiyajin, tal vez…
Entre tanto, Unanai Baba sonrió de nuevo mientras avanzaba un poco sobre su bola de cristal, cruzaba sus brazos sobre su pecho y cerraba sus ojos.
-Pues, supongo que los saiyajin ya no son la amenaza que recuerdas…
O-O
Un gruñido seguido de un suspiro, salieron de la boca y nariz de Turles.
-¿Qué es lo que tratas de decirme entonces? –preguntó el saiyajin a Unarai Baba-. ¿Qué me rinda? ¿Qué sea como Kakarotto y admita a este lugar como nuevo hogar?
-Eso no pasará y tú lo sabes- respondió su interlocutora después de un silencio en el que el viento estremeció algunas ramas de los árboles que los rodeaban-. Tu rencor, tu odio y tu necesidad de destrucción no te lo permitirían. No perteneces a este lugar.
Turles sonrió con su característica malicia en la comisura de sus labios y en sus ojos negros.
-Detesto la tranquilidad…
Antes de que la bruja pudiera responder, súbitamente se detuvo. Su sonrisa se desvaneció y sus ojos se fijaron en el horizonte. Turles se percató del repentino cambio. Siguió la mirada de Unarai Baba sobre esa dirección a su derecha, pero no pudo percibir nada.
-Ese Ki es de… -comenzó a murmurar Unarai Baba, para luego mirar a Turles nuevamente-. Debes irte cuanto antes…
-¿Qué? ¿Por qué? ¿Quién viene? –respondió el saiyajin, mirando nuevamente el horizonte-. ¿Lo sabes por esa habilidad que dices que tienen ustedes?
-Sí, pero escucha –comenzó a decir la bruja, ya un poco más tranquila-. Y si te digo que debes irte, no es para ayudarte de algún modo. Simplemente no quiero que este bosque sea destruido por una rabieta entre guerreros. El peleador que viene es temperamental y poco paciente, así que no creo que venga a recibirte con gusto.
-¡Ja! –rio Turles, un poco ansioso porque llegara ante él aquel individuo-. No le temo a ninguna de las basuras que viven en este lugar, ni aún al engreído de Vegeta…
-Pues no es Vegeta quien viene. No lograste despertarle el suficiente interés. Incluso el hijo de Goku sabe que estás aquí, pero como nota que no estás haciendo algo que amenace la vida de este lugar, sigue ocupado en sus asuntos–repuso Unarai Baba.
-Imbéciles… -murmuró el saiyajin, con desprecio.
-Además –retomó la bruja-, recuerda que en tu primera visita pelaste con otros guerreros, que si bien no eran tan fuertes como tú, eran resistentes…
-Si –rememoró Turles la batalla de sus hombres contra los protectores de la Tierra-, en especial ese sujeto verde que... –mirando a Unarai Baba, con recelo, continuó-. ¿Es ese tipo quien viene?
Unarai Baba asintió.
-Pero te garantizo que ya no es aquel contra quien peleaste…
Turles volvió a sonreír, desafiante. Unarai Baba gruñó.
-Eres terco. Pero ya que insistes, por esta vez sabrás la diferencia de poder de ese guerrero y el resto a comparación de ti…
-¿Y cómo pretendes hacer…?
El saiyajin no dejaba de sonreír con desafío, cuando miró de nuevo a la bruja, la cual, había extendido sus cortos brazos hacia él, mientras exclamaba:
-¡Qué todas las fuerzas del mal y la energía vital vengan a mí!
O-O
Tembló. El sudor frío comenzaba a fluir de su frente y sus sienes, mientras sus ojos volvían precipitadamente sobre el punto en el que el nameku se iba aproximando.
-E… esa calidez… Esa energía… ¡Es enorme! –murmuró Turles, al sentir el Ki de Piccolo. Retrocedió un paso.
Unarai Baba se mantuvo en silencio. Turles ahora miraba a otros puntos en el horizonte.
-Más calidez… Más energía poderosa…
Rápidamente, Turles bajó sus ojos sobre sí mismo, percibiendo su propia calidez. Su energía, como había dicho la bruja, no se comparaba a la de aquellos individuos. En especial unos cuantos, dos de los cuales, la energía era similar a la suya. Saiyajines, sin duda.
-Ellos están en calma –dijo Unarai Baba, al percatarse de que Turles miraba a direcciones distintas: la Montaña Paoz y la Capital del Oeste-. Peleando, su energía sería difícil de calcular, incluso para ti… ¿ahora entiendes por qué debes irte? Tienes dos minutos para decidir: quedarte y enfrentar al guerrero que viene o volver al portal de la Tierra del Demonio.
El efecto del hechizo que Unarai Baba había hecho a Turles fue pasando poco a poco. El saiyajin pudo reponerse.
-Es la segunda vez que estoy en este maldito lugar –comenzó a decir, con voz cargada de resentimiento-. Y de nuevo, tengo que elegir entre morir y vivir…
Levantó el rostro hasta la bruja que lo observaba. Estaba molesto, pero los recuerdos volvían tan vívidamente, salvo que en esta ocasión, Goku no estaba ante él, mirándolo con odio.
"Y no tienes más que dos opciones ahora: morir aquí mismo o largarte de mí planeta y no volver a saber de ti nunca más…"
Luego, la sentencia…
"Ese será tu castigo... seguir viviendo…"
¿Sería igual esta vez?
-Piccolo viene –volvió a hablar Unarai Baba, trayendo a la realidad al saiyajin quizás por décima vez-. Y no debes quedarte en este mundo. Veo que estás vivo, pero no tienes alma. Este mundo es para aquellos seres completos que quieran permanecer en su pureza o busquen el verdadero camino a la redención. Deberás regresar…
Atento a esas palabras, Turles dirigió su mirada casi instintivamente a la dirección donde se encontraba la puerta hacia la Tierra del Demonio. El saiyajin respondió:
-No puedo volver a la Tierra del Demonio. Un tal Enma Daioh Sama ha descubierto un portal que comunica al Infierno o algo así…
Unarai Baba mostró sorpresa en su rostro. Turles no preguntó más mientras ella habló de nuevo.
-Debo decir que esperaba que pasaría, pero no tan pronto –comenzó a decir la bruja-. Shura no fue muy cuidadoso al parecer…
-Shura está muerto –aclaró Turles, interrumpiendo a Unarai Baba-. Yo lo maté…
Ahora, la bruja se quedó perpleja.
-Ya veo… -dijo, casi murmurando, pero siendo dueña de sí otra vez, añadió-. Eres un ser impredecible… Pero supongo que así son todos los saiyajin. Goku pudo llegar a hablar con los dioses… Tú matas a los demonios…
-¡No me compares con Kakarotto! –exclamó Turles, molesto-. ¡Soy yo quien debería haberlo matado! ¡Soy yo quien debería de haber llegado hasta esos límites de poder y ser el nuevo emperador del universo! ¡Kakarotto se interpuso en mi camino! ¡Mi suerte era espléndida hasta que vine a este maldito lugar…!
El estallido terminó mientras la bruja lo escuchaba. Tuvo miedo de que ese arranque de furia terminara lastimándola o incluso matándola, pero no fue así. Se tranquilizó mientras él guardaba silencio.
-Goku era el menor de tus problemas antes de llegar a la Tierra –dijo la bruja, como si complementara algo que Turles no hubiera acabado de decir-. El Árbol Sagrado sólo era una herramienta hasta que lograras detener a Freezer…
Turles no respondió.
-Goku lo hizo –añadió Unarai Baba. El saiyajin la observó de nuevo con una mirada ensombrecida-. Conozco la Tierra del Demonio. Conozco a Enma Daio Sama. Cruza el portal. Yo también iré.
Cuando Piccolo puso un pie en tierra, no encontró a Unarai Baba ni a la "visita inesperada". Todo era silencio.
-Se fueron –dijo en voz alta.
Metros adelante encontró la puerta de metal que conducían a la dimensión oscura. La comunicación mental entre él y el joven Dios de la Tierra concluyó con unas rápidas palabras:
-¿Es esta la segunda puerta, Dendé? –preguntó Piccolo.
-Sí…
-¿Hay algún peligro si continúa cómo está?
El primer portal estaba destruido. Los habitantes del reino cercano, bajo la orden del Rey Kress, se las habían arreglado para que dicha puerta hubiera quedado inaccesible, tanto para los demonios que vivían dentro como para la seguridad de quienes habitaban fuera. La Princesa Misa y el resto de las mujeres y niñas del reino volvían a estar tranquilas. Sin embargo, los habitantes del reino nunca supieron que el propio Shura –por su acuerdo con Unarai Baba-, había sido el encargado de sellar el portal desde su tierra.
Las puertas se veían –y eran- pesadas. Pero si alguien como Turles había logrado abrirlas…
-No… Bueno, pronto no habrá peligro. Enma Daioh Sama se está asegurando de ello… Pero de todas maneras, no es bueno que existan portales como ese…
Piccolo sonrió.
-En ese caso, debemos cerciorarnos de que la paz en este mundo no sea interrumpida por este lugar…
Una explosión, seguida de un ensordecedor estruendo estremeció el bosque. La puerta a la Tierra del Demonio habría sido reducida a escombros.
O-O
Desde los túneles, ni la bruja y el saiyajin habían escuchado la explosión del exterior. Guiados por una luz que manaba desde la bola de cristal, avanzaban en silencio. Unarai Baba era quien dirigía el rumbo. Un profundo silencio los había recibido, contrario al panorama que había visto y abandonado Turles momentos antes.
-¿Cómo fue que mataste a Shura? –preguntó la bruja de pronto, sacando al saiyajin de sus reflexiones. Su voz mostraba interés, pero no preocupación.
-Esa diablesa, Mera, me dijo que ya era hora de que Shura dejara el trono. Es una tipa ambiciosa –respondió Turles, rememorando a la antigua servidora de Shura.
-Pero… quien logre derrotar al rey de la Tierra del Demonio se convertirá en el nuevo sucesor, ¿lo sabías?
-Sí, lo sé, pero eso no me interesa –respondió el saiyajin con verdadera convicción-. Lo único que yo quería obtener con la muerte de Shura era mi libertad. Se lo dije también a Mera, pero ella señaló en que debíamos pelear ahora entre nosotros para saber quién de los dos sería el nuevo rey. Admito que fue buena rival, pero igualmente, mi interés estaba en salir de aquí…
Aun así, Turles prefirió no llegar a los detalles sobre el acuerdo entre él y Mera antes de la muerte de Shura.
-Y ahora –continuó el saiyajin-, sólo quisiera irme nuevamente.
-¿Y a dónde irías?
-Lejos. De todo lo que conozco.
-El viaje será largo, entonces –señaló Unarai Baba.
-Pero será preferible a quedarme. Así que, ¿me llevarás a otra de las puertas? ¿A otro planeta?
El silencio de la bruja continuó varios metros después. En todo el tiempo que habían mantenido la conversación, Unarai Baba no había regresado la vista al saiyajin. Se mantenía con la mirada al frente.
-Hay infinidad de puertas en este lugar –dijo ella, con voz solemne-. Lugares pacíficos como la Tierra o desiertos hay al otro lado de cada uno de esos portales… Incluso más peligrosos que la Tierra del Demonio…
-No me importa. Toda mi vida la he pasado recorriendo lugares así…
-Sin embargo –continuó la bruja, sin hacer mucho caso de las palabras de Turles-, a pesar de que pudiste llegar a la Tierra cruzando el portal, es tu deber volver a la Tierra del Demonio… No tienes alma… No perteneces al mundo de los vivos ni al de los muertos…
Otra vez, el saiyajin escuchaba la letanía que Shura le había dicho en su momento cuando hicieron el pacto.
-Con alma o sin ella, pude viajar por el universo por años, plantando el Árbol Sagrado, comiendo sus frutos…
-Pero al final, volviste, ¿no es así? –interrumpió ella-. Sé que es difícil para ti creer en las almas, la magia o el Otro Mundo, pero si uno usa la magia para obtener algo desde sitios como este, la magia se hace negativa y se revierte contra quien hizo el intercambio…
Algo parecido había dicho Mera cuando Turles se disponía a abandonar Gokyusan la primera vez. Turles gruño, exasperado.
-Ya sé que para ustedes los saiyajin, el poder lo es todo, pero la magia también existe en el universo y tarde o temprano, todo ser vivo es benefactor o víctima de ella –la bruja soltó un bufido y con entonación absurda añadió-. No sé por qué te estoy diciendo todo esto… cualquier terrícola común y corriente pagaría lo que fuera por saber lo que te acabo de decir y yo lo estoy haciendo gratis…
A Turles no le importó mucho esa última declaración, pero comprendía que la avaricia era otro factor que los saiyajin compartían con las otras especies del universo.
-Entonces, ¿qué te propones hacer? ¿Me llevarás a una celda de este lugar?
-No. Dijiste que los ogros del Infierno llegaron hasta aquí. Eso significa que podremos llegar hasta Enma Daioh Sama y que también podrías recuperar tu alma para que puedas ser libre.
O-O
-Shura me dijo que mi alma se desintegraría y no había manera de recuperarla –recordó Turles.
Unarai Baba rio.
-Enma Daioh Sama es el guardián de las almas. Si así lo quiere, la tendrás de vuelta como antes, de otro modo, simplemente la encerrará hasta que tu cuerpo mortal perezca y pueda ser liberada para luego juzgarla correctamente. Ahora está así, capturada dentro de un cristal maligno, cerca de donde los ogros limpian las almas que van al infierno.
El saiyajin no comprendió mucho de lo que la bruja había dicho, pero preguntó:
-¿Entonces, ese tal Enma Daioh Sama hará que recupere mi alma?
-Si él lo quiere, si –respondió Unarai Baba-. Pero te advierto, una vez que estemos ahí, deberás hablarle con respeto o de otro modo nunca abandonarás la Tierra del Demonio.
Turles rio ahora, con ironía. Hasta ahora, no había nacido ni conocido a un ser capaz de ganarse su respeto. Ni aun cuando era niño y vivió en el planeta Vejita. Lo primordial era alejarse.
El recorrido del túnel estaba llegando a su final cuando ambos vislumbraron una luz amarillenta que poco a poco se fue agrandando. Eran antorchas, que iluminaban el paso de los ogros mientras avanzaban cuando iban capturando a los demonios. Algunos opusieron resistencia con visibles marcas de explosiones en las paredes, pero había sido inútil. Avanzaban hasta adentrarse más en los túneles de la Tierra del Demonio, donde en una de las cámaras se encontraba el portal.
Unarai Baba y Turles observaban la escena hasta que fueron los ogros a su vez quienes los vieron, reconociendo a la bruja.
-¡Unarai Baba! –dijo uno de los ogros a poca distancia de ellos-. ¡Me alegra verla de nuevogro!
Turles a su vez, reconoció al demonio que ese ogro llevaba como prisionero, susurrando su nombre.
-Mera…
O-O
Se adentraron en las cámaras, hasta llegar a una en la que Turles no había entrado antes. Era una caverna amplia de piedra y en cuyo fondo, un círculo resplandeciente de tonos blancos cegadores recibía y daba paso a los ogros y los demonios capturados.
Ese portal, según Shura y Mera, era el que necesitaba las almas para poder mantenerse abierto. A juzgar por el tamaño y brillo del portal, quizás el número de almas fuera inmenso. Y entre todos esos espíritus se encontraba el alma de Turles, sino es que Shura hubiera dicho la verdad y habría acabado por consumirse.
Sin embargo, Goz, el ogro azul que llevaba a una silenciosa Mera consigo, señaló a Unarai Baba que el número de espíritus del portal era grande, pero que Enma Daioh Sama se iba a tomar su tiempo para juzgarlas a todas.
Mera a penas y había dirigido una mirada al frente. Reconoció a Turles en compañía de Unarai Baba, pero se mantenía en silencio.
A juzgar por Turles, el ogro que la había capturado no se veía demasiado fuerte, pero Mera no luchaba por liberarse.
Goz reparó en Turles, pero al descubrir que era la mismísima Unarai Baba quien lo guiaba sin haber hecho la menor resistencia, prefirió guardar silencio. Además, la intención de la bruja era hablar con el Guardián del Otro Mundo, así que la dejó hacer. Por otro lado, a Mera, como estaba viva, le esperaba seguramente algo similar que al saiyajin.
Cuando cruzaron el portal, un cielo rosado y el estanque de sangre los recibió. De ahí, por un camino hecho especialmente para la ocasión, los demonios eran conducidos a través de una senda por en medio de unas rocas enormes, similares a acandilados.
Según las últimas remodelaciones hechas por los ogros, ese lugar llevaba directo ante la presencia de Enma Daioh Sama.
O-O
Sentado frente a un gran escritorio de madera donde se apilaban en orden numerosos documentos donde las almas eran juzgadas, el Guardián del Otro Mundo se mantenía ocupado sellando cada uno de los papeles, repitiendo constantemente:
-Al Infierno… Al infierno… Al Infierno… Al Cielo…
De vez en cuando hacía una pausa para tomar un respiro y justo cuando levantaba la vista por encima de su escritorio, Unarai Baba y Goz acababan de llegar, en compañía de otros tantos demonios.
-¡Unarai Baba! ¡Que gusto tenerte por aquí! ¡A qué se debe tu visita! –saludó Enma Sama con entuciasmo, pero cuando la bruja iba a devolver el saludo, el Guadian espetó a uno de los ogros uniformados-. ¡¿Están llegando más demonios?! ¡¿Todavía faltan?!
-Sí, señor –dijo el ogro de piel azul y con gafas gruesas-. Estos apenas son…
-¡Pues que ya no vengan hasta aquí! ¡Que se queden en el infierno y esperen lo que tengo que decirles!
-Pero es que ellos no están muertos y…
-¡Ya lo sé, tonto! ¡Pero aquí ya han llegado bastantes! ¡Saquen a los que hay aquí y llévenlos al Infierno con los otros hasta que las almas que hay aquí disminuyan!
-Sí, señor…
Un ogro le pidió a Goz que sacara a Mera y a Turles también, pero Unarai Baba impidió que el saiyajin abandonara el lugar, aclarando que no era un demonio. En cambio, Mera fue llevada al Infierno de vuelta. Nadie protestó.
Cuando Enma acabó de hablar con los ogros, su vista volvió a la bruja, quien con un gesto de fastidio, le dijo al Guardián:
-¿Qué modales son esos? ¿Saludas y no dejas hablar a los invitados?
El Guardián sonrió.
-Bueno, ya sabes que por aquí nunca deja de llegar el trabajo. Y ahora que descubrimos que había un portal a la Tierra del Demonio, logramos detener a esos seres malignos. Por cierto, ese tipo, ¿es un saiyajin?
Turles cruzó los brazos sobre su pecho, mientras dejaba escapar una leve exclamación irónica. Hasta en el Otro Mundo eran conocidos.
-Así es. También ha escapado de la Tierra del Demonio –aclaró Unarai Baba-. Sin embargo, su situación es distinta… Y para eso he venido…
Enma dejó de lado un rato su trabajo mientras escuchaba a la bruja, quien contó brevemente la historia de Turles sin omitir detalles importantes.
-Ya veo… Este individuo no tiene alma…
-Así es… Así que, Enma, como tú sabes, la necesita para poder volver al mundo de los vivos.
-¿Y pretendes que se la devuelva? ¿Con qué objeto? ¿Para que siga destruyéndolo todo?
-No –respondió la bruja, llamando ahora la atención de Turles-. Para que vuelva a pelear, con Goku.
O-O
-¿Es posible que eso pase? –preguntó el saiyajin a la bruja, con marcado interés.
-Tal vez, si Enma Daioh Sama lo permite…
El Guardián del Otro Mundo pensaba, hasta que por fin respondió:
-No. No creo que pueda ver a Goku…
Turles protestó.
-¡¿Por qué?!
-Sigues vivo –respondió sencillamente Enma-. Deberás morir primero. Y dirigente a mí con respeto.
Turles no escuchó la advertencia, volviendo a preguntar:
-¿Sugieres que debo quitarme la vida?
-No, pero podrías perder en una batalla… hasta las últimas consecuencias. Y aun así, juzgaré tu alma cuando mueras y ella llegue ante mí. Tu cuerpo deberá ser reconstruido después y para que eso suceda, debes ser un Peleador del Otro Mundo, es decir, que un Kaiosama te elija como su guerrero de su propia Galaxia. O también… que hayas sido un ser tan maligno y odiado por millones de personas por todas las Galaxias y así, tu cuerpo se reconstruya para que los castigos del Infierno prevalezcan por toda la Eternidad. Y entre esos seres, se encuentra Freezer…
Turles guardó silencio. La información que acababa de recibir no era tan fácil de asimilar.
-Esta será, la última elección que deberás hacer –dijo Enma Sama, mirándolo-. Llevaste una vida como un ente maligno. Mereces ir al Infierno, sin duda, pero no puedo saber el peso de tus maldades hasta que juzgue tu alma, la cual aún se encuentra en el portal, pero podré liberarla si mueres en combate. Dependiendo de lo que juzgue, podré decir si te quedas o no con tu cuerpo.
Unos instantes más de silencio llegaron, hasta que Turles habló de nuevo, mirando al Guardián:
-¿Podré elegir contra quien pelear? –preguntó, con voz apagada.
-No podrás elegir a Goku, si es lo que pretendes. Pero podrás pelear contra otro ser maligno del Infierno que conserve su cuerpo…
Otra vez, silencio. Turles pensaba. Mientras cerraba los ojos y pensaba, algo inesperado pasó dentro de su cabeza. La imagen de su rival de años atrás se presentó en medio de un brillo en el que poco a poco lo distinguió.
O-O
-Turles…
-¿Kakarotto?
-Nos volvemos a ver…
-Estás muerto, imbécil. Yo estoy vivo. Es la diferencia…
-Sí, lo veo…
-Me prometiste una pelea, ¿lo recuerdas?
-Por supuesto.
-Pues qué esperas. Peleemos…
-Necesito ver que no eres el mismo de antes, Turles…
-¿Qué diablos significa eso? ¿Te niegas a pelear contra mí?
-Necesito ver que no es un castigo para ti seguir viviendo…
O-O
Abrió los ojos de golpe. Todavía estaba frente a Enma Daioh Sama y Unarai Baba, quienes lo observaban un tanto interrogantes. Sin embargo, el Guardián retomó la conversación, insistiendo:
-No tengo todo el día, muchacho. Elige qué es lo que harás…
Limpiando el sudor con el dorso de su muñeca, Turles le devolvió la mirada a Enma Sama, para luego añadir con seguridad.
-Yo… pelearé para enfrentar a Kakarotto.
-¿Entonces? ¿Tú vas a…? –comenzó a decir Unarai Baba, esperando a que Turles completara la frase.
-Pelearé… hasta las últimas consecuencias…
Mirando a Enma Daioh Sama y a la bruja, exclamó decidido:
-¡Quiero pelear contra Freezer! ¡Kakarotto no es mi único enemigo y Freezer fue la razón por la que llegué hasta el Árbol Sagrado!
Enma Daioh Sama hizo un gesto aprobatorio para luego añadir solemnemente.
-Así será.
O-O
Entre las celdas del Infierno, el ogro de piel roja llamado Mez se acercó a una de ellas. Se aclaró la garganta y habló con voz firme parte de lo que Enma Daioh Sama acababa de ordenar.
De entre la oscuridad de la celda, una voz colérica se protestó, interumpiéndolo:
-¿Un saiyajin? ¡¿Un maldito y miserable saiyajin?!
-Así es. Ese será tu castigogro…
-¡¿Y qué es lo que quiere ese despreciable mono?!
-Enfrentarte, en un combatogro.
Freezer sonrió. Después de todo, de nada valía oponerse. Además, masacrar a saiyajines había sido su especialidad mientras vivió.
O-O
Frente a frente, en una plataforma hecha en el Infierno, Turles y Freezer esperaban el primer golpe uno del otro.
Desde el Planeta Gran Kaio, a través de las visiones que el Kaiosama del Norte transmitía al depositar una mano sobre su hombro, Goku observaba.
¡Hola!
Nuevamente, gracias por sus comentarios.
La historia casi llega a su fin y por tal, trataré de agilizar la última actualización.
¡Saludos!
