- CAPÍTULO 7 -

El Humpfrey que salió del armario

Malody no volvió a clase hasta ocho días después, cuando los de Greypeor y los de Sulimoncín estaban en plena clase de Posesiones. Entró en el aula con ese airecillo de los que han luchado en la guerra de Vietnam y sin los cuales la victoria en el Golfo, Afganistán, Irak y otras guerras santas no habría sido posible.

- Siéntate -le dijo el profesor Spice con voz paternal, pero de padre biológico (Larry de hecho alguna vez se había preguntado si no lo sería, hasta que conoció al verdadero padre de Malody, Sombrus, y decidió que era bastante más ijoeputa que Spice (si eso era posible) y, por tanto,era mucho más probable que fuese el padre de Trago). Si hubiese sido Larry el que llegaba tarde a una clase probablemente le habrían hecho repetir curso cinco veces, pero Spice era el jefe de la casa Sulimoncín y era de todo menos objetivo.

Ese día en clase de Posesiones estaban analizando sintácticamente el ritual del Nuevo Catecismo contra las posesiones demoníacas y para la exorcización de espíritus malignos. La asignatura de Posesiones era la más odiada por Larry, no sólo por el profesor Spice, sino porque era totalmente inútil (los magos sabían de sobra que las posesiones de espíritus malignos no exisitían, que como mucho te puede poseer el vecino del tercero, y eso se llama Legumbremencia y se lucha contra ella con la Ovomancia, pero en realidad esa asignatura no debería salir en este libro así que no vamos a dar detalles). El caso es que Malody se sentó al lado de Larry para putearlo un poco.

- Profesor, necesito que alguien me saque el Nuevo Catecismo de la cartera, porque con el brazo así no puedo... - dijo.

- Sácaselo tú, Whisky - dijo Spice.

Ron se puso como las remolachas, y Larry miró dubitativo a su varita a ver si, por descuido, le había echado el hechizo Technicolor.

- Tu brazo está estupendo, Malody - dijo Ron.

-Ya has oído al profesor Spice: sácame el libro, Whisky - dijo Malody -. Y no me tires los trastos, a ver si voy a gomitar.

Ron cogió la mochila de Malody, la abrió (rompiéndola un poco) y le sacó el libro, arrancándole unas cuantas páginas antes de entregárselo.

- Profesor, Whisky se ha cargado mi libro - dijo Malody.

Spice se volvió.

- Cámbiale el libro, Whisky.

Malody cogió el libro de Ron. Éste, sin embargo, empezó a sonreir: el libro de Malody, incluso con las páginas arrancadas, estaba mucho mejor que el suyo propio, que Brad y Bred habían utilizado en multitud de ocasiones para intentar exorcizar a su hermano Piercing.

- Profesor, necesito que me pasen las hojas del libro - dijo Malody.

- Motter, pásaselas tú.

Larry empezó a pasarle las páginas a Malody mientras éste fingía que apuntaba los sujetos, verbos, objetos directos e indirectos y los complementos circunstanciales de las frases admonitorias en latín.

- ¿Has visto últimamente a tu amigo Roderick, Motter? - preguntó Malody.

- Passo de tí y de tu cuo, Malody.

- Ay... - suspiró Malody -. No creo que dure mucho como profesor, a mi papi no le va a hacer gracia una herida como ésta... Y como es taaaaan amigo del Ministro...

- Vaya una cosa.

- ...y encima le patrocina su empresa de flanes, claro, por eso supongo que echarán a Roderick, porque mi papá es muy importante...

- Creo que deberíamos exorcizar a Malody - dijo Ron mirando a Larry -. Se está volviendo tan pijo como Piercing. Dentro de nada nos pedirá que le llamemos Borjamari...

- ¿Así que por eso finges que se te está cayendo el brazo a cachos, cacho perro? - se enfadó Larry.

- Bueno... sí, pero también hay otras cosas - Malody sonrió adorablemente a una chica de Sulimoncín que se sentaba cerca de su amigo Voy, una tal Pasty Alzheimer, que le devolvió la sonrisa enseñándole todos los dientes. Larry sintió que volvía a tener ganas de vomitar.

- ¡Eh, Larry! - dijo en voz baja Seamos Sensatos, que se sentaba al lado de Ron -. ¿Has visto La Probeta? ¡Dicen que Blas está cerca de Jomemeo!

- Si tenemos que fiarnos de las informaciones de los periodistas, vamos listos. La mitad se lo inventan... - dijo Ron, enfurruñado -. Y seguro que esta vez el Ministro está deseando que alguien dé una información que demuestre que están cerca de pillar a Blas. Para que la gente no piense que es un inútil..

- Bueno, podría ser verdad... - dijo Larry, pensativo -. A veces aciertan y todo...

Malody miraba a Larry con aspecto de estar disfrutando.

- No me mires así, Malody, que no eres mi tipo - dijo Larry, asqueado -. Si quieres placer y disfrute, infringe el Decreto para la Moderada Limitación de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad con esa vaca de la Pasty Alzheimer, que lo está deseando.

- Si yo fuese tú - dijo Malody -, no me quedaría ahí sentado.

- Ya, quieres que me levante para que Spice me mande a la clase de Primero y no me licencie jamás en la vida...

- Si yo fuese tú - siguió Malody como si no le hubiera oído -, iría a buscar a Blas yo mismo.

En ese momento sonó la campana.

- ¿Qué ha querido decir? - dijo Ron cuando salieron de clase.

- Yo qué sé, ese Malody cada día me da más mala espina. Pa mí que no tiene claras sus prioridades en ningún aspecto.

- Bué, sí, tienes razón, pero...

- Sí - dijo Larry, pensativo -. La verdad es que el comentario que me ha hecho...

- Bueno, no lo pienses más, tronko - dijo Ron -. Vámonos, que llegamos tarde a clase de Contraataques para Trucos Sucios.

- Sí, pero... es que es muy parecido a lo que me dijo tu padre en la estación...

- ¿Qué? - dijo Ron -. ¿Mi padre no te dijo que NO fueses a por él?

- Sí, pero...

- ¿Y me puedes decir en qué se parece decir que vayas a por él a decir que no vayas a por él?

- Er... ¿En todo menos en el no?

- Pues eso. En nada.

- Ron - dijo Larry -. Cada día me asustas más.

- ¡No se parece en nada! - dijo Ron -. ¿Verdad, Mariangélica? - se volvió. Mariangélica no estaba en ninguna parte -. ¿Dónde se ha metido ahora esta tía?

- No sé... - dijo Larry, mirando a su alrededor. En ese momento Mariangélica subió las escaleras peinándose apresuradamente.

- ¿Dónde estabas, Mariangélica? - demandó Ron.

- ¿Qué? - dijo Mariangélica -. Este... estaba... Estaba hablando con el profesor Spice - dijo, con esa voz que había aprendido de su madre.

- ¿Hablando con el profesor Spice? - dijo Larry, observando cómo Mariangélica se arreglaba la túnica -. Mariangélica, ahora eres tú la que me estás asustando de verdad...

- Siempre he pensado que tenías unos gustos un poco raritos, Mariangélica - dijo Ron, negando con la cabeza -. Dentro de nada te veremos haciendo cosas raras en el Refectorium con algún jugador internacional de Cuidadín, y tendrás problemas, tía...

- De eso nada - contestó Mariangélica -. A cada edad, lo suyo...

- ¿Serviría de algo que te preguntásemos lo que has estado... esto... "hablando"... con el profesor Spice?

- Nop.

- Ah.

- Pues eso.

- Bueno.

- ¿Queréis decir algo coherente? - dijo Larry -. Estoy harto de que os dediquéis a hablar en monosílabos...

- Larry...

- ¿Qué?

- "Pues eso" y "Bueno" no son monosílabos... - dijo Mariangélica.

- ¡Ya tengo bastante con las clases de Posesiones como para que encima empieces a enseñarme fuera de ellas! - se exasperó Larry.

- Bueno, vale...

- Vamos - dijo Ron -. Daos prisa, que llegamos tarde a Contraataques para Trucos Sucios.

- Sí - dijo Mariangélica -. A ver qué tal se le da al profesor Lobatón...

Cuando llegaron al aula, la mayor parte de la clase ya estaba allí, sentados con los libros abiertos sobre los pupitres. Larry, Ron y Mariangélica se sentaron en primera fila, ya que Larry y Mariangélica eran dos inadaptados empollones y siempre ganaban dos a uno en las votaciones sobre qué asientos elegían, con el consiguiente cabreo de Ron.

El profesor Lobatón apareció unos minutos después. Seguía vistiendo de Todo A Cien, pero el color de la túnica que había elegido aquel día le sentaba un poco mejor a la cara, de modo que Mariangélica le echó una mirada mucho más apreciativa que la que le había echado en el tren el día que llegaron a Jobart. Ron murmuró algo entre dientes que sonó como "Si ni siquiera juega al Cuidadín...". El profesor Lobatón echó una mirada a la clase (aunque no apreciativa, al parecer no le gustaban los menores, ni de un sexo ni de otro, lo cual era una buena característica para un profesor).

- Passad de los libros y venid conmigo, chavalotes - dijo -. Hoy vais a flipar.

Todos los de Greypeor se miraron, desconcertados. Pero como habían visto la mirada del profesor y sabían que no tenía en mente nada extraño ni en contra del Decreto Para la Moderada Limitación de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad, se levantaron y lo siguieron. El profesor Lobatón les condujo escaleras arriba hasta el lavabo de los profesores. Las miradas que intercambiaban los alumnos empezaban a tornarse preocupadas.

- Está bien, chicos - dijo el profesor Lobatón -. Hay un Humpfrey ahí adentro, nada de qué preocuparse.

Cuando vieron que del baño salía el profesor Spice, y evidentemente sin haberse lavado las manos, todos pensaron que sí que había algo de qué preocuparse.

- Llame luego a la Brigada de Desinfección, Lobatón - dijo Spice, sonriendo sardónicamente -. No quiero volver a utilizar un lavabo en el que haya estado Diezmil Locompro - sonrió aún más profundamente -. Es un inútil hasta para hacer sus necesidades. Se dedica a pujar por el papel higiénico en lugar de observar... dónde apunta.

- ¿En serio? - dijo Lobatón, levantando las cejas -. Vaya... tenía la intención de que Diezmil me echase una mano en la lección de hoy...

- Si le ofrece un precio inferior a once luros por el grifo de la izquierda, no lo acepte - sugirió el profesor Spice.

- Vamos a intentar echar al Humpfrey del tercer armario...

- Pues que no lo compre por menos de ochocientos luros. Hace mucho que no vienen Humpreys por aquí...

- Seguro que Diezmil será capaz de echar al Humpfrey sin siquiera ofrecer un luro a cambio.

- Bien... no diga luego que no le advertí - dijo Spice. Y, dando media vuelta, se dirigió a las escaleras.

El profesor Lobatón se encogió de hombros y entró en el lavabo. Todos se apresuraron a seguirlo hasta el centro del gran cuarto de baño, alicatado en mármoles blancos y verdes, que más que un cuarto de baño parecía un anuncio de Porcelanosa. En un extremo, junto a los mingitorios, había un armario que se agitaba convulsivamente. Todos eran reacios a acercarse demasiado a él, pero el profesor Lobatón dio unos pasos hacia delante y les indicó que se aproximasen.

- Bien, todos. Aquí dentro está el Humpfrey. ¿Alguien sabe lo que es un Humpfrey?

Mariangélica levantó la mano, lo que no sorprendió a nadie porque era una inadaptada.

- ¿Señorita Flanders?

- Es un bicho que cambia de forma.

- Muy bien, cinco puntos para Greypeor. El Humpfrey es un ser que cambia de forma porque no tiene otra cosa mejor que hacer. Podéis pensar que qué estupidez de vida, pero la verdad es que los Humpfreys se lo pasan bomba dentro de los armarios y alacenas, y cuando saben que hay alguien observándolos les encanta salir por sorpresa del armario convertido en aquello que más odian los que lo observan. Se parten de risa, no me preguntéis por qué, pero además son peligrosos porque mientras os dedicáis a odiarlos ellos aprovechan para desvalijaros, con lo que encima los odiáis más y entonces se parten todavía aún más de risa, y os mangan el reloj, los anillos, los collares, las pulseras...

- ¡Lo compro! - dijo repentinamente Diezmil.

- Sí, ya llegaremos a esa parte, Diezmil. Bueno, el caso es que los Humpfreys son unos pequeños hijos de pua. Y de ahí que su caza esté permitida, al menos en este país... No es que su caza sea muy productiva, porque no se vende su piel ni se comen, pero si los cazáis al menos conservaréis vuestras pertenencias, lo cual no está nada mal. A mí me costó unos cuantos años aprender a vencer a los Humpfreys, y así estoy de perras, que he tenido que aceptar enseñar a unos inadaptados como vosotros...

- ¿Y cómo se vence a un Humpfrey? - preguntó Ron, que siempre andaba mal de luros y no le hacía ninguna gracia que un pequeño ser aún más inadaptado que ellos le desvalijase.

- Es sencillo. El Humpfrey se va a convertir en lo que más odiéis cada uno de vosotros. El conjuro para vencerlo es fácil. Repetid conmigo: ¡Atomápokkulo!

- ¡Atomápokkulo!

- Bien, bien. Bueno, pues ese es el conjuro, pero sólo funcionará si la persona que se enfrenta al Humpfrey se lo imagina con todas sus fuerzas convertido en algo que le permita partirse el culo mucho más que ese pequeño mutante de mielda. Y ahí es donde entra tu imaginación, Diezmil.

Diezmil se echó a temblar y miró a su alrededor, presumiblemente buscando algo que comprar que le distrajese por unos momentos.

- ¿Qué es lo que más odias en este mundo, Diezmil?

- Er...

- ¿Perdón?

- Este...

- ¡Dilo más alto, coo!

- El profesor Spice.

Toda la clase se empezó a partir de la risa. El armario empezó a temblar todavía más, como si el Humpfrey se diese cuenta de que, con tanto cachondeo, por mucho que se riese siempre le superarían.

- Bien, bien... - dijo Lobatón, pensativo -. Dime, Diezmil. ¿Eras fan de las Spice Girls antes de que se disolvieran, una se convirtiese en un pendón, otra se casara con un puñetero futbolista de mielda que se gasta millones en pendientes y cambia de peinado como yo de calcetines...

- No, profesor... que a quien yo odio es al profesor Spice, no a las Spice Girls... De hecho - dijo Diezmil -, me sé de una a la que no me importaría comprar... Pero no lo hago por lo del Decreto para la Moderada Limitación de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad, por supuesto - se apresuró a añadir al recordar que estaba ante un profesor.

- A mí eso no me preocupa, allá ca cual con su cacualo. ¿Cuál de las Spice Girls te gustaba más?

- La... La negrita que iba vestida de leopardo.

- Mmmm... - dijo el profesor Lobatón -. Bueno, pues cuando salga el Humpfrey del armario, con la forma del profesor Spice, quiero que te lo imagines vestido con la ropa de la Spice salvaje o como se llamara, ¿OK?

La clase entera rió.

- Sí, eso reíros, cacho inadaptados - dijo el profesor Lobatón -. Después de que Diezmil se dedique al regocijo con el Humpfrey, cada uno de vosotros se enfrentará con él, así que id pensando en qué lo vais a convertir. Quiero salir de esta clase con dos costillas rotas de la risa, ¿entendido?

- Sí, profesor Lobatón - dijeron todos obedientemente.

- Vale, Diezmil. Voy a abrir el armario, ¿de acuerdo? ¿Preparado?

- Sí.

El profesor Lobatón abrió la puerta del armario, y salió de él (algo curioso porque era un armario zapatero y bastante chiquitajo, la verdad, pero bueno, la magia es la magia) el profesor Spice. Después de mirar socarronamente a toda la clase, como acostumbraba, observó a Diezmil y avanzó hacia él.

- ¡Atomápokkulo!

Hubo un resonante "¡Blip!" y de repente, el profesor Spice apareció embutido en unas mallas de cebra, un top de leopardo con un escote imposible y una melena negra rizada. Abrió la boca, lo que mostró ante toda la clase que Spice tenía un piercing en la lengua, y cantó:

- ¡If yu guanna bi mai loverrrr, yu gotta get guiz mai friennnndddsss...!

La clase entera soltó una enorme carcajada, que ni aún así consiguió tapar los berridos del Humpfrey-Spice.

- ¡Ail tell yu guat ai guant, guat ai rilli rilli guant... if yu guant mai fiutur, forget mai past...!

- ¡Seamos, al ataquerrrrrr! - dijo el profesor Lobatón. Seamos se adelantó, y el Humpfrey se convirtió inmediatamente en una bailarina de danza del vientre sensual y voluptuosa (Larry sabía que Seamos tenía aspiraciones clericales, por lo que tenía su lógica que lo que más miedo le diese fuera la tentación de la carrrne y el incumplimiento del Decreto Para la Moderada Limitación de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad). Seamos se ruborizó y miró anonadado al Humpfrey-peazo hembra unos instantes.

- ¡Atomápokkulo!

La bailarina empezó a engordar a ojos vistas y se convirtió en una imagen dantesca (algo así como la puritita antítesis de la lujuria, incluso para un adolescente hormonado).

- ¡Patati! - gritó el profesor Lobatón.

Patati Patí dio un paso hacia delante. El Humpfrey la miró y,con un sonoro "¡Blip!" se convirtió en un maromo musculoso que sólo llevaba unos vaqueros azules y una caja de latas de coca-cola light. El Humpfrey se acercó a ella, lata en mano, y empezó a sonar a su alrededor: Bad ai guant yu... tu bi tru... bud ai tust guana meik lov tu yu... Patati tembló, levantó la varita y gritó:

- ¡Atomápokkulo!

El Humpfrey-horacocacolalight pegó un chillido y miró hacia abajo: se había pillado... bueno, eso, con la cremallera de los jeans.

- ¡Lean! - dijo el profesor Lobatón.

Lean Dosmás se adelantó. El Humpfrey se transformó en un repollo. No me pregunten a quién le puede dar miedo un repollo: yo no me ocupo de los traumas infantiles de nadie. El caso es que la clase entera soltó tal carcajada que el Humpfrey-repollo los miró con cara (¿cara?) de estupefacción.

- ¡Ron!

- ¡Eh, que yo no he dicho Atomápokkulo! - dijo Lean.

- ¡A tomá pol cuo! ¡He dicho que le toca a Ron!

El Humpfrey miró a Ron y se convirtió en Mariangélica. Otra carcajada de toda la clase (excepto de Mariangélica, claro), y el Humpfrey-Mariangélica, encogiéndose de hombros, se dirigió a Ron.

- Hola, querido, pichoncito... - dijo el Humpfrey-Mariangélica con la voz de la madre de Mariangélica. Ron se encogió y empezó a temblar. El Humpfrey-Mariangélica se volvió hacia Larry.

- ¡Aquí! - gritó el profesor Lobatón al ver que Ron era incapaz de sacar la varita, mucho menos de mandar al Humpfrey-Mariangélica atomápokkulo.

El Humpfrey se transformó en una marioneta de peluche amarilla de ojos saltones y sonrisa estúpida. Casi con desgana, el profesor Lobatón pronunció - ¡Atomápokkulo! -, y el Humpfrey se volvió hacia Diezmil. Instantáneamente, se convirtió en el profesor Spice.

- ¡A tomá pokkulo con él! - chilló el profesor Lobatón. Diezmil levantó la varita.

- ¡Atomápokkulo!

El Humpfrey-Spice volvió a vestirse de Spice, valga la redundancia.

- ¡Lo compro! - dijo Diezmil. El Humpfrey lo miró con cara de reproche y desapareció con otro fuerte "¡Blip!"

- Creo que la has espantado, Diezmil - dijo Seamos, que lloraba de la risa.

- Desde luego, eso es un Humpfrey que sale del armario y lo demás son tonterías - dijo Lean, que se descogorciaba en el suelo apretándose la tripa mientras reía.

- Queda por ver si Spice será tan valiente para salir un día del armario... - dijo Patati Patí.

- Y vestirse de Drag y pasearse por todo el Refectorium... - dijo Lavendo Boeing.

- ¡Lo mismo nos hace el numerito en su próxima clase de Posesiones! - rió Ron, en el hombro de Larry.

- Entonces tendríamos que exorcizarlo a él... - dijo Larry, secándose las lágrimas que le corrían por la cara con la manga de la túnica.

- Muy bien, chicos - dijo sonriendo el profesor Lobatón -. Cinco puntos para Greypeor por Diezmil, y otros cinco por cada uno de los que os habéis enfrentado con el Humpfrey, y otros cinco por Mariangélica y Larry porque me caéis de pua madre, y otros cinco por Lavendo porque es un personaje de la jistoria y luego si no se pone pelusona. Sacabó la clase. Todos fuera que tengo una urgencia que atender en este cubículo.