- CAPÍTULO 9 -
La humillación más absoluta
El profesor Chitichitibangbang ordenó a todos los alumnos de Greypeor que volvieran al Refectorium, donde se les unieron unos minutos después sus compañeros de Vayaplof, Sulimoncín y Rumbaolé. Todos estaban bastante perdidos y no sabían muy bien cómo reaccionar.
- Los profesores y yo vamos a dar una vueltecita por el castillo - explicó el profesor Chitichitibangbang, mientras MacDonalds y Flipaín cerraban las puertas del Refectorium -. Me temo que tendréis que pasar aquí la noche. Quiero que los Perversos monten guardia toda la noche en las puertas del Refectorium, y dejo como encargados a los dos Premios Nasales. Si hay alguna novedad me mandáis una gaviota - añadió, dirigiéndose a Piercing -, o me enviáis a alguno de los fantasmas. Pero que no sea el Abad Casposo que últimamente está muy raro -. El profesor Chitichitibangbang se detuvo antes de salir del Refectorium y añadió -: Bueno, a ver si hacemos esto un poco más cómodo...
Agitó la varita y repentinamente el Refectorium se transformó: las grandes mesas de las casas y de los profesores desaparecieron, y en su lugar se auto-montaron hileras e hileras de tiendas de campaña de color rosa fucsia a rayas azules. En el centro del Refectorium ardió un alegre fuego, y en un lateral se excavaron una serie de letrinas. Apareció un cartel donde generalmente estaba la mesa de los profesores que decía Camping Jobart: 5 luros la noche. Comidas: 3 luros. Jabón y agua caliente: 200 luros. (Es que en Inglaterra no se duchan y hay que amortizar el gas).
- Que durmáis bien - dijo Chitichitibangbang, y cerró la puerta por fuera.
Todos los alumnos comenzaron a pegar berridos y a entrar y salir de las tiendas. Alrededor del fuego unos cuantos empezaron a bailar, mientras otros contaban historias de miedo y unos pocos más organizaban una guerra con las almohadas que, milagrosamente, habían aparecido en las tiendas.
- ¡Todos a dormir! - chilló Piercing cuando comenzó un conato de incendio cuando una almohada cayó justo en el fuego -. ¡Voy a apagar las luces!
- Vamos - dijo Ron a Mariangélica y a Larry. Se encaminaron a una tienda que había en un rincón, junto a una de las puertas del Refectorium, y se metieron dentro los tres, cuidando de dejar la puerta abierta, no fuera que alguien los acusase de infringir el Decreto Para la Moderada Limitación de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad.
- ¿Creéis que Blas está todavía en Jobart? - susurró Mariangélica, preocupada.
- Supongo que Chitichitibangbang cree que sí... - dijo Ron.
- Qué suerte que haya elegido esta noche, ¿no? - dijo Mariangélica mientras se metían en unos sacos de dormir monísimos de color amarillo limón con la cremallera naranja -. La única noche que no estábamos en la torre de Greypeor...
- Supongo que con lo de la huída de Ascodán y todo eso no sabrá ni en qué día vive... - comentó Ron -. Si se hubiera dado cuenta de que era la Noche de los Disfraces Absurdos, habría entrado en el Refectorium abriendo fuego.
En las tiendas de alrededor se repetía la misma pregunta:
- ¿Cómo ha conseguido entrar?
- A lo mejor ha entrado en el camión del Catering del banquete - dijo un alumno de Rumbaolé que estaba cerca de ellos -. Metido entre las cajas de comida.
- A lo mejor se ha disfrazado de lechero - dijo uno de Vayaplof de quinto curso.
- A lo mejor se ha transformado en señora de la limpieza y se ha colado por la puerta de atrás - sugirió Lean Dosmás.
- Pero bueno. ¿Es que soy la única que ha leído Historia De Jobart, Breve Introducción A Aquello Que Hace Del Nuestro El Mejor Colegio Del Mundo y Demuestra Que El Resto Son Meras Academias De Recuperación Comparadas Con Él? - preguntó Mariangélica a Ron y a Larry.
- Casi seguro - contestó Ron -. ¿Por qué?
- Porque el castillo tiene un sistema infalible de protección anti-disfraces. ¡Por eso la Noche de los Disfraces Absurdos nos limitamos a ponernos ciegos a comer, y no hacemos fiesta de carnaval! No es tan fácil entrar aquí, y mucho menos con las puertas llenas de Desertores y con VonTrap vigilando cada pasillo y abertura del castillo.
- ¡Que voy a apagar las luces! - dijo Piercing.
- Qué pesao, a ver si es verdad que las apaga de una vez... - se oyó la voz soñolienta de Malody.
Todas las velas se apagaron a la vez, aunque los cuchicheos siguieron sonando un buen rato, hasta que Larry comenzó a adormilarse mirando por una rendija de la puerta de la tienda de campaña el techo de metacrilato del Refectorium, a través del cual se podía ver perfectamente el cielo nocturno.
Cada treinta y siete minutos aparecía un profesor para comprobar que todo estaba en orden en el Refectorium. Sobre las tres y diecinueve de la mañana, segundo arriba o segundo abajo, apareció Chitichitibangbang, y Piercing, que se había dedicado a entrar por sorpresa en todas las tiendas para comprobar que no hacían nada raro, se dirigió hacia él, justo junto a la tienda donde estaban Larry, Ron y Mariangélica.
- ¿Han encontrado rastro de él, profesor? - preguntó Piercing en un susurro.
- No. ¿Y por aquí qué tal? - dijo Chitichitibangbang.
- Los tengo dominaos, profesor - respondió Piercing, dando una patada a una tienda cercana para que dejase de hacer movimientos extraños contra-Decreto.
- Bien. Hoy dormirán aquí toda la noche, porque total, para qué vamos a subirlos ahora que por fin se han dormido, que luego se me desvelan y a saber a qué se iban a dedicar el resto de la noche. He encontrado un guardia provisional para el hueco de la sala común de Greypeor.
- ¿Y la tipa del cuadro, profesor? - dijo Piercing.
- Se había escondido en una réplica de la Maja Desnuda de Goya - dijo Chitichitibangbang, y el estómago de Larry dio un repentino vuelco de nostalgia -. Un escondite bastante pésimo, teniendo en cuenta que pesa alrededor de quinientos kilos más que la Duquesa de Alba... incluso sin ropa. Mañana le diré a VonTrap que arregle el cuadro.
Larry oyó un crujido cuando la puerta del Refectorium se abrió de nuevo.
- ¿Señor Director? - dijo la voz de Spice -. Hemos registrado todo el piso principal y las clases y no hemos encontrado a nadie. VonTrap ha ido a los sótanos y tampoco ha visto nada fuera de lo común...
- ¿Y la Torre de Andajodía?
- Sólo la profesora Tremendi, que ya es bastante susto para una noche.
- ¿Y la pajarera de las gaviotas? ¿Las cocinas? ¿Los cuartos de baño? ¿Los dormitorios de los profesores? ¿El cuarto oscuro?
- Nadie, señor Director. Bueno, el cuarto oscuro no lo he registrado porque... porque no sé dónde está - añadió, con una muy poca convincente expresión de rectitud moral.
- Bien, Sucillus - dijo Chitichitibangbang, que, por su gesto, no se lo había tragado -. La verdad es que no creía que Blas se quedase aquí a pasar las Navidades.
- ¿Sabe cómo pudo entrar en Jobart, señor Director? - preguntó Spice.
- Tengo algunas ideas, Sucillus, pero ninguna que tenga algo que ver con este asunto...
Larry intentó sacar la cabeza fuera de la tienda para oír con más claridad, pero se le enganchó la cremallera del saco en el pelo y sólo consiguió hacerse mucha pupa.
- ¿Se acuerda de la conversación que tuvimos a principios de curso, señor Director? - dijo Spice.
- Sí, Sucillus - respondió Chitichitibangbang -, me acuerdo.
- No me parece posible que Blas haya entrado en Jobart sin ayuda desde el interior - siguió Spice.
- No creo que nadie de este colegio haya ayudado a Blas - dijo terminantemente el profesor Chitichitibangbang -. Tengo que bajar a informar a los Desertores. Les dije que se lo contaría cuando hubiésemos terminado el registro.
- ¿No quisieron echarnos una mano, los muy sinvergüenzas? - preguntó Piercing.
- Sí, claro. De hecho estaban ansiosos - dijo Chitichitibangbang -. Pero mientras yo sea director de Jobart, ningún Desertor cruzará la puerta del colegio - dijo, y al instante sonó desde su varita una musiquilla que recordaba sospechosamente a la banda sonora de Lo que el viento se llevó.
Se oyó de nuevo la puerta del Refectorium, y las voces dejaron de oírse. Larry miró a Ron y a Mariangélica. Ambos tenían los ojos tan abiertos como los coladores de la profesora Tremendi.
- ¿De qué hablaban? - preguntó Ron.
Durante los siguientes días no se habló de otra cosa que de Suburbius Blas. Los alumnos se entretenían especulando sobre cómo podría haber entrado en el castillo; Barbie Mattel, de Vayaplof, se pasó la siguiente clase de Plantología asegurando que Blas podía transformarse en un platanero con patas.
Habían reemplazado el retrato de la tipa del cuadro por el del teniente Cagonman, lo que no le había hecho mucha gracia a nadie, ya que el teniente se pasaba la mitad del día soltando improperios y gritando órdenes a todo el mundo, y la otra mitad inventando contraseñas que no eran aptas para los oídos de unos criomieldas como ellos, y menos cuando habían sido criados bajo el estigma del Decreto Para la Moderada Limitación de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad.
- Está chalado - dijo Seamos Sensatos un día a Piercing -. ¿No podrían poner otro retrato un poco más cuerdo?
- Es el único que se atreve - dijo Piercing -. En resto están acongojados por Blas. El teniente Cagonman es el único tan valiente como para intentarlo.
Lo que menos le preocupaba a Larry era el teniente Cagonman. Se sentía vigilado de cerca. Los profesores buscaban excusas baratas para acompañarlo hasta al servicio, y Piercing Whisky (seguramente porque la señora Whisky se lo había pedido) lo perseguía como si fuese su caniche. La profesora MacDonalds lo llamó un día a su despacho y lo recibió con un careto de funeral que Larry se acongojó de verdad.
- Vale, Motter - dijo MacDonalds muy seriamente -. Sé que esto te va a asustar, pero Suburbius Blas...
- Ah, eso - dijo Larry -. Sí, ya sé que es un mago psicópata que quiere magopsicopatear conmigo -. Larry suspiró, cansado -. Oí a Arny Whisky contárselo a su mujer.
La profesora MacDonalds lo miró sorprendida.
- Ya veo. Bueno, entonces, como sé que eres un niño muy listo - carraspeó -, comprenderás por qué te voy a prohibir que vayas por las tardes a los entrenamientos de Cuidadín. Es muy arriesgado que estés allí fuera sólo con tus compañeros de equipo y Blas dispuesto a magopsicopatear contigo a la mínima...
- ¡Pero el sábado es el primer partido! - exclamó Larry -. ¡Tengo que entrenar, profesora! Ya casi he conseguido coger la snif una vez...
La profesora MacDonalds meditó durante unos instantes. Larry sabía que la profesora tenía muy mal perder, y quería que ganase Greypeor para refregárselo a Spice por la nariz. De hecho, había sido ella la que había propuesto a Larry como Snifador dos años atrás, cuando había visto a Larry persiguiendo a Malody por los aires montado en una bayeta de fregar, antes de enterarse de que se volaba sobre una fregona. Pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.
- Ermmm... - dijo la profesora MacDonalds, titubando -. Bueno... la verdad es que me gustaría ganar la Copa de Cuidadín... Además he puesto un "2" en la quiniela del sábado... De todas formas, Motter, estaría más tranquila si hubiese un profesor con vosotros mientras entrenas. Hablaré con la profesora Capitangarfio para que te vigile de cerca.
El tiempo empeoró conforme se acercaba el fin de semana, pero, aún así, el equipo de Greypeor entrenaba todas las tardes, a riesgo de pillarse siete pulmonías triples (cada uno), bajo la atenta mirada de la profesora Capitangarfio. Al final del entrenamiento del jueves, que, según el calendario de los magos, es el día que precede al martes, y éste el que precede al sábado (son un poco raritos estos magos, como ya habrán podido comprobar), Oliver Ybenji les dio una noticia no demasiado buena, por no decir bastante chunga:
- ¡No vamos a jugar contra Sulimoncín! - les dijo bastante cabreado -. El capitán, Marco Polo, acaba de venir a verme. Vamos a jugar contra Vayaplof.
- ¿Yeso? - preguntaron todos.
- Pues vaya plof... - dijo Brad.
- La excusa que me ha puesto Polo es que su Snifador todavía tiene el brazo lesionado - dijo Oliver, rechinando los dientes y haciendo un ruido que daba una dentera horrorosa -. Pero claro, la verdad es que no quieren jugar con este tiempo tan asqueroso, están acongojados los muy cobardicas.
Verdaderamente, el tiempo no podía ser peor; había soplado un viento horroroide durante todo el día, llovía inclementemente y el Instituto Mágico de Meteorología había anunciado nubes de evolución diurna, vientos de hasta 120 km/hora y precipitaciones de hasta 200 litros/metro cuadrado para el sábado. Tengan cuidado si vuelan y asegúrense de llevar cadenas en los puertos de la red principal y en las cercanías de la población de Jomemeo, lleven anticongelante y el depósito de la fregona lleno, y vuelen sólo si es absolutamente necesario. Precausióóón, amigo voladooooor...
- ¡No le pasa nada en el brazo! - se enfadó Larry -. ¡Malody está fingiendo!
- Lo sé, pero no lo podemos demostrar - respondió Oliver -. Así que tenemos que jugar contra Vayaplof. Y hemos estado practicando nuestra estrategia pensando en Sulimoncín... pero Vayaplof tiene una estrategia muy distinta. Tienen un nuevo capitán Snifador, Cerdik Diquesí...
En ese momento, Aceitina, Kampana y Alicia soltaron una risita súper ñoña.
- ¿Qué coo os pasa a vosotras ahora? - rugió Oliver, poniendo cara de limón.
- Es ese chico tan guapo, ¿no? - dijo Aceitina Johnsons.
- Y tan fuerte... - dijo Kampana Bell.
- Y callado... - suspiró Alicia Espinete.
- Es callado porque no tiene dos neuronas juntas para unir más de tres palabras seguidas - dijo Bred -. No sé de qué te preocupas, Oliver. Nos vamos a merendar a los de Vayaplof. La última vez que jugamos contra ellos Larry pilló la snif a los tres segundos...
Larry olvidó convenientemente recordarles que fue porque se había colocado justo encima de la caja de la que salían las 2.731 pelotas al inicio del juego, y la snif fue a caer en su bolsillo por casualidad.
- ¡Pero jugábamos en condiciones muy distintas! - se enfadó Oliver -. Cerdik Diquesí ha mejorado mucho el equipo. ¡Es un Snifador de pua madre! ¡No os confiéis! ¡Sulimoncín lo ha hecho adrede para evitar que ganemos la Copa de Cuidadín! ¡Hay que ganar a Vayaplof!
- Tranquilo, Oliver, que te va a dar un mal... - dijo Brad -. Nos tomamos muy en serio a los de Vayaplof...
- Sí... - corroboró Bred, y casi casi consiguió decirlo sin reirse.
El martes, es decir, el día anterior al partido del sábado, el viento se convirtió en un huracán con tornados incluidos, intenso aparato eléctrico de alto voltaje, precipitaciones inundantes y mucha mala leche. Los pasillos del castillo estaban tan oscuros que los alumnos iban dándose tortazos contra las paredes, los muebles y los demás alumnos. El equipo de Sulimoncín iba por ahí como si deseasen fervientemente jugar al día siguiente pero las circunstancias lo hubiesen impedido y no hubiese nada que les fastidiase más, aunque no engañaban a nadie, la verdad.
- Ay, si mi brazo no hubiese sido mordisqueado por una vaca con patas de tigre, cabeza de ratón, cola de castor y cuernos de rinoceronte... - decía Malody suspirando, mientras veía la lluvia golpear con fuerza el techo de metacrilato del Refectorium.
Larry no hacía más que preocuparse por el partido del día siguiente. Bueno, más que preocuparse, estaba francamente acoonado, el hombre. Entre clase y clase, Oliver Ybenji se le acercaba para darle consejos. En una de estas, Oliver habló tanto que Larry se dio cuenta de que llegaba diez minutos tarde a Contraataques Para Trucos Sucios, y echó a correr mientras Oliver chillaba:
- ¡Diquesí tiene un saque prodigioso, Larry! ¡Tendrás que hacerle una finta y regatearlo! ¡O hacerle falta peligrosa al borde del área...!
Larry llegó al aula de Contraataques Para Trucos Sucios, abrió la puerta y entró apresuradamente.
- Lo siento, profesor Lobatón, yo... - comenzó, y se detuvo repentinamente cuando se dio cuenta de que no era Lobatón el que lo miraba desde la mesa del profesor.
Era Spice.
- La clase ha comenzado hace diez minutos, señor Motter. Así que descontaremos... veamos... erl... dos por dos cuatro y me llevo tres y tres seis por seis treinta y seis... Cincuenta y ocho puntos.
- ¿Cómo ha llegado a esa cifra? - preguntó Mariangélica.
- Bueno, pues... - respondió Spice -. Diez por cinco cincuenta, y ocho, cincuenta y ocho.
- Vale, pues le daremos el gallifante - susurró Ron.
Larry no se movió de la puerta.
- ¿Dónde está el profesor Lobatón? - preguntó.
- Está un poco pocho y hoy no puede dar clase - respondió Spice, sonriendo -. Creo haberte dicho que te sientes. Por si se me ha escapado, te lo repito: siéntate.
Pero Larry estaba pasando por uno de sus momentos cabezones (en los que no había quien le hiciese entrar en razón) y siguió en la puerta.
- ¿Qué le pasa? - preguntó Larry.
- Le aqueja la jaqueca - respondió Spice -. Nada que haga que peligre su vida. Ocho por dos dieciséis y seis venticuatro puntos menos para Greypeor, y si te tengo que decir otra vez que te sientes te quito todos los puntos que seas capaz de ganar en los siete cursos que estarás aquí si el tiempo no lo impide y yo no consigo que te expulsen antes.
Larry creyó que era más inteligente abandonar su momento cabezón por el momento, valga la redundancia, y fue hacia su asiento.
- Decíamos ayer... - dijo Spice, pero Mariangélica lo interrumpió antes.
- Profesor, que esa frase no es suya...
- Cagóntó... ya la sabían... - dijo Spice en voz baja -. Bueno - continuó -. Como iba diciendo antes de que Motter nos interrumpiese, el profesor Lobatón no ha dejado ninguna indicación sobre cómo va esta clase ni sobre el temario que habéis dado...
- Profesor, hemos estudiado los Humpfreys, los gorros blancos, los Kakkas y los Quetedoys... - informó Mariangélica rápidamente -, y hoy íbamos a dar...
- A callar - dijo Spice -. Déjame regodearme en la falta de profesionalidad del profesor Lobatón, que es una de las pocas satisfacciones que tengo en mi insulsa y aburrida vida.
- Es el mejor profesor de Contraataques Para Trucos Sucios que he visto en mi vida - dijo Lean Dosmás -. Yo estoy pensando en fundar un club de fans...
El resto de la clase estuvo de acuerdo con él.
- Eso es porque sois una panda de inadaptados - dijo Spice -. Lobatón no os exige un gran esfuerzo... Bien, hoy vamos a ver... - fue pasando páginas del libro de texto hasta que llegó casi al final y se detuvo - ... los Lunnítopos.
- Pero profesor - dijo Mariangélica -. Todavía no nos toca ver los Lunnítopos... Estaba previsto que hoy comenzásemos con los Hippipunkis...
- Señorita Flanders: a callar - repitió Spice -, que la clase la doy yo. Vale, cachorros de humanoide. Abrid los libros por la página 394...
- ¡Lo compro! - exclamó Diezmil. Seamos le hizo callar con una llave de judo.
- ¿Quién me puede decir la diferencia entre un Lunnítopo y un pastel de frutas? - preguntó Spice. Todos guardaron absoluto silencio, excepto Mariangélica, claro, que levantó la mano.
- ¿Nadie? - dijo Spice, ignorando a Mariangélica -. ¿Es que el profesor Lobatón es tan mal docente que ni siquiera os ha enseñado las diferencias básicas...?
- Ya se lo hemos dicho - dijo Patati -. Todavía no hemos llegado a los Lunnítopos...
- ¡A callar! - gruñó Spice -. Bien, bien, bien... Así que los alumnos de tercero ni siquiera son capaces de distinguir entre un Lunnítopo y una tarta... Me encargaré de informar al profesor Chitichitibangbang de lo atrasados que vais y de lo retrasados que sois...
- ¡Por favor, profesor! - dijo Mariangélica, que tenía el brazo tieso de haberlo tenido levantado tanto tiempo -. Los Lunnítopos difieren de los pasteles de frutas en varias cosas: en primer lugar, no están hechos de harina, huevos y azúcar...
- Y dale... - dijo Spice -. Pero qué manía tienes de hablar, señorita Flanders. Van a ser... dos por tres seis entre dos tres por tres nueve por tres veintisiete mas tres treinta mas cuatro treinta y cuatro puntos menos para Greypeor por ser una empollonademielda.
Mariangélica se sentó y se puso a llorar como una niña pequeña. Ron le pasó un brazo por encima del hombro para consolarla, aún a riesgo de que Spice le quitase más puntos por infringir el Decreto Para la Moderada Limitación de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad, y dijo en voz alta:
- Pues si no quiere que le contestemos no haga preguntas, coo...
Spice le echó una mirada que habría hecho que un vaso de leche se convirtiera instantáneamente en un yogur, con bifidus activo incluido.
- Te quedas castigado, Whisky - dijo Spice -. Y si me vuelves a criticar aunque sea un poquito te echo un castigo que se te van a quitar las ganas de tener ganas.
- Hay que ver cómo se parece Spice a los Desertores... - murmuró Lean, mientras Ron se quedaba petrificado, al igual que el resto de la clase, que no se atrevió a moverse en lo que quedaba de la hora. Estuvieron el resto de la clase tomando notas sobre los Lunnítopos del libro de texto, mientras Spice se paseaba por entre las mesas metiéndose con ellos por las redacciones que habían entregado a Lobatón la semana anterior.
- Esto es un mojón... Aquí hay una falta de ortografía... ¿Qué significa que "el Quetedoy es como el Kakka pero má feo"? Menuda kaka de trabajo... ¿Y Lobatón te ha aprobado poniendo semejante barbaridad?... Esto no está bien: el gorro blanco jefe, comúnmente denominado "papá gorro blanco", está vestido de rojo y tiene la piel azul, los otros van vestidos de blanco y también son azules, y cantan las canciones del verano como si se hubieran tragado un globo de helio, no sé cómo pueden vender tantos discos...
Cuando por fin se acabó la clase, Spice dijo:
- Quiero que me escribáis una redacción de ochenta pergaminos sobre las maneras de reconocer y matar a un Lunnítopo. Para el lunes. Sus vais a enterar ahora que estoy yo al mando. Whisky, tú te quedas que vamos a hablar de tu castigo.
Larry y Mariangélica abandonaron el aula con los demás, que no esperaron ni un segundo para empezar a llamar cosas muy feas a Spice, pero cosas tan feas tan feas que, si hubiesen sido magos adultos y no meros estudiantes, probablemente Spice habría amanecido convertido en una ensalada de ingredientes inéditos.
- Spice nunca ha actuado así con otros profesores de Contraataques Para Trucos Sucios - dijo Larry, pensativo -. No lo hizo con Quarrusell, que tenía un gusto horrible para los gorros, y ni siquiera con Pochart, que era bastante insoportable, con esas plataformas que me llevaba... ¿Tendrá algo personal en contra de Lobatón?
- Ni idea - dijo Mariangélica -, pero espero que Lobatón se recupere pronto...
Ron los alcanzó cinco minutos más tarde, cabreadísimo y con cara de higo, pero de higo chumbo.
- ¿Sabéis lo que ese pedazo de +&$#+&$ (incluso Mariangélica, con la profesión que tenía su madre, se escandalizó) me ha mandado hacer? - gruñó Ron -. ¡Tengo que limpiar las letrinas! ¡Sin magia! - dijo con los dientes tan apretados que uno de ellos se le partió y tuvo que escupirlo -. ¿Por qué no se coló Blas en el despacho de Spice y ensayó con él las técnicas de tortura más sutiles y refinadas?
Al día siguiente (sábado), Larry se despertó tan temprano que en realidad seguía siendo martes. Por un instante pensó que había sido el viento lo que lo había despertado, pero en realidad había sido el cabroncete del duendecillo cachondo Pibes, que le había arrojado encima un cubo de agua con hielos flotando.
- ¿Po-por qu-qué has he-hecho eso? - preguntó Larry temblequeando. Pibes sonrió, arrojó el cubo encima de la cama de Ron (que no se despertó ni por esas) y salió dando volteretas mortales del dormitorio.
Larry intentó volver a dormirse, pero el vendaval de componente nor-nordeste con vientos de dirección variable y las precipitaciones intensas que habían suscitado la alerta de Protección Magil lo hicieron imposible (y el hecho de estar empapado en agua helada tampoco ayudaba, claro). Unas horas después se encontraría allí fuera, sobre su Limbo XXI, desafiando a la tempestad... Finalmente renunció a dormir de nuevo, se levantó, se puso la túnica de Cuidadín (que era igual que las que vestía normalmente pero de color rojo furcia), cogió su Limbo XXI y salió del dormitorio.
Cuando abrió la puerta notó que algo le rozaba la pierna. Se agachó justo a tiempo de ver a Crunchñam entrar en la habitación, y pudo pescarlo del cogote antes de que llegase a la cama de Ron, probablemente buscando un desayuno a base de Mikimaus.
- ¿Sabes? Creo que Ron tiene razón, eres un pequeño ijoeputa - dijo Larry mientras sacaba a un maullante Crunchñam del dormitorio y se dirigía al dormitorio de Mariangélica -. Hay muchos erizos por ahí, no tienes que comerte siempre a Mikimaus, el pobre...
Abrió la puerta del dormitorio de las chicas, metió a Crunchñam por la rendija y salió antes de que nadie pudiera recriminarle haber infringido tan claramente, con nocturnidad, premeditación y alevosía y con un gato verde el Decreto Para la Moderada Limitación de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad. Después, bajó las escaleras.
El viento se oía aún más fuerte en la sala común. Larry tenía demasiada experiencia para pensar ni por un momento que se cancelaría el partido. Los partidos de Cuidadín no se cancelaban por nimiedades como el huracán Paulina, el tornado Maripili o el ciclón Rosa María de las Mercedes, ni aún en el caso de que algún jugador saliera despedido por los aires y se perdiese entre las nubes. Ya aparecería tarde o temprano, y, si no, había muchos alumnos que querían jugar al Cuidadín...
Sin embargo, empezaba a preocuparse. Cerdik Diquesí era un chaval de quinto curso, bastante más alto que Larry, bastante más guapo que Larry, bastante más atractivo que Larry y bastante más todo que Larry (le entraban unas ganas tremendas de llevárselo de excursión a un cementerio para que algún enemigo ignoto le echase alguna maldición un poco jodida), y tendría muchas mejores opciones que Larry contra tantos accidentes meteorológicos con nombre femenino.
Larry pasó toda la noche frente a la chimenea, soñando con atrocidades que cometer con Cerdik Diquesí. Se le aparecieron en sueños en pocos segundos escenas en las que Diquesí se enfrentaba a un dragón gigante, se hundía en el lago de Jobart y se plantaba delante un bischo raro con pinzas y que escupía fuego, pero al despertar no recordaba nada de nada y el lector también debería olvidarlas porque al fin y al cabo esto es Larry Motter y el Prisionero de Ascodán y no Larry Motter y el Copón Cachondo. Todo llegará, inadaptados míos...
Al cabo de las horas le pareció que ya era hora de desayunar y salió por el agujero del retrato.
- ¡A mí, camaradas! ¡Uno de los rehenes intenta escapar! - gritó el teniente Cagonman.
- Ante la duda, la más teuda - dijo Larry bostezando.
Se despertó un poco tomando un tazón de Choco Tripis con leche, y, cuando ya había empezado a llevar una tostada con tanto psicotrópico, apareció el resto del equipo de Greypeor.
- Va a ser un partido bastante complicado - dijo Oliver Ybenji, sin comer nada.
- Deja de preocuparte, Oliver - dijo Alicia Espinete -. No nos asustamos por un poquito de lluvia, somos chicos valientes y aguerridos.
Pero es que era más que un poquito de lluvia, de hecho era un muchito de lluvia. El resto del colegio fue a ver el partido como de costumbre (que no podían quedarse tranquilamente a cubierto, como la gente normal un día tan malo...), y corrían por el prao hacia el campo de Cuidadín, agachando las cabezas para protegerse del feroz viento que arrancaba los paraguas de sus manos y los árboles de cuajo y los lanzaba a mala uva contra los que corrían.
Los miembros del equipo se cambiaron en el vestuario (menos Larry, que ya había ido cambiadito como un buen niño), un vestuario mixto, por cierto, aunque había contado con el visto bueno del Ministerio de Magia y del Departamento de Control de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad, y aguardaron el habitual speech de Oliver, pero Oliver parecía haberse tragado un ser reptante y viscoso porque lo único que hacía era poner caras muy raras sin emitir sonido alguno. Finalmente desistió y les indicó que lo siguieran.
El viento era tan fuerte que Larry tuvo que agarrarse de Bred Whisky cuando entraron en el campo. No oían nada con los truenos, no veían nada con la lluvia y no iban a ser capaces de volar de una forma más o menos digna con ese viento... Iba a ser un partido tremendamente absurdo.
Los de Vayaplof estaban más o menos en las mismas condiciones que ellos, aunque Larry se fijó en que Diquesí sonreía y parecía tambalearse menos con el viento, el muy enchufado.
- Montad en las fregonas - dijo la profesora Capitangarfio.
Larry intentó pasar una pierna sobre su fregona, pero la Limbo XXI no parecía tener la misma idea que él sobre lo que era un agradable paseo por el aire. El caso es que la fregona se encabritó y no hubo forma de subirse sobre ella.
- Venga, bonita, anda... - decía Larry en tono zalamero -, si total... sólo es un partidito de nada... Ya verás como no dura nada y luego te prometo que te peino la cabeza. ¡En serio!
La Limbo XXI siguió en sus trece cosa de diez minutos más, y, para cuando Larry consiguió convencerla y elevarse en el aire dando tumbos, el partido estaba en el descanso.
- Pues menudo plan... - musitó Larry, volviendo a descender. Oliver Ybenji se acercó hacia él con cara de pocos amigos.
- ¿Se puede saber qué coo estás haciendo, Larry? ¡He visto la snif por lo menos cuatro veces, y tú ahí abajo tomando el sol!
- Hombre, precisamente tomando el sol... - dijo Larry enjugándose el agua de las gafas -. La verdad, Oliver, es que no veo un carao. No te veo ni a tí, como para ver cualquiera de las 2.731 pelotas de las pelotas...
En ese momento Mariangélica corrió hacia ellos.
- ¡Ya sé lo que podemos hacer, Larry! - exclamó -. Dame tu fregona -. Larry le tendió la Limbo XXI, y Mariangélica le susurró algo en ese tono de voz que todos sabemos -. Ya está, ahora volará sin ningún problema. Ahora dame tus gafas -. Larry se las quitó y se las pasó. Mariangélica sacó la varita y apuntó hacia los cristales -. Cristasol -. Musitó -. Hala, ahí las tienes. En teoría tienen que repeler el agua... Si ves que sigues teniendo problemas, me avisas y le echo el hechizo Mistol Secado Rápido, que es más potente. Y no me mires así, que no te voy a pedir que me des más prendas de ropa.
Se dio la vuelta y se dirigió hacia las gradas del estadio.
El hechizo de Mariangélica funcionó: Larry pudo montar en su escoba tranquilamente, y además la lluvia resbalaba sobre los cristales de sus gafas sin empañarlos, con lo cual pues, mal que bien, podía ver algo. Seguía empapado y temblequeaba como una criatura pero por lo demás todo iba bien.
Continuaron el partido, y Larry hizo lo que solía hacer en todos los partidos: quedarse al margen y esperar a que apareciese la snif y a ver si tenía algo de suerte y era capaz de cogerla antes que Diquesí. El puesto de Snifador era el más aburrido hasta que aparecía la snif, que era cuando la cosa se ponía realmente interesante porque en realidad las otras 2.730 pelotas no pintaban nada en el juego, la snif era la que daba la victoria a un equipo (el mago que inventó las reglas del Cuidadín era un caso grave de encefalopatía espongiforme).
Larry pululó por la parte alta del campo esperando ver un destello color lila por algún lado (la snif era lila, por si no lo he mencionado antes). En estas que miró para el público que observaba el espectáculo y vio, en la parte de arriba de las gradas, una sombra con ojos y dientes, algo que desde luego no era nada normal en ninguna circunstancia pero mucho menos a plena luz del día (por decir algo) y en un estadio abarrotado de gente. Así que le dio mucha canguela, como solía ocurrirle en estas situaciones, y estuvo a punto de caerse de la Limbo XXI.
- ¡Laaarrrrrryyyyyyyy! - gritó Bred Whisky -. ¡A tu izquierdaaaaaaaa!
Obviamente Larry miró a su izquierda y vio a Cerdik Diquesí lanzarse en picado hacia una manchita de color lila que se vislumbraba en la parte de abajo de uno de los postes decorativos del extremo del campo. Larry se lanzó detrás de él, instando a su Limbo XXI a acelerar todo lo que pudiese y prometiéndole toda clase de limpiezas y barnizados si lo atrapaban.
Pero algo sucedió de pronto. Larry notó que su fregona empezaba a aminorar la marcha sin razón aparente... Intentó obligarla a acelerar, pero al instante siguiente se preguntó por qué razón tendría que acelerar la pobre, si no quería hacerlo...
Miró hacia donde Cerdik Diquesí se acercaba cada vez más a la snif, y pensó: ¿Y ese qué hace, aónde va a esa velocidad? Y luego sintió que se le quitaban las ganas de correr detrás de él. También se le quitaron las ganas de volar encima de una fregona, y, momentos después, se le quitaron las ganas incluso de estar subido en esa fregona, qué idiotez, así que, graciosamente, se dejó caer desde una altura de 20 metros. Y claro, se desmayó de la hottia que se metió contra el suelo.
- Hay que ver con qué gracia y tronío ha caído el chaval...
- Se podía haber quedado tonto para el resto de su vida.
- Bueno, mucha diferencia no iba a haber...
- ¡Pero si ni siquiera se ha roto las gafas!
- Eso debe ser cosa del hechizo Cristasol...
- Es que ya no hacen las cosas como antes.
- Claro, como que estas gafas deben ser de cuando hizo la Primera Comunión...
Larry oía las voces, pero no le apetecía demasiado abrir los ojos y hacer el esfuerzo de contestarles, así que permaneció en silencio intentando volver a dormirse. Pero también le parecía que volver a dormirse era demasiado esfuerzo, así que al final no tuvo ganas de hacer una cosa ni otra.
Alguien le embutió una cosa alargada y dura en la boca. (¡¡¡Eh, sin pensar mal, que era un palolú!). En ese momento a Larry le entraron unas ganas locas de hacer muchas muchas muchas cosas, como escribir un libro, plantar un árbol, viajar en globo, tener un hijo...
Abrió los ojos y olvidó ese último deseo cuando vio a Brad y Bred Whisky inclinados sobre él. Se apartó un poco y, con la perspectiva, descubrió que estaba en la enfermería, y que todo el equipo de Greypeor se encontraba alrededor de su cama, todos ellos llenos de barro hasta las orejas. También estaban allí Ron y Mariangélica, bastante mojados ambos dos.
- ¡Larry! - exclamó Brad, con cara de susto -. ¿Qué tal estás?
Larry se estaba haciendo la misma pregunta.
- Bué... ¿Qué pasó? - preguntó.
- Te caíste - respondió Brad -. De unos veinte metros, centímetro arriba o abajo...
- Creímos que te habías matado... - susurró Alicia Espinete con lágrimas en los ojos. Mariangélica tenía los clisos tan hinchados como los coladores de la profesora Tremendi.
- ¡El partido! - chilló Larry, a quien le habían vuelto las ganas de jugar y estaba ansioso por perseguir snifs lilas -. ¿Cómo acabó?
Nadie respondió. Larry, que no era tan tonto como pueda parecer, comprendió la verdad.
- ¿Hemos... perdido?
- Este...
- Bueno...
- ¿Qué es perder, al fin y al cabo?...
- Lo importante es participar...
- Verás, es que...
- ¿¡Queréis contestar! - se enfadó Larry.
- Cerdik Diquesí atrapó la snif - respondió Bred -, cuando te caíste. Luego miró hacia atrás y te vio espanzurrado en el suelo y quiso que se anulase el partido...
- Qué caballero - suspiró Kampana Bell.
- ...pero incluso Oliver ha admitido que ganaron limpiamente, sin hacer más trampas de lo normal y eso.
- ¿Dónde está Oliver? - preguntó Larry.
- Creo que estaba intentando métodos de suicidio en el cuarto de baño - Bred se encogió de hombros.
Larry puso cara de funeral. Así que Cerdik Diquesí había conseguido atrapar la puñetera snif... Brad le agarró de un hombro y lo zarandeó un poquito, eso sí, sin acritud.
- Tú no tienes la culpa, Larry - dijo Brad, zarandeándolo incluso con más fuerza todavía y con cara de culparlo de todo lo que había ocurrido en el mundo desde la Primera Guerra Mundial.
- Es la primera vez que no coges la snif...
- Tenía que ocurrir alguna vez...
- Todavía no hemos perdido la Copa de Cuidadín - dijo Bred -. Hemos perdido contra Vayaplof por cincuenta puntos, y si Vayaplof gana a Sulimoncín por ochenta y tres y Rumbaolé gana a Vayaplof por ochenta y cinco y nosotros ganamos a Rumbaolé por más de cien y Sulimoncín gana a Rumbaolé por más de trescientos pero menos de trescientos cinco y entonces...
- Vayaplof tendrá que ganar a Sulimoncín por una variable de más menos ochenta-noventa.
- Sí, pero entonces Rumbaolé tendría que ganar a Vayaplof por menos de cien pero más de noventa y cuatro...
- Siempre y cuando sea en campo contrario...
- Sí, porque si juegan en casa tendrán que ser más de doscientos pero menos de trescientos quince...
- Y hay que tener en cuenta que Sulimoncín tiene que perder contra nosotros por una diferencia de más de ciento cincuenta puntos...
- Pero según los resultados de la primera vuelta...
- Claro, el resultado parcial debería ser de entre ochenta y trescientos tres puntos de diferencia...
- Si vemos la derivada de ene elevado al cubo más tres...
- No tiene nada que ver, es una cuestión de límites cuando e tiende a infinito...
- No, porque la fórmula de la integral de equis más uno partido de equis es igual a...
- Siempre que equis sea igual o mayor que cinco, porque si no...
Larry guardaba silencio (fundamentalmente porque no se enteraba de nada; las matemáticas nunca habían sido lo suyo). Había perdido un partido de Cuidadín por primera vez en su corta carrera profesional. Sentía una autocompasión brutal.
Unos minutos después apareció la señora Pompis y les echó de buenas maneras a todos a la calle.
- ¡Hala, fuera de aquí ahora mismo todos o sus pego un garrutasu que sus mato a tós! ¡Este chico tiene que descansar!
- ...pero es que el exponente de e es cero!
- ¡Entonces es infinito!
- ¡No, uno!
- ¡No tienes ni idea!
Ron y Mariangélica se quedaron con Larry, que pa eso eran sus mejores amigos y tenían permiso de la señora Pompis.
- Chitichitibangbang está muy enfadado - dijo Mariangélica -. Corrió hacia el campo mientras caías y te puso justo debajo un colchón de plumas de esos blanditos blanditos...
- Pero... ¿Por qué me caí? - preguntó Larry.
- ... y luego echó a los Desertores con un hechizo raro, salió un rayo rojo de su varita o algo así...
- Ah, claro, Desertores... - musitó Larry. Desertores... claro, tenía que haberlo supuesto, él siempre tenía ganas de hacer cosas excepto cuando se le aparecían los puñeteros Desertores. (¿Veis? No era tan tonto como parecía a primera vista...). Alzó los ojos y miró a Mariangélica.
- ¿Alguien ha traído mi Limbo XXI? - preguntó.
Ron y Mariangélica se miraron.
- Este...
- Bueno, verás...
- Uy, qué tarde es, me tengo que ir...
- Sí, yo también... Una cita ineludible...
- ¡Uey! - berreó Larry -. ¿Qué pascha?
- Bueno, verás... -dijo Mariangélica -. Cuando te caíste... Se la llevó el viento.
Cosa normal, claro, con el huracán Paulina Maripili Rosa María de las Mercedes dando por cuo de aquella manera.
- ¿Y?
- Y bueno... chocó... chocó contra la Higuera Judoka.
Larry guardó silencio mientras Ron le echaba encima de su cama una astillita de madera recubierta de plástico azul y un trozo de bayeta amarilla en la que se leía Ballerina... Lo que quedaba de su cabezona y cobardica pero siempre fiel fregona voladora.
