- CAPÍTULO 10 -
El dispositivo GPS
La señora Pompis tuvo a Larry confinado en la enfermería todo el fin de semana. Eso, unido a la sobredosis de palolús, hizo que nuestro héroe casi se volviera loco de inactividad, por lo que cuando por fin le dieron el alta fue hasta la sala común de Greypeor pegando botes en el suelo, las paredes, el techo y los alféizares de las ventanas todo el camino para descargar la energía sobrante.
Y eso que no estuvo solo casi en ningún momento en todo el fin de semana... Ron y Mariangélica se habían abonado a la enfermería y faltó poco para que durmieran con él la noche del sábado. El equipo de Greypeor volvió a visitarlo el miércoles (día siguiente al sábado según el calendario de los magos. Sin comentarios...), esta vez acompañados de Oliver Ybenji, que se pasó todo el rato que estuvo de visita suspirando como alma en pena y hablando con voz de muerto viviente. Roderick le envió una planta carnívora que estuvo a punto de merendarse sus deditos una vez más (lo de Roderick era pura fijación...), y Ginebra Whisky apareció por allí la mañana del miércoles, roja como un tomate pasado, con una caja de bombones que cantaban a voz en grito cada vez que los mordías y que estuvieron a punto de producirle a Larry una parada cardiorrespiratoria.
Pero Larry estaba preocupado por cosas mucho más interesantes que el partido de Cuidadín (aunque había que reconocer que le jodía mogollón haber perdido contra Cerdik Diquesí) y su Limbo XXI (que, aunque era una fregona muy maja, la verdad era que pasaba más tiempo intentando convencerla para que volase que volando realmente).
No había hablado a nadie de la sombra con ojos y dientes que había ido a verlo el día del partido; estaba un poco acongojado, pensando que quizá la profesora Tremendi tenía razón y la sombra en cuestión era un Perrault dispuesto a conseguir que palmase... del susto o de lo que fuese. Las dos veces que había visto al puñetero Perrault había estado a punto de morir arrollado por el Autobús Transportaángulos y chafado en el suelo de la cancha de Cuidadín... Y todo por una sombra con ojos y dientes... ¿Sería cierto que el bischo ese era capaz de augurar el viaje de los magos al otro barrio?
Y también estaban los Desertores... ¿Por qué le afectaban tanto? Cuando habían aparecido en el TALGO, Larry había sido el único en todo el vagón que se había desvanecido cual damisela con el corsé demasiado apretado... Y en el partido de Cuidadín había cienes y cienes de personas rodeándolo, pero él había sido el único que se había dejado caer de la escoba... ¿Acaso era un perezoso en potencia y por eso cada vez que había un Desertor cerca sentía ganas de dejarse llevar por la inactividad más absoluta?
Como pensar le daba dolor de cabeza, y más pensar mal de sí mismo, no lo pensó mucho rato, pero el rato que lo pensó se le puso una mala leche de toma pan y moja.
Fue un alivio regresar el lunes (el único día, junto al sábado, que estaba puesto en su sitio en el calendario de los magos), un alivio, digo, volver al bullicio del colegio. Aunque claro, una vez fuera de la enfermería no podía esconderse de Trago Malody, que estaba de un humor totalmente efervescente y chispeante y burbujeante y todo lo que se os pueda ocurrir por la humillación de Greypeor en el partido de Cuidadín. La siguiente clase de Posesiones se la pasó haciendo el gili por todo el aula, gritando cosas del estilo de ¡Soy un Desertor! ¡Ni excedente de cupo ni insumiso ni objetor de conciencia, eh? ¡Soy un Desertor! y riéndose de Larry, pero se puso tan pesado que Ron le tiró una biblia precatecumenal a la cabeza y consiguió que Spice le quitase dos por dos cuatro y dos seis por seis treinta y seis más doce cuarenta y ocho puntos a Greypeor.
- Si Spice vuelve a dar clase de Contraataques Para Trucos Sucios le vomito en la cara - dijo Ron mientras se dirigían hacia el aula de Lobatón, después de comer -. Vete de avanzadilla, Mariangélica.
Mariangélica avanzó hacia la puerta de la clase con el cuerpo pegado a la pared y la mano derecha imitando una pistola, tarareando la música de Misión:Imposible. Se acercó a la puerta, la entornó con cuidado, sacó un espejito de los de dentista y lo metió por la rendija para observar el interior de la clase sin ser vista.
- ¡Chachi! - exclamó, e hizo señas a Ron y a Larry para que se acercasen. Entonces abrió la puerta del todo y entró en el aula, seguida por ellos dos.
El profesor Lobatón había vuelto a clase. Tenía cara de haber pasado una enfermedad del tipo tuberculosis o tisis o algo parecido, estaba pálido como un zombi pálido y la túnica que había elegido aquel día le quedaba bastante mal a la cara. Aún así, los componentes femeninos de la clase lo miraban como si fuese por lo menos por lo menos George Clooney o Leonado Di Caprio. Había que reconocer que, mala cara o no, siempre sería muchísimo más atractivo que Spice... Claro que eso tampoco era muy difícil.
Lobatón sonrió a los alumnos mientras se sentaban, y ellos comenzaron en seguida a poner a Spice a caer de un burro.
- Menudo pedazo de capullo...
- Nos ha mandado hacer una redacción...
- Pero no habíamos dado todavía los Lunnítopos...
- ¡...ochenta pergaminos!...
- No sabemos nada sobre los Lunnítopos...
- Ni sobre nada, pa ser sinceros...
- Y encima nos quita puntos...
- ¡...ochenta pergaminos!...
- Qué malfoao...
- Frustrao de mielda...
- Como no se come un colín...
- ¡...ochenta pergaminos!...
- Vale, tío, ha quedado claro lo de los ochenta pergaminos...
- ¡Lo compro!
- Grrrr...
- ¿Le dijísteis al profesor Spice que todavía no habíais llegado ahí? - preguntó Lobatón con el ceño fruncido y cara de machacar cabezas.
- Sí, pero nos llamó retrasados...
- Dijo que usted era muy mal profesor...
- Que se había sacado el título de docente en una feria...
- Que le había salido en un tigretón...
- ¡...ochenta pergaminos!...
- Hay que joerse...
El profesor Lobatón sonrió ante el cabreo generalizado de la clase.
- No os preocupéis, hablaré con el profesor Spice para que no tengáis que hacer el trabajo sobre los Lunnítopos.
- ¡Cagóntó! - exclamó Mariangélica -. Ya lo he hecho...
La clase fue bastante entretenida. El profesor Lobatón había llevado su ya famosa pecera con un Hippipunki, una especie de lagartija de color malva que se sostenía sobre una sola pata y que tenía un símbolo de la paz grabado en la frente.
- Atrae a los viajeros a las comunas Hippies, ¿veis? - dijo Lobatón -. Les sale al paso, empieza a cantar Haz el amor y no la guerra y, cuando los viajeros lo siguen, salta sobre ellos y...
El Hippipunki hizo un sonido harto extraño, que ninguno de los que estaba en la clase supo reconocer por culpa de la reglamentación ministerial.
- ...bueno - continuó Lobatón -, creo que os lo explicaré cuando esté seguro de que no me han puesto un sistema de escuchas ilegales en el aula. Podría meterme en un lío...
Al sonar el timbre, todos se dirigieron a la puerta, pero Lobatón hizo señas a Larry para que se acercase.
- Ven un segundo, Larry - dijo Lobatón, mientras cubría con un paño la pecera del Hippipunki para que se callase y dejara de hacer ruiditos curiosos -. He oído lo del partido de Cuidadín... Y lo de tu fregona. ¿Se puede arreglar?
- Ni de coña - dijo Larry -, a menos que con un trocito de madera y un cacho bayeta se pueda volar... Puo árbol...
Lobatón suspiró.
- Plantaron la Higuera Judoka el año que yo vine a estudiar a Jobart... - dijo Lobatón con nostalgia -. La verdad es que era una planta con una mala uva de cagalse, se dedicaba a perseguirnos por el prao y a hacernos llaves extrañas cuando menos lo esperábamos... Ahora está más tranquilita, pero sigue siendo una auténtica cabrona. Ninguna fregona habría podido salir ilesa de un enfrentamiento con ella.
- ¿Ha oído también lo de los Desertores? - preguntó Larry haciendo un esfuerzo.
- Sí... Me han comentado que hacía mucho tiempo que nadie veía tan encabronado al profesor Chitichitibangbang. Los Desertores están jodidos porque no les deja moverse de la puerta de Jobart... Por eso iniciaron un motín el sábado y fueron al partido a dedicarse al pillaje y la destrucción. Te caíste por ellos, ¿verdad?
- Sí - admitió Larry. Se quedó calladito un rato y luego preguntó: - ¿Por qué me afectan de esa manera? ¿Soy un perezoso de mielda...?
- No tiene nada que ver - dijo Lobatón con firmeza -. Los Desertores tienen ese efecto en las personas... Les quitan las ganas de tener ganas. En tu caso, se te quitaron las ganas de seguir montado en tu fregona, y por eso te dejaste caer. A tí te afectan más que a la mayoría porque, cuando te atacó Lord Boquerón cuando eras un bebé, te traspasó algunos de sus poderes...
- Eso ya lo he oído en alguna parte - dijo Larry -. Creo que el profesor Chitichitibangbang me lo dijo el año pasado cuando me explicó por qué podía hablar Paracelso... Ya sabe, el lenguaje científico-técnico...
- Sí - dijo Lobatón -. Y también te pasó su hipotensión, que hace que, cuando tomas algún medicamento depresivo o alcohol o algo similar, o cuando te enfrentas con los Desertores, te baje la presión arterial y tengas menos ganas que nadie de hacer cosas.
- Así que me afectan más los Desertores...
- Porque Lord Boquerón es hipotenso.
- Ah...
- Los Desertores son de las criaturas más asquerosas y regpugnantes que te puedes encontrar, Larry. Suelen ir en grupos, y buscan aprovecharse de los recursos y el trabajo de otras personas. Sin embargo, su mayor arma es la que utilizan contigo: quitar a la gente toda su iniciativa, todas las ganas que pueda tener de hacer cualquier cosa, hasta convertirla en un perezoso de mielda o en un Desertor como ellos. Y tú, con la hipotensión que has heredado de Lord Boquerón, eres mucho más sensible a sus efectos.
- Cuando se acercan a mí... - susurró Larry -, ni siquiera tengo ganas de respirar...
Lobatón miró a Larry con tristeza.
- Ascodán debe ser horrible... - dijo Larry. Lobatón asintió.
- La cárcel está en un arrecife coralino de los mares del sur. Un lugar paradisíaco que invita a la pereza y la desidia... Y con los Desertores como guardianes, pronto los que están allí confinados dejan de preocuparse incluso por comer, con tal de no hacer el esfuerzo. Desde luego, nadie levanta un dedo ni para ir al servicio, lo que, dicho sea de paso, es una asquerosidad, mucho menos van a hacer el más mínimo movimiento para escaparse de allí...
- Pero Suburbius Blas escapó... - dijo Larry.
Lobatón dejó caer la pecera con el Hippipunki y tuvo que agacharse para recogerla.
- Sí - dijo, incorporándose -. Blas debe haber encontrado la fómmula para hacerle frente a la desgana. Algo increíble... En teoría, los Desertores son capaces de que se atrofien los poderes del mago de no usarlos...
- Pero usted ahuyentó a aquel Desertor en el TALGO - dijo Larry.
- Bueno... - dijo Lobatón, modesto, bajando la mirada -. Hay algunas defensas que se pueden usar contra un Desertor. Pero cuantos más sean, más difícil es ahuyentarlo...
- ¿Qué defensas? - preguntó Larry inmediatamente -. ¿Una llave de judo? ¿Una raya de coca para acelerarte? ¿Un garrutasu en la cabeza como los de la señora Pompis?...
- No soy un experto en la lucha contra los Desertores, Larry... - dijo Lobatón.
- ¡Pero si aparecen más Desertores en los partidos de Cuidadín voy a acabar sonado de tanta hottia contra el suelo! - exclamó Larry.
- Pero es que yo...
- ¡Porfi porfi porfi porfi porfi porfi!
- Pero...
- ¡Porfi porfi porfi porfi porfi poooooooorfiiiiiiii...!
Lobatón vio que Larry se iba a poner tan pesado que era mejor darle largas.
- Bueeeno, está bien... Pero no puedo enseñarte hasta después de Navidad, ¿eh? Que tengo muchas cosas que hacer... Ya sabes, el trabajo... Yo... - suspiró -. Elegí un mal día para dejar de esnifar pegamento.
- ¿¡Cómo!
- Digoo... que elegí un mal momento para ponerme enfermo...
Con la promesa de las clases anti-Desertores y la derrota de Vayaplof frente a Rumbaolé, el estado de ánimo de Larry mejoró considerablemente, porque Greypeor no había perdido todas las posibilidades de ganar la Copa de Cuidadín (no vamos a decir de nuevo las estadísticas porque sería un poco complejo, pero el caso es que si ganaban todos los partidos que quedaban, Rumbaolé perdía contra Sulimoncín, Sulimoncín contra Vayaplof y se producía una extraña confluencia planetaria, podían hacerse con el título).
Oliver Ybenji volvió a su obsesión entrenamientil y convocó al equipo a todas horas, la mayor parte de los días bajo una llovizna helada que amenazó con llevarlos a todos a la enfermería con una gripe vírica compartida.
Dos semanas antes de Navidad el cielo se aclaró de repente, volviéndose de un blanco opaco. Los terrenos del colegio aparecieron una mañana llenos de escarcha. (Lo de hablar del tiempo es un recurso estilístico estupendo para hacer notar el paso del tiempo valga la redundancia, y también para cambiar de tema - Nota del Autor). Dentro de Jobart había ambiente navideño. El profesor Flipaín, el profe de Embobamientos, ya había decorado su aula con bolas de Navidad parlantes que se movían y revoloteaban entre los alumnos, que, cuando se las estudiaba de cerca, resultaban ser exactamente lo que parecían (bolas de Navidad parlantes que se movían y revoloteaban).
Los alumnos comentaban sus planes para vacaciones. Ron y Mariangélica se iban a quedar en Jobart, y, aunque Ron alegó que era porque no podía soportar a Piercing, que tenía una de sus etapas Borjamari más profundamente insoportables, y Mariangélica dijo que no podía pasar dos semanas sin ir diariamente a la Biblioteca, Larry no se dejó engañar: se quedaban para hacerle compañía (ya que Larry ni de coña iba a ir a pasar las Navidades con tío Mamon y tía Putunia y primo Ashley, vamos, ni que estuviera loco), y él se sintió muy agradecido y compuso una Oda a la Amistad que luego no se atrevió a leerles (y menos mal, porque podía haber arrancado de cuajo la citada amistad).
Para satisfacción de todos y nueva caída depresivo-deprimente de Larry, había programada otra excursión a Jomemeo el último fin de semana del trimestre.
- ¡Podemos hacer allí todas las compras de Navidad! - exclamó Mariangélica -. ¡A mi madre le encantaría el nuevo teléfono sin cuota de alta ni mensualidades de Trolofónica!
- Pague sólo por lo que llame - dijo Ron con voz de presentador de programa vespertino de testimonios de TVE.
- Y cobre por lo que le llamen... - dijo Mariangélica con voz de mamá de Mariangélica.
- Hala, otra vez la fiebre consumista... - se quejó Larry con voz de Larry muerto de asco.
Resignado a ser el único pardillo de tercero que no fuese a Jomemeo, Larry pidió prestado a Oliver Ybenji el catálogo de Fregonas de la Hottia y Otras Milongas para el Cuidadín y se dispuso a pasar el día eligiendo qué fregona comprarse con la millonada que sus padres, Lames y Lula Motter, le habían dejado en Gringos, el banco de los magos (nunca se había preguntado cómo habrían conseguido semejante pastón sus padres, y, cada vez que lo pensaba, se convencía más profundamente de que lo más conveniente era no planteárselo mucho).
La mañana del sábado de la excursión, Larry se despidió de Ron y de Mariangélica, que iban tan abrigados que parecían Nanuk El Esquimal y su fiel compañera, y subió solito y envuelto en autolamentos por las escaleras de mármol que llevaba a la torre de Greypeor, escuchando a VonTrap enseñando a los alumnos que marchaban hacia Jomemeo una canción que sonaba tal que como Do es trato de varón, Re selvático animaaaaaaal, Mi denota posesión, Fa es lejos en inglééééééés, o sea, un jorror. VonTrap debía haber pasado su infancia en la única compañía del Sombrero Seleccionador Iñakisáez.
- ¡Uey, Larry!
Se dio la vuelta cuando se disponía a subir al cuarto piso y vio a Brad y a Bred Whisky escondidos detrás de la estatua de una bruja que estaba para mojar pan.
- ¿Qué hacéis? - preguntó Larry con curiosidad, y miró a la bruja estupenda con aún más curiosidad -. ¿No vais a Jomemeo?
- Hemos venido a darte una alegría pal cuerpo antes de irnos... - dijo Bred, señalando la estatua de la bruja de bandera y guiñándole un ojo.
- Este... Creo que no lo haría con una señora de piedra por muy estupenda que esté, ya puestos a infringir el Decreto para la Moderada Lim...
- Calla y entra aquí - dijo Brad.
Señaló con la cabeza la puerta de un aula a la derecha de la bruja rechupeteable. Larry entró detrás de Brad y Bred, desconfiado: no sabía si prefería infringir el Decreto con una estatua o con Brad y Bred. Éste último cerró la puerta sigilosamente y se volvió para mirar a Larry con una amplia sonrisa.
- Un regalito de cumpleaños, Larry - dijo.
- Si mi cumpleaños es en julio...
- Pues del Día de los Disfraces Absurdos.
- Ya ha pasao...
- Bueno, pues de Navidad.
Fred sacó algo de debajo de la capa y lo puso encima de la mesa. Era un pergamino tamaño póster, cuadrado y algo sucillo. Larry, sospechando una nueva broma de mal gusto de Brad y Bred, lo miró detenidamente.
- ¿Yetoquée? - preguntó.
- Eto - dijo Brad -, es el secreto de nuestro éxito - acarició el pergamino cariñosamente, lo que hizo que Larry pensase por un momento que le había dado una trombosis cerebral.
- Nos cuesta mucho separarnos de él - dijo Bred -, pero creemos que tú lo necesitas más que nosotros.
- Además, nos lo sabemos de memoria.
- ¿Y para qué coones quiero yo un cacho papel? - se extrañó Larry.
- ¡Un cacho papel! - exclamó Brad, poniendo cara de haberse bebido un vaso de algo putrefacto -. ¡Infeliz! ¡No sabes lo que dices! Explícaselo, anda, Bred, que a mí me da la risa.
- Verás, Larry - empezó Bred -. Cuando estábamos en primero y éramos dos bellas princesitas inocentes...
Larry comenzó a escojonarse de la risa al imaginarse a Brad y a Bred vestidos de Barbie en el Cascanueces.
- Bueno, éramos más inocentes que ahora, se entiende... - continuó Bred -. El caso es que tuvimos un problemilla con VonTrap...
Larry se imaginó que el "problemilla" incluía algún tipo de explosivo ilegal o arma de destrucción masiva deflagrándose a sí misma en algún pasillo de Jobart.
- Así que nos llevó a su mazmorra y empezó a amenazarnos con el habitual...
- ...castigo...
- ...de descuartizamiento...
- ...y claro, en esas que vimos un sobre sospechoso saliendo de uno de sus cajones...
Larry sintió que la historia le era familiar: él mismo había mangado un sobre que ponía Hechizomurrápido del despacho de VonTrap un año antes.
- El caso es que en el sobre ponía algo así como Top Secret, vete tú a saber lo que significará - (vaya mieldaingleses) -, y claro, eso nos excitó la imaginación...
- No me digas... - dijo Larry irónicamente.
- Bueno, ¿qué habrías hecho tú?
Llamar a Micky Casi Defenestrado pa que le dijese a Pibes que estampase un armario justo encima, pensó Larry.
- Bred se encargó de tirar otra Bomba Atómica, y mientras tanto yo cogí el sobre.
- Y dentro... tenía esto - Bred señaló el pergamino.
- ¿Y sabéis utilizarlo?
- Sí - sonrió Brad -. Esto es una maravilla de mundouniverso y sabe más que MacDonalds y Chitichitibangbang juntos.
- Estás de coña.
- Nop -. Bred sacó la varita y golpeó el pergamino -. Te lo juro por Arturo y por la Gloria de mi Padre: hoy la voy a liar.
Inmediatamente, en el pergamino comenzaron a aparecer unas líneas de tinta que se extendieron por toda su superficie hasta formar una figura que a Larry le era vagamente familiar. En la parte superior, unos caracteres de imprenta formaron las palabras:
Los geniales, únicos, magníficos, insuperables, afamados
y nunca bien ponderados
Coca-cola, Porrete, Cornudo y Chalao,
presentan
EL DISPOSITIVO GPS
- ¿Qué significa "dispositivo GPS"? - preguntó Larry.
- Dispositivo Genial Pensado para Saraos - respondió Bred.
Y realmente era ideal para planear cualquier tipo de infracción de las reglas: era un mapa de Jobart a todo detalle, con sus muritos, sus escaleritas, sus habitacioncitas, sus cuartitos de baño, sus aulitas, sus cocinitas, sus jardincitos, su Refectoriumito... Lo más chulo de todo eran las motitas de tinta que mostraban a todos los ocupantes del castillo. La verdad es que era un puo follón, porque había tal cantidad de gente pululando por allí que había más motitas que su pua madre con perdón, pero aún así hay que reconocer que era muy útil. Después de unos segundos intentando desentrañar el movidón de motitas, Larry pudo distinguir al profesor Chitichitibangbang moviéndose por su estudio, a Pibes pegando botes por el pasillo del primer piso y a las motitas que representaban a Patati Patí y a Seamos Sensatos en la torre de Greypeor, concretamente en el dormitorio de los chicos, muy juntitas una de la otra y moviéndose rítmicamente.
Después de un pequeño esfuerzo mental que le llevó sorpresivamente a relacionar las figuras que había tomado el Humpfrey con Patati y Seamos durante la primera clase del profesor Lobatón, e inmediatamente después a concluir que era necesaria una urgente reforma de la legislación ministerial, Larry se percató también de que había una serie de túneles que no conocía, y que parecían llevar...
- Justamente a Jomemeo - dijo Brad, satisfecho, señalando los túneles -. Hay siete en total. Bueno, VonTrap conoce estos cuatro - señaló tres túneles; las matemáticas tampoco habían sido nunca el fuerte de Brad -. Estos tres los hundimos nosotros el año pasado con un par de granadas de mano - señaló un túnel -. Este otro está justo debajo de la Higuera Judoka, así que no te aconsejo que intentes utilizarlo. Y éste está ocupado por una colonia de Mormones. Pero éste - señaló un túnel que parecía salir precisamente desde la estatua de la bruja tiobuenorra de al lado de la puerta - está en perfectas condiciones. Lleva a los sótanos de Joneiduques.
- Coca-cola, Porrete, Cornudo y Chalao... - suspiró Bred -. Qué tíos tan grandes...
- Les debemos tanto...
- Deberíamos hacerles un monumento.
- Declararles Hombres Grandes.
- El Premio Nobel de la Magia...
- El Óscar a la Mejor Realización...
- El...
- Vaaale, me lo queeedo... - dijo Larry -. No hace falta que me lo sigáis vendiendo.
- De acuerdo. No olvides borrarlo después de utilizarlo - dijo Brad -. Si no, cualquiera será capaz de leerlo.
- Sólo tienes que tocarlo con la varita y decir: ¡Ya la hemos liao!, y se borrará.
- Así que, te lo juro de verdad osea, sé bueno y temeroso del Señor y no olvides lavarte detrás de las orejas - dijo Brad imitando a Piercing.
- Nos vemos en Joneiduques... - dijo Bred guiñándole un ojo.
Salieron del aula, sonrientes.
Larry se quedó mirando el pergamino. Estuvo un buen rato observando las motitas de Patati y Seamos, mientras pensaba que, si los túneles no salían al exterior, no tendría que pasar junto a los Desertores... Luego pensó que el señor Whisky le había dicho, un año antes: No confíes en nada que piense si no ves dónde tiene el cerebro. Luego pensó que eso se podía aplicar a Spice, a MacDonalds, a Flipaín, a Lobatón, a Sputo, a Tremendi, a la señora Pompis, a Roderick, a VonTrap, a Malody, a Cras, a Voy, a Pasty, a Marco Polo, a Oliver, a Alicia, a Aceitina, a Kampana, a Brad, a Bred, a Ginebra, a Piercing, a Seamos, a Lean, a Patati, a Lavendo, a...
Y luego pensó: Menos mal que no voy por la vida viéndole el cerebro a la gente, qué asco, y puso cara de ir a vomitar.
También pensó que aquello no podía ser muy peligroso, si Brad y Bred lo habían estado utilizando durante cinco años sin sufrir demasiados daños cerebrales...
Larry recorrió con el dedo el dibujito del túnel que llevaba a Joneiduques.
Entonces, como siguiendo un impulso, enrolló el pergamino y se lo metió bajo la axila. Salió cuidadosamente del aula, vigilando que no hubiese nadie fuera, y se dirigió a la estatua de la bruja que estaba como para parar el TALGO.
¿Qué tendría que hacer? Desenrolló de nuevo el dispositivo GPS y miró su propia motita, una cosa monísima que ponía en chiquitín Larry Motter, y vio que su motita hacía como que sacaba la varita y golpeaba a la estatua en...
Carraspeó, miró a ambos lados, se aseguró de que no había nadie que pudiese comprometerlo, sacó la varita, carraspeó de nuevo, y golpeó a la bruja directamente en el pompis (hay que ver estos magos qué poco espabilaos que están...). Luego volvió a mirar al pergamino y vio que su motita abría una boquita de lo más cuca y decía: ¡Ese cuerpo, cordera!.
Carraspeó de nuevo, miró a ambos lados otra vez, volvió a carraspear y dijo en voz muy bajita:
- ¡Ese cuerpo, corderaa! - y volvió a golpear el culete de la peazo bruja.
Inmediatamente, a ésta se le abrió esa parte que Larry acababa de golpear y, una vez pasado el primer impacto, Larry volvió a mirar a ambos lados, guardó el dispositivo GPS, y se metió dentro de la estatua.
De allí salía una rampa por la que Larry no tuvo más remedio que tirarse, y cayó unos cuantos metros más abajo. Miró a su alrededor: estaba en un túnel de paredes rectas y techo plano, pintado de verde. Las paredes estaban alicatadas en verde, con unas baldositas muy pequeñas, y con una línea negra a la altura de sus rodillas. El suelo era de baldosa gris y bastante resbaladizo. Justo encima de su cabeza vio un cartel luminoso, también en color verde, que ponía Salida y señalaba con una flecha la rampa por la que acababa de bajar. Un poco más alante había una baldosa de forma romboidal, roja, con el centro blanco y unas letras negras que Larry hizo esfuerzos por leer en la semipenumbra:
- Eme... e... te... erre... o - dijo -. Metro - añadió, como para demostrarse a sí mismo que sabía leer. Luego bajó la vista y vio un cartel blanco con letras negras: - Jobart - leyó. Y, más abajo: - Próxima estación: Jomemeo.
Se encogió de hombros, sin saber muy bien qué significaba aquello, y decidió que lo más inteligente era seguir la dirección que marcaba una flecha inmensa dibujada en el suelo con baldosas amarillas que brillaban en la oscuridad.
Continuó por el túnel hasta que vio que una pared lisa le cortaba el paso. Lo único que había en aquella pared era un gran espejo circular en la parte de arriba, y, con la experiencia que tenía con los espejos, decidió que era más sensato no intentar escalar hasta él... Luego vio que en un lateral había una verja donde se leía No pasar, y claro, pasó. Había unas escaleras metálicas y el túnel seguía por allí, aunque ya no tenía el suelo liso sino una especie de raíles de tren.
Minutos más tarde, después de subir otras escaleras metálicas, vislumbró a lo lejos otra baldosa romboidal con la misma críptica inscripción: Metro. Debajo: Jomemeo. Y un cartel verde con una flecha que ponía: Salida Joneiduques. Larry siguió adelante y se encontró una escalera mecánica con un cartelito de cartón que ponía No funciona. Subió por ella no sin dificultad, abrió una puerta giratoria de cristal y se encontró en un sótano lleno de cajas de cartón. Miró hacia atrás y observó con un sobresalto que la puerta giratoria había desaparecido.
Parece cosa de magia, pensó, y luego recordó que se suponía que era un mago y que estudiaba en un colegio de magia Borrás y que Jomemeo era un pueblo poblado (valga la redundancia) íntegramente por magos, lo que lo hacía todo menos extraño.
Larry miró a su alrededor sin saber muy bien qué hacer, buscando una puerta giratoria por la que salir o incluso una puerta normal de las de bisagras de toda la vida. Puertas, puertas, lo que se dice puertas, no vio ninguna, pero sí vio unas escaleras de piedra que subían hasta alguna parte desde la que surgían sonidos extraños.
Escuchando con más atención comprobó que el escándalo lo armaban los cienes y cienes de alumnos de Jobart que abarrotaban una tienda de chucherías. Relamiéndose de anticipación, subió las escaleras, esquivó al dueño de la tienda, esquivó a la dueña de la tienda, esquivó al perro del dueño de la tienda, esquivó al hijo de la dueña de la tienda, esquivó al sobrino del hijo del dueño de la tienda (una historia algo escabrosa) y, por fin, se mezcló con los alumnos de Jobart, que no le prestaron la más mínima atención.
Ron y Mariangélica estaban en un rincón, observando críticamente una serie de estantes repletos de golosinas de todos los colores.
- No sé si a Larry le gustarán éstos... - dijo Mariangélica, mirando dentro de un tarro de gusanitos pero no de maíz sino de los de verdad.
- Puaj, como mucho podrá utilizarlos para pescar truchas en el lago... - dijo Ron -. ¿Y éstos?
Señaló una caja de bolitas que no parecían precisamente de queso sino salidas de los espacios interdigitales de los pinreles del mugre más mugre del mundo mundial.
- Como me compres algo así te retiro el saludo, tronko - dijo Larry a sus espaldas. Ron y Mariangélica se volvieron, sobresaltados.
- ¡Ualaaaa, tío! - exclamó Ron -. ¡Has aprendido a volar sin fregona!
- No, hombre...
- ¡O sabes aparecer así, sin más, haciendo Plufff!
- No, verás...
- ¡O has salido de la chimenea, como Papá Noël!
- No, yo...
- No, claro, lo de las chimeneas es demasiado... - dijo Ron pensativo -. Ahí me he pasado, una cosa es la magia y otra semejante gilipollez. Salir de las chimeneas...
- Sí, era una gilipollez - admitió Larry -. El día que use una chimenea para viajar empezaré a pensar que padezco encefalopatía espongiforme. No, veréis...
Y les contó lo del Dispositivo GPS que le habían regalado Brad y Bred.
- ¡Hala qué cabritos! - se enfadó Ron -. ¡Anda que me lo han dicho alguna vez los muy mamones! Tenga usted hermanos para esto...
- Pero Larry no es tonto y no se va a quedar con él, ¿verdad, Larry? - dijo Mariangélica.
- ¿Que te lo quieres quedar tú, so lista?
- No. Quiero que Larry se lo dé a la profesora MacDonalds.
- Estás cada día peor de la cabeza, Mariangélica.
- ¡Es peligroso!
- ¡Tú sí que eres peligrosa!
- ¡Pues tú...!
- ¡Tú más!
- ¡No, tú!
- Sois un coñazo, tíos - dijo Larry -. No sé cómo me hago con amigos tan raritos...
- ¿Por qué tiene que entregárselo a MacDonalds? Con lo útil que puede ser para según qué cosas...
- Si se lo entrego - dijo Larry a Mariangélica -, tendría que explicarle cómo lo conseguí y lo que ví en él, lo que pondría en peligro a Bred, a Brad, a Von Trap, a Porrete, a Coca-cola, a Cornudo, a Chalao, a Patati, a Seamos...
- ¿Patati y Seamos? - se extrañó Mariangélica.
- Luego te lo cuento - dijo Larry sonriendo -. No te va a molar nada...
- ¿Por qué?
- Por la chorrada esa de "a cada edad, lo suyo".
- ¿Eink?
- Luego.
- Bueno, pero ¿y Suburbius Blas? - siguió Mariangélica -. ¡Puede estar utilizando alguno de esos túneles del Metro para entrar en el castillo! ¡Los profesores tienen que saberlo!
- Jobar... - dijo Ron.
- Pues eso, en Jobart.
- No, que digo que jobar, que ni que los profesores tuvieran que saberlo todo...
- Blas no puede entrar por ninguno de los túneles - dijo Larry -. De los siete, seis no se pueden utilizar porque VonTrap conoce algunos, otros están ocupados por líderes religiosos integristas y sus fanáticos seguidores, y otro está vigilado por un árbol...
- ¿¡Un árbol?
- Bueno, no un árbol normal, la Higuera Judoka.
- Ah. ¿Y ese por el que tú has venido?
- Bueno... No es fácil distinguir la entrada... Es una puerta giratoria bastante grande y vistosa, pero desde fuera no se ve... O por lo menos yo no la he visto...
Larry hizo una pausa. ¿Y si Suburbius Blas conocía la entrada al túnel? Pero Ron, que estaba harto de la discusión y quería salir de Joneiduques, señaló un cartel que había pegado en la puerta de la tienda con un cacho de celo y bastante cutre.
POR ORDEN DEL MINISTERIO DE MAGIA
Se comunica a los jomemeanos que los Desertores patrullarán las calles de Jomemeo por las noches hasta nuevo aviso. Los Desertores tienen competencias para detener, interrogar, trasladar y confinar a cualquier sospechoso de ser o parecer Suburbius Blas, así que se recomienda a los jomemeanos que no salgan de casa entre la puesta y la salida del sol y cuando las condiciones climatológicas lo recomienden, y que, en caso de hacerlo, lleven encendidas las luces de cruce.
Felices Fiestas y próspero año 1965 (una vez más, el calendario...)
- ¿Veis? - dijo Ron -. No creo que Blas se atreva a pulular por el putopueblo este con tanto Desertor suelto buscándolo a él y a sus hermanos gemelos perdidos... Además, si intentase colarse en Joneiduques, podrían oírle el dueño, la dueña, el perro del dueño de la tienda, el hijo de la dueña de la tienda, el sobrino del hijo del dueño de la tienda...
- Sí, pero... - seguía Mariangélica en plan tocapeotas -, Larry no tiene permiso para venir a Jomemeo... Deberíamos ser buenos niños y entregarlo a la justicia... Si se entrega y se declara culpable seguramente conseguirá una pena mínima...
- ¿Ves lo que te digo? Estás mal de la cabeza.
- ¿Y si aparece Suburbius Blas? Todavía es de día...
- Puede cargarse a cualquiera de los quinientos alumnos de Jobart que estamos aquí en lugar de a Larry - dijo Ron, señalando a su alrededor, donde todo aparecía repleto de niños con el uniforme negro de Jobart -. Venga, tía, Mariangélica, es Navidad... dale un chance - dijo, imitando el acento de algún lugar ignoto del sur de Inglaterra.
Larry sonrió.
- ¿Me vas a delatar?
Mariangélica se lo pensó un rato.
- No - dijo al fin -, no creo que delatándote consiguiese ningún beneficio, así que vale, puedes quedarte en Jomemeo... Aunque, la verdad...
- ¿Has visto los caramelos picantes, Larry? - le dijo Ron, pasando ampliamente de Mariangélica y llevándoselo a inspeccionar los estantes de guarrerías -. ¿Y los chicles de fabada asturiana? ¿Y las patatas fritas hechas sin patatas y sin aceite? Esas son una chuchería mugre... - siguió hablando -. Mira esto, son regalices mutantes come-lenguas... Cuando era pequeño Brad me dio uno y tuvieron que trasplantarme una lengua nueva... Qué gracioso el tío...
- ¿Fue antes o después de volverte el pelo azul? - rió Larry.
- Antes... Si hubiese sido después habría pedido que me pusiesen la lengua azul a juego - sacó la lengua y se la miró en un espejito que había en la pared -. Habría quedado mucho más cool, ¿no crees?...
- Supongo -. Larry se encogió de hombros.
- ¿Crees que si le compro un bombón y se lo relleno de salfumán picará? - preguntó Ron, más para sí mismo que para Larry.
Pagaron las chuches que llevaban y salieron a la calle. Jomemeo parecía una postal navideña, pero no de las de Unicef sino de las de casitas nevadas y campitos helados y mucha purpurina. Las luces de Navidad no estaban encendidas porque todavía era de día y en Jomemeo las gentes eran bastantes ahorradoras, pero aún así estaba mu bonito todo y muy navideño. En una casa grande que había en una esquina había unos renos de mimbre bastante feos, todo hay que decirlo, algún que otro árbol de Navidad también de mimbre y también bastante feo y un cartel en neón rosa y dorado algo horterilla que decía: Ya es Navidad en El Corte Jomemeano. De las puertas entreabiertas (ahorraban en luz pero no en calefacción) salían las notas discordantes de los villancicos cantados por los niños de Operación Truño:
- Dime niñoooo de quién ereees too vestidico de blancoooooooooo...
Hacía un frío de espanto, los grajos volaban a la altura de los tobillos de Larry, Ron y Mariangélica, y Larry, que era un poco torpe como ya hemos dicho en alguna ocasión, no había llevado ni capa ni espada, así que temblaba como si tuviese el Baile de San Vito.
- Mira, ahí está la Tienda de Artículos de Coña y Coñas Marineras de Gonzo.
- Y la oficina de Correos.
- La Choza de los Berridos está por allí arriba...
- Justo al lado de la Torre Eiffel...
- Idea - dijo Ron -: ¿Y si vamos a las Cinco Fregonas a tomar un chato?
Larry dijo inmediatamente que sí mientras sufría espasmos espasmódicos que de módicos no tenían nada.
Cruzaron la calle y minutos después entraban en el bar del pueblo (uno de los bares; pero del otro, La Cabeza del Cochino Jabalín, un antro bastante poco recomendable donde los brujos buenos se disfrazan de brujas malas y cantan We are family, I´ve got all my sisters with me, ya se hablará en otro libro más adelante). Las Cinco Fregonas era un local bastante agradable, si se obviaban algunos elementos de la decoración que no iban acordes con el Decreto para la Moderada Limitación de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad. Sobre todo, pensó Larry, era un sitio calentito, que para él ya era suficiente, pósters aparte.
La camarera que atendía las mesas tampoco estaba de acuerdo con el Decreto. Al menos así parecía pensarlo Ron, que se puso un poco rojo (con lo que parecía una bandera del Barça en contraste con su pelo) cuando la miró. Era una chavala de unos cuarenta años estupendamente llevados, que podría haber servido de modelo para la estatua de la que partía el túnel del Metro.
- Esa es la señora Ruperta - dijo Ron, babeando un poco -. Voy a pedir, ¿vale?
Fue hacia la barra mientras Mariangélica y Larry expulsaban de una mesa a unos borrazos que cantaban Jomemeo Patria Querida medio caídos al suelo, y se sentaban en las sillas. La mesa estaba junto a un árbol de Navidad decorado con una especie de pompones de peluche de color canela que se movían y cantaban soltando gorgoritos y que debían pertenecer a una especie que Larry no conocía, aunque claro, la asignatura de Bichos Mágicos no se le daba especialmente bien... Ron llegó unos minutos más tarde, todavía de color azulgrana y cargando tres vasos de Refresco de Queso.
- ¡Salud, dinero y amor! - brindó Ron. Mariangélica lo miró reprobadora, con esos ojitos de "a cada edad lo suyo" que ponía de vez en cuando, y bebió un trago. Larry olisqueó su Refresco de Queso y bebió a su vez.
Tenía un sabor un poco extraño, pero la verdad es que estaba rico. Quizá con un poco más de gorgonzola y menos roquefort habría estado mejor...
Repentinamente alguien abrió la puerta, y una ráfaga de aire helado penetró en el local, despeinando a todo el mundo y congelando a los que estaban más cerca de la entrada.
- ¡Uey, que se escapa el gatoooo! - dijo alguien.
- ¡Qué fresquíviris!
- ¡Cierra, hombre, que nos cogemos un costipadíviris...!
La puerta se cerró. Larry miró hacia la entrada de Las Cinco Fregonas y escupió parte de su Refresco de Queso mezclado con babas.
El profesor Flipaín y la profesora MacDonalds acababan de entrar en el bar, seguidos de cerca por Roderick, que charlaba con la figura bajita y regordeta de un mago anciano y con sonrisa benévola (luego, repetimos, se descubrirá que es un ijoeputa, pero no adelantemos acontecimientos, eso es dentro de un libro y medio), que llevaba un sombrero mexicano color rosa fucsia y una capa amarillo limón: era Cornucopius Flandhul, el Ministro de Magia. En menos de dos nanosegundos, Ron y Mariangélica lo empujaron y lo metieron debajo de la mesa (a Larry, no a Cornucopius Flandhul) y de paso le dieron un par de pisotones, eso sí, sin intención. Lleno de Refresco de Queso hasta las cejas, Larry observó los pies de los cuatro nuevos clientes, que se acercaron a la barra, se detuvieron, dieron media vuelta y se dirigieron hacia la mesa que había justo junto a la suya.
Mariangélica sacó la varita rápidamente, apuntó hacia la mesa donde al parecer se iban a sentar los profes y susurró: - Muéveteotepodotelojuroeh? -, y el árbol de Navidad se movió hacia un lado, cubriendo la mesa y a sus ocupantes y poniéndolos a salvo de las miradas indiscretas del personal docente y administrativo.
Después, Larry vió cómo se acercaba otro par de pies, éstos enfundados en unos zapatos con un tacón imposible y medias de rejilla rojas.
- ¿Una tacita de anisete con miel y cáñamo?
- Para mí - dijo la voz de la profesora MacDonalds.
- ¿Un barril de ron negro de contrabando ilegal?
- Eso es lo mío - dijo Roderick.
- Un jarabe Mucosán mezclado con Frenadol y Couldina...
- ¡Ñam! - dijo el chalado de Flipaín.
- Entonces el vodka de trigo con pichicola debe ser suyo, señor Ministro...
- Gracias, Ruperta, chata... - dijo la voz de Flandhul -. Siéntate un rato en mi regazo, guapa...
- Por supuesto. Gracias, señor Ministro.
Larry vio los zapatos de tacón imposible acercarse a los de Cornucopius Flandhul, mientras sentía que su corazón golpeaba contra su garganta, lo cual, además de ir en contra de cualquier noción de anatomía, era bastante incómodo, la verdad. Tan preocupado estaba porque pudieran pillarlo en Jomemeo que ni siquiera pensó en la obvia tentación para infracciones al Decreto de las narices que era la tal Ruperta. Cómo no había pensado que los profes también querrían echar una canita al aire durante el fin de semana... ¿Cuánto se quedarían en Las Cinco Fregonas? Necesitaba tiempo para volver a Joniduques, esquivar al dueño de la tienda, esquivar a la dueña de la tienda, esquivar al perro del dueño de la tienda, esquivar al hijo de la dueña de la tienda, esquivar al sobrino del hijo del dueño de la tienda, recorrer el extraño túnel alicatado, subir la rampa, salir por el culete de la estatua de la bruja, bajar al Refectorium, y todo antes de la hora de la cena...
- ¿Qué le trae por aquí, señor Ministro? - dijo la señora Ruperta con una voz que habría enorgullecido a la madre de Mariangélica. Larry vio el cuerpo de Flandhul torcerse hacia un lado para ponerse más cómodo, con Ruperta encima.
- ¿Qué va a ser, Rupertita, bombón de nata? Suburbius Blas, claro... Supongo que sabrás lo que pasó en el colegio la Noche de los Disfraces Absurdos...
- Sí, algo he oído por ahí... - dijo la señora Ruperta.
- ¿Se lo has contado a todo el mundo, Roderick? - dijo la profesora MacDonalds con voz de triturar huesos.
- Bueno, me compraron la exclusiva en La Probeta a muy buen precio... - se disculpó Roderick, posando en la mesa su barril de ron sin ningún tipo de tacto -. Con el sueldo que tengo de alguna manera tendré que ganarme la vida, digo yo...
- ¿Cree que Blas sigue en Jomemeo, señor Ministro? - preguntó Ruperta.
- Estoy seguro - contestó éste -. Al fin y al cabo, aquí es donde está Larry Motter...
Larry se asustó, pensando que lo habían pillado escondido debajo de la mesa. Pero luego lo pensó mejor y dedujo que Cornucopius Flandhul no se refería a "aquí" de "aquí", sino que era más bien un "aquí" algo más amplio, digamos un radio de unos cinco o diez kilómetros.
- Los Desertores ya me han arrasado dos veces el local... - dijo la señora Ruperta -. Me estoy gastando una pasta en reconstrucciones, señor Ministro...
- Ya, Ruperta, chatina, pero es necesario... - dijo Flandhul -. Al fin y al cabo, están aquí para protegernos... Todos sabemos de lo que Blas es capaz.
- Todavía me cuesta creerlo... - dijo pensativa la señora Ruperta -. De toda la gente que se pasó al Lado Penumbroso, Suburbius Blas es uno de los que menos podía imaginar... Todavía me acuerdo de él cuando era un niño, allá en Jobart. Si entonces me hubiéseis dicho que iba a pasarse al Lado Penumbroso, habría hecho venir a un inspector de sanidad a comprobar el buen estado de mis bebidas alcohólicas.
- No sabes de la misa la media, Ruperta - dijo Flandhul ásperamente -. La gente no sabe lo peor.
- ¿Lo peor? - preguntó Ruperta -. ¿Peor que cargarse a un montón de gente por colársele en la cola del cine?
- Peor - repitió Flandhul con voz tenebrosa.
- Dices que te acuerdas de cuando estaba en Jobart... - dijo la profesora MacDonalds -. ¿Sabes quién era su mejor amigo?
- Claro, mujer - dijo la señora Ruperta riendo ligeramente -. Siempre iban juntos hasta al cuarto de baño. ¡Si hasta una vez los tuve a ambos... es decir... bueno, antes de que se aprobase el Decreto para la Moderada Limitación de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad...
- No me cabe la menor duda - dijo MacDonalds con acritud.
- Sí... en fin... Vaya pareja... No sabes, Meenerva, lo buenos que... Bueno... - carraspeó -. Eso, que Suburbius Blas siempre iba a todos lados con Lames Motter.
A Larry se le cayó el resto del Refresco de Queso, vaso incluido, al suelo, organizando un gran estrépito. Ron le dio una patada de aviso un poquito más fuerte de lo estrictamente necesario.
- Sacto - dijo la profesora MacDonalds -. Blas y Motter. Los dos muy inteligentes, los dos muy poderosos, los dos muy traviesos...
- ...los dos muy guapos... - dijo Ruperta con voz de señora Flanders.
- ...de acuerdo... - aceptó la profesora MacDonalds -. Los dos siempre juntos a todas partes. Creo que nunca hemos tenido en Jobart a una pareja como ellos...
- Bueno... - dijo Roderick -. Quizá Brad y Bred Whisky los superen.
- De eso que no te quepa la menor duda - dijo, insinuante, Ruperta. Larry se prometió a sí mismo tener una inmediata conversación con Brad y Bred sobre cierto Decreto y ciertas necesidades físicas que aquejan a los adolescentes, tanto mugres como magos.
- Sí - terció Flipaín -. Blas y Motter... cualquiera hubiera dicho que esos dos también eran hermanos, como Brad y Bred...
- ¡Y casi casi lo eran! -exclamó Flandhul -. Motter confiaba en Blas como en ninguna otra persona, y siguió así después de acabar sus estudios en Jobart. Blas fue el padrino cuando Lames se casó con Lula, y luego fue el padrino de Larry. Claro que Larry no lo sabe...
Larry pensó una vez más en las tonterías que dicen los ministros cuando hablan sin saber de qué hablan.
- Podéis imaginaros cuánto se impresionaría Larry si lo supiera...
-¿Porque Blas se pasó al Lado Penumbroso, se alió con el que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo y se cargó a toda la cola del cine? - preguntó Ruperta.
- Aún peor, capullito de alhelí... - dijo Flandhul.
- Me estoy acoonando de verdad con tanto "peor", señor Ministro... - dijo Ruperta.
- Los Motter sabían perfectamente, que pa eso eran los mejores de la clase y los enchufados de Chitichitibangbang, que el que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo iba detrás de ellos... Chitichitibangbang, que es el único al que el que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo nunca ha tenido huevos de atacar, sabía que el que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo estaba a punto de encontrarlos, y alertó inmediatamente a Lames y a Lula, y les aconsejó que se ocultasen. Bueno, como no es nada fácil ocultarse de el que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo, les propuso que utilizasen el Encantamiento Hastaquelamuettenossepare.
- ¿Yesoquée?
- Es un Encantamiento muy complicado - dijo el profesor Flipaín -. Consiste en la unión de dos personas... Bueno, no física, se entiende, sino que se unen los cerebros...
- Qué asco - dijo Ruperta.
- No físicamente, he dicho... Bueno, no es fácil de explicar... El caso es que tú haces el Encantamiento Hastaquelamuettenossepare con otra persona y esa persona te oculta en su cerebro de la pasma, de Hacienda o de quien quieras ocultarte.
- ¿De el que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo también? - se asombró Ruperta.
- Po zí - dijo Flipaín -. Así que Lula y Lames Motter hicieron el Encantamiento Hastaquelamuettenossepare.
- ¿Con Suburbius Blas?
- Sí - dijo la profesora MacDonalds -. Lames le dijo a Chitichitibangbang que Blas era capaz de dejarse cortar los... bueno, los esos, antes que traicionarle. Y eso que el mismo Chitichitibangbang había ofrecido su cerebro para el experimento... Pero Lames siempre fue un poquito cabezón...
- ¿Chitichitibangbang sospechaba de Blas?
- Bueno... sabía que había un espía que espiaba valga la redundancia a los Motter, así que no se fiaba ni de su sombra.
- Pero aún así Lames insistió en utilizar el cerebro de Blas - dijo Flandhul -. Y unos minutos después de realizar el Encantamiento Hastaquelamuettenossepare...
- ¿Blas los traicionó?
- Claro, si no no habría argumento... Blas debía estar cansado de su papel de amigo del bueno, que, dicho sea de paso, es el que siempre muere, y eso no le debía molar un cacho. Así que se hizo una lobotomía y le pasó a el que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo el trozo de cerebro donde se ocultaban Lames y Lula...
- Qué asco - dijo Ruperta.
- Sí - continuó Flandhul -. Pero entonces el pequeño Larry Motter venció a el que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo, y Blas se vio en una situación, digamos, incómoda... Porque acababa de gritar a los cuatro vientos lo malo malísimo que era y plas, su jefe había desaparecido...
- Traidor de los coones... - gritó Roderick, de forma que lo oyó la mitad del bar.
- Roderick... Calla... - dijo MacDonalds.
- ¡Es que yo lo ví aquel día! - gritó aún más fuerte Roderick -. ¡Justo antes de cargarse a toda esa gente! ¡Yo rescaté a Larry de la casa de Lames y Lula! Pobrecito... Con ese boquerón en la cabeza... Y Suburbius Blas apareció con ese monopatín donde solía viajar... Me dijo que le diese a Larry, pero yo sospeché, porque tenía cara de malo maloso... Como en las películas... Yo no sabía que Suburbius había escondido a Lames y Lula en su cerebro. Ni siquiera se me ocurrió preguntarme por qué estaba allí... Como siempre estaba en casa de los Motter... Y voy yo y me pongo a consolar a ese ijoeputa... ¡INCLUSO LE INVITÉ A UN CUBATA PA QUE SE LE PASARA EL DISGUSTO! ¡Y NUNCA ME HA DEVUELTO LA INVITACIÓN, EL MUY CABÓN!
- Roderick, por favor... - dijo la profesora MacDonalds -. Baja la voz...
- ¿Cómo iba yo a saber que no estaba jodido por lo de Lames y Lula, sino porque Larry se había cargado a el que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo? Aunque tuviese cara de malo maloso seguía siendo amigo de Lames, ¿no?... Me dijo que le diese a Larry porque él era su padrino... A lo mejor quería cargárselo, como ahora, el muy sinvergüenza. Pero yo se lo tenía que llevar a Chitichitibangbang, que quería dejarlo con Mamon y Putunia Wernesdey. Y Suburbius Blas me dejó su monopatín para llevarlo... Me dijo que no lo necesitaba porque se iba al cine. ¿Al cine? ¿Y para qué se iba al cine después de que se cargasen a sus mejores amigos? Debí sospechar...
Hubo unos minutos de silencio, tras los cuales la señora Ruperta dijo:
- Pero no consiguió escapar, ¿verdad? El Ministerio lo encontró antes y lo encerró en Ascodán...
- Ojalá lo hubiéramos encontrado nosotros... - dijo Flandhul -. No, fue Puter Patapum quien lo encontró. Ya sabes, otro amigo de Motter... Cuando supo lo de Lames y Lula se fue a buscar a Blas y lo encontró en la cola del cine.
- ¿Patapum? - dijo Ruperta -. ¿Ese chico con cara de rata?
- Patapum, sí... - dijo MacDonalds -. Un nombre profético, si creyese en esas tonterías. Blas lo hizo explotar, a él y a toda la cola del cine y a la taquillera y al portero y al acomodador y al que cambiaba los rollos de las películas y al que vendía palomitas.
- Pero murió con las botas puestas... - dijo Flandhul -. De hecho, lo único que encontraron de él después de la explosión fue una bota... con un pie dentro.
- Qué asco - dijo Ruperta.
- Los mugres que fueron testigos del suceso, a quienes hubo que hacerles una lobotomía después para evitar que lo recordasen, dijeron que había hecho frente a Blas él solito, que le pegó un par de gritos por haber traicionado a Lames y a Lula, y que Blas lo hizo explotar...
- Patapum no tenía nada que hacer contra Blas - dijo Flipaín, apenado.
- Y cuando llegaron nuestros chicos - continuó Flandhul -, Blas los miró y empezó a descoonarse de la risa... Y cuando se lo llevaban para Ascodán, dijo que quería irse a tomar unos pelotazos para celebrarlo...
Ruperta suspiró.
- ¿Es cierto que está loco, señor Ministro?
-No sabría decirte... De buenas a primeras diría que sí, pero hace unos meses fui a Ascodán y pude entrevistarme con él. Estuvimos hablando del tiempo e incluso me pidió los cupones de La Probeta... dijo que los coleccionaba... Los Desertores no le han hecho ningún efecto, y lleva encerrado con ellos doce años na menos...
- ¿Y qué pretende al fugarse? - exclamó la señora Ruperta -. No se me ocurre una razón...
- Quizá pretenda ser libre, o alguna locura semejante... - dijo irónicamente MacDonalds.
- ¡Dios mío! No querrá reunirse con el que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo, ¿verdad?
- Pues... supongo que se le habrá pasado por la cabeza... - dijo Flandhul -. Pero seguro que lo atrapamos antes, Ruperta, no te preocupes.
Hubo unos minutos de silencio.
- Si tiene que cenar con el Director, Flandhul, más le vale empezar a levantar el trasero de debajo del de Roberta - dijo la profesora MacDonalds.
- Sí... - Flandhul se levantó, y casi arrojó a la señora Ruperta al suelo.
- Y pagar la cuenta - dijo Flipaín -. Que su sueldo es mucho mejor que el nuestro y lo pagan nuestros impuestos.
- De acuerdo, de acuerdo...
Todos los pies se enderezaron y, una vez apartadas las sillas, se movieron hacia la barra. Minutos después la puerta de Las Cinco Fregonas volvió a abrirse, y se cerró de nuevo.
- ¿Larry?
Las caras de Ron y Mariangélica se asomaron por debajo de la mesa. Ambos lo miraron, sin decir ni mu.
