- CAPÍTULO 11 -

La Flecha Fogosa

Larry no supo muy bien cómo consiguió salir de Las Cinco Fregonas, llegar a Joneiduques, esquivar al dueño de la tienda, esquivar a la dueña de la tienda, esquivar al perro del dueño de la tienda, esquivar al hijo de la dueña de la tienda, esquivar al sobrino del hijo del dueño de la tienda, recorrer el túnel y llegar a Jobart. Todo lo que sabía era que el viaje de vuelta se le había pasado volando, porque no tenía una completa noción de lo que hacía (generalmente no la tenía, pero en aquella ocasión era especialmente inconsciente de sus actos), ya que todavía resonaban en sus oídos los ecos de la conversación que había escuchado a escondidas en Las Cinco Fregonas...

¿Por qué nadie se había molestado en explicarle que sus padres murieron porque los traicionó su mejor amigo? Total, ya le habían contado que Lord Boquerón se los había cargado... que Lord Boquerón había intentado cargárselo a él también... Incluso se había enfrentado con Boquerón dos veces desde que supo toda aquella historia, había hablado con el mismo Boquerón y con su reencarnación como Tom Yjerry, que le había dicho un par de verdades del barquero... Y ya le había advertido que Blas iba detrás de él con aviesas intenciones... Así que, ya puestos, ¿por qué nadie le había dicho que Suburbius Blas había traicionado a Lames y a Lula Motter?

Ron y Mariangélica le observaron durante la cena con cara de circunstancias,sin atreverse a decirle ni una palabra, porque la maruja incorregible y pijísima de Piercing estaba sentado a poca distancia con un ataque agudo de Borjamarismo. Larry, que no quería que Brad y Bred le preguntasen qué tal su excursión ilícita a Jomemeo, desarrolló el instinto Misión: Imposible que había aprendido de Mariangélica para llegar a la torre de Greypeor sin ser visto y meterse en la cama antes de que nadie se diese cuenta de que había salido del Refectorium. Antes de esconderse debajo de las mantas, abrió su baúl, sacó un álbum de fotos y lo metió con él bajo las sábanas.

Era un regalo que Roderick le había hecho tres años antes: un álbum con fotos de sus padres, a quienes Larry no había conocido. Las fotos eran mágicas, y los personajillos hacían movimientos y saludaban y tenían conversaciones entre ellos (vamos, que más que fotos eran pequeños vídeos domésticos de esos como los que se hacen en la BBC - bodas, bautizos y comuniones -, y que luego los amigos se enseñan entre ellos para dar un poco por el cuo a los amigos, que se los tienen que tragar). Larry empezó a pasar las páginas hasta que encontró la foto que buscaba...

La foto (bueno, el vídeo) de la boda de sus padres. Lames, un hombre clavado a Larry pero con unos diez años más (en el momento de su boda, no penséis tan mal, que una cosa es que no hubiera entrado en vigor el Decreto y otra semejante derroche de precocidad), y Lula, que no se parecía en nada a su hermana Putunia, estaban en primer plano, sonriendo, saludaban y pegaban pequeños chillidos mientras los invitados les lanzaban arroz a mala leche. Lames pisó la cola del vestido blanco de Lula, que cayó hacia atrás y quedó sentada en el suelo. Riendo, dejó que el padrino la levantase...

Ahí estaba. Suburbius Blas. Levantaba del suelo a Lula, sonriente, mientras Lames soltaba una carcajada y decía algo así como Cuidado, que es mi pibita, colega... a lo que Suburbius contestaba: Si hubiese querido mangártela, hoy habrías sido mi padrino. Lula seguía riendo incontroladamente.

Larry se fijó en Blas. Un hombre joven, de unos veintipocos años, bastante guaperas y bastante atractivo y bastante TODO. Muy diferente del hombre-cruce entre entre Yola Berrocal y Ernesto Sáinz de Buroaga que parecía haber salido de las mismísimas cloacas de los suburbios más infames de la ciudad más tercermundista del planeta más desconocido y que había salido en la portada de La Probeta.

Con la cara de felicidad que tenía en el vídeo de la boda, Larry supuso que Blas no podía estar planeando ya asesinar a Lula y a Lames... A menos que fuese muy buen actor, lo cual era posible, claro... ¿Sabía ya que tendría que pasar doce años en Ascodán que le dejarían la cara como un Cristo y acabarían con todas sus posibilidades de convertirse en el galán favorito de Jollibúd?

Pero los Desertores no le afectan... pensó Larry, mirando el hermoso rostro de Blas, que en ese momento besaba a Lula en la mejilla mientras Lames, riendo, tiraba de su brazo. No se le quitan las ganas de tener ganas cada vez que se acercan...

Larry cerró de golpe el álbum y lo metió en el baúl, debajo de toda su ropa sucia, que era mucha, por cierto. Después, volvió a meterse en la cama, cerrando las cortinitas mosquiteras de color dorado con lazos que colgaban del dosel, asegurándose de que nadie podía verlo desde fuera.

Se abrió la puerta del dormitorio.

- ¿Larry? - preguntó Ron en un susurro. Larry pasó de él, y, en consecuencia, Ron pasó de repetir la pregunta y se metió en su propia cama.

Larry se dio la vuelta y se quedó mirando el dosel, con los ojos tan abiertos que incluso superaban en tamaño los coladores de la profesora Tremendi. Sintió algo muy amargo y muy caliente y muy desagradable correr por sus venas. El Refresco de Queso, pensó, que me ha caido mal. Creyó ver a Blas riéndose de él en la oscuridad, y volvió a pensar que el refresco no le había sentado especialmente bien. Blas se reía y se reía y casi le daba un mal de tanto reirse, y Larry tragó saliva porque no podía tragarse un vaso de bicarbonato. Veía a Blas haciendo explotar a Puter Patapum con un horrísono y ensordecedor "¡PATAPUM!", y veía también volar la pierna de una taquillera, el brazo de un acomodador, y miles y miles de palomitas de maíz. También oía una voz susurrante: Ya está, Señor Penumbroso; los Motter me han hecho Hastaquelamuettenossepare en el cerebelo... Y luego la misma voz que pedía: Por favor, que sea con anestesia total... Y después otra voz que se reía con un timbre muy agudo y que daba mucho pero que mucho mucho mucho zuto y que a Larry le recordaba a su más tierna infancia.

- Larry... estás jorrible...

Larry no había pegado ojo hasta la hora del desayuno por el ardor de estómago. Al despertar, había encontrado el dormitorio vacío, se había vestido (sin ducharse, como buen niñito inglés bien educado) y había bajado la escalera hasta la sala común de Greypeor, donde no había nadie más que Ron, comiéndose un sapo (¿? Recuerde el lector que yo sólo cuento la historia, no me la invento. Qué culpa tengo yo si Ron se estaba comiendo un sapo...), y Mariangélica, que, para no variar, hacía los deberes.

- ¿Dónde se ha metido la peña? - preguntó Larry, mirando a su alrededor.

- En sus casas, poniéndose hasta las pencas de turrón y mazapán - respondió Ron -. Hoy empiezan las vacaciones de Navidad, ¿recuerdas? Ya casi es hora de comer, estaba a punto de subir a despertarte...

- ¿Y hay sapos de comer? Porque entonces creo que me esperaré hasta la merienda...

- Nunca has sabido apreciar la alta cocina mágica, Larry...

- Prefiero la baja cocina mugre, gracias.

- Tú te lo pierdes - dijo Ron, dándole un mordisco al sapo que tenía en la mano.

Larry se sentó junto al fuego. Por la ventana se veía caer la nieve, lenta y uniformemente. Crunchñam se estiraba junto al fuego, como una gran bola de pelo verde.

- Es verdad que no tienes muy buen aspecto, sabes... - dijo Mariangélica, mirándolo por encima de sus deberes, y señalando su pelo revuelto, sus gafas torcidas y las ojeras que le llegaban hasta los pies.

- Estoy bien.

- Larry... - dijo Mariangélica, mirando a Ron disimuladamente como intentando que Larry no le viese y fracasando estrepitosamente -. Sé que debes estar un poco... er... disgustado... por lo que oímos ayer en Jomemeo... Pero no debes hacer ninguna tontería, sabes... Aunque no te resulte fácil, claro...

- ¿Tontería como cuála? - preguntó Larry.

- Como ir a buscar a Blas - dijo Ron, tajante.

Era evidente que habían ensayado la conversación antes de que Larry bajase del dormitorio. No era muy difícil de adivinar, claro, teniendo en cuenta que había un par de pergaminos entre los apuntes de Mariangélica cuyas primeras líneas Larry pudo leer:

CONVERSACIÓN CON LARRY

(Ron está sentado junto al fuego, comiéndose un sapo. Mariangélica está en la mesa haciendo los deberes. Larry baja del dormitorio.)

Ron: Larry... estás jorrible...

Larry (mirando a su alrededor): ¿Dónde se ha metido la peña?

Ron: En sus casas, poniéndose hasta las pencas de turrón y mazapán. Hoy empiezan las vacaciones de Navidad, ¿recuerdas? Ya casi es hora de comer, estaba a punto de subir a despertarte...

Larry: ¿Y hay sapos de comer? Porque entonces creo que me esperaré hasta la merienda...

Ron: Nunca has sabido apreciar la alta cocina mágica, Larry...

Larry: Prefiero la baja cocina mugre, gracias.

Ron: Tú te lo pierdes.

(Ron le da un mordisco al sapo. Larry se sienta junto al fuego. Crunchñam se estira junto al fuego, como una gran bola de pelo verde).

Mariangélica (observando a Larry): Es verdad que no tienes muy buen aspecto, sabes...

Larry: Estoy bien.

Mariangélica (mirando disimuladamente a Ron sin que Larry se dé cuenta): Larry... Sé que debes estar un poco... er... disgustado... por lo que oímos ayer en Jomemeo... Pero no debes hacer ninguna tontería, sabes... Aunque no te resulte fácil, claro...

Larry: ¿Tontería como cuála?

Ron (tajante): Como ir a buscar a Blas.

Larry se dio cuenta (qué espabilado) de que la conversación estaba preparada, pero no dijo nada.

- No lo harás, ¿verdad, Larry? - dijo Mariangélica.

- ¿El qué? - dijo Larry, que con el esfuerzo mental de relacionar los pergaminos con la conversación había perdido el hilo.

- Ir a buscar a Blas.

- Porque no merece la pena morir por él - dijo Ron.

Larry los miró. No entendían nada (más o menos como solía pasarle a él).

- ¿Sabéis lo que me pasa cada vez que se me acercan los Desertores? Se me quitan las ganas de hacer cualquier cosa... Incluso de permanecer despierto... Incluso de dormirme. Y eso me pasa porque tengo hipotensión... Y si tengo hipotensión, es porque me la pegó Lord Boquerón, además de decorarme la cabeza con esta cicatriz tan mona... - se señaló el boquerón -. Y si Lord Boquerón me pegó su hipotensión, y yo me caigo redondo cada vez que se me acerca un Desertor, es porque Suburbius Blas traicionó a mis padres y mostró a Lord Boquerón el camino a mi casita, donde mató a mis papis y me contagió esta pereza tan grande... Así que no me digáis que no vaya detrás de Blas porque de la somanta palos que le voy a meter en cuanto me lo encuentre se le van a quitar las ganas de tener ganas. ¿Ha quedado claro? Pues ahora vais y lo cascáis.

- No hagas nada, Larry... - pidió Mariangélica -. Los Desertores pillarán a Blas y se lo llevarán a Ascodán... Tendrá su merecido...

- Ya oíste a Flandhul - exclamó Larry -. Los Desertores no le afectan... A él no le da la pereza y la desidia... Incluso se escapó de Ascodán. Para él será como unas vacaciones en Jamaica...

- Entonces, ¿qué quieres hacer? - preguntó Ron, con los dientes apretados -. ¿Matar a Blas?

- No seas tonto - dijo rápidamente Mariangélica -. Larry no quiere matar a nadie... ¿verdad... Larry?

Larry volvió a quedarse callado. No se le había pasado por la cabeza matar a nadie (aunque podía resultar interesante. pensó en un súbito ramalazo de psicopatía). Lo único que sabía era que, cada vez que pensaba en Blas, le entraba un dolor de estómago insoportable.

- Malody lo sabía - dijo de pronto -. ¿Te acuerdas, Ron? Lo dijo aquel día en clase de Posesiones... Cuando me dijo que, si él fuera yo, no se quedaría quieto...

- ¿Vas a hacer caso a Malody y no a nosotros? - dijo Ron con aspecto dolorido y desilusionado -. Mira, tronko: ¿sabes lo que recibió la familia de Puter Patapum después de enfrentarse con Blas? Una bota con un pie dentro y una carta de agradecimiento por los servicios prestados de esas de Su hijo murió como un héroe... nunca le olvidaremos... Gracias a él el nuestro es un mundo mejor... blablabla... Y el himno nacional sonando, la bandera encima de la caja de la bota y una medalla y todo eso. Blas está loco, Larry, y es muy peligroso.

- Sombrus Malody debe haberle contado algo a Trago - se dijo Larry, sin hacer ni puñetero caso a lo que Ron decía -. Sombrus pertenecía al círculo más íntimo de Boquerón...

- Llámalo El que todos sabemos pero ninguno queremos decir su nombre porque acojona de verdad de la muerte del mundo mundial universo, ¿vale? - dijo Ron -.Odio ese nombre.

- Entonces es obvio que los Malody sabían que Blas trabajaba para Boquerón... - siguió Larry.

- ¡Y a Malody le encantaría que Blas te volase en pedazos, con palomitas, taquillera, acomodador, cambia-rollos y espectadores incluídos, como a Patapúm! Piensa un poco, aunque te resulte difícil, Larry... Lo único que quiere Malody es que te maten antes de tener que enfrentarse contigo al Cuidadín.

- Larry, por favor... - suplicó Mariangélica con rostro de heroína de película de Antena 3 de después de comer, de esas de Basada en hechos reales -, sé sensato por una vez en la vida. Blas es un cabronazo, pero... no te pongas en peligro... Por favor... Eso es lo que Blas quiere, que le des la oportunidad de hacerte pupa... Tus padres no querrían que te matase de mala manera, ¿no crees?...

- No sé lo que querrían porque gracias a Blas no los he conocido - dijo Larry bruscamente.

Hubo un incómodo silencio, durante el cual Crunchñam se estiró como una bola de pelo verde estirada, sacando unas garras de color amarillo bastante afiladas. Desde el bolsillo de Ron, Mikimaus sacó la cabeza con una cara de erizo asustado que habría hecho las delicias de los niños que van al cine en Navidad (siempre que no se encuentren con Blas en la cola, claro).

- ¡Oye! - dijo Ron, intentando cambiar de tema -. Estamos en vacaciones. ¡Vamos a ver a Roderick! No le hemos visitado desde hace muchísimo...

- Ni de coña - dijo Mariangélica -. Larry no debe salir del castillo...

- Sí, vamos - dijo Larry, llevando la contraria como casi siempre -. Así podré preguntarle cómo fue lo de su accidente.

- ¿Accidente? - preguntó Ron, perplejo.

- ¡Más le vale haber tenido una amnesia de caballo a causa de un accidente de siniestro total! - exclamó Larry -. ¡Si no, lo mataré, lo mataré mucho, lo mataré dos veces por haber olvidado decirme que Blas traicionó a mis padres!

Seguir con el runrún del tema de Suburbius Blas no era precisamente lo que Ron tenía en mente.

- Podríamos echar una partida al Monopoly Mágico... - propuso Ron -. O al Tres en Círculo. Piercing ha dejado por aquí un juego...

- No. Vamos a ver a Roderick - dijo Larry, que había heredado el cabezón de su padre.

Así que cogieron las capas de sus dormitorios y salieron por el agujero del retrato del teniente Cagonman (¡Los alemanes se acercan! ¡No hay dolor, camaradas!). Bajaron la escalera de mármol y salieron por la puerta principal del castillo.

Caminaron por el prao, pisando la crujiente nieve blanca (no, azul, no te digo...) que les congelaba los pies y les mojaba los bordes de las capas. La cabaña de Roderick parecía salida de las mismas postalitas que Jomemeo.

Ron llamó a la puerta, pero no contestó nadie.

- ¿Ha-habrá sa-sa-salido? - tembló Mariangélica.

Ron pegó la oreja a la puerta.

- Se oyen ruidos extraños dentro... - dijo -. ¿Será Fangoria?

Larry y Mariangélica también pegaron las orejas a la puerta. Dentro de la chabola de Roderick se oían lamentos desgarrados y sollozos.

- ¡Roderick, abre la puerta! - gritó Larry, golpeando la puerta, con lo que Ron y Mariangélica pegaron un bote del susto y se apresuraron a despegar las orejas de la madera -. ¡Roderick! ¿Estás ahí?

Hubo un rumor de pasos, un par de golpes y el estrépito de una silla al caer al suelo, un sonido de vidrios rotos, una explosión, una traca, y la puerta se abrió. Allí estaba Roderick, con los ojos como tomates y la nariz como un pimiento (parecía un gazpacho, el tío). A sus pies, Fangoria, su caniche de color rosa, gemía lastimeramente.

- ¡Ya lo sabéis! - gritó, y se echó al cuello de Larry, lo cual no era una nimiedad, porque Roderick era un poco animal. Ron y Mariangélica lo rescataron, sentaron a Roderick en una silla y Mariangélica preparó té para todos (con el consiguiente gruñido de Larry) con un movimiento de varita.

- ¿Que sabemos qué? - dijo Larry, confuso -. ¿Estás costipado? - dijo, fijándose en su cara.

- Tienes pinta de tener fiebre... - dijo Ron, preocupado.

- Lo mejor para la gripe es meterse en la cama... - empezó a recitar Mariangélica.

- No, un chupito de coñac caliente - dijo Ron.

- Creo que una aspirina es mejor...

- Miel derretida con limón.

- No, Bisolvón.

- Un antibiótico...

- No, los antibióticos sólo con receta médica.

- El Frenadol es lo mejor.

- Qué va, ácido acetilsalicílico...

- Paracetamol.

- ¡No estoy costipado! - gritó Roderick, y los tres enmudecieron y lo miraron. Larry se dio cuenta de que la cara de gazpacho estaba provocada por el berrinche que tenía: debía haberse pasado llorando los últimos lustros.

- ¿Qué te pasa, Roderick? - preguntó Mariangélica, asustada de verle la cara.

Larry vio sobre la mesa una carta de aspecto oficial (vamos, que ni Sherlock Holmes, la carta tenía un sello de lacre gordo como una patata y en el membrete se leía claramente Ministerio de Magia. Departamento de Control de Bichos Mágicos).

- ¿Qué es, Roderick? - preguntó Larry. Roderick se echó a llorar aún más fuerte y le hizo señas para que la cogiera. Larry la cogió y la leyó:

Estimado señor Roderick:

Respecto al accidente ocurrido en su clase de Bichos Mágicos, en la que el señor Trago Malody resultó gravemente herido por el ataque indiscriminado de un Hipocondríaco, la Comisión de Estudio y Control del Ministerio, tras arduas deliberaciones, ha concluido que usted no fue responsable del incidente, por lo que se han retirado todos los cargos contra usted.

- Estupendo, Roderick - dijo Ron. Pero Roderick empezó a berrear aún más fuerte y le hizo una seña a Larry para que siguiese leyendo.

Sin embargo, el señor Sombrus Malody ha insistido en que sigamos adelante con la investigación del caso. Por tanto, como no podemos continuar la causa en su contra por la insistencia del Ínclito, Afamado, Poderoso, Inmensamente Sabio y Coaccionante profesor Agnus Chitichitibangbang (A Quien Dios Guarde Muchos Años), hemos decidido procesar al Hipocondríaco, que ha sido llevado ante la Comisión Informativa de Mantenimiento de la Inocuidad de los Bichos Mágicos. Dicho organismo ha decidido por unanimidad pero sin animosidad llevar al Hipocondríaco a juicio, acusado de Peligro Constante y Evidente Para la Salud Pública.

Por tanto, le rogamos encarecidamente haga el favor de acudir a la vista previa del juicio contra el Hipocondríaco, que se celebrará, Dios Menguante, el día 20 de abril, como el título de la canción pero no del 90 sino de 1965. Mientras tanto, mantenga al Hipocondríaco aislado y sin contacto con alumno o personal docente alguno.

Con nuestros mejores deseos,

Mafalda LadeQuino

Encargada De Malas Noticias y Puñetas En General

Departamento de Control de Bichos Mágicos

Ministerio de Magia

- Hay que joerse... - dijo Ron -. Pero Roderick, nos has dicho que Budweiser no es malo y no masticó el brazo de Malody con mala intención... Seguro que lo consideran inocente.

- No conoces a los cabritos de la Comisión Informativa de Mantenimiento de la Inocuidad de los Bichos Mágicos - dijo Roderick tristemente -. No les gustan los animales interesantes...

Un ruido proveniente de un rincón los hizo girarse. Budweiser estaba allí acostado, entre cajas y cajas de aspirinas y con una palangana delante, de la que salía un vapor verdoso con olor a menthol.

- ¡No podía dejarlo fuera, con el frío que hace! - gimió Roderick -. Está muy delicado de salud, el pobre...

- Sí, ya nos lo ha contado - dijo Larry apartando la vista de Budweiser. Miró a Ron y a Mariangélica. Ellos nunca habían estado de acuerdo con la clasificación del mundo animal realizada por Roderick... Ya que lo que él consideraba "animales de compañía perfectamente domesticados", eran para los demás "fieras corrupias mastica-hombres con gusto por el descuartizamiento masivo". Sin embargo, Budweiser no parecía malo en absoluto... De hecho, para las compañías que solía frecuentar Roderick, Budweiser era una mezcla de Hermanita de la Caridad y Conejillo de Indias de buen humor.

- Tendrás que buscarte un abogado, Roderick... - dijo Mariangélica.

- Como no sea del Turno de Oficio... Mi sueldo es de Becario de Empresa Pública, o sea, nulo.

- No, los del Turno son inútiles... - Mariangélica se quedó un rato pensativa -. Bueno, podrías hacerlo tú mismo...

- Daría igual - dijo Roderick tristemente -. Sombrus Malody está encoñao con Budweiser, y le sale el dinero por todos los agujeros del cuerpo... Tiene sobornados a todos los de la Comisión. Y si perdemos, le cortarán a Budweiser... Bueno, ya sabéis...

Hizo un gesto, señalándose la entrepierna.

- Pa que no tenga trascendencia - terminó.

- Descendencia - le corrigió Mariangélica.

- Lo que sea.

- ¿Y Chitichitibangbang? - preguntó Ron.

- Ya está un poco mayor pa tener trascendencia...

- No, me refiero a si no puede hacer nada por Budweiser.

- Ah. No, ya tiene bastante con lo suyo, el hombre... - Roderick se encogió de hombros -. Con lo de Blas y los Desertores tiene entretenimiento pa todo el curso.

Ron y Mariangélica miraron a Larry, temiendo que empezase a hablar de Blas y a preguntarle a Roderick por qué no le había contado lo de su traición a Lames y a Lula Motter, pero Larry parecía pensar que no era el momento más indicado para ello.

- Escucha, Roderick - dijo -, no puedes dejar que Malody te pisotee... Presenta tú la defensa, es fácil, sólo tienes que hacerte socio de la televisión por cable y tragarte todos los telejuicios que emitan... Y hacerte fan de Hospital Central... no, de Turno de Oficio... Bueno, eso. Nos puedes llamar como testigos...

- Estoy segura de que he visto un juicio en la tele digital en contra de un Hipocondríaco - dijo Mariangélica -, y que el Hipocondríaco salía absuelto. No sé, revisaré mis vídeos...

- ¿Qué es una televisión por cable? ¿Qué es una tele digital? ¿Qué es un vídeo? ¿Qué es un juicio?... - preguntó Ron, confuso. Larry y Mariangélica lo miraron, asombrados.

- Son una serie de sistemas de comunicación mugre que se utilizan para enviar y recibir imágenes y sonido a larga distancia - explicó Mariangélica -. Antes se hacía por medio de ondas hertzianas, pero luego la transmisión de datos comenzó a hacerse por cable óptico...

- Vale, vale, lo he captado - dijo Ron.

- Pero claro, según las líneas de la televisión... Y luego si hay más pixels hay una mayor resolución...

- ¡Que lo he pillao, pesada!

- Ahora, con Internet, la transmisión de datos por una línea ADSL...

- ¡AAAAAAGGGGGGGGG!

Después de una taza de té y unos donuts, Roderick pareció recobrarse un poco.

- Tenéis razón... No puedo dejar que me venzan, tengo que levantar el ánimo... Aunque sólo sea por el pobre Budweiser - miró hacia el rincón, donde el Hipocondríaco hacía vahos con Vics Vaporub. Fangoria, el caniche, salió tímidamente de debajo de la mesa y apoyó su rosa cabeza en un tobillo de Roderick (pretendía hacerlo en la rodilla pero no levantaba más de un palmo del suelo, el bichejo) -. Estos días he estado jodido porque estoy bastante deprimido... Como a nadie le gustan mis clases...

- A nosotros nos gustan tus clases - mintieron como cosacos los tres.

- Sí, son estupendas... - dijo Ron -. Este... ¿Cómo están los gusanajos?

- Muertos - dijo tristemente Roderick -. No han soportado su propio aliento... Están bastante mal hechos, estos bichos...

- Oh... vaya... - dijo Ron.

- Además los Desertores me ponen malo... - continuó Roderick -. Cada vez que quiero ir a jartarme a Las Cinco Fregonas tengo que pasar a su lado. Es como volver a estar en Ascodán.

Se estremeció, y volvió a levantar la taza de té para beber. Larry, Ron y Mariangélica lo observaron anhelantes de información y cotilleo. Nunca habían oído a Roderick hablar de la etapa que pasó prisionero en Ascodán. Después de un rato de mirarlo como si fuese un invitado de Tómbola, Mariangélica preguntó tímidamente:

- ¿Tan horrible es Ascodán, Roderick?

- Horroroide - se estremeció Roderick -. Es un lugar muy hermoso, con un clima estupendo, y tú llegas allí y te acomodas y unos días después no hay quien te mueva... Llega un momento en que ni siquiera levantas la mano para quitarte una mosca de la cara, de la pereza que te da... Pero lo peor es que te das cuenta, ¿entendéis? Tú sabes lo que te está pasando, y aún así no puedes evitarlo, no te puedes mover. Al cabo de un tiempo prefería dejarme morir a hacer el esfuerzo de masticar... Cuando me soltaron y me llevaron fuera del alcance de los Desertores, fue como rejuvenecer ochocientos años de golpe. Pero los Desertores no querían dejarme marchar...

- ¡Pero si eras inocente! - exclamó Mariangélica -. ¡Tú no habías abierto la Cámara Concreta, fue Tom Yjerry...!

Roderick resopló.

- ¿Y crees que a los Desertores eso les importa algo? Les da igual que hayas abierto la Cámara Concreta o te hayas dejado la nevera abierta... El caso es que les pone eso de quitarte las ganas de hacer cosas. Son así de cabritos... Les gustaría que todos acabásemos siendo como ellos -. Permaneció en silencio un rato, mirando dentro de su taza como si dentro hubiese un gusanajo nadando. Después, alzó la vista -. Había pensado deja libre a Budweiser para que se fuese volando, pero no me atrevo. Seguro que va directo al Hospital San Turce a curarse todas sus enfermedades y las futuras... Y entonces lo trincan y... - volvió a señalarse la entrepierna -. Además, qué coo, que no quiero volver a Ascodán...

La visita a la chabola de Roderick, aunque no había sido precisamente divertida, por lo menos consiguió despistar a Larry y hacerle olvidar por el momento lo mal que le caía Suburbius Blas. Larry, Ron y Mariangélica pasaban el día en la Biblioteca buscando libros (claro) donde hablasen de casos de jurisprudencia con Hipocondríaco incluido que pudiesen ser de ayuda para Budweiser. Bajaron una carretilla de libros hasta la sala común de Greypeor y se sentaron alrededor del fuego a empaparse de conocimiento jurídico y judicial.

- ¡Aquí hay uno! Mirad: El Estado contra el Hipogrifo Heinneken... Acusado de asaltar la empresa farmacéutica Bayern de Munich... Vaya, pero lo declararon culpable... Urg, qué asco, lo que hicieron con él...

- Mirad, esto podría ser útil... - dijo Mariangélica -. Una Mantecada fue absuelta en 1.584 por un jurado popular...

- Qué adelantados los magos - comentó Larry.

- Vaya... Fue absuelta porque no se pusieron de acuerdo y prescribió el caso...

- Ya me extrañaba a mí.

Mientras Larry, Ron y Mariangélica se empapaban de conocimientos legales, en el resto del castillo de Jobart habían colgado la acostumbrada decoración navideña, pese a que para los cuatro gatos (uno de ellos verde) que quedaban en el castillo no hacían falta tantas historias. En los pasillos brillaba el espumillón en ramilletes dorados y plateados; cada armadura estaba rodeada de lucecitas intermitentes de esas de las que si se funde una se joroba todo el invento (el profesor Flipaín fue a cambiar una de esas bombillas y, de la electricidad acumulada en la armadura metálica, se le quedó un peinado para Nochevieja súper cool); el Refectorium estaba repleto de árboles de Navidad de los que colgaban bolas rojas y manzanitas de plástico, y en todas las mesas había centros hechos en ensaladeras con espumillón y más bolas rojas, arbolitos hechos con piñas chiquititas pintados de purpurina (bastante horterillas) y estrellas plateadas que dejaban purpurina blanca por todas partes y que hacían que las caras de todos los alumnos y profesores pareciesen los rostros de las Drag Queens más famosas del ambiente madrileño. En los corredores había un fuerte olor a pavo relleno y langostinos cocidos, que hizo que incluso Mikimaus asomase las púas para investigar.

La mañana de Navidad, Ron despertó a Larry volcando la cama con dosel incluido.

- ¡Despierta, macho, que tenemos que abrir los regalos!

Larry cogió las gafas, que habían quedado colgando precariamente de un lateral de su mesilla de noche, y se las puso. Entornando los ojos para ver en la semioscuridad, miró a los pies de su cama (o sea, justo donde estaba en esos momentos su rodilla izquierda) para ver una montaña de paquetes envueltos en papel de regalo verde y dorado en los que se leía El Corte Jomemeano les desea Felices Fiestas, y pegatinitas doradas con lacitos rojos donde decía Espero Que Te Guste y Muchas Felicidades y otras ñoñerías por el estilo. Ron estaba rasgando ya el papel de los suyos con un ansia propia de un drogodependiente.

- Tengo otra bufanda de mamá - informó -. Otra vez roja y amarilla. Mira a ver si tú tienes otra.

Larry abrió un paquete envuelto en papel de periódico (los Whisky eran bastante indigentes). La señora Whisky le había enviado una bufanda roja y amarilla tejida a mano, además de un kilo de pasteles de chocolate y nata y una caja de turrón de chocolate Suchard.

- ¿Por qué mamá siempre se empeña en hacernos las bufandas rojas y amarillas? - comentó Ron, con tono aburrido.

- ¿Quizá porque el rojo y el gualda son los colores de Greypeor y la bufanda es la reglamentaria del uniforme? - dijo Larry.

- Va a ser eso.

Al retirar el paquete que contenía la bufanda y las chuches, Larry vio un paquete alargado, envuelto con un papel azul y plateado que decía en una esquinita Callejón Melón En Fiestas.

- ¿Yesoquée? - preguntó Ron, curioso, mientras sostenía en la mano el gorro de lana granate con pompón amarillo en lo alto que acababa de desenvolver.

- Nu sé...

Larry abrió el paquete y se alegró al instante de no haber bebido Refresco de Queso ni otra sustancia líquida o semilíquida, ya que la habría escupido con toda seguridad. Sobre los restos de la cama rodó una fregona pulida y brillante, de esas que daba la impresión de ir a volar solas.

- La hottia - dijo jadeante, mirando más de cerca la fregona. Era una Flecha Fogosa, como la que había ido cada día a ver en el Callejón Melón, a Fregonas de la Hottia y Otras Milongas para el Cuidadín, y sobre la que había babeado hasta casi ser expulsado por el dueño. El palo brilló en cuanto Larry posó la mano sobre él, y la fregona se elevó en el aire, como si esperase que Larry la montase (¡era una fregona, no hay nada de malo en ello! Inadaptados...). Larry podía ver la perfección de las tiras de bayeta de la cola, e incluso una plaquita dorada en el palo que decía: Flecha Fogosa: La Caña de España.

- ¿Quién te la ha regalado? - preguntó Ron.

- Ni idea. Mira a ver si me han mandado un Christmas...

Ron rasgó el papel en el que iba envuelta la Flecha Fogosa (le molaba el tema de rasgar papel; éste también necesitaba urgentemente un psicoanalista...).

- No hay nada. Qué raro... ¿Quién se gastaría tanto dinero en hacerte un regalo como éste para permanecer en el Economato?

- Anonimato.

- Lo que sea.

- No sé... - dijo Larry, flipado en colores -. Desde luego, no han sido los Wernesdey... Lo máximo que se han gastado en un regalo para mí ha sido cero patareto o sea nada o sea que nunca...

- Lo he captado. Bueno, pues seguro que fue Chitichitibangbang - dijo Ron -. Te envió en primero la Capa Infalible, ¿no? Y también permaneció en el econ...anonim... lo que sea.

- Pero la Capa Infalible era de mi padre... - dijo Larry -. No creo que Chitichitibangbang se gastase tropocientosmil luros en un regalo para mí, alguien podría pensar que soy su enchufado...

- Por eso no ha puesto su nombre - dijo Ron -. Por si hacía rabiar a algún gili como Malody... ¡Malody! - soltó una carcajada -. Se va a comer las uñas hasta los muñones cuando te vea montado en ella... Ésta es una fregona profesional, tronko.

- No me lo puedo creer - musitó Larry, acariciando la Flecha Fogosa como si fuese algo más que una fregona.

- ¡Ya sé quién ha podido ser! - exclamó Ron -. ¡Lobatón!

- ¿Lo qué? - rió Larry -. ¿Lobatón? Mira, si Lobatón tuviera dinero para comprar una fregona como ésta, dejaría de vestir en el Todo a Cien...

- Sí, pero le caes bien...

- Tío, si cada persona a la que le caigo bien me regalase una Flecha Fogosa...

- Tampoco te tires el moco, que no tienes tantos amigos, eh?... - dijo Ron -. Mira, cuando tu Limbo XXI acabó para el contenedor de basura, él estaba fuera, pero a lo mejor se enteró y se pasó por el Callejón Melón para comprártela...

- No estaba fuera, Ron... Durante el partido de Cuidadín le aquejaba la jaqueca.

- Bueno, pues no estaba en su cuarto... Tuve que limpiar todos los orinales del castillo porque ese &$+)# de Spice me castigó, ¿recuerdas?

- Pero te castigó porque estaba sustituyendo a Lobatón porque estaba enfermo.

- Bueno, y a mí que me cuentas, el caso es que no estaba en su cuarto, yo qué sé...

Larry miró a Ron.

- Pues sigo sin hacerme a la idea... No me entra en la cabeza que Lobatón diga que está fatal de luros y luego vaya y me regale una fregona como ésta...

- ¿Qué os pascha?

Mariangélica acababa de entrar en su dormitorio como si el Decreto Para la Moderada Limitación de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad no fuese con ella, vestida con un vaporoso salto de cama heredado seguramente de su madre y con Crunchñam en brazos, con un enorme lazo rojo brillante al cuello que no le pegaba nada con el pelaje verde.

- ¡Sácalo de aquí! - exclamó Ron, buscando rápidamente a Mikimaus entre sus sábanas y escondiéndolo en el bolsillo de su pijama. Mariangélica no le hizo ni puñetero caso, dejó a Crunchñam encima de la cama de Seamos y miró la Flecha Fogosa con la boca muy abierta.

- ¡Uala, Larry, qué fregona más molona! ¿Quién te la ha regalado?

- Ni idea. No había tarjeta.

Mariangélica puso una cara muy rara que no hacía juego en absoluto con el camisón de gasa negra que llevaba.

- ¿Qué te pasa? - preguntó Ron.

- Bueno... - dijo Mariangélica -. Es muy raro, ¿no?... Quiero decir, es una fregona muy buena...

- Es una fregona de la hottia, Mariangélica.

- La caña de España.

- Así que debe ser carísima...

- Probablemente costó cosa así como el sueldo de un año de Sombrus Malody - dijo Ron con una sonrisa que le ocupaba toda la cara y parte del extranjero.

- Me pregunto... - dijo Mariangélica - quién se gastaría esa cantidad de luros sin siquiera decir quién es...

- ¿Y eso qué más da? - preguntó Ron -. Escucha, Larry, ¿me dejas dar una vuelta en ella? Sólo un rato, anda... Voy hasta Río de Janeiro y vuelvo nada más.

- Creo que no deberíais montar en esa fregona - dijo Mariangélica.

- ¿Y pa qué crees que se la han regalado, para fregar la sala común? - exclamó Ron.

- Así le daría uso a mi regalo de cumpleaños... - empezó Mariangélica. Pero en ese momento Crunchñam saltó desde la cama de Seamos hasta el pecho de Ron y comenzó a hurgar en el bolsillo de su pijama.

- ¡SACA DE AQUÍ A ESTA PUA BOLA DE PELO VERDE! - gritó Ron, viendo correr despavorido a su erizo por toda la habitación. Cogió a Mikimaus y le dio un puntapié a Crunchñam, pero calculó mal y le dio en su lugar al baúl de Larry y se hizo mucha pupa. Crunchñam empezó a bufar y a arañar algo que había caído del baúl de Larry, y que resultó ser la peonza que Ron le había regalado por su cumpleaños y que permanecía quieta en el suelo sin hacer ni caso al gato (es que si le hubiese hecho caso no habría sido una peonza normal y corriente, claro).

- Llévatelo - gruñó Ron a Mariangélica, acariciando a Mikimaus para que se tranquilizase. Larry miró al erizo: estaba bastante más delgado que la última vez que lo vio, aunque los saltones ojos seguían siendo los de siempre. Sin embargo, le faltaban algunas púas y tenía mucha cara de susto.

- No tiene buen aspecto, ¿verdad? - comentó Larry.

- ¡Está estresado! - exclamó Ron -. Necesita unas vacaciones o una buena baja laboral. ¡Si ese puñetero bicho verde le dejase en paz estaría perfectamente!

Pero Larry, acordándose de sus escasos conocimientos de biología animal, pensó que Mikimaus lo que necesitaba en realidad era jubilarse, ya que tenía todo el aspecto de un bicho bastante decrépito a punto de irse al otro barrio.

Aquella mañana el famoso espíritu de la Navidad estaba ausente de la sala común de Greypeor(cosa extraña, teniendo en cuenta que los pasillos de Jobart estaban tan llenos de fantasmas que era raro no atravesar ocho o nueve de camino desde el agujero del retrato al cuarto de baño). Ron seguía enfadado con Mariangélica por no hacer caso de los constantes intentos de Crunchñam por comerse a Mikimaus, y Mariangélica estaba enfadada con Ron por haber intentado darle una patada a Crunchñam. Así que Larry se dedicó a mirar embobado su Flecha Fogosa, exactamente igual que en el Callejón Melón durante aquel verano pero sin tener al dueño encima quejándose por noséqué historia sobre inundaciones y sin 2.731 pelotas intentando romperle la nariz. Aunque el hecho de pasarse la mañana babeado sobre la fregona parecía poner de peor humor todavía a Mariangélica (las mujeres, que no entienden de deportes de masas). No decía nada, pero miraba la Flecha Fogosa como si tuviese ganas de partirla en trozos muy pequeños o dársela a la Higuera Judoka para que se entretuviese un rato con ella.

A la hora de la comida bajaron al Refectorium. Las cuatro grandes mesas de Greypeor, Sulimoncín, Vayaplof y Rumbaolé habían sido retiradas, así como la mesa de los profesores, y sólo había una tabla bastante cutre apoyada sobre borriquetas en el centro del Refectorium cubierta por un mantel de hilo de esos rojos y verdes con motivos navideños que parecen más apropiados para la timba de mus o de strip-póker que para una comida familiar. Había dieciséis cubiertos.

Allí estaban los profesores Chitichitibangbang, MacDonalds, Spice, Sputo y Flipaín, además de VonTrap, el conserje, que llevaba un delantal de hule y un gorro de cocinero (el pluriempleo también estaba muy extendido en el mundo mágico). Sólo había otros siete alumnos, todos desconocidos para Larry: dos de Rumbaolé, tres de Vayaplof y dos de Sulimoncín, de diversas edades y alturas.

- ¡Felices Fiestas con Freixenet! - exclamó radiante Chitichitibangbang, con extraño acento norteamericano, cuando Larry, Ron y Mariangélica se sentaron a la mesa -. He pensado que como somos tan pocos sería más útil que comiésemos todos juntos, así hacíamos un poco de pandi y nos conocemos mejor los unos a los otros. ¿No te parece, Felipe Juan Froilán? - preguntó a un niño de primero de Rumbaolé, que lo miró azorado.

- Er... sí, sí, claro...

- ¡Tenemos huevos kinder! - dijo Chitichitibangbang sonriente, y cascó un huevo kinder en la cabeza del profesor Spice, a quien no le hizo demasiada gracia. Los huevos kinder mágicos no son como los mugres, sino que son de verdad, pero cuando se cascan salen sorpresas de dentro. Así que Chitichitibangbang ignoró la yema y la clara del huevo que corrían por el pelo y el rostro de Spice y alargó la mano para coger algo de entre la porquería. Sonriendo, hizo un gesto con la mano y al instante su túnica de mago cambió por un top de cebra de escote imposible y unos ajustadísimos pantalones estampados de leopardo.

- Estupendo - dijo Chitichitibangbang -. A ver... If yu guana bi mai loverrrr, yu gotta get guiz mai friennnndddsss... vale, funcionan. ¡Y ahora, a comer!

Larry, acordándose del Humpfrey, miró a Ron y ambos se descogorciaron de risa, recibiendo a cambio una mirada asesina de Spice, que prometía torturas lentas y desarrolladas en profundidad.

En ese momento se abrieron las puertas del Refectorium y entró la profesora Tremendi, caminando a trompicones encima de los zancos que llevaba. Llevaba puesto un traje de Pasacalles que la hacía parecer un altísimo árbol de Navidad con coladores.

- Es curioso - dijo la profesora Tremendi cuando llegó a la mesa -, pero estaba haciendo gárgaras con Eau d´Été y ésta me ha dicho que era mejor que bajase a comer con vosotros o me iba a quedar excesivamente delgada... ¿Y quién soy yo para oponerme a los designios del Eau d´Été?

- Claro, jartándose a beber a estas horas... - susurró Ron a Larry, que tuvo que hacer esfuerzos para no carcajearse.

- Claro, claro... - dijo el profesor Chitichitibangbang, sin que su sonrisa vacilase ni un pelín -. Pero siéntate, Silvia...

Chitichitibangbang hizo un giro de muñeca y una silla surgió de la nada y se colocó junto a la de la profesora MacDonalds. También apareció un nuevo cubierto (plato llano, otro plato llano, plato hondo, tazón, pala de pescado, cuchillo, cuchillo de carne, cuchara, tenedor de ensalada, tenedor de pescado, tenedor de carne, cucharilla de café, cucharilla de postre, copa de agua, copa de vino blanco, copa de vino tinto, copa de champán, copa de coñac, servilleta y mondadientes). Pero la profesora Tremendi se quedó de pie, mirando la mesa con cara de zuto.

- ¿Qué pasa, Silvia? - preguntó Chitichitibangbang -. ¿Falta algún cubierto? ¿Eres vegetariana? ¿Te gusta comer con la mano...?

- No, no...

- Siéntate, mujer...

- ¡No me atrevo, señor director! Si me siento seremos diecisiete, y todos saben que si diecisiete comen juntos, el primero en levantarse de la mesa cogerá una indigestión...

- Nos arriesgaremos, Silvia - dijo la profesora MacDonalds, con los dientes apretados.

- Pero...

- ¡Que te sientes, coo! - exclamó con voz de Tejero dando un golpe de Estado.

La profesora Tremendi pegó un bote tal que casi se le cayeron los coladores de los ojos, y se sentó junto a la profesora MacDonalds, que metió un cucharón en la cazuela más cercana.

- ¿Quieres callos, Silvia? - preguntó.

- No, gracias, para eso llevo los zancos.

- ¿Eink?

- Es que tengo durezas... y un ojo de pollo... y bueno, ya sabes que lo de los pies es fatal... Luego te duele la espalda, y en las bodas no aguantas ni hasta la homilía...

La profesora MacDonalds frunció el ceño y no dijo nada (aunque se llenó el plato de callos hasta el borde, la muy lambuza o guriya o gumias o como queráis llamarla). La profesora Tremendi miró a su alrededor y se enderezó los coladores.

- Pero ¿dónde está el profesor Lobatón?

- Me temo que le ha vuelto la jaqueca - dijo el profesor Chitichitibangbang, sirviéndose un trozo de sangre frita -. Una pena, precisamente en Navidad...

- Pero seguro que ya lo habías adivinado, Silvia... - dijo la profesora MacDonalds, cambiando de plato y sirviéndose un montoncito de sesos en salsa de vino. La profesora Tremendi le echó una mirada tremenda.

- Por supuesto que lo había adivinado, Meenerva - dijo -. También me lo había dicho el Eau d´Été. Pero no me gusta ir por ahí de marisabidilla... No quiero que la gente se sienta incómoda, por eso a veces actúo como si no estuviera en posesión de la Visión Infradentral.

- Ah, claro, ahora lo comprendo todo - dijo MacDonalds sin pizca de comprensión en su voz.

- Si quieres que te diga la verdad, el mismo Lobatón sabe que su final está cerca... El otro día me ofrecí a adivinar su destino en la bola y salió huyendo despendolado.

- Yo habría hecho lo mismo.

- Siempre has sido una incrédula.

- Y tú siempre has sido una absurda.

- Pues antes a los agnósticos los quemaban en la hoguera.

- Y a las que iban de brujas pirujas lee-destinos también.

- ¡Pues el Eau d´Été me ha dicho que hay cierta persona que va a quedarse sin pelo dentro de diez minutos!

- ¡Y yo no necesito licores ilegales para saber que hay alguien sentado a mi derecha que va a necesitar gafas nuevas en un nanosegundo! ¡Y que, por cierto, no le vendría nada mal!

- Dudo - dijo el profesor Chitichitibangbang atajando la pelea de gatas rabiosas antes de que se produjese - que el profesor Lobatón esté en peligro inminente. ¿Has vuelto a hacerle la poción, Sucillus?

- Sí - dijo Spice con gesto de lamentar profundamente perderse una lucha en el barro entre MacDonalds y Tremendi.

- Bien - dijo Chitichitibangbang -. Entonces se levantará y empezará a traficar con animales raros en cualquier momento, ya lo veréis. ¿Quieres un poco de lengua, Kevincostnerdejesús? Está coonuda.

Otro chico de primero, éste de Vayaplof, se puso del color de las remolachas, intentó coger una de las fuentes de comida, se la echó encima, se quemó, se le cayó la copa de agua en la mesa, ésta arrastró la de vino, que dejó una mancha carmesí en el mantel de hilo blanco, y tiró su plato rebosante de riñones en salsa encima de un alumno de sexto de Sulimoncín, que lo miró como si tuviese ganas de echarle alguna maldición de esas puñeteras de verdad. Larry se compadeció del pobre niño, que era, quizá, incluso más torpe que él.

La profesora Tremendi se comportó casi con normalidad (excepto por el hecho de que tenía que levantarse los coladores a cada bocado, porque se le caían sobre el plato) durante dos horas, hasta que Larry y Ron decidieron que ya habían ingerido suficiente casquería y se levantaron de la mesa, con el consiguiente maullido agudo de la profesora.

- ¡Chiquillos! ¡Oh, vaya! ¿Cuál de los dos se ha levantado el primero? - chilló.

- Nu sé... - dijo Ron, mirando a Larry con los ojos muy abiertos.

- No creo que importe demasiado - dijo la profesora MacDonalds -. Si a alguno le da dolor de estómago, pues que se tome un vaso de bicarbonato y en paz...

La profesora Tremendi pareció molesta, como si fuese ella la que tuviera una indigestión. Ron se volvió hacia Mariangélica.

- ¿Vienes? - preguntó.

- Sí, ahora... - dijo Mariangélica -. Tengo que... bueno... este... Tengo que hablar con la profesora MacDonalds.

- Siempre está pidiendo más deberes, la tía - comentó Ron cuando subían por la escalera de mármol hacia la torre.

- No sé. Me da la impresión de que nos ocultaba algo... - dijo Larry, en un inspirado arranque de clarividencia.

Cuando llegaron al agujero del retrato, se encontraron al teniente Cagonman celebrando la Navidad con un grupito de cabareteras vestidas con vestidos (valga la redundancia) con muchos flecos y plumas por todas partes.

- ¡Fellicesh pashcuassss! - hipó -. ¿Da condrasheñña?

- Dicen que fray Sisebuto se cascaba veinte paas por minuto, y dicen que fray Tomás se cascaba todavía muchas más - dijo Ron.

- ¡Igual gue voshodrosss! - rió el teniente Cagonman, que no debía saber nada de cierto Decreto. El cuadro se apartó para dejarles pasar.

Larry subió directamente al dormitorio, pero no porque la contraseña le hubiese metido ideas raras en la cabeza sino porque sentía verdadera necesidad de coger su Flecha Fogosa, que es precisamente lo que hizo. También cogió el pack de Fairy que Mariangélica le había regalado por su cumpleaños (no es que pensase utilizar la Flecha Fogosa para fregar el dormitorio de nadie, era por si acaso podía limpiarla un poquito más, no fuese que hubiera alguna huella dactilar o motita de polvo en la fregona nueva novísima y reluciente). Bajó a la sala común y se puso a investigar la Flecha Fogosa, pero la fregona estaba impoluta y tenía las tiras de bayeta como cortadas con escuadra y cartabón. Él y Ron se limitaron a sentarse junto al fuego a contemplarla, babeantes, hasta que el agujero del retrato se abrió de nuevo, y entró Mariangélica seguida por la profesora MacDonalds.

La profesora MacDonalds era la jefa de Greypeor, pero Larry sólo la había visto en la sala común de la casa en una ocasión, cuando tuvo que anunciar el Estado de Sitio en Jobart, el año anterior. Él y Ron la miraron mientras se acercaba a la chimenea. Mariangélica cogió a Crunchñam y se puso a acariciarlo de espaldas a ellos.

- Así que era eso... - dijo la profesora MacDonalds, mirando fijamente la Flecha Fogosa con los ojos como pelotas de tenis -. La señorita Flanders acaba de chivar... este... de decirme que te han regalado una fregona, Motter.

Larry y Ron se volvieron hacia Mariangélica, que seguía de espaldas a ellos pero tenía las orejas de color granate, a juego con la bufanda reglamentaria de Greypeor.

- ¿Puedo cogerla? - preguntó MacDonalds, pero no esperó a que Larry recordase cómo se hablaba sino que se la arrebató directamente de entre las manos. Examinó la Flecha Fogosa críticamente, a través de sus gafas romboidales -. Mmmmm... Mñmñmñ...Mnmnmnmn...Mjmjmjmj... Mwrtyghtrfjksqñlbvcordmnmfrdmlll...

Larry pensó que ya sabía quién tenía la indigestión adivinaadivinanzeada por Tremendi.

- ¿Y no tenía felicitación, Motter? ¿Ningún mensaje, firma, marca, tarjeta de visita, huella dactilar...?

- Nop - dijo Larry.

- Ya veo... Bueno, Motter, voy a tener que llevármela.

Larry se quedó con la boca abierta.

-¡Oiga, si quiere una cómpresela!

- No es por eso. Tendremos que examinarla a conciencia para comprobar que no le han echado un hechizo malvado que te vuelva a romper la crisma - explicó la profesora MacDonalds -. No soy una experta en fregonas, pero supongo que el profesor Flipaín la diseccionará y analizará cada partícula...

- ¿Diseccionarla? - preguntó Ron, como si la profesora MacDonalds estuviese sonada. Larry empezó a temblar de furia. No le apetecía nada que nadie, y menos alguien llamado Flipaín, toquetease las partículas de su fregona como si fuese un forense salido de CSI, CSI Las Vegas, CSI Miami o CSI Getafe Sur.

- Sólo serán unas semanas - dijo la profesora MacDonalds -. Te la devolveremos cuando estemos seguros de que nadie le ha puesto un encantamiento mata-LarryMotters.

- La fregona no tiene nada de malo... - dijo Larry, enfadado.

- Díselo a la Asociación de Amas de Casa Con Escoliosis Múltiple. Me temo que no vas a poder volar en esta fregona hasta que la hayamos examinado, y punto pelota.

La profesora MacDonalds salió por el agujero del retrato, muy digna pese a los Chati...eh, chati... Ven acá que te voy a enseñar mis heridas de guerra... del teniente Cagonman. Larry se quedó mirando el agujero, petrificado. Ron se volvió hacia Mariangélica.

- ¿Por qué has ido corriendo a MacDonalds? Profe, profe, que a Larry le han regalado una fregona... - dijo, imitando la aguda voz de Mariangélica -. Chivata acusica la rabia te pica...

Mariangélica soltó a Crunchñam y se volvió. Estaba tan roja que casi parecía morada, pero los miró con la misma cara de desafío de Juana de Arco enfrentándose a la Inquisición.

- Me chivé porque pensé, y MacDonalds está de acuerdo conmigo, que la fregona se la podría haber mandado Suburbius Blas.