Ante todo, muchísimos perdones por no haber publicado antes… He estado un poco perdida en la inmensidad del océano, o, mejor dicho, un pelín liada con esas cosas del trabajo y demás absurdeces.

Muchas gracias a los que habéis sido pacientes… Aquí tenéis el siguiente capítulo.

- CAPÍTULO 12 -

El Sindicato

Larry sabía que la intención de Mariangélica había sido buena, que había intentado salvarle la vida y todas esas milongas de te he hecho daño para salvarte y quien más te quiere te hará sufrir, pero eso no le impidió encabronarse pero mogollón. Había tenido la mejor fregona del mundo en sus manos, se la habían regalado, ella vino a él, era suya, suya nada más, su tessssorooo... Y por culpa de Mariangélica se la había llevado El Enemigo de los Pueblos Libres de la Tierra Media... o sea, la profesora MacDonalds.

Ron también estaba enfadado con Mariangélica, aunque sin problemas de identidad ni obsesiones raras ni sueños en los que se veía tirando la fregona a un volcán llamado el Monte del Minino o algo asín. En su opinión, diseccionar una Flecha Fogosa era un crimen punible con la decapitación preventiva. Mariangélica, que seguía en sus trece y mantenía que había hecho lo correcto, empezó a evitar aparecer por la sala común. Larry y Ron pensaban que se habría refugiado en la Biblioteca, como siempre, pero no intentaron persuadirla para que saliera a tomar el aire porque en realidad les importaba menos que nada (qué malas personas). Se alegraron cuando terminaron las vacaciones y volvió el resto del colegio, porque era más fácil mezclarse con el bullicio y no ver demasiado a Mariangélica.

Oliver Ybenji buscó a Larry la noche anterior al comienzo de las clases.

- ¿Lo habéis pasao bien estas fiestas? - preguntó, y, como en realidad la respuesta le importaba un coón, dijo: - He estado pensando mucho estas Navidades, Larry, y bueno... verás... es que... Después del último partido... Si vuelves a tirarte de la fregona, yo... Bueno, quizá el traspaso sea lo mejor...

Oliver se quedó callado, incómodo.

- No te preocupes, Oliver - dijo Larry -. Estoy en ello. El profesor Lobatón me prometió que me daría unas clasecillas anti-Desertores después de Navidad, y seguramente empezaremos ya...

- Ah... - dijo Oliver, más animado -. Bien... No tenía ganas de buscar a otro Snifador, en serio, menos tal y como está el mercado de los fichajes actualmente, que se han subido a la parra, vamos, siete mil millones de luros como si no fuese nada... y si lo has solucionado... Bueno. ¿Has comprado una fregona para sustituir a la Limbo XXI?

- No - dijo Larry.

- ¿Cómo? Bueno, pues tienes que ir de tiendas pero ya mismo, no puedes jugar contra Rumbaolé montado en esa Estrellada del colegio o vas a acabar hecho puré de mago.

- Le regalaron una Flecha Fogosa por Navidad - dijo Ron.

- ¿Una Flecha Fogosa? ¡No! ¿Si? ¡No! ¿Sí? - dijo Oliver en pleno conflicto mental -. ¿En serio? ¿Una Flecha Fogosa? ¡No!

- No te vuelvas majara, Oliver - dijo Larry tristemente -. Ya no la tengo. La profesora MacDonalds me la ha confiscado...

- ¡Cómo! ¡Si quiere una que se la compre!

- ...no, me la ha quitado para estudiarla por si tiene alguna maldición desmonta-Larrys.

- ¿Maldición? ¿Y por qué podría tener una maldición? - preguntó Oliver, confuso.

- Suburbius Blas - dijo Larry -. Parece que le molo más un poco más muerto. O sea, que lo pasaría bomba si me hiciese puré de mago, como tú dices. Así que MacDonalds piensa que él me la podría haber enviado.

Oliver ignoró el hecho de que Blas pudiera intentar atentar contra la integridad física de su Snifador.

- ¡Pero Blas no ha podido comprar una Flecha Fogosa! Es un fuhitivo, y todos los Desertores del mundo mundial van detrás de él... ¿Cómo va a entrar en Fregonas de la Hottia y Otras Milongas para el Cuidadín a comprar una fregona, como quien va al Carrefour?...

- Ya, pero aún así MacDonalds quiere diseccionarla - dijo Larry con tristeza.

Oliver apretó los dientes hasta que chirriaron desagradablemente.

- Iré a verla, Larry... - le prometió -. La convenceré como sea... aunque sea infringiendo el Decreto... ¡Una Fecha Fogosa!... Ella también quiere que gane Greypeor... ¡Una Flecha Fogosa de verdad! La convenceré como sea... una Flecha Fogosa...

Las clases comenzaron al día siguiente. Lo último que deseaban en plena nevada era pasar una hora a la intemperie en clase de Bichos Mágicos, pero Roderick decidió que para calentarse lo mejor era dejarse de Bichos y jugar al pilla-pilla, y pasaron un rato estupendo persiguiéndose los unos a los otros y poniendo zancadillas a los de Sulimoncín.

La primera clase de Adivinaadivinanza fue mucho menos divertida. La profesora Tremendi les enseñaba Quiromasaje, y se apresuró a decirle a Larry que tanta tensión acumulada en los músculos sólo podía acabar en una muerte prematura.

Larry tenía muchas ganas de llegar a clase de Contraataques Para Trucos Sucios, no por el mismo motivo que Patati y Lavendo pero sí con la misma cara de ansiedad que ellas. Después de su conversación con Oliver, tenía ganas de empezar las clases anti-Desertores cuanto antes.

- Ah, sí, claro... - dijo el profesor Lobatón cuando Larry se lo recordó al final de la clase -. Este... A ver mi agenda... Uy, qué ocupado estoy... No tengo ninguna tarde libre...

- Porfiporfporfiporfiporfiporfiporfiiiiiiiiiiii

- Sí, bueno, vale... - dijo Lobatón, y puso ese gesto de los que ven que no se van a librar del marrón -. Erm... ¿Qué te parece el jueves, a eso de las ocho? Supongo que el aula de Cuentos Mágicos será suficientemente grande... Mmmm... Tendré que pensarlo, no puedo invitar amablemente a un Desertor a que venga a pasar el rato mientras tú lo atacas...

- Parece que todavía le duele la cabeza, ¿no crees? - dijo Ron cuando salieron al pasillo, camino del Refectorium -. ¿Qué le pasará? ¿Tendrá jaqueca crónica?...

- No tenéis ni idea.

Se dieron la vuelta. Mariangélica los seguía, cargando con una mochila tan llena de libros que las costuras estaban a punto de reventar.

- ¿Te pasa algo? - dijo Ron, frunciendo el ceño.

- No - dijo Mariangélica, sacando pecho.

- Bueno, lo habrás dicho por algo... - dijo Ron -. Dije que no sabía qué le pasaba a Lobatón, y tú...

- Bueno, es obvio, ¿no? - dijo Mariangélica con cara de sabelotodo.

- Mira, tronka, si no nos lo quieres decir, te callas que estás más guapa - dijo Ron.

- Vale - respondió Mariangélica, y se marchó arrastrando la mochila.

- No tiene ni puñetera idea - dijo Ron a Larry -. Sólo quiere hablar con alguien porque se ha convertido en una inadaptada.

A las ocho de la tarde del jueves, Larry salió de la torre de Greypeor y se dirigió hacia la clase de Cuentos Mágicos. Cuando llegó, estaba vacía, y pasó unos cinco minutos buscando el interruptor de la luz hasta que se acordó de que estaba en Jobart, de que era un mago y de que las cosas que funcionan con magia no usan interruptor. Entonces sacó la varita y encendió las luces con un giro de muñeca. Al cabo de un rato apareció el profesor Lobatón con una gran caja de cartón que dejó encima de la mesa del profesor Blinx.

- ¿Qué es? - preguntó Larry.

- Un Humpfrey - respondió el profesor Lobatón -. He estado buscando por todos los cuartos de baño desde el lunes y al final he encontrado este en las letrinas de VonTrap. Es lo más parecido a un Desertor que podemos encontrar. El Humpfrey se convertirá en Desertor para desvalijarte mientras tú te acongojas, pero en lugar de luchar contra él con el hechizo Atomápokkulo lo haremos con otro específico para los Desertores, y lo guardaré en el baño de los profesores cuando no practiquemos con este pequeño mutante. ¿De acuerdo?

- De acuerdo - dijo Larry apretando los esfínteres de las ganas repentinas de hacerse los buenos días encima que le habían entrado.

- Bien... - el profesor Lobatón sacó la varita e indicó a Larry que hiciera lo mismo -. El hechizo que voy a enseñarte es muy difícil, Larry... Está muy por encima del nivel de los magos corrientes, mucho menos de los magos menores de edad, pero pareces espabilado y lo mismo soy capaz de hacer que lo hagas porque soy un profesor de la hottia. Se llama Hechizo Sindicato.

- ¿Cómo es?

- Bueno, cuando se logra realizar conjura una fuerza capaz de animar a la acción al mago más perezoso del mundo, y así contrarresta el efecto del Desertor. Funciona contra los Desertores porque la lucha obrera de clases y la revolución son los máximos exponentes de la actividad, y contrarrestan los efectos de la presencia de los Desertores. Pero tengo que advertirte, Larry, que a lo mejor es demasiado difícil para tí, porque no hay muchos magos capaces de realizar un Sindicato... Ni muchos mugres, a decir verdad...

- ¿Y cómo se invoca?

- Con un hechizo que sólo funcionará si te concentras hasta hacerte daño en la actividad. Ya sabes, piensa: actividad, actividad, actividad... Voy a hacer muchas cosas, voy a escribir un libro, voy a plantar un árbol, voy a viajar el globo, voy a tener un... bueno... ya sabes a lo que me refiero.

Larry pensó: actividad, actividad... A ver, algo que tenga ganas de hacer... Voy a... Voy a jugar al Cuidadín.

- Vale - dijo, concentrándose con todas sus fuerzas en las ganas que tenía de jugar al Cuidadín.

- El encantamiento es - Lobatón carraspeó -: ¡Fuera la Patronal Viva el Sindicato Obrero La tierra para el que la trabaja!

- ¡Fuera la Patronal Viva el Sindicato Obrero La tierra para el que la trabaja! - repitió Larry -. ¡Fuera la Patronal Viva el Sindicato Obrero La tierra para el que la trabaja!

- ¿Te estás concentrando en la actividad? - preguntó Lobatón.

- Sí... - respondió Larry, obligándose a pensar en un partido de Cuidadín, en volar, en buscar la snif... -. ¡Abajo la Paternal Muera el Metacrilato Oblongo el que parte y reparte...! no, así no...¡Muera la Patronal Viva el Sindicato Usurero La tierra para el que la cocina! ...no, noeasí... esto... ¡Fuera la Patronal Viva el Sindicato Obrero La tierra para el que la trabaja!

De pronto salió de su varita un chorro de luz de color rojo intenso.

- ¿Lo ha visto? - exclamó Larry entusiasmado -. ¡He hecho algo!

- Muy bien, Larry - dijo el profesor Lobatón -. Vale. ¿Estás preparado para probarlo en un Desertor, o te acongoja demasiado la idea?

- No, no... - se apresuró a decir Larry -. A por ellos que son pocos, vamos... -. Larry empuñó la varita, sintiendo bastante aprensión. En cualquier momento podía volver a sentir esa maravillosa sensación de pereza... Pero no quería sentirla, quería hacer cosas, quería jugar al Cuidadín... ¿o no?

El profesor Lobatón abrió la caja. De ella surgió una figura vestida con unos sucios vaqueros negros, una camiseta negra y un pasamontañas que le cubría el rostro, que se dirigió hacia Larry. Larry vaciló. Las rodillas le temblaron. Jugar al Cuidadín, jugar al Cuidadín, quiero... jugar.. al Cuidadín... ¿Qué es eso del Cuidadín?... Qué aburrimiento, con lo que me apetece tumbarme a la bartola...

Las rodillas se le doblaron, y cayó al suelo de bruces, pero no intentó ponerse de pie porque no le daba la gana. Con lo bien que se estaba en el suelo... Pero no, quiero jugar al... lo que sea... Al Cuidadín, eso...

- ¡Fuera la Patronal Viva el Sindicato Obrero La tierra para el que la trabaja! - gritó. Pero ni siquiera había llegado a levantar la varita, y de pronto perdió el interés por volver a gritar la fómmula mágica. Uy, no, con lo que me duele la garganta cuando grito, qué pereza... Quita, quita, qué esfuerssso...

- ¡Larry!

Larry volvió de pronto a la realidad. Estaba tumbado boca abajo en el suelo de piedra, y uno de sus dientes yacía cerca de él (qué manía de dejarse los piños en todas las superficies). No necesitó preguntar lo que había sucedido.

- Lo siento - musitó, e hizo el esfuerzo de levantarse aunque no le apetecía ni mijita. Se colocó las gafas, que tenía colgando de una oreja.

- ¿Te encuentras bien?

- Sí - dijo Larry. Tuvo que apoyarse en un pupitre para levantarse.

- Toma - dijo el profesor Lobatón, ofreciéndole un palolú. Después se agachó, cogió el diente y se lo colocó a Larry en el hueco con un golpe de varita -. No esperaba que lo consiguieses, era la primera vez... Me habría impresionado mucho que lo hubieras logrado.

- Pero es que cada vez es peor - dijo Larry -. Esta vez ni siquiera me ha dado tiempo a hacer nada antes de que se me quitasen las ganas...

Lobatón estaba pálido.

- Larry, si no quieres seguir con esto, lo dejamos por hoy...

- ¡No! - exclamó Larry -. ¡Tengo que conseguirlo! ¡Tenemos que ganar la Copa de Cuidadín o Malody se estará riendo de mí hasta 1987!

- De acuerdo... Cagóntó, no me libro... - Lobatón carraspeó -. Tal vez quieras pensar en algo que te apetezca más hacer, no sé, incluso cosas contra el Decreto Para la Limitada Moderación de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad...

Larry lo miró suspicaz.

- Te prometo que no me chivaré - dijo Lobatón sonriendo -. Yo también he tenido infancia, sabes...

Larry asintió, y levantó la varita.

- ¿Preparado?

- Sí.

Lobatón abrió de nuevo la caja, y de nuevo surgió una figura alta, vestida de negro y con la cara cubierta. Larry se concentró con todas sus fuerzas en la imagen de Mariangélica (era la chica que mejor conocía, no es tan extraño, hombres...), pero notaba cómo se le iban las ganas de hacer cualquier cosa. A ver... Quizá Patati... No, Lavendo... Bueno, o Ginebra, que seguro que querría... Bueno, querría hacer qué? ¿Esperar a la cigüeña? ¿Plantar un repollo? ¿Mirar cómo las abejitas llevan polen a las florecitas? ¿QUÉ demonios es lo que prohibe el decreto?

Sus piernas comenzaron a flaquear de nuevo. Quiero... quiero hacer con Ginebra... Pero qué chorrada, para ver a las aves migratorias o a los insectos y la flora me pongo un documental de La2... Quiero... Quiero hacer... Buah, para qué... Sacudió la cabeza. Quizá era que Ginebra no era una tentación suficiente... Intentó concentrarse en la imagen de la señora Ruperta, que tanto había gustado a Ron, a Flandhul e incluso, si le hacía caso, a Blas y a su propio padre. Pero la señora Ruperta no era tampoco alguien con quien le apeteciese contemplar las abejitas, o las cigüeñitas, o los repollitos... Pensó en la bruja del guardarropa de La Olla Regurgitante, pero pronto se le quitaron las ganas incluso de pensar.

- ¡Larry! ¡Larry, despierta!

Lobatón le abofeteaba el rostro, de forma que Larry notaba cómo se le iban todavía más las ganas de hacer na de na... Le costó cerca de cinco minutos comprender que estaba tumbado, en esta ocasión boca arriba, en el suelo del aula.

- No tengo ganas... - balbuceó. Lobatón le dio otras dos tortas.

- Larry, escucha. ¡Escucha!

- Vale...

- Creo que deberíamos dejarlo por hoy. Este encantamiento es demasiado para tí... No debería haberte puesto en este trance.

- ¡No! - gritó Larry -. Tengo que conseguirlo, tengo que hacerlo... ¿Qué pensaría mi padre si no lo hiciera? Pensaría que no soy capaz de conseguir la Copa de Cuidadín...

- ¿Te preocupa lo que podría pensar Lames? - preguntó Lobatón con voz extraña.

- Sí... - dijo Larry, con lágrimas de rabia surcándole el rostro. Se secó la cara con la manga intentando que Lobatón no lo viera llorando. Después lo miró -. Pero... Usted no conoció a mi padre, ¿no?...

- Sí... - dijo Lobatón -. Lo conocía. Fuimos amigos en Jobart. Pero a lo que íbamos... ¿Lo dejamos por hoy, entonces?

- ¡No! ¡El problema es que no puedo tener ganas de hacer algo que no tengo ni idea de cómo es! ¡Soy un inadaptado, ¿recuerda? ¡Tengo que pensar otra cosa!

- Cagóntó... No me libro ni a la de tres... Bueno, está bien, piensa en algo legal.

- Vale... A ver...

Larry se estrujó un poco más el cerebelo a ver si encontraba algo que le apeteciese hacer realmente pero de verdad de verdad. Entonces apareció una bombillita encima de su cabeza con un sonoro "¡Blimp!".

¡Darle una patada a Malody en los hueos! ¡Claro! Eso era lo que realmente le apetecía hacer con cada célula de su cuerpo y cada momento que pasaba consciente (que tampoco eran tantos). Si con eso no conseguía crear un Sindicato, entonces es que era un auténtico incapaz.

- ¿Preparado? - preguntó Lobatón como si quisiera acabar cuanto antes con aquello.

- ¡Sí! - dijo Larry con unas ganas locas de darle a Malody una patada en salva sea la parte.

Lobatón levantó la tapa de la caja y, por tercera vez, salió una figura oscura con el rostro oculto.

- ¡Fuera la Patronal Viva el Sindicato Obrero La tierra para el que la trabaja! - gritó Larry -.¡Fuera la Patronal Viva el Sindicato Obrero La tierra para el que la trabaja!

De nuevo, Larry sintió que sus rodillas perdían fuerza, y empezó a pensar que lo mejor era dejarse caer al suelo con tal de no hacer el esfuerzo por estar de pie. Pero esas sensaciones se difuminaban conforme imaginaba a Malody doblado en el suelo, con las manos en la entrepierna. Darle fuerte, pa que nunca más vuelva a pensar cosas en contra del Decreto... Verás la desilusión de Pasty Alzheimer... Jijiji... Pero qué mal que me caes, Malody...

De su varita surgió un rayo de luz de color rojo oscuro, que dio al Desertor en plena entrepierna. El Desertor se dobló, pero continuó mirando a Larry con mala cara. Sin embargo, a Larry se le llenaron los pulmones de una extraña sensación, como si quisiera levantar en armas a todo el colegio para dar la vida por la lucha de clases.

- ¡Atomápokkulo! - gritó Lobatón, lanzándose hacia delante.

Se oyó un fuerte "¡Blip!" y el rayo de luz roja se desvaneció junto con el Desertor. Larry se derrumbó sobre una silla y apuntó tan mal que cayó de culo en el suelo. Las piernas no querían sostenerlo, pero su cabeza bullía con la necesidad de hacer la revolución. Por el rabillo del ojo vio cómo el profesor Lobatón volvía a meter al Humpfrey en la caja, obligándolo con su varita. Se había vuelto a convertir en la extraña marioneta de peluche amarilla con los ojos saltones.

- ¡Estupendo! - exclamó Lobatón, dirigiéndose hacia Larry -. ¡Muy bien, Larry! Ha sido un buen comienzo.

- ¿Podemos volver a probar? - preguntó Larry, que se sentía efervescente de ganas de construir barricadas y emprenderla a sartenazos contra los enemigos del pueblo.

- Esta noche no - dijo firmemente Lobatón -. Por hoy está bien. Toma - dijo, pasándole un palolú -. Cómete esto o la señora Pompis hará cosas muy feas con ciertas partes de mi cuerpo a las que les tengo mucho aprecio. ¿Volvemos a intentarlo el próximo jueves?

- Vale - dijo Larry, chupando el palolú. La euforia revolucionaria se fue difuminando, sustituída por las ganas de hacer cosas realmente útiles para sí mismo: escribir un libro, viajar el globo, tener un hijo... Lo de tener un hijo le recordó súbitamente algo -. Profesor Lobatón... Antes me ha dicho que conoció a mi padre...

- Sí... - dijo Lobatón, ausente.

- ¿También conoció a Suburbius Blas? - preguntó Larry.

- ¿Por qué me preguntas eso? - dijo, alarmado.

- Por nada... Bueno, porque me han dicho que mi padre y Blas eran amigos en el colegio... Y claro, relacionando ideas...

Lobatón pareció calmarse.

- Sí, conocí a Suburbius Blas - dijo, entornando los ojos y mirando en la distancia -. O lo conocía... antes de que tuviera que retirarle el saludo por magopsicopatear.

- ¿Y también conoció a la señora Roberta cuando era un adolescente?

Lobatón sonrió.

- Eso creo que no te lo voy a contar.

Rumbaolé jugó contra Sulimoncín una semana después del comienzo de las clases. Sulimoncín logró ganar, pero por un márgen ridículo. Según Oliver, a quien los cálculos diferenciales se le daban mucho mejor que a Brad y a Bred, eran buenas noticias para Greypeor, que se pondría en segundo puesto si también ganaba a Rumbaolé, y sin necesidad de conjunciones planetarias. Por ello, decidió entrenar siete tardes por semana. Así que, sumando las clases anti-Desertores de Lobatón, (1x7+18), Larry tenía un total de -1 tardes para hacer los deberes. Aún así, no parecía ni con mucho tan agobiado como Mariangélica, que parecía necesitar n+1 tardes más para lograr llevar los deberes al día. Cada noche veía a Mariangélica rodeada de pilas y pilas de pergaminos, libros, plumas, botellitas de tinta, calculadoras solares... (seguramente heredadas de su madre, que tenía práctica en eso de hacer cuentas porque era empresaria).

- ¿Cómo lo hará? - preguntó Ron a Larry una tarde, mientras terminaba un repugnante, asqueroso, horrible y, sobre todo, larguísimo trabajo para Spice sobre Posesiones Infernales y Exhortaciones Necesarias para que los Espíritus Malignos Abandonen el Cuerpo Afectado. Larry alzó la vista. A Mariangélica no se la veía detrás de un inmenso libro de título ininteligible.

- ¿Cómo hará qué?

- Ir a todas las clases - dijo Ron -. Esta mañana la he oído comentar con la profesora Anguloagudo la clase de Arribamiarma de ayer. Pero a esa hora Mariangélica estaba con nosotros en clase de Bichos Mágicos. Y Esmi GomaMilan me aseguró el otro día que no ha faltado nunca a clase de Ensayos Mugres... Pero la mitad de esas clases coinciden con la hora de Adivinaadivinanza, y tampoco ha faltado nunca...

Larry no le hizo demasiado caso, estrujándose el cerebelo mientras intentaba recordar las frases en latín que propiciaban que los demonios abandonasen los cuerpos de los poseídos o posesos. Cuando había conseguido volver a concentrarse en el Quo Vadis, Demonii, volvió a ser interrumpido, en esta ocasión por Oliver Ybenji.

- Tengo dos noticias, Larry, una buena y una mala. ¿Cuál quieres primero?

- Er... La buena, supongo... - dijo Larry, escuchándolo sólo a medias.

- Bueno... La buena es que me caes de pua madre - dijo Oliver; era evidente que se le acababa de ocurrir -. La mala es que acabo de pedirle a MacDonalds que te devuelva la Flecha Fogosa, y me ha mirado como si quisiera jugar al ping-pong con uno de mis globos oculares... Se ha puesto un poco antipática, la verdad. Me ha dicho algo así como que tengo que ordenar mis prioridades, sólo porque le dije que me importaba un higo que la fregona te matase una o dos veces si antes cogías la snif -. Oliver se encogió de hombros -. Total, ni que hubiera dicho algo tan terrible. Luego le pregunté cuánto tiempo tardarían en hacerle la autopsia, y me dijo que te la devolvería cuando le saliese de los... Bueno, ya me entiendes -. Oliver suspiró -. Creo que tendrás que comprarte otra fregona, Larry. Te traeré el catálogo de Fregonas de la Hottia y Otras Milongas para el Cuidadín, que está en el Remate Final de las Rebajas de enero. Hay una Limbo XXII como la de Malody que tiene un 40 de descuento.

- Ni de coña me voy a comprar una fregona como la de Malody, aunque la regalen con un paquete de galletas de chocolate - gruñó Larry.

Enero dio paso a febrero (qué frase más chula). El partido contra Rumbaolé se aproximaba, pero Larry no hizo el menor esfuerzo por comprarse otra fregona, y eso que no había Desertores por ahí para justificar tanta inactividad... Al final de cada clase de Transmediterráneos le preguntaba a la profesora MacDonalds por su Flecha Fogosa, con Ron embobado junto a él, y Mariangélica pasando a su lado con cara de cabreo.

- Todavía no te la puedo devolver, Motter - dijo la profesora MacDonalds la centésimo cuadragésimo novena vez, antes incluso de que Larry hubiese acertado a abrir la boca y buscar las palabras -. Hemos analizado las tiras de bayeta y no hemos encontrado nada, pero el profesor Flipaín cree que el palo puede tener algún tipo de encantamiento que dé una descarga eléctrica de ochocientos mil voltios al que la monte. Cuando hayamos terminado el análisis antropométrico y calorímetro y hagamos las comprobaciones químicas y la prueba del Carbono 14 te lo diré. ¡Y deja de darme el coazo, hombre!

Para colmo de males, las clases anti-Desertores de Larry no iban tan bien como Larry esperaba... Después de cuatro tardes, era capaz de crear una débil lucecita roja del tamaño de un láser pero mucho menos potente, que sólo lograba mantener al Desertor lejos de él mientras consumía todas las energías de Larry en su deseo de dejarse decapitar por la igualdad de los hombres ante la ley. Larry estaba enfadado consigo mismo por no ser capaz de crear un verdadero Sindicato.

- Esperas demasiado de tí mismo - le dijo Lobatón frunciendo el ceño -. Para un inadaptado de trece años con hipotensión hereditaria está de pua madre, Larry, ya te he dicho que este hechizo es de doctorado y tú todavía no has pasado ni el graduado escolar... ¡Eres impaciente, joven Padawan! La impaciencia lleva a la ira, la ira al odio, el odio al Lado Oscuro...

- ¿Eink?

- Na, que vas muy bien para tu edad, chaval - dijo Lobatón -. Ya no te caes de morros al suelo, ¿verdad?

- No. Pero creí que el Sindicato se lanzaría a por el Desertor y le haría morder el polvo, y después se lo cargaría de mala manera... - dijo Larry, desilusionado.

- El verdadero Sindicato lo hace - sonrió Lobatón -. Pero bueno, tú has hecho mucho en muy poco tiempo, Larry... ¡Venga, hombre, arriba ese ánimo! Si los Desertores aparecen durante el próximo partido de Cuidadín, podrás entretenerlos un ratito y de paso movilizar a las masas estudiantiles...

- Pero si me acongojo con uno solo, y encima falso, no podré con muchos...

- Yo confío en tí, Obi Wan, digo Larry. Estás preparado para afrontar las pruebas. Aunque te falta comprender parte de la fuerza, poco puedes aprender de mí ya... Bueno, me estoy pasando de plagio, a ver si Lucas me va a demandar...

- ¿Cómo?

- Nada, nada. Que quando arrive a casa ti merecces un premio... ¡Nescafé Capuccino!. Jobar, veo demasiado la tele mugre... Digo, que te has ganado un premio. Toma, te he traído un pelotazo. Es de Las Cinco Fregonas, no creo que lo hayas probado...

- ¡Un Refresco de Queso! ¡Ñam, ñam, qué rico! - dijo Larry babeando como si fuese una Flecha Fogosa -. Me gusta mucho. Aunque creo que debería tener un poco más de gorgonzola y menos roquefort... - se detuvo en seco al ver la cara de sospecha del profesor Lobatón -. Bueno... Es que... Ron y Mariangélica me trajeron algunas cosillas el otro día... de Jomemeo, ya sabe... Sí, las... este... bueno... claro... glups.

- Ya veo - dijo Lobatón sin creerse ni papa -. Bueno, brindemos por la victoria de Greypeor contra Rumbaolé, entonces... Aunque no debería tomar partido - bajó la voz -, está contra el Decreto Para la Demostrada Imparcialidad del Profesorado Docente con Todos los Alumnos. Pero qué leches, me he apostado mil luros a que ganáis con el profesor Flipaín...

Bebieron en silencio un rato, hasta que Larry mencionó algo por lo que sentía una curiosidad muy morbosa desde hacía mucho tiempo.

- ¿Qué esconden los Desertores bajo el pasamontañas?

El profesor Lobatón, pensativo, dejó el Refresco de Queso.

- Bueno... Los únicos que lo saben no pueden decirlo. El Desertor sólo se quita el pasamontañas para utilizar su Arma Total.

- ¿Cuála?

- Lo llaman "El Arma Total del Desertor" - dijo Lobatón con un escalofrío -. Es lo que hacen con la gente que quieren destruir del todo todo. El Desertor se quita el pasamontañas, y le enseña la jeta al tío, ¿no? Y son tan feos los cabrones, pero feos, feos, feos, feos de verdad, ¿eh, que el que los mira palma instantáneamente.

Larry escupió el Refresco de Queso y un par de mocos también.

- ¿Lo matan?

- Simplemente flipa en colores y se le queda el cerebro hecho puré con grumos de un asqueroso color gris, y el cerebro se le sale por las fosas nasales y por los oídos y luego la lengua le explota y...

- Vale, vale, lo he captado... - dijo Larry a punto de vomitar.

- Eso es lo que le espera a Suburbius Blas. He oído que el Ministro de Magia ha dado permiso a los Desertores para enseñarle su careto cuando lo encuentren.

Larry se quedó unos momentos en silencio. La posibilidad de que a uno se le saliera el cerebro hecho papilla por los agujeros de la cara le parecía realmente asquerosa. Pero luego pensó en Blas.

- Se lo merece - dijo al cabo de un rato.

- ¿Eso piensas? - dijo Lobatón en tono ligero -. ¿De verdad crees que alguien se merece que le pasen la masa encefálica por una miripimer y luego se la saquen por la nariz y los oídos y la lengua le explote y...?

- Sí - interrumpió Larry con firmeza -. Por varios motivos que no me apetece comentar ahora mismo.

- Tómate otro palolú - dijo simplemente Lobatón.

Le habría gustado comentar con Lobatón la conversación que había escuchado en Las Cinco Fregonas sobre la traición de Blas a sus padres, pero entonces habría sido bastante obvio que había ido a escondidas a Jomemeo, y seguramente a Lobatón no le haría ni puñetera gracia, aunque para ser un profesor era bastante flexible con las normas. Así que Larry se terminó su Refresco de Queso, dio las gracias a Lobatón y se marchó del aula de Cuentos Mágicos.

Lamentaba haber pedido a Lobatón que le contase lo que había debajo del pasamontañas de un Desertor. Porque ciertamente lo del cerebro hecho potito de pollo a la jardinera saliendo por la nariz no era como para contarlo antes de la cena... Iba tan concentrado en controlar las nauseas que sentía de pensarlo que no vio a la profesora MacDonalds y chocó con ella en las escaleras, de modo que perdió el equilibrio y cayó cinco tramos de escalones de mármol, rebotando en todos ellos con el coxis y haciéndose mucha pupa.

- Mira por donde vas, Motter.

- Lo siento, profesora - dijo Larry, frotándose la rabadilla.

- He ido a buscarte a la sala común, pero no estabas, pendón, a saber qué harías fuera a estas horas. Mejor no me lo digas que no quiero saberlo. Bueno, aquí la tienes. Parece que está en perfecto estado. O hay alguien que te debe un favor muy grande o tu club de fans le ha dado demasiado a la marijohanna y se le ha ido la olla.

Le tendió la Flecha Fogosa, que tenía un aspecto tan estupendo como el día que se la regalaron. Larry se quedó con la boca abierta.

- ¿Puedo quedármela? - dijo con poquita voz y encima de vicetiple -. ¿En serio? ¿De verdad? ¿De verdad de la buena? ¿Sí...?

- Sí, puedes quedártela - dijo sonriendo la profesora MacDonalds -. Tendrás que domesticarla antes del partido del sábado, ¿no? Pues ya puedes empezar, porque si no ganamos quedaremos descalificados de la Copa de Cuidadín por diezmilésimo año consecutivo, como muy amablemente acaba de recordarme el profesor Spice.

Larry subió corriendo las escaleras hacia la torre de Greypeor, haciendo caso omiso del dolor de su coxis, de los pinchazos que sentía en el costado, de las ganas de vomitar y de su malestar general producido por indigestión de Refresco de Queso. Al doblar una esquina vio a Ron, que se lanzó hacia él sonriendo de oreja a oreja y lo tiró al suelo de nuevo, golpeándolo otra vez en el coxis, con lo que Larry se preguntó si alguna vez volvería a mover las piernas.

- ¿Te la ha dado? ¿Ya la tienes? ¿Te la puedes quedar? ¿Puedo montarla? ¿Wifredo el Velloso era calvo? ¿Jaime I el Conquistador no se comió una rosca en su vida? ¿Cuál es el secreto de Telepizza? ¿Por qué los de Villarriba no les prestan el Fairy a los de Villabajo? ¿Dónde están las armas de destrucción masiva?...

- Sí, sí, sí, sí, seguro, me apuesto lo que quieras, la masa, ni idea y preguntale a Busssssh - respondió Larry, sonriendo a su vez pese al molesto hormigueo que se extendía desde su hueso sacro hasta sus tobillos -.Oye, Ron...

- ¿El Juez Garzón es del Atleti? - preguntó Ron -. ¿Sadam Hussein es en realidad socio fundador de Pepsi Cola?...

- Ni idea y no me extrañaría. Escucha... - dijo Larry impaciente -. Creo que deberíamos hacer las paces con Mariangélica. Al fin y al cabo sólo quería ayudar...

- Sí, de acuerdo - dijo Ron -. Está en la sala común, estudiando, para variar...

Llegaron al corredor que llevaba a la sala común, y encontraron a Diezmil Locompro suplicando al teniente Cagonman que lo dejase entrar.

- Si las apunté, de verdad, en un papel así, cuadrado... Es que las he debido perder en alguna parte, no sé, en el Rastro, o en el Todo a Cien...

- ¡A mí no me engañas con esos cuentos! - gritó el teniente Cagonman, y miró hacia donde estaban Larry y Ron -. ¡Soldados! ¡Detenedlo! ¡Es un enemigo que quiere entrar en el campamento sin santo y seña!

- He perdido las contraseñas - les confesó Diezmil, abatido -. Le pedí al loco éste...

- ¡Más respeto! ¡Que soy tu superior!

-... que me diese las de toda la semana...

- ¡Te formaré un Consejo de Guerra!

- ... pero ahora no sé dónde las tengo...

- ¡Te vas a pasar la mili entera de imaginaria, soldado!

- Margarita se llama mi amoooor - cantó Larry al teniente Cagonman, que se calmó al instante y les dejó pasar por el agujero del retrato. Hubo un coro de murmullos y muchos "¡ohs!" y "¡ahs!" y "¡uhs!" y "¡ehs!" y "¡auaháeouahes!" asombrados (bueno, el último fue de Ron, que se había dado un golpe en el torrao cuando pasaba por el agujero) cuando todos los ocupantes de la sala común rodearon a Larry, que sostenía orgulloso su Flecha Fogosa.

- ¿Cómo la has conseguido?

- ¿Es tuya?

- ¿De dónde la has mangado?

- ¿A quién se la has tenido que chpar, Larry?

- ¿Ya la has probado? La fregona, digo...

- ¿Puedo montarla? La fregona, digo...

- ¿Es de verdad?

- ¿Es de segunda mano?

- ¿Es del top-manta?

- ¿Tiene garantía?

- ¿Servicio en carretera 24 horas?

- ¿Es Diesel o Gasolina?

- ¿Tiene cargador de CDs?

- ¿Cuál es el secreto de Telepizza?...

Después de unos diez minutos, durante los cuales la Flecha Fogosa pasó de mano en mano como la falsa moneda para ser admirada por los de Greypeor desde todos los ángulos, la multitud se dispersó y Larry y Ron pudieron ver a Mariangélica, la única que no había acudido a donde ellos estaban para ver la fregona. Se acercaron a su mesa y ella levantó la vista.

- Ya me la han devuelto - dijo Larry sonriendo y sosteniendo la Flecha Fogosa.

- ¿Lo ves, Mariangélica? No tenía ningún hechizo asesina-Larrys... - dijo Ron entusiasmado.

- Bueno - dijo Mariangélica -, podría haberlo tenido. Por lo menos ahora sabes que cuando la montes no vas a acabar espachurrado contra la Higuera Judoka.

- Sí, supongo que sí - dijo Larry encogiéndose de hombros -. Bueno, será mejor que la lleve arriba...

- ¡Déjame que la lleve yo, Larry! - suplicó Ron -. ¡Que me hace ilu! ¡Porfi, porfi, porfi...!

Ron salió corriendo escaleras arriba con la Flecha Fogosa, mientras Larry se sentaba junto a Mariangélica.

Echó un vistazo a la pila de pergaminos que había encima de la mesa. Había uno especialmente extraño, con unas curiosas líneas horizontales que la cruzaban de izquierda a derecha, agrupadas en conjuntos de cinco, y cubiertas de símbolos redondeados unidos por palitos verticales y horizontales. También descubrió otros símbolos enroscados en sí mismos, fracciones matemáticas junto a los curiosos signos enroscados y a un montón de cuadrados mal hechos (una cosa tal que asín: #) desordenadamente colocados sobre las líneas, y unas extrañas anotaciones en la parte superior de los grupos de cinco líneas que decían cosas como andante, allegretto, lento, presto..., que pensó serían invocaciones mágicas o hechizos peligrosísimos.

- ¿Qué tal lo llevas? - preguntó a Mariangélica.

- Bien. Bueno, trabajando, ya sabes... - respondió ella. Larry se fijó en su cara: las ojeras le llegaban hasta la parte superior de la mandíbula, los labios estaban en carne viva, la piel estaba blanca y descolgada, tenía un par de espinillas en la punta de la nariz y la túnica se le había quedado tan vieja como a Lobatón. Parecía haber envejecido muchos años a lo largo de los meses, y de hecho tenía aspecto de tener por lo menos doce años más de los que en realidad tenía, y encima muy mal llevados. O sea: estaba jorrible.

- ¿Por qué no dejas un par de asignaturas? - preguntó Larry.

- ¡Cómo! ¡Herejía! ¡Arderás en el infierno eterrrrno por proponer semejante cosa! ¡Dejar una asignatura, dices! - exclamó Mariangélica horrorizada.

- Arribamiarma parece un coazo... - dijo Larry observando el pergamino de las líneas agrupadas en cinco con motitas redondas y palitos, que decía en el encabezamiento: La Zarzuela de la Paloma.

- No, es estupenda - dijo Mariangélica con un extraño brillo en los ojos -. Es mi asignatura favorita, es fantástica, si vieras el guñiguñi que se te pone en el estómago cuando estudias eso de Una morena y una rubia, hijas del pueblo de Madrid...

Pero Larry no llegó nunca a escuchar el resto del temario de Arribamiarma, porque en ese momento sonó un grito aterrador en el dormitorio de los chicos. Instantes después Ron bajó las escaleras hasta la sala común con un papelito doblado en las manos.

- ¡MIRA! - gritó, acercándose a Mariangélica -. ¡MIRA! - repitió, agitando el papel frente a la nariz de Mariangélica.

- ¿Qué pasa, Ron?

- ¡MIRA! ¡MIKIMAUS! ¡MIRA!

- No, Mikimaus no, se llama Mariangélica... - dijo Seamos, desconcertado, mirando a su alrededor.

- ¡QUE NO, COO! ¡MIRA!

Mariangélica se apartó de Ron, con los ojos muy abiertos. Larry cogió el papelito y lo abrió. Estaba escrito en una letra ilegible, como de alguien que no hubiera aprendido nunca a sujetar correctamente un boli, mucho menos una pluma.

- Estimado amo Ron - leyó Larry -: Abandono este mundo. No te pongas triste porque me espera el cielo de los erizos. Atentamente, Mikimaus.

- Ignoraba que los erizos supieran escribir... - dijo Patati.

- Ver para creer - dijo Lean.

- Estos bichos modernos... - añadió Seamos.

- ¡Lo compro! - exclamó Diezmil.

- ¡SE HA SUICIDADO! - gritó Ron -. ¿Y SABES POR QUÉ?

- N-n-no... - dijo Mariangélica con la voz temblorosa.

- ¡LEE LA POSTDATA!

Larry bajó la vista por la hojita de papel hasta encontrar unas palabras garabateadas con rapidez y una letra aún peor:

- P.D.: Por cierto, que abandono este mundo por culpa de la bola de pelo verde, ¿eh? Para que no te quede ninguna duda. Hala, a cascarla. Miki.