¡Muy buenas, sempais! ¿Cómo están? Espero que bien (:3), yo estoy aquí saludándoles de nuevo desde mi computadora, en medio de la madrugada (xD). Y pues, ya saben, intentando con este nuevo proyecto de ItaSaso, que ya en alguna otra historia mencioné, está basado en la película "The Frozen Flower".

He pasado ya mucho tiempo echándole cabeza al molde y la línea general con la que espero abordar el tema. Pues, la verdad es que había pensado en terminar de escribir la historia y luego publicarla, pero sinceramente, me gustaría saber qué tan aceptada se puede dar en el fandom; sería una desgracia escribir todo y luego darme cuenta que a nadie le llamó la atención (situación que ya me ha pasado en otras ocasiones y que no quisiera repetir). ¡En fin! Ahm... lo de hoy va a ser en extremo cortito (xD), pero es prácticamente mi prólogo, así que tendrán que disculparme. De aquí me voy a llevar más o menos la impresión de qué hacer con la historia a través de sus comentarios (:3), si es que dejan (u-u).

Naruto no me pertenece. Es del gran Masashi Kishimoto, a quien insisto en llamar asesino de mis sempais Akatsukianos -y cuya crueldad se extiende al matar a otros que no debería (u-u) y dejar vivos a otros que odio con todo el corazón (7-7)-.

Un fic que me pertenece implica lo siguiente: Yaoi, AU y posible OoC.

En fin, espero de todo corazón que les gusté la idea y puedan dejarme un comentario, que nada les cuesta y me permite saber si continuar o no con la idea (:3). Mil gracias por su atención (uwu)


(*~((El escorpión sólo vive en la tierra))~*)

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Eco de un sueño

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Aquella mañana, cuando abrió los ojos, la imagen permanecía grabada detrás de sus párpados como las runas de antiguas civilizaciones. Todavía podía sentir el corte del viento contra la cara y la caricia de los rayos del sol en la nuca. Frente a él se levantaban las magníficas e imponentes montañas, cuyas cimas estaban escondidas por las nubes bajas de aquel hermoso día de verano. El pasto que se extendía a su alrededor se mecía suavemente, como si de un mar color esmeralda se tratara. La visión era tan hermosa y brillante, poseedora de un esplendor único e increíble.

La felicidad que lo embargaba en ese momento, al cabalgar por las inmediaciones del bosque, era algo que creyó nunca haber conocido, pero que le resultaba tan familiar como su propio rostro en el espejo. Durante un instante, Sasori logró sentirse completo, encontrando en aquella escena algo que perdió hace mucho tiempo sin saberlo.

Recordar el sueño ahora que estaba despierto supone un poco de esfuerzo y teme que todo se disuelva…, que vuelva a desaparecer igual que el humo. La simple idea hace que su cuerpo se estremezca dolorosamente y se apresura a cerrar los ojos en un intento por rescatar cada detalle, por más insignificante que pareciera. Quiere, especialmente, traer a su memoria al joven de largos cabellos ébano que ha estado apareciéndose continuamente en la fantasía de alguna vida pasada. A pesar de que no es la primera vez que sueña con él, tiene la impresión de ver una fotografía vieja y borrosa, porque no alcanza a precisar más allá de la forma en que sus cabellos se sacuden de un lado a otro por causa del viento y el trotar del caballo en el que va montado. Su espalda erguida y de hombros anchos es lo único que, por ahora, es capaz de ver.

Lo sigue con la mirada y enseguida agita las riendas para espolear a su montura. Ésta corre con más ímpetu y pronto alcanza al otro.

¡Por Dios! Ansía conocer su rostro y atraparlo en la memoria. No obstante, su intención se derrumba cuando el joven desliza el arco fuera de la cabeza y toma una flecha de la aljaba que cuelga en la silla de montar, volteando hacia el otro lado, donde una rápida sombra ha cruzado su campo de visión. Esto es quizá un motivo para sentirse frustrado, pero Sasori ya observa un tanto embelesado el movimiento ágil de aquellos brazos. Quisiera gritar su nombre, pero no sabe cuál es y en su lugar, se limita a copiar al moreno: Prepara su arco tan hábil y rápidamente que no puede evitar sentirse un poco sorprendido.

Una emoción poderosa llena su pecho, invadiendo y conquistando cada fibra de su ser. La sonrisa escapa de sus labios mientras escucha la voz grave del otro llamándolo suavemente. Su corazón comienza a saltar con fuerza mientras apunta. Ni el trotar del caballo ni los mechones rojizos que le caen sobre el rostro, entorpecen su puntería.

Cuando la flecha sale disparada, en perfecta sincronía con la del moreno, todo se detiene. Sasori despierta del sueño y, antes de que el sopor lo abandone por completo, siente un gran deseo por regresar a ese momento. Quiere volver a montar al equino y buscar la mirada de aquel joven que lo acompaña casi todas las noches.

La realidad parece no bastarle mientras los días van transcurriendo y él se pierde entre aquellas aventuras imaginarias. Echa un vistazo al mundo en el que vive, al montón de personas que van apretujadas unas contra otras en el vagón del metro. Huele el sudor, mira los rostros aburridos y vacíos, se siente tan sofocado y atrapado como un animal de zoológico. ¿Cuándo terminará esto? ¿Cómo podría su vida regresar el sentimiento de gozo y amor que cada noche le visita, para abandonarlo casi enseguida?

Por fin, llega a su destino. Le parecen horas enteras desde que se pone de pie y empuja a las personas para escapar del vagón. Las puertas se abren y mientras sale, roza la mano de alguien. Es apenas un segundo y no demasiado para que cualquier otro día lo hubiese notado, pero hay algo diferente: Una corriente eléctrica atraviesa cada uno de sus nervios y le hace sentirse tan relajado. Sasori se detiene al instante, girando sobre sus talones para encontrarse con el motivo de aquel repentino momento de vivacidad.

Sus ojos castaños y usualmente opacos se abren más que nunca al notar que del otro lado de las puertas, le mira un chico alto, de piel blanca y un largo cabello negro atado en una coleta baja. Su rostro es hermoso, como si estuviera tallado por los propios ángeles; a Sasori le parece una de las esculturas de Miguel Ángel, toda perfección y ángulos. Pero no es aquello lo que más desconcierta al pelirrojo sino los ojos del color de la escarlata y brillantes como el rubí, que le miran atentamente. Sasori apenas puede creer que en el mundo exista alguien así.

El moreno pestañea un segundo y frunce el entrecejo de manera casi imperceptible.

Sasori abre la boca para llamarlo, y luego se da cuenta de que no sabe su nombre. Y de pronto quisiera estar de vuelta en el vagón, pero es demasiado tarde: El metro empieza a avanzar y la ventana por la cual se asoma el rostro del chico se va perdiendo en la distancia, hasta desaparecer en el túnel.

Él se queda ahí parado, incapaz de moverse y preguntándose si es posible enamorarse de un desconocido que sólo ha visto en sueños.

Continuará.


[1] La hakama, es un pantalón largo con pliegues cuya función principal era proteger las piernas de los samurái.


¡Casi podría ser mi tan intentado drabble! (x3U) Bueno, espero subir el siguiente capítulo este fin de semana, con un poco de suerte, o la siguiente tal vez, tendré que pulir bien lo que llevo (owo), que no es demasiado. Además, tengo pensado que los capítulos no sean demasiado largos (xD), lo cual seguro es un alivio, ¿verdad?

Y bueno, espero que la idea les llame la atención y los invito a dejar un review, aunque haya estado muy cortito, y sugerencias, que ya saben que yo las acepto de buena fe (nwn)

A quien corresponda: Gracias por leer y darle una oportunidad a la historia (con un review)... lo último lo estoy preguntando, ¿eh? (xDU)

¡Hasta pronto!