El sol me da en la cara casi unos quince minutos, hasta que decido, finalmente, levantarme. Lunes, lunes, lunes…, como odio los lunes. Ya tengo treinta minutos tarde; sin embargo, llegar tarde una vez en cuatro años no es una tragedia, además tenía la excusa de mi automóvil, que sigue en la casa de Rock Lee.

Eran casi las 8:30 cuando entré a la cafetería que quedaba camino a mi trabajo. Como todos los días, pido mi café cargado y dos pastelillos; y me arrincono en la barra a revisar sagradamente mi correo electrónico. Este lunes, sin embargo, ha tenido algo distinto. Me siento distraída, como si mi mente flotara en algún lugar del universo, y no pudiese encontrar la tierra. Mi dedo índice sube y baja por la pantalla del teléfono, pero no presto atención a las imágenes realmente. La maraña de ideas en mi mente me confunde, y de alguna forma logra angustiarme y estancarme. ¿Qué quiero? ¿Qué es lo que me agobia? ¿Será que estoy teniendo la crisis de los veinticinco? Quizás me siento sola, lo cual es poco probable… o quizás no sea tan ilógico.

Suelto un suspiro agobiado y aprieto el celular contra mi frente, como esperando que del pequeño aparato saliera la respuesta a mis vacilaciones imberbes. Una voz familiar llama mi atención dos puestos más a mi izquierda, en la caja: Uchiha, el que goza de hacer propuestas indecentes a toda aquella mujer que se le cruce por delante. Mi sangre comienza a hervir de solo pensarlo. Cretino, niño mimado. Tendré suerte si no me ve… pero, oh, claro, no funcionará si estás exactamente donde se le agrega el azúcar al café. Bien, Hinata. Me aferro con más fuerza a mi teléfono, y clavo la vista en la pantalla. Mis dedos se mueven descontrolados, cambiando de canción cada cinco segundos. Su cuerpo llega junto al mío en cosa de segundos, pero no me mira.

-Si sigues tragando como cerda vas a ahogarte –dice de pronto. No me lo esperaba. Su voz se escuchaba rasposa y adormilada. Por su cabello, implícitamente supe que se había levantado hace poco, pero su traje hecho a la medida mejoraba algo la facha.

-¿Uchiha? –Murmuré. Me sentí estúpida, y mi garganta se comienza a secar, haciendo que me cueste aún más formular alguna palabra. Tomo más café, y logro que el sonido salga tenuemente de mi boca- ¿Qué quieres?

-No despabiles princesa, no tengo particular interés en fastidiarte esta mañana… Digamos que solo estoy siendo un caballero.

-Oh, un caballero es lo que definitivamente no eres. –Lo fastidié todo. Hablé sin pensar, o más bien pensé en voz alta. Sasuke frunce el ceño, pero lo relaja de inmediato y me ignora. Realmente, pero realmente no parece interesado en ser mordaz.

- No soy yo el que se está comportando como un salvaje –Su voz enfatiza esa última maldita palabra. Sus ojos intensos me observan fijamente, y me siento diminuta, como un cachorro siendo regañado.

-¿Qué haces aquí? –Otra pregunta estúpida. Estoy rompiendo mi récord. En este momento me pregunto, incluso, cómo demonios egresé de la universidad.

-Mi oficina está a dos calles –Dice, quitándole importancia al asunto. Su rostro se torna sombrío, y algo resplandece en su mirada… algo picante, que definitivamente no me gusta –Si dejases de mirarme como si hubieras encontrado petróleo, te lo agradecería.

-¿Perdón?

-Te perdono, princesa –Guiña un ojo y se aleja con su café en mano y una sonrisa arrogante adornando su rostro.

-¡Oye! –Algo me hace salir disparada en su dirección. Indignación, quizás. Uchiha es un hombre muy exasperante, y yo muy impulsiva- ¿No te cansa ser tan… inmaduro?

-Escucha, Hyuuga, en primer lugar: no soy yo el que está armando un escándalo; y segundo: desde un principio dije que no tengo intenciones de fastidiarte. Ya me fastidias bastante tú a mí…, -su rostro se crispó en una mueca extraña, como incómodo pero a la vez mal intencionado- pero francamente no eres el tipo de mujer que lo entiende. Espero que tengas un buen día, princesa. -Me quedé en medio del local plantada, con todo el mundo mirándome, y… humillada.

El resto de la semana fue una total basura, pero el viernes pude recuperar mi automóvil. Justo a tiempo para asistir al cumpleaños de Ten Ten, la novia de mi primo. Rock Lee había hecho un excelente trabajo con el motor. Llegué a mi casa cerca de las siete ese viernes, pero la fiesta no comenzaba hasta las nueve, así que tenía un par de horas para arreglarme. En realidad, mi cuerpo clama por algo de descanso; ojalá una siesta de tres semanas al hilo, y una buena ración de helado de chocolate. A veces me pregunto si lo mío será una crisis, o una depresión de mujer desesperada y solterona. Anhelo que sea lo primero, porque no quiero que nada se interponga en mi camino; pero para mí desgracia pinta ser más lo segundo. De todos modos, no pienso hacer nada por solucionarlo. Suena el teléfono, y todo se me vuelve oscuro.

Llegué a la fiesta cerca de las diez, sin ánimo de nada. Saludé a todos, y vagué entre los invitados como si estuviese perdida. Me sentía turista en una casa que conocía muy bien. Kiba se acercó a mí un par de veces, pero no quise revelarle nada. Ya me bastaba con fastidiarme la noche a mi sola, como para hacerlo con mi gran amigo. Salgo a la terraza a respirar aire puro. Veo la ciudad y las luces, los automóviles que se mueven entre pavimentadas calles, la policía corrupta jodiendo a algún conductor borracho, los anuncios de neón y las torres de señal. Por un momento me siento plena, en la cúspide de todo, en lo alto del mundo. En el último piso de un edificio se está bien, me dije, inspirando profundamente. Sentí el humo y la suciedad colarse en mis fosas nasales e ingresar a mis pulmones. Esto es la ciudad. Enferma y retorcida ciudad, la cual amo, porque combina conmigo. Escucho que alguien cierra la puerta de vidrio de a terraza, y veo a Neji aproximarse a mí, inmutable como siempre.

-Ten Ten pregunta por ti. Cree que estás enfadada con ella. –Me ofrece un cigarrillo, y lo acepto. Miro nuevamente el paisaje desde las alturas, y me siento agobiada nuevamente.

-Cariño, claro que no… Por dios, no –Titubeo, y Neji descansa su brazo derecho sobre mis hombros, mientras que con el izquierdo sujeta una copa de Whisky –Solo no me siento bien. Estoy un poco confundida, pero creo que es normal. Pasará pronto-Sonrío, y mi acompañante no parece quedar convencido. Nos quedamos en silencio varios minutos, simplemente sintiendo el fresco de la noche- Llamó Hiashi esta tarde –Se la solté de sopetón. Se tensó, lo sentí en mis hombros, pero no alteró su expresión facial.

-¿Qué quería?

-Lo mismo de siempre. Me negué, por supuesto… -Mi angustia se hizo notoria- No es que no lo esperase, es solo que tenía la esperanza de haber superado esta etapa.

-Hombres como él jamás van a lograr superar ninguna etapa, prima –Por alguna razón su comentario me hizo reír. Estar con Neji siempre era lo mejor.

-Necesito unas cuantas copas… Iré a un bar, no quiero arruinarle más la noche a Ten Ten, ni a ti.

-Te rogaría hasta de rodillas que te quedases aquí, pero con lo obstinada que eres, lo harías de todas formas… Confío en que sabes lo que haces, Hina –Me abrazó fuerte, y permanecimos así unos segundos. Sonreí e ingresamos al departamento a buscar mis cosas.