"Noche de chicos", lo llama Naruto. Estúpido nombre se ha cogido para una salida como tantas otras. El único objeto de la dichosa "noche" es ir al antro a emborracharse, y si tienes mucha suerte, irte a casa con una chica ardiente, o dos. Había un bar, muy de moda entre la gente de clase alta, lo que significa que estaría lleno de bellezas exóticas y buena bebida. Nada en particular, pero el espíritu aventurero de mi mejor amigo era el que usualmente me traía mujeres.

El lugar estaba atestado de cuerpos sudorosos, hierba y alcohol. Llevaba dos horas sentado en la misma posición, bebiendo en silencio, mientras Naruto estaba ad portas de sumar a una chica más a su lista de conquistas exitosas. Es patético cómo tantas de ellas se entregan ante la mínima señal de dinero, ebriedad y traje de buena calidad. Ninguna de ellas siente la necesidad de ser racional; más bien, las defino como criaturas de la noche gobernadas por su lívido. No me quejo, porque siempre son útiles en tiempos de necesidad, cuando el deseo se hace potente y el raciocinio, nulo; sin embargo, nunca serán vistas como algo más que un trozo de carne, que es lo que son. Sensuales y ligeros trozos de carne, dispuestos a entregarse en cuerpo y alma al mejor postor.

Quizás soy yo, o este lugar es muy aburrido. Quizás estoy perdiendo mi toque. Quizás, solo quizás, quiero volver a casa y sentarme a ver televisión hasta quedarme dormido. Pero quiero sexo, de ese sexo desenfrenado y novedoso… Necesito un cigarrillo y aire, o alguien saldrá lastimado.

El estacionamiento está vacío, salvo un par de perros que escarban entre la basura. Mi vista se posa en un volvo v40 azul eléctrico, que destaca al estar estacionado bajo la luz del foco. Una figura borrosa se mueve junto a la puerta que queda oscura, como intentando sujetarse de la ventana abierta de par en par. Me acerco, aún con el cigarrillo encendido en la mano. Tal vez se trate de un ladrón ebrio, y en vista de su condición, me dé el lujo de darle un par de zurradas. Conforme me acerco, la figura se va haciendo más nítida, y reparo en que no es un hombre; más bien es una mujer delgada de cabello oscuro largo. Su piel está rasguñada, y está notoriamente ebria. Le doy unos golpes suaves en la suela del zapato. Se encoge hasta llegar a posición fetal, y cubre su cabeza con ambos brazos.

-¡Quien seas, vete! –El sonido es apenas un murmullo, pero esa voz… esa voz yo la conozco.

-¿Hyuuga?Se queda tiesa, y lentamente voltea la cabeza hasta verme por completo. Sus ojos grises están entrecerrados y humedecidos. Suelta un bufido molesto. Al parecer nunca se siente feliz de verme, y no es que espere que lo haga; o que yo lo sienta también.

-Fantástico… ¿No hay un solo lugar en esta maldita ciudad donde pueda estar lejos de ti?Hinata intenta levantarse, pero vuelve a caer de cola sobre la tierra. Comienza a llorar, y veo grandes chorros de lágrimas negras correr por sus mejillas.

-¡Eh, tranquila! –En un impulso la sujeto por los brazos y le apoyo contra la puerta del automóvil. Ella forcejea, pero cae hacia un costado- ¿Quieres calmarte de una vez?

-No me toques… no quiero que me toques –Contraria a sus palabras, sujeta mis brazos con fuerza, porque sabe que de otra forma caería de bruces al suelo. Su llanto se intensifica. Parece no parar, y vuelve a arremeter contra mí con más fuerza. Casi caigo sobre mis talones.

-¡Hyuuga, maldita sea! –La azoto contra la puerta, sujetando sus muñecas junto a su rostro, que evita mirarme en todo momento- Mírame –Ordeno, y niega con la cabeza. Estoy empezando a perder la paciencia –Mírame.

-¡Me estás haciendo daño, bruto! –Patalea como niña pequeña, pero no deja de llorar.

-Mírame… –Se estremece y lentamente voltea la cara, hasta que me mira directo a los ojos. Su rostro pecoso y sonrojado está atento a mis movimientos, pero en realidad la mente de Hinata está en cualquier otro lugar. Lo sé, pues también he estado en su posición antes- No soy tu enemigo, Hyuuga… no lo soy. Quiero ayudarte.

-Tú quieres sexo, bastardo asqueroso –La voz de Hyuuga comienza a aumentar, y escucho su voz más aguda de lo que es en realidad- Lo único que buscan los de tu tipo es sexo… Se creen tan especiales con su dinero, su facha y sus perras… Adivina qué Uchiha: No soy una muñeca Barbie que puedes usar a tu gusto, y dejarla por otra cuando se te de la maldita gana… ¡JAMÁS SERÉ TU PERRA, CRETINO HIPÓCRITA! –Lanza un escupo en toda mi cara, y la suelto enseguida. Su mejilla derecha golpea el suelo con fuerza, y gime del dolor. Esto pasa cuando intentas ser amable, Uchiha, debería quedarte claro. No para de llorar, y pese a que ya me sacó de mis casillas, mi mente se pelea por levantarla del suelo otra vez.

-Son estupideces, Hyuuga –Me levanto, dueño de mí mismo al igual que siempre. Esta chica estúpida se ha buscado todo lo que le sucede, ¿verdad? Claro que sí- Aunque creo que tú eres aún más estúpida, por quedarte en estas condiciones, sola, y con un vestido tan ajustado. Pensé que eras mejor que eso, perrita faldera de papá.

-Quiero irme a casa… -Lo que queda de su llanto, ahora es un sollozo persistente. La observo desde las alturas, y me parece cada vez más insignificante. Cada vez es más tentadora. Cierra los ojos y se desvanece sobre la tierra seca, rasguñando aún más su rostro –Sasuke… casa… -Termina de abandonar la conciencia, y se queda inmóvil como piedra. Toco un fragmento de su piel: cremosa y suave, como siempre la imaginé, pero estaba helada, y a merced de todo; sin embargo, ese no es mi problema.

-Eres patética, princesa –Me volteo y apago el cigarro en el capó de su automóvil. Decido volver adentro a buscar un cuerpo donde descargarme. La noche aún es joven, al igual que yo.