Capitulo 1.: Mi Muerte

Nada en mi vida había cambiado… ya habían pasado dos meses desde que salte del acantilado. Jake, mi fiel amigo siempre estaba junto a mí. Pero aun así, no me acostumbraba a estar sin Edward.

Hace dos meses no escuchaba su voz.

Mis sueños no habían acabado, eran peores ahora. Les echaba de menos, les echaba de menos a todos.

Cada vez más me hundía en la agonía, en la agonía que tú me habías dejado. Por vivir una vida humana que no tenía sentido para mi antes de que tu aparecieras en ella. En mi interior aun guardaba la esperanza de que aparecieras. Pero no era así, los meses, los días, los minutos, los segundos fueron pasando como ave de paso.

Una mañana Renee mi madre vino desde florida a visitarme. No me imaginaba para qué, pero cuando llego solo entro en mi habitación sin mirarme, cosa que no era normal en ella, Renee siempre se había preocupado más de lo normal por mí.

Isabella Swan - grito - levántate de esa cama ahora mismo.

Tomo una maleta de mi armario y puso sobre la cama, metiendo en ella toda lo que encontrara en su camino.

¿Que haces? - le dije -

¿No es evidente? - Grito - nos vamos a casa.

Mi madre lloraba ante mí, lloraba desconsolada.

¡Yo no me iré de aquí! - le grite - ¡No me iré!

Violentamente me levante de mi cama, tome la maleta y la tire al piso esparciendo toda la ropa por mi cuarto. Caí arrodillada al pie de mi cama, las lágrimas salieron solas de mis ojos. No entendía, no comprendía lo que me estaba ocurriendo.

Bella - dijo mi padre parado en la puerta - El no volverá amor. No puedes quedarte en ese estado toda la vida. Nos estas matando cariño. Tu madre y yo estamos muy preocupados por ti.

Mi madre que cayó en mis pies al ver que me desvanecía, me abrazo fuertemente.

¡Cariño! Ven conmigo. No quiero que estés más de esta manera Bella. Tienes muchas cosas que vivir por delante. - me dijo mi madre entre sollozos -

¡Nooooooooooooooooooo! ¡Vete! ¡Vayanse! Grite fuertemente, levantándome del suelo y arrastrando a mis padres a la salida de mi habitación. Le puse seguro y me encerré en ella por una semana, sin comer, sin nada…

Así transcurrieron los meses. Los meses que para mi eran como unos mas de mi sosa vida. El hueco en mi pecho no había sanado, pero aparentaba que si, Charlie en la primera recaída me mandaría a Jacksonville con mi madre y era lo último que quería en estos momentos.

Morir. Eso si quería, quería morir para que los recuerdos se fueran de mí para siempre. En su ausencia de igual manera ya estaba muerta, muerta en vida. En una vida humana que el siempre quiso que viviera, que disfrutara. Pero para mí no había vida sin él. Sin él no había nada.

Bella estas pálida - dijo Mike -

Estábamos en la cafetería, yo solo me tomaba una soda en el almuerzo, desde hace mucho tiempo que no comía en el instituto.

Bella siempre esta pálida Mike… ¿no te habías fijado de eso? - dijo Jessica entre risas -

No es nada Mike, Jessica tiene razón, yo siempre he sido así. - conteste -

Pero hoy es diferente, a tus labios le falta color, están como… purpura. - me dijo -

No es nada - dije - no te preocupes.

Después de clase, al llegar a la casa, Renee que aun estaba en Forks por mi causa se había ido a Port Angers a hacer unas compras, mientras que Charlie como siempre estaba en trabajando.

Pensé en hacer mis quehaceres para distraerme y no pensar en nada, pero en cada paso que daba por la casa era un recuerdo de Edward. Recuerdos que encerré en un baúl de mi mente para que nunca volvieran a lastimarme pero inútil siempre que podían se colaban en mi memoria para hacer estragos con lo poco que quedaba de mi.

Flashback

— ¿Tú... no... me quieres? —intenté expulsar las palabras, confundida por el modo como sonaban, colocadas en ese orden.

—No.

Le miré, sin comprenderle aún. Me devolvió la mirada sin remordimiento. Sus ojos brillaban como topacios, duros, claros y muy profundos. Me sentí como si cayera dentro de ellos y no pude encontrar nada, en sus honduras sin fondo, que contrarrestara la palabra que había pronunciado.

Fin del FlashBack

Cada vez más me seguía hundiendo en ese pozo oscuro y profundo en el que me había dejado al partir, al alejarse de mi lado, mato la humanidad que tanto deseaba proteger.

Tome un poco de ropa sucia y la metí en la lavadora. El plumero de colores con el que solíamos limpiar a tela de los muebles estaba a un lado al verlo recordé que Jacob se había recostado en el mientras estaba en fase, estaría lleno de pelo de lobo, lo tome y camine hasta el mueble al que nunca más me había acercado por miedo a mis recuerdos.

FlashBack

—¿Un plan de emergencia? —repetí.

—Bueno, no estaba dispuesto a vivir sin ti —puso los ojos en blanco como si eso resultara algo evidente hasta para un niño—. Aunque no estaba seguro sobre cómo hacerlo. Tenía claro que ni Emmett ni Jasper me ayudarían..., así que pensé que lo mejor sería marcharme a Italia y hacer algo que molestara a los Vulturis.

No quería creer que hablara en serio, pero sus ojos dorados brillaban de forma inquietante, fijos en algo lejano en la distancia, como si contemplara las formas de terminar con su propia vida. De pronto, me puse furiosa.

—¿Qué es un Vulturis? —inquirí.

—Son una familia —contestó con la mirada ausente—, una familia muy antigua y muy poderosa de nuestra clase. Es lo más cercano que hay en nuestro mundo a la realeza, supongo. Carlisle vivió con ellos algún tiempo durante sus primeros años, en Italia, antes de venir a América. ¿No recuerdas la historia?

—Claro que me acuerdo.

Nunca podría olvidar la primera vez que visité su casa, la enorme mansión blanca escondida en el bosque al lado del río, o la habitación donde Carlisle —el padre de Edward en tantos sentidos reales— tenía una pared llena de pinturas que contaban su historia personal. El lienzo más vívido, el de colores más luminosos y también el más grande, procedía de la época que Carlisle había pasado en Italia. Naturalmente que me acordaba del sereno cuarteto de hombres, cada uno con el rostro exquisito de un serafín, pintados en la más alta de las balconadas, observando la espiral caótica de colores. Aunque la pintura se había realizado hacía siglos, Carlisle, el ángel rubio, permanecía inalterable. Y recuerdo a los otros tres, los primeros conocidos de Carlisle. Edward nunca había utilizado la palabra Vulturis para referirse al hermoso trío, dos con el pelo negro y uno con el cabello blanco como la nieve. Los llamó Aro, Cayo y Marco, los mecenas nocturnos de las artes.

—De cualquier modo, lo mejor es no irritar a los Vulturis —continuó Edward, interrumpiendo mi ensoñación—. No a menos que desees morir, o lo que sea que nosotros hagamos —su voz sonaba tan tranquila que parecía casi aburrido con la perspectiva.

Mi ira se transformó en terror. Tomé su rostro marmóreo entre mis manos y se lo apreté fuerte.

—¡Nunca, nunca vuelvas a pensar en eso otra vez! ¡No importa lo que me ocurra, no te permito que te hagas daño a ti mismo!

—No te volveré a poner en peligro jamás, así que eso es un punto indiscutible.

—¡Ponerme en peligro! ¿Pero no estábamos de acuerdo en que toda la mala suerte es cosa mía? —estaba enfadándome cada vez más—. ¿Cómo te atreves a pensar en esas cosas? —la idea de que Edward dejara de existir, incluso aunque yo estuviera muerta, me producía un dolor insoportable.

Fin del Flashback

En ese momento no sabía que decía, porque si para mí era insoportable estando entre sus brazos, ahora realmente era un dolor mortifero el que llenaba mi alma y destruía mi corazón. Mil cuchillos entraban y salían de mi cuerpo, ese era el dolor al que me había acostumbrado desde su partida, desde que morí, y quede muerta en vida para siempre… para el resto de mi sosa y estúpida vida humana que el amablemente me había regalado.

Mi corazón palpitaba cada vez más lento, no sentía sus latidos, de pronto todo empezó a oscurecerse, caí acuclillada en el piso al lado del mueble que un día fue de nosotros. Cada vez que intentaba inhalar aire, me quemaba, mis pulmones ardían fuertemente, el aire no entraba en mí, me estaba ahogando.

Al fin - dije - la muerte ha venido por mí.

Cerré mis ojos, me tendí en el suelo en forma fetal parecía que dentro de mi todo se desprendiera.

Al abrir mis ojos de nuevo, Edward estaba a mi lado.

¡Bella no! Lucha - me dijo en un susurro -

¿Para que? Esto no es vida sin ti. ¡Maldito mentiroso, me dejaste sola! Déjame morir - le gritaba -

¡Bella nooooooooooo! - grito el - Lucha! Lucha!

Mis manos cayeron vencidas a mi lado, mi corazón al fin se rindió. Estaba meriendo.

Mi corazón dejo de latir. ¡Era lo que más quería, esperaba con ansias la muerte!