Mi mente flota en el limbo. No veo nada más que líneas difusas de colores eléctricos, que se tambalean y forman figuras extrañas. Estos pétalos pululan despreocupados… se pierden en la infinidad, aparecen y vuelven a desvanecerse. No tienen miedo a nada, ni al tiempo, ni a las críticas, ni al fuego que los consume mientras danzan, ni los golpes… los golpes… son pasos que se acercan, se acercan a mí uno tras otro. Tac, tac, tac… son los zapatos de papá. Papá está borracho otra vez, y está furioso. Hice algo malo, soy una niña mala. Él se posa a mi lado como mariposa, y golpea mi rostro una y otra vez, sin respirar. Está rojo, y las venas de su cuello se han hinchado; pero me grita que soy mala, soy débil y lo avergüenzo con mi actitud. Debo cambiar. Debo dejar de tartamudear. Debo ser fuerte y descarada, como él, no como yo. Me golpea otra vez, me consume, me reprime. Lloro, y cada lágrima es un correazo ganado. Nada lo detiene… Tac, Tac, Tac… Papá huye como un ciervo del depredador ¿Qué asusta tanto a mi papi?... Veo ojos negros como boca de lobo, esos ojos me paralizan y me dan miedo. Siento que la oscuridad me llama a ellos, a rendirme, dejar de luchar y entregarme a ellos. Los ojos se acercan, y resulta que tienen nariz y boca; y un nombre: Uchiha Sasuke. Él me llama, con voz despiadada. Sé que me hará daño, porque él rompe todo lo que toca. Él está roto, al igual que yo… pero no quiero ir. Si me dejo llevar, papá volverá a castigarme… Cae una gota del cielo, y empapa la figura de Sasuke. Él se ahoga, muere, y se ahoga en agua fría como témpano. El agua sube por mis pies hasta mi garganta. Comienzo a chillar. Temo por mi vida, y nadie me va a rescatar. Sasuke se asoma entre las olas y empuja mi cabeza a las profundidades. Él acabará conmigo. Me está ahogando, y yo no le detengo. Grito más fuerte, el oxígeno me falta, y algo me zamarrea contra el agua. Veo luz blanca, y me acerco a ella lentamente. Siento el zamarreo, y un golpe en la cabeza. Abro los ojos, y me encuentro con un techo blanco y paredes rosa pastel.
-¡AH! –Me siento de golpe, y siento un tirón en mi mejilla izquierda. Frente a mis ojos está la señora Garroway, mi vecina. Una ancianita muy agradable, soltera, y muchos gatos en su vida.
-Despacio mi niña, vas a hacerte daño –Se levanta de su lugar, y toca mi frente en busca de fiebre. Me sonríe. Es obvio que siente pena por mí. Pone en mis manos una taza caliente de té. Adoro el té de mi vecina, es el mejor que he probado.
-¿Qué pasó? Digo… ¿Cómo llegué aquí?
-Toma tu té, Hinata. Ya tendremos tiempo de hablar –La señora Garroway se voltea y abandona la habitación. Uno de sus gatos se frota contra mi brazo libre. Lo subo a mi regazo y lo acaricio largo rato, intentando recordar lo que pasó anoche.
-¿Crees que soy extraña, Mr. Bubbles? –El minino bosteza y se va sin más. Que gato tan desagradecido. O quizás intuye que soy mala compañía, y prefiere evitarme el dolor de escuchar la triste realidad- El ruido de mi celular me saca de mis vacilaciones. Es Neji -¿Hola?
-Hola, Hina. Solo quería saber cómo pasaste tu noche de copas –Se ríe, y yo sonrío también. Neji es de esa clase de personas que, si bien es seria, cuando se ríe, su risa da más gracia que el mismo chiste. Es contagiosa. Su buen humor es contagioso; contrario al mío, que soy una amargada.
-Si te lo cuento, no me lo creerías… -Suspiro- ¿Qué era eso importante que querías decirme la otra noche, antes de irme?
-En unos meses más tendrás la casa para ti sola, oficialmente. Ten Ten y yo tendremos un bebé.
-¡Oh, hermano, eso es increíble! Me alegro por ustedes. Cuando llegues a casa celebraremos, ¿ok?
-De acuerdo, mantente viva hasta entonces –Escuché a Neji de la forma más alegre que alguna vez lo haya oído. Más que cuando ganó su trofeo de bolos cuando teníamos casi diecisiete años.
-Trataré… ¡Dale un millón de abrazos a Ten Ten de mi parte! Ah, y… oye, te quiero.
-Eres una llorica, Hinata –Dijo, y pude imaginarlo sonriéndome, como tantas veces lo hacía; solo para mí y su novia- yo también. Nos vemos.
A penas colgué, la señora Garroway entró a la habitación con un plato de sopa en las manos. Arrancó la taza de las mías, y puso el plato sobre una tabla de madera, sobre mis muslos.
-¿Podría responder mis preguntas ahora, por favor? –Ella asintió. Lo pensé unos minutos… ¿por dónde empiezo? - ¿Cómo llegué aquí?
-Alguien te dejó sentada frente a mi puerta. Estabas muy machacada, y lo mejor sería que te quedases conmigo, ya que no vi a tu primo en ninguna parte.
-Neji pasó la noche en casa de su novia. Es su cumpleaños –Expliqué. Pareció no importarle, y prosiguió su relato, haciendo pausas de cuando en cuando para recordar algún detalle.
-No logré ver quién te dejó aquí, pero alcancé a divisar a un hombre que se alejaba por la calle. Estaba oscuro y no pude verlo bien, pero llevaba una sudadera azul oscuro, con el logo de algún equipo de basketball... Bay… ¿Bayhawks?
-¡Kiba! Oh, esa chaqueta es de Kiba… Madre de Dios, que suerte –Mi vecina esbozó una gran sonrisa y tomó mi mano.
-Me alegra que estés mejor. Eres libre de irte a casa cuando gustes.
-De hecho me gustaría irme ahora, aunque sea un poco grosero de mi parte… es que me gustaría llamar a Kiba para agradecerle.
-Como quieras, mi niña –Retiró el plato y lo colocó sobre la mesa de noche. Me levanté de un salto, renovada, y le di un abrazo.
-Muchas gracias por todo. No sé cómo pagárselo –Colocó un mechón de cabello detrás de mí oreja, y negó con la cabeza.
-A las viejas como yo no nos queda más que ser útiles al prójimo, como sea posible, Hinata querida… Por cierto, ese joven Kiba y tú hacéis una pareja de lo más linda –Guiñó su ojo derecho y salió rápida del cuarto, dejándome con las mejillas sonrosadas y la boca abierta.
Bajo al subterráneo a llorar la pérdida de mi auto, sin ambargo, me encuentro la sorpresa de que está ahí, intacto, bien cerrado y todas las ventanas arriba. Oh, Kiba, eres fantástico. Salvo un detalle… algún maleducado apagó su cigarrillo en el capó. Probablemente fue un borracho que pasaba por ahí, y no encontró nada mejor que hacerme la gracia. Subí al primer piso, y telefoneé a Kiba. Respondió al tercer pitazo.
-¿Hola?
-¿Estabas durmiendo?
-Sí… Algo así ¿Qué sucede?
-Solo quería agradecerte por todo… ¡Eres el mejor!
-Claro, nena… no es nada. Hablamos luego, ¿sí?
-Llámame cuando estés despierto ¡Muchas, muchas, muchas gracias! ¡Te adoro!
-Uhm, yo igual. Un beso –Colgó. Si bien no me sorprende su mal humor al despertar, sí el hecho de que me llamase "nena". Él no lo hace, pero en fin, no lo voy a cuestionar.Aún me queda trabajo que hacer, cuentas que revisar, y una celebración que preparar para Neji.
Y aunque cueste creerlo... ¡Hinata sí tenía sentimientos!
