Tengo pesadillas constantes. Las he tenido cada noche durante veinte años. Las imágenes son variopintas, pero casi siempre es la misma: Mamá me arregla la horrible pajarita de la escuela, antes de irme. Me da un beso en la mejilla, y salgo hecho un suspiro por la puerta principal. De pronto, todo se vuelve confuso, y un policía me dice que no puedo entrar a mi casa. El lugar está rodeado de gente en traje azul, y vecinos curiosos. Los odio, ¿por qué no se meten en sus asuntos?... Digo que quiero ver a mi mamá. Quiero mostrarle la medalla que gané por ser el primero en aprender a multiplicar de mi clase, pero él insiste en taparme la entrada. Dice que alguien malo le hizo daño a mamá, y necesitan saber quién fue; pero yo insisto. Coloca su gorro azul sobre mi cabeza, y dice que eso me ayudará a ser fuerte. En un movimiento rápido paso por debajo de su brazo, y corro hacia la cocina. Un plástico naranja cubre algo sobre una mancha enorme de sangre. Los forenses exigen que saquen al niño de la escena del crimen, y me sacan arrastrando, mientras yo comienzo a llorar. Lloro desconsolado, como el patético niño de ocho años que solía ser en esos tiempos. Quien dijo que todo tiempo pasado fue mejor, claramente no tenia ni idea de lo que estaba hablando.

Despierto cubierto en sudor, con las lágrimas escociendo mis ojos y jadeando en busca de oxígeno. Trago toda la saliva que puedo, en busca de refrescar mi garganta seca, pero se me hace necesario ir al baño. Una vez dentro, mojo mi rostro con agua fría, y sé que esta noche no podría volver a dormir. Me siento frustrado y molesto por todas esas horas de sueño que he perdido en todo este tiempo, pero también sé que no puedo hacer nada por evitarlo. Recorro la casa en la oscuridad y descalzo, como si el frío de la madera fuera a relajarme un poco. Prendo el televisor, y lo observo durante largo rato, sin prestarle atención reamente. Todo lo que contiene esa caja electrónica, y las personas que se prestan para alimentarla, me desagradan. Todos tan superficiales, tan triviales, sin nada interesante que decir… me hartan; y encima, hace que me duela la cabeza. No es resaca, porque ni siquiera bebí tanto en mi salida con Naruto. Llegué a mi casa cerca de las 2, lo cual no está ni remotamente cerca de mi hora habitual de llegada. Ignoré la televisión, tentado por la posibilidad de arrojarle un jarrón o algo, pero eso significaba tener que comprar otra. No para mí, sino para mantener ocupado a Naruto en sus visitas repentinas.

Permanezco en silencio otro buen rato, buscando en la cocina algo para distraerme. No encuentro nada, y tampoco tengo hambre. Mis pies se dirigen al cuarto donde tengo el piano de cola de mi madre. Casi nunca lo toco, pero algo me atrae a él y me sienta frente a sus teclas, esperando que el polvo se disipe y nazca la música otra vez. Primero es una nota sencilla, luego dos; y mis dedos comienzan a recordar una melodía que mi madre siempre tocaba cuando estaba sola. Cuando yo la escuchaba tocar, siempre era una canción alegre; que a diferencia de esta, es sumamente melancólica. No recuerdo el nombre, pero cada nota está grabada a fuego en mi memoria desde el primer día que la escuché, escondido tras el escritorio de papá. Algo en ella me hipnotiza.

Mis dedos se pierden en la melodía, y absorto muevo los dedos por el teclado; pero casi al final mis dedos se enredan y pierdo el hilo. Golpeo las teclas con ambas manos, dejando salir un ruido espantoso. Escucho una risa apagada desde la entrada, y levanto la vista de inmediato. Por alguna razón no siento preocupación de quién puede ser, ni qué hace aquí. La figura avanza a la luz, y la tenue iluminación de la lámpara deja en descubierto su rostro.

-Eh, ¿qué te ha hecho el piano? –Sonríe y se recarga sobre el piano con ambos brazos. Observo su escote atentamente, y luego su blanca cara, sin perderme ni un detalle. Suspira y se sienta a mi lado- La promesa...

-Me sorprende que la reconozcas –Mi invitada frunce la nariz, como ofendida por mi comentario; pero decide ignorarme y apretar teclas al azar- Estás haciéndolo mal… Así –Tomo sus delgados dedos entre los míos, y los guío por las teclas, como danzando a cada nota. Son simples acordes, pero su rostro se ilumina y no deja de sonreír. Por primera vez me siento tranquilo… en paz conmigo mismo y con lo que me rodea. Ella me regala la calma que desprende su ser, aún si es de noche y hace frío. En su mundo nunca es invierno, y jamás lo será.

-Me gusta escucharte tocar –Dice- tu rostro cambia… te ves más… feliz.

-Tonterías –Su cabeza reposa en mi hombro. Aspiro su aroma a miel de pancakes y galletas recién horneadas. Continuo mi empresa, esta vez improvisando. Algún día le escribiría una canción, pero jamás le confesaría que es para ella; pues no soy el tipo de hombre que hace eso. Podría escribirle muchos sonetos y conciertos, si me empeñase, pero nunca admitiría que ella es la fuente de mi inspiración.

-Es muy lindo.

-Lo sé, me lo dicen seguido.

-Si lo repites muchas veces, hasta puede que se cumpla –Se ríe y me abraza. El calor de su cuerpo me invade, y por un momento deseo abrazarle yo también. Reflexiono sobre el curso de mi vida, las idas y vueltas en automóvil hasta un bar de mala muerte, las redadas, las noches de pasión desenfrenada con una extraña; y en este momento, esta caricia inocente, este halo de picardía casi infantil que le rodea. Me pregunto si dejaría atrás la vida de excesos y malos hábitos, para cambiarlas por esto.

-Cállate.

-¿Te estás riendo? ¡Oh, bueno! –Se levanta de golpe armoniosamente, casi danzando , sin borrar la sonrisa de su rostro- ¿Quién eres y qué le hiciste a Sasuke?

-¿Podrías dejar el teatro y sentarte de una vez? –Pongo mi semblante serio otra vez, y toco algunas notas sueltas. Ella se cruza de brazos y niega con la cabeza. Me levanto y la acorralo contra una pared, antes que pueda si quiera reaccionar.

-L-lo siento… no pensé que te molestaría… -Intenta poner en orden sus ideas, pero sus ojos me dicen que nunca había estado más confundida- Debería irme.

-No. Te quedas conmigo hoy, mañana, y todo el tiempo que se me plazca.

-Bésame, entonces… –Me pide. Algo golpea mi cabeza fuertemente, y abro los ojos. Mi cabeza había caído sobre el piano, luego de haberme quedado dormido con las manos en el teclado. Era claro que es un sueño, nada más. Hombres como yo no aman a nadie, ni merecen ser amados. Es una regla universal. Las mujeres buenas te piden que les entregues tu alma, pero yo no tengo una para ofrecerle a nadie. Por esta vez, me dije, al menos no fue una pesadilla; pero hubiese preferido que sí. Los sueños estremecedores me dan menos para pensar, que aquellos que te traen esperanza, y quizás la chispa adecuada de la vida misma. Te dan la esperanza de que todo estará mejor, que potencialmente podría ser mejor; y nunca llega a ser así. No estoy hecho para esas cosas de maricas. Todo en mi expele brutalidad y hostilidad. Así me gusta, y así es como debe ser. Esa mujer nunca volverá a aparecer en mis sueños; y no volveré a arriesgar el pellejo por alguien que no es mi responsabilidad.

Sacudo mi cabeza, cabreado. Veo que amanece; y decido ponerme en marcha. Uno de los empleados toca la puerta y pregunta qué hacer con la ropa húmeda que traje anoche. Me limito a decirle que la deje por ahí. Será un largo día.

Ooooooooooooooooooooooooooo

Hola a todos.

En primer lugar muchas gracias a todos los que se dan el tiempo de leer esta historia; y más a los que dejan sus comentarios. Lamento si no los he respondido todos, pero mi mente es muy volátil y se me olvida responder, sinceramente. Debo hacerme la costumbre de responder en cuanto los leo. Mea culpa. Todas las sugerencias, comentarios, delirios; son bienvenidos, y aunque no lo crean, algunos me han dado la chispa adecuada para seguir con el siguiente capítulo. Muchas gracias, otra vez, a todos ustedes. Grandes. Sus comentarios me incitan a quedarme aquí por un largo rato y causar todo tipo de problemas.

Segundo: Sé que summary promete una cosa, pero para ser honesta, las cosas están dando giros inesperados, incluso para mí. Tened la certeza de que mi incertidumbre es proporcional a la de ustedes; y prefiero decirlo ahora antes que el fic termine siendo algo totalmente distinto, y digan que no les advertí. Así que, con toda claridad, no tengo ni la menor idea en qué van a terminar estos dos. O quizás sí lo sé, y toda esta parafernalia tuvo el único objeto de confundirlos.

Sin nada más que agregar, me despido cordialmente. Un beso enoooooooorme a todos los que leen esto, los que lo leyeron, y lo leerán.

Marttins.

Pd: La canción que toca Sasuke es "The promise", de Michael Nyman.