"Shaman King" no me pertenece, le pertenece a su respectivo creador: Hiroyuki Takei; "The Vow" tampoco es de mi propiedad, todos los derechos son de su respectivo creador.


Capítulo I.

«Yo también tengo una teoría. Una teoría sobre los momentos; momentos de impacto. Trata de que esos momentos son como destellos de mucha intensidad que te cambian la vida por completo, y terminan definiendo quién eres».

Dentro de un banco muy concurrido, una joven de cabellera rubia a la altura de sus hombros hacía su transacción de dinero rápidamente. Detrás de ella había una fila larga llena de personas desesperadas por salir rápido de aquel establecimiento para continuar con su rutina diaria. Cuando por fin pudo terminar, recogió sus papeles y comenzó a salir de aquel lugar.

El siguiente ―gritó el joven empleado. Rápidamente la fila comenzó a avanzar.

Al estar mirando su pequeño teléfono celular, chocó contra un joven de aquella fila, tirando así sus papeles al suelo. De inmediato, el joven con el que había chocado recogió aquellos documentos para entregárselos rápidamente.

Disculpa, no me fijé ―Con una sonrisa llena de amabilidad, aquel castaño le entregó los papeles. Al mirarla más detalladamente, le impresionaron aquellos ojos ambarinos llenos de firmeza y frialdad. Por el contrario, ella admiró los ojos negros de él, que reflejaban claramente tranquilidad y serenidad.

No tienes por qué disculparte ―contestó seriamente, tomando los papeles―. Gracias por recogerlos.

Y sin más, comenzó a alejarse de él. El castaño de tez morena la miró alejarse, hasta que un objeto en el suelo le llamó a atención. Lo recogió y miró su foto en aquel tarjetón pequeño. Sonrió una vez más.

«Uno de mis momentos favoritos fue cuando la conocí».

Salió inmediatamente de aquel establecimiento tratando de alcanzar a la chica de tez blanca y cabellera rubia para así entregarle su identificación personal. Para su suerte la vio caminar a su auto plateado mientras buscaba algo entre su papeleo. Suspiró frustrada al darse cuenta de que la identificación no estaba. Dio media vuelta al notar la presencia de aquel chico de tez morena tratándola de alcanzar. Él le sonrió y con la respiración agitada le entregó el pequeño tarjetón, bajo la mirada sorprendida de la chica.

Olvidaste esto ―Y sonrió.

Ella tomó su identificación y la guardó entre su papeleo, mientras agradecía con la cabeza. El castaño volvió a sonreír; instantes después miró el auto de la chica rubia encontrándose con un par de siglas.

Instituto de arte ―La chica asintió―. ¿Acaso trabajas ahí?

No ―habló por primera vez―; estudio ahí desde hace poco.

Él puso un rostro sorprendido, para después reír un poco.

Pues, es un gusto. Mi nombre es Yoh, Asakura Yoh.

Miró la mano que le tendió el joven de cabellera castaña. Después de unos segundos, inconscientemente la apretó respondiendo a la presentación.

Soy Anna, Kyoyama Anna.

Él no pudo evitar sonrojarse al verla sonreír por primera vez.

Bueno, Annita, ¿qué te parece ir por una bebida en el bar cercano?

Ella frunció el ceño por dos razones: la primera, por haberle llamado «Annita»; la segunda, por el simple y sencillo hecho de tener el valor de invitarla a salir. Frunció el ceño disgustada, pero al ver el rostro nervioso de él, lanzó un suspiro para después asentir.

Está bien ―Abrió la puerta de su auto, guardando sus papeles dentro de tal―, pero sólo una copa.

El chico sonrió agradecido y aliviado. Ella cerró la puerta de su coche, puso la alarma y salió de ahí, dejándose guiar por aquel tipo aún extraño para ella.


Aquí está su pedido, señor. Disculpe la demora ―Y con una sonrisa que sólo utilizaba para simpatizar con los clientes, se alejó de la pequeña mesa, dejando a la pareja conversar más en privado.

Escondiéndose cerca de la ventana de aquel sutil café, Anna sacó su papel higiénico y limpió su nariz, evitando así estornudar o algo peor más adelante. Estaba enferma, claro que sí, pero eso no era impedimento para ella: necesitaba trabajar. Una simple gripe no era un obstáculo para ella. Su cabello, que ahora le llegaba a media espalda, lo recogió para evitar que le estorbara para atender a los clientes. Miró por la ventana y se percató de algo de su total enfado.

Yoh estaba ahí parado, bajo la intensa lluvia, todo empapado, mientras le sonreía cómo un idiota. Lanzó un suspiro de molestia y preocupación, mirando con desaprobación al castaño. Al notar que lo miraba, señaló con frenesí la mesa que estaba cerca del ventanal. Ella lanzó otro suspiro acercándose a la caja de cartón forrada con papeles alegres dispuesta a abrirla. Su sorpresa fue grande al notar que contenía medicamentos y otras cosas dentro de esa caja.

Para la gripe ―Leyó la nota pegada a una caja llena de pastillas. Le sonrió al castaño.

Para la nariz ―Sacó otra caja; contenía pañuelos desechables.

Para tu corazón ―Sonrió divertida, y sin ser detectada, mientras sacaba una foto del castaño con su guitarra eléctrica. Volvió la vista al castaño, quien miraba impaciente a que sacara lo último.

Comenzó a sacar un tipo de atuendo provocador y demasiado "sexy" a su vista. Miró al castaño con enojo, y un fuerte sonrojo en sus mejillas. Sonrió divertido.

Para más tarde ―La nota pegada a un tirante de ese atuendo la hizo enojar más.

Guardó con rapidez y enojo aquella prenda vergonzosa, tratando de evitar que alguien más la percibiera, y miró a Yoh. Éste sonrió ampliamente. Lanzando un beso con la mano, se despidió para salir corriendo.

Lo mataría. Claro que lo haría. Y la tremenda fiebre y gripe que le dará al castaño la ayudarían bastante bien.


Despertó repentinamente, pero la luz que se reflejaba en aquellas paredes blancas lo obligó a cerrar los ojos con suma velocidad. Al acostumbrarse totalmente a su pequeño entorno, se percató de que su brazo izquierdo estaba vendado, mientras que en el otro le administraban suero. La enfermera que estaba a su lado checando los monitores no había notado su reciente despertar. ¿Qué le había pasado? ¿Dónde estaba Anna?

Claro. Anna.

Trató de levantarse para así buscarla y saber si ella estaba bien; si no le había pasado nada. Pero la enfermera, después de escuchar el susurro de su paciente, lo impedía levantarse argumentando que aún no estaba en condiciones para hacerlo. Él gritaba desesperado: necesitaba verla. Varias enfermeras entraron para así tratar de calmar al joven de cabellera castaña, hasta que un doctor de gran bata blanca con ojeras muy marcadas de cabellera rubia clara entró con rapidez ante tal mar de gritos. El castaño lo miró suplicante.

―Señor Asakura ―habló el doctor, dando la señal de que las demás enfermeras se retiraran. No tardaron en hacerlo―. Me da gusto que usted esté bien.

A pesar de su tétrica apariencia, sonrió tan linda y cálidamente que llegó a tranquilizar un poco al castaño. Señaló la cama de la habitación con olores medicinales, cosa que él entendió a la primera, recostándose al instante.

―Gracias, doctor…

―Fausto ―agregó, sentándose a una orilla de la cama―, ¿cómo se siente?

―Mejor, gracias ―sonrió levemente, para después cambiarla por un rostro serio―. ¿Dónde está mi esposa?

La cara alegre de su doctor pasó a ser seria y algo dura. Sintió un terrible dolor en el pecho, pero Yoh no quería adelantar hechos antes de tiempo.

Aunque el rostro de su doctor no ayudaba en mucho que digamos.


Hola. ¿Cómo están? Espero y bien.

Segundo capítulo, listo. Vamos por más, espero.

Quiero agradecer a Mary, Anneyk y Angekila por haberse tomado la molestia de pasar a leer esta idea y darle una oportunidad. Espero no decepcionarlas, ¡gracias por sus comentarios! :D.

En fin. Si quieren dejarme su opinión, queja, sugerencia, o amenaza de muerte, entre otros, háganlo sin miedo, xD. Yo les responderé en cuanto pueda, :D.

Besos embarrados de chocolate para todos. Nos leemos. Adiós (¡¿Errores?! ¡Díganmelos de inmediato! Yo les estaré agradecida por hacérmelos saber. n_n/).