"Shaman King" no me pertenece, le pertenece a su respectivo creador: Hiroyuki Takei; "The Vow" tampoco es de mi propiedad, todos los derechos son de su respectivo creador.
Capítulo II.
―La señorita Kyoyama tiene una hemorragia intracraneal debido al fuerte golpe contra el parabrisas. Para lograr que la hinchazón baje y que el cerebro descanse, ponemos a los pacientes con este problema en un estado de coma limitado.
Se terminó de vestir, mientras miraba al doctor con una mirada de frustración, dando a entender que no entendía ni media palabra de lo que decía. Fausto sonrió divertido para después volver a mirarlo con seriedad.
―¿Puedo pasar a verla?
Fausto se acercó a la entrada, mirando al castaño con una sonrisa.
―Adelante.
Caminaron por un par de minutos, cada quien en sus propios pensamientos, hasta que llegaron a la habitación de la chica. Al entrar, al castaño le temblaron las piernas por mirarla en la cama, vendada, con un montón de aparatos rodeándole y un tubo atravesándole la garganta. Ahogó un sollozo y se acercó, sentándose en la orilla de la cama. Tomó su mano derecha y le colocó el anillo de matrimonio que le había entregado la enfermera, junto con sus pertenencias.
Segundos después, se inclinó a besar su frente…
―¿Otra vez le estás dando de comer? ―Lo reprimió, mientras daba un buen trago a su taza de café.
―Vamos, Annita. Tiene hambre ―contestó con una sonrisa, dejándole el resto de pan a un gato café mientras entraba al departamento.
―Lo acostumbrarás a la comida y después no se querrá ir. Sabes bien que odio a los gatos, Yoh.
La miró con un gran fingido reproche. No pudo ahogar una pequeña sonrisa. Yoh entró y sacó del refrigerador un plato hondo lleno de fresas, más una jarra de jugo, mientras que Anna comenzó a sacar platos y los colocaba en la mesa, donde los amigos de Yoh comenzaron a sentarse.
―¿Alguien quiere? Anna las compró ―preguntó el castaño con una gran sonrisa.
―¡Dame! ―gritó HoroHoro, un amigo del castaño de cabellera azul cielo con una banda amarrada en la cabeza, mientras comenzaba a comer las fresas del pequeño plato.
―Oh, no. Anna compró comida. Ya sabemos lo que significa ―argumentó Lyserg, otro amigo del castaño de cabellera verde claro con ojos del mismo color, mientras se sentaba a un lado de HoroHoro y le trataba de arrebatar una fresa.
―A mí me cae bien; es como una pequeña mascota ―dijo Hao, el hermano gemelo de Yoh, mientras miraba con burla a la chica.
―Vuelve a decir eso, y te irá mal.
El castaño sonrió con burla. Había logrado su objetivo de la mañana: hacer enojar a su cuñada.
―Pues, yo la prefiero antes de ese hurón que querías que adoptáramos, Hao ―comentó a duras penas el peliazul, ya que su boca estaba llena de comida―; además, hace un muy buen café.
Arrojó de mala gana la jarra de café a la mesa, mientras los fulminaba con la mirada. Se sentó, al mismo tiempo que de que Yoh se levantaba. Entre ellos se miraron.
―Quedémonosla.
―Gracias, Hao.
Agradeció a modo de sarcasmo, mientras rodaba los ojos. Yoh sonreía, mientras Anna comenzaba a lanzarles fresas a todos; y estos estallaban en risas…
―Yoh: prometo respetarte todos los días de mi vida; a serte fiel y nunca hacerte enojar si no vale la pena. Prometo aconsejarte y discutir sobre las composiciones de tus canciones. Prometo amarte siempre.
Sonrió. Admiró su vestido blanco corto un poco acampanado, sin tirantes, sin adornos, sin encajes, con su cabello ligeramente recogido y un velo que caía hermosamente sobre su cabeza. Más vio su pequeño papelito color verde agua. Yoh se acercó a su oído.
―Escribiste tus votos en un menú, ¿verdad? ―Anna sonrió.
Ambos se miraron mientras que sus amigos e invitados miraban atentamente a la pareja. Estaban dentro del museo de arte de Tokio: al querer algo original y auténtico, ¿qué mejor lugar que el museo?
Anna miró que a pesar de lo que había dicho, Yoh se veía muy bien con traje, aunque era algo raro. Horo se acercó con un par de anillos de, según él, oro; Anna tomó uno, el pequeño e Yoh tomó el más grande. Ambos los colocaron en sus temblorosos dedos y miraron a Hao con una sonrisa. Éste sonrió acomodándose una vez más el cuello que le molestaba al vestirse de sacerdote.
―Qué bonito ―susurró el castaño largo mientras miraba a la pareja, hasta que en la puerta aparecieron un par de guardias de seguridad. Todos los "invitados" se sorprendieron y comenzaron a correr. Mas Lyserg en ningún momento dejaba de grabar―. Joder. ¡Los declaro marido y mujer! ¡Ya bésala, Yoh!
Yoh le dio un beso fugaz antes de comenzar a correr junto a sus amigos, tratando de huir de los guardias. Salieron del museo, y cruzando la calle perdieron de vista a los guardias, quienes miraban divertidos a la pareja que acababa de huir. Se detuvieron a unas cuadras de ahí, llegando a un parque gigante y hermoso. Yoh tomó de la mano a Anna y la jaló hacia él, tomándole de la cintura; ambos se unieron en un tierno beso lleno de amor. Hao y HoroHoro, quienes estaban a unos pasos más adelante, comenzaron a aplaudir y a hacer escándalo, llamando la atención de la gente que pasaba cerca. Y Lyserg no dejaba de grabar a la pareja con una sonrisa. Qué habilidad la suya.
Al separarse, Yoh sonrió.
―Te amo.
Anna, sonriendo por primera vez frente a un público, susurró.
―También te amo.
Y ambos se volvieron a unir en un beso donde la gente que pasaba casualmente también gritaba…
La enfermera que atendía a Anna, y que ahora Yoh sabía que se llama Eliza y que es la esposa de su doctor, Fausto, atendía los monitores que emitían un sonido molesto y el suero que estaba conectado a su brazo. Ya no estaba el tubo en su garganta, eso era bueno, al menos para Yoh.
Yoh miraba fijamente a Anna, deseando que ella despertara, se pusiera de pie y le besara, que le dijera que la amaba, pero sabía que no sería así.
Mas su sorpresa fue cuando Anna comenzó a despertar, mirando a Yoh y después a la enfermera. Eliza se acercó a Anna y revisó su rostro. Sonrió cálidamente.
―Tranquila, Anna. Estarás bien. Sufriste un accidente automovilístico en el cual te golpeaste la cabeza contra el parabrisas. Te dormimos un tiempo pero estarás bien.
Anna miró a Eliza.
―Me duele la cabeza.
Eliza sonrió.
―Es perfectamente normal. Traeré unas pastillas para el dolor.
Comenzó a sentarse sobre la cama con cuidado al mismo ritmo de que la enfermera salía de la habitación. Yoh no dejaba de mirarla y abrió los ojos desmesuradamente ante la pregunta que Anna le dirigió.
―¿Se lastimó alguien más, doctor?
La enfermera, tal y como salió, volvió el paso apresuradamente, igual de sorprendida.
―Anna, ¿sabes quién soy, cierto?
La chica de ojos ambarinos frunció el ceño. Si era una broma de mal gusto, era mejor que parara.
―Mi, ¿doctor?
La enfermera miró al castaño; a él ya se le había formado un terrible nudo en su garganta y en su estómago sintió un golpe tan duro, que en cualquier momento regresaría a lo que ingirió en la mañana.
―Anna, no ―dijo mientras se acercaba a su lado. Ella lo miró con desconfianza―. Yo soy tu esposo.
Anna lo miró sin ocultar su sorpresa, alejándose de él, con mucha desconfianza. La enfermera Eliza miraba atentamente las reacciones de ambos, principalmente de Anna; justo en ese momento, Fausto entró a la habitación. Al tratar de tomar la mano de la chica, ella la quitó con, podría jurar, repulsión; y Anna al fijarse en su mano, encontró su pequeño anillo en el dedo anular.
Salió rápidamente de la habitación más que furioso, siendo seguido por el doctor. Yoh trataba de retener las lágrimas que amenazaban con salir.
―Yoh, espera…
―Me dijo que ella iba a estar bien, doctor.
―El daño cerebral no es como una fractura ordinaria. Se trata del cerebro: es menos predecible. A veces por cómo los tejidos presionan el cráneo, habrá nuevas lesiones…
―¿Nueva lesión? Dios, ¡ella no sabe ni quién soy!
―Cuando está despierta, esa inflamación puede causar pérdida de memoria; cambios de ánimo bruscos; entre otras cosas más. Es algo normal…
Yoh dejó hablando solo al doctor, y éste le dejó. Lo que necesita es asimilar lo que ha pasado.
Salió al corredor dispuesto a salir corriendo del hospital, pero sólo se detuvo frente a la máquina de gaseosas y la golpeó, para después recargarse en ella y comenzar a mirar su anillo de compromiso.
«Bien. Mi teoría es que esos momentos de impacto nos definen; pero lo que nunca tuve en cuenta es qué es lo que podría pasar si un día dejas de contarlos todos».
Hola, :D.
Siento la demora por tardar en actualizar. Espero que este capítulo les haya gustado. Y un agradecimiento especial a Angekila, Liz Asakura, Mary, Ale Estrada, y a dos "Guest" (anónimos) pos sus hermosos reviews que siempre animan a continuar una historia. (Por cierto, ¿les agradecí sus reviews en privado a los que tienen cuenta? No me acuerdo ya, jaja. Si no lo hice, perdonen, pero saben que siempre les agradeceré por su apoyo). Y si leen un error, ¿me podrían avisar? No le di segunda checada (el tiempo me lo impide; de hecho, ahora mismo no debería de estar aquí, xDDD. Qué rebelde soy, ñ.ñ/).
En fin. ¿Les gustó el capítulo? Espero que sí.
Me despido. Nos leemos después. Bye. ¿Review? :D.
