"Shaman King" no me pertenece, le pertenece a su respectivo creador: Hiroyuki Takei; "The Vow" tampoco es de mi propiedad, todos los derechos son de su respectivo creador.
Capítulo III.
Anna miraba las expresiones raras y divertidas de Yoh cuando éste dormía sobre el sofá de la sala del hospital. Estaba luchando contra sí misma en si debía despertarlo o no, aunque verlo hacer rostros extraños y hacer sonidos raros la hacían querer dejarlo ahí y que siguiera durmiendo.
Suspirando, comenzó a tocar su hombro derecho, intentando hacer que despertara, pero los quejidos de Yoh no iban a ayudar mucho.
―No quiero verdu… ―Y sus palabras quedaron al aire al girarse un poco y volver a dormir. Anna sonrió levemente, mas volvió a su rostro serio instantes después, volviendo a tocar su hombro, intentando una vez más despertarlo.
Al verlo apretar un poco los ojos, tallándose uno de paso y lanzar un bostezo, supo que ya despertaría bien y que dejaría de molestarlo.
Yoh, por su parte, al ver a Anna detrás de él mirándolo seriamente, se incorporó en el sofá rápidamente, tallándose esta vez toda la cara para despertar más rápido y mejor. Al sentir que sus párpados ya estaban bien abiertos, sonrió.
―Hola, Annita.
―¿Qué estabas haciendo?
Yoh la miró extrañado, intentando ahogar una risa escandalosa.
―Creo que dormía.
Anna esquivó la mirada castaña de Yoh al percatarse de la tontería que acababa de preguntar. El castaño, no evitando sonreír, se levantó del sillón y tomó una bolsa, entregándosela a la rubia, quien lo interrogó con la mirada.
―Te traje algo de ropa.
Anna asintió tomando la maleta y mirando a Yoh. Maldita sea, ese silencio era bastante incómodo y abrumador. Se sentó en la orilla del sofá blanco sin soltar su maleta y sin dejar de mirar al castaño, intentándole decir algo. Armándose de valor, comentó:
―Me gustaría algo de comer.
Yoh volvió a sonreír, divertido pero decepcionado por la timidez y la distancia de la rubia. Comenzó a tomar la maleta que con anterioridad le había entregado y, riendo, extendió una mano en el aire, señalándole el camino a seguir.
―Jijiji, está bien, Annita ―dijo―, vamos.
Al llegar a la cafetería del hospital, ambos comenzaron a recorrer una especie de cocina, tomando cada uno un plato de comida para pacientes que estaba prácticamente vacío y un par de botellas de agua. Se encaminaron a las mesas de la cafetería, la cual estaba vacía salvo a dos o tres personas que se encontraban ahí y se encaminaron a una mesa.
Una vez sentados, fue Anna la que comenzó a hablar.
―Bien, ya que estamos aquí los dos, solos, quisiera repasar algunas cosas sobre mí; sobre nosotros…
La última palabra técnicamente la había susurrado, mas en ningún momento alejó su porte firme y serio que tanto se le caracterizaba. Mirando su plato acompañado de una sustancia extraña y poco apetecible, Anna escuchó la afirmación de Yoh para que ésta siguiera hablando.
―Bueno, tú y yo estamos casados, ¿verdad? ―preguntó, a lo que Yoh rápidamente contestó con otra risa suya, afirmando lo anterior―. Entonces tú querrás aclararme por qué mi cabello está así.
Yoh volvió a sonreír al ver cómo la rubia jalaba varios mechones de sus cabellos, los cuales, estaban un poco ondulados y alborotados. Anna dio su primer bocado, percatándose de que no sabía tan mal como se veía.
―Esa pregunta no va al caso, Annita ―comentó divertido. Anna lo ignoró y siguió comiendo, incitándolo con la mirada a que respondiera o lo pagaría―. Una vez me dijiste que tardabas mucho tiempo alisándotelo y que preferías utilizar ese tiempo en el estudio…
―¿En el estudio? ¿Cuál estudio? ¿Y por qué tengo un estudio?
Genial, respuestas que sólo generaban a más preguntas. Yoh dio otro bocado a su comida nada apetitosa y continuó, soltando un suspiro con anterioridad.
―Anna, eres artista; escultora. Y muy buena, diría yo ―Decidió parar unos segundos para beber un poco de agua de su botella. Por alguna razón se le había secado en esos momentos―. Ahora estás trabajando con dos piezas para el Museo de Arte de Japón. Es un puesto importante, muchos lo querían pero tú lo ganaste gracias a la muestra que diste en el museo de…
―Un momento, ¿y mi carrera de abogada?
Yoh esquivó la mirada ámbar penetrante de Anna y volvió a beber de su botella. Anna seguía mirándolo rudamente para que soltara aquello que no quería decir.
―¿No la terminé?
―Creo que no terminaste esa carrera…
Anna miró hacia su plato, jugando con su comida, estando sorprendida por aquello dicho por el castaño. Lo volvió a mirar seria dejando el cubierto sobre el plato y apoyando sus codos en la mesa, juntando sus manos para colocarlas en su boca, intentando razonar lo que le decía él.
―Yo no quería ser escultora, no desde la secundaria…
Y, sin más, la chica dejó de hablar para concentrarse en comer y en tratar de analizar lo que había dicho el castaño. Por su parte, Yoh no dijo otra cosa en todo el tiempo que estuvieron en la cafetería, sintiendo aquella tensión en el aire aplastarlo contra el suelo.
Bueno, podía mejorar aquella relación. Si se esforzaba lo suficiente, mejoraría.
―Vamos, Yoh, ve el lado positivo.
Estando en la sala de espera junto a sus amigos, Yoh entrecerró los párpados, confundido. Al pobre de HoroHoro le cayeron miles de dulces en su cabeza acompañados de quejas y reproches por parte de los demás chicos.
―Qué idiota, puerco espín, ¿qué tiene de positivo el hecho de que tu esposa sufra un trauma cerebral, pérdida de memoria, y que no te recuerde?
Le recriminó Hao, fulminándolo con la mirada. Horo se cruzó de brazos y haciendo un puchero, contestó:
―De que así no recordará sus tarugadas.
Esta vez fue golpeado por todos los presentes, bajo la mirada divertida del siempre alegre y tranquilo Yoh.
―Dejando de lado el hecho de que Horo ha dicho aquellas estupideces y de que ahora está inconsciente, ¿cómo le harás para volverla a enamorar, Yoh?
―Francamente, hermanito, no entiendo cómo es que te eligió a ti si yo soy el guapo y el inteligente.
―Además, Asakura, perdiste tu encanto.
Todos rieron ante eso, incluyendo al castaño menor. Lyserg, Hao y Pilika, hermana menor de HoroHoro, miraron con lástima al pequeño Asakura.
―Pero ―interrumpió el castaño menor, captando la atención de todos―, ¿y si no se acuerda de mí?, ¿qué haré?
Todos se miraron, un poco extrañados y preocupados por aquella actitud pesimista tan poco común en el castaño. Pilika, quien fue la única en reaccionar, se acercó a él y, sentándose a su lado, lo abrazó por los hombros, haciendo que éste sonriera levemente, y que su hermano mayor despertara de la inconsciencia para mirarlos fijamente.
―Ya te recordará, cariño ―murmuró la peliazul, siendo correspondida al abrazo―, recordará a todos y, ¿sabes por qué? Porque somos su familia. No habrá problemas, Yoh.
Yoh sonrió, agradeciéndoles a todos aquel apoyo tan hermosamente dado. Esos eran sus amigos, y su hermano, claro: a pesar de ser unos malditos peleoneros y groseros hijos de sus mamás, siempre estaban ahí en las buenas y en las malas, apoyándole con todo lo que podían.
Eso siempre le alegraba: era afortunado al tener aquellos buenos compañeros.
―Bien, Yoh, ¿qué tal si, por esta noche, regresas a la pensión con nosotros? Necesitan una ducha, ¿hace cuánto no te bañas? ¡Apestas, Yoh!
―Desde ayer, Hao.
Y sin más, todos los presentes comenzaron a caminar en dirección a la salida del hospital haciendo bromas y chistes para molestar al castaño y animarlo. La tarde con ellos pasó muy rápido, animando un poco al moreno. En cuanto entró a su habitación dispuesto a dormir, su consciente lo traicionó y comenzó a pensar en Anna, Annita, su Annita. Gracias a ello no pudo dormir en toda la noche, haciendo que al día siguiente estuviera un poco frustrado.
Llegó al hospital como todas las mañanas, saludó a las enfermeras, y caminó hasta la habitación de Anna. Su sorpresa se hizo presente cuando descubrió que ésta estaba vacía y la cama estaba hecha.
Su Annita no estaba.
Salió corriendo hasta toparse con Eliza, quien le ordenó que se tranquilizara, principalmente porque no podía correr por los pasillos del hospital. Yoh al notar que era la enfermera que atendía a Anna, no dudó en preguntarle al instante.
―Usted, enfermera, ¿me puede decir dónde está Anna? Ayer estaba ahí, qué…
―Señor, Yoh, tranquilícese; no tiene por qué preocuparse ni alterarse. Vengo de verla. Ella fue trasladada a una habitación privada.
―¿Habitación privada? Eso suena costoso…
Ante el murmuro de Yoh, Eliza no pudo evitar sonreír.
―No tiene de qué preocuparse, ya pagaron todos los gastos ―Al ver que Yoh estaba a punto de hablar, ella hizo una seña, anunciando que seguiría hablando―. Siga por este pasillo y suba al elevador hacia el tercer piso. Gire a la derecha y en la tercera puerta de la izquierda está su esposa.
Agradeciendo rápidamente, el moreno comenzó a encaminarse hacia el elevador dispuesto a llegar a la habitación de Anna y ver quién fue el que la trasladó de habitación. Al llegar fuera de la dichosa habitación, escuchó que el doctor Fausto la nombraba, haciéndolo suspirar de alivio; allí estaba su Annita.
Entró a la habitación, escuchando las palabras del doctor; encontrándose con una no agradable sorpresa.
―Anna, tu memoria a largo plazo está intacta, soy optimista. Presiento que el resto de tu memoria mejorará con el tiempo… ―calló al ver al castaño entrar lentamente sin dejar de mirar a las dos personas que estaban en ese lugar con Anna―. ¡Señor Asakura! Qué bueno que haya venido.
Yoh tragó saliva, acercándose al hombre bajo de cabellera blanca, y rostro serio, quien lo miraba molesto. Ahí supo que el hombre lo comenzaría a odiar de por vida.
―Buena tarde, señor, somos los padres de Anna: Mansumi y Keiko Oyamada.
Hola, ¿cómo han estado?
Apuesto que en este instante han de estar con cara de "WTF?!" al saber de los padres de Anna. Ya lo sé, XDDD. Hasta yo hice aquella cara. ¿Que por qué los puse a ellos? Ya lo verán más adelante, xD; tengo mis razones para ponerlos a ellos.
Un agradecimiento a Angekila, Annprix1, Annasak2, Mary, Liz Asakura, Paulie Gallagher y Tsubasamikel por dejarme sus bellísimos comentarios en el capítulo anterior. Me alegran mi día.
Espero que este capítulo les haya agradado a todos. Y si tienen sugerencias, quejas, dudas y demás, ya saben por qué medio pueden decírmelas. Les contestaré lo más pronto que pueda.
Oh, claro, y siento la demora en actualizar. Espero que ya no pase.
Un besote a todos los que leen esto.
¿Review, :3?
