Segunda Oportunidad
Un reto para Li
Sakura caminaba con una expresión risueña en su rostro, se había sentido bastante feliz al saber que Syaoran finalmente había aceptado ir con ella a la feria que se celebraba anualmente en su ciudad, que por andar siempre en las nubes, en ese momento ni siquiera recordaba con qué fin se celebraba. Amplió su sonrisa ante el hecho, la verdad es que aún no lo había visto, sin embargo, se había vestido con esmero para lucir lo más linda posible delante de él. Es decir, al principio las cosas entre ellos fueron un tanto…chocantes. Ella sabía que Syaoran la había subestimado por sus problemas en matemáticas, siempre pasaba. No era su culpa realmente, en el cuadro de honor la primera era su amiga Tomoyo, y luego venían los demás alumnos con promedios mayores a 75 puntos, sin embargo, a ninguno de estos les incluían sus respectivas fotografías, como pasaba con el primer promedio del salón, así que ella era relegada a estar entre el montón, pese a ser la segunda mejor estudiante de su curso y por tanto, nadie le reconocía como buena estudiante si no se estudiaba con ella en la misma aula.
En realidad el tedio expresado por él le había causado cierta gracia, por lo general sucedía que como buena estudiante, no pudiera-pese a que no humillara directamente-, evitar mirar con cierta comprensión y paciencia a sus compañeros de clase a la hora de ellos pedirle que le aclararan alguna duda, considerándose a sí misma superior a ellos, al menos en esos instantes. Pero ese día en que Li le miraba como si ella fuera uno de esos desesperados y desdichados seres, quedó completamente estupefacto al ver la nota que había sacado en física, claro, no era de esperarse una cosa así en uno de esos alumnos que les cuesta tanto una materia, ¿o sí? Y a pesar de que nada fue programado o ensayado, parecía ser una consecución de hechos propios de una película. En realidad, pese a que la respuesta de ella fue un tanto dudosa al ver los renovados ánimos de él por intentar ayudarle, debía aceptar que en ese examen de matemáticas había obtenido una nota bastante alta considerando su poco rendimiento en la materia.
Pero ahora, lo que importaba era que ellos se habían hechos buenos amigos y que, a ella le había terminado gustando su guapísimo amigo, pese a que no se animara a entrar en su club de fans, como le ofrecieron alguna vez una de las estudiantes de su curso. En realidad, ni él mismo había tenido conciencia de la dichosa existencia de tal club, así que la cara que había puesto había sido realmente teatral cuando se lo dijo, y ella no pudo evitar reír a carcajadas ante tal acción. Ahora iba a encontrarse con lo más cercano a una cita con él y sabía que todo saldría bien, porque, siempre ellos dos habían tenido tal sintonía incapaz de ocultar y no le extrañaba que pese a ser su amor platónico, la pudieran pasar de maravilla.
Sakura caminaba con paso decidido a la galería de arte, necesitaba despejar su mente de todo el tumulto de recuerdos y sentimientos desenterrados que querían desestabilizarla hasta la locura, y tal paz sólo era capaz de encontrarla frente a las obras de su excelso y difunto abuelo.
Caminó resuelta en el interior de la blanca estancia y miraba de forma ausente las exhibiciones de algunos artistas con moderados recursos que aspiraban poseer algún día la mitad de los elogios que han recibidos los grandes pintores de la época. Sonrió con cierta nostalgia, ella podía incluirse en semejante paquete. Jamás en su vida pensó que cosas como el arte y la pintura le pudieran atraer, pero por incentivo de su amiga Tomoyo, había quedado prendada del enigmático y misterioso arte y ahora era ella la primera en no dudar en comprar algún lienzo y si ha de ser necesario -ya que la inspiración viene en momentos pocos oportunos-, ponerse a pintar en medio de la plaza principal y dejar volar su imaginación como cuando niña lo hacía con sus muñecas y todas las historias que inventaba con ellas. Suspiró de forma quejumbrosa. ¿Cómo le haría con lo del asunto con Syaoran?
- Disculpe. – Dijo distraídamente con la persona que había chocado, sonrojándose y no atreviéndose a ver a la cara al que intuía por su complexión física, debía ser un hombre. ¡Andaba en las nubes! Syaoran Li pagaría por eso, oh, claro que lo haría.
- ¿Sakura? – Preguntó una voz inolvidable para ella. La aludida solo pudo quedarse de piedra durante eternos instantes antes de voltear lentamente hacia quien le había llamado. Allí estaba, su peor pesadilla.
- Syaoran… - Murmuró en un hilo de voz. Sentía un sudor frío empapar lentamente sus manos. Pero había algo en la expresión de aquel rostro que no le cuadraba. ¿Sería acaso que…?
Una estridente exclamación de asombro la sacó de su letargo, reaccionando al ver frente a sí a Fye, un joven inglés que había conocido cuando ella apenas iniciaba su proyecto de construir aquella galería, era uno de los tantos artistas que aspiraban obtener algún beneficio económico de sus obras, aunque esta no fuese su única profesión como tal. Él aludido en cuestión abrió un poco los ojos algo sorprendido al ver a la mujer causante del grito que hizo que unos cuantos saltaran del susto, algo que agradeció Sakura al no saberse sorprendida en alguna especie de delirio que le impulsaba a creer que había chocado con Syaoran.
- Fye, que gusto verte. – Saludó con una gran sonrisa. La verdad es que así era, Fye lo podía considerar un gran amigo y por ser siempre cortés y amable, nadie sería capaz de odiarlo, o al menos esa era su opinión.
- A mí también me da gusto verte, Sakura. – Sonrió amablemente. – Tengo tiempo sin verte a ti o a Tomoyo, ¿cómo han estado? – Inquirió.
- Bien, a decir verdad. – Logró sonreír, más diciendo esto por su amiga que por ella misma. Tal inquietud no fue pasada desapercibida por Fye, que sólo se limito a escucharle. – Tomoyo últimamente está algo…mejor dicho, bastante ocupada con el asunto de la Universidad. Sabes que da clases de arte pero que ahora su pasión es el diseño, creo que tiene el corazón dividido entre ambas cosas, sin embargo, se le ve muy bien.
- Oh, es cierto. Tengo entendido que se casó con un inglés, ¿no?
- Así es, y ya tiene un precioso niño de dos años y medio. – Sonrió aún más. La verdad le tenía mucho afecto a su casi sobrino.
- ¡Oh! Parece que hay alguien interesado en una de mis obras. – Dijo mirando a un posible cliente. – Creo que es mi turno de hacerme algo de propaganda, ¿no crees? – Le guiñó un ojo. Sakura rió levemente y asintió. – Nos vemos luego, Sakura. – Se despidió rápidamente. Ella le devolvió la despedida con un ademán, suspiró algo intranquila y finalmente caminó hasta las afueras de la galería. No sabía por qué, pero simplemente ya no le apetecía resguardarse en la quietud de la sala dedicada a su abuelo.
- No debería ser tan emotiva. – Se reprochó. ¡Confundir a Fye con Syaoran! ¡Que insulto para Fye! Pensó para sí.
Caminó distraídamente rumbo a su mansión, ese día andaba vestida de forma sencilla, ni siquiera había adornado su cabello con algún accesorio, sólo se había limitado a vestirse con una blusa azul claro y unos jeans. Nada excepcional a decir verdad, pese a que últimamente había ido desarrollando un marcado sentido de la moda que la obligaba a vestirse bien casi todo el tiempo. Probablemente influencia de Tomoyo, quizá.
Miró por el rabillo del ojo a los apresurados transeúntes que caminaban por la acera paralela a la suya y observando un poco más allá, se encontró con una figura bastante conocida. Frunció el ceño a la vez que aminoraba el paso. ¿Estaría alucinando por segunda vez consecutiva?
La curiosidad la impulsó a pasar la calle rápidamente y dirigirse a la plaza. Acomodó su bolso sobre su hombro, apretando la correa de la cartera fuertemente con nerviosismo. Rodeó la estatua que estaba en todo el centro y miró sorprendida a una mujer de lacios cabellos negros y mirada grisácea reír felizmente tomada de un brazo masculino. Pero no de cualquier brazo masculino, del brazo de Syaoran. Un montón de cosas empezaron a desencajar en su mente al ver a la dichosa pareja. ¿Syaoran quería visitarla para qué? Se suponía que intentaría volver con ella, ¿o no? O al menos intentaría hacer algo que justificara siquiera una mera curiosidad por la vida de su ex, pero… ¿En dónde cabía la presencia de la mujer en todo ese asunto? Detuvo sus pasos en seco. ¿Sería lo más sensato encontrárselos de esa manera? Gimió internamente, aquello simplemente la tenía confundida, estupefacta y quizá dolida también. Bajó la mirada con desdicha y observó sus pequeños pies atados a unas sandalias de tacón bajo. Cierto, ese día vestía demasiado informal y sencilla y comparada con aquella mujer se veía como el propio plato de segunda mesa. Quizá lo fue alguna vez, ya…ni siquiera lo sabía, todo se había revuelto dentro de ella.
Pero, acaso debía limitarse a que le observaran con lástima por su actual estado, ¿o qué? Ah no, eso si que no. Ella ya había pasado por aquel complejo de chica bajita y de las que se clasificaban en el montón durante la preparatoria, es más, muchas veces se sintió así al ver a Syaoran rodeado de hermosas muchachas que parecían asediarlo a todo momento. ¿Y qué había hecho ella? ¿Llorar como una tonta? Bueno, debía aceptar que algunas veces sí había hecho exactamente eso. Pero luego de superarlo, había dado frente a cualquier situación y no se había dejado pisotear por nadie nunca más. Y ahora que era una mujer hecha y derecha era exactamente eso lo que debía hacer. Sí, eso definitivamente sería lo que haría.
Respirando hondo, sacó de su bolso las gafas oscuras que siempre llevaba consigo por precaución y se las puso. Pasó distraídamente sus dedos entre sus cortos cabellos, intentando lucir un poco más peinada y dándose ánimo internamente empezó a caminar hacia lo que alguna vez había sido su prometido.
A cada paso que daba su corazón daba un brinco que amenazaba con salirse de su pecho, pero no le importó, ya no más, se dijo regañándose al verse tan inquieta. Debía mostrar completa naturalidad al hablar y gesticular, ya no era una niña sensible y llena de complejos de inferioridad, por tanto, debía mantener la frente en alto…al menos en teoría.
- Syaoran. – Llamó con un tono de voz que supo había sido algo bajo, quizá por el miedo que aún no podía controlar. Pese a que hubiese jurado que no la escucharían en un sitio tan abierto y lleno de bullicio con tal tono en su voz, observó como el aludido volteaba a verla y abrió los ojos sorprendido mirando a la negrura de los lentes que no dejaban entrever sus ojos, lo que agradecía, ya que si leía su mirada, se daría cuenta de todo lo que le había afectado verle nuevamente.
- Sakura. – Musitó aún asombrado. La joven guindada de su brazo miró contrariada a su pareja al ver que no se movía de su sitio y luego reparó en la presencia de Sakura. Inmediatamente y como era de esperarse, la fémina en cuestión estudió a Sakura de forma intimidante de pies a cabeza y le miró con desdén. Sakura inmediatamente entendió el mensaje y pasando una mano por entre sus cabellos de forma dizque ausente, sonrió a la pareja.
- No sabes lo sorprendente que ha sido encontrármelos aquí. – Dijo alegrándose al escucharse con una confianza que definitivamente era fingida. – Oh, bueno, en realidad a ti Syaoran, ya que a la joven no la conozco. – Agregó sonriendo a Kimiko que con una sonrisa forzada le devolvió el gesto. Syaoran aún no salía completamente de su shock. ¿Esa era Sakura? ¿Esa era la dulce y cantarina Sakura?
- Eh, bueno, sí, ha sido todo un tanto improvisado… - Respondió nervioso, observando la mirada inquisidora de su novia. – Oh, ella es Kimiko Naegino, Kimiko, ella es Sakura Kinomoto, es… - Dijo pausando un momento. Sakura sonrió de forma irónica y estrechó la mano de la mencionada.
- Sakura Kinomoto, antigua amiga de Syaoran y actual dueña de la galería de arte Kinomoto. – Dijo con una naturalidad abrumadora. Kimiko sonrió con cierta complacencia, veía en la joven Kinomoto una rival bastante interesante.
- Un placer. – Respondió.
- Oh, pero no nos quedemos parados en la mitad de la plaza, s'il vous plaît, vamos a mi casa y allí tomamos algo de té mientras charlamos. – Les sonrió.
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Sakura apretó fuertemente el mango de su delicada taza de porcelana. ¡Que ilusa había sido al pensar que Syaoran podría seguir igual de compungido como la última vez! Evidentemente todo había sido una enorme sorpresa para ella cuando él le llamó como si ella hubiera podido ser una vieja amiga y nada más, pero mayor sorpresa fue encontrárselo en aquella plaza con una pelinegra guindada de su brazo, riendo sin parar con su presencia. Y para mayor estupor, ahora venía la mujer a decirle que ambos se iban a casar dentro de poco. Boda. Esa palabra era un tabú para ella y si Syaoran se atrevía a casarse con esa tipa pues seguramente no estaría muy cuerdo que se diga. Al principio pensó que quizá, sólo quizá no todo estuviese perdido entre ellos dos a pesar del tiempo en que no se habían vuelto a hablar o a saber uno del otro, dadas las circunstancias y que la frase "la culpa no ha sido de nadie" pudiese haber cabido de alguna manera, pero como tantas veces atrás, se había equivocado.
- ¡Oh! ¡Que casa tan espectacular! – Exclamó Kimiko. Ya sería la…vigésima vez, calculó Sakura sonriéndole de forma forzada. Aparentemente Kimiko era una amante de la opulencia. En eso si daba gracias a su abuelo por haberle dejado la mansión, nunca creyó que se podría jactar de una pertenencia como en aquel momento.
- Gracias. – Repitió cansinamente. Volvió su vista a Syaoran, parecía que el tiempo se había congelado para él, nada había cambiado, ni en su físico ni en su manera de ser. Sólo tenía un poco de ojeras, pero ella sabía como él era de responsable y cómo se tomaba muy en serio su trabajo, y demás está decir que pese a su orgullo herido, leía con ahínco cada uno de los artículos que él escribía y lo miraba con cierta nostalgia cuando lo pasaban por TV, sí, era una tonta enamorada todavía, pero nadie se lo reprochaba abiertamente, así que podía disfrutar de su despecho a todas sus anchas. - ¿Y piensan pasar mucho tiempo por acá? – Preguntó intentando sonar casual, consiguiéndolo de forma exitosa pues la tal Kimiko había vuelto a sonreír.
- Oh, pues claro, bueno, eso depende más que todo de Syaoran. Es un adicto al trabajo. – Dijo de forma cómplice la última oración. Sakura volvió a sonreírle fríamente. Ella sabía perfectamente eso, ¿con quién creía que estaba tratando? Prácticamente seis años de conocerse le habían servido de algo, pensó con sorna. Ellos habían sido amigos de bachillerato y de universidad, no podían existir secretos entre ambos.
- Me lo imagino. – Comentó de forma cordial. - ¿Y tú trabajas en qué? – Le preguntó a la mujer.
- Soy abogada. – Dijo orgullosa. Sakura le sonrió nuevamente. Bueno, ella ya sabía que podía llegar a ser muy hipócrita algunas veces pero siempre era para no faltar con su intachable reputación de mujer educada y civilizada que en estos últimos años se habían esmerado por construir, sin saber muy bien el porqué. - ¿Y tú?
- Soy ingeniera química, al igual que Syaoran. Estudiamos juntos. – Aclaró.
- Ah… - Respondió Kimiko sin saber mucho qué decir al respecto. – Bueno, a mí no me han gustado mucho esas cosas que si número de oxidación de un elemento o algo así. – Rió. – No era buena en química cuando estudiaba en el colegio. - Sakura ya se lo había supuesto, en realidad, creía que posiblemente en ninguna materia pudo haber sido buena alguien tan cabeza hueca, cosa que le extrañó, ella había jurado que Syaoran se inclinaba por las mujeres inteligentes o siquiera que tuvieran algo importante que decir además de: "Me he comprado los zapatos de la tienda porque ¡me enamoré de ellos!"
- Sakura, ¿y cómo te ha ido con tu profesión? – Preguntó Syaoran. Ella sonrió esta vez sinceramente. Aparentemente no importa lo que pasara, ella jamás podría odiar a Syaoran.
- Bien, trabajo en distintas empresas. Hace un año murió mi abuelo y me ha dejado todos sus bienes a mí. Así que bueno, se puede concluir que me ha ido bien. – Comentó encogiéndose de hombros aparentando naturalidad.
- Lamento la muerte de tu abuelo, sé que lo querías mucho. – Dijo él recordando como cuando el abuelo de Sakura la invitó a vivir en su mansión, ella se había negado muchas veces, puesto que no quería aprovecharse de su generosidad, aunque, finalmente había aceptado por ir y entre ellos se formó un vínculo afectivo muy fuerte.
Sakura asintió en respuesta y dejó la taza sobre la mesa antes de levantarse.
- Así es, supongo que…sabrán de la galería de arte que he construido en su honor, pueden visitarla cuando lo deseen. Ahora, me gustaría que me acompañaran, creo que les gustara una de las vistas que tiene la casa a esta hora. – Dijo llevándolos hasta una habitación donde se veía el crepúsculo maravillosamente mientras que el aire mecía los cabellos suavemente dando un toque de serenidad. Un sitio sin duda relajante.
Kimiko fue la primera en asomarse en el balcón para ver que tan maravilloso era el sitio en verdad. Syaoran y Sakura se quedaron un poco más atrás. Él con las manos en los bolsillos y ella de brazos cruzados. No era precisamente la postura de una situación amena.
La verdad es que Sakura los había llevado allí porque la presencia de esa mujer causaba estragos en todo su interior y pese a que pudiera tener más sangre fría que un reptil, era humana y esa situación le incomodaba y…dolía en demasía.
- Sakura… - Musitó el joven al verla tan afligida llorando desconsolada sobre la hierba de uno de los patios de la Universidad. La joven ocultaba el rostro sobre sus rodillas flexionadas hacia su pecho. Sus manos se aferraban a sus cabellos en una auténtica imagen de sufrimiento.
- A ver…Sakura, no es para tanto, es sólo un examen. – Dijo agachándose a su altura y rozando con sus dedos el dorso de uno de los brazos de ella. La joven hipó y volvió a sollozar aún con la cabeza oculta.
- Estudié mucho, estudié tres tardes y tres noches seguidas para ese examen… - Balbuceó lloriqueando. Syaoran quitó suavemente las manos de la cabeza de ella, para luego buscar su mentón y hacerla alzar la cabeza.
- Yo tampoco salí bien. – Le recordó. Ella asintió rápidamente.
- Pero tú aprobaste, yo no. – Repuso aún inconsolable.
- No te preocupes, eso no afectará tanto tu promedio, ahora, en vez de afligirte en vano, es mejor que aproveches el tiempo y sigas estudiando. Anda, no te des por vencida tan rápido o de lo contrario lo que solo es un examen reprobado se convertirán en una secuencia de ellos, saldrás bien en los demás, te lo prometo, sé que eres capaz de eso y mucho más. – Le sonrió. La chica le miró atentamente y luego de hacer una mueca con su boca en amago de volver a llorar, se abalanzó sobre el chico abrazándolo fuertemente.
- ¡Syaoran! – Sollozó. El joven que había quedado recargado sobre una de sus manos sobre el césped, con su mano libre correspondió el abrazo de su amiga y sonrió.
Syaoran miró a Sakura internarse en lo que parecía un lugar muy lejano al presente y suspiró pensativo. La verdad es que todo pareció quedar más confuso con la interrupción de Kimiko. Sí, es que él sabía que era un idiota y él mismo lo aceptaba, porque… ¿quién en su sano juicio le desfila a su ex su siguiente pareja? Bueno, se sabe de algunos casos en que queda el rencor y las ganas de cobrar venganza, pero ese no era su caso, porque él en verdad jamás quiso que las cosas con Sakura terminaran…así. Sin saber que pensar uno del otro. Y aparentemente la solución había sido peor que el problema como tal. Necesitaba hablar con ella, pero no con Kimiko ahí, necesitaba intentar descifrar lo que pensaba Sakura. Sonrió sarcásticamente. Cuando en un principio Sakura era un libro abierto para él, ahora se convertía en un total enigma…en solo tres años de estar distanciados. Quizá el tiempo no cure las heridas, pero vaya como hacía cambiar a una persona. En ese momento, una idea un tanto improvisada cruzó su mente.
- Sakura. – Le llamó, haciéndola reaccionar y salir de sus recuerdos. - ¿Me prestas tu baño, por favor? – Pidió educadamente. Ella le miró por un largo momento. Syaoran apretó los puños sin saber muy bien como interpretar esa mirada. ¡Demonios! Parecían dos completos desconocidos, consideraba que aquello en cualquier momento le causaría una úlcera en el estómago.
- Sígueme. – Dijo ella finalmente. Kimiko volteó a verlos por un momento y luego siguió mirando por el balcón. No es que le daba ventaja a la tal Sakura de forma adrede, pero no creía que en verdad las necesidades fisiológicas de su novio fuesen a ayudar demasiado a ganar ventaja con la supuesta "amiga" de él.
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Sakura empezó a caminar por un pasillo, con intención de llevarlo a una de las habitaciones disponibles que estuvieran equipadas con un cuarto de baño. Pero apenas había dado a alcanzar dar algunos pasos, unos fuertes dedos apresaron su delgado brazo, atrayéndole hacia una de las habitaciones. Syaoran cerró la puerta tras de sí y soltándola, dejó que ella retrocediera unos pasos, mientras le miraba completamente turbada.
- ¿Qué te ocurre? – Demandó ella mirándole sinceramente confundida.
- Algo te pasa, Sakura. – Repuso. Ella parpadeó aún más extrañada. – No estás igual, te comportas de forma…extraña. ¡Incluso hablas francés, pareces una esnob! – Sakura sintió que toda la ira se acumulaba en sus mejillas y apretó los puños indignada. ¿A qué venía tal acusación?
- ¿Cómo? excusez-moi, pero no veo ni pie ni cabeza a todo lo que me dices. – Contestó sin alzar la voz, pero con un brillo de rabia en los ojos. – El francés es porque actualmente estoy estudiando el idioma, no pretendo ser esnob como me acusas, o de lo contrario me dirás que tú eres un esnob también al ser polígloto. – Se mofó.
- Oh, entonces debo presumir que la actitud distante para conmigo es parte de lo que te enseñan en la Alianza Francesa, me imagino. – Replicó cruzándose de brazos. No tenía ni idea de lo que estaba diciendo, sólo…sólo quería sacar a la antigua Sakura de aquella carcasa, ¡por todos los cielos!
Sakura le miró de forma interrogativa, luego de unos segundos de agobiante silencio, sonrió irónicamente.
- Ya, tú quieres que te haga las mil y una preguntas desde ya. – Dijo encarándolo tranquilamente. – Tú mismo te crees en la obligación de darme una explicación a todo esto, vale, lo harás, pero eso sí, yo debo exigir dicha explicación primero, ¿no es así? – Observó como él fruncía el ceño. – De acuerdo, te concederé la paz mental que tanto anhelas. A ver, Syaoran, ¿qué demonios crees que estás haciendo? – Preguntó cruzándose de brazos y mirándole entre divertida y retadora. Él dejó caer ambos brazos a los lados y miró a Sakura con expresión indescifrable.
- ¿Qué demonios crees que estás haciendo tú, Sakura? ¿Pretendes hacerme pagar por algo o sólo quieres hacerte la dura conmigo? Créeme que sé que lo de Kimiko te, si al menos no te duele, por lo menos te intriga, siempre fuiste una curiosa, en el buen sentido claro, ¿por qué sino eras amante de los libros? ¿Acaso no quieres arreglar todo este asunto de una vez por todas y si es de zanjarlo finalmente, que así sea?
Sakura sintió todas sus barreras desvanecerse. Era cierto, aquella persona que estaba mostrando no era ella, ¿pero Syaoran merecía acaso que le desnudara su corazón ya roto para que lo volviese a despedazar nuevamente? No lo creía. No merecía la oportunidad de estar en paz con ella, sin embargo, nada perdía al darle la oportunidad de querer explicarse, ¿cierto?
- Muy bien. – Murmuró. - ¿Qué pasa con la pelinegra? – Preguntó ya sin tono altanero, era completamente neutro. Probablemente su alma ya no se estuviera involucrando en el diálogo, pensó para sí.
- Su nombre es Kimiko. – Repuso quedamente. Ella puso los ojos en blanco.
- Cierto, Kimiko, hija tercera de la familia Naegino, ciudadana legal de la ciudad de Tokio, Japón. Estado civil actual soltera, profesión abogada y con dirección local específica indefinida para mi base de datos. - Espetó ella llevándose las manos a la cintura. Luego, le dio la espalda a Syaoran y caminó unos cuantos pasos hacia la ventana polvorienta de aquella habitación, que irónicamente era la que pertenecía su abuelo. - Syaoran, ¿qué es todo esto? – Preguntó volviéndose hacia él dejando caer los brazos a ambos costados de su cuerpo. Tanto tiempo sin verse, tantos sueños rotos y esperanzas que nacían tan rápidamente como morían... ¿para que todo terminara así?
- No lo sé, Sakura. En verdad que no lo sé. Fui el primero en insistir en esta conversación y creo que ni yo estoy preparado para ella. Supongo que todo cambió con el tiempo y que nada se ha de arreglar ya. Probablemente lo mejor sería irme nuevamente. – Afirmó.
Ese "irme" hizo que la rabia y frustración acumuladas en tantos años salieran a flote en Sakura como cual gato que se despierta con agua helada. Miró fieramente a Syaoran. Su mente le recordaba que no iba a decir nada que involucrara sus sentimientos, no iba a poner en juego su dignidad nunca más, ella no iba a…
- ¿Esa es tu solución para todo, no? – Preguntó dolida recordando lo que había sucedido hace tres años. – Huir. No dar frente a las cosas que puedan involucrar algo referente a tu vida personal o emocional. Porque siempre ha sido así, ¿no es verdad? Por eso ahora andas con idiotas con las cuales jamás sentirás ningún tipo de aprecio para poder escaparte de una responsabilidad mayor y no tener ningún complejo de culpa por ello. Porque no me negarás que esa ahora es tu nueva modalidad. – Explotó. Ya estaba, había dicho todo lo que había querido decirle cuando tomaban el té. Posiblemente debía decir más pero su mente y su corazón no estaban en sus mejores condiciones para enumerarle todas y cada una de las veces por las cuales había sufrido por él. Finalmente, había vuelto a exponer su alma ante él.
- Sólo vine aquí a intentar calmar las cosas entre nosotros. Sé que me odias y no me sorprende, en realidad. Sé que toda esta amabilidad antes mostrada fue una farsa pero quizá por un momento creí que podíamos estar en mejores términos que estos, ¿no te parece? – Preguntó acercándose a ella. Sakura negó con la cabeza.
- ¿Con qué fin? Sería masoquismo volver a algún "nosotros" usado en antaño. Permíteme recordarte que tú te marchaste solo, no te obligué jamás a hacer nada, si te arrepentiste, bien por ti, ve a una Iglesia, confiesa todos tus pecados y vive en paz, pero a mí no me incluyas en un círculo vicioso esporádico que aparentemente has ido desarrollando. Lo que me estás proponiendo es una completa estupidez. - Repuso ella mientras veía como lentamente él acercaba su rostro al suyo. Su corazón le gritaba que se retirara antes que fuese demasiado tarde pero su parte racional se quería poner a prueba a sí misma y le obligaba a mantenerse inmóvil, esperando algún movimiento en falso de parte de él.
- Pues entonces luego de cometer dicha estupidez, yo me echaré toda la culpa y tú te sentirás desdichada por eso. Ya lo hicimos una vez, ¿qué importa ya repetir lo que conocemos? – Preguntó para finalmente unir sus labios con los de ella. Sakura abrió sus ojos sorprendida ante su contacto y una ira irracional se fue apoderando de ella.
Realmente no supo como hizo, sólo sintió que su mano se estrellaba con la mejilla de él y como una lágrima rodaba por su mejilla mientras la palma de su mano quedaba adolorida por el fuerte impacto. Eso le había dolido, en verdad que sí, eso no se le hacía a un ser humano, mucho menos a uno como ella. ¿Qué ganaba con hacerla sufrir más? En un momento quiso reírse de su estupidez, recordó como en un libro había leído alguna vez: "Se enamoró como se enamoran las mujeres inteligentes: como una idiota" Probablemente ella sea la mujer superdotada más inteligente de todo el planeta a estas alturas.
Cuando reparó en el rostro de él, entre asombrado y arrepentido, supo que había actuado bien al cachetearle, no porque fuese el medio más acertado, pero al menos eso debería dejar entrever que ya no era la misma ilusa jovencita de antes.
- Importa mucho repetir las cosas, Syaoran. – Dijo lentamente respondiendo a la pregunta suspendida en el aire que había dejado él. - ¿Quieres volver a amarme? Hazlo, te doy permiso. Pero sólo si me conviertes en tu amor platónico, ya que por mí, puedes desaparecer de la faz de la Tierra en este mismo instante junto con tu novia. Deseas en mí algo que ya perdiste y que no podrás recuperar, si quieres ganarme, inténtalo, pero créeme que no te será fácil. – Advirtió. - Vuelve con tu novia. Ya no hay nada que hacer. – Finalizó saliendo de la habitación. Syaoran se había quedado mirando por donde ella había salido y sintió que debía golpear algo. La había herido nuevamente, sin quererlo lo había vuelto a conseguir.
- Maldición. – Masculló enojado dirigiéndose a la salida. Ya no sabía que hacer, se había vuelto a sentir como antes y el proceso de hilar la telaraña de sentimientos y emociones hacia ella se había reiniciado. Aunque de algo estaba seguro, Sakura valía la pena y si de mover cielo y tierra se necesitaba, así lo haría con tal de volver a recuperarla. Ya no importaba nada más.
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¡Hola! Muchas gracias por la acogida de las lectoras de CCS, y también muchas gracias a mis lectoras fieles que me leían en el fandom de Inuyasha y que se han tomado la molestia de mudarse unos momentos para acá y leer mi fic. Muchísimas gracias por su apoyo en verdad.
Bueno, primero que nada, a las personas que aún no he convencido con mi fic (al menos del todo) les prometo que las cosas van mejoran desde el tercer capítulo en adelante, pero debía colocar estas escenas primero para desarrollar las ideas futuras, tómenlo como una especie de prólogo si así me doy a explicar mejor. Las lectoras que me conocen de otros fics deben intuir que la melancolía no es algo que yo sepa mantener por mucho tiempo, así que no creo necesario decirles mucho a ustedes respecto a eso xD
Y a las nuevas lectoras que no me conocían si quiero recalcarles eso, por si la tristeza no es algo llamativo para ustedes, así que pido una oportunidad para el tercer capítulo ;)
Yo veo que al menos en el encuentro la cosa si fue bien hoy, porque como me pidieron, no dejé a Sakura verse tan fuera de base cuando se reencontró con Syaoran. Y bueno, como ya se me ofrecieron por ahí, cualquier crítica será bienvenida, ya soy relativamente "vieja" (bueno, año y medio no lo considero para tanto, pero digamos que soy vieja) en el negocio de los fics y hasta el momento nunca me he llevado mal con alguna lectora cuando me exponen con sinceridad sus opiniones, así que si ven algo medio raro que no les cuadre o alguna sugerencia, es bienvenida :)
Y con respecto a lo que pasará con Kimiko, no me pregunten porque ni yo lo sé, a mí se me hace que la torturaré un tiempito antes de desaparecerla del mapa por completo, si es que me animo a hacerlo xD
En fin, no les aburro más, muchas gracias por sus reviews, espero saber su opinión respecto a este capítulo y será hasta la próxima actualización. Sayonara n.n
