Segunda Oportunidad
Reconciliándonos
Syaoran luego de la cachetada sintió un leve escozor en la parte afectada y llevándose la mano a la mejilla descubrió como esta le ardía por el impacto. Sin demasiada delicadeza caminó hasta la salida de la habitación y cerró la puerta de un trancazo. Siguió la silueta de Sakura que caminaba unos cuantos metros delante de él y ambos regresaron junto con Kimiko. El momento fue tenso para Syaoran cuando ambos volvieron a la habitación y tuvo que volver a ver la mirada de su ex. Sin embargo, agradeció que Kimiko con su cháchara infinita no dejara que silencios incómodos reinaran en la habitación durante el lapso de la despedida.
- Esta vista es increíblemente espectacular. – Le felicitó la tal Kimiko. Sakura que aún se mantenía ausente rememorando lo acaecido recientemente, volvió a la realidad y alzó la vista. – Pero ya anochece y debemos irnos ya, ¿no es así, cielo? – Inquirió mirando a Syaoran que parecía despertar también de su propio mundo.
- ¿Eh? Claro, no queremos importunar…más. – Dijo la última palabra en un susurro que Sakura logró escuchar, sonriendo con amarga ironía.
- Bueno, entonces nos vamos. Sakura, me has caído súper bien, te visitaremos más a menudo, ¿eh? Mira que las galletas que preparan aquí son especiales. – Dijo dándole un beso en la mejilla antes de volverse a colgar del hombro de Syaoran. Sakura se obligó a sonreírles nuevamente.
- Son bienvenidos, vengan cuando gusten. – Se limitó a decir, no tenía la suficiente valentía como para decir una mentira semejante a "tú también me has caído bien". – Les guiaré hasta la salida entonces.
Sakura con temple de acero logró despedir a la pareja con una sonrisa de oreja a oreja que aparentemente la tal Kimiko se creyó, aunque parecía mostrarse más recelosa desde que los observó volver a donde ella estaba. Independientemente de lo que se haya formado en la cabeza de aquella mujer, Sakura jamás dejaría su íntegra dignidad por el suelo y mucho menos convirtiéndose en la amante de un hombre con novia. Sólo habían pasado unos minutos desde que la "feliz" pareja se había marchado cuando sintió nuevamente como el timbre sonaba intermitentemente con una precisa diferencia entre un timbrazo y otro; y sólo había una persona en la tierra que llamara a una casa de esa forma. Finalmente, el estresante sonido cesó cuando una sirvienta abrió la puerta a una aparentemente tranquila Tomoyo. Ambas habían perdido contacto desde hace años, pero el curso de francés en la que las dos casualmente estaban cursando en el mismo sitio, hizo que se volvieran a unir y a saber la una de la otra. Sakura escuchó pacientemente sus pasos resonar por toda la mansión y cuando su amiga llegó a la primera sala de la casa, se preparó para sonreírle.
- Buenas noches, Tomoyo. – Saludó tranquilamente sentada en uno de los sillones.
- Muy buenas noches, Sakura. – Saludó cruzando el umbral de la estancia. Sakura frunció el ceño, ya con los años se había vuelto más intuitiva y detectó cierto tinte de inquietud en la voz de su amiga. - ¿Sabes? Deseo asesinar a alguien en este momento. – Comentó tranquilamente y con cierto deje dubitativo. – No sé específicamente cómo, posiblemente podría ser con decapitación, quizá con algo de tortura antes de la muerte, quizá con guillotina podría salirme bien, o algo más sangriento como el uso de un arma blanca, después de todo, ¿sería más femenino con una pequeña navaja, no? Para así cortarle la yugular. ¿Tú qué opinas? – Inquirió sonriente. Sakura sintió una gota resbalar por su sien. Vale, lo había captado. Tomoyo estaba muy enfadada. – Pienso que arrancarle las pestañas al individuo en cuestión haciendo uso de algo con filo sería suficiente tortura antes de aniquilarlo definitivamente. – Agregó para sí misma suspirando con resignación ante la indecisión que tenía en su mente. Sakura sólo le miraba divertida y reía un tanto nerviosa por las ocurrencias de su amiga.
- ¿Por qué no te sientas, hija de Dalí? – Le sonrió. - ¿Qué sucede? – Inquirió intrigada por lo que se denominaría un "ataque" de enojo de su amiga, o al menos, el amago de ello, ya que Tomoyo jamás perdía la compostura. La aludida hizo una leve mueca con su boca y se sentó delicada y casi de forma que se le consideraría ensayada, en el sofá que estaba frente a Sakura. Tomoyo era una licenciada en arte, además de pintora y recientemente diseñadora de modas también. Claro, sus pinturas jamás las había subastado o algo semejante, sin embargo, ya Sakura tenía varias de sus obras guindadas en los lugares más vistosos de la mansión y mucha gente se había impresionado de la belleza y el enigma que encerraban cada una de ellas.
- ¿Has de creer que se le olvidó buscar a Kyosuke? – Preguntó incrédula. Sakura sólo sonrió. – Mi pobre niño esperando dos horas a alguien que se recordara de él. – Decía moviendo la cabeza de un lado a otro mientras mantenía entrelazadas sus blancas manos sobre su regazo.
- ¿Esta mañana? – Preguntó al fin. Tomoyo asintió.
- En la guardería le iban a hacer como una pequeña fiesta por el cumpleaños de uno de los niños que estudia con él y por tanto salía más temprano. Claramente le dije a Eriol que lo buscara, pero se le olvidó, como si fuera algo aplazable lo que tuviese que hacer. – Dijo aparentemente tranquila. Sakura sonrió y asintió entendiendo, Tomoyo aún seguía enfadada.
- Pero lo amas así. – Repuso tranquilamente viendo como Tomoyo la miraba como a cual ladrón descubren in fraganti, sabiendo que no podía negar aquella acusación. - ¿Y Kyosuke?
- Está en la casa. Dentro de unos minutos debo irme a la universidad a dar clase, hoy tengo horario nocturno. – Suspiró. - Pero primero necesitaba pasar por acá para saludarte. ¿Cómo está todo? – Inquirió casualmente. Sakura quiso gritarle que todo estaba mal, que nada podía ser peor a lo que sentía.
- Vino Syaoran. – Se conformó por decir. Tomoyo dejó caer el lapicero que tenía en la mano, dado que había empezado a registrar la cartera para sacar el celular. Luego levantó la vista y la fijó en Sakura con sumo interés.
- ¿Syaoran? ¿Ese Syaoran? – Preguntó incrédula. Sakura asintió en silencio. – ¿El Syaoran Li que sale en TV y escribe artículos sobre política? – Repitió. Sakura inhaló hondo luchando por no llorar para no dejar entrever su debilidad y finalmente, volvió a asentir. – Oh, Sakura… – Murmuró conmovida, porque conocía lo que ese hombre significaba para su amiga. – Lo lamento, sinceramente. – Agregó viendo la triste sonrisa que le mostraba la aludida.
- Tiene novia, vinieron a Kyoto a pasar unas vacaciones juntos. Se le ocurrió visitarme para intentar dejarnos en mejores términos que antes. – Explicó con voz monótona. Tomoyo consultó la hora en su reloj, ya debería irse pero ante tal acontecimiento no le importaba que la echaran de la universidad. Tres años habían pasado antes desde que ellas hubieran tocado ese tema.
- Con que una novia. – Repitió dubitativa. Vaya que ese tipo sabía darle a Sakura donde más le dolía. Nunca se la mereció, pensó para sí. –Y te visitó junto con la chica, supongo. – Sakura volvió a asentir. - En verdad no acostumbro a insultar a la gente si no estoy frente a la persona en cuestión, pero permíteme en este momento definirlo como un maldito bastardo, excusando desde ya mi vocabulario usado. Probablemente sea a él a quien se le deberían arrancar las pestañas con una navaja. – Sakura sonrió, Tomoyo siempre la hacía sonreír con sus comentarios únicos y extravagantes.
- La mujer es abogada. – Dijo haciendo un ademán de arrogancia imitando a Kimiko. Un brillo extraño pasó por los ojos de Tomoyo.
- ¿Y cuál sería la apreciación de sus capacidades cognitivas? – Inquirió nuevamente, haciéndose la desinteresada. Sakura alzó las cejas y se acomodó en su sillón en un gesto incrédulo.
- Tiene en la cabeza dos cucarachas jugando dominó. – Dijo simplemente. Tomoyo rió.
- Y con el juego trancado, me imagino. – Completó. Sakura sonrió y asintió.
- ¿Sabes? Jamás creí que me iría a cambiar por alguien así. – Confesó sinceramente. – En realidad, jamás creí que volvería a verle y más aún saber que se va a casar con ella…
- ¿Casarse? Oh, Sakura, creo que exageras…
- ¿Por qué no, Tomoyo? Ya ninguno de los dos somos unos adolescentes, es lógico que finalmente se haya decidido casar y formar una familia. Aunque hay algo que me indignó. – Dijo recordando el beso, de repente se sintió asqueada.
- ¿Qué cosa?
- Me besó. – Dijo sintiéndose miserable, pero sabía que sólo Tomoyo podría entenderle.
- ¡Oh, Sakura! – Dijo apesadumbrada. - ¿Llegaron a más? – Preguntó temerosa. Sakura negó con vehemencia.
- ¡Jamás! – Exclamó. – No le estoy quitando novios a nadie por ahí. Tengo un mínimo de moral para no hacer tal cosa. – Repuso ofendida.
- Bueno, bueno, te entiendo. – Dijo sonriendo lánguidamente. - ¿Y entonces qué le dijiste?
- ¿Qué le iba a decir? Lo eché de aquí, no delante de la mujer ni mucho menos de forma brusca pero aclaré que cada uno tenía que seguir con su vida y aparentemente él comenzó rápido, así que cualquier otra cosa sobraba.
- ¿Lloraste? – Preguntó viendo como Sakura rehuía su mirada.
- Una lágrima, sólo eso vio él. – Confesó abrazándose a sí misma.
- ¡Oh, Sakura! – Exclamó acercándose unos pasos y arrodillándose frente a su amiga y mirándole compungida. Por nada del mundo quería que Sakura pasara por la amarga y dolorosa experiencia de nuevo. – Ya no vale la pena que sigas afligida por todo eso. Si sólo viene aquí a desnivelarte, no es justo, tú no mereces seguir llorando por algo que ya se enterró en el pasado. – Concluyó levantándose elegantemente y sentándose junto a Sakura para abrazarle, dándole apoyo.
- Tienes razón. – Confirmó ella. – Pero ya, todo pasó, sólo necesito tres años más para reponerme. – Dijo con humor negro. Tomoyo acarició su cabeza de forma compasiva.
- Pónmelo en frente y verás como jamás se olvidará de mis filosas uñas. – Le susurró de forma cómplice. Sakura rió mientras unas nuevas lágrimas asomaban a sus ojos.
- Lo más lamentable es que esté llorando por él. Luego de estos años. No importa ya, ¿cierto? Me he vuelto vieja y si estoy despechada no hará mucha diferencia a como siempre vivo. Sabes que nunca dejé de amarlo y nunca pude continuar con mi vida. – Sollozó. – Quiero repudiarlo como lo haces tú, pero jamás podría. ¡Demonios! ¿Por qué volvió?
- Lo siento mucho, Sakura. Oh, ¡Dios! Y yo pensado que era la mujer con más motivos para desear asesinar a alguien. Ese hombre definitivamente no merece tus lágrimas. – Dijo estrechándola en su abrazo. – Pero no te preocupes, este asunto debe finiquitarse y tendrá solución, ya lo verás. – Le prometió.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Una semana había pasado. Sakura no había dejado de pensar en él. Se lo imaginaba riendo y divirtiéndose con la mujer aquella que se jactaba de tener un novio como él. Y lo peor de todo es que le daba la razón, Syaoran podía ser de todo pero de que era un buen partido lo era. Miró el reloj dorado de números romanos que tenía frente a sí en su habitación y sonrió dándose cuenta de la hora. Dos de la mañana. Vaya, en ese momento se apiadó de su cuerpo que era el que sufría las consecuencias de su despecho. Dejó la copa media llena de vino blanco sobre la mesita de noche y se levantó, caminó hasta la peinadora y observó sin expresión alguna como aún llevaba la ropa para trabajar. Más bien había sido una suerte que se hubiera siquiera quitado la bata blanca. Llevaba consigo una falda negra y una blusa azul claro junto con los respectivos zapatos negros de tacón. Estaba algo despeinada y se leía fácilmente el cansancio en su rostro. Tomó asiento en la pequeña silla frente al espejo y pasó sus dedos distraídamente sobre la superficie de la cómoda. Ya no sabía qué hacer.
De repente el sonido estridente del timbre empezó a sonar. Frunció el ceño extrañada, ¿quién en su sano juicio toca la puerta a esa hora? Sabía que los trabajadores estarían durmiendo así que rápidamente bajó las escaleras y llegó a la puerta. No quería que perturbaran la paz de su mansión. Miró por el pequeño orificio y sus ojos se abrieron sorprendidos al identificar a Syaoran. Abrió la puerta sin pensárselo dos veces.
- Syaoran… ¿qué…? – Pero la pregunta murió en su garganta observando paralizada y horrorizada como Syaoran sangraba bastante desde un lado de la mejilla mientras se veía que uno de sus ojos adquiría un insano color purpúreo. Sakura logró sofocar el grito y tomándolo de un brazo para asegurarse que él no iba a caer desmayado en ningún momento, lo guió hasta la habitación más cercana, que era la misma con la que había hablado con Tomoyo hace una semana. Hizo que se sentara en uno de los sillones y miró angustiada la herida empezando ella misma a temblar levemente por el miedo de verle así. Sintió como su pecho se encogía mientras cualquier sentimiento de odio o rencor era lanzado al olvido ante la imagen tan deplorable del causante de sus despechos.
- Lo siento, Sakura, yo… - Balbuceaba sin saber bien que decir. Sakura le obligó a hacer silencio.
- Oh, por Dios, cariño, ¿qué te han hecho? – Preguntó levantándole el mentón y mirando detenidamente la sangre y el ojo casi cerrado que ya tenía, sin darse cuenta que quizá por el susto lo había vuelto a llamar como en antaño.
Le soltó y caminó rápidamente hasta la cocina de donde sacó uno de los tantos botiquines que había en su casa. En ese breve momento donde sus neuronas hicieron sinapsis y volvieron a asociar ideas acerca de Syaoran, quién era y qué había hecho, pronto sintió que su sangre helada volvía a su temperatura habitual y suspiró abatida. Se reprochó el mostrarse tan atenta con él luego de todo lo que hizo la semana pasada y como la dejó hecha un trapo luego de su beso y la confesión de su intención verdadera de viajar a Tomoeda. Cerró sus dedos alrededor del botiquín con inusitada fuerza y se obligó a respirar hondo. Un hombre herido era lo que se encontraba en la sala, debía recordar eso. Si a ella le causaba mal verle, daba igual, sus preceptos morales le obligaban a atenderle fuese quien fuese el susodicho y así lo haría. No se desbarataría delante de él, ya lo había hecho una vez y no podía continuar así. Debía actuar con temple de acero y salir airosa de la situación. Sí, eso haría…o al menos rogaba a Dios que así fuera.
Llevándose la pequeña maleta caminó de vuelta con él. Al llegar, dejó en la mesa el botiquín y sacó un algodón junto con un pequeño frasco, cuyo contenido vertió sobre la almohadita. Se acercó a él y empezó a aplicársela, teniendo como respuesta como él echaba la cabeza hacia atrás.
- Necesito que te estés quieto, así que no te muevas. – Ordenó tomándolo del mentón con firmeza y poniendo el algodón sobre la mejilla empezando a limpiarla. – Dios Santo, esto es obra de un cavernícola. – Murmuró viendo los estragos que había causado la herida en la piel de él.
- Lamento haber venido así, Sakura. – Se disculpó Syaoran haciendo una mueca de dolor mientras ella continuaba con el proceso de limpiarle la herida. – Me peleé con uno de los tipos de un bar al que fui con Kimiko…
Sakura se sorprendió. Él jamás la llevó a ella a un bar o un sitio tan poco romántico. Ella recordaba casi con adoración que él siempre fue un hombre romántico y atento donde las cenas con él eran memorables y casi magistrales.
- ¿La llevaste a un bar? – Preguntó sorprendida, desconcentrándose y presionando con más fuerza el algodón inconscientemente. Él se quejó y luego de alejar un poco la cara, dejó que ella continuara.
- Era el del hotel. – Aclaró. – Y pues sí, ella quería ir, yo no, pero ¡Arg! ¡Duele! – Se quejó. Ella alzó la vista mirándolo sin sorpresa aparente.
- Raro sería que no. – Dijo mientras cambiaba de algodón a uno limpio desechando el lleno de sangre.
- En fin, el hombre quería algo con Kimiko y pues, yo estaba ahí, mi obligación era defenderla y el tipo era un cerdo superdesarrollado así que obviamente, me noqueó. – Espetó como un niño que se queja porque le robaron la patineta. – Pero con todo y todo le gané dejándole inconsciente.
- ¿Y qué sucedió con Kimiko? – Inquirió interesada en cual había sido el nuevo paradero de la mujer más que quién había quedado vivo y quién no.
- Mientras peleábamos ella huyó a la habitación, pero como yo ya sabía que estaba más ebria que yo, hubiera sido inútil pedirle ayuda y no quería que ningún hotelero me ayudara y se burlara que me hayan golpeado de esa forma, por eso vine. No esperaba que tú misma fueras la que me atendiera. – Narró. Sakura sonrió. Syaoran seguía siendo igual de orgulloso.
- Igual estaba despierta. – Dijo encogiéndose de hombros.
- ¿Y eso por qué? – Preguntó interesado. Sakura supo que habló de más, aunque de igual forma, su ropa la delataba.
- Problemas del trabajo. – Dijo intentando sonar sincera mientras se daba vuelta para que no la viera mientras tomaba como excusa que estaba aplicando un poco más del líquido sobre el algodón.
- ¿Tú? ¿Problemas con el trabajo? – Cuestionó incrédulamente. Ella le aplicó otra vez el algodón sin inmutarse por las preguntas de él.
- Pues sí. A medida que pasan los años las responsabilidades se hacen más agobiantes y uno termina cediendo ante la presión y estresándose finalmente, hasta casi cambiando por completo su perspectiva de las cosas. – Repuso tranquilamente. Syaoran miró atentamente su rostro como buscándole la verdad a esa frase.
- Sigues siendo la misma Sakura. – Comentó sin creerle. Ella sonrió lánguidamente.
- Lo dudo. – Dijo incrédulamente. – Al menos ya no colecciono flores para guardarlas en las páginas de diarios con motivos de ositos y gatitos. – Agregó divertida. Sentía que la guerra debía dejarse a un lado, al menos por un tiempo, porque desde que Syaoran había cruzado la puerta de su casa esa noche, había confirmado que jamás sería capaz de odiarlo, y aunque no pudiese confiar en él no podría seguir aparentando que lo detestaba con todas sus fuerzas.
Syaoran sonrió.
- ¿Sabes? Extrañaba hablar contigo. – Comentó. Sakura se tensó al instante y le sonrió de forma forzada. De acuerdo, tampoco era para que se tuviera la intención de volver a ser amigos de toda la vida de la noche a la mañana. Era mejor que él no tentara su suerte.
- ¿Por qué? ¿Kimiko es demasiado superficial como para hablar en serio con ella? – Inquirió con sorna. Syaoran sonrió.
- Ya la valoraste. – Dijo más para sí que para ella. Sakura sonrió, no se molestaría en negarlo. – Ya me imagino el diagnóstico. – Rió él. Ella rió también.
- Tú fuiste quién la trajo al matadero. – Dijo en defensa propia. Él volvió a reír.
- La quiero dejar pero… luego para buscar a otra y tener que salir con ella y todo eso, sabes que para eso no sirvo. – Sonrió. Sakura asintió sin decir nada. Claro que lo sabía. Por eso la mayor parte de los años sólo habían sido amigos.
- ¿Es más fácil con una mujer menos inteligente? – Preguntó interesada. Syaoran podría tomarlo como una burla, pero en serio, ese tipo de casos le llamaban la atención. Además, si ella estaba herida, al menos se divertiría a su costa haciéndolo sufrir aunque fuese un rato, igualmente no sería mucho, puesto que su forma de ser no le permitía ser cruel con alguien por demasiado tiempo.
- No diría fácil…, digamos que no se tiene tanto lío ni tanto preámbulo en todo el asunto. – Repuso incómodo.
- Oh, vamos Syaoran, no eres capaz de mentirme y lo sabes. – Dijo en tono jocoso. – Así que admítelo sin tantos problemas. A fin de cuentas, no soy más que tu ex.
- En eso te equivocas. – Dijo serio. Sakura levantó la vista para verlo directamente a los ojos y con la determinación que lo hizo se sintió incómoda y volvió su mirada a su trabajo.
- ¿Qué pretendes? ¿Volver a intentarlo conmigo dado que nadie además de mí ha logrado conocerte y entenderte? S'il vous plaît… - Espetó incrédula. – No soy un juguete que se deja tirado un tiempo y luego se vuelve a usar, una vez recuperado el interés en éste. - Syaoran frunció el ceño.
- Desde esa perspectiva…
- Desde cualquier perspectiva lo que pretendes es patético. – Repuso molesta. – Por favor no sigas, si en verdad quieres volver a conocerme y quedar en buenos términos conmigo para zanjar este tema de una vez por todas, lo mejor es que te resignes a que me perdiste y ya no se puede revertir el pasado. – Agregó hablando tranquilamente pero con cierto deje de cansancio.
- Lamentablemente no puedo prometerte algo así. – Replicó sin alzar la voz observando como Sakura suspiraba cansada. – Igualmente esto me da la oportunidad de disculparme contigo por haber traído a Kimiko. Cuando decidí que este viaje se haría, no conté con la presencia de ella a cada minuto y mucho menos a sus comentarios imprudentes. – Dijo incómodo mientras Sakura terminaba de ayudarle con la herida.
- Seguramente pensarás que me enojé contigo por todo el asunto de ella, pero al fin y al cabo fue mejor que la trajeras, viéndolo desde un punto de vista pragmático. Porque su presencia y sus pretensiones para contigo son un mensaje claro y conciso diciéndome que tú seguiste con tu vida maravillosamente y que yo me quedé patéticamente estancada en el pasado. Ahora que lo confirmaste con tus propios ojos y que yo lo estoy declarando abiertamente, deberías abandonar ese jueguito tonto de recuperar a la ex. – Expresó guardando los utensilios nuevamente en el botiquín. – Ya te traigo una compresa fría o algo. – Avisó caminando apresuradamente hasta la salida sin darle a Syaoran oportunidad de responderle.
Cuando regresó, no se molestó en acercarse para acomodarla cuidadosamente sino que le lanzó un paquete de mariscos congelados, que Syaoran, apenas y pudo lograr cachar. Él mismo se lo llevó al ojo y con una mueca lo dejó reposar sobre su cara.
- Eres la misma Sakura, definitivamente. – Dijo tranquilamente. Ella sonrió afectadamente mientras tomaba asiento en otro de los sillones frente a la chimenea apagada. Se cruzó de piernas y dejó reposar ambas manos sobre su regazo.
- He aprendido etiqueta y modales que no tenía. He adquirido responsabilidades que jamás creí que pudiese asumir y he madurado a comparación de cómo cuando estaba en la universidad. No, definitivamente no soy la misma Sakura, Syaoran. – Contestó mirándole seriamente. Debía haber incluido que su personalidad frágil seguía latente en su interior, pero que a medida que pasaban los días, la había logrado controlar lo suficiente como para no dejar expresar tan abiertamente todas y cada una de sus emociones.
Él se llevó una mano al paquete para mantenerlo en su lugar mientras erguía su cabeza para observarla con su ojo sano.
- Entonces, ¿continuaste con tu vida? Acabas de negarlo, así que pensé que debías seguir siendo igual. La Sakura de la cual me enamoré. – Repuso sonriendo abiertamente. Sakura se sonrojó y le lanzó una mirada asesina. Era el mismo niño retador de siempre. Con razón tenía tantos enemigos políticos.
- Deja de decir sandeces. – Contestó molesta. – En vez de perder el tiempo, deberías averiguar si tu novia sigue viva, ya que ni al celular te ha llamado. – Agregó intentando desviar la conversación a otra parte. En eso el teléfono de Syaoran empezó a timbrar. Él sacó el pequeño aparato de uno de los bolsillos del pantalón y luego de leer el nombre, le sonrió triunfalmente a Sakura.
- ¿Decías? – Se mofó abriendo la carcasa para contestar mientras Sakura ponía los ojos en blanco. – Hola Kimiko. – Respondió mirando a Sakura con un brillo de diversión. De repente frunció el ceño cuando por fin empezó a prestarle atención a las palabras de su novia. - ¿Que tú qué? – Inquirió levantándose de súbito y dejando caer el paquete de mariscos congelados que tenía sobre el ojo.
- Como lo oyes, cariño. Estoy aterrada, ¿estás en el hospital, no? Mira, yo me voy, no voy a cargar con consecuencias o lo que sea, esta misma madrugada me marcho a Tokio. – Decía una muy acalorada Kimiko.
- No estoy en el hospital. – Espetó poniendo los ojos en blanco por el drama que ella le había puesto a la situación. – Mira, estoy en… - Se calló suponiendo que decir su verdadero paradero era peor que decir que estaba en el hospital. Miró a Sakura con ojos suplicantes para que le ayudara, ella bufó inaudiblemente y tomó una pluma junto con una pequeña libreta anotándole algo rápidamente. Él lo leyó con dificultad y respondió. – Estoy en ¿la casa de Fye? – Dijo más como pregunta que como respuesta observando a Sakura sin entender, dado que no conocía al individuo. Ella empezó a hacerle ademanes que le siguiera el hilo a la historia que estaban montando apresuradamente.
- ¿Quién es ese? – Preguntó Kimiko algo más calmada.
- Es un amigo mío. – Empezó a inventar Syaoran. – Él es médico y bueno, ¿quién mejor para ayudarme sin tener que ir al hospital por una pequeñez como la que pasó que un médico? – Dijo algo nervioso por tantas mentiras juntas.
- Ah… - Murmuró Kimiko. - ¿Y ya estás bien entonces? – Preguntó volviendo a su tono meloso de siempre. Syaoran suspiró aliviado de que el ataque de pánico de ella se hubiera disipado.
- Sí, dentro de un rato estoy contigo. Aunque, ¿aún piensas irte? – Repuso con tono quejoso que Kimiko creyó verdadero.
- ¡Oh! – Exclamó para luego soltar una risita nerviosa. - ¿Cómo se te ocurre? Era broma, tú sabes…los nervios… - Decía rápidamente. Syaoran sonrió cínicamente.
- Ya veo. – Dijo quedamente. – Bueno, entonces nos vemos luego. – Se despidió de forma cortante y finalizó la llamada sin siquiera esperar la respuesta de su novia. Luego, miró a Sakura con una expresión de hastío. – La loca quería irse a Tokio porque no quería quedar involucrada en un posible homicidio. – Dijo de forma tan fastidiada que Sakura se echó a reír sin reparo. Él le fulminó con la mirada.
- Oh, es que si será tonta… - Reía divertida con dos lágrimas en los ojos por la risa, pero se detuvo cuando lo vio acomodarse un poco la camisa y consultar su reloj de pulsera. - ¿Te vas? – Preguntó ya un poco más calmada. Él asintió.
- Gracias por todo. – Sonrió. – Ya sabes, si al tipo lo mataron en alguna esquina, tú serás mi coartada. – Bromeó mientras ella asentía con una sonrisa. Daba igual, Syaoran seguía siendo encantador pese a lo molesto que pudiese ser cuando alguna idea se le metía entre ceja y ceja.
- Fue un placer jugar a la enfermera contigo. – Contestó guiándolo hasta la puerta. – Recuerda buscar hielo o una bolsa de mariscos congelados para tu ojo. – Sonrió despidiéndose de él con la mano mientras Syaoran aún sonriendo le miró hasta que ella cerró la puerta.
Caminó de muy buen humor hasta el carro. Nadie hubiese creído que había tenido una pelea en un bar. Le había gustado que ella, quizá por el shock de verlo a esa hora y en ese estado le hubiese apodado cariñosamente como lo hacía años atrás, en realidad, tenía tiempo que no se sentía tan agradablemente bien desde que…sonrió al darse cuenta, desde que estaba saliendo con Sakura.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
S'il vous plaît: Por favor. (Disculpen, se me olvidó en los otros capítulos colocar que era ñ.ñU)
Excusez-moi: Disculpa. (Igualmente con esta palabra xD)
Hola, bueno, este capítulo está un poco más corto pero por el factor tiempo no me pude dedicar más y pienso que hasta esta última escena está bien n.n
Sé que mucha gente está enredada con todo el asunto del suspenso y del misterio de qué carrizo pasó hace tres años. Obviamente no les revelaré todo, sin embargo, puedo simplificar las cosas para que sea más entendible, así que aquí voy: Sakura y Syaoran se conocieron en el último año del instituto. Cursaron la misma universidad y la mayor parte fueron amigos. En un determinado momento (aún indefinido) durante el curso de su respectiva carrera (Ingeniería Química) se hicieron novios (no se especifica hasta cuando, por los momentos). Actualmente Syaoran se residencia en Tokio, puesto que algo pasó hace unos tres años atrás, entre Sakura y él, por lo que ambos se distanciaron durante todo ese tiempo. Ahora por intervención de Kimiko Syaoran regresa a Tomoeda y se encuentra con Sakura nuevamente y decidió que quiere recuperarla a toda costa porque se da cuenta de que la extraña, y quiere estar con ella nuevamente.
Creo que así se hace más fácil entender todo el asunto, o al menos, así lo espero, ya que mi deseo es que me sigan en la historia, no que las deje con cara de ¿what? xD
Igualmente, muchas gracias por sus reviews. De verdad que sí. Me ha gustado mucho que les interese la historia. Me gustaría revelarles lo que pasó hace tres años como me lo piden, pero perdería el chiste este fic de ser así ;) así que espero puedan ser pacientes y que se vaya viendo como se desarrolla la trama n.n.
Una vez más, infinitas gracias por sus reviews, cualquier otra duda me la mandan por review, intentaré aclarárselas sin comprometer el suspenso necesario en el fic n.n Sayonara :)
